Disclaimer: los personajes son propiedad de Rowling.
Aquí les traigo el tercer capítulo de esta historia que, contra mis pensamientos, terminará siendo una especie de fic relativamente largo. ¿Por qué? Porque mi mente me jugó una trampa y me terminó haciendo que los cuatro capítulos que estaban escritos con anterioridad estén relacionados entre sí, al contrario de lo que yo tenía pensado (hacer varias historias independientes de un solo capítulo, con temáticas muy diferentes y hasta con cambio de personalidades en los personajes). ¡Pero...! La historia que tengo pensada es linda, muy poco original, pero a mi manera linda. Y, como verán, este capítulo dio un giro brusco a los demás: que eran pura ternura, caramelos, dulce, chocolate y más cosas ricas que como toda cosa rica hacen mal al organismo. Lo que comenzarán a leer a partir de estos capítulos no es más crudo, pero sí un poco triste y melodramático (porque los dos ya están en la fatídica adolescencia). Y para aclarar, por si las dudas, este capítulo es el tercero del fic pero el segundo de la historia (ya que el primero es un prólogo) y aquí Scorpius ya tiene diecisiete recién cumplidos, y Lily cuenta con quince.
Con nuevo título y nuevo resumen (y nueva predisposición) les presento este fic que espero les guste. Ahora sí, les dejo con el capítulo y espero satisfaga sus ganas de leer algo digno. No olviden sus comentarios. Saludos.
Espérame.
Segundo capítulo
«Léeme a través de palabras»
Casi cinco años después.
¿Cómo hacer para no caer en la oscuridad? Lily siempre había sido una luchadora, que preferiría caer ochenta veces antes que dar una sola lágrima, y aprender a levantarse cada vez más y más fuerte. Siempre lo hizo así, y lo logró intentándolo, sin quedarse de brazos cruzados. Porque todas las mujeres crecen, en especial en la juventud, y también sufren; esa es la causa. Tal vez por eso dicen que la juventud es la parte más importante, y bonita, de la vida. Porque en la juventud uno no se responsabiliza de la nada, en esa época de la vida la gente se responsabiliza y asume sus cargos por algo primordial; las enseñanzas. La vida trae consigo varios sucesos extraños; algunos prescindibles, otros no, pero todos tienen algo en particular; una enseñanza que es tan necesaria como dolorosa o alegre. ¿Cuántas veces podemos sufrir la ruptura de una relación? ¿Cuántas veces podemos sacar malas notas? ¿Cuántas veces se puede no hacer lo que uno tanto quiere? Varias, y son esas respectivas veces las que nos van dejando marcada una gran enseñanza; porque si una relación se rompe, lo mejor es seguir adelante, si una mala nota aparece, lo mejor es estudiar, si no logramos eso que tanto queremos, hay que esforzarnos más. Pero hay que aprender a hacerlo. Y, diga lo que digan, uno aprende por sí solo al final y al cabo.
A Lily le gustaba pensar que la vida era como el Quidditch; sí, aquel juego que tomaba gran parte de su tiempo y su jovialidad presente. En la vida siempre están los enemigos, como en el juego lo está el equipo contrario; son esas personas que no te hacen caer por nada, lo hacen por el mismo motivo que todos: para ganar ellos.
Los cazadores seríamos nosotros en nuestra etapa de intentar agarrar una pelota y hacerla pasar por un aro; nosotros intentando hacer algo bien, para tener un buen momento, una enseñanza, un punto.
Los golpeadores y las bludgers van de la mano, una muy odiosa: su misión es es lastimar, golpear... Romper sueños. Siempre viniendo de los enemigos. Hay varios golpeadores en la vida de uno, están los que te pegan porque deben hacerlo para poder ganar ellos, y los que te persiguen con afán para verte derrumbarte, caerte de la escoba, perdiendo. Pero cuando estas pueden ser esquivadas, cuando los errores y las bludgers son pasadas por alto con gran actitud, uno tiene con qué sentirse orgulloso de sí mismo. Y, hay que admitirlo, a todos alguna vez nos tocará ser un golpeador y lanzar una bludger.
¿Quiénes son los cazadores? ¿Qué representan? Lily se sentía complacida, y por qué no, orgullosa, de ser la cazadora de su equipo. Porque para ella la snitch era algo importante, con ella se atrapaban tantos puntos, y en la vida real una snitch representa a un sueño con intensas ganas de ser realizado, de ser atrapado. Una snitch agarrada, un sueño cumplido. Todos perseguimos sueños algunas veces, y nadie es mejor cazador que el otro; pasa que hay algunos que aguantan más sobre el ajetreo de la escoba.
Lo más importante, es que más allá de las veces que se gane o no, hablando metafóricamente del partido y la vida, uno siempre recibe algo a cambio. Uno, en un partido, en un día de la vida, gana algo siempre: una derrota, una enseñanza, un sueño cumplido, una bludger esquivada, una victoria... Siempre algo se obtiene, la vida no es en vana, solo... Hay que animarse a jugar.
Era cierto que Lily había perdido varias veces, no tanto en la cancha, pero sí en la vida. Era difícil verla llorar, y si alguien lo hacía era porque estaba llorando de rabia, no de angustia. Lloraba de rabia, de impotencia, porque no había podido hacer nada más para que el resultado fuera otro. No había podido esquivar la bludger, como tampoco había podido alejar a su novio de su prima Rose. No había podido evitar que la quaffle pasara por el aro, como no pudo evitar que le ganaran. No había podido atrapar la snitch, ni sus sueños. Como en ese momento, que veía a su snitch dorada y feliz estrellarse contra la pared; como veía a Scorpius abrazar a Nina con una convicción espantosa. Sueño derrumbado, snitch perdida. ¿Pero... las snitchs volvían? ¿Cuántas snitchs aparecen en la vida de uno? La misma que antes se tenía ¿vuelve? ¿O ya es un sueño perdido? ¿O es la misma pero con menos brillo? ¿O es que aparece otra diferente? Como en todos los partidos diferentes de Quidditch. Como un sueño nuevo. Pero ella no quería otro sueño nuevo... Ella quería más esperanzas para volver a soñar.
Lily apretó la servilleta con fuerzas, a mirada inquisitiva de varias personas del Gran Comedor. Sus ojos chispearon algo obvio en ella; furia. Nuevamente esa furia que se apoderaba de ella, de sus instintos. Ella tenía que soportarlo, ella podía. Ella era fuerte. Se hizo fuerte. Echar a un lado la furia, estrellarla contra la pared, como Scorpius lo había hecho con su snitch, y dejarla aniquilada en la oscuridad. Sólo eso, ni siquiera el consuelo, la podía calmar.
Tener sueños surrealistas era algo que pocas veces le sucedía a Lily, porque ella sabía diferenciar la realidad de lo estúpido; pero esa vez, ese beso, hizo pensar a Lily, la hizo formar una snitch, de que algo podría pasar entre Scorpius y ella. Se sentía como una niña tonta y paranoica, una niña tonta furiosa que estaba a punto de ir a dejar sin sus bonitos y blanquecinos dientes al rubio. Una niña tonta... como en aquella época, cuatro años atrás, en la que los cuentos de príncipes tenían una influencia innegable en ella. En donde su príncipe había sido Scorpius. Un príncipe que jamás había sido real, y que con el paso del tiempo se había ido desarmando poco a poco, como un sueño sin brillo, sin esperanza y sin fuerza. Un sueño que no era un sueño. Pensar que Scorpius Malfoy era una príncipe había dejado de pasar, no podía pensar más en eso ni aunque quisiera.
Unos metros allá y de la pensativa mente de la pelirroja Potter, Nina se removía sobre le regazo de Scorpius. Como una perra. Lily tragó saliva con fuerza, desatando ese nudo interior lleno de rabia que tenía en ese momento. Pero ella sabía que Scorpius nunca le había dado esperanzas, ¿por qué seguía sufriendo por él? Ya había sufrido bastante el último tiempo. Descubrir a su novio, Lian Scanner, besando a su prima, Rose Weasley, fue como un golpe mortal en su rostro y corazón; mucho más fuerte que la que ella le pudo propinar al morocho de ojos verdes. Lian era un idiota, como la gente en el Colegio murmuraba, y Rose una cualquiera. Idear una venganza era un buen proyecto, a pesar de que Lily no era de esa naturaleza, pero por suerte la venganza ya se estaba concretando, y prácticamente era la peor de todas para Rose. Algunos la desprecian; tardó tanto en ser la princesa de Hogwarts, para que ahora la mayoría no hagan más que pisotearla con palabras duras y desprestigiadas. A Lily ya no le importaba, y cuanto menos pensara en el tema mejor.
La vida es dura. Y las personas están hechas para soportarla; algunas se quiebran más temprano o de seguido, otras crean una nueva coraza alrededor de ellos. Desde que Lily supo de esa coraza, la creó. Imposible repeler los dolores, pero posible no sentirlos tanto.
Scorpius había sido como un hermano para ella, desde esas vacaciones que ella comenzó a sentir algo fuerte por él, y por primera vez en su vida amó o quiso algo con tanta vehemencia como para llegar al extremo de ser otra persona; alguien ridículamente vergonzosa, dulce y tierna. Alguien que ella no quería ser, pero que se convertía al instante. Por suerte, esa careta en Lily ya había sido desechada hace dos años. Y con las pocas ganas, y esperanzas, que tenía de volver a recogerla y ponérsela era más que obvio que no volvería la niña tierna y dulce de antes. No más máscaras que den facilidad a las bludgers de golpearla.
Scorpius Malfoy... Lo odiaba,y también lo quería mucho. Con esa sonrisa pícara con la que siempre la miraba, incitándola a que siguiera gustando de él, teniéndola comiendo de su machista mano, burlándose de ella pero mirándola desde arriba, para que ella no diera un paso que a él lo hiciera trastabillar... o tal vez eran cosas de Lily. Con esos labios finos y crueles, que varias veces habían tentando a la pelirroja, pero también habían sido prohibidos para ella... A excepción de una vez, de una sola vez. Scorpius con ese carácter alegre, pero al mismo tiempo frío, su humor inconstante, aunque un poco duro e irónico, con sus habladurías mínimas en momentos y extensas en otros, y su forma de transmitirlo todo con los ojos. Todo en él le gustaba, y por ello también todo de él odiaba.
A pesar del dolor que sentía por el tema de su primera relación seria con un chico, Lily podía entender a su ex novio y el por qué de su infidelidad. Lily, aunque no quería hacerlo, se había preguntado varias veces si ella había sido una buena novia. Y Dominique, una persona que no acertaría con ese tipo de preguntas porque iba más a lo estético que a lo otros, le había dicho: "no por nada todos los chicos quieren estar contigo. Eres guapa, no te preocupes. Lian es sólo un tonto, olvídate de él, vendrán muchos más". Era una respuesta que Lily no quería escuchar, ella hubiese preferido algo más interno que externo. Y preguntándole de manera larga y sin ser muy obvia a sus familiares, pudo descubrir que era tenida como una chica buena, una persona amable y humilde, pero al mismo tiempo recta y reservada con las personas que creían conocerla de toda la vida por llevar el famoso y aclamado apellido Potter; uno que de vez en cuando se vuelve en contra.
Y hace unos pocos días había comenzado a entenderlo todo, a duras penas, sin querer reconocerlo. Así como tenía la mirada fija y todos sus sentidos alertas en Scorpius en ese momento, lo mismo era en todo momento; Lily está al tanto de él, y no puede evitarlo. Y tal vez su novio se sentía excluido, sin recibir los cariños que una novia tendría que darle. Ahora cuadraba todo: ella faltaba a los entrenamientos a los que él la invitaba, pocas veces había tenido esas ganas de abrazarlo y estar con él, no hacía mucho tiempo entre sus responsabilidades para verlo, y no siempre estaba con su mente presente cuánto el estaba esforzándose por ser tierno... Y algo importante; Lily no había querido hacer el amor con él cuando estuvieron a punto de hacerlo. Le había dicho que no estaba preparada ni lista, y había sido cierto, pero también había visto el rostro de Scorpius en su mente mientras Lian la besaba y acariciaba. Era una tortura, una con la que tenía que acabar si no quería salir lastimada, muy herida, de lo contrario no podría amar a nadie más. A Lian lo había amado, o eso había intentado, porque Lian había sentido que Lily jamás lo amó, que lo quiso sí. Amó no. Y tal vez, lo peor de todo, era que Lily también lo había sentido y aún así se había mostrado sumamente herida y desaprovechada.
La gente sufre siempre en algún momento. Nadie se libra de la mala sensación en el pecho. Pero, se quiera o no, una persona sufre por culpa de otra persona. Todos tenemos a ese alguien que es nuestro dolor, y nosotros también somos ese alguien en la vida de otro. Y hay veces en las que el destino se burla con ganas, y hace que dos personas se lastimen entre sí sin otra más que pueda hacerlo.
Lily podía entender que Scorpius tuviera novias; porque definitivamente esa era, con casualidad, la novia número veinticinco del rubio. Bueno, "novia" podía decirse, nadie quería que se arme un escándalo de parte de alguna de ellas al ver que no son consideradas como tal. Scorpius era apuesto, demasiado, y eso solo bastaba para que las muchachas que en los primeros años le molestaban dejaran los prejuicios al lado y se pusieran a darle besos antes que insultarlo. La vista humana siempre tiene algún contra y varios puntos a favor. Pero definitivamente en ese momento tenía contras. Porque si no fuera porque Scorpius Malfoy fuera tan malditamente llamativo, tal vez Lily podía haberse animado a decirle sus sentimientos y a luchar contra todas las chicas furtivas de él. Pero no. No iba a estar haciendo pública su relación con ese Malfoy, simplemente porque sería demasiado público; chicas aquí molestando y chicas allá amenazando.
Lily lo odiaba, a su corazón. Porque sabía que no solamente se encontraba atraída hacia él por lo guapo que era, como la mayoría en ese colegio estaba. Ella, además de estar atraída, estaba enamorada; porque conocía al verdadero Scorpius, lo conocía tal como era, que era un chico que sufría bastante al recibir las reprimendas miradas de las demás personas por su apellido, era un chico bueno y amistoso, amable, cuidadoso, bondadoso e incluso gracioso. Y así lo quería. Desde esa maldita primera vez que lo vio.
A veces deseaba no haberlo conocido como realmente era, no chocarse con él en el andén, de lo contrario solamente tendría que luchar contra la atracción que sentía con él, y no con un maldito corazón que bombeaba el triple de lo común cada vez que lo veía y que sus puños se cerraran al verlo a él en brazos de otras.
—Lily —Alice, una chica rubia y alta, apareció con cara de pocos amigos en el vestidor de Gryffindor. Lily era una de las pocas chicas que amaba el Quidditch en su casa, y en su familia. Era una lástima que Dominique no haya quedado junto a ella, en la casa de los leones, y fuera a Slytherin. De lo contrario podía estar con ella, diviertiéndose y dándole razones para enojarse a todos los contrincantes machistas. Pero Alice, a decir verdad, era como una réplica de Dominique, no tan bonita, pero si más fría; y ser fría ayudaba, ya que golpear a los demás jugadores del equipo contrarios se le hacía mucho más fácil.
—¿Sí? —la pelirroja no quitó su mirada de sus zapatos, mientras ataba sus cordones. Las prácticas de Quidditch se estaban aumentando cada vez más, James parecía estar más estricto que nunca, el campeonato se acercaba y el morocho Potter no tenía ni mínimamente pensado en perder. Aunque eso costara perder horas en trabajos del colegio y tener que dormir con dolores en cada músculo.
—No nos dan la cancha —avisó. Su voz estaba, claramente, más furiosa de lo normal. Alice siempre sonaba furiosa, pero desde luego ese tono tan altivo lo usaba solo en casos extremos. Lily levantó el rostro, algunos mechones desechos cayendo en sus ojos. Se acomodó mejor el rodete, mientras miraba a su mejor amiga.
—¿Qué? —había entendido obviamente que, nuevamente, los Slytherin estaban en sus horas de práctica. James no estaba, debía realizar un castigo bastante severo debido a una mala jugada en un caldero de Ravenclaw— ¿Otra vez ellos?
—¿Quién más? Esos estúpidos, imbéciles, hijos de perra... —Alice rodó sus ojos negros, tan oscuros como su carácter, y agarró su escoba.
—Vamos —avisó Lily. Alice tenía su cara de asesina triple—. Alice cálmate, no saques tu varita en ningún momento, no insultes y eso —señaló a la escoba— solamente la usas para volar.
Alice sonrió mostrando sus dientes grandes, haciendo juego con una mirada pícara. Lo último que Lily quería es que algún Slytherin maricón saliera llorando si su amiga, o Wood, actuaba de manera inapropiada. Aunque claro, también tenía que encargarse de no ser ella misma quien armara un bochornoso desastre. Salieron de los vestidores para acercarse a paso furioso, las piernas largas y flacas de Alice sonaban más pesadas que nunca. Lily divisó a Albus, cerca de Wood, discutiendo arduamente. Su hermano era un zopenco cuando lo quería, por ejemplo cuando se enteró de que a Lily le gustaba Scorpius, y rápidamente había presentado a varias chicas a su mejor amigo. Jamás había abierto la boca frente a Scorpius del tema,, pero hizo un daño tremendo y profundo a los solo doce años de Lily. La relación con su hermano desde entonces cambió, y bastante.
—¡Albus! —gritó, se acercó con paso decidido a su hermano. Wood parecía demasiado furioso, y Lily temió por su hermano. Alan era un chico extremadamente fuerte, con una espalda ancha y unos brazos enormes, y muy alto; mucho más que Albus y sus setenta y cinco centímetros y un metro—. Váyanse, ahora. Es nuestro turno.
—Lamento decírtelo —Albus miró fijamente a su hermana—, pero no pensamos mover el culo hasta las siete, que es cuando termina nuestro turno.
—El culo lo vas a mover, con escoba o sin escoba adentro, tú eliges —Lily había dado dos pasos claves, acercándose sigilosamente a su hermano. El verde de los ojos chocaron con los azules de Lily.
—¿Pasa algo? —Black Zabini bajaba de su escoba y parecía completamente divertido e interesado en tener un papel. Ahora la cosa se ponía peor. Black no era exactamente débil, y mucho menos un flacuchento. Y era de esos chicos que creían que ser un hombre era sinónimo de buscar pelea hasta a una lechuza.
—Nada que te importe —le avisó Alice con cara de pocos amigos, acercándose a él con su mirada furiosa clavada en los ojos.
—Tranquila leona —informó el moreno, las ganas de frotarse las manos entre sí le sobraban. Detrás de él bajó Thomas Nott, un chico apuesto y demasiado inteligente. A Lily le gustaría decir que era pacífico y que no mataba ni una mosca, pero no era así... ¿Por qué tenía que pasarle justo esto en un día como ese? Ahora James la culparía, como siempre, y tendría que escucharlo durante una media hora.
—¿Que ésta pasando? —preguntó el morocho. Thomas era tan recto y frío que a veces daba miedo, y era tan tentador como un vampiro según Molly y sus gustos raros.
—Salgan de la cancha, ahora —avisó Lily, viendo como Scorpius se acercaba a ellos. Lo que menos quería era tener que discutir con él; solo porque ella saldría ganando, como siempre contra él, y Scorpius se enojaría porque su orgullo había sido herido. Señaló a su hermano con el dedo—. Es en serio Albus, salgan ya.
—Este es nuestro tiempo —Scorpius había hecho su aparición y Lily no creía que debería quedarse si las cosas tendrían que fluir bien—. El otro día tenían razón, pero esta hora, hoy, nos pertenece.
—Lo que faltaba —escupió Alice despectivamente.
Wood vio como Lily miraba fijamente a Scorpius, y cómo desde que él apareció ella se mostró más sigilosa. El morocho había presenciado los sentimientos de la joven Potter hacia el heredero de los Malfoy. Debía admitir que Lily le parecía una chica muy bonita, con esas curvas que no eran propias de alguien de su edad, que enloquecían a cualquiera, y su rostro de muñeca de porcelana que demostraba aún que era una niña, pero no era eso lo que hizo que esa chica le gustara demasiado, también se debía a ese carácter que tenía, al mismo tiempo tan seductor sin que ella se diese cuenta y con esa furia que tanto la caracterizaba, una que la hacía verse tan deseable. Se acercó a Scorpius con unos pasos fuertes.
—Se largan, Malfoy. Este tiempo es nuestro, hasta luego —todos miraron a Wood y Alice sonrió orgullosa de tener a alguien tan guapo y fuerte en el equipo. Se parecía en muchas cosas a Dominique. Tanto que daba miedo.
—Ey —Lily le tocó el hombro, empujándolo hacia ella—, no vale la pena Alan, vamos.
—Hay que practicar, el partido se acerca —informó con los dientes apretados. Alice comenzó a acercarse hacia Zabini, que había largado una estúpida risa.
—Ya basta, vamos Alice —Lily la agarró por el hombro y la arrastró, haciendo lo mismo con Wood. Logró que ambos caminaran por su cuenta.
Nott se había quedado con la mirada clavada en el piso, sabiendo que la verdad era que ese tiempo pertenecía a Gryffindor, y que estaba yendo contra sus principios de prefecto y Premio Anual. El moreno Zabini miró los traseros de Alice y de Lily, aprovechando a que Albus estaba tan empecinado en maldecir como para no verlo haciéndolo.
Lily miró sobre su espalda, sintiendo la mirada clavada en ella. Scorpius la miraba atentamente, a ella y luego a la mano que tenía en la espalda de Wood. Ella no se sintió culpable, ni mucho menos, pero los ojos grises del rubio le decían con ferocidad que dejara de tocar al morocho inmediatamente. Eso le dio una sensación de escalofríos; como siempre que él la miraba así, posesivo. Como no ocurría hace días. Jamás entendería como una mirada de alguien tan frío podía ser, al mismo tiempo, tan caliente.
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Dio una hojeada más a su libro justo antes de presentir que alguien estaba cerca. Ese alguien. Imposible no percibir su olor, imposible no saber el sonido de sus altaneras pisadas y mucho más imposible no percibir esa aura que él siempre traía consigo; que la hacía ponerse inquieta, insegura. No se giró, ni levantó la cabeza, ni cambió su posición, estaba segura de que él venía a hablar con ella, ¿que más podía hacer Scorpius Malfoy en la biblioteca?, siempre se acercaba a ella con esos pasos sigilosos que la enloquecían; odiaba que él creyera que no lo escuchaba, y más aún odiaba que él la mirara de esa forma, como estaba haciendo ahora, era algo llamativo y chispeante, pero que disfrazaba sutilmente con una mirada de amigos.
—Hola Lily —Scorpius se sentó frente a ella, apoyando sus pies en la silla del costado y relajándose.
—Scorpius —se limitó a decir. No lo miró, simplemente siguió su vista entre las tantas palabras de la página, pero sin leerlas, era imposible estando tan cerca de él. Todos sus sentidos se centraban, de manera ridícula, en él.
—¿Estás enojada por lo de la otra tarde? —preguntó. Lily tuvo que levantar su vista, y lo vio jugando con sus dedos sobre la mesa como si para él eso fuera tan fácil de hacer, como si esa situación no lo hiciera gritar.
—¿Por lo del Quidditch? —Lily levantó la ceja, y creó una sonrisa de deleite en su rostro; pura ironía. Scorpius podía ser demasiado arrogante, o era eso o simplemente era un idiota que no veía lo que le pasaba a las personas a su alrededor. Lily había esperado durante tres días que él se viniera a acercar y disculpar, como lo hicieron Nott, su hermano y Zabini, pero no lo había hecho; el joven Malfoy estaba ocupado toqueteando a su nueva novia, Nina Wong. Pero ahora que el parecía poder hacerse un tiempo, venía, y con su majestuosa aparición hizo que Lily, nuevamente, perdiera los estribos—. Tú y Albus pueden pudrirse allá arriba e intercambiar escobas. Fueron tan imbéciles y malcriados que no les importó mentir así. Dan asco.
—Tranquila —se burló de su enojo, sus labios se fruncieron, la mitad, de costado con una sonrisa. Sus ojos comenzaban a adquirir ese brillo emocional, que solo se definía tan bien cuando comenzaba el juego de "El gato y el ratón". Porque, claramente, Scorpius la persigue hasta hacerla enfadar y ella, como toda tonta pero fácil de sulfurar, le mandaría bien al diablo y le echaría unas cuantas cosas en cara; y eso era consecuencia de una larga noche en vela de pensamientos absurdos e imaginaciones—. Les ganaremos igual, no te preocupes.
—Eres peor que un crío.
Agarró sus cosas y se levantó. Se dirigió al estante mientras sus ojos rodaban por inconsciente; Scorpius la estaba siguiendo, no era algo que debería esperar.
—No deberías enfadarte por algo tan tonto —le advirtió. Lily giró bruscamente al sentir la respiración del rubio en su cuello y oreja, no le importó que su cabello chocase contra el rostro de Scorpius, y mucho menos que él estuviera a punto de reírse por la reacción, obvia, de Lily, al sentirse atrapada.
—No estoy enfadada, no te acerques —le aseguró, la advertencia en sus ojos. Scorpius hizo una mueca burlona, y retrocedió un poco para que Lily volviera a caminar y no chocase contra los muebles. Con las piernas ligeramente cansadas por haber leído toda la tarde sin moverse, Lily se puso en punta de pies y acomodó su libro como pudo.
—¿Necesitas ayuda? —le preguntó. Se acercó a ella, pensando en agarrarla de su diminuta cintura... y levantar su atractivo cuerpo...
—¿Y qué harás? Tocarme como lo hiciste como tus otras novias, así que no gracias —alcanzó a duras penas el lugar, y con un pequeño empujón pudo arreglárselas para encontrar el puesto de su libro. Suspiró y bajó los brazos. Giró para encontrarse con el pecho ancho y fuerte de Scorpius, mientras que los ojos grises de él la escrutaban directamente y sus manos se hundían en los bolsillos de su pantalón—. Me tengo que ir.
—¿Tan rápido? —cuestionó, la voz tan melosa y precipitadamente ronca.
Lily lo miró con frialdad; había tenido que aprender a hacerlo después de tanto años. Siempre intentaba contestarle mal, y sacarle un montón de cosas en cara, pero no podía. Y el día que pudiera, lo primero que haría sería preguntarle por qué hacía eso, por qué la miraba de esa manera mientras estaba con Nina y con otras dos más, por qué la buscaba incluso en los almuerzos para mirarla fijamente mientras masticaba algo descaradamente. ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? Y ahora tendría que soñar veinte noches más y recordar esta escena treinta días enteros, y todo porque el señor está aburrido y decide molestarla cuando por fin se acuerda de su existencia, la existencia de la hermana de su mejor amigo. ¡Lo odiaba!
—Déjame en paz —intentó con sumo esfuerzo que su voz sonara amenazante. Pero no pasó. Solo pudo largar ese pequeño susurro, como si fuese un cachorrito lastimado y herido, lleno de heridas que no querían ser lamidas por aquel rubio, lleno de heridas hechas por él—. No me vuelvas a buscar Malfoy.
—¿Acaso dijiste que yo te...? —pestañeó varias veces, claramente confuso, y Lily se preguntó si es o se hacía. Dio la vuelta, no iba a seguir discutiendo con alguien así, Scorpius parecía haber cambiado tanto, no, no parecía, había cambiado. Y a diferencia de otras personas que cambiaban para bien, Scorpius lo había hecho para mal; de él mismo, aunque ella no lo supiera, y de ella.
A pesar de las ganas que tenía de verlo durante más tiempo, sabía que no iba a poder hacerlo. Para estar junto a Scorpius hay que tener que soportar sus comentarios mordaces y sus miradas indescifrables que en un momento la hacían sentir en el cielo y otros en el infierno, Lily ya había aprendido. Lo que la pelirroja no había podido comprender aún es cómo poder mirarlo sin sentir eso en el estómago, cómo poder contestarle sin tener ganas de sonreír y cómo hacer para no pedirle que deje a su novia, decirle lo mucho que a ella lo lastima verle con otra y, aún mejor, poder decirle que lo ama desde siempre, desde aquella maldita y condenada vez que él llegó a su vida en el andén.
El destino era cruel, malo, inservible, crudo, realista, doloroso y sufrido; pero era cuestión de tiempo para que aquello cambiara. Un tiempo que Lily no estaba segura poder esperar. Ese Scorpius, no era el mismo ni física ni mentalmente al pequeño niño rubio que estaba en su casa en los veranos. Era un hombre, estúpido y con hormonas revoloteando, como todos los hombres. Y eso, pensar eso, le dolía mucho.
Tanto tiempo gustando de él, observándolo con el mismo sueño de que sintiera lo mismo que ella... ¿Valía la pena haber dedicado tantos años a un amor que no parecía existir? Como le gustaría, ¡por Merlín que le gustaría!, poder olvidarse de él.
Y se fue. Dejándolo más pensativo, y confundido, que nunca.
