Capítulo 3: Agobiante
Si pudiéramos controlar cada emoción no seriamos seres humanos ¿se imaginan poder controlar la alegría, la risa, la tristeza o el llanto? todo sería demasiado monótono, seriamos incapaces de apreciar la volatilidad de los sentimientos, seriamos maquinas que deciden cuando y donde ser felices y creo que la vida no es así, es mucho más compleja y sin duda más difícil.
Eran las ocho de la mañana y estaba junto a Rachel en el lugar de entrenamiento del equipo de baseball, no había pasado una gran noche y mis ánimos no eran los mejores pero cualquier cosa era mejor que quedarme en casa a pensar una y otra vez sobre lo mismo. Al llegar observé a Santana que estaba en el campo calentando junto a Britt se veían muy bien en su uniforme y listas para el partido.
-Se ven hermosas con sus uniformes – susurro Rachel
-Si están bien.
-Iré a comprar algo de tomar – me miro y yo solo asentí.
Las cosas no estaban del todo bien a pesar que la noche anterior hablamos un poco sabía que estaba molesta con la situación, pero no sabía cómo arreglar lo sucedido. Mire como se alejaba y tenía miedo de perderla, no quería que mi carga, mi pasado, mis miedos, mi horrible equipaje siguiera afectándonos.
-Quieres unos nachos – me pregunto Rachel
-Me encantarían – le sonreí y se sentó a mi lado
Cada vez que miraba a sus ojos recordaba los buenos momentos, recordaba la forma en la que me protegía, la forma en la que me besaba y como me repetía que me amaba, pero también sentía miedo de lastimarla, de hacerle daño.
Rachel era una mujer única, absolutamente perfecta y cualquier persona mataría por ella. Yo misma lo haría, pero aun sabiendo lo afortunada que era al tenerla a mi lado no podía hacer nada para arreglar lo que sentía.
El partido fue emocionante no, ambas eran muy buenas en aquel deporte y a decir verdad disfrute mucho estar allí, Rachel también se relajó y las cosas a no estaban demasiado tensas entre ambas.
-Felicitaciones lo hicieron increíble – sonreía Rachel
-Gracias Rach
-Espero que hayan disfrutado del partido – decía Santana mientras bebía un poco de agua
-La verdad es que si lo hicimos gracias por invitarnos
-Cuando quieran chicas.
Mirar como Santana y Britt interactuaban me dolía, porque yo no podía ser de esa manera con Rachel, porque demonios tenia tanto miedo a que todos supieran sobre nuestro pasado.
Nos acomodamos en las gradas del campo a beber unas cervezas junto a las chicas y es que era un día precioso, el sol estaba en lo alto y hacia un poco de viento ideal para refrescarnos.
- ¿Todo bien?
-Si… ¿Por qué lo dices?
-No lo sé, note que tú y Rachel están un poco tensas – me encontraba junto a Santana mientras Britt y Rach habían ido por algo de comer.
-A veces arruino las cosas, solo eso
-No creo que las arruines, solo digo que si la amas lo demuestres
-Claro que la amo
-Bueno a veces no solo basta sentirlo, hay que decirlo, gritarlo si así lo quieres, las mujeres son muy complicadas y si buscas encontrar una solución solo te confundirás mas
-Experta en relaciones Santana López….
-Algo así – me sonrió – te lo digo por experiencia, yo hace unos años perdí a una persona muy importante por no expresar lo que sentía
-No quiero perderla
-Deja de tener miedo, ahora eres libre, puedes amarla, puedes hacer lo que quieras no condiciones tus sentimientos Quinn.
Finalmente nos despedimos de ellas y fuimos hacia el auto, Rachel había comprado una camioneta recientemente y aunque no era mi auto favorito adoraba como ella se emocionaba cuidándolo y sobre todo conduciendo.
-Me gusto el partido – dije mientras me colocaba el cinturón
-A mí también, Santana es muy buena y pues que decir de Britt.
- ¿Estamos bien?
- ¿A qué te refieres? – encendió el motor y comenzamos a alejarnos.
-No sé, ya sabes por lo de anoche
-Por mi todo está bien – me dijo sin mirarme, su mirada solo se enfocaba en la carretera.
-Bueno – susurre.
No hay peor sensación que esa, si aquella sensación de saber que todo está mal, pero ninguna quiere decir que sucede, en la que prefieres esconderte en un "estoy bien" a decir lo que verdaderamente pasa por tu cabeza, me sentía impotente y créanme era una sensación agobiante.
Así pasaron los días, no estábamos ni bien ni mal, sino que simplemente estábamos. Por mi parte me la vivía en la Universidad, no me gustaba llegar a casa y sentir que Rachel y yo no hablábamos, bueno ella hacia lo mismo que yo y se refugiaba en el trabajo, así solo llegábamos a dormir, un buenas noches y listo. Las terapias seguían y cada día necesitaba más y más de Alex para sacar de mi cabeza todo lo que sentía.
- ¿Tu más grande miedo?
-Perder todo lo que tengo – dije mientras jugaba con mis manos.
Me encontraba en mi terapia de los jueves junto a Alex. Asistía tres días a la semana y de cierta manera eso ayudaba a que no me diera por vencida. No importaba que tan difícil fueran las cosas siempre podía correr a Alex.
- ¿Le has contado a Rachel tus miedos?
-No…
- ¿Por qué no?
-Para no agobiarla con mis cosas, ella tiene demasiado en la cabeza como para que yo….
-No se trata de eso Quinn, debes aprender que no agobias a las personas, es natural que todos necesitemos contarle a alguien nuestros problemas.
-Pero ella ya tiene bastantes con los suyos…
- ¿Cuáles son los miedos de Rachel?
-Bueno, no le gustan los cambios, sé que venir aquí fue uno y grande sin embargo lo hizo, tiene miedo a las tormentas…
- ¿Lo ves? Ella ha sido capaz de contarte lo que le aterra… para ella tampoco es fácil abrirse con alguien, sin embargo, ella lo ha hecho contigo.
-Dios – suspire y me tome el rostro.
-Quinn, quiero que entiendas que, si ni tu ni ella logran llegar a un acuerdo, lo mejor para tu salud es alejarte un poco
-No quiero alejarme de Rachel
-Entonces demuéstrale que te importa, que la amas y que no vas a dejar que los problemas se interpongan entre ustedes.
Alex tenía razón, debía hacerlo, estaba cansada de esta situación, ni ella ni yo nos merecíamos aquello, ya sufrimos demasiado como para dejar que estúpidos problemas se interpongan.
Después de mi sesión regrese a la universidad para mi última clase. Eran los últimos días del semestre y todo era una locura, mi clase debía organizar la exposición final y era realmente estresante ya que todo debía salir perfecto.
Llevábamos casi tres semanas logrando que cada detalle se viera impresionante, era un trabajo agotador, pero era uno de los eventos más importantes de la Universidad, a pesar de que por ser de primeros años no exhibiría mis obras me emocionaba admirar el trabajo de los demás, quizás algún día mis cuadros estarían allí.
-Faltan cuadros – gritaba el profesor
-Son todos los que hay – le respondía uno de los alumnos.
-No aquí hay un espacio en blanco no podemos dejarlo así – caminaba un tanto alterado, él era el responsable de la presentación y bueno no está de más decir que estaba sumamente estresado – tu
-Si profesor – me acerque rápidamente
-Trae tus cuadros, los quiero ver todos y decidiré cual ira acá
- ¿Cómo?
-Si Quinn, hace falta arte aquí, siempre es lo mismo y he seguido tu trabajo por todo el semestre, sé que eres buena y es el momento de premiar el esfuerzo.
Durante todo el semestre siempre fue el profesor que más se enfocó en mi trabajo, con cada tarea me ponía a prueba incluso llegue a detestar sus materias, pero quizás solo quería que mejore y bueno lo había logrado.
-Claro, yo mañana los traeré…
-Hoy, ve lo más rápido que puedas, lo necesitamos terminar ahora mismo
-Yo…
Bueno no me lo esperaba, pero ahora enfrentaba un problema eran casi las cinco y esa era hora pico acá en Nueva York, con suerte conseguirías un taxi y con mucha más suerte llegarías a tu destino rápidamente, lo único que me quedaba era el tren o caminar cerca de 30 cuadras para llegar a casa, obviamente no tenía alternativa.
No pensaba, no sabía que iba a hacer, si quería llegar rápido debería tomar el tren, yo nunca tomaba el tren odiaba ir a un lugar tan encerrado, pero no había alternativa, el tráfico a aquella hora era un caos y jamás llegaría en un taxi, debía ir en tren.
Mis piernas me temblaban y me respiración era irregular, observaba a las personas ingresar y yo no me movía, estaba aterrada.
-Vamos tu puedes hacerlo – susurre y tome una gran bocanada de aire.
La gente corría a mi alrededor y para mí todo pasaba en cámara lenta. El tren llego y todos comenzaron a abordar, la gente me empujaba y yo solo pude aferrarme a un barandal, el espacio era reducido no podía siquiera moverme, mantenía mi cabeza abajo pero el aire comenzaba a faltarme.
El tren comenzó a moverse y mi corazón latía demasiado rápido.
FLASHBACK
Todo estaba oscuro a mi alrededor, el olor a humedad era insoportable, no sabía en donde estaba y me dolía la cabeza, tenía demasiado frío para moverme y ya estaba harta de llorar. No había comido nada y mi estómago me reclamaba algo de comida, pero allí estaba yo en medio de esa oscuridad sin saber que iba a suceder
"Hola bonita"
Escuche su voz a través de un intercomunicador
"De seguro te estas preguntando que sucede…bueno ahora eres mía eso es lo único que debe importar"
Y volví a llorar, nunca había llorado tanto y lloraba porque sabía que no había escapatoria, sabía que era mi fin, pero la muerte nunca llego.
Tan solo los días continuaron pasando y debía adaptarme a mi nueva realidad, eso era lo que tenía y si quería salir algún día de aquel lugar debía luchar, pero nunca imagine que pasarían años para que yo finalmente viera la luz.
FIN FLASHBACK
Mi vista comenzó a nublarse y el ruido a mi alrededor era insoportable. Parecía que cada vez el espacio era más pequeño, un fuerte dolor se apoderaba de mí y sentía que iba a desmayarme, el aire no era suficiente. Trate de respirar como Rachel me había enseñado, pero nada servía la gente me empujaba más y más. Las personas hablaban más alto, los murmullos eran más fuertes en mi cabeza y no tenía a donde correr, estaba atrapada.
-Señorita ¿está bien?
Fue lo último que escuche antes de que todo se volviera oscuridad. De pronto todo se volvió oscuro, ya no escuchaba nada más, solo sentía un dolor insoportable en el pecho, sentía miedo y no quería que las luces se volvieran a apagar, lamentablemente nuevamente todo a mi alrededor se volvió oscuro.
….
Cuando despertaba amaba ver a Rachel a mi lado, siempre aferraba su mano a mi cintura y se apegaba mucho a mi cuerpo, según ella el frío de Nueva York era horrible y que mejor manera para contrarrestarlo que abrazándonos, me encantaba sentir el aroma de su perfume en la almohada y mirar como su rostro era iluminado por los primeros rayos de sol, esos pequeños detalles eran los que me hacían enamorarme más y más de ella.
Había cosas insignificantes que amaba de ella, como la forma en la que comía una manzana, o como se formaban unas pequeñas arrugas en su nariz cuando sonreía.
En ese momento solo pensaba en las cosas buenas que teníamos, nada más ocupaba mi cabeza, solo su rostro.
Comencé a sentí un dolor en mi brazo derecho, además no podía abrir los ojos, sentía que mi cuerpo pesaba el doble y me dolía la cabeza.
-Hola dormilona – escuché una voz cerca de mi – Hey amor – sentí su mano sujetando la mía.
Lentamente abrí mis ojos y ahí estaba ella sonriéndome, se veía preciosa con el uniforme de su trabajo, una blusa blanca, su cabello suelto un poco de maquillaje.
- ¿Dónde estoy? – dije finalmente abriendo mis ojos.
-Bueno en el hospital, llegaste como hace dos horas y has estado durmiendo desde entonces – acariciaba mi mejilla
- ¿Qué paso? No recuerdo nada – trate de levantarme, pero me lo impidió
-Tranquila que el doctor dijo que debes descansar y antes que te alteres te voy a contar lo que paso de acuerdo, solo relájate un poco
-Está bien – respire profundamente.
-Bueno, estaba en el trabajo acabando unos informes para el juicio cuando recibí una llamada de Santana diciéndome que debía venir al hospital – suspiro – estaba aterrada y pensé lo peor, cuando llegue aquí y me encontré con un amigo tuyo… mmm creo que se llama Kevin, bueno él fue quien te ayudo en el tren, me conto que estaba cerca de ti el momento en el que te desmayaste y bueno fue el quien te trajo acá, luego llamo a Santana y aquí nos tienes…
-Los cuadros – me tome la cabeza
-Kevin los llevo a la Universidad y bueno ya no te preocupes por eso amor, Santana hablo con tu profesor y dijeron que descanses, que ya todo está arreglado así que por eso no te estreses demasiado
-Oh dios ¿Cómo es que sucedió todo?
-Kevin estaba en el tren y cuando escucho el alboroto se acercó a ayudar, tuviste mucha suerte de que te reconociera…
-Vaya, debo agradecerle luego lo que hizo por mi…
-Si amor… pero no debiste subir al tren – me dijo mientras acariciaba mi mejilla – no tu sola…
-Debía hacerlo Rach ya estoy cansada de tener miedo.
- ¿Qué más? – la mire confundida - ¿de qué más estas harta?
-De no sentirme libre Rach – dije con comenzando a sollozar.
-Mi amor – susurro – si no hablas conmigo yo no puedo hacer nada para ayudarte, pero ahora sé que sucede y te voy a ayudar de acuerdo….
-Rach, lo siento tanto no quiero que también soportes mis problemas
-No se trata de eso…estamos juntas en esto Quinn, te amo y eso no son simples palabras te amo porque deseo ayudarte, porque quiero estar a tu lado cuando sientas que no puedes más… ¿Por qué no lo entiendes?
-Porque nunca nadie me había amado de la manera en la que tú lo haces…
Y al decir esto note como Rachel se acercó a mí y acaricio mi rostro lentamente mientras una sonrisa se formaba en su rostro.
-Me vas a matar de amor – sonrió y se acercó a besarme – vamos a aprender juntas
- ¿Qué cosa?
-A amar mi amor, a querernos.
Nunca en mi vida me había sentido tan querida, nunca en mi vida había sentido plenamente lo que es el amor y quizás por ello no sabía cómo actuar, no es como si hubiera un manual que te enseñara cada paso para que una relación sea perfecta y bueno finalmente lo entendí. No se trataba de agobiar a alguien con tus problemas se trataba de apoyarte en esa persona para que la carga sea menor, se trataba de compartir no solo tus buenos momentos, sino que también los malos.
Durante nuestra vida aprendemos muchas cosas, matemáticas, lenguaje, ingles, química, biología pero también debemos aprender a amar a alguien :)
Que tengan un buen dia
