18:45h.

Vuelvo a casa andando. Está oscureciendo, y yo he de estar en casa a las 7. Pero eso ahora mismo me importa un bledo. A ver qué me invento ahora para decírselo a Ed…. Cojo unas monedas de mi bolsillo, las meto en una cabina telefónica y marco el número correspondiente. Nada más decirle que he perdido los papelajos, empiezan a lloverme palabras desesperantes.

-¡¿Cómo que los has perdido?!

-¡Te juro que esta mañana los tenía! No sé qué ha pasado. Me los habrán quitado o…

-¡Es que no tienes cuidado de nada! ¡Solo eran unos papeles de nada!

-No hace falta que me grites….

-¡Pues te acabas de cargar la oportunidad de conseguir el trabajo!

Después de estas palabras, Ed cuelga. Yo hago lo mismo maldiciendo para mis adentros.

-Mierda… Vaya día… Todo me tiene que pasar a mí….

Y es que todo me pasa a mí. ¿Quién nació con un ojo de cada color? Pues yo. ¿Quién va a tener un cumpleaños "agradable" como siga esta racha de infortunios? Pues yo también. ¿Y quién tiene ganas de aislarse en su mundo y olvidarse de todo de una vez por todas? Dejadme adivinar… Sí, yo.

Esta trece añera que cumple años muy pronto a la que todo le pasa se llama Kylie Hyde. Tengo una melena pelirroja, heterocromía (los ojos de diferente color) y un gusto para la ropa de lo más extraño. Cada día llevo corbata, a todas partes. Es un complemento indispensable de mi indumentaria. Siempre estoy metida en mi mundo, soy de lo más arisca y tiendo a meterme en cosas que no me incumben. Tenía la oportunidad de conseguir un trabajo temporal, pero nada, ya no lo tengo. Vuelvo a casa después de un día de perros.

Subo los peldaños de las escaleras para llegar a las puertas, pero al mismo tiempo que yo subo, alguien baja. Un chico, tal vez un poco mayor que yo, vestido en su totalidad de negro, con una gorra grande y gafas de sol. Tiene aspecto de niño rico. Se mete en un coche y desaparece. Me quedo aturdida un instante y sigo con mi marcha.

Abro la puerta del edificio que hace esquina, el bloque de apartamentos Cape West. Es un edificio muy antiguo, pero no me importa. Yo vivo en el 202 con mi padre, mi madre y Kya. La verdad es que es un espacio un poco pequeño para los cuatro, pero nos arreglamos como podemos. Cuando yo era pequeña, tuvieron que hacer obras y abrir un hueco en una pared para hacerme mi cuarto. Bueno, cuarto… Casa de muñecas… Con lo pequeño que es… Y encima he de compartirlo con Kya…

Mientras pienso en todo esto voy andando por el vestíbulo y veo a una chica castaña, bajita, vestida con ropa urbana, mirando el tablón de anuncios. La reconozco al momento.

-Hey…

-¿Qué pasa? Oh, pero si es la señorita Hyde. ¡Qué gran honor!

La chica se llama Sue Wolf. Tiene 12 años. Es una especie de música en horas bajas. Últimamente, no le va muy bien. Sus padres están de viaje de negocios, así que ella se queda en el 201, el que está enfrente del mío.

-¡Cuánto tiempo sin vernos, colega!

-¿"Cuánto tiempo"? Nos vimos hace tres días.

-Buf, ¡Eso es mucho!

-Pues créeme, a mí me basta con una vez cada tres días.

-Tú siempre tan agradable, ¿Eh, Hyde?

-Di lo que quieras, Sue. Oye, al entrar he visto a un chaval de negro con gorra y gafas de sol. ¿Sabes de quién te hablo?

-¿Ese de aspecto finolis? Ah, sí. Habrá venido a ver a alguien, porque no puede ser que un ricachón viva aquí. Ya le tendría en mis archivos.

-Ya, me lo imagino. Pero es que así no me ayudas…

-¿Acaso nuestra Hyde se ha enamorado?

-¡No digas tonterías! Simple curiosidad.

-Sí, claro…

-¿No te has planteado hablar menos? Bah, déjalo. Me voy a mi casa…

-Vamos, no seas tan fría. ¿No te apetece charlar con tu amiguita Sue?

-¿Tú crees que somos amigas?

-¡Por supuesto que sí! ¡Mejores amigas para toda la vida! Vivimos enfrente, ¿No lo pillas?

-¿Y qué? Yo creo que el hecho de vivir al lado no nos hace amigas.

-¡12 años bajo el mismo techo, ni más ni menos! ¡Eres como mi familia!

-¿En serio lo crees así?

-Te lo juro. Oye, y ya que somos tan amigas…. Tenía un favor que pedirte…

Claro, ya estaba tardando mucho. A ver qué es esta vez…

-¿Qué?

-Es que… Necesito algo de dinero. Mi hermano tiene un problema en la garganta. Necesita un jarabe, pero no veas lo que cuesta. ¡500 pavos, ni más ni menos!

-Oye, me sabe fatal, pero no tengo tanta pasta.

-¿Ah, no?

-¡Pues claro que no! Siempre me haces quedar mal.

-Pero tú tenías un trabajo, ¿No?

Oh, genial. Ya me lo ha recordado.

-No te preocupes por mi trabajo, anda. Sabes que si tuviera esa pasta, te la dejaría.

-Ya…

-Oye, ahora que lo pienso… Tu hermano va a mi clase. ¡Yo no le he visto nada raro en la garganta!

-Es que… Mierda, ¿De dónde saco pasta ahora para ese traje?

¿Un traje, dice?

-¡Eh, tú! ¿Cómo que un traje? ¿Ibas a engañarme otra vez?

-No, no, es solo que… Quería comprobar a dónde llegarías por mí…

-Sí, ya, lo que tú digas. No tienes remedio, Sue. ¿Acaso ya has olvidado lo de la semana pasada?

-¡Tía, olvídalo ya! ¡Te dije que solo fue una bromita sin importancia!

-Esta vez tu hermano también estaba enfermo, pero se había partido la pierna. Vaya trola me soltaste. No sé qué hago hablándote.

-Es que yo…

-Me envolviste en otro de tus trucos. Tuve que recorrerme medio mundo para encontrar pasta para pagarte el taxi al médico.

-Ya, pero…

Me cabreo de verdad solo de acordarme.

-¡Y después me entero de que estabas en la disco con un tío!

-Ya te he dicho que lo siento, colega. No seas así, anda. Te prometo que no lo haré nunca más.

-No sé yo… Ya no sé qué creer de ti. Seguro que el mes que viene será la misma historia.

-¿Eh? ¿El mes que viene? ¿Ahora me engañas tú?

-¿Cómo dices?

-¡Se acabaron nuestras charletas el mes que viene!

-¿Cómo que el mes que viene? ¿Qué es lo que tiene que pasar para que no nos veamos más el pelo?

-Espera…. ¿No te has enterado? ¿No has leído esa carta?

-¿De qué carta me estás hablando?

-De la de la casera. Nos envió una carta a todos los inquilinos hace ya unos días. Ahora que lo pienso… ¿Hace cuánto que no miráis el correo? Tienes el buzón a reventar.

-Mi viejo no mira demasiado el buzón. Como solo le llegan chorradas, lo mira más o menos una vez a la semana. Mi madre siempre anda muy ocupada, y yo… Pues es que no me acuerdo nunca.

-Así te va… ¿No te aburres de estar aislada del mundo?

-No tengo ni idea de qué me estás contando. En lugar de eso, cuéntame lo que ponía en la carta de la casera.

-Pues básicamente que nos tenemos que pirar del bloque.

-¡¿Cómo?! ¿Y eso por qué?

-Al parecer, la casera, la señora Patrice, ha decidido vender el bloque. Y me parece que lo tirarán abajo.

Mierda, qué asco de día…. Primero me quedo sin el trabajo que intenté ganarme durante meses… Y ahora tendré que mudarme.

-¿Y dices que tus viejos no se han enterado?

-Qué va. Verás cuando se enteren…

Se oye una voz de chico bajando las escaleras.

-¡Buenas, chicas!

-¡Tommy, hermanito!

-Hola, Sue. Ah, hola, Kylie. Ni te había visto…

El chico es Tom Wolf. Va a mi clase. Normalmente vive con su hermana en el 201 mientras sus padres están en el 203, pero como sus viejos no están temporalmente, él se queda en el 203. Tiene un grupo con su hermana, y la verdad es que él cae bien a todos. Casi siempre le llamamos Tommy.

-No te lo vas a creer, Tommy. ¡Kylie no se había enterado de que hemos de largarnos!

-¡Hala, me estás tomando el pelo!

-Qué va, Tom. De verdad que es la primera noticia que tengo.

-¿Entonces no sabías nada? ¡Ja, ja, ja, ja, ja!

Me vuelvo a mosquear.

-¡No tiene gracia! ¡No creo que tengas que reírte de eso!

-Perdona, Kylie, pero tienes que reconocer que este tipo de cosas solo te pasan a ti.

Otro con lo mismo. No hacen más que recordarme que todo me pasa a mí.

-¿Qué tal está tu prima?

-¿Kya? Bien, bueno… Está en el médico.

-¿Tu prima está enferma? ¿Por qué no me lo cuentas?

-¿Para que te aproveches de alguna manera, Sue? No, gracias.

-Lo que tú digas.

-¿Y qué haréis vosotros?

-Yo llamé a mis padres para contárselo. Nos marcharemos dentro de unos días a un nuevo apartamento.

-¿En serio, hermanito? ¿Por qué nadie me cuenta nada?

-Si nunca coges el teléfono, hermanita. Siento tener que dejaros, pero he quedado con Jake, Ryan y David. ¡Chao!

Tom abre la puerta y sale a fuera. Un poco tarde para quedar, pero los chicos siempre han sido raros. Al menos, los que conozco.

-Oye, Hyde, yo me voy a ir pirando también. Me tomaré un helado o algo… Y si no me llega, daré un voltio, a ver si el aire fresco me despeja…

Sue se marcha por el mismo camino que su hermano.

-Creo que será mejor que abra el buzón.

Cuando me dispongo a hacerlo, oigo una voz femenina algo sosegada.

-Oh, es usted, señorita Hyde.

-Señora Patrice.

La casera. Lleva un moño alto de color rubio teñido, porque a esa edad… Siempre va vestida muy… Clásica, por llamarlo de algún modo. También luce un collar la mar de raro. Por lo poco que sé es que su marido le dejó una herencia y ella la usó para transformar el antiguo hotel que era esto en apartamentos hará más o menos 27 años.

-Me alegro de verla, señorita Hyde.

No sé qué decir ahora…

-Por cierto, me parecía haber oído la voz de la señorita Wolf hace un momento. ¿Son amigas?

-Algo así. Y sí, estaba aquí, pero se acaba de ir.

-Es una lástima.

-¿Por qué motivo?

-Tenía algo que decirle.

-¿Sería mucho pedir que me dijera qué quería decirle?

-Es un tema algo desagradable. Se trata del alquiler. Aún no me lo ha pagado. Me ha dicho que hoy me lo pagaría sin falta, pero no ha podido ser.

-No entiendo. Creía que eran sus padres los que se encargaban de eso.

-Así es. El señor y la señora Wolf me lo comunicaron antes de irse de viaje. Me dijeron que cada uno de sus hijos ocuparía un apartamento en su ausencia y que le dejarían a cada uno el alquiler. Tom ya me lo pagó el otro día, pero aún no he recibido el de Sue.

-Comprendo… Tal vez lo haya perdido y lo esté buscando.

-Seguro… Y eso me recuerda otra cosa. Su padre también me dijo que me traería el alquiler, pero tampoco me lo ha traído.

No me lo puedo creer. Veo que no soy la única que queda mal delante de la gente. Mi padre es uno más.

-Lo siento. Se lo diré. Es que es un hombre algo despistado, seguro que se le pasó. Le daré el mensaje.

-Gracias. La verdad es que no me hace ninguna gracia hablar de este tema. Ahora, si me disculpa…

-Espere, señora Patrice.

-¿Sí?

-Recientemente me he enterado de que piensa vender el bloque.

-Así es. Es demasiado trabajo para mí sola administrarlo.

-¿Por qué motivo?

-Creo que se lo acabo de decir. Aunque hay varios motivos. Pero no quiero hablar de eso.

-¿Tan delicado es el tema?

-No me pregunte, por favor.

-Oiga, lo siento. No debería haberla presionado.

-No se preocupe. Discúlpeme usted también. Estoy algo estresada últimamente.

-No tema. Mejor la dejo tranquila.

-Gracias. Ah, otra cosa quería yo comentarle. El buzón…

-Lo sé, está a tope. Enseguida me iba a ocupar de ello.

-Gracias de nuevo. Si me disculpa…

La casera vuelve a su apartamento. Vayamos a hacerle una visita al buzón del 202 desde hace siglos ya.

-La combinación… La tengo apuntada en algún sitio.

Consulto mi agenda: 7 izquierda, 7 izquierda, 1 derecha. Después de introducirla en el dial, me pasa igual que en la taquilla. Una bandada de cartas por poco me tira al suelo. Hay millones y millones.

-¡Hala! ¡Cuánto sobre!

Lo recojo todo del suelo y le echo un vistazo a la carta de la señora Patrice. Dice lo siguiente.

Estimados inquilinos:

Siento comunicarles de que próximamente deberán desalojar los apartamentos. He decidido vender el bloque. Sepan asimismo que el nuevo propietario quiere demolerlo. Agradecería que me comunicaran lo antes posible cuándo piensan abandonar sus casas.

Siento las molestias.

Atentamente,

Margaret Patrice 14 de diciembre de 1995

Hace unos días que ya nos llegó esta carta. Lo que menos me apetece en este momento es despedirme de la casa que ha sido testigo de mi vida durante estos casi 14 años. En fin, subamos las escaleras. A ver si quedan algunas de mis galletas favoritas en casa para endulzarme un poco el día…

-Estoy molida….

Subo las escaleras. Antes de poder llegar a mi apartamento, me topo con una chica vestida a cuadros y una coleta castaña clara a un lado. Mira hacia abajo.

-¡Ey!

-¡Ah! Oh, disculpe, estaba pensando en lo mío.

-Si tienes un martillo en la mano. Me has dado un susto…

-Lo siento, pero es que lo necesito para mis tareas.

-¿Tareas?

-Sí, me encargo del mantenimiento. Estoy en una academia de ingeniería, así que supongo que soy la más indicada.

La chica es Holly Fitchar. Vive en el 304. Nunca me he relacionado con ella, pero a veces la veo por los pasillos. Es casi tan rara como yo.

-Ya veo.

-Tengo cosas que hacer, señorita Hyde.

-Así que te acuerdas de mí.

-Claro, tengo buena memoria. Si me disculpa.

Holly se marcha sin añadir nada más. Avanzo hasta el fondo del pasillo de la segunda planta para llegar a la puerta de mi acogedor apartamento.

-A estas horas lo más probable es que no haya nadie en casa….

Uso las llaves para abrir la puerta. Algo que había en la rendija se precipita. Un sobre blanco en su totalidad, sin nada escrito. Lo recojo del suelo.

-¿Qué demonios es esto?

Cierro la puerta tras de mí, enciendo la luz, rompo el sobre y esto es lo que leo:

Encuentra la Estrella Roja desaparecida hace 40 años en el hotel Cape West, que apareció hace 15 años y desapareció de nuevo hace 14.

-¿"Estrella Roja"? ¿Y eso debería sonarme?

La letra "t" está un poco más arriba que las demás. ¿Eso significa algo? Pero eso es lo de menos. Esto no tiene sentido. He de buscar algo que desapareció hace 40 años… Y para colmo, no sé ni qué es. ¿Será una broma?

-Tal vez no sea para mí… Al fin y al cabo, aquí vive más gente.

Gente, que por cierto, no está en casa. Avanzo un poco y abro la puerta de mi cuarto. A continuación, dejo la mochila junto a mi cama. No sé qué hacer ahora, así que me siento en mi cama y me pongo a pensar. Me decanto por lo fácil: Música. Cuando voy a abrir el cajón de mi mesilla para seleccionar un disco, veo que mi teléfono tiene la luz del contestador parpadeando.

-Vaya, un mensaje…

Le doy al botón y escucho una voz de mujer que reconozco perfectamente:

"Kylie, sobrinita, soy tu tía."

Mi tía Rochelle trabaja como secretaria de Ed, al igual que mi madre. Empezó por unas prácticas, pero le fue bien y ya es fija. Me suele llamar a menudo.

"¿Qué ha pasado que no tenías los papeles? Esta vez va en serio, Ed está mosqueado de verdad. ¿Vas a hacer algo para recuperar el trabajo? Intentaré ponerlo de tu parte, y seguro que tus padres me ayudan. Un besazo."

Ahora sí que la he hecho buena. En vez de escuchar música, podría pensar en cómo camelarme a Ed….

Hay otro mensaje. ¿Quién será esta vez? Le damos de nuevo al botón y suena una voz de chica que no me suena para nada…

"¿Kylie Hyde?"

¿De quién es esta voz?

"Necesito que busques algo por mí. Los detalles están en el sobre que te he dejado en la puerta. Cuento contigo, no me falles"

Así que la carta es para mí. ¿Quién diablos me ha podido enviar algo así a mi propia casa y por qué? Sea quien sea, me conoce… Brooke no puede ser, la voz que sonaba no era de víbora. Kya, seguro que no. Y tampoco creo que sea Sue…. Ni Holly….

Se abre la puerta. Dejo la carta en el cajón y decido callarme, al menos de momento.

-¿Kylie? ¿Estás en casa?

Mamá. Salgo de mi cuarto.

-Hola, mamá. Acabo de llegar hace poco. ¿Qué tal, Kya?

-Bien…

Kya tose. La verdad es que se la ve enferma.

-¿Qué le ha dicho el médico?

-Que en dos días estará como nueva. Solo tiene que hacer bondad y tomarse el jarabe.

-Sí…

-¡Madre mía, qué tarde es! Venga, a la ducha, que te acostarás muy tarde y no te aguantarás mañana en el colegio.

-Oh, eso no es un problema. Ya no tengo que ir más al cole.

-No… ¿Qué has hecho esta vez?

-Que no, que el director ha adelantado las vacaciones por las reformas. Ahora te doy el papel y las notas. De Kya y mías.

-Así que ya se ha acabado el cole…

-Exacto, Kya.

-Oh, Kylie, casi lo olvido. ¿Has ido a ver a Ed?

-Ah, eso… Pues no.

-¿No? ¿Cómo que no?

-Se me han perdido los papeles…

-¡¿Estás de guasa?! Ay, Dios…

-Y se ha mosqueado a tope conmigo.

-Jolines, Kylie, ya podrías tener un poco más de cuidado con las cosas.

-¡Que cuando he bajado al recreo los tenía! ¿Y ahora qué hago? Necesito el curro sí o sí…

-Yo mañana iré a trabajar. A ver si puedo calmar un poco a Ed.

-La tía Rochelle está en ello. Pero no será fácil.

Silencio. Mi madre suspira, y no me extraña, teniendo en cuenta lo desastre que soy.

-Kya, siéntate y descansa. Te prepararé un té caliente para que te sientas mejor.

-Gracias…

Kya se sienta en el sofá al tiempo que tose sin parar. La verdad es que no hace muy buena cara. Me voy a mi cuarto y cojo una manta para dársela a Kya.

-Toma. Te irá bien.

-Gracias, Kylie…

Me sonríe. Es como una hermana para mí. Una de las pocas personas en las que confío de verdad. Y ahora mismo llega otra de esas personas…

-¡Ya he llegado!

Mi padre. El hombre de la casa, pero yo sé cómo hacer que no se eche flores por ello.

-¿Chicas?

-Hola, papá.

-Anda, ya has llegado. ¿Qué tal, Kya?

-Cansada, pero estaré bien, gracias.

-¿Rachel?

-Hola, encanto. ¿Qué tal?

-Pues, si te digo la verdad, confuso.

-¿Y eso?

-¿Qué hace Ed con semejante mosqueo de repente? ¡Y justamente el día en que Kylie ha de traerle unos papeles!

-¿Y se puede saber por qué me miras a mí? ¿Es que acaso he de tener algo que ver?

Mi padre se me queda mirando con una ceja alzada.

-¡De acueeeeeeeeeeerdo! Yo soy la responsable.

-¿Qué ha pasado?

-Los papeles se han esfumado por arte de magia.

-¿"Por arte de magia"? ¿Seguro?

-¿Cómo que "seguro"? Yo no los he tocado. En el recreo estaban en mi mochila, pero ¡Zas! Han desaparecido.

-De acuerdo, lo que tú digas.

-Tendrías que hablar con Ed mañana para intentar bajarle los humos…

-¿Quién, yo? Me tiene fichado. ¿Por qué no se lo dices tú?

-Yo también tenía pensado ayudar, y mi hermana también. Solo faltas tú.

-Veré qué puedo hacer, pero no esperéis mucho de mí. Por cierto, ¿Qué te ha dicho el médico, Kya?

-Pues que estaré bien en dos días.

-Estupendo…

-Ahora le estaba preparando un té.

Me resigno a darme una ducha rápida y a comerme un yogur. Me pongo el primer pijama que encuentro y pienso en lo sucedido hoy. Por poco pierdo el autobús, nada nuevo. Llego a clase y me paso las tres primeras horas pensando en los papeles. Bajo al recreo después de asegurarme de que los papeles siguen ahí.

-Seguramente alguien los cogió de ahí en cuanto bajé la guardia.

Gruño.

-Seguro que fue la asquerosa de Brooke.

Después los papeles no estaban, quedé en ridículo delante de todo el mundo, Helmont nos anunció el adelanto de las vacaciones, todos los libros de mi taquilla se desplomaron sobre mí. Al ver que no tenía los papeles, llamé a Ed para decirle que iría más tarde.

-Qué tranquilo se oía entonces… Después fue otra historia…

Cuando le dije que no tenía los papeles, Ed se pilló un mosqueo de la leche y me dejó sin mi oportunidad. Después de hablar con Sue, Tommy y Holly, entré en casa y me enviaron una carta con un encargo extraño. ¿Qué hago ahora? Es que ni siquiera sé por dónde empezar…

-¿Qué es la Estrella Roja?

Esto fue antes un hotel, pero no tiene sentido buscar algo que desapareció hace 4 décadas. Y si apareció, ¿Por qué desapareció de nuevo?

-¿Kylie?

Kya entra en mi cuarto. Bueno, en "nuestro" cuarto. Es de las dos.

-¿Estás bien?

-Sí, sí, estaba pensando.

-¿Otra vez en tu mundo?

-Exacto.

-Yo me voy a dormir ya, estoy muy cansada.

-Claro….

Podría contarle lo de la carta a Kya…

-Oye, Kya…

-¿Sí?

-Quiero contarte algo.

-¿Qué es?

-Pero prométeme que no le dirás nada a nadie, ni a mis padres.

-Vale. ¿De qué se trata para que sea tan secreto?

-Mira lo que he recibido…

Le muestro la carta. Kya la coge y la lee para ella misma.

-Qué cosa más extraña…

-¿Verdad?

-¿Y no sabes quién te la ha enviado?

-Ni pajolera idea. Me ha dejado un mensaje en el contestador, pero no puedo reconocer su voz.

-¿Y por qué tú?

-No tengo ni la más remota idea, solo que alguien se ha dedicado a indagar por ahí.

-Estoy de acuerdo. ¿Y qué harás? ¿Aceptarás el encargo?

-Pues… No estoy segura. ¿Tú qué opinas?

-Yo no soy tú. Haz lo que quieras.

-Si lo acepto, ¿Me ayudarás?

-Claro, cuenta conmigo. Aunque no sé cómo serte de ayuda. Pero siempre que pueda serlo…

Se oye a alguien llamar a la puerta.

-¿Chicas? ¿Puedo pasar?

-Es papá.

-Esconde la carta.

Escondo la carta en el cajón de nuevo y ambas nos tapamos con los edredones para disimular.

-¡Adelante!

Mi padre entra en nuestra habitación.

-¿Ya os vais a la cama?

-Sí. Ahora que no tenemos cole, tendremos un montón de rato libre y podremos levantarnos tarde.

-No abuséis, ¿Eh? Que después no habrá quien os levante cuando tengáis que volver.

-De acuerdo.

-Buenas noches, chicas.

-Buenas noches, papá.

-Buenas noches, Kyle.

Mi padre sale de la habitación. Kya siempre le llama por su nombre. Y la entiendo. Al fin y al cabo, no es su padre. Pero ella es como una más de la familia. Y la conversación con Kya y las buenas noches de mi padre iniciaron lo que sería una larga noche. A pesar de ello, Kya se duerme en poco rato.

Pero yo no consigo dormir. Tengo demasiado en qué pensar. Al cabo de horas de darle vueltas, acabo dormida…