New Kids on the Block (Parte 3)
Hoy se cumple mi condena. Hace unos cuantos días que me encarcelaron y sólo tardaron un par de horas para declararme culpable. Parece mentira, pero es cierto. Estos policías saben hacer demasiado bien su trabajo. Es lógico, son asiáticos. Estos podrían esculpir mierda y aun así sería tan perfecta que podría ser arte, o por lo menos pondrían un par de excusas para llamarla así.
Pero eso no explica por qué estoy aquí. Hace un par de semanas, antes de que me encontraran, asalte a una pareja. Eso no es lo raro de la historia, ya que a eso me dedico… Me dedicaba. Durante el transcurso de ese día algo me estaba diciendo que no debía ir a "trabajar" a mi calle usual.
Esa mañana me dio una resaca terrible, el cuarto que renté en aquel motel de mala muerte era un desastre, pero eso no era lo raro. La prostituta que había recogido la noche anterior se había llevado todo lo que tenía. Me refiero a TODO. El dinero que había ahorrado para salir de este agujero de ciudad, la poca ropa de calidad que tenía; que eran un par de camisas de seda, un buen pantalón de vestir y mi chaqueta de cuero de mi antigua banda de motociclistas. Era la primera vez que me había pasado esto… Me refiero a que una puta barata me robara. Siempre las he tratado como damas, no sólo como pedazos de carne. Antes de "hacer negocios", las llevo a comer a un lujoso restaurante y trató de escuchar cualquier cosa que ellas tengan que decirme.
Es raro, ahora que lo pienso. Aquella puta hablo bastante sobre su vida. Aunque solo recuerdo un poco. Lo cual es aún más raro, porque tampoco recuerdo haber bebido mucho. Tal vez me drogó para poder robarme sin problemas. Lo poco que recuerdo es que su esposo era un alcohólico golpeador, ella vivía un infierno. La clásica historia. Pero un día, sin que su esposito le dijera nada, él la abandonó y se llevó a sus dos "bebes".
Lloró en mis brazos en aquel restaurante. Arruinó una mis mejores camisetas con su maquillaje barato. Pero desde ese ángulo pude ver sus enormes dotes de madre. Así que no fue tan malo.
Después de eso, regresamos a mi cuarto de hotel e hicimos aquellos asuntos. Parece mentira, pero fue el mejor sexo que haya tenido en años. Y tengo mis historias. No había cosa que no hiciera aquella mujer. Creo que lo que más me gusta es que no recuerdo su nombre. Solo recuerdo el buen sexo que compartimos. Bueno, supondré que ahora ya estamos a mano. Siempre he pensado que los nombres son gran parte de la existencia de las personas.
Aunque, si no hubiera sido por aquella puta, no hubiera necesitado un par de billetes para desayunar. Lo cual me llevo a carterear en el autobús. Donde, irónicamente, me topé con un poli que me persiguió por toda la avenida. El pobre bastardo estaba tan gordo que le aventaje lo suficiente para dejarlo sin aliento y esconderme en un callejón. Tuve suerte, hasta que me topé con un enorme perro que tuvo un mal día y decidió desquitarse conmigo. Me enterró su dentadura en un abrir y cerrar de ojos. Siempre he tenido simpatía por los perros, así que solo le quebré un par de costillas y una pata para que me dejara en paz. De ahí, fui al puesto de desayunos que acostumbraba. Mientras caminaba, pisé una mierda de perro; debió ser por lo que le hice a aquel firulais. Para rematar un hombre con traje costoso tiro mis fósforos mientras trataba encender uno de mis habanos. Eso no se quedó así. Tuve que tomarlo por sorpresa desde ese cuello tan elegante, de ese precioso traje de seda que llevaba y llevarlo a un sitio donde pudiéramos hablar solos sin que nadie nos molestara ni que lo escucharan. Le saque lo pomposo por la cara y lo deje moribundo en un basurero. Le saque todo lo que traía. Es gracioso. Esos malditos japos usaron su cuerpo como una de sus evidencias contra mí. Les conté lo que paso aquella mañana, pero aun así estoy aquí. Se ve que ellos no han tenido un mal día. En fin.
Después de eso, fui con mi amigo McFly a empeñar el rolex que traía, junto con su portafolio de piel de cocodrilo. Ese maldito presumido tenía mal gusto para los portafolios, al contrario de los relojes. El viejo Sly me dio un par de miles por todo. Aunque, como siempre, le dejaba una cuarta parte de lo que me ofrecía porque apenas puede ver el anciano y cada vez que lo veo se ve más acabado. Es de las pocas cosas de las que me arrepiento. Jamás podré volver a ver al viejo Fly.
Después de desayunar y recuperar algo de ropa en una tienda de segunda mano, ese día fue bastante normal. Un atraco por aquí, una venta por allá, otra pequeña compra cerca de casa. Todo fue normal, hasta esa noche. Yo había planeado que con el dinero que hice con los cachivaches del riquillo tendría lo suficiente para salir de este pueblo al día siguiente y sólo fui a dar una vuelta al vecindario para despejar mi mente y fumar un buen habano. También mataría dos pájaros de un tiro, ya que tenía unos cuantos gramos que vender y siempre se encuentran yonquis desesperados aquí y allá. Pero ese no fue el caso. Mientras caminaba vi a esta bonita pareja caminando. La damita se veía muy feliz, estaba saltando y, de un momento al otro, saltó a los brazos de su caballero. En ese momento supe que ellos serían los que me "prestarían" para mi cena. Así es como la vida funciona. Ganas algo, pierdes algo.
Al principio presentaron resistencia, no eran unos citadinos cualquiera. Traían uno de esos aparatos modernos para electrocutar, que para mi suerte alcance a ver antes que me tocaran con esa cosa. En mis antiguas andadas, cuando aún era un novato, me habían golpeado con uno de esos; tardé un par de días en controlar los pequeños ataques de epilepsia que me daban de vez en cuando, y por fin sacarlo de mi sistema. Jamás debieron inventar esas cosas. Por suerte, el muchacho de aquella ocasión se portó sensato y no tardó mucho en darme su billetera, aunque no puedo decir lo mismo de la señorita. Ella estaba en shock. Al principio me preocupe por ella. Las luces de por ahí nunca habían funcionado bien y no dejaban de parpadear; iban y venían a cada momento. También sé que mi apariencia no es de buen ver, lo cual no ayudó al bienestar de aquella jovencita. Porque, aunque no lo parezca, siempre me he considerado un romántico empedernido con las damas. Jamás he golpeado a una sola, ni por muy groseras que sean conmigo o con nadie. Ellas son delicadas piezas de porcelana creadas para el deleite de los hombres, y hay escoria que jamás entenderá eso. Por eso cada vez que veo a una bonita dama no puedo evitar más que tener el sentimiento de servir y ayudar de cualquier forma que pueda. Por eso, cuando empezó a tartamudear considere regresarles el dinero, o hasta ofrecerles mi protección cada vez que pasaran por ahí.
Estaba muy equivocado, yo no era la causa de su malestar. Las luces de esa calle se apagaron mientras trataba de ahuyentarlos de ahí para que no tuvieran más problemas. Iluminé un poco donde estábamos con mi pequeño encendedor, lo suficiente para verles las caras. Ella apuntaba a la distancia, y ni su pareja o yo supimos qué o a quién estaba apuntando. Cuando regresaron las luces nos dimos cuenta; esta persona o cosa apuntó un arco y le disparó una flecha a la damita. Le atravesó el pecho como cuchillo caliente a la mantequilla. Su novio también resulto herido del brazo.
Es en momentos como ese donde pierdo mi temperamento. Puedo entender que quieran golpear a un hombre, pero en mi presencia jamás lastimas a una señorita. Fue así cómo me salí de casa. Cada noche mi padre golpearía a mi madre sin razón aparente; me parecía que sólo buscaba excusas para desfigurar a mi pobre madre.
Cuando vi lo que hizo aquel encapuchado, y vi como la señorita poco a poco perdía conciencia, corrí lo más rápido que pude hacia a él. El maldito no era tonto, en cuanto me vio saltar hacia a él, salió corriendo. Yo estaba confiado, no había calle que no conociera en ese vecindario, esquina que no supiera a dónde me llevaba, incluso conocía los escondites de los mocosos, así como sus atajos, aunque eran demasiado pequeños para mí. Corrió derecho con dirección al cine más cercano, creí que era para atraer la atención de la gente y así no poderlo golpear, o para que alguien pudiera llamar a los polis. Pero eso me importaba una mierda. Cuando estaba a punto de atraparlo desde su capucha, el muy bastardo giro hacia la derecha. El viejo parque. Para esa hora estaba lleno de yonquis y niños haciéndose los malos. Sin duda, alguno lo podría detener cuando vieran que lo estaba persiguiendo. El parque era grande y estaba conectado a una pequeña presa que terminaba en un gran rio. Aquel idiota fue hacia allá. No pude haber estado más feliz. Una vez que tuviera las manos sobre él, no terminaría hasta estar seguro que no pudiera moverse, y lo desecharía en el rio. Hace mucho que no hacia eso y sentía cierta nostalgia sólo en pensarlo. Cuando llegamos al inicio del rio, el encapuchado se detuvo. Lo tome por el cuello y embarre su rostro en la tierra húmeda.
"Parece que no hay más remedio". Balbuceó
"Así es" dije con una sonrisa de satisfacción "ahora eres todo mío".
"No me refería a eso" dijo muy calmado "¿Por qué no me dices dónde estamos?"
"Pues en el parque…" corte lo que estaba diciendo, porque cuando voltee a ver al rio me di cuenta de que estábamos en la comisaria. No en frente de ella, si no adentro. Vi como algunos conocidos estaban esposados y sorprendidos. Unos cuantos burócratas entregando papeles, al igual que otros tantos abogados. Algunos oficiales quedaron con la boca abierta. Ya me imagino: un hombre que parece vagabundo entra violentamente al departamento y toma por la nuca a un transeúnte desprotegido para rematarlo contra el piso en frente de todos. Debió ser hilarante. Recorrí la vista hasta ver una caja de donas tiradas a mi lado. Fue cuando vi que estaba sosteniendo de la nuca a aquel oficial gordo de la mañana. No vi al encapuchado en ningún lado.
"Let's get groove, tonight". Escuche un susurro en mi oído. Era él.
Cuando trate de voltear para poder tomarlo del cuello, ya tenía a cinco oficiales sobre mí. No sabían quién era, pero una vez que semi-asfixias a una héroe local enfrente de medio cuerpo oficial, no necesitan muchas excusas para arrestarte. Por mala suerte para ellos, yo estaba de malas, aquel imbécil me había tomado el pelo. Ni siquiera hoy estoy seguro de cómo, pero lo hizo. Me quite a esos polis como si me estuviera sacudiendo polvo y corrí hasta aquel bastardo. Él sonreía.
"Dulces sueños, grandote." dijo.
Entonces sentí aquellos terribles espasmos. La epilepsia volvió aún más fuerte de lo que la recuerdo. Caí como saco de plomo, a sólo unos centímetros de él. Estaba a punto de agarrarlo por el tobillo, cuando un azulado con cara de pocos amigos me noqueo con su porra de acero.
El resto es historia. Aquí en la cárcel no tengo de que quejarme. Después de que investigaron un poco mi historia, decidieron que era demasiado peligroso para estar entre personas, así que me dejaron en confinamiento solitario. No pude haber estado más contento. La comida no era tan mala y era seguro que comería las tres veces al día. De vez en cuando venía una dama, de aquellas que llevan una vida galante a hacerme un poco de compañía; en compensación siempre les decía quiénes eran los yonkis que podría venderles mercancía barata a un alto precio. Eso siempre las animaba un poco. Pero no todo era sexual, algunas solo venían a charlar un poco, lo cual no me molesta en absoluto. Me hablaban de los imbéciles que eran algunos clientes, los fetiches que otros tenían. Hay una señorita que no es exactamente la más hermosa de todas; ella me conto que una vez la confundieron con un travesti y el cliente quedo decepcionado cuando no le vio el "cañón". Es una verdadera lástima que ya no podré ver a todas. De verdad las extrañare.
"Parece que hoy se cumple el plazo, Sr. Bowie" empezó a decirme mi abogado, el Sr. Wright "Todavía está a tiempo de declararse culpable y tal vez quedarse aquí un par de décadas. Yo sé que no es mucho, pero comprenda que usted no me dio mucho con que trabajar".
Era un buen hombre, incluso cuando supo que no podía pagarle, acepto mi caso.
"Pues vera, Sr. Wright" empecé a decir con tono de resignado
"Nick, por favor".
"Nick, por mucho que me guste la idea de seguir aquí, disfrutando de esta bellísima cárcel." ambos reímos un poco "Me temo que no hay nada más que se pueda hacer. Ese par de décadas que usted me promete, serán un infierno aquí dentro." dije un poco triste "Prefiero descansar por última vez. No soy nada joven, como usted sabe".
"Bueno," dijo con un ademan muy cordial "como dicen, el cliente siempre tiene la razón".
Quedé un poco satisfecho cuando vi que el Sr. Wright acepto mis términos.
"Pero," continuó "en mis años de abogacía me he dado cuenta que mis clientes terminan un poco más satisfechos si toman mis consejos".
"Ése no es el problema…" se levantó rápidamente, quitándole importancia a nuestra plática.
"Por favor, no se explique." dijo en tono serio "Ambos sabemos que es un caso difícil. Por no decir perdido." Sólo él rio "Bueno, solo firme aquí." me mostró un papel con un montón de letras y términos legales "Yo les haré saber a los guardias que está listo." Continúo diciendo, mientras yo firmaba "Los preparativos ya están hechos. Es la primera vez que veo esto pasar. Los nuevos capitanes han hecho las cosas más eficientes que antes."
"Sí, algo así".
Empezó a recoger sus cosas. Ambos nos quedamos callados por un momento. Podía ver como al policía de guardia se regodeaba en su satisfacción. Lo vi por un momento, pero el muy imbécil no cambio esa mueca burlona.
"Sólo recuerde algo, Sr. Bowie".
"Don".
"Don, siempre hay manera de salir de aquí, incluso en su situación." Cuando termino de decir eso, me guiñó el ojo y salió antes de que pudiera preguntarle algo. ¿Qué quiso decir?
Estaba listo para la silla. Los guardias me llevaron hacia ella. La pequeña sala para la audiencia estaba llena. Había un par de parejas viejas muy humildes, me supuse que eran padres de algunos niños que eran mis clientes. Había ocasiones en que mi mercancía no era tan buena y, bueno, algunos no sobrevivían. En contraste, vi a una pareja muy pulcra; el esposo era viejo, estaba gordo, con una nariz redonda y enorme, usaba un traje de marca. Su esposa no estaba tan mal; era delgada, con suficientes curvas para saber que era demasiado joven para aquel vejestorio, traía un vestido negro demasiado entallado para la ejecución de un hombre. Tal vez si yo estuviera un poco afeitado, le mostraría lo que es el verdadero placer.
Me subieron a la silla, me amarraron las extremidades. Vi al Sr. Wright entrar a la audiencia. Él me saludo con una enorme sonrisa. Me supongo que debe estar acostumbrado a este tipo de shows. Pusieron una esponja mojada sobre mi cabeza y en seguida, el casco de metal conectado a la silla. Mientras el padre parloteaba cosas cristianas.
"Algo que quieras decir." Dijo el padre
"Reservare lo que tengo en mente para Satanás." –dije "Muchas gracias".
Un oficial dio la señal. Otro bajo el switch. Podía sentir el final, aquellos segundos me parecieron eternos. Cuando por fin, se activó la silla y empecé a sentir la electricidad corriendo por mis venas, algo en mí despertó. No sé cómo explicarlo. Poco a poco la electricidad se fue acumulando en mis manos, pero el dolor no era menor. Las luces empezaron a parpadear. Las personas estaban asustadas. Pude ver a cada una de las damas presentes asquearse de esa escena, no la resistieron, prefirieron consolarse en el hombro de sus maridos. Al contrario de sus esposas, los hombres observaron hasta el último momento como cada músculo de mi cuerpo se rostizaba, como neurona de mi cerebro poco a poco reventaba. El dolor desapareció. La conmoción seguía. El policía obeso celebró por un momento. El Sr. Wright se había ido. Las caras de conmoción poco a poco desaparecieron, las mujeres gritaron, los hombres se aterrorizaron, los policías callaron. Yo seguía ahí, despierto, consiente, respirando.
En mis manos se habían materializado dos revólveres. Sin tardar disparé hacia los grilletes y me liberé. Ninguno movió un musculo. Yo tampoco les quería hacer daño, sólo quería salir de ahí. Un valiente policía se levantó y me apunto con su arma. Yo hice lo mismo.
"No juegues conmigo." dijo en tono muy nervioso "¿Quién fue tu ayudante, eh?"
"¿Ayudante?" Respondí muy confundido "¿De qué hablas?"
Todos los demás policías recobraron la cordura y también desenfundaron sus armas.
"De ese truco, ¡el de la silla!" seguía diciendo "¿Quién te ayudo a zafarte? ¿Tú y tu amiguito pusieron algún tipo de explosivo en los grilletes? ¿O qué?" No dije nada porque no entendí una sola palabra de lo que decía "¡No te hagas el idiota! Aquí hay media docena de hombres armados rodeándote. Tú y tu amigo están jodidos".
"¡No sé de qué carajo me estás hablando!"
"¡Entonces pon ambas manos donde pueda verlas!" Dijo "No sé con qué crees que me estas apuntando, pero no es gracioso." golpeo de mi mano con la suya que tenía libre. Sin querer dispare y herí al oficial obeso en el hombro.
"¿Quién disparo?" dijo un oficial. Nadie respondió.
Fue cuando me di cuenta que no podían ver mis armas.
"Está bien." empecé a decir "Miren, aquí." puse mis dos manos de forma que pudieran esposarme "Háganlo. No opondré resistencia".
El policía gritón se acercó a mí con esposas en mano, se acercó de manera cautelosa. Era demasiado grande para él.
"¡Espera, Luis!" Lo interrumpió uno de sus compañeros "El comandante, se está…"
No pudo terminar la palabra. Una señora empezó a gritar cuando vio al obeso del comandante. La carne de su brazo de había podrido y había recorrido hasta parte de su cara. Solo se podía observar un brazo esquelético, y desde el orificio del disparo le salía pus y carne podrida. Decidí que no había tiempo que perder. Mientras todos estaban ocupados viendo, tumbé a Luis y salí corriendo por la puerta principal.
"¡Alguien que pida ayuda para el comandante! Todos los demás, ¡sigan a ese hijo de puta!"
Corrí, corrí como si no hubiera mañana. Solo podía anhelar la libertad otra vez. Corrí a través de todas las celdas, podía escapar por la parte de atrás y escabullirme hasta la carretera para salir de este pueblo. Los policías me seguían como locos. Podía escuchar sus botas yendo y viniendo. Entré a la oficina de objetos personales, lamentablemente tuve que noquear al pobre encargado para quitarle mi ropa. Poco a poco llegue a la parte trasera de la comisaria, nadie me había visto. Esta era la suerte que me debía el destino por aquel día tan horroroso. Salí por la puerta de atrás sin problemas. Caminaba sin querer llamar la atención.
"Alto ahí." escuche a mis espaldas "Sr. Bowie, entre a la comisaria y no habrá heridos".
"Admiro la persistencia." dijo "Pero odio la terquedad".
Aún tenía las pistolas en mano, aunque parecía que aquel oficial no podía verlas.
"Es su última advertencia, Sr. Bowie." continuó "Ponga las manos donde pueda verlas".
Me volteé lentamente. Apunté. Y me di cuenta de que estaba a punto de dispararle a mi abogado. Con su enorme mueca burlona. Me entrego unas llaves de auto que según él podía usar.
"¿Estás seguro de esto, Nick?" pregunte mientras me llevaba en su auto al garaje donde guardaba el otro.
"Por supuesto." dijo con un ademan muy cordial "Sé que no eres mala persona, si así lo fuera, media comisaria estaría muerta".
"Espera, ¿acaso puedes…?"
"Además," continuó diciendo sin importarle que yo estuviera hablando "esto es borrón y cuenta nueva para ti, Don. ¡Llegamos!"
Bajamos del auto, me entrego mis llaves, una rasuradora y ropa nueva. Dijo que necesitaba cambiar de look si no quería ser reconocido. También me dio dinero.
"¿Por qué me estas ayudando tanto?" dije mientras subía a su auto.
"La verdad," dijo "no tengo la menor idea. Pero si tengo una condición".
"¿Cuál es?"
"No salgas del pueblo. No importa lo que pase, no salgas del pueblo. Te necesitamos." todo eso lo dijo serio, como si fuera una persona totalmente diferente.
¿Qué podría necesitar de mí este pueblo? Es como si le dijeran a una rata de alcantarilla que se quedara en una linda casa. No entendí lo que quiso decir.
"Está bien, lo que sea por usted".
"¡Genial!" dijo retomando su jovial sonrisa "Cuídate, forastero" me guiñó el ojo en sentido de juego.
