Misión Cumplida

―Estoy pensando en renunciar al Club 39 —anuncié a Edward desde el dormitorio. Había llegado a casa del trabajo antes de lo habitual y estaba en la cocina preparándonos café.

—¿Por qué? —respondió—. Pensé que te gustaba.

Cerré mi portátil, decidiendo volver más tarde al capítulo en que estaba trabajando. No muy a menudo Edward terminaba un día de trabajo a las cinco de la tarde, y estaba decidida a tomar ventaja de ese hecho.

Vagando dentro de la cocina, me detuve ante la vista de la mesa. El portátil de Edward estaba abierto, rodeado de papeles y recortes.

—Um… —Miré hacia él mientras removía el azúcar en su café—. Estoy harta de perderme los fines de semana contigo, y Rose se está yendo, así que… —Le hice un gesto hacia la mesa—. ¿Qué es todo esto?

Me entregó mi café.

—Planes de boda.

—¿Planes de boda?

Edward se sentó frente a su portátil y asintió hacia mí para que tomara el asiento a su lado.

—Dije que organizaría esta cosa y dijiste que ayudarías. No voy a finalizar nada hasta que tenga tu opinión.

Ya que estaba más que agradecida de que él hubiera decidido hacerse cargo de los planes de boda en lugar de Alice, quien estaba decidida a poner toda nuestra boda color rosa, había aceptado ayudar a Edward. Bebiendo mi café, me senté y me quedé mirando todo. No parecía mucho, pero nuestras decisiones valían miles de libras, por lo que necesitábamos estar seguros. Habíamos decidido dividir los gastos de la boda, lo que me pareció muy evolucionado por parte de mi prometido teniendo en cuenta su tendencia a la mentalidad de hombre de las cavernas.

—Entonces, ¿qué es lo que tenemos?

—La iglesia está reservada, pero tenemos que tomar una decisión sobre el lugar de la recepción. —Edward volvió la laptop hacia mí—. Me gusta el Hotel Balmoral. Lo he cotizado. ¿Qué piensas?

Estaba viendo el PDF que el hotel le había enviado cuando sonó nuestro timbre, seguido por el sonido de la puerta abriéndose. Eso significaba que era Alice o Jasper.

—¡Soy yo! —anunció Alice—. Antes de llegar más lejos, ¿están ambos vestidos?

Riendo, le aseguré que lo estábamos. En algún lugar del camino ella había tenido la impresión de que Edward y yo no hacíamos nada juntos, sino tener sexo salvaje como monos.

Su hermana apareció en la puerta, con una amplia sonrisa. Ella levantó una bolsa con delicioso olor a comida.

—Edward me habló de los planes de la boda. ¡Traje hindú!

—A pesar de que te despedí de los planes de boda, voy a dejar que te quedes porque trajiste comida para llevar. —Salí de mi asiento para ayudarla a colocar la comida.

—Lo sé. —Ella sonrió tímidamente—. Pero es emocionante. Sólo quería estar aquí para ver las decisiones que toman.

—Sin refutar esas decisiones —murmuró Edward, mirándola con severidad—. Es por eso que terminé como el organizador de bodas en primer lugar.

—Seré buena. —Prometió ella—. Oh, te traje esto. —Me pasó una bolsa de plástico blanca mientras tonteaba con un plato.

—¿Qué es? —pregunté con cautela.

—Velas. —Alice se quitó la chaqueta—. Este lugar es tan vacío desde que me mudé. Pensé que esas podrían hacerlo poco más hogareño.

Compartiendo una mirada divertida con Edward, puse la bolsa en la encimera. Alice era conocida por gustarle el desorden. Su idea de vacío no era la idea de la de una persona normal de vacío.

—Somos minimalistas. Pero gracias.

—Oooh —murmuró Alice encima del hombro de Edward mientras inclinaba la pantalla de la laptop—. ¿El Balmoral? ¿Qué piensas, Bella?

—Creo que es hermoso —le contesté con sinceridad, habiendo ya decidido después de ver las fotos que simplemente iba a estar de acuerdo con las ideas de Edward. Haría el proceso mucho menos pesado, y no era como si no compartiéramos los mismos gustos.

—¿Sí? —preguntó él.

—Definitivamente. —Me acerqué a él con un plato de curry y arroz, mis ojos hundiéndose en el suelo. Mi mirada atrapada en los pies de Alice.

Intenté y fracasé en no sonreír mientras le preguntaba a Ali—. Cariño, ¿has mirado tus pies últimamente?

Arrugando la nariz en confusión, Alice miró hacia abajo. Ella suspiró.

—Mierda.

Curioso, Edward miró hacia abajo también después de aceptar su plato de mí y de inmediato se atragantó con su bocado de curry.

Me eché a reír.

Alice llevaba dos zapatos diferentes. Eran bajos de un estilo similar, pero uno era sin duda marrón y el otro negro.

—He estado vagando todo el día por New Town así.

—Dudo que muchas personas se dieran cuenta de tus pies, Ali.

Se quitó los zapatos y nos instalamos todos alrededor de la mesa, comiendo y planeando. Bueno, Edward había hecho toda la planificación, por lo que fue más que nada yo asintiendo a sus sugerencias y cubriendo la boca de Alice cuando se puso demasiado vocal en sus opiniones sobre las flores.

Estábamos terminando cuando el teléfono de Alice sonó. Era Jasper, solicitando su compañía, aunque por la forma en que se sonrojó dudaba que la solicitud fuese cortés, o falta de insinuaciones sexuales.

Se levantó a toda prisa, dándome una sonrisa y a su hermano un beso en la mejilla.

—Esto fue muy divertido. Gracias por dejarme estar aquí. ¡Hablamos pronto! —Ella flotó fuera de la cocina, en su mente ya fuera del apartamento y con Jasper.

—¡Dile a Jasper que dije hola! —le dije.

—¡Lo haré! —La puerta se cerró de golpe tras ella.

Empujé mi plato a un lado, ahuecando mi barbilla en la palma de mi mano mientras le sonreía a Edward.

—Gracias por hacer todo esto.

—No hay de qué. —Su sonrisa se convirtió en un bostezo. Se pasó una mano por su cabello, viéndose agotado—. Lo único que queda por planear es la noche de gallinas y ciervos.

Una noche de gallinas era lo que los británicos llamaban una despedida de soltera, y una noche de ciervos una despedida de soltero.

—¿No están Alice y Jasper organizando esas?

—Sí, al menos eso es algo.

Resoplé.

—Está bien para ti decirlo. Dudo que Jasper vaya a organizar una fiesta de té elegante para la tuya.

—Nah. —Edward sonrió—. Noche de Casino.

Hice un puchero.

—Yo quiero una noche de casino.

—Ten una noche de casino. Voy conseguir que Jasper impulse a Alice en la dirección correcta.

—No podemos terminar en el mismo lugar durante nuestras fiestas.

Edward se inclinó hacia mí, su mirada curiosa.

—¿Por qué no?

Sorprendida por la pregunta ya que pensé que la respuesta era bastante obvia, parpadeé un par de veces.

—Uh, porque se supone que debe ser una noche simbólica donde celebramos nuestra última noche de soltería.

—Pero no estamos solteros. Estamos casados sin el certificado. Vamos a cambiar la simbología de eso. Celebremos juntos. Vamos a celebrar cómo queremos seguir por el resto de nuestras vidas.

Amaba la forma en que me miraba. Tan llena de… todo.

—Puedes hacer que absolutamente cualquiera se quite los pantalones con tu encanto —dije en voz baja.

Él sonrió.

—¿Supongo que eso significa que te gusta la idea?

—Me encanta la idea. Me encanta todo lo que has dicho. Pero sé que Alice está entusiasmada con esto, así que vamos a darles a nuestros amigos lo que quieren.

—Jasper mencionó strippers —me advirtió Edward, con los ojos brillantes.

—Si Jasper reserva una stripper para ti, obligaré a Alice reservar un stripper para mí.

Riendo, Edward se relajó en su silla.

—Entonces acordemos nada de strippers.

Levanté mi vaso de agua y esperé a Edward a hacer lo mismo.

—Por no strippers.

—Por no strippers —repitió.

—Y vamos a hacer eso un lema para nuestro matrimonio.

Riendo, Edward asintió.

—Puedo garantizarlo.

Hice un gesto hacia nuestros planes y le di una sonrisa.

—Así que, ¿hemos terminado por la noche? ¿Podemos holgazanear frente a una película ahora?

—Por supuesto.

Juntos, limpiamos nuestros platos y despejamos los planes de boda.

Media hora más tarde nos recostamos en el sofá juntos, mi cabeza sobre el pecho de Edward, su brazo alrededor de mi espalda, mientras veíamos una película de acción. Cuarenta minutos después, incliné mi cabeza hacia atrás para mirarlo a la cara y dije:

—A veces no puedo creer que tengo la oportunidad de hacer esto contigo por el resto de mi vida.

Sorprendido por mi sentimiento, Edward me miró, con los ojos brillando con diversión.

—¿Qué? ¿Ver una película?

—Sí —le respondí con honestidad—. Recostarme en tus brazos y ver una película de mierda. Puede parecer sencillo para otras personas, pero es todo para mí.

La diversión dejó su expresión, rápidamente reemplazada con algo mucho más intenso a medida que él se estiraba para acariciar mi mejilla con el pulgar.

—Me alegro que estés renunciando al bar.

—¿Lo estás?

—Sí. Nunca me ha gustado que trabajes allí, y te echo de menos los fines de semana.

—¿Por qué no dijiste nada?

—Porque parecías feliz. Es algo así como una especie de mi misión de vida asegurarme que permanezcas de esa manera —bromeó.

Sonreí.

—Entendido. Bueno, misión cumplida. Tengo un montón de nuevos amigos, así que ya no necesito el bar para una vida social. Y quiero concentrarme en mi escritura y en nosotros. Entregaré mi renuncia esta semana.

Edward asintió y me apretó más cerca.

—Suena bien, nena.

Acurrucándome contra él, dejé escapar un suspiro de satisfacción y volví la mirada de nuevo en la película.

—Ufff. —Me burlé de la pantalla mientras nos empapábamos en el calor del otro—. Cómo si un policía comenzara a disparar en un lugar público como ese. ¿Qué es esta mierda que estamos viendo?

—Algo acerca de "todo para ti", me parece.

—Hmmph. Bueno, lo será si nos volvemos un poco más exigente en nuestras opciones de alquiler. Oh, Dios —gemí ante la pantalla—. Este tipo es un idiota.

—¿Isabella? —Edward apretó su brazo alrededor de mí y levanté la mirada para encontrarlo sonriendo—. Sólo para que lo sepas, esto es todo para mí también. —Se inclinó para darme un beso dulce antes de girar de nuevo a la televisión—. Tal vez menos el comentario de la audiencia.