Los personajes de CardCaptor Sakura pertenecen a las CLAMP. Tanto en historia como en diseño.


2

DE REGRESO A JAPÓN

No importaba que tan hermoso fuera el día, o si su actor favorito se encontraba vagando perdido justo enfrente de sus narices; igual no le hubiera dado importancia.

Nuestra chica, considerablemente delgada y de cabellos cortos castaños, corría como alma que lleva el diablo. Tropezando con inocentes y, en su momento, atolondradas siluetas al tiempo que emitía gemidos de disculpa sin siquiera voltear el rostro. Parecía un rayo de luz de tonos beige –naturalmente, el color de su vestimenta- dentro de aquel mar de estudiantes. O el garabato de líneas horizontales que utilizan los caricaturistas de la DC comics para representar a sus personajes con poderes de súper velocidad.

A pesar del inexplicable ajetreo, si prestabas atención y, ¿por qué, no?, poseías algún poder de súper-visión a lo tipo cómic, podías vislumbrar unos hermosos ojos verde esmeralda centelleando en el agotado rostro.

-¿Sakura, estás bien?

Sesenta metros y unas cuantas disculpas desvanecidas en el aire, después... la chica quien respondía al nombre de "Sakura" llegó a su destino. Descansó sus manos sobre sus rodillas, jadeando; en un vano intento de recuperar todo el aliento perdido a lo largo del campus de la universidad, y alzó el rostro para observar a quien la había llamado.

Unas delicadas facciones pertenecientes a un rostro excepcionalmente blanco la encaraban con diversión. Estaban contornadas por un cabello largo, lacio, bien cuidado y de color negro cual carbón. De repente, unos ojos azulinos se abrieron, y más belleza quedó expuesta.

-No sabes todo lo que he corrido, Tomoyo -dijo nuestra deportista, sentándose en la misma banca que ocupaba su amiga-. Prácticamente toda la universidad.

-Y todo para no dejarme esperar más de la cuenta. Te lo agradezco.

Tomoyo sonrió con ternura, volviendo a ocultar las gemas que tenía por ojos.

El cansancio había pasado un poco y Sakura se permitió devolverle la sonrisa a su amiga. Los latidos del corazón estaban desacelerando y la capa de fino sudor que cubría su frente empezó a secarse. Inconscientemente chequeó su reloj de mano y, con la misma velocidad antihumana que había utilizado para correr, se levantó de un sólo brinco, sorprendiendo a su quieta compañera de banca.

-¡Dios mío, ya es tarde! –gritó, llevándose la mano derecha a la frente-. ¡Las clases comienzan a las nueve y son las nueve y media!

Una aguda risita se escuchó por detrás de ella. Sakura se volvió para conocer su procedencia.

-¡Tomoyo, vamos! No quiero hacerte llegar tarde a clases -insistió.

Tomoyo se encontraba feliz de la vida reprimiendo una sonrisa con las yemas de sus finos dedos. Una vez controladas las entrecortadas carcajadas y el leve movimiento sube y baja de sus hombros, suspiró:

-Ah Sakura, es tan fácil tomarte el pelo.

Miró hacia arriba, enfocando el azul firmamento, y con otro suspiro se levantó. De pie, era casi de igual tamaño que su -ahora atónita- amiga. Traía un vestido sin mangas en tonos azules, cuya falda llegaba un poco más por debajo de las rodillas. Su largo cabello cubría el leve escote del cuello, los hombros, y el largo de su columna. Con movimientos gráciles, dignos de una bailarina o de alguna princesa, echó a andar dejando atrás a una Sakura momentáneamente paralizada, ya sea por la visión materializada de la perfecta belleza, o por alguna otra desconocida razón.

No es que Sakura tuviese otro tipo de preferencias o gustos; sino que la belleza de Tomoyo era tan majestuosa, que cualquiera perdería noción del movimiento.

-Deliberadamente te hice creer que las clases comenzaban temprano para que llegaras antes de la hora y así ponernos a charlar -dijo lo suficientemente audible para que Sakura reaccionara y con unas cuantas zancadas la alcanzara.

-Quieres decir, ¿que no empiezan a las nueve? –preguntó de manera dubitativa, caminando al mismo ritmo de su amiga.

Tomoyo volvió a reír.

-¡No, tontita! Ese fue mi plan maestro. ¿No es genial? Ya estamos seguras de que no llegarás tarde en tu primer día de clases del año. Y además, tendremos suficiente tiempo para que me cuentes cómo te fue en el viaje.

Sakura se encorvó y soltó un gemido de queja.

-¡Ay, Tomoyo! ¡Me hiciste correr toda la universidad en vano! -refunfuñó.

-En vano, no -le corrigió la pelinegra-: Recuerda que no me hiciste esperarte tanto -y volvió a soltar una de sus peculiares risitas.

Sakura sintiéndose engañada y levemente ofendida, apartó la vista del rostro helénico de Tomoyo y miró hacia el frente.

Pudo visualizar el camino bastante ancho y de piedras marrones que conducía hacia la cafetería de la universidad. Éste estaba flanqueado, por ambos lados, de densas filas de árboles de cerezos cuyas gruesas ramas y rosados doseles creaban una especie de arcos irregulares en el aire; produciéndole sombra y una dulce frescura a todo quien pasaba por ahí.

Por cada soplo de brisa que se colaba, los pétalos de las flores -pequeños y rosados- zigzagueaban en el aire aterrizando en el suelo rústico, en el pasto verde, en los trasparentes espejos de agua, o en alguna cabellera estudiantil. Un extranjero, o cualquiera sin el privilegio de estudiar en Todai, quedaría maravillado por tal primaveral visión. Y en el más exagerado de los casos, hubiera aprovechado en tomar alguna foto.

Sakura se limitó a sonreír para sus adentros, agradecida de haber sido llamada al igual que un ornamento de exuberante belleza; tan delicado como hermoso. Olvidando el unilateral enfado le dirigió una sonrisa a Tomoyo, para luego dedicarse a patear suavemente los rosados mazacotes de flores, parecidos a algodones de azúcar, que se formaban a sus pies.

-Veo que ya estas de buen humor -dijo Tomoyo con un quedo de cautela. No quería volver a provocar a su amiga.

-Eh, sí. Es porque hace un buen día –Sakura se encogió de hombros. ¡Por fin lo había notado!-. No me importaría pasear contigo por los campos de la universidad en un día así... ¡La gente está muy animada!

-Tenías que haberlos visto el primer día de clases. ¡No se podía ni caminar!

Tomoyo abrió exageradamente sus ojos. El tono oscuro del azul de su iris se había momentáneamente aclarado cuando un haz de luz -que ágilmente se escapó de entre las ramas de los árboles- le tocó el rostro.

Sakura se limitó a asentir con la cabeza. Tomoyo, entonces, prosiguió.

-No hemos recibido ninguna especie de trabajos o proyectos por parte de los profesores, aún; pero debo admitir que tú sí me mantuviste ocupada durante toda la semana corriendo de allá para acá, repartiendo constancias que explicaran tu ausencia. ¡Hasta memoricé todas tus clases y salones!

Sakura se sonrojó, sin saber si la razón era por haber abusado de la amistad de Tomoyo o por la última frase que escuchó salir de los labios de su amiga. Resignada, suspiró.

-Bueno, al menos sabrás dónde buscarme si se te antoja hacerme una visita en tus horas libres.

-¡Sí!

¡Pero que emocionada se escuchó Tomoyo! Ante la respuesta, Sakura se estremeció, y supo que lo único que le quedaba por hacer era rezar para que Tomoyo no tuviera tantas horas libres.

No era una cuestión de descortesía, ni por ser antipática... Tomoyo había sido la mejor amiga de Sakura durante añales, y un gran apoyo en los momentos más difíciles. Pero poseía algunas extrañas obsesiones que asustarían a cualquiera no poseedor de una mente tan sana y bienintencionada como la de Sakura.

Lo cierto era que Tomoyo, desde muy pequeña, disfrutaba de grabar y fotografiar a su amiga. Y ahora, ya a los veinte años y empezando su tercer año de Artes Visuales y Producción Multimedia, podrían adivinar quién era la modelo en todos sus trabajos... Trabajos qué, siendo Tomoyo tan aplicada, inteligente y perfecta en cada actividad o labor que ejercía, sus proyectos no tardaban en recibir inmensas alabanzas y gratos reconocimientos; para orgullo de la universidad, y para mayor vergüenza de Sakura.

-Espero no hayas desayunado.

-No -admitió Sakura. Y recordó tristemente cómo había empezado su día.

Se había levantado a las seis y media de la mañana, al son de su estridente despertador, que inmediatamente lanzó contra una de las paredes de la habitación. Había llegado de su agotador viaje hacía unas cinco horas, y de ellas sólo logró dormir unas tres. Por la noche había pasado calor y, a pesar de su evidente cansancio, se le hizo imposible conciliar el sueño.

Sentada en el borde de la cama, encendió la lámpara sobre la mesita de noche y miró a su alrededor: la maleta seguía a unos pocos pasos de sus pies, tirada en el suelo sin abrir. Se miró a sí misma y recordó no haberse puesto la pijama. Con fastidio, se levantó y dirigió al baño. Le tomó treinta minutos prepararse una tina de burbujas con agua caliente. El cuello le dolía a causa del viaje y necesitaba poder relajarse.

Creyó haberse quedado dormida por unos pocos minutos, hasta que al salir de la tina comprobó que se había abandonado al aroma de la espuma por ¡más de dos horas! Los siguientes recuerdos consistieron en escenas interpuestas de ella a toda velocidad abriendo la maleta, vistiéndose con lo primero a la vista, buscando los útiles necesarios, y saliendo a toda prisa de su condominio.

¡Por su puesto que no le había dado tiempo para desayunar! Y ahora, su estómago la culpaba fuertemente por haber sido tan despistada.

-¡Bien! -exclamó Tomoyo, interrumpiendo los pensamientos de la castaña-. Tenemos tiempo suficiente para comer y hablar.

Sakura no pudo evitar sentir curiosidad, por lo que se apresuró a preguntar:

-Este... ¿A qué hora exactamente empiezan las clases?

Sólo cuando parpadeó y vio que nadie estaba a su lado, fue que cayó en cuenta de que su pálida amiga se había detenido en seco interrumpiendo el ritmo de la caminata. Sakura también se detuvo unos centímetros más adelante. Giró levemente la cabeza y volvió a parpadear. Una extraña sonrisa se dibujó en el rostro de Tomoyo. Parecía... ¿malévola?

-Discúlpame, Sakura... -la aludida tuvo que acercar su cuerpo. Tomoyo había murmurado aquellas palabras con un hilo de voz tan bajo y agudo, que quizá sólo los perros eran capaces de escuchar-. Tú sabes perfectamente que no es normal mentir en mí... aunque es un acto que se me da muy bien -los ojos de Tomoyo se habían perdido en la sombra de su oscuro flequillo-. ¡El problema fue que te extrañé tanto! ¡No podía permitirme no verte y hablarte otro día más!

-¿Tomoyo, e-estás bien?

Poco a poco, las facciones de Tomoyo se fueron percibiendo revelando una inexplicable dulzura en su rostro. Volvía a tener los ojos cerrados y una sonrisa en los labios. Sin más rodeos, dijo:

-¡Las clases empiezan a las dos de la tarde!

Sakura se quedó paralizada; musitó unas palabras sin sentido y volvió a dejar de respirar. Un calor peor que la rabia empezó a extenderse por todo su pecho. ¡Quería gritar!

¡¿Qué?! ¡Tomoyo le había mentido descaradamente sobre su horario de clases! ¡Sabiendo que acababa de llegar de un viaje que lo último que podría calificarlo sería la palabra "cómodo"!

En menos de tres horas, Sakura se había peleado con su indefenso despertador, dormido en la tina de su baño, arrugado su piel cual uva pasa, y llevado por delante a un sinnúmero de estudiantes; sólo porque su, y que "amiga", ¡quería hablar con ella! ¿No podía esperar unas pocas horas para aquello? ¿Qué tanta urgencia tenía? ¿Cómo podríamos llamar a un acto tan descarado, injusto y grosero? Sólo dos palabras, pensó Sakura: Abuso Personal.

Tragó saliva, respiró hondo y luego exhaló; tratando de apartar cualquier sentimiento de odio hacia su abusadora amiga. El labio superior le tembló cuando con fingida calma y con una voz más ronca de lo usual, dijo:

-¿No crees que fuiste un poco exagerada, Tomoyo? -pausó por un momento, volvió a tragar saliva y agregó-: Al menos me hubieras dejado dormir un poco más, ¿no te parece?

-¡Es verdad! -Tomoyo había vuelto a recuperar su andar dejando otra vez a Sakura detrás de ella-. Pero ya te dije: quería verte y conversar. Además, toma esto como lección por siempre dejar a tus compañeros esperándote. Dudo que lo vuelvas a hacer, ¿verdad?

Sakura no dijo nada y siguió la cascada de cabellos negros a regañadientes. ¡Jamás había sentido tanto deseo de golpear a Tomoyo!


(N. del A): ¡Muchas, muchísimas gracias por los reviews! No saben cuánto me alegré al leerlos; me animaron bastante y me dieron seguridad con la historia.

Y aquí el segundo capítulo listo… ¿qué tal? ¡Espero que lo hayan disfrutado!

Había empezado esta historia hace meses, pero no quise publicarla y la abandoné por falta de inspiración. Luego, en un momento dado, escribí éste capítulo. ¡Realmente disfruté en hacerlo! De aquí en adelante la narración –en su mayoría- tomará sitio desde donde está Sakura. Se me hace mucho más sencillo y divertido de aquella manera; con Syaoran me pongo demasiado descriptiva y monótona… por eso, no me sentía a gusto con el primer capítulo; el cual, por cierto, acomodé. Ya está mucho mejor ^^U

No duden en realizar críticas o avisarme sobre algún horror ortográfico, ¡tienen todo el derecho del mundo en criticar y advertirme!

Ya tengo el tercer capítulo listo, y pienso bajarlo el próximo lunes. En él conoceremos a dónde fue de viaje Sakura.

¡Saludos, gracias y hasta entonces!