Capítulo 3

Una visita inesperada


Sapporo era una ciudad bastante grande, y relativamente joven, ubicada al norte de Japón. Su panorama mostraba una incontable cantidad de rascacielos, elegantes edicios de acero y cristal, y su vida nocturna estaba tan despierta como el movimiento que se producía durante el día.

Rika Sasaki era una típica chica de diecisiete años, que aspiraba entrar a la Universidad Privada de Sapporo. Su familia era adinerada, por lo que la muchacha estaba siempre a la moda, con ropas de marca, celulares, tablets y computadoras modernas, entre otras cosas. Era una de esas personas que podías decir que no le faltaba nada. Rika estaba tan bien acomodada, que nadie hubiera podido sospechar que los orígenes de su familia eran en realidad muy humildes. El abuelo de Rika, Clow Reed, era dueño de un pequeño restaurante al otro lado del país, en el pueblito de Ibusuki. La muchacha no había visitado a su abuelo desde que tenía seis años, cuando sus padres habían tenido que mudarse a Sapporo, alejándose más de su abuelo. Y Rika no podía culparlos. Sus padres eran dueños de una compañía de celulares, y tenían que hacerse cargo de la empresa.

Sin embargo, a pesar de ser la típica niña con dinero y poder, en el fondo, Rika seguía siendo muy humilde, e intentaba comportarse como una chica normal, de dieciocho años. No muy alta, delgada, con un cuerpo de curvas envidiables, tenía uno hermosos ojos castaño oscuro que combinaban a la perfección con s cabello casi negro, y piel semi pálida. Usaba siempre jeans, camisas con estampados alegres, amaba usar balerinas, aunque no le hacía al feo a los tennis; era fan de las bandboys más populares del país, y a pesar de solo cartearse con su abuelo, le tenía gran estima, pues era una chica muy amable y centrada.

Así que, para celebrar sus recién cumplidos dieciocho años, rechazó el ofrecimiento de sus padres de irse en un crucero por el caribe, con sus amigas, y prefirió visitar a su abuelo, en el olvidado pueblo pesquero de Ibusuki. Había algo en ese pueblito, que pocas veces había visitado en su niñez, que le parecía encantador. No sabía si era el hermoso clima de playa, la agradable vista de la bahía tapizada de botes, o el ambiente de paz y tranquilidad que reinaba en el lugar. Simplemente le encantaba. Además, estaría con su amado abuelo, quien siempre la había tratado como su nieta favorita.

Así que, aprovechando su último mes de vacaciones, antes de entrar a la Universidad, Rika Sasaki guardó su ropa de playa, trajes de baño, lentes, sombreros de ala ancha, sandalias, bloqueador, y todo lo que pudo meterle a la maleta, y tomó el primer vuelo que pudo, para dirigirse a su pueblito de ensueño.

Desgraciadamente, no había una ruta que conectara directamente ambos puntos, por lo que la chica tuvo que realizar una escala, de dos horas, en el Aeropuerto Internacional de Tokio.

-Esto será tan aburrido –pensó, mientras veía su reloj de muñeca, y comprobaba que le quedaban una hora y cuarenta minutos de espera.

Cruzó los dedos para que el avión no se retrasara al salir, y mientras daba una vuelta por las tiendas de chucherías del aeropuerto, buscando caramelos, se apuró a buscar su reproductor mp3 en su bolso de mano. Conectó los auriculares, y se los metió en las orejas. Encendió el aparato, y se dispuso a escuchar el último álbum de su banda favorita: The Card Captors.

The Card Captors era una banda de tres muchachos, todos entre los veinte a veinticinco años, que tocaban una mezcla entre pop y electro. El vocalista era un muchacho de cabello castaño y ojos avellana, el baterista tenía el cabello azul oscuro, con ojos del mismo color, mientras que el guitarrista era un joven de cabello negro y ojos oscuros. Los tres eran realmente atractivos; altos, delgados y quizá un poco musculosos, eran la envidia de todos los muchachos. Después de todo, eran la banda más famosa entre las chicas de doce a veinte años, de todo Japón.

Mientras pensaba en estas cosas, se puso a mirar las revistas que se exhibían en un aparador. Había para todos los gustos: revistas de moda, crucigramas, diccionarios... sin embargo, su mirada fue atrapada por una revista juvenil, de tonos chillones, que mostraba a The Card Captors en la portada. Pudo confirmar nuevamente que realmente eran muy guapos y hasta cierto punto, elegantes. Debajo de la foto de los tres muchachos se leía "Aumenta la recompensa para quien encuentre al vocalista".

Rika suspiró y tomó la revista. La hojeó hasta encontrar el artículo principal, y se dispuso a leer, aunque ya sabía todo sobre el asunto.

El vocalista de The Card Captors, era un muchacho alto, delgado, de cabello castaño y ojos color avellana, que tenía veintidós años, y era el favorito de todas las muchachas. Se llamaba Syaoran, y como todo el mundo sabía, llevaba desaparecido casi un año. El artículo decía lo mismo de siempre: La última vez que se había visto a Syaoran, había sido a la salida de un concierto en Hokkaido (en el cual se encontraba Rika en primera fila). La banda tenía concretado un Meet and Greet con varias de sus fans, pero de la nada, éste fue cancelado. Nadie quiso dar detalles, hasta que al día siguiente, la noticia surgió como bomba: Syaoran había desaparecido.

Su banda, su mánager, y su compañía disquera, dijeron que no tenían ni idea de qué había pasado, y ofrecían una importante cantidad de dinero para la persona que pudiera darles la pista clave sobre su paradero. Sin embargo, llevaban ya un año de búsqueda, y nadie sabía nada sobre el joven. Muchas fans habían perdido la esperanza, y la compañía disquera estaba por cancelarles el contrato, pues todo mundo sabía que sin Syaoran, no eran nadie.

Así que, el artículo anunciaba el último intento de la compañía disquera en encontrar al cantante, ofreciendo una considerable suma de dinero. Sin embargo, si el muchacho no aparecía para antes de Octubre, la banda The Card Captors, pasaría a la historia.

Rika cerró la revista y suspiró. Subió un poco el volumen de su música, y caminó fuera de la tienda de chucherías y revistas. Se decidió a buscar algo de comer, pues el avión que abordaría no tenía primera clase, y ella odiaba la comida del avión. Así que se dirigió a la zona de restaurantes, donde la recibió un enorme letrero que anunciaba otra bandboy en concierto, en Tokio, ese mismo fin de semana.

XXX Holic era la segunda bandboy más famosa de Japón. Los miembros de la banda eran también tres, y eran bastante más maduros que The Card Captors, pues el integrante más joven tenía ya 27 años. Se componían por el vocalista rubio de ojos azules, bastante delgado, el guitarrista de cabello castaño y ojos del mismo color, un poco musculoso, y el baterista, un muchacho moreno de cabello negros y ojos oscuros. Rika se lamentó de no poder estar presente en aquel concierto, pero se compuso prontamente: ya iría en otra ocasión.

Sin prestarle mucha atención al cartel, decidió comer en McDonalds: estaba segura que ahí donde iría, no encontraría hamburguesas de ese tipo.

El avión llegó a la hora indicada en el tablero, y no tuvo retraso alguno, para tranquilidad y agrado de Rika. La muchacha fue una de las primeras en subir, y después de unos 40 minutos de vuelo, fue una de las primeras en bajar. Había caído ya la noche, y como el aeropuerto del pueblo de Ibusuki era un aeropuerto local, y no había muchos vuelos, el lugar se encontraba ya casi vacío. Ya que Rika no le había avisado a su abuelo que día llegaba (puesto que quería darle una sorpresa), recogió su maleta, y salió del aeropuerto, buscando un taxi que la llevara a su destino.


El restaurante de mariscos de Clow Reed se encontraba en el centro de la ciudad (que era toda la avenida que daba a la playa), y tenía una pequeña terraza al frente del local, que otorgaba una agradable vista al mar. Rika sabía que el restaurante de su abuelo cerraba hasta muy noche, por lo que a pesar de que eran las diez, estaba segura de que lo encontraría ahí, y no en su casa.

Se apeó del taxi (el chofer le bajó la maleta), pagó el viaje, dio las gracias, y tomando sus cosas, caminó en dirección al restaurante.

Los últimos clientes estaban sentados en una de las mesas de la terraza. Rika les dedicó un amable "buenas noches", y siguió caminando, al interior del local.

Como siempre, Sakura la saludó con un "buenas noches, bienvenida a The Clow. ¿Mesa para uno?", a lo que Rika se apuró a corregirla.

-No gracias –respondió la muchacha, mientras se detenía frente al mostrador y dejaba la maleta en el piso-. En realidad, vengo buscando a Reed. Es mi abuelo.

-¡Ah! Tú debes ser Rika –le dijo la muchacha de ojos verdes, alegremente-. Yo soy Sakura. El señor Reed nos dijo que vendrías, aunque te esperábamos la siguiente semana.

-Mucho gusto, Sakura –respondió Rika, sonriéndole de vuelta-. Sé que llegué antes de la fecha prevista, pero eso se debe a que decidí darle una sorpresa a mi abuelo.

-Entiendo –dijo Sakura tranquilamente, mientras acomodaba su papeleo-. El señor Reed se encuentra…

-¡Sale una orden para los enamorados! –se anunció Syaoran al salir de la cocina. La pareja que se encontraba en la terraza no alcanzaron a escuchar (pues la cena era para ellos), pero Sakura y Rika sí.

Su novia le indicó con una seña que los clientes se encontraban afuera, y estaba por volverse para seguir hablando con Rika, cuando Syaoran pasó al lado de ellas, y la nieta de Reed pudo verlo de cerca.

-Eres tú… -susurró la chica, mirando a Syaoran, y como pasaba a su lado, sin prestarle mucha atención, pues debía concentrarse en no tirar la comida de la charola en la que la llevaba, hasta llegar a la mesa donde los clientes esperaban su cena.

-Bueno, como te decía. El señor Reed se encuentra en su despacho. Es esa puerta… ¿Rika? ¿Me escuchas?

Pero la muchacha seguía con la mirada clavada en el chico. Lo miró servir los platos, decirles a los clientes que si necesitaban algo, no dudaran en pedirlo. Hizo una pequeña reverencia, y volvió a entrar al local. Rika no podía quitarle la vista de encima.

-¿Rika? –repitió Sakura, algo preocupada, y por un instante pensó en pedirle a Syaoran que llamara al señor Reed.

-¿Syaoran? –preguntó Rika en voz alta.

El muchacho, que estaba camino de vuelta a la cocina, se detuvo en seco. Pensando que había sido Sakura quien había pronunciado su nombre, preguntó:

-¿Pasa algo, amor? –con una sonrisa de oreja a oreja.

-¿Eres Syaoran de The Card Captors?

Al escuchar este nombre, la sonrisa de Syaoran se borró por completo, y por un instante Sakura pudo jurar que había visto un destello de horror en esos ojos avellana.

Syaoran miró fijamente a Rika, y se dio cuenta de que no la conocía. Seguramente sería una turista, pero… ¿No le había dicho Sakura que los adolescentes no visitaban ese lugar? Y durante el último año, ¿no había resultado ser cierto?

Miró a Rika de pies a cabeza, e intentó evaluar la situación. La muchacha estaba por abrir la boca para decir algo más, con lo que se apuró a interrumpirla.

-¿Eres de fuera, no es así? –pero no se esperó a que la muchacha respondiera-. Tranquila, muchas jovencitas como tú me confunden.

-¿Entonces, no eres Syaoran? –preguntó Rika, algo confundida. Si no era él, en verdad se parecían bastante. Mínimo tendrían que ser hermanos…

-¿Syaoran, qué está pasando? –preguntó Sakura confundida. Y al escuchar su nombre, de los labios de su novia, el rostro de Syaoran volvió a adoptar una expresión de horror.

Rika lo miró, sospechosa.

-¿No eres el Syaoran de The Card Captors, pero te llamas igual?

-¿The Card Captors? –preguntó Sakura-. ¿Qué es eso?

-¡No es nada! –se apuró a mentir Syaoran. Tenía las manos temblorosas-. Te digo, niña. Me confundes con otro. Ese Syaoran… Yo no soy él… Es todo…

Y visiblemente nervioso, se apuró a entrar a la cocina, donde ninguna de las muchachas pudo verlo ya.

Sakura miró a Rika, confundida, mientras la muchacha seguía con la mirada fija en la puerta por donde el chico había desaparecido.

-Estaba segura de que era él… ¿Cuánto tiempo lleva viviendo aquí? –preguntó de la nada, tomando a Sakura por sorpresa.

-¡Ah! Este, pues… Un año, si mal no recuerdo…

-Un año… -repitió Rika. Lentamente el rompecabezas se formaba en su cabeza.

-¿Te encuentras bien? ¿Quieres que te lleve con tu abuelo?

-¿Mi abuelo? ¡Ah sí! –Rika pareció reaccionar de golpe, y con energía, tomó su maleta nuevamente-. No hace falta, ya voy yo sola. ¿Dónde me dijiste que está su despacho?

Sakura indicó la puerta con la mano. Rika le agradeció y se alejó en esa dirección. Tocó a la puerta, se escuchó un "adelante", y entró al despacho, cerrando la puerta tras de sí, y dejando a Sakura sola.

¿Qué había sido aquello?


Como siempre, Reed, el elegante abuelo de cabello gris, gafas redondas y piel pálida, fue el primero en marcharse, esta vez acompañado por su nieta. Se despidió de Sakura, diciéndole que ya la vería al día siguiente, y él y Rika salieron del local, donde ya no quedaba ningún cliente. Sakura pudo percatarse de como la muchacha buscaba a Syaoran con la mirada. Pero su novio se había escondido en la cocina, y no había salido de ahí desde que Rika hubiera mencionado a esos tales "Card Captors". Así que, como todas las noches, los meseros barrieron, trapearon y acomodaron mesas y sillas, los cocineros limpiaron sus mesas y herramientas de trabajo, las secaron y guardaron todo en su lugar, mientras Sakura realizaba la contabilidad de las ventas de esa noche.

Cuando hubieron terminando, salieron por la puerta de atrás, se felicitaron por el día, se despidieron, y cada quién emprendió la marcha para llegar a sus respectivas casas. A Sakura no le pasó por alto el hecho de que Syaoran estaba callado, mirando al piso, como si no notara la presencia de las demás personas a su alrededor.

-¿Syaoran? –preguntó por fin, cuando hubo apagado las luces y cerrado el restaurante. El chico pareció no escucharla-. ¿Syaoran, te encuentras bien?

-Estoy bien –respondió el muchacho, de golpe-. Vámonos ya.

-¿Syaoran, estás seguro?

-Te digo que estoy bien –se le notaba la impaciencia en la voz-. Vámonos, por favor.

Sakura prefirió no decir nada más, y se apuró a quitarle los seguros al auto, subir, colocarse el cinturón de seguridad, arrancar, y emprender el usual camino de vuelta a casa.


La tensión se palpaba en el aire. Sakura no se atrevía a preguntarle nada a Syaoran, y aunque lo hubiera intentado, estaba segura de que el muchacho no le contestaría. Así que todo el trayecto que pasaron en el auto, sentados uno al lado del otro, transcurrió en completo silencio.

Cuando llegaron a la casa, Sakura abrió la puerta, y Syaoran se perdió escaleras arriba, sin decir nada. Pese a que ahora dormían juntos, Sakura hubiera podido jurar que se había encerrado en la habitación que ya no ocupaban. La chica estaba confundida. Tenía preguntas en la cabeza, a medio formular, pues no estaba segura de qué ocurría, y qué era lo que debía de intrigarle.

Decidió no decir nada, y para calmar un poco su ansiedad, fue a la cocina a prepararse un café. Cuando la tetera empezó a chillar, se sorprendió a sí misma preparando dos tazas, en vez de una. Así que, a pesar de que temía que su novio la rechazara, puso las dos tazas en una bandeja, agregó unas cuantas galletas en un bowl, y subió con ello al segundo piso, donde se detuvo frente a la puerta de la habitación que se suponía vacía.

-¿Syaoran? –preguntó débilmente. Debido a la bandeja que llevaba, no podía tocar a la puerta-. Te trajé café y galletas. ¿Puedes abrir?

Estuvo de pie a medio pasillo, completamente sola durante un par de segundos, pero finalmente, el chico abrió la puerta, y Sakura pudo entrar a la habitación. La luz estaba apagada, así que a tientas en la oscuridad, dejó la bandeja en un escritorio, y encendió la luz.

Syaoran se encontraba sentado en la cama, mirándose las palmas de las manos. Sakura le acercó una taza de café, y el chico la tomó, sin decir ni una palabra.

-¿Quieres una galleta? –preguntó nerviosa. Syaoran bufó.

-Estoy acabado, ¿sabías?

-¿Qué ha pasado? Si no me explicas, no puedo ayudarte.

-No quería que conocieras esa parte de mí –respondió él, haciendo que nuevas dudas se formaran en la cabeza de su novia-. Era una parte de mí que quería dejar en el pasado. Olvidar por completo.

-¿Se trata de tus negocios?

-Vendrán a buscarme –susurró, mientras su mirada se perdía en las ondas que formaba el café, cuando movía la taza-. Y lo harán rápido. Y no pienso quedarme aquí para ver que eso ocurra.

-Syaoran, ¿qué está pasando? –preguntó Sakura, intentando sonar fuerte. El chico finalmente la miró. Pero fue una mirada que inquietó a la muchacha.

Se dividía entre el odio y la impotencia. Y al mismo tiempo, podía ver terror y preocupación. Sakura no supo qué pensar. ¿De qué estaba huyendo Syaoran? ¿Qué clase de problemas había dejado él atrás? El había dicho que no se trataba de un negocio ilegal...

-Si logro escapar de esto, el pasado no importará. Pero ya no tengo a donde huir. Sakura… -la chica lo miró preocupada. El tono de voz de Syaoran sonaba como si el chico le estuviera suplicando-. Sakura… ¿Huirás conmigo?

-¿Huir? –repitió ella. ¡Pero si eso era lo que estaban haciendo! ¿No?

Llevaba huyendo ya tres años, y hasta ahora, le había funcionado bien.

Entonces, miró de nueva cuenta a Syaoran, y pudo ver que el muchacho estaba asustado.

-Tendremos que planteárnoslo con calma –dijo finalmente, con lo que Syaoran se relajó un poco-. Tendremos que esperar hasta mañana, para llegar al trabajo y cobrar el sueldo. Entonces tendremos dinero para poder huir.

-¿Vendrás conmigo? –una ligera sonrisa se dibujó en el rostro del muchacho. Sakura le sonrió de vuelta.

-Estamos juntos en esto, ¿no?

-Gracias, Sakura –susurró Syaoran. Dejó caer su taza de café (que dejó una horrible mancha oscura en la alfombra), y sujetó el rostro de la chica, plantándole un tierno beso en los labios.

-¿Y a dónde iremos? –preguntó ella, cuando finalmente el beso terminó. Sus rostros volvieron a adoptar una seriedad.

-No podemos ir más al sur. Allá no hay nada –pensó Syaoran en voz alta-. Pero nunca he intentado ir al norte. Podríamos intentarlo, pero no podemos llegar a Tokio.

-No hay problema –se apuró a contestar Sakura, esperando que la culpabilidad y el nerviosismo no se notaran en su voz-. Nunca me gustó la capital.

Siguieron hablando un par de horas más, hasta que finalmente el sueño les ganó, y ambos se dirigieron a su habitación, donde se cambiaron las ropas por los pijamas, y se metieron debajo de las cobijas.

-Syaoran… -susurró Sakura, cuando estaban medio dormidos. El chico respondió con un leve gruñido-. ¿Sabes que te amo, verdad?

-Yo también te amo, Sakura –respondió el muchacho, y ambos se quedaron dormidos.


-¡No puedes irte y dejarme sola!

-Sakura, si tanto odias este lugar, huye tú también.

-Madre nos encontrará, y tú lo sabes.

-¿Y si lo hace qué? Siempre podemos volver a escapar. No puede retenernos por siempre.

-¡No te vayas! ¡No me dejes sola!

El ruido de la puerta cerrándose con fuerza sobresaltó a Sakura, haciendo que despertara de aquella pesadilla. ¿Por qué había recordado los sucesos ocurridos hacía ya tres años? Preocupada por la jugarreta que le había hecho su subconsciente, miró por la puerta que llevaba a su balcón: el sol estaba saliendo apenas. Sabía que era muy temprano, pero del mismo modo, sabía que no tenía caso que se volviera a dormir. Así que rompiendo la rutina, esta vez Sakura se levantó de la cama antes que Syaoran. Se estiró, se puso la bata, pues la mañana estaba un poco fresca, y bajó las escaleras, con dirección a la cocina. Necesitaba un café para despertar por completo, y convencerse a sí misma de que esa pesadilla había sido solo eso: una pesadilla.

Preparó su café, y se sentó a la mesa de la cocina, en silencio, mientras bebía dando pequeños sorbos, pues estaba caliente. Sin darse cuenta, su mente empezó a divagar sobre lo que su novio y ella tenían planeado hacer ese día. Primero que nada, irían al trabajo, le presentarían su renuncia a Clow Reed, tomarían su último pago, y muy probablemente llenarían el tanque de la gasolina de su auto, para alejarse manejando por toda la costa oeste. Lo más alejados que pudieran estar de Tokio, era mejor para ella. Y estaba segura de que Syaoran pensaba igual.

Además, la costa oeste estaba llena de pequeños pueblos, y aunque su destino era el norte del país, muy probablemente encontraran un pueblito lo suficientemente fantasma, donde pudieran rehacer su vida.

Sin embargo, el sonido de alguien tocando a la puerta interrumpió sus pensamientos. Miró el reloj de la cocina y vio que eran las 8 de la mañana. Un ruido escaleras arriba le indicó que Syaoran se había despertado, y se encontraba levantándose de la cama.

Volvieron a tocar a la puerta, esta vez con impaciencia.

-¡Yo abriré! –gritó Sakura al aire, esperando que su novio la hubiera escuchado, y dejando su taza de café vacía en la mesa, se levantó y caminó en dirección hacia la puerta principal de la pequeña casita de playa. Tocaron por tercera vez cuando alcanzó el pomo de la puerta, y algo molesta por tanta insistencia, abrió.

Al otro lado de la puerta había dos muchachos bastante altos, muy bien arreglados, y relativamente agradables a la vista.

-¡Buenos días! –dijo el más bajito, un muchacho de ojos rasgados, piel pálida y cabello negro, muy bien peinado.

-Buenos días –respondió Sakura, confundida. Seguramente eran turistas perdidos, pues nunca antes los había visto.

-¿Nos vas a dejar pasar, o qué? –espetó el otro muchacho, el más alto, de mirada dura, tez morena, ojos castaños y cabello del mismo color, visiblemente revuelto. Se notaba muy musculoso, y por un instante, a Sakura le dio miedo, por lo que se apartó de la puerta, con lo que el tipo rudo entró sin decir nada más.

El otro joven lo siguió.

-Disculpen, pero… ¿Quiénes son ustedes? –preguntó Sakura nerviosa, cuando los muchachos se condujeron a sí mismos a la salita.

-No estás preguntando en serio… -bufó el chico musculoso, pero al ver la expresión de total confusión de Sakura, suspiró cansinamente-. Esto es increíble... Yo soy Touya, y este es Yamazaki.

-¡Mucho gusto! –dijo el aludido. Sakura lo saludó con un leve asentimiento de cabeza.

-¿Y… se puede saber qué hacen aquí?

-Ya déjate de bromas –espetó el tal Touya. Ese mal humor que se cargaba estaba empezando a incomodar a Sakura-. Sabemos que está aquí. ¿Lo estás escondiendo? ¿O estás ganando tiempo para que él pueda huir?

-¿Qué? ¿De quién…? –pero la voz de Sakura fue opacada cuando Touya gritó al aire:

-¡Syaoran! ¡Sabemos que estás aquí! ¡Arrastra tu maldito trasero escaleras abajo, o iremos a buscarte!

-¡Oye! ¡¿Quién rayos crees que…?!

Un golpe seco se escuchó proveniente de la parte de atrás de la casa. Touya le propinó un buen empujón a Sakura (la cual cayó en el sillón), para abrirse paso y dirigirse a la puerta trasera. El tal Yamazaki lo seguía de cerca, con expresión de preocupación. Sakura se incorporó lo más rápido que pudo, y ella también los siguió.

Cuando salieron a la parte posterior de la casa (donde se encontraba la playa), vieron a Syaoran tumbado de espalda al piso. Sakura miró hacia la planta alta, donde pudo ver el barandal del balcón destrozado en el punto exacto donde Syaoran se encontraba debajo de él: El chico había saltado.

-¡Syaoran! –gritó Sakura aterrada, y se apuró a hincarse junto a su novio-. ¿Te encuentras bien? ¿Te duele algo? ¿Por qué saltaste?

-Si serás idiota –masculló Touya, mientras se cruzaba de brazos-. ¿Por qué estás huyendo de nosotros?

-¡No lo llames idiota! –chilló Sakura. Definitivamente ese chico no le caía para nada bien.

-¡Pues porque es un idiota! –le espetó Touya de vuelta, mientras se acercaba hacia Syaoran, y le daba un ligero empujón con el pie, en el hombro. Syaoran emitió un débil quejido.

-¡Déjalo! –Sakura estaba al borde de las lágrimas. ¿Qué estaba pasando?

-¡Como se te ocurre intentar huir de nosotros! –siguió Touya, sin escuchar las quejas y súplicas de la muchacha de llorosos ojos verdes-. ¿Pensaste que no te íbamos a encontrar? ¡Llevamos un año buscándote, maldito! ¿Qué no se supone que somos tus mejores amigos?

-¿Mejores…? ¡¿Qué?! –gritó Sakura, completamente confundida.


¡Hola! Bonito lunes tengan todos :3 Como les había dicho, en este capi ya las cosas empiezan a calentarse y complicarse. ¿Saben ya qué cosa escondía Syaoran? ¿Se hacen a la idea de por qué huyo? Exacto, aún quedan dudas que resolver en futuros capis. Además, aún no sabes qué es lo que Sakura oculta tambien (ñaca ñaca).

Espero y las descripciones de los muchachos hayan estado bien. ¿Pudieron adivinar a Touya y Yamazaki por sus descripciones? ¿Pueden adivinar a los tres que faltan? ¿Y que tal la aparición de Rika? Como les había comentado, su edad varía un poco. Mientras que Sakura tiene 21, Syaoran y Yamazaki tienen 22, Rika apenas tiene 18. Sobre las localidades, si abren google maps y buscan Sapporo, la encontrarán realmente al norte de Japón. ¿Ya buscaron también a Ibusuki? Para que vean que no estoy inventando ciudades :9

Cruzo los dedos para que este capi haya sido de su agrado. Muchas gracias por los reviews, que son tan encantadores y animados, como siempre :D! Con gusto leeré los reviews que quieran dejar en este capi. Lo que les gusta, lo que no, lo que quisieran cambiar, etc. Las críticas son siempre bien recibidas, ya que sin ellas no se mejora n.n

Les deseo una bonita semana, y nos vemos nuevamente el viernes, en la up del siguiente capi. Sigan bellos X3!