CAPÍTULO II. Separación
Ya no sabía que era lo que se encontraba frente a mí, si los destellos de los rayos del sol o las luces de las llamaradas que se alzaban a cada extremo de aquél lugar. De cualquier forma nada de eso me interesaba en ese momento, pues mis oídos habían escuchado y mi cerebro había reconocido aquélla voz que me había llamado; a pesar de eso, no lo veía… voltee en todas direcciones y lo único que advertía eran caras desconocidas.
— Aome… —me llamaste otra vez, esa voz… tu voz jamás la había logrado olvidar— ¡Aome! —gritaste desesperado intentando señalarme el camino hacia ti, no obstante no podía ir contigo pues Naraku, aquél sujeto de ojos rojizos aún me jalaba del brazo.
De repente escuché como algo crujía y un instante después un gran trozo de madera caía frente a nosotros, el techo se nos estaba viniendo encima, miré a Naraku y vi que su cara no mostraba ni desconcierto, ni temor, ni angustia, no mostraba nada… tan sólo esa sonrisa demencial que adornaba su rostro. Estaba viendo hacía un punto fijo, allá donde terminaba el pasillo, giré la cabeza para intentar ver lo que él veía e inmensa fue mi sorpresa y alivio al reconocer entre el humo y las llamas tu rostro.
— Inu… Inuyasha —dije al fin en un susurro ahogado, de repente sentí como Naraku apretaba mi brazo al tiempo que sus labios pronunciaban un nombre con total asombro.
— Vaya, Señor Sesshoumaru no esperaba que viniera… —su sonrisa se desdibujó por un instante y me soltó— pero temo que por hoy se me ha terminado el tiempo —dijo alejándose unos metros de mi—, Aome parece que tendremos que dejar este asunto pendiente —se rió una última vez y se perdió entre la humareda del lugar, aunque antes de que desapareciera creía haber visto que tenía un agujero en el estómago, pero simplemente era algo imposible pues de ser así probablemente habría caído muerto casi al instante.
Un destello… a mi izquierda vi el destello de algo, pero de qué, voltee lentamente la mirada encontrándome con Sesshoumaru, bajé un poco la cabeza pues su mirada era intimidante, al bajar la mirada me encontré con… ¿una espada? ¿Qué rayos hacía con una espada en la mano? y ¿eso era sangre?, instintivamente voltee hacia donde Naraku había desaparecido pensando que quizá había muerto allí mismo, sin embargo no había nada. ¿Qué rayos significaba todo esto? aunque de seguro había una explicación razonable como que quizá estaba drogado y por eso no sintió dolor alguno y…
— ¡Aome! —gritaste una vez más mi nombre sacándome de mis pensamientos, voltee hacia donde creía estabas mientras mi corazón tontamente latía desesperado por verte, por ver aquéllos dorados ojos.
Llegaste hasta mi y sin darme si quiera tiempo a reaccionar me abrazaste, me abrazaste como no lo habías hecho en mucho tiempo. Y aunque me alegraba verte y abrazarte, sabía que si seguía así sufriría aún más en el momento en que te fueras otra vez. Sin muchas ganas te aparté de mí, y tan cobarde como siempre en vez de enfrentar tu mirada me quedé viendo fijamente la salida.
— Aome… —dijiste contrariado, aunque la verdad es que no sé que esperabas que hiciera después de lo que había sucedido entre nosotros.
— Amo Inuyasha —detrás de nosotros se escuchó la voz de un anciano, recordaba vagamente esa voz—, lamento interrumpirlo pero será mejor que nos vayamos de aquí cuanto antes.
— Myoga… —te quedaste viéndolo un rato más y luego posaste tus ojos sobre mí— Aome… vamos tenemos que salir de aquí —me quedé viéndote fijamente sin entender la razón por la cual debíamos irnos, después de todo se escuchaban las sirenas de los bomberos— vamos, después te lo explicaré —y sin más nada que tu palabra dejé que me guiaras a través de aquél lugar.
De pronto recordé que Sesshoumaru había estado ahí, pero ahora no lo veía por ninguna parte, me pregunté que es lo que habría hecho después de haber herido a Naraku. Estuve como ida durante todo el trayecto, tan sólo sentía tu mano alrededor de mi brazo jalándome cada cierto tiempo para que continuara caminando.
No entendía que era lo que había ocurrido, aquélla escena me parecía salida de alguna película hollywoodense, simplemente me era imposible asimilar lo que ocurría… ¿cómo rayos había pasado de estar dormitando en el sofá de mi casa a estar corriendo entre una casa en llamas?, simplemente nada de eso me parecía normal.
— ¿Qué demonios te entretuvo tanto? —escuché decir al hermano mayor desde dentro de un coche negro
— Cierra la boca —dijo malhumorado Inuyasha, una extraña sensación recorrió mi rostro, no era una sonrisa pero tampoco un gesto de irritación… aquello me recordaba cuando su hermano iba a recogerlo a la escuela—, sube Aome —abrió la puerta y en un instante ya nos encontrábamos en movimiento.
Sin esperar si quiera a que Inuyasha terminara de cerrar la puerta su hermano ya estaba bajando a toda velocidad por la empinada calle para salir de aquel lugar. Inuyasha simplemente le dirigió una irritada mirada, mientras que él parecía divertido. Sin saber exactamente en que momento me di cuenta de que ya traía puesto el cinturón de seguridad, sin duda Inuyasha me lo había puesto cuando me había subido… aunque bien podría no haberlo traído, ya que a pesar de que Sesshoumaru manejaba muy rápido, no era como esos locos que luego te sueles encontrar por las calles de la ciudad atropellando a diestra y siniestra.
Como fuera ya me encontraba en camino a algún lugar que no tenía idea de donde quedaba, aunque ahora que me daba cuenta… estábamos enfrente de mi casa, me quedé sorprendida al ver mi casa, parecía abandonada.
— Vamos —dijo Inuyasha bajándose del automóvil y jalándome detrás de él.
— Será mejor que te apresures si no quieres que los deje —dijo en tono serio Sesshoumaru, sin siquiera dirigirle una mirada a su hermano.
— Feh! —escuché bufar a Inuyasha mientras entraba junto a él a la casa, subimos por las escaleras hasta mi habitación—, Aome… has tus maletas, lleva todo lo que creas necesario… porque me temo que ya no podrás regresar aquí, a menos no por un tiempo —dijo extrañamente serio.
Pero simplemente aquella orden no llegaba a mi cerebro, me quedé de pie en la puerta sin saber que hacer, me quedé viéndolo fijamente sin entender que es lo que quería decirme con que no podría regresar a mi casa en algún tiempo, parpadeé un par de veces y me dirigí al armario para sacar una de mis maletas, la abrí y me puse a rebuscar entre mi ropa algo para rellenar la maleta.
No estaba segura porque, pero Inuyasha parecía más desesperado que de costumbre… sin decirme una palabra me hizo a un lado y empezó él mismo a empacar mis cosas, yo sin saber que otra cosa hacer tomé un pequeño estuche donde guardé algunas otras cosas, al terminar vi que Inuyasha ya se encontraba en la puerta con la maleta en la mano y la otra estaba extendida hacia mí.
Un extraño sentimiento inundó mi corazón… salimos de la casa y entramos al automóvil que prácticamente ya estaba arrancando. Ahora nos dirigíamos a otro lugar, parecía una enorme mansión; aunque que yo recordara jamás la había visto.
— Espera aquí —dijo Inuyasha saliendo del auto al igual que Sesshoumaru.
— Inuyasha, Sesshoumaru —me alegra ver que han logrado llegar a tiempo.
— Feh!, padre… ¿están listos los… —comenzaba a preguntar quedándose callado al ver que su padre extendía frente a el lo que parecía querer.
— Los tengo aquí mismo —dijo el hombre, con voz seria aunque su cara demostraba tranquilidad.
Un instante después vi como Sesshoumaru que había entrado en la casa salía y se dirigía directo al auto donde me encontraba, abrió la puerta, sacó algunos documentos y volvió a salir.
—… —ahora abrió la puerta de la parte trasera, donde me encontraba yo—, baja…. nos iremos en aquel —dijo con un leve movimiento de la cabeza, para sorpresa mía me jaló de la mano y sacó la maleta del maletero del auto.
Inuyasha volteó con una extraña expresión en el rostro, sin embargo no dijo nada y se limitó a entrar detrás de su padre a la casa; un momento después Sesshoumaru y yo habíamos llegado a lo que parecía ser el garaje de la casa, ahí dentro se encontraban algunos autos y camionetas, Sesshoumaru se dirigió a un automóvil plateado, abrió la puerta y me indicó que entrara.
— Sube… —dijo y sin más abrió la puerta, subí y cerró la puerta, el auto parecía bastante acogedor, mientras observaba el interior vi como se acercaba Inuyasha, aunque esta vez su cara mostraba algo así como irritación.
— Perdón Aome —empezó a decir al abrir la puerta—… perdón te tendrás que ir con Sesshoumaru, mi padre me ha pedido que vaya a visitar a uno de sus amigos… —no sé que habrá visto en mi mirada pero lo hizo sonreír—, no te preocupes… en cuanto pueda los alcanzaré —y sin decir más nada tomó mi cara entre sus manos y me besó en la frente, cerró la puerta y se dirigió al auto negro en el que habíamos llegado.
Vaya… tendría que ir con Sesshoumaru, la idea no era desagradable, aunque tampoco era acogedora… más bien, era algo extraño.
Detrás de la ventanilla vi como Inu-No-Taisho, el padre de Inuyasha, Sesshoumaru e Inuyasha intercambiaban un par de palabras, aunque no logré escuchar nada de lo que hablaban me pareció que era algo importante, bueno… debía ser algo importante sin duda.
Luego de un rato Inuyasha se marchó y Sesshoumaru entró en el auto donde yo me encontraba, sin dedicarme si quiera una mirada arrancó y salimos a un camino de terracería, ahora parecía ir más despacio… tal vez por la clase de camino que era o porque simplemente ya no había mucha prisa.
Me quedé observándolo un par de segundos y al ver que su expresión no cambiaba ni un poco, decidí que sería más entretenido ver por la ventanilla… al parecer, nos esperaba un largo viaje.
