¡Hola! Por aquí dejo el capítulo 3 y voy desapareciendo lentamente. Gracias a todos los que comentaron en el capítulo anterior :)


Disclaimer: Todo lo reconocible de Harry Potter es de JotaKá. La trama es mía.


-Dandelion-

Capítulo III: Like ghosts.

26 de septiembre de 1998.

Los días fueron pasando con una tranquilidad pasmosa; la alegría juvenil que un día se respiró en Hogwarts ya no parecía existir. Los alumnos vagaban por los pasillos como seres mecanizados esperando por el día en el que saliesen de la fábrica.

Hermione esperaba sentada en uno de los bancos del pasillo a que Luna y Ginny saliesen de su clase de Adivinación. Diez minutos antes la profesora de Runas Antiguas había dado por finalizada la clase y la castaña había aprovechado para ir a buscar a sus dos amigas a su clase para ir a comer.

Escuchó voces al final del pasillo que la hicieron girar la cabeza en busca del causante de ese sonido. Hermione frunció el ceño al observar a Pansy y a Draco acercándose por el pasillo, hablando en voz realmente baja y completamente pegados el uno al otro; como si fueran siameses.

Los ojos de Malfoy se clavaron ella cuando levantó la mirada, sus orbes grises analizándola con lentitud antes de volver a alejarse, centrándose una vez más en Pansy. A los pocos segundos fue Pansy quien levantó la vista, su mirada fijándose en Hermione y tomando una respiración profunda antes de concentrarse en el camino.

Pasaron delante de ella como dos espectros, en completo silencio y sin el murmullo que sus voces habían provocado minutos antes. Algo en su pecho se removió, como si se tratase de un mal presentimiento.

Como si algo dentro de ella supiese que algo malo se estaba aproximando y los Slytherin estuviesen involucrados en ello.


Theo sonrió cuando vio a Daphne, una sonrisa torcida y carente de emoción, y que la chica conocía perfectamente. Se acercaron con pasos lentos hasta estar el uno frente al otro, solamente unos pocos centímetros de separación entre sus cuerpos.

—¿Preparada? —inquirió él, su aliento caliente golpeando con fuerza contra el oído de la mujer.

—Siempre.

Los brazos de Nott rodearon el cuerpo de la rubia antes de que una nube oscura los envolviese y ambos estudiantes se desvaneciesen en mitad de aquel desierto pasillo. El mareo inicial desapareció tras unos segundos después de que llegasen a su destino, el olor del mar golpeó con fuerza sus fosas nasales y la fría brisa marina penetró debajo de sus ropas.

—No te separes de mí.

Las manos de los Slytherin no se separaron en ningún momento mientras caminaban por el largo puente de madera; aproximándose cada vez más a ese lugar que significa «hogar» para ellos.


Ginny y Hermione disfrutaban del suave viento que soplaba en las afueras de Hogwarts. Ambas chicas se encontraban dando un paseo por los jardines del castillo, tratando de aprovechar esa tarde tan tranquila antes ir a cenar.

—Hermione —habló Ginny de repente.

—Dime.

—¿Cuando Malfoy y sus amigos aparecen no sientes que el ambiente es igual que cuando estaban los dementores? Sé que suena como una tontería; incluso cruel teniendo en cuenta con que criatura los estoy comparando —comentó rápidamente—, pero siempre que ellos están cerca tengo mucho frío y… no sé. Siento que algo está mal con ellos.

—No te preocupes, Ginny. Yo también lo he sentido —murmuró—. Hoy, cuando estaba esperando por Luna y por ti, Malfoy y Parkinson pasaron por el pasillo y cuando los dos me miraron sentí que me estaba ahogando.

—Hay algo en ellos que no me gusta, Herms. No se relacionan con nadie, ni siquiera con la gente de su propia casa —suspiró—. Es como si fueran fantasmas vagando por el castillo.

—Porque lo son —La voz de Luna sobresaltó a ambas chicas, que se giraron con rapidez fijando su mirada en la recién llegada—. No literalmente, pero lo son. Ellos se han convertido en fantasmas, simples espejismos de lo que un día fueron y de lo que ahora no queda más que polvo. Cenizas descansando sobre la repulsión, el odio y el resentimiento de los demás hacia ellos.

—¿A qué te refieres? —cuestionó Ginny,

—No se relacionan con nadie excepto entre ellos porque no les queda nada más; sus padres están muertos o encarcelados, los que un día fueron sus amigos les han dado la espalda y el mundo mágico los ve como la peor basura —explicó con tranquilidad, tomando asiento sobre el césped húmedo—. ¿No creéis que es normal que se alejen de todo y de todos cuando parece que más de medio colegio quiere verlos muertos? Creo que esa sensación de la que habláis simplemente se debe a que ellos representan la parte perdedora de la guerra, y todo lo que esta significó.

—¿En qué momento te has vuelto tan observadora? —inquirió Hermione, su mente analizando palabra por palabra lo dicho por Luna—. Es impresionante a la conclusión a la que has llegado en menos de un mes de clases.

—Bueno, es fácil observar a los demás cuando los demás no parecen verte a ti —comentó ella con una suave sonrisa—. Tampoco considero que leer a los Slytherin sea tan difícil; simplemente tienes que analizar la situación después de la guerra. ¿Quién querría juntarse con ellos? Para la sociedad mágica no son más que representantes de la oscuridad y locura de Voldemort.

—Eso es injusto —rumió Hermione—. Se demostró que excepto Malfoy y Nott, los demás no tuvieron participación directa en la guerra con el bando de los mortífagos, ¿por qué meterlos a todos en un mismo saco? ¿Por qué repudiarlos y no concederles otra oportunidad?

—Es más fácil odiar que perdonar, Hermione. Siempre lo ha sido.

Luna se levantó y pasó entre sus dos amigos a paso ligero, su pelo rubio moviéndose de un lado a otro. Cuando estaba ya a unos cuantos metros de ellas se giró con el ceño fruncido y las miró.

—¿Vamos a cenar?

Ginny y Hermione parecieron reaccionar en aquel instante, comenzando a caminar hasta Luna para después emprender el camino las tres juntas. Las dos Gryffindor repasando las palabras de la rubia en su cabeza.


Hermione se encontraba haciendo la ruta nocturna como prefecta de Gryffindor, sus ojos vagando por los pasillos y su varita en mano para iluminar ligeramente su camino. Aunque se suponía que debería estar en el séptimo piso, un compañero le pidió el cambio y ella terminó caminando en las mazmorras.

Escuchó ruidos de sillas y mesas moviéndose cerca de ella, el estruendo resonando con fuerza gracias al silencio de la noche y el eco que las propias paredes generaban. Se acercó hasta el aula de donde provenían esos sonidos y con sigilo se adentró.

Iluminó toda la estancia con su varita, frunciendo el ceño al no encontrar a nadie dentro. Se giró en busca del causante de ese sonido pero sin enfocar a nadie, todo estaba completamente vacío a excepción de las mesas y sillas que con los años se rompieron y desgastaron.

Bajó la varita con lentitud después de un último vistazo, dispuesta a dar la vuelta para irse y seguir con su ruta, pero el sonido de las bisagras moviéndose la alertó y la obligó a girarse con rapidez, aguantando el jadeo que quiso soltar cuando observó a Draco Malfoy a dos metros de ella y la puerta cerrada detrás de él.

—Buenas noches —murmuró él y con un movimiento de su mano la luz de la varita de Hermione desapareció.


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Besos y abrazos,

AliciaBlackM.

PD: ¡REVIEWS y GO!