Ok, no sé si siga contando como lunes y de por si me retrasé uno... Lamento eso, demasiadas cosas.
Lo acabo de terminar y al final quedó bieeen largo, cosa que no me esperaba, sinceramente, pero otra vez se escribió solo. Espero que compense la espera y que se demoren un poco en leer porque dudo que pueda actualizar el otro lunes nuevamente. Cualquier error me avisan.
Explicaciones al final, ¡disfruten!
-Las canciones usadas son "On the Road Again" Willie Nelson y "Freebird" de Lynyrd Skynyrd, les recomiendo que escuchen la última.
Stirring of the Wind
II
Cada día que pasaba después de su salida con Fate, Nanoha se despertaba con la incertidumbre de si ese sería el día en que la viajera dejara el pueblo. Era una opresión en el pecho constante que solo se aminoraba viendo la sonrisa de la rubia. Y necesitaba verla en todo momento.
Ya no le bastaba con esperar al desayuno para ver a Fate, ahora justo después de levantarse, iba a verla, no la despertaba, pero necesitaba asegurarse de que estuviera ahí —y aprovechar de ver su rostro tranquilo mientras dormía—.
El primer día que lo hizo, prácticamente corrió a la última puerta del segundo piso. Una vez que estuvo ahí; reajustó su respiración, suspiró, dio unos suaves golpecitos en la puerta y la abrió lentamente, solo dejando el espacio suficiente para husmear adentro. Era una de las habitaciones más grandes —que tenía su propio baño—, la amplia cama se encontraba justo en el centro, apegada a la pared, solo tenía una ventana doble en la pared opuesta a la entrada.
Ya que Fate nunca cerraba las cortinas, el lugar estaba iluminado con los primeros rayos de sol y Nanoha pudo distinguir una silueta todavía acostada. Empujó un poco más la puerta —rogando porque su padre se hubiera acordado de aceitar las bisagras— y entró haciendo el menor ruido posible, cosa que no le resultó muy complicado al esquivar de memoria todas las tablas más añejas que pudieran rechinar. Llegó justo al lado del bulto y una sonrisa se formó sin poder evitarlo. Fate dormía de espaldas a la ventana, con una expresión serena en el rostro, su respiración acompasada colándose por sus labios entreabiertos y una mano apoyada en la almohada, junto a su cara. Esa simple imagen se le hizo adorable a la cobriza, tal vez porque la viajera se veía tan vulnerable y tranquila… Todavía con la sonrisa cariñosa, tomó la frazada y la tapó un poco más —ya que la tenía casi a la altura de la cintura—.
Se quedó contemplándola unos segundos. Con un movimiento que hizo entre sueños, un mechón de pelo se deslizó hasta su rostro, haciéndole picar la nariz. Nanoha tuvo que ahogar una risita, pero sintiendo pena por ella, se agachó y le acomodó la hebra dorada tras la oreja con sumo cuidado de no despertarla, para luego observarla nuevamente, pero el súbito impulso que sintió por besarle una de esas mejillas con un ligero tono rosa la sorprendió e hizo que se incorporara sobresaltada. Su corazón se aceleró y se sonrojó, saliendo de ahí a toda prisa.
¿Qué había sido eso? Se preguntaba mientras daba apresurados pasos en dirección a la cocina. Un beso en la mejilla o en la frente es un gesto cariñoso entre amigas, pero hacerlo mientras ella dormía… Le parecía algo demasiado íntimo.
Mientras se ponía el delantal, se convenció de que ese deseo había sido producto de lo adorable que se veía Fate durmiendo. Y no volvió a pensar en ello.
Los días que siguieron, el ir a ver a Fate antes de ponerse a trabajar se convirtió en una especie de ritual. A veces solo se quedaba en el vano cerciorándose de que estuviera ahí, otras entraba y la observaba dormir unos minutos, usando como excusa que tenía que arroparla para que no pescara un resfrío —a pesar de ser primavera— para no sentirse tan acosadora.
Un día habían demasiados pedidos y Nanoha tuvo que ir a ayudar primero en la cocina. Cuando logró librarse una vez que estuviera la primera tanda de pasteles en el horno, se precipitó a la pieza de Fate, pero no la encontró. Parada en el umbral de la puerta, mirando la cama pulcramente hecha, vacía, sintió que el aire del lugar bajó súbitamente de temperatura y ese frío alcazaba su pecho, dificultándole el respirar. Sin embargo, un rápido vistazo a la habitación le hizo darse cuenta que solo la rubia no estaba, pero sus cosas seguían ahí, su guitarra todavía estaba apoyada a un lado de la ventana y eso era algo que Fate jamás dejaría, por lo que salió a buscarla.
Recién había dado unos pasos fuera de la casa cuando, en su apuro, chocó con alguien. La persona la sostuvo en sus brazos para que, con el impacto, no perdiera el equilibrio, lo curioso es que se trataba justamente de la persona que estaba buscando.
—¿Nanoha?
—Fate-chan, ¿qué…? —Su pregunta murió antes de que alcanzara a formularla, como ya le había pasado en otras ocasiones, se paralizó ante la imagen de la rubia.
Fate la miraba extrañada, pero la visión de Nanoha —tras una veloz escaneada completa al cuerpo de la viajera— se fijó en una sola zona. La rubia llevaba un top y unos short ajustados, ambos resaltando sus curvas, de color azul marino contrastando con su pálida piel, ahora cubierta de sudor, al igual que su rostro que estaba sonrojado, pero los ojos de Nanoha estaban puestos en cierto lugar más abajo del cuello, un lugar que subía y bajaba rápidamente producto de la agitada respiración de la joven. En su defensa podía decir que simplemente se había sorprendido de que ahora le parecieran… más grandes, y estaba admirando el hecho.
—Nanoha —llamó la suave voz de la rubia—. ¿Qué haces así?
El tono y la sonrisa divertida no se le pasó por alto a la cobriza, quien recién cayó en la cuenta de su propia facha: había salido tan pronto de la cocina que no se preocupó de intentar arreglarse un poco y por eso aún llevaba el delantal (cubierto de harina y manchas varias), la malla en la cabeza y su pelo recogido en una trenza baja —que según ella no le sentaba para nada—. Sintiéndose de pronto avergonzada por su apariencia, se separó de Fate y jugó con sus manos tras la espalda en un gesto de nerviosismo típico suyo.
—Nyahaha… —rió apenada—. ¿Q-qué haces tú, Fate-chan?
—Salí a hacer ejercicio —respondió contenta—, un par de días que no lo hacía y ya me estaba empezando a sentir oxidada.
—Ah, y-ya veo… Bueno, yo… Estaba trabajando.
—No, si eso se nota —respondió la otra con una risita—. Tienes harina en la cara.
—¡Eh! ¿Dónde? —exclamó sonrojándose y llevándose ambas manos al rostro.
—Deja, yo te limpio —dijo con una sonrisa, acercándose.
Nanoha tragó pesado y tuvo que suprimir un respingo cuando la rubia tomó su rostro entre sus manos y comenzó a remover el polvillo blanco con los pulgares.
Tal como le había estado sucediendo últimamente, su corazón se aceleró por la cercanía de Fate y mientras rogaba que se calmara, se perdió en la mirada borgoña. El tacto de la viajera le parecía tan suave y cálido, que no podía entender por qué sentía esas ganas de alejarse como si le quemara, pero si se concentraba sólo en los ojos de Fate, que tanto le gustaban, podía perderse en la sensación y dejarse hacer.
—Aw pero que lindura —exclamó una voz conocida a su espalda—. Hay demasiada dulzura aquí desde tan temprano en la mañana~
La joven Takamachi se puso de piedra y rápidamente se apartó de Fate para encarar a su hermana, con una mezcla de incredulidad y reproche. ¿Por qué tenía que aparecer justo ahora? Y justo ella, quien…
—Lamento mucho haber interrumpido su escena amorosa… —dijo con una expresión y sonrisa que no representaba disculpa en lo absoluto.
…quien llevaba un tiempo molestándola con comentarios de ese tipo.
—¡Miyuki! —gritó Nanoha sonrojándose más de lo que estaba.
—…pero mamá te está llamando —finalizó sin prestar atención a su reclamo.
—Buenos días, Miyuki-san —saludó con una sonrisa cordial la rubia.
—Venga, Fate-chan, deja los formalismos, si ya eres como parte de la familia… ya te veo como otra hermana —agregó mirando a su hermanita significativamente—, será como una cuña-
—¡Para qué me quiere mamá! —se apresuró en decir/gritar la menor.
—Tenemos que ayudar, hay muchos pedidos y ya sabes lo alterada que se pone para cumplir con los horarios —respondió con simpleza.
—Sí, lo siento, ya voy.
—No te preocupes, ya veo qué te tenía distraída —comentó observando a Fate con una sonrisa de gato. Nanoha frunció el ceño, pero antes de que pudiera decir cualquier cosa su hermana soltó un silbido—. Vaya, Fate, con ese atuendo te ves mucho más proporcionada que de costumbre, ¡podrías matar a alguien!
La rubia agachó la cabeza, toda roja, y Nanoha soltó un gruñido para arrastras a su hermana, que no dejaba de reír, al interior. Antes de adentrarse por la puerta de la cafetería, se volteó y con cierta timidez miró a Fate.
—Uhm… Te… ¿te veo luego?
—Claro, debo ducharme primero, pero muero de hambre —dijo con una sonrisa, cosa que Nanoha correspondió.
—Te prepararé unos brownies especiales, entonces.
—Ya no puedo esperar por el desayuno…
La cara de cachorrito hambriento de Fate hizo que Nanoha soltara una risita. Se despidió con la mano y entró junto a su hermana con una gran sonrisa.
—Tienes buen gusto —dijo Miyuki con una sonrisa conocedora cuando estaban llegando a la cocina, acto seguido se adentró en la puerta blanca, dejando a una muy perpleja Nanoha.
~O~~O~~O~
Ya había pasado una semana desde su día de picnic y las chicas tenían cada vez menos tiempo para estar a solas, mucho menos podían repetir la salida. Como ya estaba empezando la temporada alta de turismo, entraba y salía gente a la cafetería todo el día, igual que el bar que se llenaba cada noche, abría antes y cerraba más tarde.
Fate terminaba exhausta, dejó de salir en sus caminatas luego del desayuno y en vez de eso se acostaba a descansar otro par de horas para ayudar en la tarde en la cafetería como mesera. A veces caía profundamente dormida, otras sólo se tendía a reposar.
Ese era uno de los días en que no había podido dormir, tenía un mal presentimiento. El día estaba soleado y casi no había nubes, pero el aire estaba inusualmente helado y no corría viento, a penas una brisa que ni siquiera alcanzaba a levantar polvo. Ya sea porque era alguien que sabía escuchar el viento o porque creía en las intuiciones, estaba intranquila, pensaba que algo pasaría.
Y cuando un peculiar sonido la alertó, odió tener razón.
Se puso de pie casi de un salto y se aproximó a la ventana. Estaba segura, era el ruido de motores, varios motores. Pronto sus sospechas fueron confirmadas cuando vio pasar a un grupo de ruidosos y alborotados motociclistas. Soltó una maldición y se apresuró en buscar algo de ropa, puesto que no estaba dispuesta a salir en top y pantaletas.
Mientras bajaba a zancadas la escalera, rogaba porque las cosas no fueran tan graves como pensaba, pero al oír un grito familiar supo que no estaba tan equivocada. Se quedó de pie justa al lado de la barra, observando el exterior a través de la puerta de la taberna —al clásico estilo del medio oeste—. El grito había sido de Nanoha, quien les exigía a los tipos que dejaran de causar alboroto y se fueran.
Cerró los ojos y echó la cabeza hacia atrás, suplicando porque a la chica no se le ocurriera hacer una tontería, pero entonces recordó que se trataba de Nanoha, de Nanoha defendiendo su hogar, la cafetería y su familia, y tuvo que abrirlos sólo para encontrarse con la cobriza abofeteando a un sujeto grandote con gorra de motorista.
Maldijo por lo bajo, estrellando su palma contra su frente.
—Así que tenemos a una fierecita ¿eh? —dijo el hombre agarrando a la chica de las muñecas, con una sonrisa torcida.
—¡Suéltame! —exclamó Nanoha forcejeando, todavía con una mirada desafiante aunque internamente estuviera temblando. El golpe ni siquiera le había dejado huella en la mejilla.
—¡Suelta a mi hija, animal! —gritó Shiro intentando aproximarse, pero el filo de un cuchillo apuntándolo directo en el cuello lo detuvo.
—Epa, quieto ahí, vejete —se burló el tipo con el cuchillo, uno flacucho con cara que recordaba a un reptil.
Shiro pasó la vista de la desagradable sonrisa de la lagartija humana que tenía enfrente, a su costado derecho donde su otra hija y su mujer estaban siendo amordazadas por otros hombres. Apretó la mandíbula con fuerza y fijó su mirada en la menor de sus hijas, sintiéndose impotente.
—Ya deja de resistirte, lindura —dijo el grandulón, alzando el brazo derecho de Nanoha con el férreo agarre en su muñeca y atrayéndola con la otra mano detrás de su espalda, casi donde ésta terminaba.
—¡De-déjame!
La joven volteó la cabeza, asqueada por el aliento del sujeto tan cerca suyo, cerrando los ojos con fuerza para impedir que las lágrimas escaparan. Tenía miedo y se sentía indefensa.
—Uhmm para ser una pueblerina aburrida tienes un buen cuerpo…
Con una sonrisa degenerada, bajó la mano de la espalda de Nanoha —quien seguía resistiéndose con ímpetu— hacia su muslo y comenzó a subirla lentamente levantándole la falda. Había logrado transitar unos dos centímetros en la pierna de la joven cuando un proyectil se impactó con fuerza en su sien derecha, haciendo que la soltara.
—¡AGH! ¡Qué mierda! —vociferó el tipo llevándose la mano al ojo que le ardía—. ¿Qué carajos…?
Retiró la mano al sentir que se humedecía e impregnaba de un aroma familiar. Con el ojo que no tenía cegado, miró hacia su costado y se encontró un fruto amarillo en el suelo, con una abertura que había dejado salir su ácido jugo al reventarse contra su cara. Siguió la trayectoria de procedencia y se encontró con unos ojos vino que destellaban en furia.
—Quita. Tus. Asquerosas. Manos. De. Ella —advirtió la rubia, sin alzar la voz, pero con un tono fuerte, frío y cargado de amenaza que hasta Nanoha se estremeció.
El motoquero miró con ira a la joven parada en la salida de la taberna, todavía restregándose el ojo damnificado. Ella le devolvía la mirada, sin una pizca de temor, jugando con otro limón en su mano izquierda como un claro aviso de un próximo ataque.
Shiro, al presentir un inminente desastre, trató de persuadir a la viajera.
—Fate, ¿qué estás…?
—Usted manténganse al margen de esto, por favor, Shiro —pidió suavemente sin apartar la vista del otro hombre.
Fate paseó su mirada por todo el escenario, sin perder la postura desafiante. Eran alrededor de 20 sujetos, todos siguiendo el clásico estereotipo de una banda de motociclistas peligrosa; hombres sucios, vestidos de cuero, con barba hirsuta, cubiertos de cicatrices, tatuajes y polvo del camino. Estaban dispuestos en una especie de semicírculo alrededor del gorila que tenía a Nanoha, quien parecía ser el líder. Ahora ella también estaba en el centro, con todas las miradas de los pandilleros puestas en ella, estaba expuesta, pero al menos le había dado tiempo a la cobriza de alejarse lo suficiente del mastodonte.
Nanoha, por su parte, miraba a Fate con temor. No podía negar que el verla aparecer, salvándola de aquel tipo, la había llenado de una sensación de seguridad, pero ahora temía por lo que pudiera pasarle.
—¿Cómo te atreves a atacarme, chiquilla? —Habló amenazante el gorila—. ¿Acaso no sabes quiénes somos?
—¿Una tropa de delincuentes? —respondió igual de retadora.
—¡Somos los Highwaymen! —exclamó señalando la insignia de su chaqueta.
—Les queda justo el nombre —dijo con una sonrisa ladeada—. No son más que unos bandoleros.
—Fate-chan… —susurró Nanoha sin voz. Fate claramente los estaba provocando.
—Te voy a enseñar de lo que somos capaces… —gruñó aproximándose.
—¡Espera! —Lo detuvo la rubia—. No tengo problemas con eso, pero primero quiero poner un par de reglas —dijo con calma—. Me enfrentaré a tres de ustedes, quien sea —continuó impasible— y si gano dejarán de hacer destrozos y se irán.
—¡Quién te crees que eres, zo…! —profirió uno de los que estaba más próximo, pero el gorila lo hizo callar.
—Tienes agallas —reconoció el líder con una sonrisa cargada de malicia—. ¿Y qué hay si nosotros ganamos? —decidió seguir el juego.
Fate mostró una sonrisa de suficiencia.
—Eso no pasará.
—¡Maldita…!
—Déjala —volvió a acallar el gorila—, me gustan fieras —comentó con la misma sonrisa depravada de antes.
Se acercó y rodeó los hombros de Fate con un brazo, para hablarle al oído.
—Si ganamos… —Comenzó a deslizarle la mano por la espalda, Fate ni se inmutó—. Vienes con nosotros —al decir esto le agarró una nalga.
La rubia, lejos de perturbarse, solo dijo:
—Hecho.
Acto seguido le dio un codazo con el brazo derecho que dejó al gorila sin aire y girando sobre sí misma le propinó una patada que lo mandó de bruces al suelo.
La sorpresa inicial de ver a tal tamaño de Homo sapiens siendo sometido en una fracción de segundo por alguien que con suerte era el tercio de su humanidad, no duró demasiado y en cuestión de segundos ya tenía a otros dos sujetos abalanzándosele.
Con una precisión digna de un francotirador, lanzó el limón que le quedaba y con el puño de la mano contraria lo estrelló con fuerza justo en medio de los ojos del motoquero que tenía más cerca, ocasionando un alarido y dejándolo ciego.
Mientras el primer sujeto caía de rodillas al piso, blasfemando y chillando como un verraco, el siguiente se le tiró encima con un puño en alto. Era un poco más bajo que Fate, pero sus brazos y piernas eran torneados y se veían fuertes. Sería difícil sacarlo de balance, pensó la rubia decidiendo mejor esquivar el ataque. Se echó para atrás en dos cortos saltitos, sorteando otro par de puñetazos.
Cuando ya no pudo retroceder más, se agachó e hizo a un lado. El hombre arrojó un gancho que hizo zumbar el aire al no encontrar víctima, apoyando todo su peso en la pierna derecha. Fate aprovechó la apertura y lo golpeó en la corva justo antes de incorporarse, haciendo que perdiera el equilibrio y fuera un blanco fácil de una llave. De un rápido movimiento, sometió al tipo cruzándole un brazo a su espalda, agarrándolo dolorosamente de la muñeca y posicionando su otra mano en su nuca para inmovilizarlo.
—Creo que esto ya cuenta como mi victoria —dijo la rubia con una media sonrisa, haciendo caso omiso de las quejas del sujeto.
—¡Suéltame! —escuchó la voz de la cobriza a un costado.
Rápidamente giró la cabeza para encontrarse con que el gorila tenía a Nanoha agarrada del cuello con un brazo, con una sonrisa desafiante y burlesca.
—¡Te dije que no la tocaras! —exclamó molesta la rubia.
El tipo que tenía reducido, aprovechó el momento de distracción para librarse del agarre de la chica y sacar una navaja de su bota que blandió sin piedad contra la viajera. Fate, sintiendo que el hombre se soltaba de su enganche, pegó un salto hacia atrás, alcanzado a esquivar el filo.
A ese le siguieron dos ataques más que Fate esquivó sin problemas, retrocediendo hasta situarse justo en el medio del círculo de espectadores y motociclistas. Por más que hubieran personas que quisieran ayudarla, como Shiro, estaban siendo sometidas por los bandidos y quedaban reducidas a ser solamente público. La rubia echó una fugaz mirada a la escena de todos los Takamachi siendo amenazados por los sujetos y apretó los dientes.
Un dolor punzante en su mejilla izquierda le indicó que no podía perder la concentración, puesto que no había alcanzado a esquivar completamente el último golpe y ahora un hilo de sangre descendía por su rostro desde la cortada que le ocasionó la navaja.
Irritada, apretó los puños para intentar serenarse, lo único que quería era partirle la cara a ese sujeto y usar ese mismo cuchillo para castras al gorila que estaba manoseando a Nanoha. Era capaz de hacerlo, pero perder los estribos en una pelea era condenarse al desastre. Repitiéndose que debía mantener la calma, esquivó otro par de ataques, esperando por la oportunidad perfecta, mostrándose abierta a propósito y así el golpe que esperaba no tardó en llegar; uno directo que buscaba apuñalarla en el vientre que había dejado descubierto. Con un ágil movimiento, interceptó la agresión golpeando la zona cercana a la muñeca con el dorso de su mano para alejar el arma y luego lo tomó con fuerza del antebrazo para jalarlo, aprovechando su propio impulso, el tipo perdió el balance quedando completamente expuesto y Fate recibió su caída con un certero golpe de rodilla en su entrepierna.
Un grito ahogado y un retorcimiento de cuerpo completo le indicaron a la rubia que el sujeto ya no seguiría peleando, pero para asegurarse de que no se pusiera nuevamente en pie, le soltó el brazo y lo noqueó con un gancho bajo al estómago.
Se irguió en todo su porte para encarar al líder, con expresión estoica y mirada penetrante.
—¿Te vas a enfrentar a mí o seguirás escondiéndote tras una mujer? —lo dijo serena, pero con una frialdad innegable.
El matón soltó a Nanoha con brusquedad e hizo crujir su cuello y nudillos, esa rubiecita lo estaba logrando enfadar de verdad y si creía que se iba a contener por tratarse de una mujer, estaba muy equivocada.
Se lanzó al ataque alzando un puño y el embistió con una serie de ganchos, potentes, pero demasiado pesados y lentos que Fate evadió sin problemas. El gorila no tenía ningún estilo, arrojaba golpes a ciegas, sin medir la energía que gastaba en cada uno. La rubia casi tuvo la tentación de reír; se trataba solamente de un tipo con una fuerza abrumadora, pero sin control alguno, como una mole con ganas de destruir todo a su paso. Su posición de piernas también era pésima…
Eso sería como un paseo en el parque, pensó. Esquivó otra sucesión de golpes, altos y bajos, como si estuviera bailando con la brisa. Pensó que era cosa de dejar que se cansara y noquearlo, no sería una complicación mayor.
Nanoha todo este tiempo había estado perpleja por la actuación de la viajera. Todo había sido tan repentino, tenía tantas dudas, todavía no se acaba de creer lo que estaba pasando… Solo una cosa tenía clara; Fate era asombrosa. Era veloz, ágil, no desperdiciaba ni un solo movimiento y se movía con una elegancia excepcional, casi parecía que estuviera danzando más que peleando.
Pudo jurar ver una sonrisa tranquilizadora en el rostro de la rubia dirigida a ella, pero antes de que alcanzara a procesarla, tuvo que ahogar un grito al ver a Fate ser cegada por instante por un escupitajo de su deshonroso oponente.
Fate se maldijo por lo bajo cuando tuvo que cerrar un ojo salpicado por la saliva que se estrelló contra su pómulo, al no considerar que su enemigo utilizaría ese tipo de artimañas y tener que detener sus movimientos por un instante. Esa sola fracción de segundo le bastó al gorila lograr conectar un potente puñetazo, que la rubia alcanzó a cubrir con ambos brazos a modo de escudo. Retrocedió un par de pasos, bajando un poco las defensas, y antes de que se diera cuenta ya estaba siendo levantada del suelo por un sólido "abrazo de oso" del gorila.
Soltó un jadeo al sentir los fornidos brazos alrededor suyo apretar el agarre. El tipo de verdad quería dejarla sin aire…
—¡Fate-chan! —gritó Nanoha tratando de acercarse solo para ser apresada por otro motoquero.
El gorila esbozó una sonrisa torcida al ver la expresión de dolor de Fate, quien ya estaba teniendo problemas para respirar. Estrujó más el cuerpo de la joven en sus brazos y la viajera contuvo el aliento para evitar gritar, no le daría esa satisfacción, aunque sintiera que era capaz de destrozarle los huesos a ese paso.
En ese momento decidió que no era un abrazo de oso, era más bien el ataque de una anaconda. Y ella, por descuido, había acabado como presa.
Eso, sin duda, era algo que no podía permitir.
El motorista se sorprendió al ver una sonrisa formarse en el rostro de la rubia y antes de que se diera cuenta, la mano libre de ésta, su derecha, fue usada para introducir el pulgar en su narina y apretar con el índice su ala nasal, lo más cercano al tabique.
Una corriente de dolor le recorrió todo el cuerpo e hizo que soltara a la chica, solo para que ella pellizcara con más fuerza, haciendo que terminara de rodillas en el piso, completamente a merced de la rubia.
—Pídele perdón a Nanoha —demandó—, si no lo haces te prometo que puedo hacerte sentir mucho más dolor —amenazó, y acto seguido el tipo sintió otra descarga de dolor agolparse en el cerebro que lo hizo soltar un grito.
—E-está bien, ¡está bien! —suplicó, consciente de su posición—. Lo siento… ¡Lo siento! —gritó con mayor fuerza luego de otro aumento en la tortura.
Fate, no podía negarlo, lo estaba disfrutando. Con solo dos dedos tenía al tipo, literalmente, de rodillas. Ese triunfo ya era suyo.
Quiso voltear para ver a Nanoha, pero solo alcanzó a distinguir por el rabillo del ojo la cara de miedo de la chica mientras gritaba su nombre justo antes de sentir un profundo dolor en la nuca que la dejó aturdida. Soltó al tipo y trastabilló, con la visión desenfocada. Trató de alzar la cabeza, pero el mundo le dio vueltas y lo próximo que sintió fue su cuerpo chocando contra el suelo.
El mismo sujeto que todavía mantenía la tabla con la que la había golpeado en la mano, le propinó una patada en el estómago que le quitó el aire y la hizo encogerse. Otras dos patadas le siguieron antes de que fuera capaz siquiera de recomponer su visión. Un grito se escapó de sus labios casi subconscientemente, cuando uno de los golpes ocasionó un daño insostenible.
Tosió un poco y miró al matón con un ojos cerrado por el dolor y el otro cargado de odio. Detrás de él, pudo ver a Nanoha, quien gritaba —escuchándose distante— y… lloraba.
Nanoha estaba llorando.
El golpe adrenalínico que sintió por la ira de ver esa imagen le sirvió para volver a enfocarse, usar una de sus piernas para hacerle una barrida al tipo e incorporarse casi de un salto mientras él caía. Ese simple movimiento la hizo encorvarse por las súbitas ganas de querer vomitar. Un dolor punzante en su costado derecho casi hace que caiga nuevamente al suelo, definitivamente una de las patadas había roto algo.
Sentía la sangre escurrir por su rostro, nublándole la visión. Vio al sujeto pararse, pero no duró mucho en pie. A penas se estaba terminando de incorporar, Fate le propinó sin piedad una patada de gancho que lo mandó a volar. Cayó pesadamente, con la mandíbula desencajada e inconsciente.
Cuando Fate volvió a apoyarse en ambas piernas, éstas amenazaron con no resistir su peso. Jadeaba trabajosamente, su vista se distorsionaba y estaba perdiendo los sentidos —los gritos de Nanoha apenas le llegaban—. Tragó con dificultad y otra arcada la hizo convulsionarse. Eso hizo que recobrara lucidez por un segundo y pudiera oír a la cobriza gritar desesperadamente "atrás".
Volteó trabajosamente y vio al gorila irguiéndose —con una mano todavía en la nariz— como una bestia furiosa recobrando las fuerzas. Otra alteración en la imagen la hizo cerrar los ojos… Para cuando los abrió, el líder ya venía hacia ella con el puño en alto, concentrando toda su fuerza en una sola mano, si le daba…
Pensó en las lágrimas de Nanoha y apretó los labios. Debía usar todas sus fuerzas restantes en concentrarse para calcular la potencia de ese golpe… o podría ser fatal.
El gorila atacó, ella se mantuvo inmóvil y en el último instante, le arrojó un certero y poderoso golpe justo en medio de la frente que detuvo al tipo en seco.
El tiempo pareció congelarse, todos estupefactos por la repentina inmovilidad del gorila. Fate retiró su puño, con lo que parecía una lentitud intencional y se relajó mirando con una media sonrisa socarrona la expresión de terror en los ojos del sujeto quien sólo podía mover los globos oculares.
La sonrisa se esfumó, su expresión se endureció, su mirada se ensombreció y un letal rodillazo en el estómago dobló al sujeto hasta le mitad de su cuerpo. Con otro casi imperceptible movimiento, le dio un codazo en la parte posterior del cuello que lo noqueó al instante.
Todos los motoqueros vieron caer el cuerpo de su líder como un peso muerto, levantando una pequeña nube de polvo y a la rubia junto a la figura con los brazos relajados a sus costados.
Tras unos segundos de inmovilidad que a los presentes se les hicieron eternos, donde recién estaban agarrando consciencia de lo que había sucedido, Fate se volteó.
Una sonrisa adornaba su rostro, pero era una sonrisa aterradora, opacada por su mirada ensombrecida con un ligero destello de amenaza y el líquido rojo cubriéndole las facciones. Se tronó los dedos y dijo sin prisa:
—¿Alguien más quiere jugar?
El pánico se sembró en los pandilleros, quienes, entre gritos de terror, cogieron a sus miembros caídos y se fueron como almas que lleva el diablo.
Fate los vio soltar a todos los rehenes mientras corrían a socorrer a sus compañeros y supo que no duraría más en pie. El dolor era tal que ya estaba perdiendo la sensibilidad, sabía que Nanoha gritaba corriendo hacia ella, pero no oía nada, su visión se hizo borrosa y sus piernas dejaron de resistirla.
Esto va a doler, pensó justo antes de impactarse contra el suelo. Una oleada de dolor le removió las entrañas y luego todo se oscureció.
~O~~O~~O~
El primer sentido que recuperó fue la audición, podía oír en la lejanía un insistente sonido que se iba haciendo cada vez más fuerte. Lo había escuchado infinitas veces y lo reconoció como trinar de ave. Normalmente ese sonido no le molestaría, todo lo contrario, pero ahora no podía más que desear que se callase. Cada nota le taladraba el cerebro…
Intentó hablar para expresar su molestia, pero sólo logró emitir una especia de quejido gutural. Al menos había logrado algo, pues escuchó su voz ahogada saliendo con dificultad. Trató de moverse e inmediatamente se arrepintió cuando un dolor agudo le removió las entrañas.
—…chan… Fa… te… -chan!
Trató de concentrarse en el sonido de esa voz familiar, pero sus oídos le fallaban y escuchaba los llamados entrecortados. Sintió un calorcito envolver su mano y supo que estaba recuperando la sensibilidad.
Nuevamente intentó abrir los ojos y esta vez sí logró algo cuando un haz de luz se coló por la rendija que logró formar entre sus párpados. Pestañeó un par de veces para enfocar su visión y lo primero que vio fue un rostro que se había aprendido de memoria.
—Fate-chan… —volvió a decir Nanoha, esta vez con suavidad y afecto al verse reflejada en los ojos de Fate, apretando el agarre que tenía en su mano.
Una sonrisa hermosa adornaba su rostro, aunque tenía unas lágrimas caprichosas amenazando con caer, a Fate le alegró verla. Sabía que esas lágrimas eran de puro alivio, el suspiro de la cobriza así lo delataba, y a pesar de su deplorable estado, logró esbozar una sonrisa, enternecida.
Parece como si le hubiera vuelto el alma al cuerpo, pensó Fate ante la expresión de la otra chica.
Quiso decir algo, que no se preocupara, que estaba bien, que no llorara… incluso su nombre hubiera estado bien, pero la garganta reseca y la sensación pastosa en la boca solo le permitieron una palabra.
—A…gua…
—¡Oh! Espera un momento, ya te la traigo —dijo la chica, soltando la mano de la rubia.
Se apresuró a la mesita redonda que estaba a los pies de la cama, ocupando el espacio libre que quedaba hasta la pared. Tomó un vaso y vertió el agua da la jarra. Mientras, Fate intentó incorporarse, pero un agudo dolor que se extendió desde su costado a todo el cuerpo le hizo ahogar un grito y caer nuevamente, sin mencionar que sintió que su cabeza dio un giro de 360° que la dejó mareada.
—¡Fate-chan! —exclamó la cobriza dejando el vaso en la mesa y prácticamente abalanzarse sobre Fate—. No puedes moverte, todavía estás muy débil. Tienes una fisura en una costilla y el golpe en la cabeza seguirá ocasionándote problemas unos días —explicó preocupada, ayudándola a acomodarse—. Estuviste inconsciente más de un día y acabas de despertar, tómate las cosas con calma, ¿está bien?
Fate asintió débilmente, Nanoha le sonreía con calidez y preocupación, pero su tono severo le indica que ella misma se haría cargo de que se tomara las cosas con calma.
La cobriza le tendió el vaso y Fate estiró la mano para alcanzarlo, pero sólo atrapó aire. Extrañada, lo intentó nuevamente, con un resultado similar. Era como si el vaso se corriera justo cuando iba a tomarlo, ignorante de que había llegado solo a la mitad del camino. Nanoha la miró extrañada e intranquila. Frunció el ceño y manoteó ligeramente, pero no sintió nada cerca. Soltó un gruñido y se llevó la misma mano al puente nasal para frotarse los ojos, era claro que el problema era suyo y que el golpe en la cabeza había afectado su percepción del espacio.
—Tranquila, Fate-chan, es temporal —la tranquilizó la cobriza—. Ten, déjame ayudarte.
Nanoha ayudó a Fate a levantar un poco la cabeza, poniendo una mano en su nuca y con la otra le acercó el vaso a los labios. La rubia decidió cerrar los ojos para intentar calmar el mareo que sentía y sorbió con cuidado al sentir el frío cristal en su labio inferior. Dio un par de tragos, apreciándose notablemente mejor después de eso —al menos su boca y garganta— y se echó un poco atrás para dar a entender que no quería más. La otra joven depositó el vaso en el velador junto a la cama y acomodó nuevamente a la chica herida.
Le dijo que se estuviera quieta mientras ella iba por el doctor y salió de la habitación. Fate suspiró largamente para luego mirar por la ventana.
~O~~O~~O~
Horas más tarde, Fate ya podía estar un poco más sentada gracias a los calmantes que le dio el doctor. Tenía la vista perdida en algún punto del horizonte, dando las gracias de que la cama estuviera esquinada en el muro que tenía la ventana.
Nanoha se encontraba a su lado, sentada en la misma banca en la que había pasado bastante tiempo, pelando una manzana, con una expresión serena y leve sonrisa en el rostro.
Fate la miró de reojo, sintiéndose agradecida por su compañía y al mismo tiempo culpable. Ya se encontraba notoriamente mejor después de la visita del médico y las enfermeras, quienes la revisaron y doparon hasta prácticamente dejarla en coma otra vez. De hecho, recién había despertado, habiendo dormido solo un par de horas que se le antojaron como días. Pero a pesar de que lo único que quería era levantarse ya mismo de ahí, tendría que quedarse postrada un par de días… y Nanoha había insistido en quedarse con ella.
No podía evitar sentirse culpable, no le gustaba ser una molestia y estaba convencida de haberlo sido después de desmayarse en el pueblo y que tuvieran que llevarla de urgencia a la ciudad.
La habitación no era muy grande, además de la cama, la mesita y el velador, sólo tenía un sofá —que era donde Nanoha había dormido negándose a apartarse de Fate—, pero seguía siendo una habitación sola y encima en una clínica privada… Eso saldría caro.
Se había descuidado en la pelea y esas eran las consecuencias; una costilla fisurada que la tendría sin poder moverse libremente por un buen tiempo, varios moretones molestos y una contusión severa en la cabeza que le causaría migraña por unos cuantos días más. No sólo estaba haciendo gastar dinero a los Takamachi, sino que tenía ahí a Nanoha, pelándole frutas porque ella no era capaz de hacerlo.
—Me siento inútil… —murmuró.
Para su sorpresa, Nanoha la escuchó y dejó lo que estaba haciendo para mirarla con intensidad.
—No eres inútil, Fate-chan —declaró con seriedad—. Nos ayudaste a todos y… me salvaste. —Falló en decir eso sin sonrojarse ligeramente—. Si terminaste así fue por… —agachó la cabeza apenada—. Tú sólo nos defendías…
—Si terminé así fue porque no fui cuidadosa —rebatió con calma—, eran tipos peligrosos y me confié. Además me comporté altaneramente cuando debía permanecer serena.
Deslizó su mano derecha por la cama, buscando el camino hacia la mano de la cobriza, quien le facilitó la tarea tomándosela. Fate le sonrió y le dio un apretón, asegurándole con ese gesto que estaba bien —o lo estaría— y que no se arrepentía de lo que había hecho.
—Realmente… —comenzó Nanoha con timidez—. Realmente estuviste increíble, Fate-chan… —Fate se ruborizó un poco—. En especial peleando con ese gigante. Eres muy fuerte.
—Él era más fuerte que yo —aseveró—, lo que usé para derrotarlo fueron conocimientos.
Nanoha ladeó levemente la cabeza, interrogante, con una mirada atenta.
—Usé algunos puntos Kyusho y conexiones nerviosas —explicó—. Los puntos Kyusho, puntos de presión, están conectados al sistema nervioso, ganglios o arterias, y deben usarse con cuidado, puesto que pueden causar desde un poco de dolor hasta lesiones graves y muerte.
Dejó que la cobriza procesara la información y al ver que seguía expectante, continuó:
—El último golpe que le di también es sumamente peligroso y no debe usarlo cualquiera, tienes que ser muy preciso y medir muy bien tu fuerza o podrías matar a la persona. Casi no fui capaz de hacerlo y eso pudo tener consecuencias fatales. —Nanoha soltó una exclamación—. Fue bastante irresponsable de mi parte, pero estaba acorralada… —suspiró—. Ese golpe te conmociona el cerebro, como si fuera una jalea batiéndose dentro de tu cráneo, por eso la parálisis temporal… Si el impacto es muy fuerte y se mueve mucho…
—Entiendo… —asintió después de un breve silencio—. ¿Dónde aprendiste estas cosas?
—Tuve un maestro de Kyusho Jutsu hace unos años, que conocí en mi viaje. Él me enseñó también a no perder la calma y mantenerme serena en un combate, a ser más consciente que nadie del daño que podía causar —sonrió de medio lado—. Pero aprendí a pelear de mucho antes.
Al ver la expresión curiosa de Nanoha, comenzó a deslizarse la bata de hospital dejando al descubierto su hombro derecho. La cobriza sintió que le subió súbitamente la temperatura del cuerpo y una gran cantidad se concentró en su rostro, mientras la rubia continuaba bajando la tela, con cuidado y lentitud.
Tragó pesado cuando Fate se detuvo a la altura de su seno e incapaz de apartar la mirada de la piel expuesta, se sorprendió al darse cuenta qué era lo que quería mostrarle.
—Esta fue mi primera cicatriz en una disputa callejera —informó con una sonrisa torcida. Nanoha se alarmó—. Sólo un recuerdo de mi… "movida" adolescencia.
—¿Eh?
—Ya te comenté que antes era una chiquilla tonta –al menos espero haber mejorado un poco desde entonces- y como a los 14 años me involucré con una pandilla de motociclistas. —Nanoha enarcó las cejas—. No eran como la de esos tipos que aparecieron, claro, no todas las bandas andan por ahí causando estragos, esa es una minoría pero es el estereotipo. Esta banda era de las "buenas", respetaban la ley mayoritariamente, pero les gustaba meterse en peleas con otros grupos, cosa de territorio.
—Fate-chan, ¿por qué…?
—No lo sé —cortó antes de que terminara la frase—. Supongo que se podría decir que era una rebelde sin causa o algo parecido. En ese tiempo me la pasaba discutiendo con mi madre, las cosas estaban bastante tensas y este grupo… Éramos un clan. Durante los años que pasé con ellos fueron como mi familia. Buenos amigos. La pasábamos bien… Aunque sí hice muchas cosas estúpidas.
Cerró un momento los ojos, rememorando el pasado. Nanoha se mantuvo en silencio, esperando que continuase.
—Una vez… —tragó saliva intentando deshacer el nudo que se le había instalado en la garganta. Carraspeó—. Una vez quedé grave después de una riña con una banda rival en el estacionamiento de un bar. El asunto fue serio, algunos fueron detenidos por la policía… Como yo era menor de edad y quedó demostrado que no fuimos los que iniciamos, sino que fue en "defensa propia", después de salir del hospital solo tuve unos meses de servicio comunitario.
"Fue una de las pocas veces que recuerdo haber visto llorar a mi madre… Entró corriendo a la habitación y se abrazó dando gracias de que estuviera bien. Al verla tan angustiada no pude hacer más que prometerle que dejaría de hacer tonterías y saldría de la banda. Eso lo cumplí… aunque no sé si eso de no hacer tonterías… pero me porté bien el par de años que me restaban en el colegio. Sin embargo hay otra promesa más importante…"
Fijó su vista en el cielo que ya se estaba obscureciendo, con aire nostálgico.
—Secretamente me prometí a mi misma que no la haría llorar otra vez —sonrió tristemente—. No sé si cumplí esa promesa…
Nanoha quiso decir algo, le dolía verla así. Abrió la boca en ademán de decir algo, pero se contuvo al darse cuenta que Fate no había terminado.
—Alicia salió más como mi madre quería. Lo que esperaba de sus hijas —comentó—. Siempre fue muy parecida a Okasan, una chica responsable, entregada a los estudios y su familia, trabajadora, pero hogareña… —sonrió al evocar el recuerdo de su hermana—. Recién titulada de profesora, con una pareja estable que conoce de toda la vida… —Con la misma sonrisa miró a Nanoha—. La última vez que las visité, ella y Hayate estaban viviendo juntas y tenían panes para formar su propia familia —suspiró—. Eso es lo que Okasan esperaba de ambas… Alicia, es como ella… y en cambio yo…
No dijo nada más. No necesitaba decir nada más, Nanoha lo entendía… o intentaba hacerlo.
Permanecieron unos minutos en un pesado silencio que la cobriza no soportaba. No sabía qué hacer o qué decir para quitar esa expresión afligida del rostro de Fate, así que decidió cambiar de tema.
—Bueno, ya va siendo hora de que te tomes la medicina, así que será mejor que comas algo —dijo con una sonrisa—. El suero no es suficiente y tu boca está bien ¿no?
—Sí, tienes razón —sonrió, agradeciendo el cambio de tema—. Aunque no me gusta para nada tener que tomar medicamentos.
—Vamos, deja de quejarte y abre la boca —ordenó, acercándole el tenedor con un trozo de manzana.
Fate abrió los ojos sorprendida y se ruborizó ligeramente.
—No es necesario… que me des de comer, puedo hacerlo sola —dijo apenada, intentando tomar el recipiente que Nanoha alejó.
—No seas orgullosa y déjame mimarte —rebatió con seriedad, aunque internamente sonreía por la expresión abochornada de la rubia.
—P-pero en serio n-no necesito… —tartamudeó.
—Di ah, Fate-chan —demandó Nanoha, acercándole la comida.
—Na-Nanoha…
—Fate-chan. Abre. La. Boca.
La rubia tragó. Miró el ceño fruncido de Nanoha, luego la fruta y después separó los labios, con los ojos cerrados y cara roja. La cobriza sonrió satisfecha e introdujo la manzana en su boca.
—¿Está buena? —preguntó alegre mientras la chica masticaba tímidamente.
—U-Uhn —asintió azorada, sin ser consciente de distinguir el sabor de la fruta por lo avergonzada que estaba.
Nanoha soltó una risilla y le acercó otro pedazo, pensando que ese desagradable incidente no había sido tan malo, por egoísta que suene, si le permitía estar con Fate de esa forma.
~O~~O~~O~
Pasaron dos días antes de que Fate pudiera, por fin, salir de aquel —según ella— ahogador lugar. Sin embargo, a pesar de estar contenta por ello, no paraba de bufar mientras la silla de ruedas en que iba era arrastrada por Nanoha —quien se había quedado con ella esos días— hacia la salida. Sus reclamos de que no estaba inválida no habían servido de nada contra la terquedad de la cobriza, quien sólo hacia caso a las palabras de los médicos y enfermeras.
Shiro las esperaba con una gran sonrisa junto a una reluciente Toyota Prado negra y no su vieja Chevrolet Pickup '67 de siempre.
—Lindy insistió en que viniera en su camioneta, dijo que así irías más cómoda —comentó aproximándose con una media sonrisa—. Pff como si mi fiel Chevy no lo fuera… —gruñó.
—Gracias por venir a buscarnos, Shiro-san —sonrió la rubia, conteniendo una risita por el mohín del hombre.
—Era lo menos que podía hacer por mi chica —contestó con una sonrisa cariñosa antes de rodearla con un brazo.
Fate de pronto se vio envuelta en un fuerte pero cuidadoso abrazo fraternal. El hombre tuvo cuidado de no apretar demasiado para no hacerle daño, pero transmitiendo todo lo que sentía en ese gesto, su gratitud y su afecto. La rubia no pudo evitar sonreír.
—Gracias —susurró apretando un poco más el agarre, haciendo sonar algo—. Oh, lo olvidaba, esto es para ti —dijo separándose y tendiéndole la bolsa de papel—. Momoko los horneó hace un rato, dijo que seguramente estarías harta de la comida de hospital.
—Y vaya que tiene razón —asintió la rubia, abriéndola— ¡Pastelillos! —exclamó alegre metiendo la mano.
—Ah-ah, no tan rápido, Fate-chan.
Antes de que pudiera reaccionar, la bolsa le había sido arrebatada de las manos y cuando levantó la vista, una Nanoha con ceño fruncido le devolvía la mirada.
—Todavía tienes que cuidar tu dieta —dijo severa.
—Pero qué- ¡No estoy enferma! —alegó.
—Y que estés herida no te da derecho a comer a deshora —apuntó son seriedad—. Llegaremos a almorzar a casa y acabas de tomar desayuno.
—¡Pero muero de hambre! —se quejó.
—No hagas melodrama, simplemente eres una golosa —respondió, inflexible—. Papá, ayuda a Fate-chan a subir al auto mientras regreso la silla.
El hombre, que hasta entonces había observado la escena con las cejas alzadas, asintió torpemente por el tono serio de su hija y trató de ayudar a Fate, mas ésta se puso de pie por su cuenta y miró a Nanoha con un puchero y lágrimas de cocodrilo.
—Eres… ¡Eres cruel! —reclamó infantilmente. La cobriza suspiró.
—Está bien, puedes comer uno —accedió—, pero nada más.
Luego de eso se adentró en la clínica llevándose la bolsa para impedir que Fate se tentara y la desobedeciera.
La rubia resopló, Nanoha había estado comportándose de esa manera la mayor parte del tiempo; como una madre estricta, y no podía decir que estuviera del todo de acuerdo con el asunto.
—Debo decir —empezó Shiro, todavía viendo la espalda de su hija alejarse—, que esa capacidad persuasiva la sacó de su madre.
Fate bufó, cruzándose de brazos, indignada. Shiro sonrió entre divertido y comprensivo y le palmeó el hombro suavemente para que subieran a la camioneta.
~O~~O~~O~
Al llegar al pueblo, Fate fue recibida con efusividad por todos los habitantes. Lindy y Momoko fueron las primeras en lanzarse a abrazarla, con tal entusiasmo que no midieron la fuerza causándole una punzada a la rubia que prácticamente la sacudió entera y se esforzó en ocultar con una sonrisa adolorida a las apenadas mujeres, mientras eran regañadas por Nanoha.
Ya en su habitación, la rubia todavía se sentía, aunque feliz, algo incómoda por el trato que estaba recibiendo, ya que después de todo no había sido enteramente mérito suyo; Nanoha le había comentado que posterior a su desmayo, Shiro, Lindy y otras personas se hicieron cargo de terminar de despachar a los delincuentes o más bien retenerlos para entregarlos a las autoridades.
Se recostó con cuidado en su cama, cansada de que cualquier movimiento, hasta el más mínimo, le lanzaba descargas de dolor a partir de la costilla.
Inspiró profundo, cerrando los ojos. Ese lugar le resultaba mucho más acogedor que la austera habitación de la clínica, con enfermeras entrando y saliendo, sin demasiada privacidad, sin poder hacer nada, sin esos momentos de soledad diarios que solía disfrutar… Aunque la presencia de Nanoha no le desagradaba, por alguna razón.
Ahora se encontraba de nuevo en esa pieza que la había acogido en el pueblo y daba gracias por ello, pues los Takamachi habían considerado dejarla en su casa para poder cuidar mejor de ella, cosa que la rubia obviamente había declinado. Para su fortuna, la residencia Takamachi cuenta con solo tres habitaciones; La matrimonial, la de Kyoya y una para las dos hijas, por lo que se determinó que Fate estaría más cómoda en su propio cuarto que si bien estaba un poco alejado, al menos tenía su propio baño y solo sería cosa de que alguien se encargara de asistirla en lo que necesite, tarea que Nanoha se auto-relegó, sin opción a reclamo.
El sonido de la puerta abriéndose lentamente la hizo abrir los ojos y se encontró con Nanoha entrando con una fuente vaporosa en las manos.
—Pensé que podrías querer asearte y como todavía no puedes ducharte… —explicó dejando la fuente en la repisa junto a la cama.
—Ah, gracias, eso me vendrá bien —dijo con una leve sonrisa—. Aunque es incómodo hacerlo de esta manera.
—No se puede evitar, tienes que estarte lo más quieta posible…
—Ya sé, ya sé —cortó cansada. Se sentía francamente molesta de todo eso—. Seré buena.
Suspiró y comenzó a desabrocharse la blusa. Había avanzado dos botones cuando se dio cuenta que Nanoha seguía ahí, observándola.
—Uhm, ¿piensas quedarte aquí? —preguntó, tratando de sonar lo más cortés posible.
La cobriza se sobresaltó y sonrojó ligeramente, apartando la vista de Fate. Tomó el paño para remojarlo en el agua calienta y respondió con fingida tranquilidad.
—Sí —carraspeó un poco por lo seco de la respuesta—. Quiero asegurarme de que todo esté en orden.
—… Está bien.
Simplemente, se sentía agotada, no se molestaría en intentar rebatirle a Nanoha.
Terminó de desabotonar la blusa, inconsciente del nerviosismo de la otra chica, que intentaba mirar a todos lados menos a ella, y la removió con sumo cuidado, sabiendo que cualquier acción brusca tendría consecuencias dolorosas, si ya el solo respirar era un arduo trabajo.
Resopló al fijar su vista en la faja que le atravesaba el abdomen, esa maldita cosa era la que la tenía como un embutido… y no podía hacer nada, se había salvado de una operación porque la fisura podía soldar sola, pero a cambio tenía que usar banda para mantenerla rígida. Tenía un sistema de cuatro tiras de velcro, pero no fue tan difícil de sacar, lo complicado estaría con el plus de los vendajes extra que incluso ceñían su pecho. Cuando quiso quitárselos, una punzada de dolor la hizo soltar un quejido, alertando a la cobriza.
—Fate-chan, ten cuidado —dijo con suavidad y consternación—. Déjame hacerlo por ti.
—Estoy bien —respondió hosca, apartándole la mano con la vista escondida en el flequillo—. Puedo hacerlo sola.
—No tiene nada de malo recibir un poco de ayuda…
—¡Te dije que puedo sola!
El grito resonó en la habitación, sumiéndola en un pesado silencio.
Nanoha todavía tenía una mano en el aire, la contrajo hasta su pecho y apartó la vista, mordiendo su labio inferior. El rechazo de Fate le había dolido, pero lograba entenderla, podía ver lo tensa que estaba, con las manos en puños —temblando— y los dientes apretados, impotente.
Fate se sentía furiosa con ella misma y con la situación, pero eso no le daba derecho a responderle así a Nanoha, lo sabía y aun así… Sintió una suave mano posarse sobre la suya, que dejó de temblar en el acto. Alzó la cabeza y se encontró con la comprensiva mirada de la cobriza.
La joven de ojos azules deshizo el agarre en el puño de Fate para poder tomarla de los dedos, acariciándola con su pulgar, fijando su vista en los patrones circulares que hacía.
—Yo… yo sé que es difícil para ti estar así, Fate-chan… —dijo con suavidad—…sintiéndote dependiente… —la miró directo a los ojos—, pero no lo hago porque crea que necesites ayuda, lo hago porque quiero ayudarte…
La rubia vio la honestidad y tristeza reflejados en esos zafiros siempre llenos de alegría y se sintió culpable.
—Lo siento… —se disculpó sinceramente.
—Está bien —sonrió levemente—, sé que debe ser difícil para ti siendo como eres.
—No tienes idea —resopló con amargura.
—Pero, Fate-chan —Tomó su mano entre ambas suyas—, yo estaré contigo hasta que te recuperes, ¿de acuerdo?
Fate contempló a Nanoha, el suave calorcito que envolvía su mano, la sonrisa sincera, la genuina preocupación en su rostro… Le resultaba imposible negarse.
—De acuerdo —sonrió.
Nanoha también sonrió con alegría y Fate pensó que, si se trataba de ella, podía renunciar un poquito a su independencia.
—Entonces primero te sacaré las vendas —dijo sentándose en el borde de la cama.
Desenganchó el broche que sujetaba la venda en la espalda y comenzó a deslizarla con cuidado. Estaba concentrada en su tarea, con los ojos puestos en la tela, pero a medida que daba más vueltas, más piel iba siendo expuesta y sintió la necesidad de lubricar la garganta que se le había secado al ver el torneado estómago de la rubia.
Una vez que solo quedaba una zona por destapar, bajó la velocidad de sus movimientos, siendo de pronto consciente de que sería la primera vez que veía a otra chica desnuda. A Fate desnuda, y curiosamente esto le causaba más nervios que si se tratara de cualquier otra mujer.
Preocupada de que la rubia hubiera notado su turbación, se apresuró en dar las últimas vueltas, descubriendo sus pechos. Nanoha se sonrojó involuntariamente cuando los senos de Fate quedaron justo frente suyo.
Inquieta, se volteó completamente para remojar una vez más el paño y le dijo que se pusiera de espalda. Inspirando profundamente, tratando de acallar los desenfrenados latidos de su corazón, se dio vuelta para quedar pasmada ante lo que vio.
Fate ya le había comentado que todas las peleas y los viajes habían dejado huella en su cuerpo, pero nunca esperó que tal cantidad. Con una mirada triste, deslizó una mano por la espalda de la rubia, haciendo que se estremeciera ligeramente por el tacto.
—¿Nanoha?
—Tienes… muchas cicatrices.
—Uhm… —se removió incómoda, de pronto sintiéndose avergonzada de su cuerpo—. No es muy lindo de ver ¿uh?
—Sigues siendo hermosa —se le salió antes de que pudiera evitarlo.
Ambas se sonrojaron al instante, agradecidas de que la otra no pudiera verlo. Nanoha tragó pesado, sintiéndose como una idiota, no había pensado antes de decirlo, el sentir a Fate insegura de su físico… No pudo evitarlo.
—Eh… ¿gracias? —dijo incómoda la rubia, tratando de aligerar el ambiente.
—No hay de qué —respondió la otra lo más casual que pudo.
Nanoha inició con su labor de limpiar la espalda de Fate y a los pocos segundos notó que la incomodidad de hace un momento se esfumaba, así como el sentimiento de tristeza al pensar en las heridas que alguna vez fueron esas cicatrices, ahora sólo se concentraba en sentir el calor y la vitalidad del cuerpo de la otra, pudiendo notar la suavidad de su piel, la feminidad de sus curvas, la fuerza de sus músculos…
Sin darse cuenta se había entretenido demasiado tiempo en la parte trasera de la rubia y debía continuar con el resto antes de que se enfriara el agua. Se puso frente a ella y empezó por la clavícula.
Casi sin quererlo, sus ojos volvieron a fijarse en cierta parte y sus manos se pusieron temblorosas. Un dedo se le resbaló del paño y pasó a tocar la piel de uno de sus pechos, el corazón le dio un vuelco y se puso toda roja. Tragó y se forzó a remojar el paño, aunque no lo necesitara.
Era tan extraño lo que sentía, se encontró contemplando con intensidad el cuerpo desnudo de Fate y pensando que le gustaba lo que veía. Sus latidos se hicieron más rápidos y su respiración se agitó, sentía que quería tocar esa piel sin el paño de por medio y su otra mano se acercó para ello. Antes de que llegara, una mano de la rubia la detuvo en el aire.
Sus ojos se encontraron, Fate también tenía los ojos entrecerrados con un brillo que Nanoha no supo descifrar. Se miraron con intensidad unos segundos.
—Creo que… Ya puedo seguir sola —dijo la rubia con voz ronca.
Nanoha se sonrojó, regresando a la realidad y asintió torpemente, incorporándose. Dijo que iría a preparar algo para comer y salió de ahí a trastabillones.
Cerró rápidamente la puerta tras de sí y se apoyó en ella, dejando salir todo el aire que había estado reteniendo y se puso a respirar como si hubiera estado debajo del agua por mucho tiempo. El corazón le palpitaba con fuerza en el cuello y su cuerpo entero le hervía.
Obligándose a mover su cuerpo de ahí y dirigirse a casa, se preguntó si le habría dado fiebre.
~O~~O~~O~
Los días se convirtieron en semanas y las semanas en más de un mes. Fate seguía recuperándose, aunque ya se encontraba mucho mejor, al menos podía reír sin que sintiera que se le derretía el interior.
En ese tiempo Fate había "hecho el vago", como ella decía, al menos las dos primeras semanas apenas salió de la habitación, no porque no quisiera o porque su cuerpo se lo impidiera, el dolor no logró detenerla una vez que sintió que se volvería loca si seguía encerrada… pero sí lo hizo Nanoha. Ella era la razón de que Fate aceptara callada su condena, callada en el sentido de que por lo menos la cumplía, pero se quejaba… constantemente.
Con cualquiera que fuera a visitarla, se pasaba un buen rato reclamando lo estricta que era la cobriza, ¡hasta le había quitado su guitarra! Y prácticamente lo único que le permitía hacer eran artesanías. Un día comentó/gruñó que se sentía como una señora jubilada que no tenía nada más que su macramé. Sin embargo, todos los visitantes se percataban que a pesar de alegar, Fate no hacía nada, puesto que cuando Nanoha entraba diciéndole que era hora de su medicina se la tomaba sin chistar y que, muy en el fondo, había un pequeño brillo de felicidad en sus ojos.
Nanoha, por su parte, tenía una sonrisa permanente en el rostro. Fate seguía en el pueblo —por razones de fuerza mayor— y ella pasaba la mayor parte del día a su lado. Sus padres no habían puesto resistencia a que pasara menos tiempo ayudando en la cafetería y más tiempo cuidando a la rubia y haciéndole compañía, incluso se había mudado al cuarto de la joven por si necesitaba algo durante la noche y aunque sabía que la razón para que la viajera permaneciera ahí no era para estar contenta, no podía evitar sentirse feliz.
Poco a poco, la joven se había dado cuenta que esa extraña que la había atraído desde el primer día, la atraía… de esa forma.
Contrario a alterarse por ello, aunque al principio sí había sido algo extraño y complicado de entender —hasta que se dio cuenta que no había nada que entender—,la aceptación la llenó de alivio, ya no sentía esas ganas de salir corriendo o rehusar el tacto de Fate, sino que ahora hasta lo buscaba, cualquier momento que pudiera pasar con ella, cualquier gesto, cada caricia, le encantaba. La viajera le gustaba cada día más, su expresión mientras dormía, el calor de su cuerpo, su aroma, su sonrisa…
Ya era evidente y no solo para ella, muchas veces la habían encontrado mirándola embobada y Nanoha sólo atinaba a sonrojarse. Al principio temía cuál podría ser la reacción de su familia, al menos sabía que Miyuki la apoyaba, por así decirlo, según propias palabras de su hermana y varios comentarios de que debía hacer movimientos o algo así, su padre adoraba a la chica y lo único que quería es que formara parte de la familia y se quedara —igual que ella— y ya había dejado de insistir en que Kyoya hiciera algo al respecto ya que "Nanoha hace un mejor trabajo", había dicho, y su madre… Su madre un día la había encontrado mirando distraídamente a Fate, le posó una mano en el hombro, le sonrió con ternura y le dijo que se tomara el resto del día para pasarlo con la rubia.
Fate había sonreído alegre al ver a la animosa chica aproximarse sacándose el delantal y sentarse frente a ella en una de las mesas del café donde se sentaba a hacer collares, al menos ahí no estaba tan encerrada, y esa fue la primera tarde donde le enseñó a Nanoha a hacer artesanías.
La rubia tenía que reconocer que le gustaba mucho pasar el tiempo con la pueblerina, desde la primera vez le había resultado alguien interesante, sentía que había un misterio que resolver, no porque la chica fuera misteriosa, era más bien honesta y abierta, pero lo misterio era que se había acostumbrado a ella, a tenerla cerca. Y esta vez, la costumbre no la aburría.
También tenía la suficiente experiencia como para darse cuenta que había más que un simple buen trato entre ellas, existía una especie de complicidad, un juego que había empezado a jugar inconscientemente, podía llamarse flirteo, tal vez. Sin embargo, no quería dejarse llevar y asumir cosas. De partida no sabía los intereses de Nanoha, Shiro le había comentado una vez que en parte le agradaba que nunca hubiera mostrado interés en el tema, pero que igual le preocupaba un poco que se quedara sola.
No era ciega, había logrado notar el interés que sentía la cobriza por ella. Inicialmente había creído que se trataba de curiosidad, como todos los demás, por una extraña aventurera que llegaba con historias del mundo que ella no había recorrido, pero no, era más que eso, Nanoha parecía interesada en su persona, solo en ella, en estar cerca, aunque no hablaran. Pensaba que se trataba de un capricho que la misma chica no entendía, el nerviosismo de la cobriza al contacto le parecía divertido, era adorable, por eso jugaba, pero de un tiempo a esta parte ella parecía más segura, no se inquietaba con cualquier cosa y hasta propiciaba más la cercanía, la buscaba.
Decir que no la sorprendió sería una mentira, que Nanoha de pronto se mostrara abierta a las muestras de afecto hacia ella, los roces, las miradas, como que no tenía miedo de mostrar que le gustaba estar con la rubia… y ella no podía decir que le desagradara. Aunque sí le preocupaba un poco que la cobriza se hiciera algún tipo de… ilusiones, puesto que ella no tenía nada que ofrecer más que el aquí y ahora.
Sin embargo, se convenció de que no era nada serio, que lo que Nanoha sentía por ella no era más que una manía de momento y la entretención de lo nuevo, experimentar una sensación que antes no había tenido y eso la tranquilizó.
Una mañana se encontraba en el café, como ya se había hecho costumbre, y pudo oír claramente el sonido de un motor desgastado acercarse. Inmediatamente se puso alerta y salió del local, seguida por una preocupada Nanoha.
Efectivamente, se trataba de una moto, pero no era una banda ni tipos desagradables montándola, era un solo hombre… muy curioso. Aun así, Fate se mantuvo vigilante, sin quitarle la vista de encima y reteniendo a la cobriza con un brazo detrás suyo.
El recién llegado aminoró la marcha y se detuvo justo frente a ellas. Llevaba unos jeans y una chaqueta de mezclilla sin mangas muy gastadas, botas altas con espuelas, un casco sin visera y unas gafas oscuras. Se aproximó sacándose el casco y haciendo extraños movimientos con la boca, como si masticara algo, una vez que estuvo a unos pasos de distancia, volteó la cabeza y escupió.
—Un mosquito —dijo simplemente.
Fate alzó las cejar divertida, mientras Nanoha ponía expresión asqueada.
—Buenas tardes, señoritas —saludó quitándose las gafas—. ¿Serían tan amables de decirme si esta es la cafetería Takamachi?
Ambas se miraron sorprendidas y confusas, al final fue Nanoha la que respondió.
—Sí, señor, esta es, ¿qué se le ofrece?
—Busco al dueño, me dijeron que él podía ayudarme con mi Ramona —contestó señalando la motocicleta con una sonrisa—. El parabrisas sufrió un pequeño percance y necesito que se lo cambie, además de un tratamiento extra.
La rubia miró la motocicleta y comprobó que la adición del parabrisas al modelo original de la máquina estaba reducida a unos dos centímetros restantes y el sistema de agarre.
—¿Un parabrisas a una Rocker? Eso es casi una blasfemia —comentó sonriente Fate.
—Oh, ¿conoce las Harley, señorita?
—Tengo una —dijo con orgullo.
—¡Una compañera! —exclamó entusiasmado—. ¿Cuál es su modelo?
—Uhm, ¿una Rocker? —interrumpió Nanoha.
—La Rocker es conocida como la chopper definitiva —explicó Fate.
Nanoha frunció el ceño y puso una sarcástica expresión de "no me digas", pero antes de que pudiera reclamar, Shiro apareció para ver quién era el nuevo.
El hombre le explicó que había pasado a otro taller, pero estaban demasiado ocupados y que ahí le habían dado el dato de que Shiro había hecho un pedido de repuestos para Harley y quizás podía atenderlo, cosa que lógicamente el señor Takamachi confirmó, entusiasmado ante la idea.
Los dos hombres, más Fate, quien se mostraba muy interesada en charlar un rato con el forastero, se encaminaron al taller, dejando a Nanoha con un mohín en los labios.
~O~~O~~O~
El nuevo viajero que había arribado al pueblo era, por decirlo menos, pintoresco. Bob era un hombre con el cabello y barba blanca, una pelada oculta bajo su sombrero vaquero, todo el atuendo de un auténtico cowboy, sin mencionar su peculiar acento. Sus ojos grises destellaban con el brillo de experiencia de alguien que ha vivido mucho y su risa, fácil y contagiosa, eran prueba de que disfrutaba la vida.
Fate se pasó toda la tarde hablando con él, era alguien que llevaba toda la vida viajando y tenía mucho que contar. La rubia estaba sencillamente extasiada de oír de todo el mundo que le faltaba por recorrer.
Esa noche en el bar, ambos viajeros estaban sentados en la barra, la rubia y los clientes escuchando atentamente una de las historias del hombre, que solían terminar en una carcajada que llenaba el lugar de risas.
Después de bajar su tercer whisky, Bob comentó que hacía falta música y cuando le explicaron que era Fate la que se hacía cargo de eso antes, insistió en querer oírla, cosa a la que Nanoha, quien estaba ayudando a su padre a lavar vasos, se opuso rotundamente pues todavía no estaba del todo bien. Fate simplemente suspiró cuando los demás se unieron en las peticiones, diciendo que había pasado mucho tiempo, pero Nanoha se mostró inflexible.
—Puedo cantar sin problemas… —farfulló la rubia, como una nena a la que le niegan algo.
—¿Entonces te animarías si yo me encargo de la guitarra? —preguntó con una sonrisa el forastero.
—¿Sabes tocar?
—¡Pues claro!
—¡Entonces pon las manos a la obra para pagar tus tragos! —bromeó Shiro, arrojándole la guitarra que se mantenía escondida tras la barra.
Bob afinó un poco la guitarra, se aclaró la garganta y deslizó sus dedos sobre las cuerdas creando una melodía. La rubia, al reconocer de qué tema se trataba, soltó una risita divertida.
—¿Es broma? —preguntó por lo cliché del asunto.
—Venga, preciosa, es un clásico de todos los tiempos —se defendió el hombre sonriente.
On the road again
Empezó a pesar de que Fate seguía riendo.
Just can't wait to get on the road again.
The life I love is making music with my friends
And I can't wait to get on the road again.
Sonrió, incitando a la rubia de que se le uniera y fue ella quien cantó la siguiente estrofa.
On the road again
Goin' places that I've never been.
Seein' things that I may never see again
And I can't wait to get on the road again.
Para el resto de la canción se les unieron todos los que ahí se encontraban, sin mucha afinación, pero con mucho entusiasmo, alzando sus jarras de cerveza en el aire y abrazándose entre ellos.
Nanoha observaba la escena con una sonrisa rota. Todos estaban disfrutando y Fate… Fate sonreía de una manera que no había visto hace tiempo.
Su expresión era brillante, se la veía realmente feliz y libre en ese momento, como la conocía, como ella era…
Soltó una risilla amarga al darse cuenta que había estado engañándose así misma, que estaba viviendo en una ilusión. Estaba tan feliz de que Fate siguiera ahí que no se había dado cuenta que la viajera se iba apagando si no tenía su libertad, que su vista se perdía nostálgica en el camino que todavía la aguardaba…
~O~~O~~O~
Era una perfecta noche de primavera, el viento mecía las ramas y las estrellas brillaban en lo alto sin nubes que las ocultaran. La luz de luna entraba por la ventana iluminando la habitación y recortando la silueta de una joven en la oscuridad.
Fate llevaba lo que le parecía horas sentada en el banco junto a la ventana, apoyando la cabeza en el cristal mientras contemplaba la luna casi llena. Su mente divagaba, su corazón se negaba a sentir y su cuerpo… parecía pedirle a gritos que saliera a perseguir el trayecto del satélite por el cielo.
Lo había pasado muy bien, cantando todas las canciones country que se le ocurrieron a Bob, algunos hasta se había puesto a bailar, pero una frase que le había dicho el hombre le había recordado algo que parecía estar olvidando o a lo que se había estado negando.
"Eres como un ave libre", le había dicho, él lo sabía muy bien, podía reconocer a los que eran como él. Y Fate lo era. Una viajera, una hoja en el viento, un ave que volaba donde su corazón le indicaba…
Tomó su guitarra y todavía mirando el cielo nocturno, entonó una canción que llevaba mucho tiempo guardada.
If I leave here tomorrow
Woul you still remember me?
Nanoha, quien había ido a ponerse su pijama después de ayudar a du padre a dejar todo limpio, detuvo su mano antes de tocar el pomo de la puerta al oír la voz de Fate.
For I must be traveling on, now
'Cause there's too many places I've got to see
Fate cerró los ojos, sintiendo cada palabra que salía de su boca.
But, if I stayed here with you, girl
Things just couldn't be the same
La cobriza llevó una mano a su pecho, reteniendo el aliento.
'Cause I'm as free as a bird now
And this bird you can not change
And this bird you can not change
And this bird you can not change
Lord knows, I can't change
En la última frase, Fate subió un poco el tono, aumentando la velocidad que aminoró rápidamente para dar paso a un solo de guitarra.
Bye, bye, baby it's been a sweet love
Yeah yeah
Though this feeling I can't change
But please don't take it so badly
'Cause Lord knows I'm to blame
La rubia sintió que se le revolvía el estómago. Se relamió los labios y continuó.
But, if I stayed here with you girl
Things just couldn't be the same
'Cause I'm as free as a bird now
And this bird you can not change
Ooohhh
And this bird you can not change
Aumentó el ritmo y la fuerza.
And this bird you can not change
Lord knows, I can't chaaaange
De súbito, detuvo la guitarra y se quedó mirando la luna.
—Lord knows I can't change… —repitió bajito.
Suspiró y dejó reposar su mano sobre la guitarra.
Afuera, Nanoha sentía su corazón palpitar dolorosamente contra su pecho, tenía un nudo en la garganta y creía que ya no tendría fuerzas para entrar en la habitación, pero sus pies se rehusaban a moverse. Cerró los ojos respirando trabajosamente.
Era una canción, se decía, sólo una canción, sólo una canción… Tomó con fuerza la manilla y entró intempestivamente.
—¡Fate-chan!
La rubia la miró con sorpresa y Nanoha cerró la boca, dándose cuenta que no tenía nada que decir y había actuado por impulso.
—Uhm, ¿Nanoha? —llamó la joven cuando el silencio se prolongó.
—Ah, yo… yo sólo… —apartó la vista y se rascó la mejilla—, yo sólo quería saber si necesitabas algo.
—No, estoy bien, gracias —sonrió cálidamente.
La chica sintió que se le estrujaba el corazón al ver esa sonrisa. La canción seguía haciéndole eco en la cabeza, pero Fate parecía de lo más normal.
—De hecho, ya estoy mucho mejor —continuó, poniéndose de pie—, no será necesario que sigas quedándote conmigo.
Eso fue como un balde de agua fría para la cobriza, quien se quedó petrificada en la entrada, ahora se sentía completamente rechazada y un vació casi palpable en el pecho.
—…pero no me importaría —prosiguió, una vez que se subió a la cama—, si tú quieres.
—… ¿Quieres que me quede? —preguntó después de un silencio.
—Si tú… —se detuvo al ver los ojos de Nanoha brillando por una respuesta directa—. Sí, me gustaría.
Nanoha, sin decir nada, cerró la puerta y se acercó a la cama. Fate estaba sentada con la espalda apoyada en el respaldo y la cobriza se acomodó en el espacio entre sus piernas. Se recostó suavemente en su pecho y susurró un "abrázame".
—¿Nanoha? —preguntó la otra un tanto aturdida.
—Abrázame, por favor —repitió con súplica en la voz—, siento que lo necesito…
Fate no dijo nada, se quedó sin palabras, Nanoha parecía una escultura de cristal que podía quebrarse en cualquier momento, hasta su voz se escuchaba rota. Sin siquiera pensarlo, rodeó a la muchacha con sus brazos, sin importarle la puntada que sintió en el costado al apretar el agarre.
Nanoha no dijo realmente todo lo que sentía, a ese "abrázame" le faltó agregar un "y no me sueltes", pero lo que de verdad gritaba su interior era un "no te vayas".
Cerró los ojos y tomó los brazos de la rubia, aferrándose a ese contacto, como si fuera a desaparecer en cualquier segundo.
Abrumada por el ambiente, la viajera inclinó la cabeza y posó sus labios en la mejilla derecha de Nanoha, dejándolos ahí más tiempo del necesario. La cobriza se dejó llevar por la calidez del beso y Fate disfrutó de la suavidad de su piel.
Lo tomaron como un gesto amistoso de cariño, pero ambas deseando que hubiera sido algo más.
El viento corría fuerte azotando la ventana, mas ellas estaban perdidas en el calor de la otra, acobijadas por un sentimiento mutuo que no expresaron en palabras.
Explicaciones y notas varias:
-Los Highwaymen o "salteadores de caminos" son una de las bandas de motoqueros más peligrosas que hay, fundada en Detroit y con fama de violentos y criminales. Entre sus condenas se encuentran el tráfico de drogas, asesinato por encargo, corrupción, fraude y crimen organizado. Lógicamente los personajes utilizados son ficticios y solo tomé el nombre.
-No sé nada de autos, pero consideré que en un fic donde los personajes saben del tema, venía acorde poner especificaciones técnicas.
-Hace tiempo que no escribía una escena de "acción" así que espero haberla relatado bien, sorry si no fue así.
-Originalmente este era "el capítulo tres cortado" y al final terminó siendo mucho más largo que el anterior. Cuando lo pensé creí que serían dos caps luego subió a cuatro y bueh, cosas que pasan.
-Me voy de viaje y mi nena necesita irse con "la revisión técnica al día", por eso estaré sin computador estos días... Trataré de actualizar igual, aunque lo veo muy difícil puesto que se trata de un curso y estaré ocupada con eso.
-Este capítulo está dedicado a Tsu, ya no me acuerdo por qué, pero eso tenía que poner~
Espero que no se les haya hecho muy largo o aburrido, gracias por leer, las críticas son bienvenidas y tengan una buena semana :3
