Este… pues bueno… para quienes creían que ya lo habíamos abandonado, pues aquí está la conti. Ciertamente, no creíamos tardar tanto, no estaba planeado (obviamente ¬¬) Pero de verdad me siento terrible, cuando me senté delante de la computadora para hacer el capítulo de pronto todas mis ideas se desvanecieron, era "y que tal esta escena" y Diva me decía:
Diva: esa es de otro capítulo ¬¬
o.O y Esta
Diva: esa también ¬¬
Y esta y aquella y la otra owo
Diva: todas son de otros capitulo ¬¬
TT_TT ¡NO es posible no he pensado nada para este capi!
Diva: (si así de dramática es aquí imagínensela en el día a día)
Mmmm ¬¬. Bueno así que todo el capi me lo saque de debajo de la manga, todas las escenas fueron hechas en la marcha, así que si parece que la trama principal se desvanece… bueno w pues es por eso. Por cierto mil gracias a nuestra querida Bell por recordarnos el fic cada que podías, te queremos Bell, así que aunque el capi sea un desastre te lo queremos dedicar con todo nuestro cariño, esperamos no te decepcione y bueno… un beso
Diva: con esto los dejamos con el capi, si aun les interesa .… esperamos
Y Solo Está Comenzando
Tendrás que ocuparte de que no haga mucho alborotó- la vos de Hades se elevo como una sombra oscura en aquella habitación, tenuemente iluminada por antorchas que flanqueaban las paredes.
¿Estás diciendo que no puedo con ella?- inquirió con mirada peligrosa la diosa del caos. Hades apenas pudo sonreír nerviosamente ante el peligro marcado en aquellos ojos dorados.
No dije eso- se apresuró a decir el dios de la muerte, con las manos en alto- solo que no tengo idea de cuánto me tarde. Y ya la conoces quiere todo al momento, sin detenerse a mirar consecuencias- explicó aun con tono nervioso, pero manteniéndole firmemente la mirada a la peliazul.
Se a lo que te refieres- dijo mientras se cruzaba de brazos, algo intranquila.
- Hades miro con una sonrisa ladina la pose que aparentaba mostrarse indiferente, pero el lograba notar la intranquilidad en aquel simple gesto- Eris eres la diosa del caos- recalco con malicia, sacándole una mirada confusa a la menor- te noto tensa- siseó caminando sinuoso hacia la más joven.
¿A qué quieres llegar con esto?- preguntó mirando con aburrimiento las iris violetas del peliblanco.
- aquella sonrisa maliciosa creció en los labios pálidos del dios- yo soy el dios de la muerte, se quien será el siguiente en morir, incluso con mirar a los ojos a un humano puedo descubrir la hora exacta y forma de su muerte.- Explico con suavidad pasándole un brazo por los hombros a la menor- se que sabes que es lo que pasara, así que. Por qué no me cuentas.
- la diosa miro despectiva al otro, para segundos después imitar aquella sonrisa maliciosa, que nunca traía nada bueno- sabes que el caos no es algo que siga una línea trazada. Ni siquiera yo puedo estar segura de como terminara esto- dijo con aires de superioridad, alejándose de la otra deidad.
¡Jod*r!- gruñó Hades mirando crispado la espalda de la menor- al menos cuéntame que ves ahora, verte tan... crispada es muy extraño- la diosa se giro y miro molesta al peliblanco- ¿qué ves?- volvió a preguntar con vos profunda y mirada intensa.
La peliazul lo miro intensamente unos segundos, conocía muy bien al idiota de su tío, sabía que no se detendría hasta conocer sus visiones. Con aquello en mente suspiro derrotada y relajo su pose.
- sus ojos dorados se entrecerraron recordando vívidamente aquellas visiones- una noche, una ciudad arrasada, fuego trepando por lo poco que queda de ella. Nubes negras, sangre aun tibia sobre el suelo, relámpagos surcando con furia el cielo; apenas logrando iluminar poco de aquella oscuridad- se detuvo unos segundos sonriéndose algo melancólica- un llanto a lo lejos. Es algo confuso no veo ni siquiera que ciudad; es.
- Hades había escuchado atento cada palabra de la menor, como si se tratara de un niño pequeño al que le cuentan una historia antes de dormir- ¡pero eso suena genial!- soltó emocionado descomponiendo la expresión inmutable de la otra.
Si- bufó con sarcasmo, atrayendo nuevamente la atención del dios de la muerte- ¿y la tormenta sobre la ciudad no te suena?- preguntó con malicia, sonriendo satisfecha ante la mirada descolocada del mayor.
Zeus no se va a enterar- dijo tajante. El profundo rencor en aquellas palabras era divertido para la peliazul- ese viejo aguafiestas no va a cargarse esto. Es lo más loco y divertido que se le ha ocurrido a nuestra Afrodita, y jod*erlo bien es lo mínimo que podemos hacer- explicó con convicción.
- Eris lo miro con una ceja alta, pasando por completo el hecho de que Hades era mucho más viejo que Zeus, aunque Afrodita lo era más, aunque aquel tema ahora no fuera relevante.- Si no te pones a matar gente como es tu costumbre, no, no tiene por que enterarse- suaves palabras, cargadas de veneno enmascarado de caramelo, Hades miro fulminantemente a la peliazul.
Como sea- dictamino entre dientes, guardándose algunos insultos, que la diosa del caos le podría cobrar de manera aterradora- me voy. Mientras más rápido averigüe todo aquello, mas rápido podremos comenzar- la diosa solo asintió. Hades se colgó la capucha negra ocultado su rostro y salió con pasos rápidos y tranquilos.
Eris siguió unos metros el caminar del otro, hasta que el dios cruzo el umbral de la puerta saliendo de aquel magnifico templo esculpido en piedra blanca. Se cruzo de brazos con aburrimiento y se recargo en el pilar a su lado, miró interesada la espalda de Hades, hasta que se perdió entre las sombras nocturnas. No estaba muy tranquila; ni convencida del plan de Afrodita, era cierto que como diosa del caos disfrutaba del caos y todo lo que conllevaba: dolor, sufrimiento, muertes. Pero la preocupaba de sobremanera su amiga mas allegada, odiaba admitirlo pero aquel desconsolado llanto poderoso y quebrado que escuchaba, era el de Afrodita.
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Aquel día era uno bastante bonito según los habitantes de la capital Romana, el sol por lo alto del cielo mantenía una temperatura muy agradable en su tierra, parecía que alguna deidad por puro capricho había arrancado del lienzo celeste, todas y cada una de las nubes. En el ludus Uchija como cada día podían escucharse por toda la casa a los esclavos ir y venir realizando sus trabajos, así como más haya fuera de la exuberante casona, se podía oír el sonido del entrenamiento de los gladiadores.
Madera contra madera, carne contra carne. Un espectáculo digno de ver, con el que el hijo mayor de los Uchijas se entretenía, mirando fijamente a cierto gladiador de cabellos rojos que parecía jugar con su compañero, como si fuera una marioneta. El joven Uchija estaba sentado sobre un sofá largo, a su lado había una mesita de madera llena de comida, de la que de vez en ves tomaba algún bocado. Dos de sus doncellas estaban a su lado esperando cualquier orden del pelinegro, mientras que otra había sido llamada por un guardia que Itachi ni siquiera había notado.
Se volvió a acomodar sobre su asiento, quitándose con suavidad un mechón negro del hombro. Algunos días sin mucha sorpresa amanecía con ganas de no hacer nada, más que estar al lado del pelirrojo, ya era algo a lo que estaba acostumbrado. Su padre había comprado a Sasori cuando ambos eran unos niños pequeños, en un primer momento fue un esclavo cualquiera, pero cuando creció y sus músculos lo acompañaron paso a ser un gladiador. Aun aburrido. Fue hasta que lo miro en aquella primera lucha que gano, el sudor perlando su esquician musculatura, el cabello revuelto, la respiración agitada, la sonrisa prepotente y aquella mirada fiera fue lo que más lo atrajo del pelirrojo.
- frunció el ceño cuando una de sus doncellas lo llamo, ni siquiera se digno a girarse a mirarla- ¿qué?- gruñó de manera cortante.
Alguien ha venido a verlo- contesto suavemente la joven, con la mirada en sus pies.
- el Uchija rodo los ojos aburrido- dile que estoy ocupado. No quiero ver a nadie.
Ya se lo he dicho, pero insiste en verlo- aseguró temerosa la joven.
- Itachi solo pudo fruncir el ceño con despreció y levantarse con elegancia de su asiento- llévame allá- indico con autoridad.
La doncella de vestido azul asintió mansa sin atreverse a levantar su mirada del suelo, empezó su camino con cierta rigidez en sus músculos. Itachi solo la seguía con cansancio, cualquiera que hubiera interrumpido su trabajo de imaginarse aquel musculoso cuerpo pegado al suyo, pagaría muy caro las consecuencias. Llegaron al amplio recibidor, iluminado poderosamente por la luz que se colaba por la entrada, apenas vio una cabellera rosa soltó un gritillo emocionado.
- la joven recién llegada se giro interesada ante aquel conocido gritillo, encontrándose con un Itachi esplendido como siempre. Sus labios se curvaron y también grito emocionada- ¿qué tal Itachi?- saludó apenas normalizando su voz.
O Sakura- saludó con emoción, se tomaron de las manos y se besaron sonoramente ambas mejillas- creí que te irías por más tiempo con tu esposo- dijo con vos melosa, mirando intensamente las orbes jade de la más baja.
- la pelirrosa rodó con aburrimiento los ojos- Sai es un aburrido, estuve sola todo el tiempo, solo piensa en el trabajo, es fastidioso- dictó con resentimiento.
- el pelinegro sonrió divertido- fuiste tú la que se quiso casar con el- le recordó ligeramente sarcástico, sacándole un gruñido a la fémina- y ¿por qué?... porque querías que hiciera tu trabajo- la acuso premeditadamente tranquilo.
- el ceño fruncido y los labios apretados, hicieron lanzar una armoniosa carcajada al pelinegro, Sakura soltó las manos del otro con rudeza- aunque, de eso no me puedo quejar- gruñó de manera peligrosa, como un animal salvaje que advierte su presencia, para en el acto sonreír algo prepotente, Itachi la miro con una ceja alta.
- negó un poco antes de sonreírle a la otra- bueno al menos ganaste algo- menciono con simpleza encogiéndose de hombros.
¿Y Sasuke?- preguntó con vos profunda, mirando lo poco que podía de la casona.
- Itachi ladeó una sonrisa sarcástica- no está. Se fue con mis padres a un viaje de negocios.
¿A la cumbre de los senadores?- preguntó instantáneamente, Itachi asintió- mi padre también se fue haya- la chica suspiro con cansancio.
Quédate- dijó de pronto el azabache. Sakura lo miro interesada- no hay nadie y hay muchas habitaciones disponibles. Siempre que Hinata o Tenten vienen se quedan, también Naruto- agregó despreocupado.
- Sakura sonrío- te tomare la palabra, no me apetece llegar a estar sola a la casa de mi padre.
Mandare a que preparen todo. ¿Por qué mientras no me acompañas?- Sakura asintió y siguió a su amigo por los elegantes pasillos de su casa- tengo planeado salir al mercado ¿te apetece venir?
- Sakura se lo pensó torciendo la boca- si. Pensándolo bien, quiero comprar algo.
- Itachi asintió tranquilo- y también iremos al mercado de esclavos.
Esa idea me gusta- sonrió divertida, comúnmente solo los hombres iban para haya, así que le interesaba acompañar a su amigo.
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Por la tarde Itachi y Sakura salieron al mercado escoltados por dos guardias, compraron algunas baratijas que les parecieron interesantes, y siguieron despreocupados hasta el mercado de esclavos. Casi todos se les quedaron viendo embobados, como si solo fueran increíbles apariciones etéreas, no era para nada común que una chica y un joven portador de la bendición de Afrodita, caminarán por ahí solo escoltados por dos guardias.
Casi siempre Itachi acompañaba a su padre a comprar nuevos prospectos de gladiadores, no creía que el mayor se enfadara si compraba algunos, después de todo Fugaku era un buen maestro. Sakura por su parte era la primera vez que plantaba los pies en un mercado de esclavos, miraba con cierto brillo maravilladlo hacia todos lados, aunque de vez en vez su mueca se descomponía, por alguna razón desagradable para ella. Tal vez Itachi gasto más dinero del que tenía planeado, pero tenía un buen presentimiento con esos tres hombres que acababa de adquirir.
Sakura a su lado había fungido como su ayudante, como él hacía con su padre. La de exótica melena rosa, aportaba solo los comentarios acerca de la estética de los hombres, lo que Itachi agradeció muchísimo. Estaba tan concentrado recordando la lista de habilidades y requerimientos óseos, que su padre se había encargado de inculcarle tan minuciosamente, que se había olvidado por completo de sus requerimientos estéticos. Ahora mucho menos se arrepentía de haber decidido llevar a Sakura con él.
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Para cierta deidad que había tenido que volver al Olimpo a la fuerza, cada día pasaba más lento, como si estuviera mirando una carrera de caracoles, que nunca terminaba. Apenas lograba distraerse momentáneamente, haciendo su trabajo: escuchar y de vez en cuando cumplir los ruegos de los mortales. Pero nunca lograba sacar de su rubia cabeza la imagen de un mortal de cabellos de fuego, apenas y se separaba de la escultura que había hecho, solo cuando Eris aparecía se separaba de verdad de aquella estatua.
Eris no lograba entender los volátiles ánimos de Afrodita, la rubia pasaba de estar sonriendo como boba mirando aquella escultura del gladiador, para después estar tumbada boca abajo en el suelo, con un aura deprecaba rodeándola. La diosa del amor siempre había sido un manojo de explosivos encendidos, bastaba una palabra para hacerla cambiar de ánimo, pero lo que ocurría ahora le estaba pareciendo ridículo a la diosa del caos.
Paso al templo de Afrodita como si se tratara del suyo propio, siguió su camino sin siquiera detenerse a mirar por las demás alcobas, ya sabía dónde se encontraba la deidad que buscaba. La encontró justo como lo imaginaba, aunque no en tan deplorable condición; Afrodita estaba recostada en el suelo, con los codos sobre el mármol semi incorporándose en su posición, mirando hacia la escultura del gladiador con la mirada brillante, y una fina sonrisa sobre los labios. Era una imagen nada digna de la diosa del amor, que si pudiera verse como Eris la veía seguro se abofetearía a sí misma.
Aham...- carraspeó suavemente la peliazul, haciendo que la otra deidad se incorporara de un saltito alterado.
Eris- saludó con una media sonrisa flaquearte, cuando se hubo girado hacia su amiga. La diosa del caos contesto cruzándose de brazos y elevando con elegancia una ceja.
Un largo silencio se elevo entre ambas, Eris quería terminar de entender los sentimientos de Afrodita, la rubia se enamoraba de todo el mundo, ella bien lo sabía. Pero esta vez todo era tremendamente diferente, lo podía ver en su forma de actuar, en su mirada de cielo o sencillamente en sus movimientos, a veces más torpes otras más fluidos. Ella no era una deidad que se hubiera enamorado más que tal vez una vez, se le complicaba tremendamente entender el descuidado y soñador comportamiento de Afrodita.
Solo había que ver la mirada evasiva de la rubia a la mirada severa de Eris, para entender lo intimidada, abochornada y confundida que se sentía. Claro todos hacían hipótesis de su manera de actuar, de su manera de sentir, de lo que representaba y significaba ser la diosa del amor. ¿Pero nadie se había dignado a pararse a pensar lo que tenía adentro? No podía entender aquel sentimiento tan profundo que se había enterrado en su pecho como una espada ardiendo. Nunca había sentido las ansias de abrazarse a alguien más, para no dejarlo ir jamás.
Ella; la diosa del amor, ridiculizada por no haber sentido jamás lo que sentía por el pelirrojo, porque aquel sentimiento ella lo había creado, ella lo había forjado y ella se lo había regalado al infinito. Se había acostado con todos los dioses, con tantos mortales y semi dioses, que recordar las caras de todos sería imposible. Adonis y Ares fueron quienes más llamarón su atención, y con los que compartió más de una noche, más que amor carnal, a ellos les había entregado días, habían charlado, compartido experiencias. Pero todo aquello se veía reducido al tamaño de una hormiga, cuando reparaba en los latidos de su corazón solo de recordar al gladiador.
- por fin la diosa del amor le mantuvo la mirada de oro a Eris- se que te puedo parecer ridícula y tonta, pero...- se giro a mirar la imagen del mortal, sonrió con ternura y volvió a mirar a Eris- nunca sentí esto por nadie, no sé como sentirme. Ni siquiera sé quien soy- terminó en un susurro, mientras bajaba la mirada hasta el suelo.
- Eris se acercó con pasos suaves a la lamentablemente frágil imagen de Afrodita, tomo con suavidad su mentón y le levanto el rostro, obligándola a mirar sus doradas orbes- conozco tus sentimientos desde que lo viste en el coliseo. Y he decidido ayudarte aunque no los comprenda- explicó con voz profunda, mirando con significado a los ojos de la otra.
- Afrodita apenas pudo sonreír mirando la intensidad de la mirada dorada de la otra- gracias- susurró, delineando correctamente las letras con sus labios.
- Eris sonrió con prepotencia- no hay de qué.
¡Y ¿cuánto puede tardarse Hades?!- bramó de repente la rubia, desconcentrando a la peliazul, que elevo las cejas aturdida.
- las joyas celestiales de repente se veían peligrosas, como Eris jamás creyó verlas y sonrío con malicioso orgullo, al mirar sinceramente furiosa a la rubia- no ha pasado ni un mes- comentó con calma- esta de incognito. Tendrás que esperar un poco mas- señaló haciendo el ademán con las manos.
Hum... si no queda de otra- gruñó cruzándose de brazos irritada. Eris ensanchó su sonrisa ciertamente divertida, Afrodita no podía quedarse quieta y menos tan ansiosa como estaba por mirar nuevamente a aquel gladiador pelirrojo.
Tengo una idea- de pronto el tono sombrío de Eris, que siempre la había hecho estremecer, la intereso como nunca. Sus orbes de cielo se posaron en los dorados de la otra, que sonreía de manera enigmática- espérame ya vuelvo- informó, saliendo con paso veloz del templo de la rubia, que se quedo estática en su sitió, mirando interesada el camino de la otra.
No tuvo más opción que quedarse quieta en su lugar, como si la hubieran hechizado. Realmente temiendo que si movía aunque fuera un musculo Eris no volvería. Apenas se permitió suspirar con cansancio y relajar sus músculos, que se habían quedado rígidos después de la partida de la peliazul.
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El sábado por la tarde se había organizado un nuevo torneo en el coliseo, improvisado y tan sorpresivo, que Hades apenas logro enterarse de él. Ahí estaba ahora, recargado como en su última visita en el barandal de piedra mirando con diversión hacía la arena, la sangre regada por el suelo y algunos miembros mutilados aquí y allá, tiraban de su sonrisa expandiéndola un poco más. Ya había presenciado cuatro luchas, y apenas se elevaron las puertas de acero vio emerger a un hombre bastante alto y corpulento. Por un segundo lo confundió con un mino-tauro, pero mirándolo mejor parecía un simple humano.
El otro hombre le pareció extrañamente familiar, de piel morena, cabellos castaños largos, no lograba ver mucho de él; pues llevaba un casco de exótico diseño, que delante de su rostro parecía una cesta entretejida, y lo demás daba la impresión de ser una esfera. Además de la típica armadura simplona, que mas parecían aditamentos de cuero endurecido, que una verdadera armadura de protección. El cuerpo musculoso y ancho surcado por tantas cicatrices que era difícil contarlas, le llamó extrañamente la atención al peliblanco.
El dios sonrió de manera maliciosa cuando vio claramente la muerte del gladiador, pero el castaño esquivo la estocada y contraataco, golpeando con fuerza la parte interna de la rodilla del otro. Hades se irguió mostrándose tan alto como era, ¿cómo era que aquel hombre seguía vivo? ¿Cómo? Si el mismo había visto su final en aquella estocada. Su mirada violeta comenzó a seguir más de cerca cada movimiento del gladiador, más intensa, parecía brillar de una manera que el dios no podría descifrar aunque la viera.
Hades llego a pensar que simplemente su visión de la muerte de él hombre, había sido causada por la ansiedad por ver a alguno morir. Pero se volvió a repetir. Vio al monstruoso gladiador cortar preciso y mortal la yugular del castaño, pero él volvió a apartarse de la cuchilla y a contraatacar con maestría. En ese momento no lo noto, pero sus manos se aferraron a la baranda de piedra como lo habían hecho las de Afrodita. Era un hecho aislado, aquel sujeto no podía evitar la muerte, tenía que estar evaluando mal las cosas ¿un simple humano no podía evadir así sus garras? Simplemente no podía.
Comenzó a repetir sus palabras como un mantra: no podía, no podía, no podía. Pero por más que las repetía seguía ocurriendo. Seguía mirando escenas segundos antes del ataque del más alto y el resultado era la muerte del otro, pero por más que las veía, por más que lo veía muerto, aquel gladiador siempre esquivaba el golpe y se mantenía con vida. Obviamente tampoco noto que como la diosa del amor se inclino sobre la baranda de piedra, aferrándose a ella con más fuerza a cada segundo.
Tampoco se noto cada vez más interesado en entretenerse con el cuerpo del gladiador que con la lucha. Como había hecho Afrodita, comenzó a ver los abdominales grabados en aquella piel tostada, gravando sus movimientos, sus contracciones, su forma, todo memorizado en su cabeza. Tampoco se noto intentando contar todas las cicatrices de su cuerpo, o contando las gotitas de sudor que comenzaban a hacer brillar su anatomía. Claro que no se noto haciendo nada de ello, el seguía tan interesado en la lucha como desde un principio.
¡Claro que no se distrajo! el miro hasta el último momento de la lucha, cuando el gladiador monstruo había muerto... había muerto cuando el otro... había hecho eso... ¡sí! el castaño hizo eso y el otro murió. (Claro) sin notarlo soltó un hondo suspiro, con la barbilla sobre su palma y el codo sobre la baranda, viendo como el hombre desaparecía tras la pesada reja de acero deslucido. No se irguió se mantuvo así mirando con aire soñador hacia aquella reja, pero siendo sinceros, no sabía que estaba actuando como si imitara premeditadamente a Afrodita en su visita al coliseo.
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Itachi y Sakura ocupaban el palco, casi vacío, las personalidades más importantes estaban fuera de la ciudad y solo quedaban ellos. El dueño del ludus con el que el pelinegro había arreglado el torneo estaba fuera por quien sabe que, Solo estaban los dos jóvenes con sus doncellas tras ellos,, listas para cumplir todos sus caprichos. Miraban interesados las peleas, pero ciertamente les faltaba algo, tal vez más gente a su alrededor coreando los nombres de los gladiadores, riendo o maldiciendo el curso del combate.
Cuando el combate de Kakusu "el inmortal" nombrado así por su centenar de casi muertes en combates, de los que de alguna manera siempre salía con vida, agregando una cicatriz más a su cuerpo, parecía que el castaño las coleccionaba y exhibía como un trofeo. Ambos jóvenes bajaron las cabezas y suspiraron con cansancio, y eso que habían organizado el torneo para distraerse y animarse, pero parecía que la compañía era lo que de verdad necesitaban. Claro que se querían pero necesitaban más gente en su entorno: alabándolos.
Las siguientes luchas les fueron aun más pesadas, el bullicio de los pueblerinos, su euforia, sus gritos, nada los afectaba, parecían dos regias estatuas inmutables. La primera lucha que volvió a llamar su atención fue la de Pein, el gladiador sabia como hacer su trabajo, como aclamar el grito del público, como atraer las miradas más exigentes, como la de Sakura e Itachi. Solo el savia como dar un espectáculo digno de los dioses, como salir de la batalla sin un solo tropiezo, sin un solo rasguño o golpe.
Mucho más animados, vieron la reja de acero negro levantarse con lentitud perversa, como un augurio macabro, para el pobre gladiador que ya estaba en la arena, temblando escondido tras su escudo, como un ratón delante de una serpiente. Sasori piso la arena como un dios, un gurrero, el hombre perfecto. Itachi se irguió de mejor manera en su asiento y miro embelesado al pelirrojo, que ahora mismo escondía su rostro angelical tras un casco de acero recién pulido. Sakura sonrió maliciosa, notando todos y cada uno de los sutiles gestos del pelinegro.
La lucha no llevo más de cinco minutos en concluir, e Itachi seguía cada movimiento de Sasori, sin recato alguno, haciendo aun más obvio el hecho que seguía al pelirrojo como un perrito para su compañera, que en vez de prestarle atención a la lucha, o al hermoso cuerpo del pelirrojo, lo miraba con interés, lo analizaba. No tuvo que mirarlo más de dos minutos para darse cuenta, pero baya, aquella mirada ónix brillante, la tímida sonrisa boba sobre sus labios, y la manera en la que movía la cabeza de un lado a otro siguiendo al gladiador. Era un deleite para la pelirrosa.
- sonrió un poco más y abrió la boca- solo te falta babear cielo- sus ojos jade parecieron perder su brillo maligno, alguien a su espalda le había robado las palabras justas que iba a pronunciar.
Ambos se giraron en el acto, topándose con un joven de alocada cabellera rubia. Facciones finas y delicadas, dos ojos azules brillantes y hermosos como dos joyas marinas, tez morena, labios pequeños pero carnosos, que atraían a las personas a besarlos. El recién llegado rió suavemente, ante las miradas sorprendidas, confundidas y espantadas de los otros. Se acomodó algunos cabellos tras el hombro y se sentó al otro lado del Uchija.
¿Cuándo llegaste Naruto?- preguntó interesada la única fémina. El rubio sonrió ligeramente, mientras jugaba con uno de sus largos mechones rubios. Solo le gustaba llevar los cabellos detrás de su cabeza largos.
Hace unas horas. La cumbre era aburridísima, y mi padre no dejaba de decir "que eran asuntos de hombres" ha- imito burlescamente un tono grave con su vocecita y bufo irritado- como si por portar la bendición de Afrodita dejara de ser uno.
Créeme que te comprendo- mencionó casualmente Itachi, encogiéndose de hombros, también acomodándose la larga cabellera oscura.
Vivimos en una sociedad machista- completó seria Sakura, mirando con los ojos como dos posos de veneno hacia la nada- mientras más rápido acepten que por poder parir como una mujer, serán tratados como una. Sera mejor para ustedes- ambos chicos apenas pudieron asentir, sabían que Sakura siempre se había sentido oprimida por aquellos estándares machistas.
Bueno regresando al tema principal- la vos juguetona de Naruto alerto a Itachi que apenas pudo verlo con seriedad, esperando cabalmente lo que iba a decir- así que te gusta Sasori- dijó sin miramientos o tapujos de una sola vez, haciendo que el mayor de los tres se sonrojara furiosamente sin poder evitarlo.
¡Naruto eso no se pregunta!- rugió Sakura, descomponiendo la picara mueca del rubio, quién la miro confundido con una de sus cejas alzada- si se lo estaba comiendo con los ojos- le guiño un ojo al rubio, antes de que ambos se echaran a reír como dos desquiciados, en lugar de como dos jovencitos de las familias más ricas y poderosas de toda Roma.
¡Quieren callarse!- bramó el pelinegro, demasiado bajo y tímido como para que los otros lo escucharan, con tremendas risas que no paraban de salir de sus pechos. Tenía la mirada fija en el suelo, cubriéndose el rostro sonrojado con el cabello, y apretando entre sus dedos las agarraderas de madera de su asiento, con violencia innecesaria.
Itachi. ¿Qué vas a hacer?- preguntó repentinamente Sakura, pausada por la risa, que aun intentaba controlar. El pelinegro la miro sin entenderla, pero sin siquiera levantar el rostro- se nota que estas perdidamente enamorado de el... bueno ¿quién no? Pero... ¿qué vas a hacer?- recalcó su pregunta, esta vez con vos seria y firme.
- Naruto paro de reír en el acto, solo para acompañar la seriedad de su amiga- no te entiendo- habló Itachi, sin dignarse a levantar la cabeza, al menos hasta que el calor se le pasara.
Sabes qué no puedes casarte con un esclavo ¿verdad?- aclaró, jugando nerviosa con sus dedos, al más puro estilo de Hinata.
Claro que lo sé- levanto la cabeza con indignación mirando peligrosamente a Sakura.
Tal vez tu cabeza lo sabe- esta vez fue la aguda vos de Naruto la que atrajo la atención del Uchija- pero tu cuerpo no- señaló con un suave movimiento de manos el cuerpo entero del mayor, haciendo que volviera a sonrojarse- lo vez- sonrió nervioso, mostrando sus dientes.
¿Creen qué no sé que no puedo casarme con un esclavo?- preguntó abrasivo.
Podrías, pero tú no- aclaro rápidamente la pelirrosa- incluso yo podría casarme con un esclavo. Caro si no estuviera casada ya.
- Itachi volvió a fruncir el seño, hasta que ambos chicos a sus lados podrían compararlo con un animal salvaje.- Mira tu padre es un cenador, aunque el de Sakura también- dudo ligeramente, mientras que Sakura negaba rápidamente con la cabeza, obligándolo a no desviarse del tema- tu madre era hija de un general y tu hermano será Cesar- ante esa afirmativa sonrió enormemente; mientras que Sakura lo fulminaba con la mirada- no puedes casarte como un esclavo- concluyó el rubio.
- rápidamente Itachi desvió la mirada hacia Sakura, que asentía con parsimonia, concordando con el otro- está bien- gruñó levantándose de su lugar, para terminar recargando sus codos sobre la baranda tallada en piedra, y depositando con suavidad su cabeza entre sus manos- lo conservare como mi amante.
Ho...- suspiro suavemente Sakura imitando la posición de Itachi, lo mismo que hizo Naruto, ambos a cada lado del mayor- el amante más sexy y deseable de toda Roma- menciono en un suspiro jadeante, soñando despierta lo que sería estar entre los brazos del gladiador.
A mí tampoco me importaría hacerlo mi amante- igualmente suspiro Naruto.- No me importaría engañar a Sasuke una y mil veces con él.
¡Eres una perra Naruto!- lo acuso divertida Sakura, empujándolo suavemente por el hombro, antes de que el rubio devolviera amistosamente el gesto, y ambos se echaran a reír nuevamente.
Mientras que Itachi quedo absorto en sus pensamientos, ignorando a todos en el coliseo, como si el mismo estuviera en ruinas, y una extraña bruma gris lo rodeara, siendo su única compañía en aquel coliseo fantasma, mirando hacia aquella reja de acero, por la que Sasori había desaparecido. Tal vez mucho más de lo que creía, podían afectarle las palabras de sus amigos. Hasta ahora fue consciente que no podría estar con el pelirrojo por siempre, que no podrían compartir una noche, y despertar enmarañados entre las sabanas y sus cuerpos desnudos, sin temor a que los atraparan infraganti.
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En el Olimpo, el ocaso teñía las nubes bajo los pies de los dioses de tonos naranjas, según había dicho Afrodita era como ver una sonrisa marchita: triste, aburrido y sin sentido. Pero ahí estaban, rodeadas por la mortecina luz solar, cada vez más tibia y oscura. Eris había elevado de algún campo de guerra ya muerto, varias estatuas de piedra, algo desmoronadas, pero aun lo suficientemente firmes, para encontrarles forma.
El estruendo que causaban ambas deidades, rompía completamente la calma armónica, que Zeus había hilvanado devotamente, pero a ninguna le importaba. Sus risas hasta cierto grado desquiciadas, acompañaban aquel poderoso estruendo. Los fragmentos de roca no paraban de volar por todas partes, haciéndose acompañar por el viento, que revolvía violentamente los vestidos y cabelleras de las deidades.
Estúpida Perséfone- la suave vos de Afrodita, cargada de dulce veneno, lleno el aire. Con calma homicida; acompañando los fragmentos de aquella esplendida escultura de la diosa que acababa de volar en pequeños trozos, los que aun fulminaba con la mirada.
¿Aun le guardas rencor?- preguntó curiosa y maliciosa la peliazul, mirando por unos segundos la pose tensa de la rubia, así como sus brazos temblorosos por la rabia. Levanto la mano, soltando la esfera luminosa que llevaba entre los dedos, esta se impacto contra otra estatua ahí precariamente parada, haciéndola estallar en cientos de pequeños trozos.
Esa idiota...- espeto con vos estrangulada de rabia- ¿quién se cree que es, para intentar enfrentarse a mí?- frunció con suavidad el seño, sin perder un ápice de su belleza u orgullo.
¿Lo dices por lo de Adonis?- preguntó interesada la más alta, mirando intensamente a su amiga, que había parado completamente su labor de destrucción, y solo miraba venenosa hacia delante, y apretaba los puños con rabia.
- tan pronto como aquella imagen llego desapareció, pronto la rubia volvía a sonreír despreocupada, y dejaba de enterrarse las uñas cuidadas en la palma. Eris la miro confundida con una ceja alzada- al menos Hades ya se deshizo de ella- comentó con una sonrisa maligna, sacándole una igual a la peliazul.
¿De quién me deshice?- preguntó aquella vos maliciosa y sarcástica del dios de la muerte, unos metros delante de ellas. Recargado en una de las pocas estatuas aun de pié, mirando a ambas deidades, con una sonrisa divertida y lasciva.
De tú estúpida ex esposa- ladró Afrodita, manoteando el aire irritada.
¿Cuándo llegaste?- su sobrina lo miro expectante y curiosa, exigente de respuestas. En eso si que se parecía mucho a su hermano.
Apenas. Solo escuche eso de que me deshice de alguien- contesto con aburrimiento, moviendo suavemente su mano, quitándole seriedad al asunto- después de todo mato a tanta gente en un solo día, que no podía estar seguro de quién o qué hablaban- explicó casualmente, encogiéndose de hombros autosuficiente y con una sonrisilla prepotente en los labios. Eris simplemente negó con la cabeza.
Por cierto- la vos de Afrodita coqueta y pegajosa como la miel, hizo reaccionar a ambos dioses, que encontraron a la rubia, prácticamente sobre Hades, arrinconándolo con su fino cuerpo a aquella estatua- ¿qué averiguaste del gladiador?- preguntó coqueta, aunque la desesperación y el deseo de conocer más de aquel humano, fue bien notado, en la nota ligeramente más aguda de su cuidada vos.
Bueno es esclavo en el ludus Uchija y comúnmente aparece en todos los eventos de dicha casa- explicó, por primera vez desde que conoció a la diosa del amor, nervioso por la cercanía del cuerpo contrarios, su olor a rosas le cosquilleaba la nariz, y el descarado encuentro de sus pechos lo hacía sentirse pequeño ante ella.
Eso no da mucha información- la vos seria y parsimonica de Eris, salvo al peliblanco, que creía poder comenzar a sudar nerviosamente, como cualquier humano.
- rápidamente desvió la mirada, concentrándose en la fémina- el ludus suele participar en cualquier evento importante, comúnmente se realizan torneos los fines de semana, serían los mejores días para ir- comento nervioso, su vos aguda y la mirada esquiva lo delataban, pero Eris estaba demasiado ocupada, trazando planes en su cabeza para que su padre ni ningún otro dios los descubriera, como para notarlo. Algo que Afrodita no hizo.
Entonces iremos el próximo sábado- concluyó la diosa del caos, con firmeza regia y peligrosa, no dejando que ninguno de sus acompañantes pudiera replicar, lo que realmente estaba fuera de sus mentes en ese momento.
Claro...- respondió extrañamente tartamudo el peliblanco, esta vez logrando que Eris alzara una ceja confusa, mientras lo miraba con incredulidad.
¿Tenemos que esperar tanto tiempo?- preguntó escandalizada Afrodita, separándose del más alto, para mirar con horror a Eris, quién se cruzo de brazos y miro con severidad a la rubia, manteniendo firme e inamovible su postura.
Ya esperaste mucho, ¿qué es una semana más?- la vos dictadora y oscura de Eris, hizo asentir mansamente a la rubia, que aunque no parecía prestarle atención a su entorno, noto claramente el suspiro de alivio de Hades; cuando se separo de él.
Su orgullo comenzaba a gritarle y a zarandearla, ¿desde cuándo cualquier ser suspiraba aliviado cuando se separaba de él? ¿Desde cuándo Hades se tensaba tanto con su cercanía, tanto que hacía parecer sus músculos piedras? No lograba terminar de formar ideas en su cráneo, aturdida hasta los huesos por su orgullo, así realmente que no pensó lo que hizo. Eris abrió la boca, para terminar de orquestar los últimos detalles con los otros dioses, pero tuvo que cerrarla ante lo que Afrodita estaba haciendo delante suyo.
La diosa del amor no lo había pensado ni dos veces, había aplastado con su delicada mano el pecho del dios de la muerte, arrinconándolo nuevamente contra aquella estatua y lo había besado, desesperada, ansiosa de que el mayor correspondiera el beso con la misma intensidad, necesitaba sentirse bella, deseada, todo lo que cualquier hombre quisiera tener a su lado, eternamente. Eris elevo las cejas sorprendida, realmente no esperaba aquello de Afrodita.
No quiero ver... lo que sea que vayan a hace- mencionó incomoda, siendo totalmente ignorada por los otros- bueno me voy- y sin cruzar una sola mirada con ellos, la diosa del caos salió de ahí, lo más rápido que podía, sin parecer espantada, o muy obvia.
Hades como pudo intento corresponder el desesperado beso de Afrodita. Repentinamente, igual que la rubia; necesitaba sentirse deseado, tocado. Necesitaba creer que él podía hacer todo lo que quisiera. Se quedaron ahí: devorándose las bocas, hasta que la oscuridad remplazo al atardecer. Entonces Afrodita se separo jadeante del peliblanco, el pecho le subía y bajaba rápidamente, tenia los labios rojos e hinchados. Tomo de la mano al más alto y junto a él corrió, hasta su templo.
Frente a la puerta de madera retomaron aquel beso, desesperado, deseoso y necesitado, de verdad que lo necesitaban, más de lo que habían necesitado respirar en toda su existencia inmortal. La rubia apenas planto los pies en el interior del templo, todas las antorchas del mismo se encendieron iluminando cálido y atrayente el templo, instándolos a sacar todo lo que traían adentro, a desbordarse a la pasión, y calmar el mar de acido que se revolvía furioso en sus estómagos.
Avanzaron a tropezones hasta los aposentos de la diosa, tirando cuanta mesita o jarrón estorbara en su camino. En ningún momento detuvieron el beso, incluso comenzaron a acariciarse, con fuerza, con desesperación, con lasciva, casi arañando la piel contraría, friccionando sus cuerpos casi con violencia. Necesitaban más, mucho más. Nada parecía calmar los golpes locos de sus corazones, o calmar el hormigueo en la piel y mucho menos, el líquido en sus estómagos que parecía veneno.
Sin dejarse de tocar o de besarse se tiraron sobre la cama, entonces la burbuja rosa se reventó, notaron lo que estaban haciendo y en quienes estaban pensando. Estaban locos no había dudas. Quedaron recostados uno al lado del otro, se miraron, notando el juego de sombras que las llamas danzarinas causaban en el rostro del otro y se sonrieron tímidamente, casi con miedo. Resoplaron como si el uno fuera el reflejo del otro, y perdieron sus miradas en el alto techo de la habitación.
Y... ¿quién es?- la vos suave y divinamente hermosa de Afrodita, atrajo la espantada mirada violeta del otro, que se sentó de una vez; acorralado y aterrado.
¿Qué m*rda preguntas con eso?- bramó sonrojado y nervioso el dios, sacándole una risilla a la rubia que calmadamente se sentó para mirarlo de frente.
Puede que parezca que no entiendo nada Hades. Pero soy la diosa del amor, a mi no me puedes engañar y menos acerca de esto- termino posando con delicadeza su fina mano sobre el pecho del dios, justo sobre su corazón.
No sé de qué m*rdas hablas- desvió la mirada, aun más sonrojado y con los brazos delante del pecho, como un escudo que lo protegía de las preguntas de la diosa del amor.
¿Sabes por qué lo reconocí?- preguntó de pronto mirando hacia el frente, lo que extraño al otro, haciendo que su pose defensiva flaqueara- es lo que yo mismo siento. Los nervios picándote el cuerpo como mil mosquitos. El nudo de nervios en el estomago, que aunque molesto te agrada- sonrió débilmente, algo avergonzada y expuesta.
Afrodita...- Hades quiso decir algo, pero no encontraba palabras, la vos suave y rota de la otra lo dejaba desarmado y con ganas de matar a alguien.
Sabes... últimamente, me he cuestionado lo que realmente es el amor. Antes creía que... el amor era sentirte atraído por el cuerpo de alguien más, pero ahora... creo… creo que había estado mal todo este tiempo, no sé quién soy...- su vos comenzaba a volverse más suave, más débil, más rota.- Ni siquiera sé lo que es el amor. Soy la diosa mas patética de todas- al final no pudo hacer otra cosa que dejar correr las lágrimas por sus mejillas, no sabía que era, no sabía quién era. Estaba confundido, exhausto y parecía que las grietas de su cuerpo en lugar de sanar estaban creciendo.
En el acto Hades lo abrazo por la espalda, pegando aquella fina espalda a su apenas musculado pecho. Sentía como se sentía, o eso quería creer, el tampoco sabía lo que le pasaba, pero que la diosa del amor no supiera lo que ocurría con ella, lo que se sentía amar de verdad a alguien, era realmente como para perder la cabeza. Ahora entendía por qué Eris, había invocado todas aquellas estatuas, quería distraer a la diosa, quería que no pensara, que no siguiera destruyéndose a sí misma, que creyera en ella aunque fuera por solo unos segundos.
Es también un gladiador, del mismo ludus que el tuyo- se apresuró a decir, desesperado por distraer, por tranquilizar al más pequeño. Tenía los ojos apretados y el rostro oculto en la cortina dorada de cabellos, aspirando el aroma de la diosa, tranquilizándose de poco a poco, notando que la respiración de Afrodita se comenzaba a regularizar.
¿Cómo se llama?- preguntó suavemente, aun notándose los vestigios de llanto en su voz.
¿El mío o el tuyo?- preguntó confundido Hades, sin la fuerza para mirar a Afrodita. No quería volver a verla así de rota, así de frágil y vulnerable, como un ocaso mortecino. Cada vez entendía más a Eris, porque estaba empecinada en complacer a Afrodita.
Los dos...- sonrió ligeramente, soltando una risita, que le devolvió el aliento a Hades, que por fin despego su rostro del delicado hombro de la otra deidad.
- vio la sonrisa rota y la mirada cristalina, y quiso llevarse a toda la humanidad al inframundo, pero algo en la diosa, en su sonrisa, en su optimismo, lo hizo sonreír también- el mío es Kakusu, y no sé porque te cuento esto- inflo las mejillas en un puchero infantil, que invoco la gloriosa risa de la rubia, que Hades no tardo en acompañar aliviado.- El tuyo se llama, Sasori- dijo con calma; tranquilo. Sentimientos que se afianzaron al mirar la expresión de Afrodita.
- sonreía, la diosa sonreía, con la belleza e intensidad de un millón de estrellas, y su mirada celeste, brillaba emocionada, como la de un chiquillo cualquiera- Sasori- repitió lentamente, delineando cada letra, sintiéndose extrañamente flotar en un mar de nubes blancas y esponjosas.
Continuara.
Si les dijera que solo nos faltaban las últimas dos escenas desde hace dos meses ¿nos lincharían? nwnU jeje… entonces mejor no lo digo
Diva: ¿les gusto? ¿Quieren escupirnos en la cara? ¿Mentarnos la madre? Bueno creo que la nena lo merece u_u
¿Discúlpame? ¬¬
Diva: el capi fue bastante "KakuHidan" cabe destacar las comillas; como decía el titulo apenas estamos empezando, así que… bueno imagínense que sigue. No sé, me parece que Hades; acepto muy rápido sus palpitaciones por el gladiador, ¿no?
Bueno, pero quién le puede debatir a Afrodita, si ella misma te dice que estas enamorado
Diva: en este momento: todos
Arrgggg. Bueno ya que mis ideas se esfumaron como una torre de humo decidí, que cada capi tendrá una pareja principal, sin olvidar la principal *SasoDei*, este fue KakuHidan (si podemos darnos el lujo de llamarlo así) el próximo: SasuNaru, con todas las insinuaciones que ya hubo en este capi, queda fácil injertarla de una vez
Diva: sin más nos retiramos, fue un placer poder actualizar (y esperamos poder hacerlo antes siquiera que pase un mes entero). Lamentamos el lastimero capitulo u_u afff… no vamos a terminar de disculparnos nunca, bueno eso es todo, se cuidan; hasta la próxima
Besos y abrazos de… pececitos arcoíris jijiji ^w^
PD. Recuerden que un reviw puede ser tan corto como: "WTF, OMG, ¡están matando todo en lo que creía waaa! Retírense, muéranse, bomba, etc" XDU
