3. Somoslos "DreamsComeTrue" – Parte 1
-¿Qué fue lo que pasó en la aldea de los Patamon? –preguntaba insistente Shoutarou.
La guarida de los Death Riders parecía más el reino del silencio. Un Shoutarou intentando comprender el por qué Lucemon y NeoDevimon se habían retirado cuando tenían la oportunidad de eliminar a un indefenso General. Y los otros dos oficiales guardando hermetismo respecto al caso.
-¿Por qué nos tuvimos que retirar? –gritó de nuevo Shoutarou. -¡Teníamos al General verde casi acorralado! ¿Por qué no dicen nada? ¿Qué es lo que tratan de esconder?
Pero de nuevo recibió silencio de parte de los otros dos oficiales. Shoutarou se dio la media vuelta furioso yendo hacia la salida, cuando su jefe, apareciendo de repente, le bloqueó la puerta.
-¿A dónde vas, Shoutarou? -preguntó.
-Ah, Beelzebumon-sama. -dijo inclinándose ante su jefe. -Voy a la aldea de los Patamon a buscar alguna explicación sobre...
-No irás a ningún lado, Shoutarou. -dijo el jefe.
Shoutarou bajó los brazos y contestó:
-¿Usted también me va a esconder lo que pasó? ¡Vamos! ¡Sé que creen que soy tonto por ser humano! ¡Pero sé que lo que pasó en la aldea de los Patamon no fue nada normal! ¡Como oficial de los Death Riders tengo derecho a saberlo! ¿Es algo malo?
-Dios... -respondió el Digimon motorista.
-¿Dios? -preguntó Shoutarou.
-Humano, tus sospechas son ciertas. -dijo el ángel. -Alguien nos atacó para que no pudiéramos desafiar al General verde.
-Y supongo que es ese tal dios, ¿no? -preguntó Shoutarou. -Me dan risa... ¡Nosotros somos los dioses del Digital World!
-Dirás lo que quieras, humano. -dijo Lucemon. -Pero tiene un poder descomunal que no te imaginas.
Shoutarou sacó su Xros Loader de su bolsillo y dijo:
-Pues bien, si ese "Dios" es tan poderoso como ustedes lo dicen, entonces iré a buscarlo.
-Deberías ir a revisar que esos generales no estén en tus Zones. -dijo NeoDevimon.
-Eso deberías hacer tú. -dijo Shoutarou. -¿O no es que el General verde está en Plain Zone?
-Maldito humano... -dijo NeoDevimon regañando a Shoutarou.
Shoutarou salió de la guarida dejando a los otros tres Digimon en solitario, discutiendo cosas que enfrente de Shoutarou jamás dirían.
-¿Por qué trata como un rey a ese maldito General? -gritó furioso NeoDevimon.
-¿No lo ves, NeoDevimon? -preguntó Lucemon. -Ese humano tiene el potencial para ser el mejor General de todo el Digital World.
Los tres Digimon comenzaron a carcajearse después de unos segundos de silencio total. El primero en hablar fue el jefe de los Death Riders.
-Escuchen con atención y guarden esto en secreto. Shoutarou no debe saberlo…
Los otros dos escuchaban las palabras de su jefe, al terminar este último de hablar los tres terminaron riéndose.
Mientras tanto, Shoutarou comenzaba a sentirse extraño respecto a su posición como oficial de los Death Riders. Allí, apoyado en la fortaleza y en la oscuridad de la noche, más oscura de lo normal, trataba de buscar en el cielo la imagen de su amiga Karin.
-¿Qué le sucede, general Watanabe? -preguntó bromista el jefe de su ejército de Tankmons, Tankdramon.
-¡Ah, Tankdramon! -dijo Shoutarou algo sorprendido. -No, nada...
-Seguramente es esa mocosa de Karin. -contestó Megadramon, también desde el Xros Loader. -¿Por qué no deja de pensar en ella y mejor nos enfocamos en eliminar a esos generales?
Shoutarou lanzó un suspiro, y bajó la mirada hacia el suelo.
-Es que... sin ella no es lo mismo...
-¡General! -gritó Megadramon. -¡Recuerde por qué nos unimos a los Death Riders!
-Tienes razón. -contestó apresurado el Dark General. -¿El Digital World quiere sumergirse en la oscuridad? Entonces nosotros les daremos lo que piden...
-Esto... -contestó Ryousuke. -¿Y cuál es la siguiente aldea?
-Es la Aldea de la Tranquilidad. -dijo el Patamon anciano. -Es la capital de nuestra Zone, pero...
-¿Pero qué? -preguntó Hiromi.
-Pero los "Death Riders" han tomado esa ciudad como su base. -contestó el anciano. -Inclusive han liberado a todos los Digimon de la prisión de la ciudad y la están utilizando como su centro de reclusión para los rebeldes.
-Ahí están mis amigos. -contestó Monodramon.-Tienen que ayudarlos...
-Rebeldes... -dijo Hiromi en voz baja, quizás pensando en lo que el Dark General había mencionado la noche anterior.
-Eso nos lo explicarás después, Monodramon. -dijo Ryo.
-Puedo acompañarlos hasta la ciudad. -contestó el Patamon anciano. -Déjame entrar a tu Xros Loader.
-¿Y eso cómo se hace?
-Muy fácil.
El Patamon anciano "entró" al Xros Loader sin siquiera avisar. Y digo "entró" entre comillas ya que solo se convirtió en una estela de luz que se introdujo en el aparato.
-Listo. -contestó el anciano desde el Xros Loader. -La Aldea de la Tranquilidad se encuentra detrás de esas montañas.
-¿¡Esas montañas! -preguntó Hiromi asustada al ver la altitud de tremendos montes. -Quisiera ser uno de esos monstruos y meterme a ese aparato, Ryo.
-¿Ya llegamos? -preguntó Hiromi cansada de tanto caminar y escalar la montaña.
-Aún nos falta bajar la montaña. -dijo Ryo tratando de cargarla.
Pero prácticamente era imposible. Sin un medio de transporte, él prácticamente trabajaba como "burro" personal de Hiromi. Y a eso sumarle los constantes quejidos de Hiromi. Cómo se notaba que ella no estaba hecha para la vida en el Digital World. Había que regresarla a casa pero ya.
Fue complicada la bajada, pero ahí estaba frente a los chicos la Aldea de la Tranquilidad, que lamentablemente con la llegada de los Death Riders no le hacía honor a su nombre. Casas destruidas, calles deshabitadas, y un Sealsdramon custodiando la entrada de la ciudad era lo único que se veía al fondo.
-Hey ustedes. –contestó un extraño lagarto color azul con uniforme de militar y sosteniendo un rifle entre sus manos. -¿Qué están haciendo aquí? ¡Contesten!
-¿¡Qué es eso! –gritó Hiromi escondiéndose detrás de Ryousuke.
-¡Les hice una pregunta! –gritó de nuevo el Digimon. -¿Son miembros de los Death Riders?
-Sí, somos novatos. –contestó Ryousuke sin vacilar, aunque un poco nervioso.
-Ryousuke… -intentó Hiromi reprender a su amigo por tan semejante contestación.
-Entonces acompáñenme a la ciudad. –contestó el Digimon militar.
Aquel Commandramon (su nombre real) se había tragado por completo la mentira de Ryousuke. Hiromi se seguía preguntando por qué tanta insistencia de su amigo de ayudar a Monodramon. No le daba muy buena espina ese dragón morado, y sabía que Ryousuke conocía su desconfianza.
Aquel Digimon los guió hasta la entrada, por la cual pasaron sin problemas, y los dejó justo allí.
-Que desolador está este lugar… -murmuró Hiromi.
-Ni un alma de alguien hay por aquí. –contestó Ryousuke.
-Escucho a alguien en esa casa de enfrente. –dijo Monodramon desde el Xros Loader.
-Vamos a ver quién es. –dijo Ryousuke corriendo hacia la puerta.
-¿Y si son los Death Riders? –preguntó Hiromi. –Esos sujetos dan miedo.
-No pasa nada. –dijo Ryo sonriendo y guiñándole el ojo. –A final de cuentas, también somos Death Riders, ¿o no?
Ryo abrió la puerta, la cual comenzó a rechinar conforme la empujaba.
-¿Hay alguien en casa? –gritó Ryo poniendo un pie dentro de la casa.
El anciano Patamon y Monodramon salieron del Xros Loader para revisar todos los rincones de aquella casa. Fue hasta entonces que un pequeño monstruo de color verde y de orejas enormes, Terriermon y un pequeño monstruo de roca, Gotsumon salieron del armario.
-Nos rendimos, soldados. –contestó el Terriermon.
-No nos hagan nada. –dijo llorando Gotsumon. – Pueden encerrarnos, pero no nos hagan daño.
-Tranquilos, -dijo el Patamon anciano. –No somos Death Riders.
-Solo nos hicimos pasar por ellos. –dijo Ryo. –Venimos a rescatar a los amigos de Monodramon.
-¿Monodramon? –gritó Terriermon.
-¡¿El soldado novato de los Death Riders? –gritó Gotsumon.
El dragoncito morado bajó la mirada. Al parecer habían descubierto su pasado.
-¡Sabía que ese monstruo no era de fiar! –gritó finalmente Hiromi.
-¡Puedo explicarlo! –gritó Monodramon. -¡Yo…!
-¡Ah! –gritó un Commandramon desde afuera de la casa. -¡Es el rebelde Monodramon!
Una tropa de Commandramon liderados por su jefe Sealsdramon rompió la puerta y rodeó a los que se encontraban dentro de ella.
-Alto ahí todos. –gritó el Sealsdramon que los lideraba. –No pensé verte de nuevo, soldado Monodramon.
-¡Deja en paz a los aldeanos! –gritó el dragoncito morado.
-¿Y qué si no lo hacemos? –le dijo en tono de burla el Sealsdramon.
-Crack… -gritó Monodragmon abalanzándose sobre Sealsdramon.
Pero Sealsdramon fue más ágil que el dragoncito, y sacando una daga, le hizo una enorme rajada en uno de los brazos a Monodramon.
-¡Monodramon! –gritó Ryousuke.
La última arma de Ryousuke había caído ante Sealsdramon. Los chicos y los Digimon no pusieron resistencia, y rápidamente fueron llevados a la prisión de la ciudad, el centro de reclusión para todos aquellos que intentaran desafiar a los Death Riders en la Zone.
-¿Pero qué es este desastre? –gritó un chico llegando a la secundaria.
Una enorme multitud se concentraba aquella mañana frente al enorme cráter que se había formado en el patio delantero de la escuela.
-Regresen todos a sus salones. –gritaba el director. –No hay nada que ver, ya dimos aviso a la policía.
Karin ingresaba al edificio de la escuela no sin quedarse con la mirada fija hacia el cráter. Ella sabía quién había sido el culpable de tal desastre, pero lo malo era que no podía decir nada sobre la existencia de los Digimon, el Digital World y de los Death Riders. ¿Quién iba a creerle semejante historia de niños? Sacudió la cabeza para sacarse esos pensamientos. Era hora de tomar clases. El día para ella transcurrió en la normalidad, con la excepción de que a la clase no habían llegado ni Shoutarou, ni Ryousuke ni Hiromi.
Continuará…
