Gaara comenzó a recordar:
Conoció a Shijima en el peor de sus momentos. Él recién se estaba reponiendo de todo el daño que la gente le había ocasionado y el propio daño que el mismo también había provocado. Desde el encuentro que tuvo con Naruto, su decisión de cambiar su vida, se volvía más firme con el paso de los días. Primero, aprendería a cuidar, proteger y amar a sus hermanos, Kankuro y Temari. Pero a pesar de sus intentos, veía como ellos le tenían miedo aún. Esto lo hacia sentir triste.
Mucho peor fue la vez, en que tenia que decidir entre desaparecer para siempre, abandonando su firme decisión de cambiar y tomar el mando de su aldea como el quinto Kazekage. Todos lo presionaban. Los ancianos del consejo, su sensei Baki, sus hermanos y una porción de aldeanos que lo querían por su fuerza, que pensaban firmemente que él podría al fin, convertirse en el arma que los protegería contra todo, tal como su padre, Rasa, había planeado.
Todo esto, realmente lo asustaba. El sólo quería estar con sus hermanos y que ellos lo quisieran. El no quería pelear con nadie, ya no. Y al no saber que hacer, discutió con Kankuro y escapo del palacio.
Permaneció sentado, en la loza de un parque de la plaza principal de Sunagakure. Estaba cubierto por una manta color arena, con una capucha que le cubría la cabeza y por lo mismo, cubría apenas su rostro. Sus ojos tristes y unas cuantas lágrimas que bajaron cobardemente por sus mejillas.
- - ¿Estás bien? – Oyó la voz de una chica, que se había sentado a su lado – Soy Shijima, ¿puedo ayudarte?
Gaara volvió su rostro para mirarla. Era una chica realmente hermosa. Su carita dulce le enterneció, aunque no se animó a hablarle, ambos se quedaron mirándose. Los ojos de él se clavaron en los de ella.
- - No creo que puedas ayudarme…
- - ¿Porqué no? – Le preguntó ella – Veo que has llorado… ¿Quieres caminar un momento?
Gaara asintió al tiempo que la arena descendía desde la coronilla de su cabeza y caía cubriéndole el rostro como una cascada. Shijima se sorprendió al verlo así. Pero cuando este terminó, su rostro se vio muy serio, inexpresivo. Sin embargo, ella le sonrió.
- - ¿Vamos? – Y el la siguió.
Ese día, ella lo entretuvo contándole historias divertidas, para hacerlo sonreír, aunque sea un poco. No lo conseguía. Sin embargo, él ya no recordaba porque estaba ahí, comenzó a sentir un calor en su corazón. Ese calor que había estado buscando desde hace mucho tiempo.
- - Me estas ayudando mucho. Gracias, Shijima – Le dijo interrumpiéndola, cuando ella le contaba una historia.
El semblante de la chica se cambió en una cálida sonrisa que hizo más hermoso su rostro. Ese que Gaara estaba comenzando a adorar.
Ambos regresaron a sus respectivos hogares, luego de haber paseado juntos todo el día.
- - No vayas a llorar otra vez, si. Iré a verte mañana – Le Dijo Shijima antes de alejarse de él. Gaara asintió. Ya quería que fuese mañana.
Kankuro lo esperaba en la puerta principal del palacio. Temari había reñido muy feo con él por lo que le había dicho a Gaara. Realmente lo había lastimado mucho sus palabras. Eran las 8 de la noche y no sabía nada de él .
- - Maldita sea, Gaara, tonto ¿Dónde miércoles estás? – Decía Kankuro, más preocupado, que enojado. Cuando una sombra se acercaba a lo lejos. Era él. Kankuro ni esperó y salió corriendo a su encuentro.
- - Ey, Gaara, oye…- Le empezó a decir, Kankuro un tanto dudoso de que su hermano fuese a rechazarlo – Vamos, hombre, en serio, ¿No te habrás creído lo que te dije? ¿o si?
- - ¿ah? – Lo miró el pelirrojo. Kankuro notó algo extraño en sus ojos. Su mirada era suave, no denotaba odio ni rencor – Lo que hayas dicho, no importa. Vamos, hace frio.
- - Ah, ok. Lo que tú digas – Dijo Kankuro , más aliviado, caminando detrás de él.
Ese día, Gaara no durmió nada. Temari estaba a su lado. El recostado en la cama, y ella a su lado lo cogía de la mano. No se acostumbraba aun a dormir sin usar algún jutsu , tenia pesadillas muy frecuentes, por eso Temari lo tenia agarrado de la mano, su sueño ligero la ayudaba a reaccionar a tiempo si Gaara despertaba de manera violenta. Pero ese día no hubo ni pesadillas ni nada malo. Él permaneció toda la noche pensando en Shijima. Se sentía demasiado ansioso. Quería verla ahora y siempre.
Y el día llegó. Shijima no se hizo esperar y salieron los dos a pasear. Gaara había tomado su desayuno como apurado, excusándose con que tenía cosas que hacer. Temari lo miró enojada y Kankuro le sonrió, asiéndole un ademán de que estuviera tranquila, que esperara.
El pelirrojo la seguía en silencio. No era nada conversador, en cambio, ella sí. Hablaba todo el tiempo. Volvió a contarle historias divertidas, pero Gaara seguía sin sonreír.
- - Shijima, gracias por estar aquí – Le dijo Gaara, interrumpiéndola.
- - No agradezcas – Le respondió ella, sonriéndole – Me gusta estar contigo.
- - Me gusta estar contigo – Le repitió él, como poseído.
- - ¿En verdad? – Shijima no lo podía creer.
Shijima se acercó a él y lo tomó de sus manos. Él no se opuso, tenía sus mirada puesta en ella.
- - ¿Puedo besarte? – Le preguntó y el asintió.
Se acercaron lo suficiente como para que sus labios se juntaran en un beso suave. Aquel toque fue de agrado de él, quién la aferro aun mas con sus brazos y aquel beso suave, fue haciéndose cada vez más intenso. Hasta que ella se separo un instante, para retomar su respiración. Pero se sentía rico besarla. Él nunca había besado a nadie, por lo que, la volvió a buscar para seguir besándola. La gente pasaba, los miraba besarse y a ellos ni les importaba. Gaara pensaba que podía seguir así todo el rato que quisiera, pero aquello debía terminar. Ambos regresaron a sus respectivos hogares, siempre con la promesa de volverse a ver. Y así, continuaron aquello que decían llamar romance y que él pensó que jamás podía vivir.
Gaara tenía resuelta su decisión. Aunque tenía sólo 12 años, tomó el mando como Quinto Kazekage de Sunagakure. Así podría proteger a sus hermanos y a la gente de su aldea que estaban comenzando a quererlo. Proteger a su amor de ese entonces, Shijima. Lo aplaudieron sus hermanos y toda Sunagakure.
- - Te protegeré y te amare siempre, Shijima – Le había dicho Gaara, mientras la abrazaba contra su pecho. Vestía su túnica blanca y el sombrero de Kazekage. Se veía terriblemente guapo.
Pero aquel romance sólo duró seis meses. Pero seis meses en los que Gaara fue realmente feliz, aunque su rostro nunca lo expresó.
Una vez, habiendo tomado el mando como Kazekage, las tareas que le fueron asignadas, iban siendo mayoría. Había cosas que el debía aprender, para que, cuando hubiese cumplido mayoría de edad, pudiese tomar decisiones solo. Pero por el momento, era guiado e instruido por el consejo. Y esto fue complicando su tiempo. Hasta el extremo de llegar a verse con Shijima, un par de veces por semana. La relación se enfrió por parte de ella.
- - Gaara, tenemos que hablar – Le dijo un día. Él asintió y le pidió que esperara un segundo.
Shijima tenía colmada la paciencia. A pesar que Gaara, aun estando cansado, salía con ella a pasear para verla contenta, esto no le bastaba. Ella quería algo más de él . Pero eso, él no lo podía dar. Tenía que estudiar con los ancianos del consejo, atender asuntos de su aldea en la oficina, etc. Su tiempo para descansar era cada vez más corto y a veces ni podía dormir de tanto pensar.
- - Mira, Gaara, esto no es fácil para mí – Comenzó diciéndole Shijima. Ambos estaban sentados frente a frente en una pequeña salita de muebles blancos, al costado de su oficina. Él la escuchaba atento, no se imaginaba lo que ella le iba a decir – Lo que pasa es que…
- - Sólo dilo, ¿Es algo malo? – Le preguntó él con gesto de inocencia.
- - Pues, en cierto modo. Mira, no quiero hacerte sufrir. Tu haz sido muy lindo conmigo y bueno se que hemos tenido problemas para vernos y…
- - Shijima, mírame. ¿Qué es lo que pasa? Tu no me haces sufrir – Le dijo Gaara, preocupado.
- - Ok. Gaara. Lo que pasa es que me gusta alguien más y pues, quiero estar con él…
Gaara la miró sorprendido, no se esperaba eso. Alejó su mano de ella y bajo la mirada. Su corazón sintió una punzada que dolió como cortado con fuego.
- - Lo siento, Gaara. Tenemos que terminar aquí – ella volvió a tomarlo de sus manos, pero él se negó a mirarla. Se encontraba desconcertado, no sabía que hacer, retenerla o dejarla ir. Cuando ella soltó sus manos, él levantó la mirada – Lo siento…
Fue lo ultimo que oyó de ella. Jamás volvió a verla.
