Derechos: Los personajes le pertenecen a S.M., quien es la que nos hace soñar con cada uno de ellos, la historia le pertenece a William Shakespeare; yo solo me adjudico la adaptación de personajes y época.
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Edward y Bella, época actual.
Capitulo III
Para ambos jóvenes, comenzó un periodo de luchas y de penas. En ambos había prendido fuertemente la llama del amor, la enemistad de sus familias hacía de todo punto imposible el que se vieran o se encontraran en alguna parte, pero su pasión les prestó fuerzas y medio para inventar formas de hallarse.
Una noche, Edward dejándose llevar por su gran amor, saltó la tapia del jardín de la casa de los Swan. Sabía que si lo encontraban arriesgaba la vida, pero ante la idea de ver de lejos siquiera a Bella, este riesgo valía la pena, nada le importaba. Ya en el jardín dio algunos pasos y se ocultó tras unos arbustos.
La noche estaba tranquila y una luna clara iluminaba los contornos de las plantas y árboles. En la casa, todo estaba en silencio, más de pronto, en un balcón en el piso alto, se abrió una ventana y en ella se asomó Bella. Su rosto se veía empañado por una dulce tristeza y se quedó mirando a lo lejos como si escudriñara las tinieblas que se extendían mas allá, fuera del resplandor de la luna. Al verla, Edward sintió que el corazón le iba a estallar y se volvía loco con latidos desenfrenados.
– ¡Oh, mi Dios! – susurró viendo la silueta de Bella que era bañada por los rayos de la luna; ella tenía puesta una simple pijama que constaba de un short suelto y una top, casi, transparente. – ¡Que belleza ven mis ojos! Su hermosura es inigualable con ninguna otra en el mundo.
Bella creyéndose sola soltó un suspiro, poso sus codos en el barandal del balcón de su habitación, mirando la luna.
– ¿Por qué eres Edward? – Susurró al viento – ¿Por qué eres Cullen? – negó con los ojos llenos de lágrimas, ella que había encontrado el hombre al cual amar toda su vida, el destino cruel se lo arrebataba. – Si tan solo me juraras que me amas, dejaría de ser una Swan. – meditó en voz alta.
Edward al escucharla, dudó un momento si debía seguir culto o hacerse presente, pero optó por permanecer en silencio.
– ¡Tan solo eres el hijo del enemigo! – siguió hablando consigo mismo Bella – Ni siquiera te has involucrado en una de las tantas peleas que se han desatado. Esas que no tienen ni pie ni cabeza. Como deseo que tuvieras otro nombre y la misma esencia. De igual modo, aunque dejes de llamarte Edward Cullen, seguiría amándote como lo he hecho últimamente.
Edward yo no pudo resistir la tentación de hacerse presente y de hablar con su amada, así es que desde la oscuridad, oculto empezó a hablarle:
–Te cojo la palabra. Llámame solo "amor mío" y seré nuevamente bautizado. ¡Desde ahora mismo dejaré de ser… Edward! – Él pensaba que lo que estaba viviendo era prácticamente lo mismo que vivieron Romeo y Julieta pero esta vez, él le pondría un final feliz, de eso estaba seguro.
Sorprendida y asustada de haber sido escuchada en sus reflexiones por alguno de los guardias de la casa, que todo le contaban a su padre, quedó en silencio por unos segundos, tratando de escuchar en la oscuridad. Pero esas citas, únicamente al pie de la letra de la obra de William Shakespeare, era de una persona que la había cautivado desde el día de su cumpleaños. Decidió seguirle el juego:
– ¿Quién eres tú, que así, envuelto en la noche, sorprendes de tal modo mis secretos? – no pudo evitar que una risilla se escapara de sus labios.
–No puedo expresarte con un nombre quien soy – respondió Edward – Mi nombre, Santa adorada, me es odioso, por ser para ti un enemigo. De tenerla escrita, rasgaría esa palabra.
–Según por tu acento de voz – dijo Bella – ¿Eres Edward Cullen, ese que se cree Romeo?
–Si quieres llamarme Romeo – dijo encogiéndose de hombros – pero ni lo uno, ni lo otro, si mi nombre mancha tu belleza.
– ¿Cómo has llegado hasta aquí? – preguntó ansiosa Bella – las tapias del jardín son altas y difíciles de escalar, es una propiedad privada y tu sitio de muerte, considerando quien eres, si algún guardia o empleado de la casa llegara a descubrirte.
–Cuando uno está enamorado, nada es difícil, los muros desaparecen; el amor todo lo puede. – volvió a encogerse de hombros Edward. – estoy feliz de poder hablar contigo, mi hermosa Bella.
– ¡Iras a prisión si te encuentran! – Exclamó ansiosa – ¡Has cometido un delito!
– ¿Ahora eres de la justicia? – Se cruzó de brazos con una sonrisa burlona – Diré que me invitaste a pasar a tu casa. De todas maneras tus oscuros ojos son más peligrosos que toda una corte de policías y guardias.
– ¡No quisiera que te vean aquí! – insistió Bella.
– ¿Sientes vergüenza? – Preguntó Edward – Si no me amas como yo te amo, prefiero que me encuentren aquí, no podría vivir sin tu amor.
– ¿Quién te guio hasta aquí? – preguntó curiosa Bella.
–Amor, que fue el primero que me incitó a indagar – respondió Edward – para llegar a ti, me dejaría guiar hasta del mismísimo diablo.
Bella aún estaba aturdida por haber sido sorprendida por Edward pensando en voz alta sobre él.
–Te amo tanto o más de lo que me has declarado. Pudiera negar lo que he dicho meditando, pero no vendría al caso. ¿Me amas? Sé que me dirás que sí y yo te creeré. No quiero que creas que soy ligera pero si muy apasionada. – le dijo Bella, mirando hacia donde venía el sonido de aquella voz.
Si la luz diera directamente en su rostro, se podría ver el rubor virginal que baña sus mejillas, ya que ella nunca le había dicho esas palabras a un hombre. Con Edward no sabía en qué siglo vivía, ya que se portaba como un noble hidalgo de la antigüedad. Hombres así estaban muy escasos últimamente.
–Te juro por todo lo más sagrado…
–No jures por cosas que son variables, júralo por nuestro amor – interrumpió Bella.
–Aunque me has dado una alegría y no malogra esta noche, todo esto es demasiado simple, repentino y temerario. – Bella sintió pasos acercarse a su habitación. – ¡Buenas noches! Este amor habrá crecido cuando volvamos a vernos – le lanzó un beso, moviendo sus dedos al viento.
– ¿Por qué me dejas así? – preguntó Edward apenado.
– ¿Qué puedes lograr esta noche? – preguntó de vuelta Bella.
–Tu fiel juramento – respondió Edward.
–Antes de que tú me lo pidas, te lo entregué. – sonrió amorosamente.
–No te vayas, amor mío – rogó Edward.
– ¡Oigo ruido! – Susurró sabiendo que su galán la escucharía – ¡espera un momento! ¡Solo un momento! – Bella acudió al llamado de la puerta, encontrándose con su nana, intercambiaron unas cuantas palabras y a los pocos minutos estaba de vuelta en el balcón.
Durante su breve ausencia, Edward no sabía si había soñado o sería una dulce realidad. Al verla de nuevo, empezó a creer que todo era cierto y más al oír las palabras de Bella. – Te amo, Edward y buenas noches. Por lo tanto si tus palabras son verdaderas… ¿Estás dispuesto a casarte conmigo? No contestes ahora – interrumpió cuando Edward iba a abrir la boca – comunícamelo mañana, te enviaré una persona de confianza, le señalaras donde y a qué hora quieres la ceremonia. – escuchó un nuevo toque en su puerta. – ¡Ya voy! – gritó en repuesta y volviéndose de nuevo a Edward le dijo: – pero si esas no son tus intenciones, abandona tus galanteos. Buenas noches
Edward se iba retirando cuando Bella volvió a la ventana y lo llamó: – ¡Edward, Edward!
– ¿Es mi alma, que me llama por mi nombre? ¡Qué dulce y argentina suena en medio de la noche, su voz! – Y volviendo sobre sus pasos se acercó de nuevo al balcón; – ¡Bella, mía!
– ¿A qué hora te enviare el recado mañana? – preguntó en voz baja.
– ¿No puedes enviarme un mensaje de texto? – enarcó una ceja y sonrió.
–Nop, perdí mi celular y tendré uno nuevo el lunes – respondió con una sonrisa de disculpas.
–A las nueve – Edward sonrió – En la fuente que está en medio de la plaza.
–No faltaré – asintió – hasta entonces.
–Descienda el sueño sobre tus ojos y el descanso sobre tu pecho ¡Quien fuera sueño y descanso para reposar tan deliciosamente!... Iré a casa de los Webber para hablar con el reverendo. – Cautelosamente se alejó para saltar de nuevo las tapias del jardín, antes que lo alcanzara la claridad del día que ya avistaba a lo lejos.
Bella recostada sobre su cama recordaba cada una de las palabras dichas entre ambos, sonrojándose furiosamente ante la pedida de matrimonio que ella, le había hecho a Edward.
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¡Hola! Dije que actualizaría el lunes, pero para que hacerlos esperar cuando tengo hasta el capítulo 8 resuelto, por eso les dejo la actualización hoy, no sé si podré mañana, sino hasta el lunes.
Gracias al Staff de FFRT que me regalaron una hermosa portada para esta adaptación, para Shades, mi beta, quien está ayudándome en cada cosa y dispuesta a colaborar y Karen, una hermosa amiga quien, también, me está alentando a que siga.
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Besos…
MelLutz (L)
