Hola, disculpa por la demora en este capítulo. Con respecto a sus sugerencias lo tomare en cuenta para los siguientes capítulos. Bueno ya hable demasiado, les presento la respectiva continuación

Disclaimer: Pokémon no me pertenece.


Capítulo 3

Tormenta

Envuelto en el sonido de las olas que chocaban con la costa, pequeñas gotas cristalinas salpicaban en el rostro de un joven recostado en la superficie arenosa de una playa, un sol totalmente radiante se podía observar en el cielo, sintiendo un pequeño cosquilleo en sus pies a causa de la arena, aquél joven se levantaba de su letargo.

El lugar en donde estaba era hermoso, los pequeños pokémon voladores surcaban por todo el cielo azul, no había ninguna nube que interrumpiera el hermoso espectáculo, mas sin embargo al joven solitario no le importó, sentía un hormigueo en la planta de sus pies causando algo de molestia, estaba totalmente descalzo, moviendo los dedos de sus pies, el muchacho, se olvidó de su extraña aparición en aquél lugar.

Había estado tanto tiempo sin estar en una playa que corría sin tregua por toda la orilla, sentía las saladas gotas que le humedecían toda su ropa. "Un lugar perfecto" pensaba, parándose en frente del gran océano infinito, solo podía estar tranquilo y en paz con sí mismo, agradecía al mismo Arceus por estar en ese lugar, era todo tan real, perfecto y hermoso, parecía un sueño y lo era, un simple sueño que significaba los problemas que afrontaría, de pronto todo se envolvió en la oscuridad, la paz había terminado, el joven solo podía observar desconcertado lo que sucedía, su miedo le empezaba a dominar, se hacía varias interrogantes y ninguna era respondida, de pronto a la misma velocidad que los rayos del sol llegan a nuestro planeta, la luz apareció, ahora se encontraba en un sitio totalmente diferente, sus ojos aun cegados por la repentina luminosidad, impidieron ver a detalle todo el lugar, lo único que podía ver era dos siluetas al frente de él, "¿Porque me hiciste eso?" "Te odio" decían aquellas personas. "¿Por qué? ¿Qué hice?" Preguntaba el joven, tratando de poder ver el rostro de aquéllas personas pero fracaso, trataba de acercarse, no obstante algo lo impedía, se volteo a ver lo que le retenía. Miedo y horror dominaban por completo al muchacho, detrás de él, estaba un Darkrai que le miraba con frialdad.

"El sueño que se convirtió en pesadilla" era lo último que escuchó antes de despertarse de aquel mundo creado por su subconsciente.

El sonido ensordecedor del despertador retumbaba por toda la habitación, Ash despertaba de su sueño que se convirtió en una pesadilla, rápidamente trato de apagar el aparato, sosteniendo en sus manos el pequeño artefacto en forma de Piplup apretó el pequeño botón detrás de esta y el sonido no apareció más, miro la hora deseando que aun fuera temprano para seguir durmiendo, pero eran las 11:00 AM, volvía a recostarse con decepción, su mente estaba en blanco, miraba sin ninguna atención el techo blanco de la habitación, con sus manos detrás de su cabeza pensó en su extraño sueño. "Todo es tan real" se dijo a sí mismo. El nunca entendió los extraños sueños que tenía, ahora su mirada se dirigió a la ventana que estaba algo abierta, lo que provocó que entrara una suave brisa, ahuyentado el calor de aquella habitación, sin más remedio se levantó, ya no pensaba en el extraño suceso de hace instantes. "No vale la pena seguir reflexionando, los sueños pasan y ya" se decía sí mismo, olvidando por completo el significado de está.

Rápidamente se cambió de muda, llevaba la misma ropa de hace días, exactamente la misma ropa de cuando inicio su viaje por todo Sinnoh, solo con algunos ajustes en el tamaño. Salía de la habitación olvidando ponerse su gorra favorita y su preciado medio listón que se encontraban en la pequeña mesita de noche, los deseos de sus seres queridos estaban en esos dos objetos, ignorando el poder misterioso de aquellos objetos, Ash no sabía, que podía ver el futuro y el pasado.

Una gran bulla se podía escuchar cuando el pelinegro bajaba por las escaleras: ollas chocando, platos rompiéndose en el duro piso y algunos gritos, parecía que había una tremenda pelea, que al parecer se daba en la cocina lo que causaba alarma al recién despertado, corriendo a una gran velocidad el azabache entraba sin permiso a la cocina, se quedó sin habla, sus ojos miraban con impresión lo que pasaba. "May y Dawn hacen otra monstruosidad" pensaba, mirando fijamente el curioso y extravagante plato que sostenía la castaña y otra vez la cocina estaba todo un desastre. " ¡No otra vez!" era lo único que escucharon las chicas antes que el azabache saliera de la casa a una gran velocidad. Lo que provoco una risa de las muchachas.

La madre de Dawn con precaución de no ser descubierta, observaba la felicidad de su hija. "Lamentablemente todo tiene un fin" se decía a sí misma, esas palabras durante mucho tiempo dominaban la mente de Johanna, lo que le impedía estar tranquila, ya no se podía ocultar más la verdad. Entrando con una aparente sonrisa, la señora Berlitz saludaba a ambas chicas, pero antes les regañaba por el desorden en la cocina. Este día sería uno diferente a los otros, sin que nadie lo supiera desde este instante todos podían forjar su destino, la manipulación del tiempo y del espacio estaban ocultos en dos objetos.

El hambre que azotaba sin misericordia al azabache, hizo que él regresará de nuevo a la casa. Pikachu y Piplup esperaban con ansias el regreso del entrenador, en el lejano horizonte se podía ver una figura que padecía de hambre, en ese momento ambos pokémon se preparaban para su llegada, poniendo un plato de comida en la ventana, además de un ventilador, ambas criaturas encendían el aparato eléctrico, lo que provocó que el aroma de la rica y sabrosa comida hecha en casa, pasara por el olfato del pelinegro y en un par de minutos él estaba de regreso, esperando a que le trajeran el siguiente plato de comida. El plan funciono.

Una conversación muy amena se daba en el comedor, alrededor de esta, se encontraban 3 jóvenes que estaba muy juntados y no por la sobresaliente amistad que tenían ellos, la pequeña riña que se dio momentos antes de quien se sentaba a lado del pelinegro, provoco esa situación, estaban tan unidos que Ash apenas podía levantar su cuchara y si lo podía tenía que tener cuidado de no tocar por accidente el busto de una de sus amigas que rozaban peligrosamente los brazos del pelinegro. Las intenciones de comer su habían terminado. Sin embargo eso no desanimo la conversación que se daba, Johanna daba algunos consejos a May para su participación en el próximo Concurso Pokémon, mientras que Dawn de vez en cuando trataba de introducir la historia de la sorprendente "resurrección de Ash" había tantas cosas que tenía que contarse que Ash solo podía escuchar con una gran sonrisa en todo su rostro y también de vez en cuando intentaba levantar su cuchara. Misión imposible.

La conversación había terminado, las chicas recogían los platos de la mesa. Al fin Ash podía hacer su cometido, pero era demasiado tarde, su comida estaba demasiado fría, con pequeñas lágrimas en sus ojos aparentemente rezaba al cielo.

—No te preocupes Ash, hare más para la noche —decía Johanna, mirando el curioso comportamiento del pelinegro

— ¿En serio? —preguntaba el azabache, dejando de rezar a su "difunto plato" agradecía la amabilidad de la madre de Dawn, Ash se retiraba, pero antes Johanna le interrumpió.

— ¿Ash me puedes hacer un favor? —preguntaba la madre, esperando la respuesta del pelinegro. Él asintió con la cabeza.

— ¿Puedes salir por un momento con May?

Le interrogativa confundió al chico, medito por un momento con su mano en su mentón. "Tal vez necesiten hablar ambas a solas" pensaba. Luego de unos segundos afirmo con una gran sonrisa. "Está bien saldré con May" anuncio el azabache. Con intenciones de salir con la castaña, Ash se iba a la cocina, dejando así sola a Johanna que pensaba en la forma de decir a su hija la terrible verdad que le estaba atormentado.

Un ambiente tranquilo y pacifico se podía observar por la ventana de la cocina en la residencia Berlitz, Dos chicas lavaban los platos y a la vez hablaban de manera muy efusiva, sin embargo este se interrumpió cuando un pelinegro entraba, al parecer daba una noticia a su amiga de cabello castaño lo que causo que ella se lanzara a los brazos de su amigo y casi rompiera los platos de porcelana que estaba restregando. Con una gran sonrisa en su rostro May afirmaba con un gran si, el ofrecimiento de su amigo, no obstante la otra chica solo miraba con pena lo dicho anteriormente por su amigo. Esperaba que a ella le dijeran lo mismo…no paso.

—Ash ¿porque de repente invitas a May a salir? —preguntaba la peli azul, sentía una fuerte opresión en el pecho, sabía que sentimiento le empezaba a recorrer por todo el cuerpo, pero lo ignoraba, más tenía que saber las intenciones de su amigo por la repentina invitación a la castaña y por qué no le invito a ella también.

Ash no pudo contestar, May aún le seguía abrazando, balbuceando algunas frases sin sentido intentaba dar una explicación razonable, pero no se le ocurría nada, podía ver las pequeñas gotas que se acumulaban en los ojos azules de su amiga, era completamente un tonto.

—Espero que se diviertan —dijo Dawn, antes de correr rápidamente a su habitación, no quería que nadie viera que estaba llorando, cerrando la puerta con fuerza, rápidamente se recostó en su cama, posando su rostro en su almohada empezaba a desahogarse, no lo podía creer lo desconsiderado y tonto que podía ser su amigo, simples acciones solo era simples acciones las que hacia el azabache, pero él hasta ahora no comprendía lo que significaba tanto para una chica un abrazo, una simple frase de agradecimiento o una invitación para salir, odiaba esa parte densa de Ash, aun con el paso del tiempo él no había cambiado en ese aspecto. "Es un tonto" dijo antes de volverse a enterrar su cara con la almohada.

— ¿Así tienen que ser las cosas? —decía May, mirando por la pequeña abertura de la puerta del cuarto de Dawn, tal vez ella debía rechazar la oferta del pelinegro, pero no…no lo haría. Este era su momento, sin hacer ruido bajaba por las escaleras esperando la cita que tendría con el azabache.

Esperando en uno de los tres sofás de la sala, el pelinegro sostenía a Pikachu en su regazo, Ash estaba preocupado por la acción que hizo, pensando y estando en un mundo completamente ajeno al real, él no percibió la mirada de angustia de la dueña de esa casa, pero no había vuelta atrás, se había cometido un error. La llegada repentina y alegre de May por un momento disperso ese ambiente rígido, por un momento Ash pensaba en que lo mejor no era salir, pero la sonrisa tierna de la castaña además que se había cambiado de ropa para la ocasión hacia titubear la idea del azabache. "¿Nos vamos?" preguntaba la castaña esperando en la salida de la casa, ella sentía que no había forma de remediar lo sucedido antes, pero ahora no quería pensar en eso. Ash aún no se levantaba del sillón seguía dudando. "No es de caballeros hacer esperar a una dama" indicaba Johanna, la expresión de Ash no cambiaba, de repente una delicada mano le toco su brazo "Vamos" decía May esperando ansiosamente la aceptación de Ash, "Está bien" dijo, con resignación empezando a salir a afuera.

Este se día jamás olvidaría Dawn, mirando por su ventana observaba la despedía de los chicos con su madre, tan pronto como se fueron, otra vez la peli azul volvía llorar con más fuerza. No quería saber nada más de Ash.

"Toc Toc" se pudo escuchar, sin embargo Dawn no quería hablar con nadie, solo lo ignoraba, de pronto la puerta se abrió, entraba la madre de aquella muchacha, con los brazos cruzados y con una manta de color azul en sus hombros, entraba delicadamente a la habitación de su hija, Dawn no la quería mirar, estaba bastante afligida para hacerlo. Johanna se acomodó a un lado de la cama de su hija acariciando el cabello de su hija, empezaba a cantar una canción de cuando Dawn era una niña, esperando a que ella se calmara. El tiempo podía pasar rápidamente y se podían olvidar varias cosas, pero Dawn recordaba perfectamente aquella canción, su madre le cantaba cuando ella estaba triste y escuchar aquella hermosa melodía la hacía feliz.

—Cuanto tiempo sin escucharlo —musitaba la peli azul, parándose y mirando a su madre, el tiempo no pasa en vano pensaba, Dawn abrazo a la persona que le dio la vida. Sintiendo el tierno abrazo de su hija, Johanna empezaba a llorar, ahora era el momento de decirlo pero… ¿Por qué debería arruinar este momento? Era imposible, los minutos pasaban lentamente, ninguna de las dos hablo pero… había una verdad que se tenía que decir, era el momento, liberándose del abrazo de su hija, aquella abnegada madre empezaba a contar lo que le pasaba…

Tristeza y felicidad, en cada momento de nuestras vidas sentimos aquellos sentimientos, nunca estaremos libres de aquellas sensaciones, felicidad era lo que sentía May, estar al lado de Ash y solos hizo alegrar a la castaña, ambos se dirigían a la plaza de Hojas Gemelas, el ambiente era cálido pero acogedor, sin perder un minuto más, May llevaba por todas partes al pelinegro lo agarraba de su abrazo, para que no se "escapara" pero era por otro motivo, sin saber, Ash tenía una "cita" con su amiga. Primero ambos fueron a comer unos helados, una situación fácil de llevar para el pelinegro, sin embargo no se esperaba que el mesero trajera un helado para parejas, quiso devolverlo pero el mesero solo aclaraba que era cortesía de la casa, bastante curiosa su sentencia.

Una copa, dos pequeñas cucharillas a los extremos y un delicioso helado "¿Qué pasaría si se cayera una cucharilla?" pensaba la castaña, mientras hacía caer "accidentalmente" su utensilio, con una gran idea May habría la boca esperando recibir un poco de helado, Ash trataba de llamar al mesero más nunca apareció, estaba en serios aprietos. "Dame un poco de helado" indicaba May, abriendo su boca y cerrando sus ojos con nerviosismo, el azabache esperaba a que suceda algún evento extraño que lo impida hacer la acción… no ocurrió nada. "¿Dónde está el equipo Rocket cuando se lo necesita? Pensaba el pelinegro esperando la aparición del trio…no paso. No había caso escapar, con lentitud recogía un poco del cremoso helado, con una mano derecha temblando, ponía la cucharilla en la boca de su amiga… con un gran gusto May se lo comía, ahora era su turno. "Abre la boca Ash" pedía la castaña haciendo lo mismo que su amigo, una gran felicidad y alegría le invadía hoy sería un día perfecto, pero no para el pelinegro. Él aún seguía pensando en Dawn.

Después de que el pelinegro sobrevivió a ser alimentado por su amiga, ambos se dirigían al pequeño bosque que estaba afuera del pueblo, eran las 5 de la tarde aún el sol estaba alumbrando con su máximo esplendor antes de desaparecer por el oeste. May tomaba de la mano al azabache, varias personas que vieron el espectáculo solo miraron a los jóvenes enamorados, lo que provoco vergüenza en el azabache, no había un lugar más perfecto para terminar la "cita" que no fuera en aquel lugar, ahora la que sentía nerviosismo era May, la sensación de estar a solas con Ash le pasaba factura, solo había una forma de que todo este día sea perfecto, un beso.

Después de la felicidad viene la tristeza

Tristeza una profunda pena sentía Dawn, cada palabra que le decía su madre, era una apuñalada en su corazón, no lo quería creer, solo es una mentira, falso. No, todo era verdad de ahora en adelante ¿Que haría? No lo podía responder, aun no tenía una respuesta para aquella pregunta, sin hacer ninguna acción, sentada en su cama lo único que podía hacer era llorar, en todo Hojas Gemelas, la noche daba inicio.

La llegada a la residencia Berlitz fue bastante tranquila y solitaria para Ash estaba solo, May no la acompañaba, casi llegando a la puerta vio a dos pokémon que esperaban su llegada: Pikachu y Piplup ellos pasaron todo el día jugando en el patio, sin embargo ambos criaturas sentían lo que estaba pasando, no solo con Dawn y May, y su comportamiento con el azabache, también percibían el problema de Ash. Entrando a la casa, Ash se preocupó al ver que las luces aun no estaban encendidas, eran alrededor de las 7 de la noche la luz ya no se podía apreciar en todo el lugar, apretando el interruptor de la luz, pronto la casa se vio iluminada, todo estaba en orden o era lo que aparentaba. Sin ganas de comer se fue directo a su habitación.

Horas pasaban y todo era silencio, Ash aún no podía dormir, Pikachu y Piplup estaban a su lado, el posible desvelo del azabache, tal vez se debiera a que su amiga aun no llegaba, miro por décima vez su reloj: 10 PM. Y ella aun no llegaba, estaba bastante preocupado, se preparaba para ir a su busca, pero de pronto se escuchó el sonido de la puerta cerrarse, se quedó quieto en su habitación escuchando los pasos de alguien subiendo las escaleras con lentitud y luego se volvió a escuchar el sonido de la puerta cerrarse.

Con un suspiro leve. El pelinegro se recostaba en su cama, pero aun con la llegada de su amiga, el aún seguía intranquilo, "Sera mejor que hable con ella" pensaba, pero justo cuando abría la puerta de su habitación se detuvo, no podía hacerlo, solo empeoraría las cosas, se volvió a recostar en su cama, pensando en silencio, hasta que se dejó vencer por el sueño.

Con pereza abría sus ojos, un sonido le impedía seguir durmiendo, miro la hora de su despertador 3 AM alguien tocaba la puerta con delicadeza, Ash dudaba en abrir, tenía miedo de hablar a la castaña, lo ocurrido en la tarde no lo podía olvidar, pero…pero tarde o temprano lo tenía que hacer, Sin despertar a los pokémon que dormían a su lado, Ash se levantaba, con pasos lentos se dirigía a la puerta. Lo abrió y para su sorpresa no era May, era Dawn, inmediatamente ella lo abrazo. Empezando a llorar desconsoladamente.

Ni una sola palabra pudo decir Ash, eran 4 AM esta noche estaría despierto, a su lado se encontraba una hermosa chica de cabello azul, que dormía y abrazaba con fuerza a su amigo, ella no dijo una sola palabra, no dijo nada, al pelinegro no le quedo otra opción que dormir con ella, lo que al parecer le tranquilizo un poco, Ash miraba a su compañera, los ojos de ella estaban hinchados de tanto llorar, pero una ligera y diminuta sonrisa aparecía en su rostro, para ella estar con Ash significa paz. Los minutos pasaban con lentitud pronto amanecería, en su último intento de quedar dormido por fin Ash descansaría y lo último que vio antes de cerrar sus ojos fue a su amiga, además de los dos preciados objetos que estaban detrás de ella: una gorra y un medio listón.

Aunque parecía que había tranquilidad en aquel lugar, la verdad era que se atravesaba una gran tormenta, el día de mañana empezaría las decisiones, el reloj de arena pronto dejaría caer el último grano de arena, el destino de todos ellos se estaba decidiendo, pero a veces todo puede cambiar a último momento para bien o para mal nuestro.


¿Qué les pareció? Bueno si tienen alguna duda, esta será respondida en el próximo capítulo, sin más que decir me despido. Nos vemos

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