Disclaimer:

Rurouni Kenshin no me pertenecen, si no al magnífico Nobuhiro Watsuki.

Esta historia es un Kenshin / Kaoru, y datara en tiempos actuales por lo que personajes tendrán una personalidad diferente. La historia contendrá escenas un poco violentas, algo de lenguaje fuerte y lemon, siendo no recomendable para personas menores de edad o sensibles ha dicho contenido.

*Vuelve amarme… Si no, déjame a mi amarte*

BY PEQUE DE HIMURA

Cap-3 Mi princesa

Los días transcurrieron rápidamente sin relevancia alguna desde el "pequeño altercado entre Kaoru y Kenshin, la chica seguía odiando a Battosai y Battosai debatiendose en su lucha interna, preguntándose si lo mas correcto seria disculparse o no con la chiquilla. Aun no le quedaba claro aquella necesidad absurda de mostrar un poco de humanidad, a lo largo de estos dos años era lo que menos le preocupaba, poco importaba si creían que era despiadado, un demonio sin corazón. El detalle era que no estaba seguro de querer mostrarle esa faceta a Kaoru, a pesar de haberla querido castigar en ese instante, por aquel atrevimiento a tocar sin pudor lo que él consideraba tan intimo, algo dentro de su ser había cambiado con la llegada de la paloma.

Vaya que la vida era sin duda irónica y cambiante quien iba a imaginar a Battosai, asechando como un lobo hambriento a una jovencita al igual que hacia con sus blancos, a diferencia, que esta vez no correría sangre.

"debut y despedida" pensaba mientras recordaba el complicado encuentro en dicho lugar concurrido.

En una ocasión por azares del destino se topo con Kaoru en una café-bar, esta iba con varios compañeros que recién había conocido en la universidad. Kenshin, sin ser visto, siguió a la chica mientras caminaba hacia el tocador.Se acercó con cautela tomándola por el brazo y ejerciendo algo de fuerza, la suficiente para detener su caminar sin lastimarla. Ella volteo exaltada por el asalto recibido y al ver de quien se trataba resoplo molesta huyendo de su cercanía. Como si escapar de sus brazos no fuera suficiente, también argumento, bueno casi grito que él era un psicópata loco que gozaba torturando mujeres.

Kenshin negó con enfado girando su cabeza de un lado a otro , la mayoría de la gente ahí presente lo miraban con ojos acusadores y los que sabían quien era él, bajaban la mirada escondiendo sus rostros llenos de miedo. Ellos pensaban que la gente que osaban en encararle con miradas desaprobatorias, no eran más que unos ignorantes, ese hombre era de tenerle terror y guardarle respeto.

Cansado ya de ser el centro de atención no le quedo mas remedio que dejarla en paz, por el momento, ya que sus amigos comenzaron a fanfarronear a la defensiva para "protegerla".

Esos mocosos se comportaban muy valientes sin saber que frente a ellos tenían a un asesino peligroso, esos escolapios no le durarían ni dos minutos por lo que decidió retirarse del lugar. La sangre de ellos no era importante para él. Sin mas salio del café-bar.

Sus manos se pasearon por su desaliñada cabellera carmín. Una vez cumplido su objetivo se olvidaría de toda esa mierda y de la revolución llamada Kaoru. Un intento mas, si la chiquilla se negaba a escucharlo resaltando su malcriades, mandaría todo al infierno, total, no le llamaba a nada, es mas era como una paloma molesta que le revoloteaba los sentidos, y eso no le gustaba en los mas mínimo.

Espero unos días más para buscar una nueva forma de llegar a ella. Decidido fue hasta el garage y saco su preciada motocicleta, aquella que le acompañaba cuando decidía vagabundear por largas horas.

Aparco la motocicleta y bajo de ella un poco desganado, su yo frívolo luchaba con su contra parte y lograr que desistiera en su objetivo pero de nada sirvió. Finalmente encontró consuelo pensando en que se lo debía a su amigo, a fin de cuentas era su sobrina y era lógico que le doliera el trato tan poco sutil que en su momento le dio.

Se disponía a tocar cuando inesperadamente la puerta se abrió dejando ver a la mujer causante de todo ese revuelo.

Kaoru se quedo helada, lo que menos quería y esperaba ver, era el rostro de ese hombre.

—Tío, te buscan— grito la chica ignorando y esquivando la mirada del pelirrojo, lo único que quería era irse para no seguir viéndole.

Cuando la chica se disponía a marcharse a la universidad, Kenshin le sujeto el brazo cuidadosamente igual o más firme que aquella vez en el café-bar, impidiendo que avanzara.

—No vine a buscar a tú tío, vine por ti Kaoru, necesitamos hablar— intento ser lo mas amable posible, no quería espantarla nuevamente.

—Yo no tengo nada que hablar con usted— le dijo plantándole cara e intentando zafarse de su agarre.

—No acostumbro rogar, así que solo lo diré una vez más, NECESITO- HABLAR- CONTIGO — Kenshin recalco comenzando a exasperarse, no contaba con mucha paciencia. Había echo un esfuerzo sobre humano al auto convencerse de que tenia que disculparse, como para que la niña le saliera con un orgullo del tamaño del cielo.

—Pues no me ruegue señor Himura, en ningún momento se lo he pedido. Y suélteme ya, que llegare tarde a la universidad— nuevamente forcejeo para soltarse pero Kenshin no cedía, seguía sujetándola firmemente intentando no lastimarla. Su mirada profunda se clavaba en la de ella.

Pasaron unos minutos antes de que Kaoru reaccionara ante aquella mirada tan intensa.

Él aún seguía sumergido en aquellos ojos zafiros. Kaoru jalo su brazo, logrando por fin quedar liberada de la mano que le impedía seguir su camino.

Kenshin intento sujetarla nuevamente pero Kaoru fue lo suficientemente rápida y en una racha de buena suerte logro esquivarlo, esta era la primera vez que alguien se le escapaba.

La chica se echo a correr lo más rápido que le permitían sus piernas. Kenshin prefirió no seguirle, se quedo parado ahí viendo como se le iba nuevamente de las manos. "Otra vez has huido de mi" se decía así mismo mientras se masajeaba el pecho, justo donde se encontraba su cansado corazón.

—Kenshin!, por favor no te quedes ahí, pasa— Sanosuke lo saco de su trance. Le invito unos tragos de sake, por el rostro que traía le iban asentar de maravilla. Sanosuke había escuchado la acalorada charla entre él y Kaoru, claramente sabia que no era bueno sacar el tema y prefirió preguntar por como iban sus asuntos de la organización.

— ¿Kenshin cómo va lo de Makoto?—

—Mal, aún no podemos dar con el muy cabrón— le respondió dando un trago al sake que recién le había servido Sanosuke.

—Fuerza amigo, ten fe en que pronto encontraras a ese hijo de puta— le dijo mientras le servía más sake.

—Fuerza tengo, pero fe no. Hace mucho que la perdí, de nada me sirvió en su momento— decía recordando los sucesos de la muerte de Tomoe.

—Kenshin tal vez lo que tú necesitas es volver a enamorarte, tener una nueva ilusión que te ayude a recuperar la fe y la felicidad, alguien por quien luchar— al terminar de aconsejar a su amigo vio la incomodidad en su rostro, sintió torrenciales escalofríos "yo y mi gran bocota" pensaba mientras esperaba la respuesta.

Esas palabras lograron que a Kenshin se le viniera la imagen de Kaoru, pero rápidamente desecho aquel pensamiento.

—Nuestra amistad nunca ha estado en juego Sanosuke, no hagas de esta la excepción. Eres mi mejor amigo pero eso no te da derecho a opinar de que es lo mejor para mi— le respondió pasivo y de mala gana pero sin perder la cordura.

—Te lo digo por tu bien, pero si tanto te molesta, no volveré a mencionar algo igual— Sanosuke sonaba herido, él intentaba sacar del hoyo a su amigo pero tal parecía que él se hundía cada vez más sin dejarse ayudar por nadie.

La tarde transcurrió rápidamente, pero eso no fue impedimento para que ellos siguieran ahí bebiendo y charlando de mil y un cosas, charlas triviales en las que se mantenía fuera la vida personal del pelirrojo.


Kaoru salió del salón de clase decepcionada, aquel hombre que le había ayudado a llegar a la universidad, y que encontró en aquella fiesta, seguía sin presentarse a la universidad. Ahora recordaba que ni siquiera se despidió de él al salir huyendo de aquella maldita del señor Himura. Se lamento tanto no haberle pedido su número de teléfono, aunque a decir verdad si él hubiera querido habría ido a su rescate, pero quizá ella no era tan importante para el apuesto Shogo Amakusa.

No queriendo lo busco por toda la escuela pero ni rastro de él, suspiro tristemente. "Me rindo, no era para mi" se dijo mientras caminaba por el patio de la universidad.

— ¡KAORU!—

La azabache al escuchar su nombre paro en seco. Volteo hacia donde provenía la voz para encontrarse con su nueva amiga y compañera de clase.

—Tae me asustas ¿que sucede?— pregunto al ver a la chica que respiraba agitada por la carrera que había dado para alcanzarla.

—Olvide decirte que hoy por la noche organizare una fiesta en mi casa ¿que dices? ¿Aceptas?—

—Me encantaría pero aún no conozco bien la ciudad, dudo dar con tu casa y no se si mi tío pueda llevarme— respondió con tristeza a la invitación de Tae, en verdad deseaba ir y convivir con sus nuevos compañeros.

—Amiga eso no es problema, yo pasare por ti—Tae le brindo una sonrisa.

—Excelente, muchas gracias— ante la generosidad de su amiga Kaoru se entusiasmo. Gracias a la amabilidad de Tae, ella podría disfrutar el estar en compañía de sus compañeros en un ambiente de relajo relajado.

—A las nueve paso por ti— dijo Tae despidiéndose de la pelinegra con un beso en la mejilla. Kaoru asintió respondiendo a la despedida.

Después de un rato de camino Kaoru por fin llego a su casa, tomo las llaves que recién le había proporcionado su tía Megumi. Al abrir la puerta deseo mejor no haberlo hecho.

Aquel cuadro no le gusto en lo absoluto; en la mesa un pelirrojo odioso, sentado y bebiendo sake con su tío Sanosuke y con su tía Megumi, "¡Mierda!" la chica entro echando maldiciones mentales. Saludo a sus tíos ignorando notablemente al invitado. Kenshin se limito a la seguirla con la mirada.

Kaoru pasó de filo sin saludar, entro a su habitación y tomo sus toallas junto con un coordinado de ropa, terminando su ducha tendría que cambiarse en el baño, gracias a cierto pelirrojo, no podría salir deliberadamente en toalla para arreglarse tranquilamente en su cuarto. Nuevas maldiciones salieron de su boca en apenas un murmullo.

—Creo que aún sigue molesta verdad— dijo Megumi en forma de diversión para destensar un poco aquel ambiente incomodo y silencioso que se había formado a raíz de que Kaoru regreso de la universidad.

—Disculpala amigo, ya se le pasara— expuso Sanosuke algo apenado.

—Al contrario, mi comportamiento no fue adecuado— dijo Kenshin alzando la voz para que Kaoru escuchara y de menos supiera que él aceptaba su error. Si no podía hablar con ella entonces lo diría públicamente, al menos él ya habia cumplido conn su parte si la mocosa lo entendía o no ese ya seria su problema.

Sanosuke iba a decir algo relacionado con el pasado, pero mejor decidió no opinar ya andaba algo tomado y prefería no salir con alguna broma estúpida. Su cabeza estaba en juego, ya que Kenshin adivinando sus pensamientos le propino una mirada amenazante.

Kaoru escucho claramente aquellas palabras del pelirrojo, sin tomarle importancia e ignorando la justificación que le exponía a sus tíos, salio de su habitación pensando que ella no necesitaba de eso, él podía comportarse como le diera su regalada gana. En vez de entrar al baño, regreso al comedor.

—Los de mi grupo harán una fiesta hoy y quiero pedirles permiso para ir— les dijo con un mohín gracioso sin tomarle importancia a Kenshin, actuó como si él no estuviera presente.

A pesar de la indiferencia de ella para con él, la miraba detenidamente, su corazón dio un salto de júbilo al ver aquella expresión que utilizaba de niña cuando pedía algo y no sabia si se lo otorgarían o se lo negarían.

Se veía tan tierna arrugando levemente su fina nariz y alzando su boca como si se preparara para dar un beso. Kenshin regreso 14 años atrás, solo que ahora era muy difícil imaginársela de niña teniendo semejante preciosura de mujer. Si la imaginaba, pero de otra manera.

— ¿Dónde será?—pregunto Sanosuke.

—En casa de mi amiga Tae. Pero no se preocupen ella vendrá por mi y me traerá devuelta— expuso con voz convencedora.

—De acuerdo pero no llegues muy tarde— Sanosuke y Megumi le dijeron al unísono.

—No, llegare más tardar a la a la una y media— dijo Kaoru caminando ahora hacia el baño.

—Emm... más bien yo diría que como a las diez de la noche— contradijo Sanosuke.

Kaoru paro en seco. —Tío no bromees, la fiesta comenzara a las nueve y media— respondió haciendo nuevos pucheros.

—Tu ganas demonio, solo cuídate mucho— accedió sin discutirlo.

Por otro lado, Kenshin no estaba muy satisfecho con aquel permiso. Tenia muy en claro que no podía opinar y eso le hacia trizas el hígado, pero no entendía como le daban esas libertades si apenas y conocía a los jóvenes de la universidad. Una cosa era que anduviera con ellos por la tarde en un café-bar y otra en una fiesta de noche sin supervisión adulta, en la cual solo Kami sabia que tipo de perversiones se daría en ese lugar donde varios jóvenes envalentonados y ayudados por el alcohol darían rienda suelta a sus malditas hormonas urgidas por probar el sexo desenfrenado. El simple hecho de imaginar a Kaoru en esas circunstancias, le dejaba un amargo sabor de boca.

Intento tragarse su coraje bebiendo de golpe su sake, y de paso otro más para apaciguar aquella incomodidad; de seguro en esa fiesta habría mas de algún escolapio urgido por sacarla a bailar e intentar embriagarla para así llevarla a la cama, y por desgracia nadie estaría allí para salvarla. Si él fuera el tío la encerraría a dos llaves.

Tae llego puntual, Kaoru la presento con sus tíos, dejando de lado a Kenshin. La amiga de Kaoru quedo sin habla al ver al militar, un hombre muy conocido por su gran fortaleza y por supuesto también por su desgracia.

La joven babeaba; aquel hombre era más guapo de lo que las chicas que se le resbalaban como mantequilla derretida describían.

— ¡Kaoru! Pero que mal educada eres, tienes el privilegio de tener en casa al famosísimo señor Kenshin Himura y no tienes la delicadeza de presentármelo como es debido. Envidiosa que eres— exclamó la chica poniéndose de frente al pelirrojo y extendiendo su mano con la clara intención de presentarse sola. —Como ya lo ha dicho mi amiga Kaoru, mi nombre es Tae Adachi—

—Mucho gusto. No veo el caso en decirte mi nombre, como bien acabo de escuchar, sabes mucho sobre mí— le dijo estrechando su mano. La cortesía era una virtud que no había perdido tras la muerte de Tomoe.

Kaoru miraba con asco y coraje la patética escena. Frente a su amiga se pavoneaba de ser el icono perfecto del caballerismo y con ella era déspota e insoportable.

La pelinegra indignada por esa escena, destilo veneno.

—Cuidado Tae, no te vaya arrancar la mano. A mi me dejo una marca en la canilla que duro varios días— se sentía orgullosa de su lengua viperina, cuando se lo proponía podía ser la más odiosa.

Megumi y Sanosuke quedaron helados, Kaoru se estaba comportando demasiado grosera. Tae se descoloco ante el comentario, era evidente que su amiga no soportaba a ese hombre pero ¿por qué? "Será verdad que en algún momento la lastimo" pensaba mientras que ella y el pelirrojo terminaban su saludo.

Kenshin volteo con Kaoru clavando sus ojos en ella. Esto era el colmo, ¿que pretendía a esa niña? ¡¿Avergonzarlo?! La sutileza ya no formaba parte de su diccionario pero de eso a ser un maníaco, por dios para llegar a tanto le faltaban demasiados golpes duros en la vida.

A pesar de que le dolió la declaración de Kaoru no lo hizo notable y actuó como si esas palabras no significaran nada.

—Te equivocas, no seria capas de "arrancar" la mano de una jovencita educada y prudente como lo ha demostrado ser ella— dijo con sarcasmo desviando la vista hacia Tae.

Gancho al hígado. La pelinegra sintió que los intestinos se le retorcían de coraje. Era un estúpido engreído cuyo comentario fue la gota que derramo el vaso. ¿Qué estaba insinuando, que ella se había merecido aquella agresión en la cual casi le machaca la mano solo por haber acariciado su desagradable cicatriz? cuando La única intención de ese gesto era el brindarle confianza y ayudarlo a que se desahogara sacando un poco aquel dolor que le carcomía ¿Y así era como se lo agradecía? Lastimándola!?, y aparte de todo se excusaba frente a Tae diciendo que ella había tenido la culpa por ser imprudente y mal educada. Definitivamente hora si se podía ir al infierno con todo y sus tormentos.

Harta ya de verle y escucharle parlotear estupideces, Kaoru sujeto a Tae del brazo jalándola hacia la puerta. —Larguémonos de aquí—. Dijo con furia. Necesitaba marcharse antes de hacer un berrinche, no le daría mas argumentos a ese mal encarado para seguirla agrediendo. Cerró la puerta con un escandaloso portazo.

—Creo que fuiste algo duro Ken— comento Megumi.

—Y no tuve motivos suficientes para hacerlo? en realidad ella no hizo nada malo para propiciar mi ira, pero no podía quedarme de brazos cruzados después de dos exhibiciones.— dijo Kenshin tranquilamente e indiferente.

—Hay Kenshin, pues con esto será mas difícil que Kaoru te perdone— Sanosuke recordó el suceso de la mañana donde su amigo intentaba hablar con su obstinada sobrina.

—Eso no es algo que me importe, ya dije lo que tenia que decir— su voz sonó con mucha naturalidad.

Sanosuke solo alzo los hombros y los dejo caer. —Si tú lo dices— murmuro por lo bajito.

—No lo digo, lo afirmo. — Kenshin dio un trago más al sake.


Kaoru trataba de divertirse pero Tae influía para que no lo pudiera hacer. Sus constantes bombardeos con preguntas incomodas la estaban sacando de quicio. Ella queriendo olvidar al hombre patético y su amiga empecinada en recordárselo.

—Por favor ¿cuéntame por que le dijiste eso y porqué él te respondió de esa manera?— la insistencia no cesaba por parte de Tae. La curiosidad mato al gato y ella moría lentamente.

—Ya te dije, no es algo de lo que me guste hablar, pero ten en cuenta que lo que ese señor dijo no es verdad— dijo Kaoru por enésima vez.

—Pues si no me cuentas, creeré en las palabras del apuestísimo señor Himura— Tae sonreía triunfante estaba segura que con esto ella le contaría algo.

Kaoru suspiro pesadamente. —Esta bien, te contare— finalmente accedió y comenzó a relatar toda la historia desde su pasado hasta hace unas horas.

—Wow y dime… en verdad ya no sientes ese cosquilleo al verlo, digo por eso del primer amor— preguntaba la chica con expresión soñadora.

— ¡Por su puesto que no!— Kaoru exclamó incomoda.

—Por dios tú si que eres una chica dura. Y dime si intenta pedirte nuevamente per…—

—No se lo daré— interrumpió la pelinegra sin dejar a su amiga terminar la oración completa.

—No crees que estas siendo algo drástica?— cuestiono.

—Tae, acabas de ver como me trato, escuchaste lo que me dijo. ¿¡Crees que merezca perdón alguno ¡?—

—Bueno él solo se defendió ante tu comentario sarcástico "sobre arrancar manos y no se que más"– Tae se carcajeo al recordar tan peculiar momento.

Kaoru resoplo, era difícil hacer entender a su amiga por más motivos que dijera, ella siempre encontraría algún argumento para desbaratarlos.

—Dejemos el tema por la paz y divirtámonos— dijo la pelinegra parándose para ir a bailar, Tae la siguió sin remedio pensando que era una chica difícil. Comenzaron a bailar y a divertirse como locas en compañía de sus demás compañeros.


Kenshin termino su último sake y miro su reloj, ya pasaban de las doce y media tiempo de marcharse.

—Es hora de irme— declaro levantándose de la silla.

—Ya es algo tarde Kenshin y aparte andas un poco tomado, mejor quédate— sugirió Sanosuke.

—No quiero importunar— Kenshin quería negarse pero en realidad no hizo mucho alarde de oposición pues realmente si estaba un poco ebrio.

—Y no lo harás amigo, eso si, solo hay dos cuartos en esta tu casa pero te acondicionaré el mueble, es muy cómodo— Sanosuke paro y camino a su cuarto sin hacer mucho ruido, pues Megumi ya estaba dormida y no quería despertarla, sabia la furia que se instalaba en ella cuando lo hacia.

Tomo varias cobijas de su closet, después camino de cuenta nueva hacia la sala acomodando las cobijas para acolchonar más el sillón.

—Listo con eso será suficiente— dijo Sanosuke al terminar de acomodar la ultima cobija.

—Gracias—

—No hay de que— Sanosuke se fue a dormir junto a su amada esposa, y Kenshin en la soledad de la sala. Miro otra vez su reloj, ya era algo tarde y esta niña aún no llegaba se estaba tardando, no comprendía como es que Sanosuke podía dormir tan tranquilo sin antes verificar que llegara sana y salva. Estaba de acuerdo; Tae la llevaría pero aún así su amigo era muy confiado de la gente, algo de lo cual Kenshin era enemigo desde hace dos años. El ganarse su confianza era una tarea muy difícil para aquellos que lo intentaran.

El sillón era muy cómodo pero demasiado caluroso, Kenshin tomo las cobijas y subió el desnivel que separaba la sala del comedor. Prefirió internarse en la parte de arriba por la corriente de aire que entraba por la pequeña rendija de la puerta.

Coloco la cobijas en el suelo a medio pasillo y al terminar se quito la camisa gris sin mangas, necesitaba desnudar su torso con urgencia, el calor le devoraba el cuerpo. Desato la liga que sujetaba su rojo cabello, dejándolo caer en una alborotada cascada.

Finalmente se recostó en las cobijas que cubrían parte del suelo, sus pies daban hacia la puerta de la casa, con movimiento perezoso elevo las manos hacia su nuca colocándolas debajo de su cabeza al mismo tiempo que flexionaba su pierna derecha.

Las ráfagas de viento eran demasiado placenteras y más cuando soplaban en el sudor de su cuerpo, logrando apaciguar aquel insoportable calor. En esa postura esperaba la llegada de cierta muchachita… era preciso corroborar que llegara con bien a casa.

Los parpados de Kenshin comenzaban a cerrarse automáticamente, no tenia control sobre ellos y sin poderlo evitar se quedo profundamente dormido.


La fiesta llego a su final, una vez que Tae despidió a todos sus compañeros agarro las llaves de su auto para llevar a su amiga. Ambas chicas abordaron el vehículo dando marcha a casa de Kaoru.

Con horror la azabache miro la hora, se habían excedido dos hors más de la que había acordado con su tío Sanosuke, le rogaba a Dios que estuviera bien dormidote, sino la que se le iba armar. Minutos después llegaron a su destino.

—Gracias Tae, nos vemos el lunes en la universidad— se despidió Kaoru de su amiga bajando del carro.

—De nada. Hasta el lunes— Tae también se despidió esperando a que Kaoru entrara a su casa para poder arrancar tranquila.

Kaoru hurgo en su bolso buscando con urgencia sus llaves estaba agotada y lo único que quería era tirarse a la cama y dormir. Una vez que encontró las llaves se giro hacia Tae enseñándoselas en señal de que ya se podía marchar, pronto entraría a su casa.

Abrió la puerta del cancel sin percatarse de que una moto estaba estacionada en la cochera haciéndole compañía al carro de su tío.

Tae apretó el claxon de su vehículo y arranco al ver que Kaoru la volvía a despedir estando dentro de su casa. Muy lenta y sigilosamente, cerró la puerta tras de si, al juzgar el estado de la casa, podía asegurar que sus tíos dormían ya. La casa estaba totalmente obscura, su mano se poso en el interruptor de la luz pero se arrepintió de encenderla, seria un sinfín de actividades; encender la luz del comedor, después caminar hacia su cuarto y encender la luz, regresar al comedor y apagarla para finalmente de ahí regresar a su cuarto y también apagar la luz. "Hay no que flojera, estoy muerta, lo único que quiero es tumbarme en mi cama" pensaba mientras caminaba por la obscuridad con cuidado tanteando con las manos y no chocar con el comedor.

Reprimió un gritillo de susto. Sus pies habían tropezado con algo que estaba en el suelo. Sus ojos se cerraron fuertemente al sentir el vértigo de la caída, esperando el golpe final que le dejaría llorando y sobándose las rodillas, pero ese golpe jamás llego, al menos no como ella esperaba.

Aterrizo en algo blando y cálido… —mmgh...— Kaoru escucho un quejido ligero, el cual, no salio precisamente del piso al momento del impacto.

El susto la obligo abrir los ojos de golpe. Aún tirada amortiguada por algo o alguien, Kaoru enfoco su mirada hacia aquello que ocasionó tal bienvenida. Con mucha cautela, saco el celular del bolsillo trasero de su pantalón y pulso un botón para que la pantalla le alumbrara un poco. La sangre le bajo a los talones al ver que se trataba de un cómodo colchón de carne y hueso en forma masculina, con un largo cabello rojo, un cuerpo espectacular y una cicatriz marcada en el rostro... "…Señor Himura… ¡mierda!"

Después de recuperarse del sonrojo y a la vez enojo por saberse encima del cuerpo de su peor pesadilla, de saber que sus bocas estaban a escasos milímetros, sus cuerpos demasiado juntos para su gusto, se percato de que él dormía ajeno a la situación, logrando en ella un estado... digamos que de alivio. No sabia porque, pero imaginaba que ese hombre gozaba de una alerta grandiosa y un sueño muy ligero. Y para nada se equivocaba, las trasnochadas causadas por sus pesadillas eran los resultados de no despertar con semejante aterrizaje sobre él, realmente ese día era su día de suerte.

"Lo último que me faltaba para cerrar con broche de oro mis actividades de esta semana en Tokyo, terminar en esta pose tan… comprometedora con este orangután que aparte de todo esta semi desnudo… maldita sea, maldita sea y maaalditaa seaaa" maldijo mil veces dentro de su mente sin poder evitar que sus ojos admiraran lo marcado del torso desnudo del ex militar. Era una maravilla de hombre lastima que fuera tan detestable.

Coloco sus manos con cuidado a cada extremo de la cabeza de Kenshin para poder tomar fuerza e impulsar su cuerpo sin tener que revolverse contra el de él.

Kenshin, sumido en un profundo y hermoso sueño en el cual la protagonista era cierta chica revoltosa de cabellos negros, rodeo con sus fuertes brazos el cuerpo de Kaoru, apretándola dolorosamente contra su pecho. Sus extremidades actuaron involuntaria mente dejándose llevar por los hechos ocurridos en su alucinación.

—Princesa… no sabes… cuanto te extrañe. Mis manos ardían por… tenerte así…— murmuraba el pelirrojo entrecortadamente, ajeno a toda realidad.

Miles de colores pasaron por el rostro confundido de Kaoru. "¿Princesa? ¿Estará refiriéndose a mí? ¡Esa era la manera en la que me llamaba antes! No, no puede ser, eso fue hace mucho, ahora ni me soporta, tal vez se esta refiriendo a su esposa, si eso debe ser, tiene que estar soñando con ella. Ay que me suelte por favor, no quiero que me abrase aun que sea por confusión" pensaba mientras soportaba su peso con ambos brazos y evitar que la apretujara mas a él. Jalo su cabeza hacia atrás lo suficiente que le permitió su largo y delgado cuello.

Por obra de Dios, Kenshin seso el abrazo escurriendo sus manos por la espalda de la chica lentamente, casi se podría definir como una tierna y ligera caricia dejándolas caer a sus costados. Ese roce le hizo sentir un ligero estremecimiento, tratando de no reparar en ello, aprovecho ese momento para liberarse de él.

Se levanto de golpe y tambaleándose por las fuertes emociones corrió rápidamente a la calle, estaba shockeada y temblorosa, ¿porque a ella? ¿Porque sintió su maldito cuerpo estremecer al sentir sus pechos aplastándose contra el pectoral desnudo de ese tipo?

Kenshin despertó de golpe, aquel sueño le dejo una sensación real como si en verdad hubiera tenido a Kaoru en sus brazos, le dolía el cuerpo de tan sólo pensar en ello, su olfato capturo un aroma en particular; un embriagante olor a jazmines.

—Huele a ella, ya abra llegado?— farfullo para si mismo dando un gran bostezo. Sus ojos vieron con atención que la puerta de la calle estaba semi abierta, giro hacia el cuarto de Kaoru y vio que la puerta de esta aún seguía abierta y la cama pulcramente tendida.

"Pero que rayos, porqué esta abierta la puerta? si Sanosuke la cerro con llave" se levanto del suelo sin molestarse en cubrir su desnudo torso, y rápidamente se dispuso a verificar que todo estuviera en orden.

Camino a la puerta que daba a la calle y al abrirla completamente se topo con cierta chiquilla recargada en el carro de Sanosuke y mirando hacia algún punto inexistente, que al juzgar por su expresión, no era difícil adivinar que algo le inquietaba.

—Ya viste la hora que es— Kenshin reprendió recargado en el marco de la puerta.

Kaoru se sobresalto al escuchar la voz del señor Himura.

— ¿¡Algún problema!?— pregunto altanera, quien era él para cuestionarla sobre la hora, ni su tío lo hacia. Volvió a perder su vista en algún punto de aquella pared blanca.

Kenshin suspiro. Milagrosamente, después de mucho tiempo estaba de buen humor y lo menos que quería era discutir con aquella chiquilla.

—Aún sigues si recordarme?— pregunto ignorando el enojo de la azabache.

—No, acaso es algo que le importe?— fue la seca respuesta sin tomarle demasiada importancia a su pregunta. Se sentía avergonzada por lo que había ocurrido ahí dentro, poco importaba si él estaba consiente o no de que la había abrazado diciéndole cosas melosas, que sabrá Dios para quien serian dirigidas.

—La verdad no, solo es curiosidad— expuso con frialdad, aunque en verdad Kenshin se preguntaba porqué rayos no lo recordaba?, si ya estaba lo suficientemente grandecita como para de menos tener vagos recuerdos. Algo en él le decía que la chiquilla mentía, sus ojos azules se lo decían cada vez que lo miraban.

Tomo una bocanada de aire. Su cuerpo y su mente no podían actuar como él deseaba pues con unas simples palabras podría obligaría aceptar que si lo recordaba ó al menos hacerla recordar, pero eso es algo que no haría.

—Bien, ese tema del recuerdo queda cerrado. Pero no el que quise tratar contigo esta tarde…—

Kaoru no dejo que prosiguiera. —Ya le dije que no me importa— la pelinegra se incorporo, camino hacia la entrada de la casa, y al ver la nuevamente la desnudes de Kenshin desvió la vista, no soportaba ver esa masa de músculos que la anonadaban muy a su pesar. Intento pasar pero el pelirrojo se lo impidió.

—Ya basta de niñerías esto es difícil para mi, y por lo tanto me vas a escuchar quieras o no. No quise ser rudo contigo niña. Soy una persona sin escrúpulos con mis enemigos más no un patán con chiquillas como tú—

—Ja, no se si es una disculpa pero no se obligue a hablar Battosai, en ningún momento se lo he pedido— dijo burlonamente, restando importancia a las palabras del pelirrojo y sin darse cuenta del efecto que ese seudónimo en boca de ella había causado en él.

Battosai, Battosai, Battosai, estas palabras resonaron en la cabeza de Kenshin como constantes martilleos, sintió mil cuchillas atravesando su cuerpo.

Con la cara contorsionada camino hacia la azabache. La chica al adivinar la intención de este retrocedió sin éxito alguno, en vez de re-versarse en línea recta hacia atrás, se fue de lado topando con la pared, dando más facilidad a Kenshin de atraparla.

Definitivamente no pudo evitar ser acorralada entre el cuerpo masculino y la pared. Él poso sus manos de palmas en el muro en cada extremo de Kaoru, aprisionándola sin darle oportunidad de escape.

—Tú no… me oyes, tú no me vuelvas a llamar así— le repetía una y otra vez temblando con evidente dolor en su voz.

Todo mundo menos ella podían decirle Battosai, aquel sobrenombre que había ganado por ser el mejor y más frío ejecutor, su inocente boca no podía ensuciarse al llamarlo así, era como si ella bebiera un trago de sangre que llevaba a cuestas.

Kaoru se asusto por esa nueva conducta, pero aún con todo y el miedo del mundo no pudo desviar su mirada de aquellos ojos ámbares tan penetrantes y destellantes, en los cuales el color violeta luchaba por salir nuevamente después de ocultarse durante dos años.

—De… de acuerdo, no lo volveré hacer, pero… dígame ¿por qué se excusa? yo no se lo he pedido— titubeaba la chica confundida por lo que estaba sucediendo, jamás creyó ver a este hombre tan frío y careciente de emociones en un estado de completa vulnerabilidad.

Kenshin acerco más su rostro tembloroso al de ella. —Porque yo… yo…—la debilidad se estaba posesionando de él, se sentía en un torbellino o peor aun, se sentía una bomba apunto de estallar. "porque no puedo soportar tú indiferencia" pensó.

— ¿Porqué usted que…?— pregunto la pelinegra incitándolo a que prosiguiera, sin tomar importancia al nerviosismo causado ante tal acercamiento entre ellos

En una milésima de segundo la mente de Kenshin logro recobrar el mando reprendiéndose por su estúpida debilidad ¿Qué demonios hacia en esa posición? sus rostros tan cerca, sus labios casi robándole un beso a una Kaoru con boca entre abierta e incitándolo inconscientemente a probar de su miel prohibida para él.

Sacudió su cabeza ahuyentando aquellos deseos e Impulso su cuerpo hacia atrás, ayudado por sus manos para reincorporarse dejándola libre de su aprensión.

—Porque lo creí necesario— tajo la conversación, no quería entrar en detalles embarazosos.

Kaoru intento considerar sus palabras, pero recordó lo mal que la había pasado ante la humillación que le hizo en esa maldita fiesta, el orgullo hizo de las suyas. Su mirada busco la de él y decirle con ellos también, lo mucho que lo aborrecía. Pensaba que las palabras no eran suficientes.

—Pues no me importa lo que acaba de decir y sabe ¿por qué? ¡Porque lo odio con todas mis fuerzas! Jamás le perdonare el haberme lastimado, el haberme tratado como lo hizo. No tenía ningún derecho, yo no lo hice por impertinente, ni por falta de educación como usted lo pregona a los cuatro vientos. Lo hice porque quería que confiara en mí y liberarlo de alguna manera de su carga quería que… quería que se desahogara— lagrimas amenazaban con salir, pero antes de que eso sucediera Kaoru corrió a su casa encerrándose en su cuarto.

Kenshin se quedo ahí contemplando como nuevamente huía de él, recordando claramente que esos hermosos ojos zafiro lo miraban con odio. Una vez que escucho el portazo de la puerta, volvió en si.

"Al menos sientes algo por mi Kaoru…" pensó mientras que con sus manos empuñadas golpeaba la pared incansablemente con una furia incontenible. Maldita debilidad, que demonios le había hecho esa mujer. Tenia que aceptarlo, le gustaba y mucho...

Continuara…..


Notas de autora.

Espero que les haya gustado este capitulo, gracias a todos por pasar a leer.

Besos y abrazos

Hasta la próxima ;)