Otoño
Al ver los primeros árboles perder sus hojas, Kylar decidió que era tiempo de ir a visitar a Uly. La niña se había quedado en la Capilla para tranquilidad del chico que, después de la muerte de Elene, no se había sentido capaz de cuidarla.
Montando en su caballo, se dirigió lo más rápido posible hacia el Lago Vestacchi, donde la enorme Serafín le dio la bienvenida. Una vez frente a la puerta, una de las hermanas le franqueó el paso. Iba a decirle que los hombres no podían entrar en la Capilla, cuando lo reconoció y se movió hacia un costado de la puerta dejándolo entrar.
La hermana Istariel fue a su encuentro y cuando Kylar le comentó su deseo de ver a Uly, ella lo guió hasta el aula donde estaba estudiando la niña. En cuanto cruzó la puerta, la niña dejó lo que estaba haciendo y corrió a abrazarlo.
—¡Te extrañe! —exclamó la pequeña estrujándolo con fuerza.
Él le revolvió el cabello con cariño, sacó un pequeño regalo de su morral y juntos fueron a buscar un lugar tranquilo en donde ponerse al día. Uly le contó todo lo que había aprendido en esos meses y el chico escuchó atentamente.
Unas horas más tarde, Kylar la sintió. A pesar de ya no tener los anillos, levantó la cabeza unos segundos antes de que ella entrara por la puerta y lo mirara con sorpresa. Vi estaba igual de hermosa que la primera vez que la había visto, cuando ella había intentado matarlo en casa del Conde Drake. Su cabello rojo como el fuego caía sobre sus hombros y él se imaginó pasando sus manos por él. Habían estado vinculados y ella había estado enamorada de él, pero había desaprovechado su oportunidad. En ese entonces, él amaba a Elene más que a nadie en el mundo y a pesar de sentirse atraído hacia Vi, le había sido fiel; ahora, no tenía nada que lo retuviera. Con Vi no tenía los mismos reparos que con Elene, la pelirroja entendía lo que le exigía su vida y sabía que todo estaría bien, solo había que ver si no era demasiado tarde.
