A VECES NO VEMOS LO QUE TENEMOS EN FRENTE ASÍ QUE NECESITAMOS TENERLO MÁS DE CERCA PARA APRECIARLO MEJOR
CAPÍTULO III: PARA MENTIR Y COMER PESCADO SE NECESITA TENER MUCHO CUIDADO
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—¿Shinichi? —Le sorprendió que pronunciara su verdadero nombre tan rápido, eso realmente no se lo esperaba y le dieron ganas de regresar a la mentira otra vez.
—¿Qué estás diciendo Ran neechan? —Estaba dudoso de nombrarla así después de lo que acaban de hacer, pero sabía que decirle Ran seria echar a la basura sus diez años como su hermano menor.
—¡Shinichi! — Se percató de que ella ya no dudaba, que sabía que definitivamente era él.
—Ran neechan no soy él. —Visualizo sus gafas que estaban en la esquina inferior de la cama del lado donde se había dormido la joven y se dirigió hacia ellas para ponérselas. Aunque había tomado la decisión apresurada de decirle la verdad, ahora que la enfrentaba le tenía miedo. Pero parece ser que ella se percató de lo que tenía planeado hacer y al estar más cerca tomó las gafas antes que él.
—¡Estúpido Shinichi! —Se quedó quieto ante esa frase, no quería hacerla enojar más. No le convenía —. Lo único que diferencia a Edogawa Conan de Kudou Shinichi son estos estúpidos lentes, —los cuales apretaba con fuerza que parecía que en cualquier momento los iba a romper —, pero en realidad ninguno de los "dos" necesita lentes. Tus padres tienen buena visión, solo que tu papá los empezó a utilizar porque se cansaba mucho la vista leyendo.
—Ran, ¿cómo…
—¿Cómo me di cuenta que eras tú? —Terminó la pregunta por él —. Por Dios, Shinichi siempre dude de ti o mejor dicho de Conan y lo sabes; por eso encontrabas un método para alejarme de la verdad. —Bajó la mirada, no podía seguir enfrentando a esos violetas que pareciera que en cualquier momento iban a derramar lágrimas, otra vez por su culpa —. Pero definitivamente la forma en la que me miraste ahora te delató; pero también lo hizo como pronunciabas mi nombre anoche, —vio que unos matices rojos se apoderaron del rostro de la joven al recordar lo sucedido —, solo podía pensar en Shinichi cuando me nombrabas, pensé que me estaba aprovechado de Conan para poder remplazar a ese maniático de los misterios en mi imaginación, pero resulta que esos dos son tan idénticos que la única diferencia es esto. —Los lentes seguían en su mano, los cuales no soportaron la presión que la karateca ejercía sobre ellas y cedieron ante su fuerza rompiéndose —. Eres un estúpido Shinichi —gritó antes de lanzarle un golpe, el cual el claramente esquivo levantándose de la cama, aun teniendo el tiempo de sobra para poder envolver la mitad de su cuerpo con una sábana, pues no traía nada encima igual que ella.
—Ran, tranquilízate —pidió, para que se diera cuenta de la situación, aunque debía agradecer por poder apreciar esa hermosa vista que tenía: sus firmes músculos al desnudo.
—Eso es lo que menos quiero. —Él sabía que lo que menos debía pedir a una mujer enojada era que se tranquilizara, pero no perdía nada en intentarlo; ella ahora le lanzó una patada dejando en evidencia que aún conservaba sus excelentes técnicas de karate, pero él que ha fortalecido sus reflejos gracias al futbol lo esquivo nuevamente —.¡Estúpido Shinichi, déjate golpear! —Tomó otra sábana aprovechando que había bajado un poco la guardia y la cubrió con ella.
—Creo que no estás en condiciones de darme una paliza. —Una vez que todo su cuerpo estaba cubierto por ese manto, la acercó a su cuerpo para abrazarla —. Pero debo agradecer la vista, ha sido maravillosa, —sabía que decir eso podría tener dos efectos en ella, que se enojara más y que siguiera con el intento de golpearlo o que la vergüenza la atacara y corriera a vestirse —. Una vez que estés más calmada, después del desayuno podemos hablar —. Abandonó la habitación con su cuerpo todavía cubierto por esa improvisada vestimenta.
—Maldito Shinichi —escuchó una vez que ya estaba en su habitación.
Ya se encontraba completamente vestido, pero no se atrevía a salir de su habitación. Los sentimientos de Ran ahora se encontraban como una bomba del tiempo y aunque fuera un experto tratando con ellas, no sabía qué hacer con Ran. En cierta forma el peligro ya no existía, lo único por lo que se había quedado con ella era porque él también se hizo adicto a ser el consuelo de ella cuando no se encontraba bien. Haibara y el profesor le insistieron en que le dijera la verdad, pero él resulto ser un cobarde que no se animaba a decirle por temor a perderla, aunque esta vez para siempre.
—¿Shinichi? —escuchó su nombre a través de la puerta, en cierta forma ya no había rastros de enojo. —Ya está el desayuno, ¿saldrás a desayunar?
Y ahí estaba de nuevo esa interrogante, ¿Cómo podía ser tan buena? ¿Cómo podía seguir tratándolo igual a pesar de todas las mentiras que le dijo? ¿Por qué no podía odiarlo después de todo esto?
—En seguida salgo, Ran… —Se sentía tan extraño nombrarla de esa forma, diez años de decirle neechan le estaban pasando factura.
—Está bien. —Le pareció notar que estaba contenta, tal vez decirle la verdad no podía ser tan malo, había hecho todo eso para mantenerla lejos de esa guerra y lo había logrado.
Salió de su habitación y no notó nada diferente a cuando solía ser Conan y no debía pues no había pasado ni un día desde que dejo de usar la máscara de niño tierno para Ran.
—Huele bien. —Ella era muy buena cocinara, siempre lo había sido, pero al parecer preparó el desayuno favorito de Shinichi, no el de Conan, el de Shinichi.
—Pon la mesa por favor —pidió sin siquiera voltearlo a ver, él rápidamente obedeció esa orden.
Ella llevó la comida y él lo necesario para poder disgustarla. Comieron en silencio, él no se atrevía a arruinar el ambiente destruyendo su edificio de mentiras que construyó durante esos diez años y agradeció mentalmente que ella le estuviera dando tiempo.
—¿Bien? —cuestionó una vez que ambos ya había puesto sus palillos encima de los platos que acaban de utilizar.
—¿Bien? —Sabía a lo que se refería, pero aún no estaba listo o tal vez no encontraba las palabras para decírselo.
—¿No me vas a decir el por qué rejuveneciste? ¿No me vas a contar por qué has estado tantos años viviendo en mi casa como Edogawa Conan? ¿No me vas a decir por qué no me contaste la verdad durante todo este tiempo?
—Bueno. —Dio un largo suspiro —. Ya no quiero seguir mintiendo, así que aunque me gane tu odio y después me muelas a patadas y golpes de karate, te diré toda la verdad.
—Gracias —fijó su mirar en él. Lo podía sentir y eso en cierta forma le ponía más nervioso.
—La pregunta más fácil de responder es el porqué de no te conté la verdad, todo se puede resumir en que quería protegerte; eras, eres y serás lo más importante para mí y tal solo imaginar perderte por una tontería mía nunca me lo perdonaría; así que protegerte aunque tuviera que mentirte al respecto era un precio muy alto que valía la pena pagar.
—¿De qué me proteges? —Notó miedo en su voz.
—Te protegía, hace más de seis años que eso no existe. Era una malvada organización, una que hacia cosas ilícitas y borraba toda evidencia aun si debían desaparecer familias enteras de la noche a la mañana.
—¿Cómo la derrotaron? —Con lo que había dicho, sus gestos se suavizaron.
—Fue un apoyo en conjunto del FBI, CIA y la policía japonesa del servicio secreto, además de unos ayudantes extras proporcionados por mí.
—Si dejaste que otros te ayudaran pero ¿por qué yo?, se supone que éramos mejores amigos y novios pero aun así no tuviste la confianza en mí para que yo te ayudara.
—Te conozco, por eso supe que no eras la indicada para ese tipo de misión. Darías tu vida por ponerme a salvo y yo no soportaría vivir con la carga de que te pusiste en peligro por mi culpa. La gente que me ayudó sabía el riesgo y ellos también tenían personas importantes esperándolos en casa, por eso yo sabía que ellos no pondrían en riesgo su vida por mí, algo que tú harías sin pensarlo.
—¿Cómo conociste a esa organización? ¿Por qué te viste envuelto en su captura?
—Porque no podía perdonar lo que me hicieron. —Su voz denotaba ira y dolor.
—¿Qué te hicieron? —Su rostro y su voz delataban curiosidad.
—Esto, —señaló todo su cuerpo —. Lo que causo que mi vida empezara otra vez, que me perdiera bellos momentos a lado de la persona que más amo, que mi ser querido se sintiera odiado ante mi ausencia. Rejuvenecí. Mi estúpido sentido de justicia me hizo seguirlos, ese día en Tropical Land fue el inicio de mi guerra contra ellos, al darse cuenta de mi presencia me drogaron, se supone que debía morir pero la vida me dio otra oportunidad y solo volví a ser niño.
—¿Por eso fue que empezaste a vivir conmigo? ¿Para ocultar tu identidad?
—Sí, el profesor me sugirió que viviera contigo ya que tu papá es detective y así lograr encontrar alguna relación de ellos en algún caso, además de que si no encontraban mi cadáver irían a mi casa a buscarlo y si yo me encontraba ahí podía resultar perjudicial. Al principio solo era para ocultarme y recolectar información pero cuando me confesaste tus sentimientos hacia mí supe que debía protegerte a cualquier costo. No podía dejar que mi ángel se manchara de negro o de rojo. —Rompió la distancia que había estado manteniendo y toco su mejilla, su piel era suave al tacto, ella no pareció desagradarle eso.
—Si toda esa pelea ya terminó, ¿por qué sigues siendo Edogawa Conan? —Esa pregunta le dio directo en el corazón, las anteriores parecían muy sencillas; pero definitivamente esa era la que se encargaba de quebrarle su corazón en miles de pedazos.
—No hay antídoto. —Soltó esas palabras, pero le costó tanto pronunciarlas —. La científica que creo la droga, —no quería pronunciar su nombre, creía que tal vez ella llegara a odiar a Haibara, más de lo que se odia a sí misma, si se entera que tiene una parte de la culpa de que su cuerpo este ahora así —; se alió con nosotros en busca de protección y estuvo trabajando para encontrar antídotos pero lo único que lograba era hacerlos de corta duración.
—Por eso Shinichi venia pocas veces en su verdadero cuerpo.
—Así es. Pero hace siete años, los antídotos ya no eran lo suficientes duraderos. Así que se encargó de hacer análisis de mi sangre y descubrió que me hice inmune a ellos. Y por eso tome la decisión de liberarte de mis ataduras, porque Kudou Shinichi ya no iba a ser capaz de exitir.
—Entonces aquella llamada…
—Todo fue mentira. —Se levantó de su lugar frente a ella para ahora ocupar el asiento a su lado —. Siempre te he amado igual desde el primer día. —Tomó con delicadeza su cara e hizo que la volteara a ver para que se pudiera dar cuenta de que todo lo que decía era verdad.
—¿Desde cuándo? —Su rostro denotaba que una vez más empezaría a llorar.
—¿Desde cuándo qué? —Sabía a lo que se refería pero quería escucharlo de ella, quería escuchar la pregunta completa.
—¿Desde cuándo te gusto? —Él sonrió, mirándola con ternura.
—Desde el primer día que me dedicaste una sonrisa. —Hacia tantos ayeres que tal vez ella no recordara la fecha exacta pero para él es un día que lleva tatuado en sus recuerdos. Rompió la poca distancia que los separaba y unió sus labios con los de ella, nuevamente, pero esta vez si la besó como Shinichi, con amor, cariño, ternura; era algo que a él le transmitía paz y esperaba que a ella también, pero se dio cuenta que no cuando no le correspondió. —Lo siento, quería hacer eso —se disculpó y después se puso de pie —. Entiendo que tal vez ya no quieras ver más a este mentiroso.
—Espera Shinichi. —Vio que ella quería alcanzar su mano pero él no se dejó.
—Sé que te sientes confundida, que tienes muchos sentimientos encontrados, que acabas de descubrir un mundo, que tu adorable hermanito siempre estuvo enamorado de ti o de que era el joven de que estabas enamorada. Lo entiendo y sé que no sabes que hacer —dijo antes de adentrase a su habitación, que compartía con Kogoro, para después salir con una maleta. —No me lo estas pidiendo, pero siento que es lo que debo hacer; después de todo hace más de siete años que no sé qué tipo de relación llevamos. Por eso creo que es lo mejor que me vaya, después de todo se supone que debía hacerlo hace seis años. Pero no te preocupes, este tiempo a solas es para que puedas pensar, si me perdonas, si me odias, si me sigues amando; tienes un mes para descubrirlo, que es lo que falta para acabar las clases en el Instituto Teitan, después de eso "Conan kun" se irá con sus padres al extranjero.
—Espera Shinichi —. Se puso de pie y esta vez sí logró alcanzarlo, lo abrazó —. Gracias por entenderme y darme tiempo para pensar; no te perdono pero tampoco te culpo es algo que tuviste que hacer para protegerme, pero creo que si es lo mejor alejarnos un tiempo, después de todo tuvimos una toxica relación, donde me aprovechaba del niño que cuidaba solo para remplazar un viejo amor, el cual siempre me pareció tan idéntico; pero ahora entiendo porque, eran la misma persona.
—Nunca te aprovechaste de mí, creo que fue al revés —Le correspondió el abrazo —. Haré lo que tú me pidas, que me quede, que me vaya, que seamos novios, que me odias; así que cuando te sientas lista para decírmelo sabes dónde encontrarme. Solo que hay tiempo límite. Nos vemos Ran neechan —se despidió con su tono de niño mimado.
—Hasta luego Conan kun —Le dio un beso en la mejilla y lo despidió en la puerta. Mientras bajaba las escaleras pudo sentir su mirar en su espalda.
Era medio día cuando abandonó la agencia de detectives, se veía raro ver un joven con una maleta como si se fuera de viaje, pero no importo las acusadoras que los transeúntes le dedicaban él se dedicó a caminar, pudo haber tomado el metro para ir a su casa, pero caminar le tranquilizaba.
—¡Shinichi! —Fue bien recibido por el anciano, llegó a su casa por la tarde —. ¿Qué pasó? ¿Por qué vienes con maleta? —preguntó al percatarse del equipaje del detective.
—Por la cara que traes, creo que ya le contaste la verdad a la chica de la agencia de detectives —dijo Haibara cuando lo vio.
—¿Ran kun ya sabe la verdad? —Él solo afirmó moviendo su cabeza —. ¿Cómo lo tomó?
—No lo sé, le dije que nos separáramos un tiempo para aclarar nuestra relación.
—Cobarde, como siempre —exclamó mientras le daba una taza de café.
—Gracias —agradeció el gesto.
—Entonces Shinichi, ¿Qué harás? —preguntó el profesor que se encontraba sentado junto de él disgustando esa bebida caliente al igual que él.
—Viviré en mi casa, ya no hay organización que busque mi cadáver. Por eso vine por las llaves.
—Oh ya veo, están donde siempre. —Señaló un mueble al fondo de la cocina —¿Y lo otro?
—Si Ran no me pide que me quedé, ese seguirá tal cual.
—¿Piensas dejarla? —cuestionó Haibara que lo había estado observando en silencio.
—Shinichi la dejó hace siete años, ahora lo hará Conan —dijo como si hubiera sido lo más lógico y a su raciocino así lo veía él —. Nosotros no le aportábamos nada bueno a su vida, merece ser feliz conmigo o sin mí.
—Bueno, la ventaja de que te vayas al extranjero es que como ya tengo el antídoto podrás irte del país como Kudou Shinichi.
—Sí, eso es lo que me animo aún más al tomar esa decisión, al principio mis padres me querían mandar como un animal.
—Bueno… —se abstuvo de hacer su comentario hiriente —. Eso quiere decir que si te animaras a tomarlo.
—Dices que es el definitivo así que confiare en ti, científica loca.
—Si no, te servirá lo suficiente para salir del país, detective cobarde.
—Gracias por pensar en las ventajas —dijo con notorio sarcasmo.
—Shinichi, ¿vendrán tus padres por ti? —cuestionó el profesor, no hacía mucho que le contó de su plan, inclusive antes de que Ran se enterara de la verdad, pero había olvidado comentarle los detalles.
—Sí, quieren venir a mi graduación. Además de que el plan inicial era hacerme pasar por una mascota, así que era necesario que vinieran. Debo hablar con ellos para decirles que Haibara tiene listo un antídoto. Pero, ¿estas segura que es el definitivo? —Volteo a verla, sonaba demasiado bello para ser verdad.
—Sí, eso es lo que quiero creer. Estuve experimentando. Pero en dado caso de que no sea el definitivo cálculo que si te va a durar un prologado periodo de tiempo ya que llevas más de siete años sin tomarlo.
—Bueno, creo que tienes razón. Me servirá solo para escapar, pero espero que realmente sea el verdadero.
—Yo igual espero eso.
—Y tú, ¿piensas tomarlo?
—No, no hay nadie que espere por Miyano Shiho, en cambio Haibara Ai ya tiene una gran vida a lado de sus amigos.
—Bueno, gracias —dijo después de haber tomado el líquido que quedaba en su taza para luego levantarse y coger las llaves de donde el profesor le dijo que se encontraban —. Parece que nuevamente seré su vecino. —Hizo una reverencia —. Gracias por todo.
—Buena suerte Shinichi —Le deseo, cuando iba saliendo de su casa.
—Podremos irnos juntos a la escuela desde ahora —le dijo a la chica de castaños cabellos que se había quedado dentro recogiendo las tazas que un momento atrás habían usado.
—Ni que fuera tu noviecita para irte a buscar.
—Bueno, nos vemos mañana allá. Gracias profesor por todo.
—Oye, Shinichi, ¿y tus lentes? —Apenas se percató de que no traía ese accesorio que caracterizaba a Edogawa Conan.
—Ran los rompió —dijo mientras miraba a la nada, deshacerse de eso era como una liberación a su alma.
—Por aquí tengo los de repuesto. —Ya había entrado de nuevo a su hogar para buscarlos.
—Así está bien profesor, ya no es necesario. Ya no hay más mentiras que mantener, ya no hay organización que atrapar y tampoco hay detective que tenga que suplantar.
—Bueno, si así lo quieres. —Le dedicó una sonrisa, que él le correspondió; al parecer entendía su sentimiento de sentirse liberado.
El tiempo pasó sin que él se diera cuenta, sus padres ya estaban con él viviendo en la casa. El día siguiente al que llegó a la escuela muchos se sorprendieron de que no llevara lentes pero nadie le preguntó el por qué y realmente se los agradecía. Procuro no meterse en casos, no quería encontrarse al inspector Megure que sería el que tuviera más probabilidades de reconocerlo; durante ese mes hizo cosas que se podría decir que debió hacer como un joven normal de diecisiete años.
Sus padres fueron disfrazados a su graduación, así que él también lo hizo, se puso nuevamente sus gafas; al finalizar la ceremonia se encargó de despedirse de todos: la liga juvenil de detectives, sus profesores, los detectives de la policía metropolitana de Tokio; todos estaban muy sorprendidos de que el niño que siempre los ayudaba en los casos se despidiera de ellos para siempre porque después de todo, él tenía planeado volver a ser Shinichi o si eso no sucedía, no volver a pisar suelo japonés en su vida.
Durante ese tiempo nunca la vio, no se ocultó de ella pero tampoco la buscaba. No la quería presionar, ella sabía lo que él iba a hacer, se encargó de mandarle unos mensajes. Si acaso le pareció verla cuando fue su ceremonia de graduación, pero simplemente intercambiaron unas miradas y dudaba de que fuera ella.
—Shin chan, mañana nos vamos. —Su madre le habló a través de la puerta sacándolo de su ensoñación —. ¿No te vas a tomar el antídoto? La niña ya está aquí para eso.
—Dile a Haibara que me espere. En un momento salgo —pidió mientras se levantaba de la cama, estaba cansado, hacer el equipaje lo había dejado así.
Se observó por última vez en el espejo, ese rostro joven, ese que dejo de ver hace diez años para convertirse en un niño nuevamente. Pasaría de tener diecisiete años para tener veintisiete, envejecería diez años en cuestión de minutos. Pero bueno, eso era lo que siempre había deseado, volver a ser él mismo. Abrió la puerta de su habitación con determinación en su rostro.
—Estoy listo —les comunico a las dos mujeres que estaban frente a su entrada. Haibara le extendió una caja donde se podía entender que estaba la pastilla y su madre le dio ropa.
—Es de Yuusaku, dudo que te quede lo que usas ahora; mañana antes de irte compraremos ropa —dijo muy animada su madre.
—Gracias. —Se metió de nuevo a su habitación. Se vistió con la ropa que le proporciono su madre, le quedó un poco grande; y después sin pensarlo se tomó el antídoto.
El cuerpo le ardía, tenía tiempo que ya no lo tomaba así que se había desacostumbrado a ese dolor, sentía como su cuerpo se hacía un poco más grande. Pero el instante de ansiedad no duro tanto, no era lo mismo pasar de siete años a diecisiete que de diecisiete a veintisiete, el cambio en el cuerpo no era tan drástico. Pero aun así perdió el conocimiento.
—Shin chan
—Kudou kun
—Shinichi
—Shin chan, Shin chan —escuchó unas voces, pero podría darse cuenta que la voz de su mamá era la que más resaltaba —. ¡Shin chan! —gritó de emoción cuando él ya pudo abrir los ojos.
—Bienvenido de vuelta —exclamó su padre con una sonrisa mientras lo veía.
—Al parecer tus signos vitales se mantuvieron estables todo este tiempo. No hay nada de qué preocuparse, si acaso deberías de estar en observación. No sabemos si te puedes llegar a rejuvenecer nuevamente.
—¿Estás seguro de viajar en esa condición? —preguntó su padre.
—Sí.
—Si lo haces y rejuveneces no sabemos si podrías volver a entrar a Japón o a salir del país a donde vayamos.
—Es un riesgo que estoy dispuesto a correr —dijo con determinación en su voz.
—Bueno, salimos en unas horas. —Su padre abandono su habitación.
—Pero, ¿y Ran chan? —cuestionó su madre, los otros dos se voltearon a ver.
—Ella ya sabe la verdad detrás de Edogawa Conan y también sabe todos los movimientos que yo estoy haciendo si ella no me pide que me quede o me pide verme, no lo haré. Ella ha de tener sus razones para no contactarse conmigo —dijo con una sonrisa pero en su voz se escuchaba tristeza.
—Bueno, tú sabes lo que haces —dijo su madre, al parecer no le convenció su respuesta, pero después de eso dejó a los jóvenes solos.
—Éxito en tu viaje Kudou kun. —Le dio un leve golpe en el hombro como señal de despedida y luego caminó a la puerta.
—Nada de "éxito en tu viaje", quiero que me vayas a despedir al aeropuerto con el profesor —pidió mientras la tomaba del brazo para detener su marcha.
—Ya te dije que no soy tu noviecita como para hacer eso —se excusó y después se liberó de su agarre.
—No, pero eres mi amiga y también mi confidente —dijo con ternura —, me conoces bien y aun así me aceptas.
—Es mutuo, a pesar de todo lo que hice, nunca me odiaste. Pero está bien ahí estaré. Aprovechare para darte una última revisión antes.
—Gracias por todo Haibara —Le dedico una sonrisa.
—Soy ya la que debería agradecer, arriésgate todo por mantenerme a salvo y por eso ahora puedo llevar una vida normal, lejos de extrañas organizaciones.
—Bueno, entonces, nos vemos mañana.
—Hasta mañana Kudou kun. —Ahora sí, después de eso la joven abandono la habitación.
Se sentía cansado, así que no se levantaría hasta que sus padres se lo ordenaran para irse al aeropuerto o comprarse ropa según lo que su madre quisiera. Ya estaba listo para empezar nuevamente una vida como Kudou Shinichi, con o sin la mujer de su vida.
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N/A: Buueno, creo que los volví a dejar con la intriga (?) xD
Ya solo le queda un capitulo a este fic, , espero hacerlo bien :3
GRACIAS POR LEER
Iwanaha: Si, recordaba algún comentario tuyo en una de mis otras historias, deberías comentarme más seguido para que te recuerde más (?) ok no XD Este capitulo igual esta desde el punto de vista de Shinchi, y creo que te volveré a dejar igual o peor (?) xD Tendrás que esperar un poco más para saber más. Gracias por comentar n.n, nos leemos luego.
Shan: Bueno, pues ya termine el siguiente cap xD Espero que lo hayas disfrutado y en el próximo ya se acaba así que se cumplirá lo que querias de que lo termine (?) xD Gracias por comentar, espero te animes a seguir haciéndolo n.n Nos leemos luego.
