CAPITULO 3

Alice les explico a sus padres todo lo que había pasado. Ella había tenido aquella visión durante la tarde, cuando estaba con Rosaline de compras. Pero no había pensado que sería verdad debido a que no conocía ni al hombre, ni al chico, mucho menos había pensado en la posibilidad de que las brujas fueran reales. Sin embargo, al entrar a la casa hacia unos minutos atrás, había vuelto a tener la visión. Pero aquella segunda vez no había visto solo a la bruja, sino también a un mundo completamente diferente, otro mundo. Y la reacción de Ángel ante sus colmillos lo había confirmado, el era un vampiro, pero la apariencia de estos en su mundo era completamente diferente a la que poseían en el mundo de los Cullen, la apariencia que ahora había adoptado también.

De alguna extraña manera, todo tenía sentido. Pero Ángel no quería seguir escuchando, solo quería encontrar una solución antes de que su hijo despertara y regresar a casa. Pero sabía que eso era imposible, si una bruja los había enviado ahí, entonces solo otra bruja podría sacarlos y por lo que estaba escuchando de la conversación de aquellos individuos, las brujas no eran algo real en ese mundo. Estaban atascados.

Esme le entrego una taza de té caliente a Ángel, ella sabía muy bien que los vampiros no tenían necesidad de comer o beber nada que no fuese sangre, pero en ese momento de conmoción, el pobre hombre parecía necesitar de algo para tranquilizarse.

Ángel tomo la taza con desconfianza y bebió. Era te de tila.

— Entonces. . . – finalmente se decidió a hablarles. Los Cullen lo miraron más tranquilos ya. – ¿Por qué nos trajeron aquí? – exigió saber.

Carlisle se le aproximo. – Mis hijos y yo estábamos cazando en el bosque, cuando escuchamos al lobo atacar a tu hijo.

— Y seguro pensaron quedarse la comida para ustedes mismos. – dijo molesto.

Carlisle sonrió, divertido. – Nosotros no bebemos sangre humana, puedes considerarnos parecidos a los vegetarianos.

— Eso es imposible, los vampiros no pueden controlar el ansia.

— Bueno, quizás en tu mundo no puedan. Pero nosotros lo hemos hecho por varias décadas. Solo nos alimentamos de sangre animal, de verdad. – explico Carlisle. Pero Ángel estaba reacio a creerle. Quizás por el look, el cabello rubio le recordaba mucho a alguien.

— Mi esposo dice la verdad, si beberíamos sangre humana ¿no cree que ya habríamos asesinado a su hijo? – pregunto Esme, se sentía mal de decir aquellas palabras en voz alta. Pero era la única forma de hacer entender a ese hombre.

— Además, debemos suponer que usted si bebe sangre. – dijo Alice

— Por supuesto que no.

— Pero ha dicho que en su mundo. . .

— Se lo que dije, muchas gracias. Pero no soy como ustedes, no soy un vampiro.

Alice se rio. –Vivir en negación no ayudara para nada.

— Tiene razón, Alice. – comento Carlisle, ahora lo entendía casi todo. – Su corazón aun tiene latido. Y no huele como uno de nosotros, ¿no lo has notado?

Alice se sintió como una estúpida por no haberlo hecho antes. – Supuse que era por el cambio de mundo.

— Pues no lo es. – Ángel se sentía un poco mas recuperado, y se levanto de la camilla para ir a ver a Demian. – El chico estaba todo sucio de tierra y algo de sangre. Su rostro en especial. — ¿De verdad se encuentra bien? – pregunto a Carlisle.

— Si, solo eran heridas superficiales. Y digo eran, porque ya han desaparecido. Debo suponer que tu hijo tampoco es lo que parece.

Ángel le paso una mano por el rostro. – Es solo un niño, no debería estar metido en esto siquiera.

Entonces, Edward llego a la habitación, y se detuvo en el marco de la puerta. – Un niño con un gancho duro bastante fuerte. – dijo, aun resentido por el golpe recibido.

— El es Edward, otro de mis hijos. Tuvo un pequeño malentendido con tu muchacho hace un rato. — Comento Carlisle. También estaba resentido con Edward, pues de no haberle esa broma al chico, el se habría dado cuenta de que ellos eran buenos desde el inicio y ahora no estarían teniendo aquella conversación. – Edward, el es. . . – se dio cuenta de que el hombre no les había dicho su nombre todavía. Ángel lo hizo de mala gana, no quería seguir hablando con ellos. Solo quería cuidar de su hijo hasta que despertara para poder llevárselo de ahí.

— Bueno, Ángel. Supongo que querrás asearte. Eres bienvenido a usar nuestra ducha, y creo que podríamos darte algo de ropa de Emmett. – comento Carlisle. Pues Emmet era el único que podría tener un cuerpo semejante al suyo. No quería ser grosero, peor Ángel también estaba lleno de tierra y su ropa estaba algo desgarrada.

— Gracias, pero no vamos a quedarnos. Solo quiero que despierte para irnos.

— Lo entiendo, pero eso podría tomarle varias horas. Y él estará perfectamente bien cuidado aquí, Edward se encargara. ¿No es así, hijo? – giro para mostrarle a su hijo que no estaba jugando, aquella vez no.

Edward estaba flipando. — ¿Por qué yo? – exigió saber.

— Bueno, tus hermanos deben estar cansados por la pelea con el lobo. Alice necesita descansar la mente y Rosalie, bueno. Ya sabes como es. – dijo, sin querer comentar mas sobre el carácter tan difícil de la chica.

— Pero eso no es justo, yo también tengo cosas que hacer.

— ¿Qué clase de cosas?, son las 2 Am – exigió saber Carlisle. Sabía lo bueno que su hijo era para evadir responsabilidades cuando quería.

— Carlisle, por favor. – rogo Edward. Lo cierto era que no le agradaban los niños, lo desesperaban bastante y no era bueno manejándolos.

— Vamos, Edward. No seas ridículo, está dormido. . . Solo tienes que cuidar que no se despierte, y si lo hace, buscarme. No es nada difícil. – dijo Carlisle, en su tono de que todo estaba dicho y arreglado. Puso una mano sobre la espalda de Ángel. – Insisto, por favor deja que te ayudemos. – le dijo.

Ángel no quería confiar en ellos, de verdad que no, pero lo cierto era que un baño le caería bastante bien. Le ayudaría a despejar la mente y a relajarse, si es que eso era posible en ese otro mundo. Pensarlo era incluso igual de raro. – Esta bien, tomare la ducha. – miro una última vez a su hijo y avanzo tras Esme.

— A cualquier cambio suyo me llamas. – dijo Carlisle a Edward mientras salía de la habitación. Edward se quedo con la palabra en la boca, tenia tantos peros que decir sobre estar en aquella habitación.

— A mi no me mires, ya escuchaste a Carlisle. Debo descansar. – dijo Alice, y también se fue de la habitación.

Edward estaba ultrajado. – Vamos, Alice. Ayúdame. – pidió, pero ella no hizo caso.

Así que Edward se quedo farfullando todos sus molestos pensamientos, era increíble que Carlisle le obligara a ser la niñera de un muchacho que ni siquiera conocía. Despejo el escritorio de su padre y se sentó encima, rebotando una pequeña pelota que recién había encontrado, contra el piso. Una y otra vez.

...

Alice regreso a la habitación, donde un preocupado Jasper la esperaba. Solo basto con ver su rostro desconcertado para darse cuenta de que ya sabía lo que ella estaba a punto de decirle. Ellos estaban conectados, y nunca podrían guardarse secretos.

— ¿Has escuchado lo que pasa? – pregunto ella.

Jasper asintió, a decir verdad, se veía bastante asustado. – Brujas ¿eh?, y yo que pensaba haberlo visto todo ya. – estiro los brazos para acunarla en un abrazo. Sabía que Alice podía parecer dura todo el tiempo, pero en el fondo tenía miedo de sus propios dones. Tenía miedo de que llegara el día en que viera algo que no le gustara.

— Me sorprende que te asuste mas una bruja, que el hecho de que existe otro mundo como el nuestro, por ahí, en algún lugar del universo.

Jasper rio. – Siempre supe que no estábamos solos en el mundo. Eso no es nuevo.

— Si, pero. . . tu no viste lo que yo. El mundo del que vienen esos dos es mucho más hostil que el nuestro, y si ellos no son normales. . . – Alice se quedo helada, recordando la última imagen de la visión que había tenido. La imagen de aquella cosa encapuchada entrando a su hogar. – No quiero imaginar cómo será esta villana.

— ¿Villana?, jajaja

— Si, me rehusó a llamarla bruja. Suena tan. . . aug, tan absurdo. Y lo peor es que nadie ha parecido tomarse mi visión enserio.

— Tienes que darles un respiro, Alice. Apenas están haciéndose a la idea de que no somos la cosa más extraña del mundo.

— Lo sé, sé que es emocionante. Yo misma me he sentido atraída hacia el chico que Carlisle encontró. – Jasper la miro confundido, Alice no necesitaba leer mentes para saber la razón. – Me refiero a sus poderes – aclaro. – Aun que quiero mas que nada bajar ahí y saber qué cosa es, no puedo dejar de pensar en que ella está viniendo, no sé cuando, ni porque. . . Pero estará aquí, en esta casa. – Alice suspiro por un momento. – Y eso me tiene aterrada, realmente aterrada.

Jasper apretó mas su abrazo, era justo en momentos como aquel donde volvía a sentirse como un hombre mortal, con ningún otro propósito más que reconfortar a la mujer que ama. – Estaremos bien, amor. Siempre hemos podido protegernos muy bien. . . Yo jamás dejaría que nada te pasara, incluso si tengo que tirar a la bruja de la escoba.

Alice rio, verdaderamente divertida. – No sé si ella tenga una escoba, pero lo que si se es que le vendría muy bien un cambio de guarda ropa.

— ¿Lo ves?, si no sabe usar buena ropa, entonces es probable que sea una debilucha. – y entonces la beso. Alice correspondió al beso y luego se permitió a si misma volver a reír. Jasper era la luz de su vida, el siempre encontraba la manera de hacerle ver la luz entre la oscuridad. Sin embargo, aquella vez no era suficiente. Ella estaba bastante segura de que la oscuridad que enfrentarían sería mucho más peligrosa que todo lo que en el pasado habían enfrentado. Y rogaba, de verdad rogara que Carlisle encontrara la manera de hacer de ese vampiro, Ángel, un aliado. O todos estarían perdidos.

...

Ángel encontró la ducha de los Cullen, verdaderamente cómoda.

El siempre había preferido bañarse en regadera, mayormente debido a que las tinas eran demasiado cortas para un hombre de su estatura. Pero aquella tina era perfecta, del tamaño ideal para que sus piernas se sumergieran en el agua y la presión de esta era magnifica. Así que se dejo llevar por la comodidad unos minutos, antes de regresar a pensar en lo que estaba pasando. Había demasiadas interrogantes y nadie con las respuestas, si, esa chica Alice había sido de ayuda con su visión, pero aun no entendía porque una bruja los enviaría a otro mundo. ¿Cuál era su propósito? Y lo peor, es que no tenía idea de porque habían terminado con la familia Cullen. Ellos se veían buenas personas, pero tantas experiencias ya le habían enseñado a no fiarse de las primeras impresiones. Así que los tendría bien vigilados y a la primera que notara algo extraño, tomaría a Demian y se marcharía sin decir adiós. Era preferible probar suerte solos, que con personas que no conocían.

Desnudo bajo el agua, se percato finalmente de que su piel era más pálida de lo normal también. Casi igual de pálida que la de los Cullen, y aun que no estaba asustado por ello, si que tenía miedo de la forma en que Demian reaccionaria cuando lo mirara en ese estado. Estaba pensando en una manera de explicarle todo a Demian, cuando llamaron a la puerta del baño.

Era Carlisle.

— Dejare algo de ropa limpia aquí fuera.

— Gracias. – murmuro Ángel, que no confiara en ellos no significa que sería grosero. Después de todo, estaban siendo hospitalarios.

Ángel se quedo bastante rato en el agua, pensando claramente en todas las opciones que tenían. Luego se levanto, se puso una tolla sobre la cintura y saco su mano fuera de la puerta para recoger la ropa que Carlisle le había dejado en el suelo. Era una camiseta negra y un pantalón de mezclilla del mismo color. Se puso los pantalones y luego se quedo frente al espejo, mirándose al rostro. No se podía reconocer a sí mismo, su piel parecía casi de perfecta porcelana y sus ojos ya no eran café oscuros, si no ámbar brilloso. Además, su cabello también resplandecía ante la luz.

Se recargo en la lava manos, pensando en lo frustrante que sería lucir así. Como un supermodelo en lugar de un hombre adulto.

...

Edward se sentía realmente aburrido.

La última hora y media de su vida se había sentido como todo una semana completa. Jugar con la pelota pronto se había tornado aburrido, había trato de leer un volumen de medicina que había por ahí abandonado, pero eso resulto peor que aburrido, entonces había limpiado un poco el consultorio y luego simplemente se quedo sentado viendo al bosque. Esa era una de las ventajas de que la casa tuviera enormes ventanales, siempre podría ver al bosque.

Sin embargo, igual que lo demás, la vista resulto aburrida y luego de unos minutos y decidió dedicarle su atención al chico de la camilla. Lo contemplo fijamente, tratando de descifrar la edad que tenia. El había muerto a la edad de 17 años, seguía viéndose de 17 años, aun que en realidad tenía 115, como fuera, aquel chico era alto, pero no tan alto. Su cuerpo no era maduro todavía, pues estaba demasiado flaco. Y por el tonto disfraz de pirata que llevaba puesto. . . Edward calculaba que tenía entre 13 y quizás 15 años. Justo la edad en que dejaría de ser un niño, y se convertiría en un joven, como él. Pero lo que más curiosidad le provocaba, era saber que era realmente. Pues aun que se viera como un niño humano, su fuerza había dejado más que claro que no lo era. Trato de usar sus poderes para leerle la mente, pero de nuevo no funciono. Le levanto los brazos lentamente, esperando que fueran más pesadas o algo, pero no. Eran brazos humanos.

La curiosidad de Edward era legendaria entre la familia Cullen, así que pensó en una forma de corroborar su naturaleza. Se asomo por la puerta del consultorio para ver que no hubiera nadie cerca, entonces busco un escalpelo entre las cosas de Carlisle y se aproximo al chico. La idea era bastante simple, si su fuerza era de verdad tan grande como había sido su puñetazo, entonces el pequeño escalpelo no le haría ningún daño. Le levanto un poco la manga de la camisa blanca que llevaba puesta, y busco un punto donde no tuviera venas. Le dirigió una última mirada, como para comprobar que seguía dormido, y de paso, para tomar valor, y entonces le paso el escalpelo por la piel. Y un chorrito de sangre comenzó a escurrir sobre ella.

— Oh mierda. – dijo para sí mismo. Esperaba que el escalpelo se doblara o hasta que se rompiera. Más no que si cortara al chico. Edward busco rápidamente un pañuelo para limpiarle la herida, pero no fue lo suficientemente rápido para prevenir lo que pasaría.

Demian abrió los ojos, debido al dolor de su brazo. El techo, que fue lo primero que miro, no le era para nada familiar. Y al voltear la mirada, vio a Edward de espaldas, al mismo sujeto que recordaba haber atacado en el bosque. Estaba distraído, así que Demian se levanto sigilosamente de la camilla en la que estaba y se lanzo sobre de él.

— ¡Argg! ¡Maldito bastardo! – grito al lanzarse, Edward trato de girar, pero no tuvo tiempo y el chico se subió su espalda, dándole puñetazos contra las costillas y tirando de su cabello hacia atrás. — ¡¿A dónde me trajiste?! ¡A donde! – gritaba Demian, ahora clavando las uñas en el cuello de Edward.

— ¡Argg! ¡Suéltame mocoso! – Edward trataba de alcanzarlo con sus manos para quitárselo de encima, pero el chico era como un mono. Estaba bastante bien aferrado a su cuerpo, y si lo lanzaba con todas sus fuerzas, corría el riesgo de matarlo. Así que se dejo caer de rodillas, y uso el peso el propio peso del chico contra él, logrando derribarlo. — ¡Estas equivocado! ¡No te secuestre! – le dijo.

— ¿Así?, ¡pues yo no vine por mi propia voluntad! – Demian enredo sus piernas sobre el cuello de Edward, y con toda la fuerza que pudo tiro de él hacia abajo, derribándolo y aplicándole una llave en el brazo. — ¡¿Dónde estamos?! – exigió saber.

La cabeza de Edward estaba contra el suelo, pero se las arreglo para hablar.

— Estas equivocado, queremos. . . ayudar.

— ¡Ni siquiera puedes ayudarte a ti mismo, idiota! – Demian iba a tirar de su brazo con más fuerza para romperlo, y quizás así obtener las respuestas que necesitaba. Sin embargo, en ese momento una fuerza sin igual le apretó por el pecho y tiro de él lejos de Edward. Ese era Emmett.

— ¡Suéltame! – Demian pataleaba, tratando de liberarse del agarre de Emmett, pero era demasiado fuerte. Quizás incluso más fuerte que el del mismo Ángel

Emmett no paraba de reírse. – Este niño me agrada, tiene espíritu. – dijo, pero rio aun mas cuando Edward se levanto del suelo, todo despeinado. – Jajajaja, hermano, necesitas usar buenos productos en ese cabello.

— Cállate, Emmett. Tiene el mocoso tiene más fuerza de lo que crees.

— Pues a mí no me lo parece, jajaja

— Espera a que me suelte, y te daré tu merecido. Idiota. – dijo, forcejeando aun.

Emmett volvió a reír.

En ese momento, Carlisle llego corriendo al consultorio. Y Ángel poco después, con el torso desnudo, pues ni siquiera se había puesto la camiseta, solo había salido corriendo del baño tras escuchar el alboroto.

— Emmett, suelta a nuestro invitado por favor. – pidió Carlisle.

Emmett puso a Demian sobre sus propios pies entonces, y lo soltó. Pero apenas estar libre, Demian trato de lanzarse sobre Edward otra vez. Pero Ángel se interpuso en el camino. – Demian, para. Tienes que parar. – le decía. A Demian le costó un segundo darse cuenta de su presencia.

— ¿Papá? ¿Qué? ¿Qué está pasando? ¿Dónde estamos? – pregunto confundido.

— Te lo explicare todo, solo cálmate hijo. Cálmate. – y lo atrajo a su pecho para abrazarlo. Pues en ese momento, era él quien lo necesitaba tener cerca.

* Por favor Review!