El pobre de Naruto Uzumaki volvía a darse una vuelta en la cama, esto ya estaba volviéndose enfermizo; hace más de un año había dejado atrás las risas y las bromas infantiles, todo por ella. Lo recordaba todo como si hubiera pasado el día de ayer.
Ella parada al frente de él con la mirada en el suelo, el rostro enrojecido, el tartamudeo en sus palabras daba a comprender muchas cosas, y la chica realmente estaba a segundos de desmayarse, pero el rubio era el que prácticamente estaba por desmayarse al escuchar cada una de esas palabras.
—Na-Naruto... kun, Yo... Yo te amo... —esas palabras lo hicieron callar, como le diría a ella que no sentía lo mismo, ¿cómo le diría a la prima de su amigo que él no sentía lo mismo?
Simplemente no lo dijo, se dio media vuelta dejándola sola, era más fácil evitar el conflicto que enfrentarlo. Aquel fue el día en que cambió, ya que por una decisión apresurada dejaba atrás a una chica con los ojos llenos de lágrimas y el corazón roto.
El tiempo pasó y las heridas de Hinata sanaron con mucha dificultad más los cariños de su amigo Kiba, quien poco a poco se ganó su corazón; tal vez éste era un vaso que se había roto por la actitud del rubio, pero gracias al amor incondicional fueron entregado los fragmentos uno por uno para así reunirse y fundirse en un vaso nuevo, en un corazón nuevo.
Eso atormentaba a Naruto, los meses pasaron y él no podía olvidar las palabras de amor de aquella chica, tal vez había cometido un error, tal vez se había apresurado al escapar; ¿qué ganó con ello? Perderla y lanzarla a los brazos de otro ¿y ahora como se encontraba? Pensando en ella, la había visto el día anterior de la mano de aquel maloliente animal, sonriente, feliz, enamorada; no podía dormir ya que esa escena lo perturbaba.
Había entendido que la amaba un día, seis meses después de la confesión –aquel día comprendió su cambio de actitud–, aquel día que se acostó con Sakura Haruno su compañera de universidad, amiga y eterna dueña de su corazón; ese día entendió que el sexo vació y casual ya no era lo mismo y las palabras de esa niña que sólo cursaba la secundaria lo habían calado muy profundo, Hinata no sólo era una belleza físicamente hablando, claro sus cabellos de seda azulina, su piel blanquecina, las curvas demasiado abundantes para una chica de dieciséis años, esos ojos que parecían ser los de una criatura mitológica que todo lo veía y todo lo sabía; todo lo que pensaba el Uzumaki sobre aquella chica era cierto, pero la dulzura, la sinceridad y en especial la simpleza de su elegancia lo habían cautivado; tal vez el insomnio era el castigo adecuado para él, el cual sólo podría ser aliviado por ella, por su recuerdo. El día que ella lo aceptara al fin podría dormir en paz.
Al día siguiente se encontraba en clases con sus amigos, ni siquiera oía lo que éstos hablaban, sólo distinguió un par de palabras "fiesta", "beber", "casa de Neji", su solución, podría verla en la casa de su amigo.
El resto de las horas pasaron sin pena ni gloria, todos ya se habían acostumbrado a la constante depresión del Uzumaki. Al llegar a casa de Neji, todos bebieron y comenzaron a caer en el descontrol, la música reventaba los vidrios, el olor a tabaco era prácticamente insoportable y la cerveza abundaba, cuando los padres del perla no estaban, el hogar de la recatada familia Hyûga se volvía una selva de alcohol, descontrol y sexo, pero en ese momento Naruto se calmó, la adolescente Hinata acababa de entrar a la casa con su pequeña hermana Hanabi tomada de la mano, no saludaron no dijeron nada, sólo arrugaron la nariz por el mal olor y subieron en silencio las escaleras. En el momento en que Naruto vio que nadie lo observaba corrió hacia aquel santuario, ingresó sin pedir permiso ni avisar para quedar frente a la dueña de sus noches.
—Na-Naruto... kun —aquello lo hizo sonreír, ella aún se colocaba nerviosa ante su presencia, tal vez existía una pequeña posibilidad de que no lo hubiera olvidado.
—Hinata, tanto tiempo sin verte —al fin la sonrisa volvía a su rostro. Claro que la había visto ya que la espiaba pero ella no lo sabía.
— ¿Q-Qué haces aquí? —preguntó ella, buscando prestarle atención a sus cuadernos, pero la presencia del rubio la perturbaba.
—Te he extrañado Hinata, yo creo que no debes tener una idea de cuánto lo he hecho —respondía viendo como alzaba su mirada de los cuadernos, pero dicha mirada ya no era nerviosa si no que era que no sabría descifrar como tal.
Por primera vez la de orbes perlas, miraba a aquel hombre de manera segura…, bueno relativamente segura de sus palabras.
—Yo no... Fue un error sabes... —comentó en seco, viendo a un Naruto apresurar el paso para poder colocarse al frente de ella.
—No digas que fue un error Hinata, el que cometió el error fui yo y me arrepiento de ello. Dame un oportunidad para remediar ese daño que te he ocasionado —hablaba con una desesperación que daba la total división de que su garganta se secaba, pero aun así continuo hablando—; déjame demostrarte que el indicado para ti soy yo y no el idiota de Kiba —al decir eso, se sorprendió como ella se negaba a tal propuesta.
—L-Lo siento mucho, pero tomó a Kiba-kun como el hombre indicado para mí, no sólo porque me ama, sino porque yo también lo amo —le dijo, viendo a Naruto tomar sus manos con desesperación, no podía perderla, este era su momento de luchar.
—No Hinata, lo que yo siento por ti es amor, eso es sólo un juego de dos niños, yo te amo de verdad, yo daría mi vida por ti —se intentaba acercaba a ella, pero a cada momento se alejaba de él negando—; en todo este año he estado pensado en ti, te he seguido, te he vigilado, todo mi mundo gira en torno al tuyo.
—Eso está mal... Naruto-kun... Eso no es amor... Es obsesión... Lo sé porque yo... Yo... Estaba obsesionada... Contigo... Pero ya no —la muchacha colocó una mano de manera cariñosa sobre la mejilla de Naruto—. Ahora es mejor que bajes... Necesito hacer mi tarea... Adiós N-Naruto-kun.
El corazón se le cayó a los pies, salió de aquella hermosa habitación pero no se dirigió a la fiesta que ya salía de control, por lo visto Sasuke había traído sus pastillitas de la felicidad "éxtasis", era mejor alejarse de aquello, demostrándole a ella que era diferente. Tal vez hoy había perdido la batalla pero mañana ganaría la guerra.
Al día siguiente manejaba su enorme hummer naranja hacia la escuela de ésta; los chicos ya salían, por lo visto había llegado un poco tarde. La buscaba desesperado con la mirada, cuando se topó con una de sus mejores amigas.
— ¡Matsuri! —Gritó con todas sus fuerzas, viendo a la mencionada mirarlo con intriga, ¿quién era aquel guapo hombre que la llamaba?—; Matsuri ¿dónde está, Hinata? —la chica se desconcertó un poco, ni siquiera lo conocía, pero la sonrisa de aquel hombre la hizo sonrojar.
—Hinata-san se acaba de ir con Kiba —Naruto apretó los puños enojado, ese niño lo estaba sacando de sus casillas, una loca idea pasó por su mente, debía llamarla, debía hablar con ella, pero no tenía su número.
—Matsuri linda, ¿me darías el número de celular de Hinata? —la chica lo pensó unos segundos, ya que no era correcto darle el numero de su amiga a un desconocido.
—Discúlpeme, pero creo que no; eso no sería lo correcto —una excusa barata era lo que necesitaba, tal vez una sonrisa más, la chica parecía colocarse nerviosa cuando él sonreía. Usando toda su galantería se le acercó un poco.
—Belleza, soy amigo de su primo Neji —ella asintió, por lo visto la chica conocía a su amigo—, y necesito darle un recado, vamos no soy un desconocido, puedes confiar en mí —había conseguido que la chica se volviera a sonrojar.
—Está bien, anótalo.
En ese momento manejaba por las calles llamándola como todo un desesperado. Un tono, dos tonos, tres tonos... Buzón de voz. Nuevamente un tono, dos tonos, tres tonos... Buzón de voz. Sentía que se iba a volver loco, dejó un mensaje en el buzón.
"Hola Hinata, soy yo Naruto; ¿por qué no me contestas? Te fui a buscar al colegio y no estabas, tu amiga me dio tu numero ¡Por favor contesta! Tal vez podríamos salir a comer algo, ¿un poco de ramen? Piénsalo"
Los minutos pasaban y él cada vez se atormentaba más, ella no contestaba. Aquel no había sido el único mensaje; le envió más de treinta ofreciendo diferentes panoramas. Hasta que un mensaje de texto le llegó haciendo que su corazón se apretara.
"No puedo, tengo novio"
A pesar de la negativa, él continuo buscándola, ella cada vez le decía "Es una obsesión" pero él rogaba que oyera sus palabras. Un día ella aceptó caminar con él; solo una vez y el contacto se cortaría. Naruto tenía que colocar todas sus cartas en la mesa... Ya que esta sería su última jugada. La de hebra azulada caminaba en silencio, parecía flotar de lo suaves que eran sus pisadas, Naruto a su lado con las manos en los bolsillos hablaba de manera apresurada.
—Hinata debes entenderlo, me estoy volviendo loco, estoy en consulta con un psicólogo por este amor que siento hacia ti, me está matando; los chicos ya no me hablan creen que esto es insano, pero es lo que siento. Perdóname, me equivoque, pero si los aviones se caen como no me voy a caer yo que soy un simple humano... Solo dame una oportunidad —la chica abrió la boca para responder, pero él la apresó en sus brazos, Hinata de inmediato se sonrojó al sentir la cercanía de aquel hombre y eso que Naruto se acercaba peligrosamente a sus labios pero ella alcanzó a correr la cara, los labios del rubio se estamparon contra su mejilla.
—N-Naruto-kun ya lo dije... Tengo novio y tú no estás... Enamorado, estás obsesionado —se soltó de los brazos de ese hombre para continuar con su caminata.
—Hinata vive una aventura conmigo, ¡Solo una vez! Hagamos miles de locuras a solas, una vez ¡Solo dame una oportunidad! —la chica se dio la vuelta para mirarlo y con su brazo hizo detener un taxi.
—Ya lo dije N-Naruto-kun... Lo tuyo e-es obsesión... Lo que siento por Kiba-kun e-es amor... Adiós...
En ese momento se montó en aquel taxi, Naruto cayó al suelo de rodillas desesperado... La obsesión por ella lo estaba matando.
