Hola:
Hay muchas razones por las cuales no actualicé esta historia, sólo diré la más relevante, desde mi opinión.
Por los exámenes, en mi escuela es cada quincena (supuestamente es mensual).
Un minuto de silencio...
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El ocaso estaba a la orden. Algunas estrellas empezaban a surgir entre la tenue oscuridad.
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Capitulo 3: ...eres un príncipe.
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Resultó que en vez de hospedarse en un lujoso hotel de por lo menos cuatro estrellas, el señor Dickenson, después de darse cuenta los chicos que se habían olvidado de él y del abuelo, les mostrara una posada con baños termales en la cual les dijo nos albergaríamos. Según palabras del director de la BBA, era para envolverse en una atmósfera parecida a la época antigua en con la que se lleva a cabo el festival de Sanya.
A todos les pareció considerable, hasta Kai no había dicho ni pico, pero cualquiera que se hubiese interesado en ver su cara, sabría que no estaba del todo de acuerdo.
Todos tenían sus respectivos cuartos con sus respectivas parejas, excepto el equipo de Kai y Hilary, siendo ella mujer, le tuvieron que dar su habitación aparte, logrando la chica no sólo separarse un rato de él, sino conseguir que Kai estuviera lo bastante satisfecho de estar solo. Exacto, solo.
Y la verdad no importaba, no para la castaña, estaba harta de Kai y eso que únicamente había soñado con él, todavía le faltaba estar a solas en la realidad, lo cual no le daba muchos ánimos, todavía tenía revuelto el estomago por el casi beso que posiblemente se hubiese consumado, pero desgraciadamente Tyson siempre sacaba a flote su habilidad de destruir un grandioso momento. Espérense, ¿Grandioso?, ella no podía pensar en eso o ¿sí?, ¿significaba que le llamaba la atención, Kai? No, claro que no, eso era imposible, sólo tenía esa sensación porque pensaba mucho en él para convencerlo, sí, eso debió pasar, ¿Quién querría estar con el chico menos hablador del mundo, sarcástico e indiferente?
Agarró sus maletas después de darle una mirada despreciable a Kai, la verdad ya no le importaba que fuese a obtener una represalia por parte de él, no sería capaz, ni siquiera cuando lo molestó en su batalla con Rei, hace un año, donde por fin pudo ver una bestia bit, le hizo algo. Así que se encaminó sin esperar si quiera que el amable Rei le fuese a ayudar. Con un poco de esfuerzo llegó a su habitación, luego de recorrer el pasillo donde se enfilaban las habitaciones con su típica puerta corrediza.
Dentro, arregló su tatami para poder descansar. Era modesta, tenía un pequeño tocador oscuro que aguantaba en una esquina al televisor y a la mitad de la habitación una mesa con cobertor incluido. Puso en el tocador sus cosas, un peine y algunas cremas, y en la mesa, su equipaje. Lo bueno de su cuarto, a su parecer, fue el silencio que se suscitaba, estaba tan al fondo, que podía recorrer su puerta y tener enfrente la mejor vista de un jardín bastante bien cuidado, con su estanque lleno de peces naranjos y en su rededor arbustos voluptuosos de hojas y flores.
Vislumbró la chica que el jardín tenía una pared de piedra alta, seguramente ahí estaban los termales. Y con un suspiro decidió darse un refrescante baño, agarró lo necesario y lo puso en un canasto encontrado en una gaveta del tocador.
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Al llegar a la recepción, Hilary tardó un rato más en alcanzar los baños termales. Estaba un poco apurada. Quería tanto relajarse que a pocos centímetros de su destino se le cayó la toalla. Con un bufido se agachó y se metió a la entrada sin mirar siquiera a su alrededor.
Estaba sólo el recinto. Dejó su toalla en una de las dos bancas.
La densa neblina que desprendía la caliente agua atrapada en los pozos termales, daba un aire de ensueño, como si te invitasen a lugares prohibidos para el disfrute del cuerpo.
Hilary ya estaba a punto de quitarse la bata cuando escuchó salir a alguien de las aguas. No hubo pasos. Eso la sobresaltó, porque suponiendo lógicamente, alguien debió pasar por el marco de entrada a los vestidores. Sin embargo nada.
El silencio y el miedo se impregnaban en la piel de la chica, erizándole la espalda. Poco a poco su alma empezó a bajar al suelo sintiéndose pesada y a la vez indefensa de hacer algún movimiento, su estomago empezó arreciar aire frió, como si palpitara al ritmo del corazón. Le faltaba el aire.
Otro chapuzón. Luego pataleos.
La chica resopló, vio, por fin, una toalla en la otra banca. ¿Cómo podía creer que pudiese ser un fantasma u otra cosa?, debía ser una chica que andaba buscando algo y luego regresó a nadar. Más tranquila y avergonzada por pensar como niña pequeña, empezó a quitarse la bata, dejando sus hombros y espalda al descubierto.
-Yo que tú no me la quitaba.
Hilary se espantó. No podía pasarle aquello. No, no, no, no...
Volteó poco a poco, esperando que la voz que escuchó no fuera, ni por nada del mundo la de Kai. Aun estaba a medio cuerpo de zafarse de la bata.
Sin embargo, si fue. Ahí estaba con una bata blanca tapándole los hombros y la espalda, pero no sus pectorales ni sus formadas piernas. Traía un traje de baño parecido a un bóxer. Estaba cruzado de brazos con porte de arrogancia y seriedad, como si Hilary hubiese hecho algo malo, terriblemente malo.
Después de un rato, en la que la tensión podía ser cortada hasta por un cuchillo pastelero, la castaña se apresuro a abrigarse en la bata.
-¿Qué demonios haces aquí?- preguntó ruborizada abrazándose como si Kai fuese hacerle algo.
-Bañándome, obvio- explicó con su habitual tono de indiferencia. Empezó a caminar hasta donde estaba Hilary, haciendo que se tensara más de la cuenta.
-Pero.. pero, este...- tartamudeó la joven. Se pegó a la banca contraria como resguardo.
-Pero, este ¿qué?- repitió kai- ¿No sabes leer? Es mixto.
Hlary se sintió la chica más idiota del mundo, no se le ocurrió leer el letrero, asumió que los vestidores de chicas eran siempre a la derecha. Aunque ahora que lo pensaba no vio ninguna puerta a la izquierda.
-Yo no quise decir eso- mintió la castaña, arrugando su frente- Tú nunca andas por aquí.
-Asumí que no vendrían. Pero veo que no.
Kai taladró con la mirada a Hilary, sus ojos avellana destilaban su aire de misterio y ella se sentía absorbida. Tuvo la tentativa de voltear hacia otro lado, sin embargo no pudo. Eran tan ¿lindos?
Kai levantó una ceja, esperando.
-No traje bañador- terminó diciendo. "Qué estúpida"
-Cómprate.
-¿Dónde? ¿Y a esta hora?- Definitivamente, Hilary no estaba pensado bien las cosas. Estrujó la tela de su bata, desperada porque terminara la sesión de miradas, en la cual, tenía todas las de perder.
Deseaba largarse de ahí corriendo despavorida. Hacia un frío infernal, sentía oprimirse su corazón. Los ojos avellana no dejaban de mirarla.
-Hay una tienda a tres cuadras- dijo el chico, deslizando una mano por detrás de la castaña. Estaban palmo a palmo. Kai desvió la mirada por un rato hacia abajo. Hilary no respiró, era simplemente una estatua.
Cuando sus ojos regresaron a los suyos, caminó hacía atrás. Traía una toalla en su mano.
-A menos de que quieras bañarte sin ropa- prosiguió Kai, dejando a una Hilary sonrojada hasta las orejas.
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No tuvo opción. Vestida y con un sinfín de emociones resoplando en su interior cómo un huracán, se aventuró en la noche en busca de un bañador.
Más que nada, por obligación. Debía bañarse, siempre lo hacia porque no soportaba estar sucia más de un día.
Esperó que los automóviles le dejaran el paso. Golpeaba con los talones el piso, sentía tardar demasiado su turno de pasar.
Por fin. Caminó apresurada, estirando los tendones de sus piernas más de la cuenta, el crujir de las rodillas le advertían el exceso de trabajo.
Y casi llegando a la tienda. Unos tipos empezaron a hablarle. Sus palabras vulgares, intentado en sus términos seducirla, empezaron a ponerle nerviosa. Podían hacerle algo, así que apresuró más el paso, viendo de reojo que la estaban siguiendo.
Entró a la tienda. Llena de trajes de baño, toallas y artículos para el agua, todo perfectamente ubicado. Hilary fue directamente a la sección de bañadores. Tardó a propósito en escoger un traje, no quería toparse con los bravucones y como la veían, animales esperando a su presa, pensó en un posible problema de acoso.
Cerró sus ojos y entrelazando los dedos de sus manos, rezó porque no le sucediese nada.
-Ya vamos a cerrar, jovencita- habló un de los empleados.
No estaba bien aquello. Hilary le comentó de los acosadores, y el empleado simplemente se encogió de hombros diciendo que no era su problema.
Estuvo a punto de llorar. A nadie le importaba. Y maldiciéndose por no decirle a alguno de sus amigos que la acompañarán, agarró el primer traje que tenía a la mano y lo pagó en caja. Tenía la cabeza gacha, no quería ver a sus verdugos desenfundando sus cinturones. Miles de imágenes crueles se asomaron por su cabeza.
Salió con el corazón en mano y con valentía miró al frente. No había nadie.
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Al día siguiente el señor Dickenson informó a todos que la primera prueba iba a ser en diferentes lugares, y que los papeles que les habían dado tenían escrito la ubicación de donde tendrían que ir. Específicamente algún deportivo.
Hilary miró el suyo, les había tocado un deportivo en el distrito Kasushika. Bastante retirado, así que tardarían más. Tyson saltaba de emoción, les tocó un deportivo cerca de aquí. Rei se veía satisfecho por ello. A Max y a Kenny les había tocado en el distrito Itabashi, relativamente cerca de Shinjuku, donde se hospedaban.
Con emoción todos se marcharon a sus respectivos destinos.
Hilary y compañía estaban en el metro esperando. No habían hablado para nada en todo el trayecto. Se sentía un poco cansada. Se la había pasado llorando toda la noche. El estúpido traje le había quedado grande y a su pesar, así se bañó. Todo era un asco, todo lo que había planeado se había ido por el drenaje para luego salir a la deriva en algún lugar.
-Kai- dijo esperanzada. El chico no volteó-. Hay que echarle ganas. Y le enseñamos a Tyson quien manda.
-Cómo quieras- él seguía viendo las vías decepcionando a Hilary.
-¿Por qué no quieres?
-Ya te dije. No importa sino lo entiendes- cerró los ojos. Esa actitud la utilizaba para zanjar la discusión.
-¡¿Así que piensas que no podemos hacerlo?!- exclamó Hilay en tono de reproche.
Kai rió con arrogancia. Era tan exasperante, daban ganas de zarandearlo, o darle una bofetada. Por lo menos para que sintiera la desesperación por querer demostrarles a los demás lo que valías, que entendiera. Que sintiera lo que los no talentosos les cuesta hacer.
-¿Quién sabe?- dijo indiferentemente-. No veo que tengas…
-¡Cállate! ¡Ustedes piensan que soy un estorbo!- Hilary empujó a Kai. Éste se sorprendió por el ataque, pero a ella no le importaba-. ¡¿Las mujeres no podemos hacerlo bien como ustedes?! ¡¿Sólo sé dar porras o agua después de una batalla?! – respiró hondo como toda su voluntad le dejó hacer-. ¡¿Piensan que soy una buena para nada?! ¡Y más que nada tú! ¡Te crees tan bueno que no valgo para estar en tu equipo, todos son basura y las mujeres más ¿No?! ¡Por eso no les hablas!
El tren arribó, y en su coraje se metió sin siquiera ver si Kai iba con ella. No era justo. Siempre escuchaba lo mismo. Cuando barría el salón. "¿Qué tiene de especial Hilary, si ni siquiera bey-batalla?" "No debería estar en el equipo de Tyson" "Es un estorbo"
Hilary se apretujó en su asiento, resistiéndose a llorar, empuñaba sus manos hasta dolerle las palmas. Se sentía impotente, queriendo explotar y que alguien le dijese que ella tenía razón, que valía algo.
Todo el gentío salía del tren y entraba. Seguían sus vidas y con sus problemas. Si ella desaparecía a nadie le importaría.
Cuando se dio cuenta, ya había atardecido. El tren había regresado a Shinjuku. Tanto había sido su desesperación que ni se fijó. De seguro había perdido la primera prueba.
Con mucha lamentación, salió de la estación. Quería regresar a casa y olvidar todo, como un sueño al despertar.
-Hola, linda. Nos volvemos a ver.
Hilary volteó a su derecha. No se había percato de que andaba caminando por un barrio oscuro y sucio. Las paredes tenían algunos graffitis y basura arremolinada en los basureros. Y lo peor eran los fanfarrones, se veían terribles en la oscura calle. Hilary intentó escapar pero todo se volvió negro.
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Cuando niña, le encantaban los cuentos. Donde príncipes azules, amables y guapos rescataban a las bellas damiselas en peligro.
Asimiló, después, que eso eran simplemente sueños. Nada de eso era cierto y menos para ella, al ser hija única tenía más responsabilidades. Recaía en ella, el poner en alto el apellido Tachibana.
Buenas calificaciones. Buen comportamiento. Aprendió a ser estricta y con el tiempo a pesar del miedo y la responsabilidad, ser la jefa de grupo, a ser mandona. Todos la respetaban y le pedían ayuda, sin embargo, ningún amigo.
Hasta que apareció Tyson y Kenny, chicos que vivían el momento. Aprendió un poco de eso, pero las cadenas eran más fuertes. Los veía avanzar a pasos agigantados y ella, una simple espectadora.
Quería avanzar, pero tenía miedo, por ello, esperaba el reconocimiento de que ella tenía la razón. Porque era lo único que podía hacer, ordenar y criticar.
Abrió los ojos poco a poco, sentía el viento golpearle la cara. Se levantó y luego, luego con temor se aferró a la primera columna de hierro que encontró.
Estaba en un edificio en construcción de cuatro pisos, o eso creía la chica. Miró para abajó, ahí estaban los acosadores. ¿Y si le habían hecho algo?
-¡Bájenme!- ordenó Hilary esperando que no se notará su pánico.
-¡En un rato, cariño! ¡Tenemos cuentas que saldar con tu noviecito!- gritó el líder de su pandilla. Tenía una sonrisa socarrona que superaba a creces la de Kai. Por lo menos ahorita le parecía más cálida.
Hilary frunció el ceño, ¿qué novio?, debían estar equivocados. Ella no tenía…
Abrió por completo los ojos, sintió que se iba a caer. Alguien los había ahuyentado ayer y ahora querían venganza. Aturdida por aquel fugaz recuerdo, intentó enfriar su cabeza, tenía que hacer algo, nadie iba a venir, todos estaban en sus respectivos retos. Ya se daba por muerta.
Pasó el tiempo. Demasiado tiempo. Se aferró a la barra lo mejor que pudo, tenía frío. Cómo le gustaría poder bey-batallar y así aporrearlos. Era una buena para nada.
-Vaya- dijo el líder con voz de satisfacción completa. Puso sus manos en jarra y levantó la barbilla con prepotencia-. Al fin llegaste. Tenemos cuentas que saldar, maldito mocoso.
-No tengo nada que saldar con ustedes- la bufanda de Kai ondeaban con toda su magnificencia al costado.
Hilary se alegró tanto que no pudo ni gritar el nombre de Kai, pero el hecho de que él estuviera ahí, la hacia sentir reconfortante y exorbitantemente feliz.
-Con que no- empezó a jugar con unas cadenas aquel tipo-. ¿Y si le sucede algo a tu bizcochito?
-No me importa, hagan lo que quieran.
Como una bofetada, quitó Hilary, la sonrisa de su cara.
-¿Entonces a qué viniste, idiota?
-Porque me dijiste cobarde- aclaró Kai, como si hablase del tiempo y de los alimentos menos llamativos del mundo. La castaña sintió el peor vacío de su vida. No le importaba, sólo venía salvaguardar su dignidad. Kai era egoísta y ella una basura.
El hombre rió estruendosamente, como si lo dicho fuese una muy buena broma.
-No entiendo. Para qué ayer fastidiarnos, si no importaba.
-No te sugiero saber- dijo burlonamente Kai-. Es más ni siquiera vas a saber. Morderás el polvo como todos.
Aquello fue la gota que derramó el vaso. Todos se abalanzaron hacía él para apalearlo. Kai se recorrió hacía atrás y con gran habilidad, al momento, sacó su blade y lo hizo girar. Lastimó a sus contrincantes en las manos, con lo cual tuvieron que tirar los objetos peligrosos que tenía.
Hilary se tapó los ojos, no quería ver lo que les iba a hacer. Además de no querer ver a su "salvador", empezaba a odiar a Kai con todas sus fuerzas. Deseaba que se largara de su vida. Ya no creía poder convencer a Kai de que la ayudara a ganar.
Escuchó ruidos de pies corriendo despavoridos. Al querer saber, sólo vio a Kai agarrando su blade. La observó como esperando algún veredicto.
Muy a su pesar le agradeció, y a la vez pedirle que si la ayudaba a bajar.
-Baja tú. ¿O eso tampoco puedes hacer?
La chica abrió los ojos con estupefacción. ¿No la iba a ayudar? "Maldito, maldito. Te odio Kai Hiwatari" Se juró que si bajaba iba matarlo, si podía, lo ahogaría con la bufanda ridícula que tenía. "Ja, como si fuera aviador".
Su pecho subía agitadamente. Miró a su alrededor viendo unas escaleras. Con mucha precaución y, que su coraje se transformará en aprensión, fue a arrastras hasta ellas.
Empezó bajarlas cerrando sus ojos. En un instante se le resbalaron los pies, quedando agarrada con sus manos a los escaloncillos. Quiso llorar, pero su voluntad no se lo permitió. No le iba a demostrar debilidad a ese mal nacido, como ahora lo llamaba.
Agarró fuerzas y con trabajo, consiguió a regresarlos pies a donde debían estar. Después, para lo que ella creyó horas, sintió la grava suelta del lugar, ya estaba en el suelo.
Estaba feliz, no le había pasado nada. Con arrogancia subió el pecho y miró a Kai valentonamente.
-¿Ves?, pude hacerlo sola.
Por un momento el chico no le quitó el ojo. Otra vez Hilary sintió ser absorbida hacia lo desconocido. Negro. Misterio. Sinónimos de Kai.
-Lo sé- murmuró en cuanto se volteó. La bufanda seguía ondeando en la oscuridad, como una estrella guiando a los pastores en su camino.
Hilary. Simplemente lo siguió, todas las emociones que experimentó, miedo, frustración, odio, tristeza se disiparon. Hoy iba a descansar tranquila.
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Gracias por leer el intento de historia romántica. Gracias po los comentarios(reviews).
Ahora, veamos si está mejor que el anterior.
