Parte III:

Una pausa en la historia

"— ¿Sí, diga?

¿Hermano?

¿Hikari?

Emm

Hikari se apartó el teléfono del oído, Miyako puso los ojos en blanco y con un gesto rápido le incitó a que continuara hablando.

¡Hikari! ¡Respóndeme! ¿Qué ocurre? —La voz de Taichi se oía preocupada.

Hikari tragó saliva antes de proponer aquella idea sobre la plática con sus alumnos. Taichi se rio del otro lado de la línea. Se rio de la idea, de lo que imaginó que podría pasar, y de los nervios de Hikari. Pero Hikari no sabía si esa risa era un sí o un no.

Es algo tonto, ¿verdad? —Decidió decir ella.

Por supuesto que no. Adoré la idea. Será divertido cambiar la rutina por un día."

Una sonrisa surcó el rostro de Taichi cuando llegó su turno y tras un suave guiñar de su ojo derecho pasó junto a Hikari para ubicarse al frente de la clase.

Los niños mantenían sus sonrisas en alto, en especial Shin Aoyama cuyos ojos brillaban de emoción. Hikari sabía cuánto adoraba Shin a Taichi, porque él había sido el líder de los digielegidos y el pequeño había oído hablar mucho a su madre sobre eso.

—Hola niños —saludó Taichi con energía —. Mi nombre es…

— ¡Taichi Yagami! —Soltó Shin sin poder contenerse.

El adulto miró al niño, sorprendido. Shin se cubrió la boca con ambas manos como si ese gesto eliminara su grito emocionado, que aún parecía hacer eco en las paredes del aula.

—Exacto, yo no podría haberlo dicho mejor —rio Taichi, la clase suspiró suaves risas en unísono —. Vengo a comentarles un poco sobre mi trabajo como diplomático —Hikari torció una sonrisa en dirección a su hermano —. ¿Saben? Lo más importante para nosotros es dominar el ejercicio de la representación, la información y la negociación —se encogió de hombros y explicó: — porque, al fin y al cabo, eso es lo que hacemos: representar al país en una Misión Diplomática o Consular, ante un Organismo Internacional, en el Ministerio de Organizaciones Exteriores al que pertenezcamos o destacados ante cualquier repartición estatal en el interior de nuestro país* —Notando que los niños no comprendían sus palabras, Taichi decidió hacer su discurso algo más personal —. Yo me ocupo principalmente de las relaciones entre el mundo real y el mundo digital —pronunció captando intencionalmente la atención de todos los alumnos —. Aún tenemos muchos proyectos por delante, esto apenas está comenzando. Y estoy lo suficientemente convencido de que lograremos que todos en el mundo comprendan que los Digimon no son malvados por naturaleza y que nunca han querido lastimarnos, sino salvarnos —dijo recordando todas y cada una de las batallas que se llevaron a cabo en el mundo humano —Yo… en realidad nunca hubiera pensado en estudiar para esto, pero… pienso que el mundo necesita de alguien que pueda mediar de algún modo entre ambos mundos, diplomáticamente. Para que no hayan guerras o malos entendidos. Y espero que pronto podamos hallar un equilibrio…

— ¿Señor? —Inquirió uno de los niños de la primera fila con voz temerosa —. Disculpe la interrupción pero… ¿usted cree que algún día nos dejarán viajar a aquel mundo?

La sonrisa de Hikari reflejó su afecto por aquellos niños y sus ilusiones, mostró su devoción por la enseñanza y expresó su añoranza por aquellas épocas en la que solía viajar todos los días a través de una computadora. La mujer dirigió su mirada hacia los adultos que sonreían de igual manera a los niños.

Tal vez los pequeños no se daban cuenta de lo que significaba para ellos esa reunión y esos comentarios que hacían a sus lazos rotos querer unirse de nuevo.

—Esa es mi meta —le respondió Taichi.

Inexplicablemente, Hikari se descubrió a sí misma con unas suaves lágrimas queriendo escaparse entre sus pestañas y de inmediato se cubrió la cara con ambas manos disimulando al secarlas, recordando el tacto de otras manos sobre sus mejillas y palabras que intentaban animarla. Se insultó en su interior por esa tendencia a recordar la promesa de que él volvería, que jamás iban a separarse y que eso sólo era una pausa en su historia.

Unos golpes en la puerta interrumpieron los recuerdos. Los niños guardaron silencio, Taichi enmudeció en mitad de una frase, Miyako le sonrió y Hikari se puso de pie. Le temblaron un poco las piernas cuando atravesó el camino de su escritorio a la puerta y su mano permaneció un momento congelada sobre el picaporte. Después de una respiración profunda, abrió de un tirón y el rostro del otro lado la dejó aturdida, ¿¡cómo fue que pensó que sería Takeru!? ¿¡Cómo fue se dejó convencer de que iría!?

— ¡Hikari! —Exclamó el hombre con una sonrisa —Discúlpame la tardanza, no me dejaron salir antes del trabajo.

—Daisuke… llegaste…

— ¡Claro! ¡Miyako me hubiera cortado las manos de lo contrario!

Hikari recordó el momento en que Miyako lo llamó para avisarle sobre esta idea tan extraña.

"—Soy Daisuke —le habían contestado del otro lado de la línea

¡Hey Dai! —había pronunciado Miyako al teléfono.

Deja tu mensaje después de la señal, ¿te va esa?

¡Aggg! Siempre es igual contigo, ¡atiende el teléfono una vez en tu vida, Motomiya! ¡Esto es importante!"

Él rio abiertamente, recordando lo mismo. Ella intentó imitarlo, pero su risa nunca llegó a salir.

—Pasa… —le invitó la docente.

Daisuke Motomiya, con el cabello mucho más corto de lo que Hikari hubiera imaginado que él se lo cortaría y aun vistiendo un delantal que de no haber estado tan sucio de seguro sería blanco, ingresó al aula pavoneándose al caminar.

— ¡Hola niños! —Gritó con alegría.

Los alumnos estaban encantados con la llegada de aquel hombre y Daisuke comenzó con sus malos chistes que hicieron reír a toda la clase. Taichi puso cara de pocos amigos y Hikari entendió que lo que menos quería su hermano era que alguien rompiera el hermoso ambiente que había creado.

— ¡Motomiya! —Exclamó Taichi con los ojos entrecerrados —, ¿vienes de trabajar?

El hombre señaló a Taichi con su dedo índice.

—Tienes razón, Yagami —dijo regresando a la puerta —, ¡olvidé entrar los regalos!

— ¿¡Los qué!? —Dijeron Hikari y Yamato al mismo tiempo.

Daisuke entraba y salía del aula llevando consigo varias bolsas que lucían el logo del restaurante donde él trabajaba, alborotando a los niños. Hikari miró a su hermano como si él fuera el culpable. Taichi alzó ambas manos sobre sus hombros aclarando que no tenía nada que ver y fue a sentarse junto a Koushiro que, tan desconcertado como él, no dejaba de seguir a Daisuke con la mirada.

Después de entrar la última bolsa, Daisuke se irguió y sonrió a todos.

—Se me invitó a hablar de mi trabajo… y me puse a pensar que no puedo decir mucho sobre lo que hago —comenzó a decir. Yamato y Taichi ahogaron unas risitas que Sora aplacó con una severa mirada —. Pero… —continuó Daisuke —, puedo compartirles lo que mejor hago. No sabía qué les gustaba y qué no… así que ¡les traje un poco de varias cosas! Hay tofu, sushi, onigiri y takoyaki…

El festejo de los niños llenó el aula haciendo retumbar sus voces. Miyako se unió a los gritos con mucha emoción, y llevando una mano al vientre exclamó:

— ¡Me reservo el tofu!

Todos los presentes la miraron, a ella se le encendieron las mejillas y reinó el silencio hasta que Daisuke sacó un paquete de una de las bolsas y se lo arrojó a Miyako con una carcajada.

—Los grandes también pueden comer —advirtió aun riendo.

Taichi, Yamato y Miyako festejaron el aviso y con una mirada de Koushiro, Sora y Ken, comprendieron que no estaban dando un buen ejemplo. Hikari ayudó a Daisuke a repartir los paquetes a los niños y anunció que harían una pausa para disfrutar del trabajo de Daisuke antes de continuar.

Volviendo a la calma, los alumnos desenvolvieron sus respectivos platillos. Yamato le ofreció un paquete a Sora y ella le guiñó un ojo al aceptarlo, como si fuera una broma interna. Koushiro miró extrañado a Miyako cuando ella desenvolvió su paquete y devoró su tofu, la había visto comer antes de ir al colegio y se le hacía extraño que aun tuviera tanta hambre, Ken sonreía dulcemente a su mujer y una vez que ella acabó le tendió un pañuelo blanco con las iniciales M.I. bordadas en un extremo haciéndola reír, como si fuera un chiste que sólo ellos podían entender.

Hikari recordó la distancia que los había mantenido alejados tanto tiempo y comprendió que por más que quisiera había cosas que no podría entender, se las había perdido y no existía una forma de recuperarlas.

Daisuke le entregó un paquete a Hikari y fue a sentarse junto a Ken. Ella no sabía si tenía hambre o no, pero no quiso desperdiciar el buen gesto de Daisuke, por lo que desenvolvió el paquete y tomó, con los hashi, el onigiri triangular que él había preparado.

Su estómago se cerró cuando quiso dar un bocado, y asqueada utilizó el papel gris donde venía envuelto como plato para colocar el onigiri sobre el escritorio. Dejó con cuidado los hashi a un lado y, tratando de normalizar su respiración, se disculpó frente a la clase y salió de allí sin dar explicaciones.

En su estómago, el café que había tomado esa mañana daba incontables vueltas. Culpó a los olores, porque la remontaban a esa noche que tan fervientemente quería olvidar. Culpó a los sabores, porque le recordaban todas esas ocasiones en las que él cocinó para ella y ella para él. Culpó a su visión, porque le colocaba imágenes dentro de su cabeza que ya no quería mirar. Culpó a los sonidos, porque inmortalizaban las tardes que pasaron juntos. Culpó al tacto, porque la trasportaba a ese último adiós que tanto sufrió. Y ya no podía continuar engañándose, lo sabía y por eso le dolía. A pesar del tiempo, ella seguía esperándolo.


La "broma interna" entre Ken y Miyako, con el pañuelo, es un headcanon Kenyako que tengo hace mucho tiempo jaja me parece haberlo usado para uno de los capítulos de "Remolino de emociones" peor no estoy segura. La "broma interna" entre Yamato y Sora queda en suspenso por ahora… jaja todavía no terminé esa draviñeta :P *spoilers (?)*

Creo que los recuerdos Takari no se entienden jaja Me da la idea de que está todo muy alborotado todavía… pero espero se haya podido disfrutar leyendo, al menos un poquito n.n

*Wikipedia, ¿dónde? Jajaja, sin esa información sobre los diplomáticos jamás podría haber armado el discurso de Taichi :P