¡Urray! otro capitulo subido. Antes de comenzar quisiera hacer aclaraciones del capi anterior.

En él deje un pequeño Easter egg (referencia) de mi película favorita de todos los tiempos. ¿Saben de cuál se trata? El globo rojo (1956). Así es, el potrillo que ayudó Pinkie es el protagonista de esta obra maertra de 30' del cine francés (y eso que a mi no me gusta el cine francés).

También dejé pistas sobre el estatus social y físico de Rainbow Dash, que después develaré en futuros capítulos.

Y a partir de ahora (que conste), después de cada capitulo, nombraré las obras que aparecen como referencia (si es que las hay).

Sin mas, disfruten del capitulo.


Capítulo 3: Cuentos de Alicornios

El tacto, es el primero de los sentidos que toma conciencia en el cuerpo de Twilight.

Una punzada en el costado delantero, apenas la percibió. Otra un poco más fuerte, la princesa arrugó la cara.

—¿Qué haces, Scoots? —dijo un potrillo asustado.

—¡Shh! Está dormida —dijo Scootaloo.

—¡¿Está viva?! —susurro el potrillo.

—¿Qué creen que sea? —Preguntó otro—. ¿Un alicornio?

—¡No seas tonto, Button! —Renegó el primer potrillo—. Los alicornios no existen. Es obvio que es un experimento de la bruja.

—No crees en alicornios, pero si crees que un poni terrestre pueda hacer magia —se burló Scootaloo.

Twilight empezó a abrir los ojos. Entre las manchas que su nublosa vista le era capaz de ofrecer, vio a Scoots, la pequeña pegaso color naranja, y a quien debía ser Button, un potrillo de colores marrones, parados junto a ella. Sus cabezas dirigían su atención hacia una mancha gris y gorda que se excusaba pobremente ante sus compañeros.

Las manchas tomaron la forma de los potrillos. Uno de ellos, el gris, fijó la mirada en Twilight y los músculos le temblaron, los ojos se le agrandaron y las pupilas se le contrajeron.

—¡Despertó! —Chilló dándose a la fuga.

Button, en acto reflejo, hizo lo mismo que su amigo. Ambos, en un abrir y cerrar de ojos, se desvanecieron y solo quedó de ellos los ecos de socorro que gritaban.

Pero Scoots lo máximo que se alejó de la purpura fue un par de metros. Su miedo era grande, más no tan grande como su curiosidad.

Twilight, con esfuerzo, logró sentarse. Cabeceó a un lado y al otro, no reconocía el lugar. Sentía que su cabeza flotaba y sus extremidades estaban débiles.

Estaba en un callejón estrecho, un carro y poco más de anchura, hecho un lodazal. Parecía haber llovido recientemente. Tachos en cada punta desbordados de podredumbre, algún que otro montón de cajas acomodadas como si fueran un refugio. Las paredes porosas y sucias de ladrillo rojo, construido a las apuradas. Improvisadas sogas como telarañas con ropa mojada. No importaba cuanto las lavaran, a pesar de que su suciedad desaparecía, no lo hacia su vejez.

Twilight se dio cuenta de que sus amigas no estaban con ella y sacudió la cabeza bruscamente para quitarse de encima el ensueño.

—¿Spike? ¿Applejack? ¿Rarity? —llamó sin resultado alguno—. ¿Chicas? ¿Dónde están todos? —Pronto reparó en la pegaso—. Scoots ¿Qué haces aquí?

Scootaloo se sobresaltó al oír su nombre.

—Yo-yo vivo por aquí, señora. —dijo tímidamente—. ¿Cómo sabe mi nombre?

Twilight no asimilaba las palabras que la pequeña e introvertida pegaso soltaba, tan diferente de la audaz, capaz de hacer todo por probar ser digna de su ídolo. Sabía perfectamente que la potrilla naranja vivía en Ponyville, no en ese lugar olvidado por Celestia ¡Y vaya que estaba olvidado! Pero ella no la reconoce. Se puso a pensar qué había pasado y recordó inmediatamente el reto. Lo último que alcanzaba a vislumbrar era algo con el hechizo de transportación y luego solo una negra laguna.

Volvió a mirar a su alrededor. No reconocía la arquitectura de los edificios ¿Será acaso…? Recordó haber leído una tesis sobre la magia y el poder viajar entre dimensiones, los mundos y las distintas líneas de tiempo. ¿Habrá hecho lo que ningún poni hizo jamás? ¿Habrá viajado a otro mundo?

A Twilight se le dibujo una sonrisa en el rostro y su orgullo se hinchó. Pero pronto se desvanecieron ambos cuando tomó conciencia real de la situación. Estaba atrapada y, si la suerte le era benévola, todas sus amigas estarían en distintas partes de ese mundo.

—Disculpe —llamó Scootaloo la atención de Twilight.

La poni bajó la vista para encontrar a la potrilla a centímetros de ella.

—¿Es usted una Alicornio de verdad?

Era doloroso verla: estaba sucia y delgada, parecía pasar hambre. Una de sus orejas estaba muerta, colgando y bamboleándose al compás de los movimientos de su cabeza; ¿Cómo la habrá perdido?. Su ala derecha estaba entablillada. Su mirada reflejaba la desesperada necesidad de aferrarse a la creencia de un mundo no tan vil.

La imagen de lo que ningún niño debería padecer estaba frente a ella, mirándola con esos ojos que estaban a punto de abandonar su creencia en la magia y los milagros, y de pronto presencian uno. Al principio tiene miedo: miedo de que no sea real, que sea otro truco, otra treta de la vida. Otra carnada para que muerda y darse cuenta, muy tarde, que del otro lado le espera otra encarnizada paliza. Pero de apoco la certeza va creciendo en lo más profundo de su corazón. Crece tanto que le duele. Se le hace difícil respirar y solo encontraría alivio si oye las palabras exactas salir de la boca de Twilight.

Pero cuando estuvo a punto de responder se escuchó a la distancia a una poni gritando el nombre de Scootaloo. Era su madre llamándola para el almuerzo. La potrilla respondió, pero no se fue sin antes darle una última mirada a la alicornio.

Twilight finalmente se encontró sola.

Sintiéndose completamente recuperada, se incorporó y se alejó del callejón. Sin embargo las otras calles no estaban en mejores condiciones. Twilight pudo notar que mucho antes habían sido asfaltadas, pero ahora solo quedaban pequeñas islas de piedra descolorida.

Los edificios mostraban abandono y decadencia: las paredes despintadas, alguna que otra ventana rota y las puertas no tenían mejor aspecto. Las veredas llenas de pozos y una de cada tres farolas o estaba torcida o directamente fue arrancada de su pedestal. El lugar acentuaba su deprimente aura con el hecho de que no se veía ningún poni caminando.

Dobló una esquina y vio algunos carteles señalando los distintos negocios que había a lo largo de la calle: "Verdulería de Joe", "Panadería Cake", "Edna Moda's". Pero solo uno le llamó poderosamente la atención.

Se balanceaba peligrosamente de eslabones derruidos y un mástil oxidado. El cartel tenía la pintura descascarada y una capa de suciedad. Apenas se podía leer lo que decía:

CHUCHERÍAS PINKAMENA & DIANA.
Curiosidades. Compra/venta. Reparamos lo que sea.

El edificio del que se sostenía igualaba su condición. Las paredes de ladrillo visto rojo, en el mismo estado que los demás edificios; las grandes vidrieras estaban cubiertas de tierra y no se sabía bien que era lo que exhibían. La doble puerta que aún conservaba algunas líneas de pintura azul mostraban un cartel con la leyenda "Abierto".

Twilight, luego de dudar un momento, decidió entrar. El nombre de la dueña era similar al de su amiga. Podría intentar con la verdulería o la panadería, pero sentía de que, más que ayudarla, los Cake y Joe de ahí la tratarían de loca, y probablemente tendrían razón. No habría mucha diferencia si trataba con ella, pero sentía que debía de tomar el riesgo.

La puerta crujió y sonó una campanilla. Dentro del local la oscuridad era densa. Cientos de objetos de extrañas formas, cubiertos de polvo, formaban laberinticos pasillos. Un reloj de pie con un péndulo inmóvil, un juguete a cuerda de un elefante tirando todo un elenco de payasos acróbatas, una caja de madera oscura espléndidamente decorada con finos detalles.

Twilight examinó la caja con más detenimiento y descubrió que la caja funcionaba a cuerda. Le dio unas vueltas pensando el tiempo que pasó almacenada en ese lugar o su desconocido origen, sin mucha esperanza de que funcione. Entonces la abrió y, para su sorpresa, la caja cantó. Sobre ella danzaban dos enamorados de papel. El semental vestía un largo esmoquin color vino mientras que la yegua, un impresionante vestido que recordaba a un fénix en pleno vuelo. La melodía de la caja era la de una canción de cuna que le cantaban sus padres cada noche cuando era pequeña.

Twilight estaba hipnotizada con el danzar de las dos figuras de papel. Se podía tejer una historia de encuentros y desencuentros, de pasiones, de decepciones. Del amor venciendo toda clase de re-

— ¡Ey! —Dijo de repente una voz chillona detrás de Twilight—. ¡Si lo tocas, lo compras!

La alicornio dio un salto por el repentino reto y volteó para ver a la dueña de aquella voz: una poni terrestre, bastante molesta, de colores rosa, crin alborotada y ojos azulinos. Vestía una chaqueta color chocolate a botones y una camisa vainilla.

Twilight reconoció a Pinkie Pie en cuanto la vio, al igual que la rosada a la purpura. Sin embargo sus reacciones no fueron las mismas. Mientras que a la alicornio la alegría la abordaba y desbordaba, a Pinkie se le agrandaron los ojos, contrajeron las pupilas y el vello de la nuca se le erizó.

Antes de que Twilight tuviera tiempo de soltar palabra alguna, la rosada poni desapareció detrás del polvoriento mostrador que estaba al fondo.

—¡Lárgate! —Gritó desde su escondite—. ¡No eres bienvenida aquí!

—¿Pinkie? —Twilight se iba acercando con cuidado, tratando de evitar que la dominasen la confusión y el miedo—. Soy yo, Twi…

—Sabemos quién eres Sparkle —Interrumpió—. Y no te quere… Espera un minuto.

La poni de crin de algodón de azúcar asomo su cabeza y escaneó con la mirada a la poni purpura. Luego fijo su mirada en los ojos de la otra.

—¿Cómo me llamaste?

—Pinkie. Ese es tu nombre ¿Cierto?

La sonrisa de Twilight reflejaba su incertidumbre y confusión al extraño comportamiento de la poni rosa. Pinkie viró los ojos y soltó un gruñido antes de salir de su refugio.

—Maud solía llamarme así —dijo con desagrado—. Ella y sus estúpidos diminutivos. Pero es curioso, nunca nadie supo de eso.

La rosa rodeó a la purpura.

—¿Cómo? —continuó—. ¿Cómo es que alguien como tu sabe eso? ¡No! Olvídate de eso. Hay preguntas más importantes.

Pinkie empezó a avanzar, amenazante, hacia Twilight quien retrocedía dominada cada vez más por la confusión y el miedo.

—¡¿Cómo es que lo lograste?! Fue Rarity ¿No es así? ¡Esa bruja inescrupulosa!

—Pinkie, ¿De que estas hablando? —Twilight estaba cada vez más asustada ante la agresividad de una cara familiar.

—¡Me llamó Pinkamena! ¡¿Acaso eres tonta?!

Pinkamena perforó con su mirada los aterrados y húmedos ojos de la alicornio. Leyó en ellos la verdad y su ira se aplacó, suavizando la expresión en el rostro de la rosada.

—¡Imposible! Tú no eres Sparkle.

Se alejó de la temblorosa poni y empezó a balbucear consigo misma. Su cabeza era un péndulo, su mirada temblaba y enfurecía, y temblaba de nuevo. Pronto volteó con lengua afilada.

—Habla.

—¿C-c-cómo dices? —susurró, porque el instinto se lo decía.

—Debe haber una historia detrás de ti, todos tenemos una ¿Cuál es la tuya?

Twilight no veía otra opción. Necesitaba ese rostro familiar de su lado, porque aún confiaba en él y no tenía a quien más acudir. Así que lo soltó todo, el reto, el accidente, su teoría, todo. Pinkamena solo oía con atención cada palabra que la alicornio regurgitaba entre tartamudeos y muletillas. Cuando al fin terminó su historia la rosada poni soltó una enérgica carcajada.

Pero no una agradable de oír.

—Déjame ver si entendí bien ¿vienes de un mundo donde se practica magia y un hechizo fuera de control te trajo aquí? ¡Esa es la historia más ridícula que he escuchado!

—¡Pero es verdad!

—¡Ja! Sabes cuál sería una verdad más plausible: tú, un experimento que se escapó de Rarity Industries, buscando refugió conmigo inventando una historia descabellada.

—No soy un experimento de nadie —Twilight se estaba quebrando.

La repugnante carcajada de Pinkamena tronó con más fuerza.

—¡No puede ser! Y haz llegado a repetirte tanto tu mentira que terminaste creyéndotela ¡Que pa-té-ti-co!

—¡Basta! —Estalló la alicornio.

La frustración y la ira invadió cada hebra de su ser. Cada vena, cada arteria hirvió en magia. Magia que se apoderó de cada objeto del lugar, hasta la última mota de polvo. La yegua de crin rosa tembló de miedo una vez más, creyendo que se trataba de una manifestación divina.

—No hables más. Te lo advierto ¡no quiero oír sonido alguno salir de tu boca! No soy un experimento, no soy una mentirosa. No soy nada más que una poni asustada y que está buscando una explicación a todo esto y lo único que encuentra es a una estúpida yegua ¡con la cara de su amiga!

Enfatizó sus últimas palabras con un fuerte golpe de cascos al suelo, haciendo templar la estructura entera. Cada objeto cayó al suelo con su particular estrépito, quebrándose, astillándose, rompiéndose en el proceso.

Twilight volvió a tomar conciencia de lo que la rodeaba. Nubes de polvo, muebles astillados. La bella caja musical, rota a sus pies. La poni rosa temblando, encogida del terror contra el frente del mostrador.

—Celestia ¿qué he hecho? —Susurró Twilight—. Lo… lo siento tanto. No quise…

—Es imposible —hiló débilmente Pinkamena—. Tú no deberías existir ¡Los alicornios no existen!

Twilight recordó la discusión entre los tres potrillos. Los alicornios no existen había dicho uno ¿Qué querían decir? ¡Claro que existen! Ella misma es una prueba de ello.

La purpura trató de convencer a Pinkamena de que lo que afirmaba era algo absurdo. Pero la rosada solo miraba una estantería hecha añicos, con algunos libros desparramados alrededor de ella. Más en concreto, al pequeño montículo de libros.

Twilight comprendió que Pinkamena todavía estaba dominada por el miedo y decidió tomar distancia. El silencio dominó la tienda durante varios minutos que a Twilight se le hicieron insoportables. Cantó entonces el arrullo que le cantaban sus padres.

Pinkamena oyó cantar a ese omnipotente ser y sintió su corazón descansar. Su cuerpo se entregó a las serenas notas de su voz y pronto la divina figura desapareció de su vista, y fue remplazada por una yegua de pelaje purpura que se sentía sola. La poni de crin algodonada se incorporó y camino despacio hacia Twilight.

—Los alicornios si existen —dijo la poni de crin lavanda cuando terminó de cantar—. ¿Verdad?

Pinkamena no medió palabra con ella. La miró a los ojos y su corazón sintió algo que no había sentido en mucho tiempo: lástima. Fue hasta la astillada estantería con el montículo de libros y volvió con uno. Se lo ofreció a Twilight quien, confundida, lo tomó.

—Estaré en la cocina preparando té —dijo antes de desaparecer detrás del mostrador.

Twilight, nuevamente, se encontró sola.

Inspeccionó la tapa del libro. En ella estaba ilustrada la montaña de Canterlot, pero el castillo en ella era más austero, frio y oscuro que las majestuosas torres blancas de la ciudad. En el firmamento nocturno dos estrellas destacaban entre sus pares. Tanto que competían con el brillo de la luna. Debajo y por delante, seis unicornios, tres con joyas en forma de sol y tres con lunas, encapuchados con capas color vino, alzaban sus cuernos apuntando a las estrellas.

Abrió la primera página del libro y lo primero que leyó fue: "La tragedia de las Hermanas y su Legado."

Miró de nuevo la tapa. La ilustración estaba hecha para un libro infantil, pero el título no parecía querer atraer un público semejante.

Pasó de página y comenzó a leer.

Hubo una vez, hace mucho, mucho tiempo, en el reino de Equestria, dos nobles hermanas que reinaban juntas y creaban armonía en la región. Para hacerlo la mayor usaba su poder de unicornio para traer el amanecer, la menor traía la Luna al anochecer.

Así le daban equilibrio al reino y a sus súbditos, todas las variedades de ponis. Pero con el tiempo, la menor se llenó de celos.

Los ponis jugaban en el día que la mayor les brindaba, pero dormían durante la hermosa noche.

Una noche fatal, la menor se negó a bajar la luna para dar paso al día. La hermana mayor quiso razonar con ella, pero la amargura de la menor la transformo en un monstruo oscuro con el único deseo de sumir al reino en la noche eterna.

Con pesar, la mayor usó una magia, olvidada ya por los ponis, para derrotar a su hermana. Pero algo salió terriblemente mal. La misteriosa magia tomo el control de la batalla, amenazando con la destrucción de todo el reino. La hermana mayor como último acto de valor, destruyó la magia y ambas hermanas desaparecieron para siempre.

Desde entonces, y generación tras generación, un grupo de seis unicornios se hicieron responsables del Sol y la Luna, así como también de inculcar los valores que las hermanas transmitieron generación tras generación.

Se bautizaron como la "Logia de la Noche y el Día", cumpliendo así la última voluntad de las hermanas.

Palabra tras palabra, frase tras frase, una a una, filosas y frías, se clavaban en el pecho de la alicornio. Tan dolorosas que olvidó como respirar. Tan ruines que destruyeron su realidad. Tan insensibles ante los paralizados parpados. Tan pesadas que el libro se hizo insostenible y ahora caía hacia su inevitable choque. Tan crueles que su garganta no encontró palabras de consuelo y, en un acto desesperado, su mente trató de consolarla sacando a flote todo recuerdo de aquella que fue alguna vez su protectora, su confidente, su maestra y tutora, la que le enseño el valor de la amistad.

Al chocar el libro contra el suelo, esas sádicas palabras tomaron nuevos bríos que se clavaron aún más hondo en el pecho de Twilight. Y recordó cómo respirar, y sus ojos recordaron cómo llorar… y su garganta recordó cómo gritar.

—0—

Alma que lloró en pena, ahora con lágrima seca, mira su alrededor: todo muerto, todo frio. Twilight, así, se aisló del mundo. Cada movimiento era mecánico: tomar la taza, sorberla, estaba fría, dejarla descansar en el plato. Pinkamena se disculpó por la falta de azúcar. No le importó.

Después de casi desfallecer Pinkamena apareció y la guió hacia la cocina. Un estéril espacio de azulejos en el piso y las paredes, una cocina, algunas alacenas y muebles, una mesa y dos sillas; todos blancos. Una única ventana cuadrada dejaba filtrar una luz verdosa, lo que le daba al pequeño espacio un tono enfermizo.

—¿Cómo son ellas? —Preguntó Pinkamena, queriendo romper el incómodo silencio.

Twilight, en su introversión, no entendió de quienes estaba hablando la poni rosada. Tampoco era muy clara preguntando por las amigas de la alicornio.

—Oh… —exclamó Twilight terminando de comprender la pregunta de Pinkamena—. Si, mis amigas. ¿Por dónde podría empezar?

Tantos recuerdos, tantas alegrías y tristezas, tantos momentos divertidos, tantos frustrantes, tantas aventuras compartidas, cuantos valores aprendidos. Si no estaban ellas para aliviar su corazón, lo estaban sus recuerdos.

—Sabes, antes de Ponyville, pensaba que las amistades eran una distracción, un obstáculo que impedían alcanzar metas realmente importantes. ¡Que ingenua que era en ese entonces!

"¡Excelente trabajo, Pinkamena!" se reprochó en sus adentros la poni rosa. "Ahora tendrás que soportar sus cursilerías."

—No estaba del mejor humor en mi primer día en Ponyville cuando conocí a Pinkie —continuó Twilight—. ¡No tú, por supuesto! Otra Pinkamena que le gusta que la llamen Pinkie.

"¿Tan patética soy en tu mundo?"

—Entusiasta, enérgica, siempre tan feliz. Es capaz de iluminar el día de cualquier poni, no importa cuán triste esté. Siempre esforzándose en hacer las mejores y más divertidas fiestas. Vive para ver a sus amigos y familia sonreír todos los días.

"Yo desistí de hacer eso hace largo tiempo."

—Otra que tiene a la familia y amigos por delante es Applejack.

"Naturalmente tenía que ser amiga de esos locos."

—Ella y su hermano son los ponis más simples que he conocido. No tienen más aspiraciones que ver su granja producir incansablemente las mejores manzanas de toda Equestria. Trabajadora, honesta, feliz y orgullosa de lo que es.

Casi tan orgullosa como Rainbow Dash.

Pinkamena casi escupe el té que estaba bebiendo. "No puede estar hablando enserio. ¿Amiga de un Rainbow?"

Es curioso como los recuerdos tienen tanto el poder de torturar y atormentar como aliviar el dolor de un corazón herido. Tanto las grandes aventuras como como los pequeños momentos. Estos últimos, los más atesorados, son los que definen quienes somos y cuan valiosas son las personas que nos rodean. Un trago de agua dado a un amigo sediento. Una frase que escapa de nuestro pensamiento, pero con una profundidad inesperada. Una mirada compasiva y una sonrisa comprensiva dada en un momento de angustia. Contar un chiste en medio del estrés. Un momento de coraje que te obliga a salir de tu seguridad.

Mientras más lo piensas, más te das cuenta de que no estás solo, nunca lo has estado, aunque estés seguro de ello.

Twilight abrazó los recuerdos de sus amigas y dejó que la invadan.

El de Rainbow Dash, tan segura de sí misma, a veces rayando la vanidad, pero siempre fiel a sus amigos y principios.

Rarity, la más fina de todas sus amigas, quizás demasiado fina. Podría decirse de ella que creció en las más altas esferas de Canterlot. Pero no. Ella es nativa de Ponyville y orgullosa hija del pueblo que la vio crecer, aunque no quiera admitirlo. Gran artista y del más generoso corazón.

A la tímida Fluttershy le era toda una hazaña darle su nombre a un desconocido cuando la conoció. ¿Cómo sobrevive socialmente si se espanta por un simple hola? Y en menos de un año había superado tantas barreras, y su confianza, crecido a pasos agigantados. No podía evitar sentir orgullo y admiración por la pegaso color manteca.

Y Spike…

—¿Un novio? —insinuó Pinkamena con una picara mirada.

La poni rosa se había rendido. Casi se ahogó con el té cuando la alicornio habló sobre Rarity como una de sus amigas. Su historia no tenía ni pies, ni cabeza. La única explicación posible, para que alambrara con lógica todo lo que ella estaba diciendo, era que existía de verdad un mundo con las hermanas vivas y reinando, como el descrito por Twilight, ¡algo totalmente descabellado!

Pero ya no importaba. Pinkamena optó por creer en las bobadas de Twilight antes que contraer migraña tratando de darles sentido.

—¡¿Qué? No! —Respondió la alicornio, con un claro gesto de rechazo—. Él es mi asistente número uno. Además es un bebé dragón, pero muy maduro para su edad.

—Un segundo —interrumpió Pinkamena. ensombreciendo su expresión—. ¿Tienes un dragón? ¡Por favor, dime que no lo trajiste aquí!

Twilight no pudo responder a la pregunta, pero tampoco necesito dar una. La rosada la obtuvo con solo mirar dentro de sus ojos. Y en un arranque de ira, reventó la taza de té que sostenía en sus cascos contra la pared.

—¡NO PUEDES SER TAN IDIOTA! —rugió la rosa—. ¡Tú mundo debe ser todo dulces y arcoíris! "Los alicornios existen" ¡¿Cómo puedes ser tan ingenua?!

—No-no entiendo… —tartamudeó Twilight, asustada.

—¿Qué no entiendes? Tú y tu brillante cabezota deberían haberlo notado ya. Esta no es una Equestria amigable para los ponis y mucho menos para un dragón. Tu "queridísimo asistente número uno" será cazado, si no es que lo estén cazando ya, por el poder que puede otorgar. Así ha sido durante el último milenio con cada dragón ¡hasta su extinción hace ciento cincuenta años!

A Twilight se le estrujó el corazón. Hasta ese momento no había reparado en la ausencia de Spike o lo peligroso que podía ser ese mundo para él, y se detestó por eso.

Siempre se procuró garantizarle seguridad. Tanto con Nightmare Moon como con Discord ella se cercioró de que el dragón no saldría de la biblioteca sin su consentimiento. Era su responsabilidad, su prioridad. Nunca conjuraba un hechizo sobre él sin antes estar completamente segura de no dañarlo, o al menos ser capaz de revertir los efectos.

Cuando el deber llamó al Imperio de Cristal, la razón por la que aceptó que la siguiera en su búsqueda del corazón, fue para asegurarse de que no saldría de las inmediaciones del castillo. ¿Quién sabría cuando Cadance podía volver a fallar?

Y ahora estaba perdido ¡quizás solo! En una ciudad desesperada, sin sentido, sin límite en su codicia. No debía perder más tiempo. Pero cuando por fin se dispuso, Pinkamena le bloqueo la salida.

—No vas a salir de aquí hasta ocultar esas alas. Si saben que buscas un dragón con esa forma lo van a cazar con más ahínco. Hay que jugar inteligente si lo queremos sano.

La razón tardo en llegar a Twilight. Luchó contra los argumentos de la rosada, luchó contra sus intentos de detenerla. Pero cuando puso un casco en la puerta, se vio a sí misma y vio que Pinkamena tenía un punto "Los alicornios no existen:" No sabía nada de la Equestria que se extendía frente a ella. Lo único que podía hacer era confiar en la terrestre.

—Toma —Pinkamena le extendió un trozo de papel y una llave—. Es la dirección de una amiga, podemos confiar plenamente en ella. Tienes mi armario en la planta alta y algunas ropas en la tienda para ponerte. Cierra con llave cuando salgas.

—¿A dónde vas?

—A buscar rumores sobre tu dragón. Una criatura así no pasa desapercibida. Nos vemos aquí en dos horas.

—Pero…

—Es mejor que nos dividamos, ocuparemos más terreno —Tomó uno de los cascos de la princesa y lo envolvió entre los suyos—. Nos será más fácil encontrarlo así. Confía en mí. ¿Puedes confiar en mí?

Twilight trató de buscar mentira en los ojos de la rosada, pero lo único que encontraba en ellos era el reflejo del puro y honesto deseo de ayudarla. Suspiró y afirmó con la cabeza.

—0—

Se despidieron y Pinkamena tomó su habitual camino hacia un bar ubicado en una calle importante, a un par de cuadras de su negocio. Era el mejor lugar para empezar e iba ahí cada noche después de "ver como juntaba polvo la mercancía", usual manera con la que llamaba su trabajo.

El lugar tenía su elegancia a pesar de su decadente clientela y el desinterés de sus dueños en lo que a mantenimiento se refiere.

Pinkamena se sentó en una mesa cerca de la radio. Estaban pasando una popular canción de los Jazz Moons.

Al aproximársele uno se los mozos, ella ordenó lo de siempre. Y, disfrutando su jarra de sidra, escucha atenta a los murmullos que pululaban entre las demás mesas.

La mayoría eran comentarios sobre la repentina tormenta eléctrica de hace un par de horas atrás. Un obrero de Rarity Industries estaba temblando, contando que había visto a las bestias cargar un bulto fuera de las instalaciones. Interesante rumor. Quizás el dragón de Twilight tuvo la desgracia de parar en ese horrendo lugar.

"Otro para ella" pensó Pinkamena.

Pero había un borracho habitual del lugar que no paraba de vociferar su alocada historia. Una que a la poni rosa le llamó poderosamente la atención.

—¡Pero es verdad! —Gimió el alcohólico poni tirando de la camisa de uno de sus reidores.

Él y tres ponis más, estaban sentados en la barra. El trio se mofaba del pobre borracho agitándole una jarra que, cada vez que lo intentaba, no podía alcanzarla.

—Los vi con mis propios ojos.

—¡Ridículo! —Dijo el poni de la camisa mofándose de él—. Si fuera cierto esos monstruos que la guardan te hubieran devorado sin dudar.

—Pe-pero… —balbuceaba parte por el alcohol que llevaba dentro, parte por el alcohol que no logrará tragar.

—Ya basta —dijo otro—. Me deprimes —luego se dirigió al cantinero—. ¡Nos vamos Joe!

El poni de la camisa dio un fondo blanco a la jarra, disfrutando como las lágrimas brotaban de aquel patético ser. Pagó las bebidas a Joe y se fue, dejando al pobre ebrio buscando señales de una gota en el fondo de la jarra.

Lentamente, Pinkamena se aproximó a él.

—Ay, pobre ¡pobre! Thunderlane —Dijo la rosada rodeándole la nuca con una pata—. Tan sediento, sin dinero, sin nadie generoso de pagarle un trago.

Puso en frente de del pegaso su jarra rebosante del dorado líquido. A Thunderlane se le agrandaron las pupilas. Pero en cuanto intentó tomar la jarra, Pinkamena rápidamente la alejó.

—Dime ¿A quiénes viste?

—Ya dije ¡ya les dije y nadie quiere creerme! ¡Rarity y el dragón! Los vi paseando juntos.

El desprolijo pegaso, en un salvaje impulso, le arrebató la jarra a Pinkamena. Ella, sin embargo, no se enojó, ni siquiera mostró molestarse, solo dibujó una amplia y placentera sonrisa.

—Eres todo un tigre en los negocios.

—¿Qué quieres decir? —preguntó Thunderlane sintiéndose terrible por su comportamiento.

—Quitarme mi único medio para negociar cuando estamos a la mitad de la transacción, así no tenga otra alternativa que darte más. —sin alterar la sonrisa, acercó sus labios a la oreja del pegaso y le susurró—. Te daré cinco más si me dices el lugar exacto donde los viste.


Siguiente capítulo:Partes Faltantes.

Fe de erratas:

En el proceso de subir el capítulo, me olvide de decirles algo: Además de enlistar las referencias de otras obras (sean películas, libros, series de TV), también pondré en esta misma sección, canciones y temas que cantan y tocan los protagonistas (Con la contraparte de Applejack pasará bastante de eso).

Esto no lo tienen que tomar como algo obligatorio, sino mas bien como una sugerencia.

Esta en particular la descubrí cuando ya, hacía rato, estaba hecha la parte de la cajita musical y el recuerdo de Twilight con el arrullo de sus padres, ¡y me muero por compartirselas! :D

Arrullo que Twilight recuerda: Wonderer's Lullaby, de Adriana Figueroa.

Eso es todo. Espero que hayan disfrutado del capitulo, comenten y nos leemos luego n_n