Summary: Ella tenía la vida perfecta, una sorella que la cuidaba, unos amigos que la trataban como de la familia y además el hombre de sus sueños estaba a su lado, aun así, cuando la menor de las hermanas Vargas se entera de su embarazo… decide abortar.
Disclaimer: Los personajes de Hetalia pertenecen a Hidekaz Himaruya. Si fueran míos… je je je España y Romano estarían casados y en espera de su quinto hijo n.n
Pairing: Háganse una idea de un Alemania X Fem! Italia/ Ludwig X Alice… o algo así.
N/A:Estoy muy enojada conmigo misma, primero porque mis fics tienen muchas faltas de ortografía, falta de comas, falta de mucho. Mis más sinceras disculpas. El capítulo final está aquí, por adelantado gracias por leer y perdón por si se me pasa una falta de ortografía… de nuevo.
•*•*•*•*•*•*•*•*•*•*•*•*•*•*•*•*•*•*•*•*•*•*•*•*•*•*•*•*•*•*•*•*•*•*•*•*•
(`*•.¸ (`*•.¸*ƹӝʒ *.•*) .•*)
¸.•*(.•*´`*• * Schwangerschaft * •*`*•.)*•.
(`*•.¸ (`*•.¸*ƹӝʒ *.•*) .•*)
•
†
•
†
•
*Kapitel 3*
•*•*•*•*•*•*•*•*•*•*•*•*•*•*•*•*•*•*•*•*•*•*•*•*•*•*•*•*•*•*•*•*•*•*•*•*•
—Yo la traicioné, maldición —gimió la mayor de las Vargas. Su novio la abrazaba y la consolaba de todo el dolor que sentía— ¡Maldición! Esa tonta dijo que confiaba en mí y yo… ¡Arg! —estaba abrigada de impotencia. Fernández la mimó tocándole la mejilla, y susurrando cosas lindas cerca de su oreja. Pero ella se sentía basura. Aunque había hecho lo correcto.
En la sala de la casa, sentados en el sofá se encontraban Chiara y Antonio. El pie de la chica de ojos verdes se movía contra el pobre piso, estaba nerviosa, ansiaba que el tonto macho patatas y el aún más tonto hermano del macho patatas llegaran pronto. Y que trajeran a su sorella con ellos. Moría por verla. Por saber que nada malo había pasado.
—Voy a ir con Elizabeta, díganle a Gilbert —Richelle con su pequeño niño en brazos y una pañalera en su hombro, se despedía de la pareja.
La razón por la que se iría con su amiga, era que cuando su esposo y su cuñado regresaran con Alice, no quería verla, no podrían, no sin insultarla o darle una bofetada, porque tenía los mismos pensamientos que Gilbert. Ella amaba a su hijo más que a nada, el hecho de que la italiana menor fuera capaz de pensar en un aborto era como… era la causa de un gran dolor.
El aborto pasaba todos los días en toda las partes del mundo, ya fuera por problemas, de manera controlada yendo al hospital, fuera legal o no. Pero en verdad ellos no exageraban. Sin otra cosa, pensaban que alguien que cuenta con el apoyo de todos sus amigos y familia no debe pensar en tal barbaridad. Eso era muy egoísta.
Lo que en verdad no sabían era que el supuesto egoísmo de Alice era sólo eso, supuesto egoísmo, porque ella estaba lastimada y asustada, hacía lo que pensaba que era lo correcto. Estaba enmarañada con sus propias remembranzas de la infancia. Nadie la entendía. Quizá si se sentaba y daba sus explicaciones, fuera posible que la entendieran, pero por lo menos Richelle Edelstein no iba a darle el beneficio de la duda.
—Sí, yo le digo, no tengas cuidado —contestó Antonio a su amiga, intuyendo sus reflexiones mentales, lo que la austriaca necesitaba era un poco de tiempo para pensar las cosas, y concebir que Alice no era la mala del cuento, antes no lo había sido, no lo sería ahora.
Richelle salió de la casa, limpiándose algunas lágrimas.
El reloj que se hallaba pegado a la pared, marcaba los segundos y los minutos, sin embargo para Chiara parecían horas y días. Y sí el hospital al que habían ido no era el correcto, quizá Alice ya había abortado y no la habían encontrado a tiempo. Nunca debió dejarla marchar, tenía que haberla parado, pero no lo hizo y ahora pagaba las consecuencias por su ineptitud. Lo que le daba consuelo era su novio, envolviéndola con su calor.
La puerta de la casa se abrió, la voz sollozante de Alice fue lo primero en oírse, un suspiro que era de Gilbert, pero nada proveniente de los labios del rubio alemán, ¿Por qué Alice lloraba? Se preguntó mentalmente su hermana, ¿Qué es lo que había pasado? ¡Maldición! Que alguien le dijera que pasaba.
—¿S-Sorella? —el cosquilleo invadió a Chiara, se levantó y apartando a los alemanes de su camino, rodeó a su hermanita, quien susurró algo que la mayor no alcanzó a entender— ¿Qué dices? —no obtuvo respuesta.
Ludwig sentía… ¿Qué sentía? Ni el mismo lo sabía, era una mezcla de cosas revoloteando por su mente, más que nada era dolor, porque Alice era el amor de su vida y le dolía mucho, Chiara le había dicho que la menor de las Vargas estaba asustada por como fuera a reaccionar él. Por supuesto que reaccionaría como todo hombre, feliz de poder convertirse en padre, ¿Cómo había sido posible que ella pensara tantas tonterías?
Claro que los negocios de la familia iban de maravilla, Ludwig y Gilbert se estaban haciendo famosos por su buen trabajo en el ámbito automotriz, también era cierto que con Kiku había una especie de alianza para mejorar todo en su trabajo… sin contar con la ayuda de Antonio, que era un gran apoyo. Pero eso no significaba que una boca más que alimentar fuera una molestia. Todo lo contrario.
—Vamos a tu habitación para que me cuentes lo que… —Chiara se vio interrumpida por su novio.
—Linda, es mejor que Ali hable con Ludwig, ¿No crees? —aconsejó, sabía que eso era lo correcto. Ellos estaban de más, Alice y Ludwig eran los únicos que podían arreglar sus propios problemas. No debían interferir.
—Sì —fue la elocuente respuesta de la chica— C-Creo que tienes razón, m-maldición —miró como su hermana subía las escaleras. Cerró los ojos fuertemente, le dolió el pecho, pero ella tenía la culpa.
El rubio subió detrás de Alice, pero con una distancia considerable, como si no quisiera estar demasiado cerca. Las escaleras fueron un camino eterno para la pareja, cuando los peldaños terminaron, Alice entró a su pieza dejando la puerta abierta, él se metió en la misma habitación, el sonido ahogado de la puerta, cerrándose lentamente, fue muy sublime.
Aun después de verse solos no hablaban, la italiana no se consideraba apta para iniciar la conversación, después de todo no iba a ser una charla normal, por su parte Ludwig estaba pensando en que se supone que iba a decir, posiblemente… ¿Pedir un explicación? ¿Abrazarla? Las muestras de sentimientos de ningún modo eran su fuerte, quizá las de furia sí. Ahora sólo sabía que estaba muy decepcionado.
Como una señal de inhabilidad para hacer lo correcto, el muchacho se sentó en la cama, apoyó los codos en sus rodillas y se sujetó la cabeza con las manos, suspiró sonoramente, y entonces la voz de Alice los consiguió llevar a algo más que el silencio. En ese momento el valor no era nada.
—¿E-Estás bien? —su vocecita cálida y temblorosa engendró en el rubio una imperceptible mueca, sin embargo no contestó— ¿E-Estás… molesto? —cambió la pregunta, sobándose el brazo, mirándolo por el rabillo del ojo, aun no se atrevía a verlo a la cara. No podría ver sus ojos azules sin sentirse menos que basura.
—No sé cómo estoy —masculló con el ceño fruncido, no había emoción para lo que tenía en el cuerpo, el enojo, no sabía dónde ponerlo, si contra él mismo o contra ella— Pero… ¡Maldición!, ¿Qué pasaba por tu cabeza? —gritó.
—Yo… no lo sé —Alice, que había estado de pie, se arrodilló junto a Ludwig, pretendiendo tomar la cara de él entre sus manos— Per favore… —el alemán la evadió, levantándose de la cama.
—¿Por favor, qué? —su voz era… tan diferente. Nada de la calidez de siempre. La italiana caminó hasta estar cerca, y agarró una de las manos masculinas entre las suyas, ella aún tenía en la cabeza las dudas sobre sí misma, sólo quería que la escuchara, que la comprendiera. Pero los errores de ésta vida, se pagan muy caro.
—Pero… pero no lo hice —se defendió Alice, él se soltó de su agarre— Yo… no… iba a hacerlo.
—¿Cómo me dices eso? —su pregunta fue dolorosa— Te vi, estabas a punto de entrar y… —se le atoró en la garganta lo que iba a decir, en el momento que vio Alice, lo único que cruzó su mente fue que había llegado a tiempo, pero aún no estaba seguro, las palabras que acaba de pronunciar ella "No lo hice" lo calmaron, pero no dejaron la decepción de lado.
—Yo es-estaba muy a-asustada… —reconoció, quería explicarse, pero no tenía la fuerza para hablar, más allá de que sabía que no iban a creerle, ella no se creía. La italiana era la que no creía en sus propias palabras.
¿Realmente hubiera renunciado a su decisión?, ¿Qué hubiera pasado si Ludwig no llega? Habría entrado, no lo habría hecho, su cabeza iba a explotar.
—¿Asustada de qué? —le preguntó él, el tono de voz que utilizó logró amedrentar severamente a la chiquilla. Como respuesta, ella se mordió el labio inferior.
—Asustada es e-esto… asustada d-de… ti —se sinceró Alice, él cerró sus ojos azules, se masajeó las sienes— Es que tú… es como si… —no era como si lo estuviera culpando, eso sería no conocer la vergüenza— T-Tú…
Pero Ludwig no la dejó terminar, la tomó de los hombros, y con algo de violencia, la sacudió, quería ver a través de ella, pero no podía, lo que antes había parecido sencillo, ahora le parecía más que imposible. El movimiento había agitado más que el cuerpo femenino, había hecho que se revolvieran sus emociones vividas.
—Estabas a punto de hacer una… estupidez, y ni siquiera me ibas a decir algo —lanzó— Por eso quiero saber, ¿Qué demonios pasaba por tu cabeza? Dímelo —exigió aun teniéndola sujeta. Él que siempre fue un hombre temperamental -que cuando era necesario- se podía volver alguien que reaccionaba con violencia y gritos, ella lo sabía y estaba muy temerosa.
—Sólo déjame e-explicarte lo q-que… —pero el alemán no la miro, no tenía intenciones de oírla, no tenía deseos. Por unos escasos segundos, Alice logró ver vulnerabilidad en los ojos de su pareja, él estaba tan lastimado como ella, quizá más— Es que tú sabes que mis padres…
—Conozco la historia de tus padres, si tuviste la confianza suficiente para contármela, ¿Cómo fuiste capaz de ocultarme esto? —se negaba a escucharla— Yo no soy como tu padre y… pensé que me conocías mejor—se sentía tan torpe, su voz sonó herida.
—¡Siempre haces e-eso! —la italiana se empezaba a volver loca— Sé que com-cometo errores, pero es como si tú es-esperaras que me equivoqué para… —eso era verdad, porque aunque sabía que él la amaba y todo lo que hacía era por su bien, se sentía más torpe al estar a su lado, un tropezón en su vida era como sentirse más inútil y menospreciada por la persona que más amaba, era como volver al pasado y dolía.
Dolía mucho.
—¡No puedes comparar esas equivocaciones con esto! —vociferó el hombre— ¡No es lo mismo!
—Y-Yo sólo quiero que un-una vez en tu vida me escuches, que no m-me regañes antes de… —necesita su perdón, la pelea se estaba saliendo del tema, comenzaba a volverse un desahogo para ambos.
—No quiero escucharte… no lo soporto, no puedo ni verte —que doloroso era pretender arreglar las cosas— por más que quiero no puedo… no logro entenderte… —los ojos de Alice, se abrieron se puso una mano en la boca, queriendo así, calmar el hipido que estaba a punto de salir.
Alice quería hablar pero sabía que lo que iba a decir no era correcto.
—¿Q-Quieres entenderme? —preguntó quebradamente— ¿Cómo harás eso, si no me escuchas? Nunca me escuchas—respiró— A-A veces odio eso d-de ti —mintió, claro que nunca odiaría algo de Ludwig, él era… perfecto. Ella que había estado a nada de abortar sin consultar a su pareja, ella era la que estaba reclamando, que mal. En cuanto pronunció esas palabras, se arrepintió.
Ludwig sólo la miró y le dijo algo… una frase sencilla, que la volvió pedazos.
—Entonces yo te odio por lo que estuviste a punto de hacer hoy…
•*´`*• * •*´`*•
—No puedo creer que la mariquita se haya ido —murmuró Gilbert, junto con Antonio y Chiara, los tres sentados en la sala— No lo entiendo.
—Claro que lo entiendes, ella piensa como tú —dijo el otro muchacho a su amigo— Pero… todos estamos dudando de ella—ella era Alice— quizá deberíamos escucharla, antes de sacar nuestras propias conclusiones —Beilschmidt lo miró, Antonio tenía razón. Alice nunca había hecho algo malo, y por un solo problema -sin afectar lo grande que fuera- la estaban mirando como la peor mujer del mundo. Merecía una oportunidad.
En el hombro de la mayor de las Vargas se colocó la mano cálida de su novio, ella sintió el apoyo, amaba a Fernández, él era un hombre tan bueno. Chiara desvió la mirada, sonrojada pero muy preocupada.
—Pero… —Gilbert suspiró— Sólo espero que West piense como tú —reconoció. Chiara le lanzó una mirada, ella también quería eso.
—Ya verás que todo va a salir bien —dijo el castaño, positivo.
Pero en ese momento oyeron pasos, los tres giraron sus miradas, Antonio hasta se puso de pie para ver mejor, y cuando vio a Ludwig, el rubio parecía muy molesto. Antes de que el muchacho español pudiera decir algo, Ludwig siguió su camino hacia la puerta, salió de la casa y dejó más que desconcertados a sus amigos. Chaira se alteró, luego de eso Alice bajó las escaleras también, ella lloraba.
—¿Alice? —preguntó la hermana mayor— ¿Qué pasa? —su corazón iba a salir de su pecho en cualquier momento.
—Él… me odia… —una exclamación salió de la boca de Chiara. Los dos hombres presentes sólo se miraron entre sí, las cosas no iban nada bien. Nada salía de acuerdo al plan. En verdad que la reacción de Ludwig era diferente a como la habían imaginado.
—Ali, cuéntanoslo, cuéntanos lo que pasó —Gilbert se acercó a las hermanas, por un instante Alice estuvo a punto de sonreír, por ver como regresaba el mote de antes— Ayúdanos a entender… si podemos…
•*´`*• * •*´`*•
Por las calles de la ciudad, Ludwig caminaba, no tenía un rumbo fijo, tan sólo quería alejarse, alejarse del dolor y de sus propios sentimientos, no obstante era imposible. Tenía grabada en la mente la hermosa cara de Alice, llorando, porque -aunque ella lo había lastimado- él no quería lastimarla, se sentía mal, una persona terrible. Se detuvo hasta que se sintió un poco cansado, se encontró a si mismo enfrente de un bar. Quizá lo que necesitaba era olvidar.
—… Alice —se susurró, ese nombre le quemó los labios.
Tantas experiencias vividas, tantos momentos de felicidad y ella no confiaba, él, que siempre se proponía, todos los días, hacerla feliz. Miraba los errores de la italiana, pero no era capaz de ver sus propias equivocaciones. Si la hubiera escuchado desde un principio había podido ver la verdad en sus ojos.
El alcohol no era la solución y Ludwig lo sabía pero aun así, entró. Porque era lo único que podía hacer o eso es lo que pensaba en aquellos momentos.
…
—¿Estás solo? —preguntó una mujer pelirroja, ella llevaba varios minutos observando a Ludwig, estaba interesada. Él estaba sentado en una mesa del bar, con una cerveza enfrente pero no la había probado, ni eso lo animaría.
El rubio sólo miró a la mujer, ni siquiera le puso mucha atención. Pero al ver a esa chica, que son seguridad quería coquetear con él. La noche afuera y el sonido de un bar no impidió que él recordara algo, algo que era importante: varios meses atrás a Alice habían llegado falsos rumores que hablaban sobre infidelidad. Un grupo de mujeres, sin nada que hacer, le habían inventado a Vargas un montón de tonterías, hasta el nombre del hotel donde la engañaba.
Eran de su propio trabajo, y le habían creado con romance ficticio con la secretaria, en cuanto se enteró, habló con la italiana sobre el tema. Para explicarle que no era verdad.
"Con sólo ver tus ojos, sé que estás diciendo la verdad" habían sido las palabras de Alice, le tenía confianza, sin embargo eso contradecía lo que ella había hecho ese día, pero no era el caso, lo que era importante era que lo había escuchado y entendido.
La mujer pelirroja se acercó, pero Ludwig se levantó de su sitio, ignorándola -provocando que la mujer se enojara- él decidió que era tiempo de volver a casa y escuchar cada palabra y mensaje de su novia.
•*´`*• * •*´`*•
Los tres habían escuchado atentamente a Alice, la pobre muchacha les contó entre sollozos, pero cada palabra les sabía a verdad, ella no había mentido, estaban seguros. Les había comentado desde qué sintió al saber que estaba embarazada, hasta el momento donde la presencia y tacto de una niña la habían hecho desistir de su decisión.
Nada cambiaba que ella hubiera pensado que la decisión correcta era el aborto, pero se había arrepentido y eso era lo que valía la pena. Pero, ¿Quién creería eso? Simple, las personas que miran a los ojos, saben cuándo la gente miente o cuándo está diciendo la verdad.
…
En la habitación de Alice, estaban ella y su hermana mayor, la cabeza de la más chica estaba recostada en el hombro de Chiara, la última le tenía la mano puesta en los cabellos, acariciándolos, dejando salir su lado más tierno, por ella, por su tonta hermana menor.
—Él me odia —se repetía mentalmente Alice.
A Chiara le costaba un poco de trabajo creer en su sorella, pero al ver el rostro de Alice mientras hablaba, era imposible no creerle, porque ella detallaba cada parte de su sufrimiento. Haber recapacitado en el último momento era suficiente para una segunda oportunidad.
…
En la cocina de la casa Gilbert hablaba con su amigo:
—Me siento mal por no haber pensado en que ella lo estaba pasando muy mal, por lo menos se arrepintió, ella no iba a… tú sabes —se dijo el mayor de los alemanes, hablaba más para él que para su amigo— No fue nada awesome de mi parte juzgarla, pobre Ali —miró a Antonio y éste le sonrió—… Me preocupa West.
—¿Crees que sería bueno salir a buscarlo? —cuestionó Fernández— Ya es muy tarde y no llega, no sabemos dónde está, Ali necesita verlo.
—Ja, vamos a buscarlo —Gilbert tenía que hacer entrar en razón a su hermano menor— ¡Yo conduzco! —exclamó enérgico, encontraría a Ludwig, haría que ellos se reconciliaran y después también haría entrar en razón a su esposa, Richelle lo iba a escuchar a él.
—Vale, sólo espérame, le diré a Chiara.
•*´`*• * •*´`*•
El pequeño niño de cabellos albinos estaba entre los brazos de Elizabeta, la húngara lo cargaba con cariño, mientras Richelle le platicaba lo vivido ese día. Claro que Elizabeta, quería conocer la versión de Alice, pensaba como Antonio.
—Ya no sé pensar —murmuró Edelstein.
—Creo que te precipitaste, Rich, es mejor que regreses a tu casa —Albert creaba sonidos de bebés, esos sonidos que llenan de ternura— Sólo vas a preocupar al tonto de Gilbert.
—Pero yo no quiero verla —dijo, no mirando a su amiga.
—Eso suena muy egoísta, ¿Qué pasa por la mente de todos? —preguntó la húngara— Por lo menos yo quiero saber qué es lo que Alice pensaba, pobrecilla, por lo que me dices estaba muy asustada —los pensamientos también eran una maraña en la cabeza de Richelle pero de todos modos sabía que Héderváry tenía la razón— Después de todo lo que han sufrido, ella y Chiara.
Las reflexiones de Richelle seguían, calladamente. No tuvo más que comentar.
—Elizabeta, llévame a casa, yo —se sobó las manos, intentando disimular su vergüenza— Yo quiero ir a casa —la otra chica sonrió, aún con el hijo de su amiga en brazos.
—Claro, vamos —musitó, pasándole el pequeño niño a su madre y agarrando las llaves de su automóvil, Richelle observó a su hijo y sonrió. El beneficio de la duda era algo que usaban las personas con clase.
•*´`*• * •*´`*•
Ludwig abrió la puerta de la casa Beilschmidt, se había sorprendido al no ver el automóvil de su hermano. Quizá habían salido a buscarlo, ¡Vaya! Es que salir de su casa, había sido un gran error. Al caminar hacia las escaleras, lo primero con lo que se encontraron sus ojos azules fue Chiara, ella estaba parada al principio de las escaleras, en sus manos una taza de té, seguramente para Alice.
—Mmm —la italiana clavó su mirada en Ludwig, él sintió un escalofríos— Irte, valiente reacción la tuya —sin importar cuantas veces su hermana cometiera graves errores, ese alemán nunca iba ser digno de ella— Quiero que la escuches, hasta el final —e inició el recorrido para llegar a la pieza donde se encontraba la menor de las Vargas, Ludwig la siguió, nervioso.
…
Alice sollozaba sin poder evitarlo, esperaba a su hermana, quien había ido a traerle una infusión, para calmarle, pero eso no serviría de nada.
—Alice —su hermana entró sola, con la taza en las manos, dejó el té en la mesita, luego se acercó a Alice, e hizo que Alice girara su cuerpo, que quedara de espaldas a la puerta, cuando Chiara la había movido como quería, preguntó— ¿Tú no ibas a hacerlo? Te arrepentiste, en el último momento, pero no ibas a cometer tal tontería, ¿Verdad?
—S-Sorella, ya te lo dije, ¿Tú n-n-no me crees? —indagó la chica— Pensé q…
—Yo te creo, siempre lo voy hacer… —la cortó de la nada, la menor se sorprendió, y se sorprendió más al ver como su hermana dirigía la vista hacia la puerta— Los dejo solos… —y salió de la pieza, maldiciendo por tener que ceder ante un alemán.
—¡L-Lud! Yo… —se perturbó, ¿Ahora qué decía? Su novio había entrado a la habitación— No sé qué… no sé qué decir, tan sólo… es que… ¡Perdóname! —rogó.
—Te voy a escuchar… —Ludwig la desconcertó, pero al decir eso sembró en su corazón un poco de esperanza. Ella lo único que quería era un abrazo y su perdón. Y que supiera que no lo odiaba, que -aunque él le había dicho que la odiara- toda su vida era él, y su hijo, el hijo de ambos.
—¿En se-serio? —él solo asintió, sentándose, y Alice no puso como empezar, tal vez por el principio.
…
Chiara estaba en la cocina, llamando por teléfono a su "Esposo", quería aclararle que Ludwig ya había llegado y que en esos momentos estaba hablando con Alice, y que ésta vez las cosas si se iban a arreglar, o por el bien de ese alemán así tenía que ser. Cuando termino de llamar, Richelle venía llegando junto con su hijito y Elizabeta.
—¿Qué paso? —dijo Chiara, estaba molesta, porque sabía que esa austriaca no le había dado a su hermana ninguna oportunidad. Chiara había dudado de ella pero aun así había estado más que dispuesta a oír de la boca de Alice las verdades palabras que eran significativas.
—Nada —musitó la joven madre— No ha pasado nada —y acarició la cabecita de su hijo, quien dormía con tranquilidad. La húngara curvó sus labios, estaba frente a una familia que era muy unida, que sin contar con las enormes diferencias, se sabían apoyar.
…
Al pasar de los minutos, llegaron los dos hombres que habían salido a buscar a Ludwig, Gilbert se asombró al ver ahí a su mujer, pero lo primero que hizo fue tomar en brazos a Albert, pues lo había extrañado.
—¿Qué haces tú aquí? —le curioseó Beilschmidt a Elizabeta, la mujer se encogió de hombros y se rió. Pasó un brazo por los hombros de Richelle, sabía que él era un celoso de lo peor. La austriaca exclusivamente negó con la cabeza, esos dos no tenían remedio.
En cambio Antonio fue a que su novia le contara que es lo que había pasado. Era una extraña sensación la que rodeaba la casa Beilschmidt, era como si hubiera una brisa de… unión entre todos, como si las palabras sobraban, cada una de las personas en esa casa, podían decir con seguridad, que en la habitación de Alice, se llevaba a cabo una reconciliación. O por lo menos eso es lo que esperaban. La mayor de las italianas preparaba café, sería una noche larga.
—Eres un ángel, ¿Lo sabías? —Fernández abrazó a su novia, por la espalda, haciendo que se desconcentrara, ella maldijo entre dientes— Por eso te amo, linda~ —lo murmuró— Y por eso eres tan buena hermana.
—Cállate, imbécil —se sonrojó, la chica amaba a Antonio, él era el ángel de su vida, su luz— D-Dices cosas muy estúpidas —el español sonrió, Chiara era tan bella. Era como la mejor persona del mundo.
…
Alice había dicho todo lo que tenía que decir, había sido muy doloroso volver a repetir lo que había vivido, era muy difícil sin embargo era necesario. Esperaba de corazón que Ludwig le creyera sobre haber recapacitado.
—Sé que pensar que era l-lo correcto fue algo terrible, pe-pero —se le quebró la voz— De verdad, lo único que quería era regresar y te lo iba a contar todo, pero luego llegaste, yo tenía mi-miedo y tú par-parecías tan enojado, y n-no te culpo, pero… y luego esa niña que vi… y… es cierto —pese ya haberlo dicho, lo seguía resumiendo.
—Yo… te creo —él no había conversado ni opinado desde que Alice había comenzado a hablar. Los ojos color miel de Alice, se iluminaron al poder escuchar que él decía las palabras que tanto había ansiado— No te puedo negar que estoy muy decepcionado, que ahora me doy cuenta de que no me conoces y que hayas tomado una decisión así sin consultarme me… me lastimo, pero estoy… feliz.
La italiana se acercó temerosa, quería estar entre sus brazos, sentir su calor. Con sus manos masculinas, Ludwig tomó la cara de Alice, se aproximó a ella, le acarició las mejillas, terminó por juntar sus frentes, su pequeña Alice, había sufrido tanto, si la hubiera escuchado desde un principio, la situación no habría sido tan mala.
—Haré lo que sea para qu-que me perdones, para que vueltas a c-confiar en mí, lo que sea… para que ya no me odies —farfulló— Te demostraré lo mucho que amo a… nuestro hijo… —unos gimoteos se le escaparon— E-Estoy muy arrepentida, Lud.
—Ja. Con sólo ver tus ojos, sé que estás diciendo la verdad —expresó el alemán— Y no te odio, jamás podría odiarte, cuando lo dije fue porque… —Alice completó la frase, su rostro poco a poco iba brillando como lo hacía habitualmente, que palabras tan hermosas acaba de percibir, eran las mismas que ella había usado una vez.
—Porque yo te lo dije antes, ¿Cierto? —quiso saber si estaba en lo correcto— Y-Yo tampoco te odio… perdóname por eso también —ella era sin duda la mujer con más suerte del mundo. Aunque en el vientre de Alice aún no había ningún abultamiento, nada que la marcara como una chica embarazada, de todos modos, ella sintió un leve cosquilleo, como si su bebé también creyera en sus palabras, ¿La estaba perdonando? Se puso las manos en el vientre por mera inercia.
—¿Q-Qué sucede? —le preguntó Ludwig, al verla abrir de par en par sus orbes color miel.
—Lud, ¿Quieres sentir al bebé? —la pregunta tomó por sorpresa a ambos, el muchacho se sonrojo pero dijo que sí, era su primer día como futuro padre y lo que había pasado no era lo más común de la vida. Pero ellos nunca habían sido una familia como las otras.
De un segundo a otro, la jovencita se quita la chaqueta, y para estupor de su novio, empezó a desabrocharse la blusa, dejando al descubierto ese abdomen perfecto, que para nada era el de una mujer embarazada, era plano y… sensual.
Ella agarró la mano de Ludwig y la colocó en el sitio adecuado, luego cubrió esa mano grande y fuerte con las suyas, para que no fuera alejarse.
—¿Lo sientes? —era físicamente imposible sentirlo, eso era más que sabido por todos, pero en momentos como esos lo que sabes no importa, lo valioso es lo que tú quieres sentir, y Ludwig Beilschmidt sentía a su hijo, y lo amaba tanto como a su hermosa madre, Alice.
—Ja, lo siento… es tan c-cálido —balbuceó— Igual a ti —él sonrió, antes de besarla, lo que menos deseaba era alejarse de ella. Ludwig era, sin poner en tela de juicio, el hombre más bueno del mundo.
Desde esa noche, comenzaba su nueva vida, una sin secretos o sentencias antes de oír, una vida donde el embarazo era la mayor bendición, Alice había pensado que el aborto era su única opción, pero no era así. Si ella tuvo el tiempo para pensar en esa atrocidad como futuro, claro que tendría tiempo de pensar en cómo ser la mejor mamá de todas, porque eso era, sin dudas, lo su bebé se iba a merecer.
Ella tenía la vida perfecta, una sorella que la cuidaba, unos amigos que la trataban como de la familia y además el hombre de sus sueños estaba a su lado, el hombre de sus sueños la había perdonado y ahora todo iba a ser maravilloso.
(`*•.¸ (`*•.¸*ƹӝʒ *.•*) .•*)
¸.•*(.•*´`*• * Ende * •*`*•.)*•.
(`*•.¸ (`*•.¸*ƹӝʒ *.•*) .•*)
•*•*•*•*•*•*•*•*•*•*•*•*•*•*•*•*•*•*•*•*•*•*•*•*•*•*•*•*•*•*•*•*•*•*•*•*•
N/A: No le puse un "Te amo" al final porque estaba de más, ellos se aman y por eso se perdonaron (Él la perdonó a ella) Bueno mi historia es bastante… tonta, pero como les dije está basada en mi vida y mi vida es tonta xD sólo lo aclaro porque alguien puede pensar que el aborto no es malo y eso, que tantas emociones son exageración, pues para mí no fue así. Les platicaría la verdadera historia pero se iban a aburrir.
Gracias a:
Landstay22: Lo siento no salieron Emily ni Arthur, pero pienso hacer un pequeño One, que sería como la conti de éste fic y entonces si van a salir. Sakurita Hiwatari: Alice fue una tonta, sep, pero bueno aquí está la conti, gracias por tu comentario. Miisaki-chan: Ja ja síp, todos contra Ita-Chan, gracias por tu review. Drake-vampire: Gracias por tu comentario :3 que bueno que te gustara. Anniih: Que bueno que te gustó, espero mejorar pronto :3 je je gracias por prestarme a Amalia. Incestyaoilady: Yo también amo a Romano~ pero bueno, no lees personajes en femenino y aun así leíste mi fic, gracias :"D Deby-sama: Perdón por ponerlo hasta ahora, pero en fin, gracias por comentar :3 Akari Yumei: Gracias por tu comentario, te extrañe hoy T.T Sakhory: Que bueno que de diste tiempo para leer mi fic, muchas gracias por tus dos comentarios :3
Todas y cada una de ustedes me hicieron muy feliz. Les mando un beso con mucho amorsh~ nos leemos :D
