Capítulo 3: Lagrimas

Sin perder tiempo, e ignorando que podría estar yendo directo a una trampa, Jade fue a los baldíos para encontrarse con la captora de su amiga. No le resultó muy difícil llegar a Outworld con ayuda del dios Raiden, quien ofreció su ayuda en la tarea de rescate, pero la ninja lo rechazó diciendo que era un asunto personal, el dios del trueno aceptó y desapareció no sin antes acordar que vendría unas horas después para ver cómo iba todo.

- Bien Mileena, aquí estoy. – dijo Jade a la nada, nadie respondía, nadie estaba presente.

De pronto una nube rosa volvió a formarse, era Mileena, en su mano llevaba un trozo de tela, sus ojos naranjas miraban divertidos los ojos verdes de Jade, quien estaba furiosa.

- Tardaste demasiado Jade. – habló la edeniana-tarkatana.

- ¡Cállate! ¡¿Dónde está Kitana?! – preguntó eufórica la edeniana, se notaba el enojo en su voz.

- Como te dije… - siguió Mileena arrojando la tela que tenía en la mano. – Tardaste demasiado.

Jade miró la tela y era una máscara azul ensangrentada, sus ojos verdes se volvieron vidriosos y las lágrimas estaban a punto de salir al comprobar que la máscara era de Kitana, ella lo reconocía sin problemas.

- Kitana… no me digas que tú…

La mujer de rosa asintió con una risita, Jade no daba crédito a lo que veía.

- La… la mataste…

- Si hubieras llegado antes podías haberla salvado.

- ¡¿Por qué?! ¡¿Por qué lo hiciste?!

- Porque estaba harta de ella, haciéndose la linda, presumiendo de su hermosura mientras a mí me trataba de horrible y de monstruosidad.

- No puede ser… no puede ser… por los dioses…

- Sí, una pérdida irreparable para ti, pero ve el lado positivo: ella está de nuevo con Sindel y Liu Kang.

- Te mataré… ¡TE MATARÉ MALDITA! – gritó Jade haciendo aparecer su bastón envuelto en un aura purpura.

- ¡Sí, así, enójate! ¡Atácame con toda tu fuerza, esta vez te destrozaré!

Con sus ojos aún llorosos, la ninja verde se arrojó en combate contra su enemiga, quien había desenfundado sus sais. Mileena golpeó primero pero fue bloqueado por el bastón de Jade, la edeniana contratacó con un golpe al estómago de la ninja rosa.

- Esta vez no habrá piedad, has ido demasiado lejos, te mataré. – la amenazaba Jade aun apuntándola con su bastón.

Adolorida pero aún no vencida Mileena pudo hacerle un corte en el brazo a su contrincante, luego se transportó y reapareció detrás de ella dándole una patada detrás de la cabeza que la desorientó. La vista de Jade se nubló, el golpe seco la había atontado, cayó arrodillada tomándose la cabeza con una mano y con la otra aun blandiendo el bastón.

- Pensé que me darías más batalla. – hablaba Mileena acercándose lentamente a su rival con sus sais en las manos. – Pero hasta Kitana fue mejor enemiga que tú.

"Kitana", bastaba mencionar ese nombre para que la edeniana cobrara fuerzas y evitara un golpe fatal que la hubiera degollado de llegar a destino. Sacó uno de sus razorangs (un boomerang con cuchillas) y la arrojó contra la edeniana-tarkatana, el arma le provocó un doloroso corte en el hombro pero no tan profundo como para que no pudiera mover el brazo sin problemas.

Mileena volvió al ataque pero falló ya que Jade le hizo una barrida que la derribó y le hizo soltar sus sais. Una vez en el suelo, la ninja esmeralda comenzó a golpearla repetidas veces con el bastón. Piernas, abdomen, brazos, pecho, cabeza, ninguna zona del cuerpo de Mileena estaba a salvo de los reiterados golpes que le daba Jade, la ninja rosa quedó casi inconsciente y con mucho dolor.

- Es la segunda vez que te derroto… y la última. – amenazó la edeniana.

Para sorpresa de Mileena, Jade soltó su bastón y tomó los sais que su enemiga había dejado en el suelo, sabía que no había peor deshonra para una persona que ser asesinada con su propia arma.

- Ahora… pagaras por todo… - dijo Jade.

- No tienes las agallas… - la desafió la moribunda Mileena.

Con furia la mujer se preparó para apuñalar a su enemiga, por un extraño motivo Mileena no mostraba miedo o arrepentimiento, al contrario, mostraba una sonrisa bajo su máscara manchada de sangre, parecía estar esperando la muerte. De pronto un grito detuvo a Jade cuando el sai estaba a tan solo unos centímetros de clavarse en la carne de su enemiga, era una voz familiar, una voz que reconoció apenas la oyó.

La ninja verde corrió en dirección a la voz y detrás de una gran roca encontró a nada más y nada menos que Kitana, sana y salva. Estaba atada de pies y manos y tenía la boca amordazada pero había conseguido sacarse la mordaza para gritar.

- ¡Kitana!

- ¡Jade… eres tú!

- Por supuesto. ¿Creíste que no vendría a salvarte?

- Pero temí que Mileena te matara.

- ¿Mileena? Ella jamás podría vencerme.

- Es verdad… - interrumpió una voz débil, Mileena, se había levantado y ahora se hallaba cerca de ambas mujeres. – Sabía que no podría vencerte…

- ¿Entonces por qué me desafiaste?

- Para que me mataras.

Las palabras impactaron a la princesa y a su amiga, no entendían que era lo que quería decir la ninja de rosa.

- ¿Para qué te matara?

- Sí, quería ponerle fin a mi vida, pero como una guerrera no podía suicidarme, así que secuestré a Kitana y te hice creer que la maté para que no tuvieras piedad alguna. La máscara que te di era de un combate anterior entre ella y yo.

Las dos enmudecieron, no encontraban palabra alguna para contestar ante tamaña confesión que les daba la edeniana-tarkatana. Las lágrimas nuevamente caían de sus ojos naranjas.

- Lo arruinaste todo Kitana… lo arruinaste todo… - concluyó Mileena antes de salir corriendo.

Jade desató a Kitana y ambas fueron a buscarla, la encontraron a unos pocos metros, arrodillada, llorando.

- Mileena… - se acercaba Kitana.

- Déjame…

- Mileena ¿Por qué querías morir? ¿Qué te llevó a tomar esa decisión?

- Mírame… mírame bien… - decía ella bajándose el velo. – Soy horrenda, nadie quiere estar conmigo, estoy muy sola…

- Te entiendo…

- No, no me entiendes porque tú no tuviste este problema, tú si tienes gente que te quiere, gente que te da cariño… pero yo, ni el emperador me dijo siquiera algo lindo.

- No me sorprende, para él no eras una hija, eras solamente un soldado. Te nombraba como hija pero te ordenaba y te hacía trabajar como todos los demás.

- No…

- Sí, es la verdad, él no puede sentir amor ni cariño por nadie… lo siento Mileena pero él no te quería como una hija…

La ninja rosa se tapó el rostro con sus manos, en un momento de compasión Kitana se arrodilló al lado de ella y le colocó una mano en el hombro, Jade se acercó a la princesa con cara de preocupación.

- Kitana… puede ser una trampa.

- No Jade, ella y yo estamos conectadas, ella está siendo sincera conmigo… y créeme, ya no representa peligro alguno.

En un momento los ojos naranjas de Mileena se encontraron con los ojos color miel de su "hermana", las dos se quedaron mirándose por unos minutos, un incómodo silencio se hacía presente.

- Mileena… - dijo Kitana rompiendo el silencio. – Cuando te vi por primera vez pensé que eras una criatura feroz y terrible como Baraka, pero ahora me doy cuenta de que tienes sentimientos y sufres como sufro yo… puedo ver mi personalidad en ti…

- No… no comprendo…

- La muerte de Shang Tsung y Shao Kahn te sirvieron para darte cuenta de que en realidad estas del lado equivocado… tú no debías estar con ellos, ellos solo te usaban como arma.

- Mientes.

- No miento… es la verdad y lo sabes, te criaron para matar y destrozar, es por eso que nunca te dieron cariño, no había lugar para sentimientos así en Outworld.

El llanto de la pobre mujer iba en aumento con cada palabra, intentaba hacer oídos sordos a lo que decía Kitana, pero en su mente sabía que todo lo que decía era la pura verdad y eso la devastaba.

- Mileena… estoy dispuesta a dejar atrás nuestra rivalidad… ya no quiero que seamos enemigas ahora que veo cómo eres realmente.

- Kitana…

- Es más, te propongo ir a con nosotras a Edenia… bueno, lo que estamos reconstruyendo de ella, puedes vivir en el palacio… después de todo tú también tienes sangre real, ahí serás tratada como lo mereces.

- ¿Hablas en serio? ¿Realmente vas a perdonarme después de qué intenté matarte dos veces?

- Sí, ahora estoy segura de que has cambiado… además no debes sentir vergüenza de tu rostro… eres una mujer muy bella sin importar lo que digan… ¿Qué me dices… hermana?

Mileena quedó impactada por todo lo que Kitana decía, era la primera vez que la trataban bien y ahora sus lágrimas eran de felicidad. Abrazó a su hermana con fuerza, Jade se emocionó ante tan bella escena, aunque en el fondo dudaba si su amiga estaba haciendo lo correcto en perdonar a la que poco tiempo atrás era su gran rival.

Con alegría Mileena aceptó la invitación, pero dijo que antes debía ir a buscar sus cosas al centro de Outworld, no tardaría mucho así que Kitana y Jade se quedaron esperando mientras la edeniana-tarkatana se transportaba.

Reapareció en su cuarto, lista para llevarse sus cosas, otra vez era de noche así que todos debían durmiendo o eso pensaba ella hasta darse la vuelta y encontrarse con una ingrata sorpresa:

- ¡Rain, Skarlet! ¿Qué hacen aquí? – preguntaba asombrada la mujer de rosa al ver al edeniano purpura y a la dama de rojo. Rain estaba parado sobre la entrada y Skarlet sentada sobre la cama.

- Hemos visto lo que pasó Mileena. – decía Skarlet fríamente.

- Usamos nuestros poderes y te seguimos en todo momento. – Agregaba Rain - Ya sabemos lo que piensas hacer… y no podemos permitírtelo.

Mileena se quedó mirando seria a sus camaradas, vio como la ninja roja comenzaba a desenvainar una de sus cuchillas, sin pensarlo sacó sus sais lentamente.

- No van a detenerme. – dijo sin más.

Fin de capitulo.