Weeee!! He llegado a la fecha a tiempooo! XD aplauso por parte del público

Por lo que he podido comrobar, este fic está teniendo bastante éxito para mi sorpresa o.o Y me alegro de que sea asi!

Respuesta a los reviews:

Kimiyu: Me alegro mucho que te guste Y ten por segro que los eguire porque me he esta gustando hasta a mi xDD

Haruhi-Haruno: Pues si te digo la verdad, me había olvidado de Sai xDDD Puede que en un futuro lo añada

Sabakunosakura182: Aqui tienes la conti xD Por cierto, sigue con tu fic que me has viciado! XD

Ahora os dejo que sigais leyendo

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II. Destino

Deidara hincó una rodilla en el suelo y agachó la cabeza con respeto. Frente a él, apenas una sombra se recortaba contra la oscuridad, imponente. Pese a la penumbra que los rodeaba, los perlinos ojos del Líder relucían amenazadoramente.

-¿Qué es lo que te trae por aquí, Deidara? –preguntó con rudeza, clavando su mirada de muerte en aquel joven que se inclinaba ante con respeto… y una pizca de temor.

-He encontrado al Kyuubi, Líder –contestó simplemente.

Unos segundos de tenso silencio cayeron sobre el joven, quien entrecerró los ojos pero no osó levantar la mirada en ningún momento.

-¿No lo has traído contigo?

-Hubiese sido un suicidio, mi señor. Le acompañaban el ninja copia y la joven aprendiz de Tsunade –Deidara dejó de hablar, esperando una reacción por parte del Líder; una señal, una orden… Pero nada ocurrió, se mantenía por encima de él, esperando a que terminara su informe-. Pero sé otra forma de atraparlo, señor.

Él permaneció en silencio. Como la estatua de un dios que se alza sobre los que le adoran y rezan. Él escuchaba, pero no intervenía.

Después de todo era un dios.

-Yo… -Deidara comenzaba a titubear, aquel silencio le turbaba-. Encontré a una joven espiando por nuestros parajes…

-¿Una chica? –le interrumpió de golpe, entrecerrando los ojos con impasibilidad.

-Parece ser que acompañaba a Naruto y además –sonrió para sus adentros-, parece estar muy decidido a recuperarla.

-Ya veo lo que intentas, Deidara…

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Mientras tanto, en otra zona de la guarida, Ayame yacía todavía en el suelo. Aún no la habían liberado de sus ataduras y sus miembros comenzaban a entumecerse debido a la falta de movimiento.

Aún así, la joven permanecía con los ojos cerrados. No podía llegar a dormirse pero por lo menos descansaba la vista… y no la concentraba en la oscuridad que la rodeaba. Sin embargo, volvió a abrirlos con lentitud cuando oyó el ruido de las bisagras chirriando al abrirse de nuevo la puerta de la celda en la que residía.

La única barrera que le impedía obtener su libertad.

Pero no fue Deidara el que entró por ella, sino dos figuras altas cuyas siluetas se recortaban contra la cegadora luz del exterior, provocando que Ayame tuviera que entrecerrar los ojos con dolor.

-Vaya, vaya¿qué tenemos aquí…? –Comentó una de ellas con sorna, mientras cerraba la puerta –sumiendo de nuevo la sala en la densa oscuridad del principio, cosa que Ayame agradeció ya que sus ojos ya comenzaban a echar en falta la ausencia de luz.

-Sólo es una mocosa –comentó la segunda silueta, sin duda fastidiada-. Vamos, Hidan, quiero cobrar el dinero…

-¡Por Jashin¡Deja el dinero por una vez y vamos a divertirnos un poco!

Ayame se removió inquieta mientras dejaba escapar un gruñido de exasperación. No sabía lo que querían aquellos tipos de ella pero algo le decía que no le apetecía saberlo.

¿Pero podría defenderse estando en aquellas condiciones?

Hidan se acercó peligrosamente a ella, de forma que entró en el campo de visión de la joven: se trataba de un hombre alto y musculoso de pelo plateado peinado hacia atrás. Sus ojos, de un color sorprendentemente violetas, buscaron los de Ayame, quien hacía todo lo posible por alejarse de aquel tipo.

-No te esfuerces, nenita… –murmuró mientras la agarraba del cabello para obligarla a acercarse a él hasta que sus rostros quedaron separados por apenas unos centímetros.

-¡Suéltame ahora mismo! -Gruñó ella. Sus castaños ojos comenzaron a relucir con furia pero Hidan se limitó a esbozar una sádica sonrisa mientras se relamía los labios con sumo interés.

Las manos del Akatsuki comenzaron a explorar el cuerpo de la joven sin ningún tipo de inhibición. Ayame intentó gritar o golpear de alguna manera a su captor pero este unió sus labios a los de ella, haciendo caso omiso a sus protestas.

Sin embargo, apenas unos segundos después, Hidan retrocedió con una exclamación de dolor y llevándose una mano a los labios. Como defensa, Ayame se los había mordido de tal forma que ahora la sangre corría por ellos hasta llegar a la barbilla para después caer al suelo con un ligero goteo.

-Maldita zorra… -gruñó en voz baja mirando a la joven con la ira contenida, quien había agachado la cabeza dejando que finos mechones de cabello cayeran sobre su rostro, ocultándolo.

Por detrás de este, se oyó a la segunda persona reírse por lo bajo ante el espectáculo. Aunque comenzaba a perder la paciencia…

Sin embargo, Hidan no parecía haberse contentado con eso ya que se lanzó de nuevo contra la joven, quien comenzó a lanzar alaridos de dolor y terror al sentir las manos del joven intentando arrebatarle las ropas.

-¿Se puede saber qué está pasando aquí? –resonó entonces una furiosa voz desde la puerta.

Hidan detuvo sus intentos y se levantó mientras arreglaba sus plateados cabellos, que habían quedado despeinados por los forcejeos de la joven, quien temblaba en el suelo mientras sus hombros se convulsionaban de vez en cuando en sollozos silenciosos.

-Siempre aguando la fiesta¿eh, Deidara?

La joven no pudo evitar sobresaltarse al oír el nombre del rubio. Sin embargo, este no estaba para bromas: sus celestes ojos se habían entrecerrado con furia y apretaba los puños en su intento de arremeter contra Hidan.

Ya había visto muchas veces aquel tipo de escena: Hidan violando a jóvenes secuestradas por Akatsuki para asesinarlas de formas inconcebibles para después ofrecerlas como sacrificio a Jashin. Sin embargo…

¿Por qué le afectaba tanto que fuera el turno de Ayame?

-El líder ha ordenado que la mantengamos con vida, Hidan –murmuró tras haber respirado hondo varias veces, intentando calmarse. Sin embargo había algo dentro de él que le pedía a gritos que explotara el cuerpo de Hidan-. Deja ya de propasarte.

Debía ser eso… Sí, era eso, únicamente son las órdenes del líder lo que le provocaba aquel sentimiento…

Hidan resopló con indignación para después lanzar una mirada furibunda a la joven que yacía a su lado. Aún temblaba.

Antes de salir junto a su compañero se pudo oír cómo el joven del pelo plateado murmuraba varios improperios dirigidos contra el líder de Akatsuki y cierto rubio de ojos azules.

Deidara iba a salir de la celda también, pero un sollozo por detrás de él lo detuvo.

No podía soportarlo más…

Suspiró con cansancio y se acercó lentamente a la joven, quien se encogió de terror al notar la presencia del rubio. Sin embargo, este se dedicó únicamente a colocar las ropas de la joven, que habían quedado parcialmente desprendidas de su cuerpo.

-¿Estás bien? –Deidara se sorprendió a si mismo al formular la pregunta. ¿Desde cuando se preocupaba por un rehén?

Ayame no respondió, seguía con la cabeza hundida, mirando a un punto del suelo sin llegar a verlo. No quería admitirlo pero le debía una a Deidara. Si no fuera por él…

Un escalofrío recorrió el cuerpo de la chica, estremeciéndola por completo.

Sin embargo no se esperaba la reacción del rubio, quien la había alzado con delicadeza para después abrazarla con fuerza contra él.

Ayame cerró los ojos y comenzó a llorar en el hombro de este, desatando así su desahogo, Deidara no parecía tener malas intenciones con ella y le permitía desahogarse pero… ¿no se supone que él era el enemigo?

¿Qué estaba haciendo llorando en el hombro de quien le había arrebatado su libertad?

Sin embargo, no estaba en condiciones de protestar.

Minutos más tarde, el joven se separó bruscamente de ella y le desató los tobillos con un rápido movimiento.

-El líder quiere verte –aclaró él con un ligero sonrojo adornando sus mejillas ante la interrogante mirada de su presa.

Esta, al oír sus palabras, sintió que su corazón se encogía de terror.

Sin embargo no podía escapar del… ¿destino?

Ayame nunca había creído en el destino. Eso de que algo o alguien controlaran su vida… no podía tolerarlo.

Y sin embargo¿qué era lo que estaban haciendo con su vida entonces?

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Y hasta aquí el segundo capítulo

Ya sé que este es un poco fuertecillo pero no pude evitarlo :(

Aún así espero que os haya gustado

Cualquier duda, sugerencia, queja, comentario... Ya sabéis donde encontrarme xDDD

Ja-ne!