Sueños Tormentosos

Tres. Kate Bishop.

(Nota: En cursiva, cuando hablan en ruso.)

Maldito el momento en el que se le ocurrió tirarle el arco al idiota de Clint tras haber discutido con él tan duramente. Maldito el momento en el que se le ocurrió salir a la azotea del edificio Stark sin armas. Maldito el momento en el que… fue capturada.

¿Miedo? No, tal vez incertidumbre.

Lo primero que vio antes de ser arrojada a una mesa de interrogatorio fue el brazo metálico y brillante, el brazo que la arrojó de forma dolorosa con suma facilidad; se imaginó asimismo como una muñeca de trapo azotando como si un nuño pequeño se hubiese enfadado de ella. Contempló entonces que frente a ella estaba una especie de soldado completamente vestido en negro, con el rostro cubierto con un pasamontañas.

-Pónganle el suelo. –Dijo el sujeto, manteniendo los brazos cruzados.

Apenas se había podido recuperar del dolor y el aire perdido cuando sintió que le habían puesto una inyección en el cuello, dolorosa y fría. Mareo, náusea y más dolor.

-¿Cómo entras al edificio Stark? –Cuestionó el sujeto.

Tensó los labios, haciendo un esfuerzo por levantarse de la mesa, pero sus brazos habían comenzado a temblar. Claro, era un maldito suero de la verdad.

-Jódete, cabrón. –Soltó apenas, sintiendo náuseas.

El sujeto miró intencionalmente hacia un lado. Fue entonces cuando pudo mirarlo con mayor amplitud, a aquél que la había tirado sobre la mesa con tanta fuerza y violencia: la melena castaña oscura, los ojos azules de hielo, el brazo metálico y brillante, el traje completamente negro… el Soldado de Invierno, el espía soviético… y vino a tironearla de su cabello con impetuosidad, arrancándole un grito de terror más que de dolor, para alzar su cara hacia aquél sujeto del pasamontañas.

-De nuevo, señorita. –Exigió el sujeto. -¿Cómo entras al edificio Stark?

Gritó, pues el fornido espía le estaba tironeando su cabello con violencia; se mordió el labio inferior con bastante fuerza pues sentía que las palabras estaban queriendo escapar de ella, tan fuerte que comenzó a sangrar. Intentó sostenerse de la mesa manoteando levemente sobre el cromado aluminio, pero le era imposible.

-Bien, en ese caso, haz lo que quieras con ella hasta que hable. –Dijo el dichoso sujeto frente a ella, saliendo de aquella habitación con toda la calma del mundo, como si tuviese otros interrogatorios que hacer.

"¿Qué?", pasó por su mente antes de que la volviera a estampar violentamente contra la mesa, abriéndose una pronunciada herida en la frente que la dejó sumamente atontada; la había soltado finalmente, pero estaba demasiado mareada y dolorida como para moverse. Finalmente pudo ver a aquél sujeto que la torturaba con mayor claridad, el dichoso Soldado de Invierno con el que el Capitán Rogers estaba tan traumado.

-Tendrás que matarme. –Susurró ella, sintiendo el punzar en su frente.

Él había sonreído mientras se ajustaba los guantes negros en ambas manos… esa sonrisa le heló la sangre.

-Rogarás que acabe contigo. –Exclamó él con voz grave.

Fue entonces cuando se alteró notoriamente, comenzando a vagar en el mar de la incertidumbre; se levantó de forma inmediata cuando le dio la espalda durante unos instantes, intentando alcanzar la puerta por donde había salido el sujeto con el pasamontañas, pero el soldado se dio cuenta de inmediato. Se aproximó hacia ella y le tomó del brazo con bastante fuerza, arrojándola contra la pared como si se tratara de un muñeco; terminó atontada y sin aire, así como con el tabique de la nariz roto. La arrastró por el suelo tomándola del cuello de la blusa para volver a dejarla contra la mesa, esta vez boca arriba, haciéndole ver que también le había dislocado el brazo.

-Agh. –Gimió. Ese dolor le había dado mayor nitidez. -¿Qué es lo que dices?

-Soy tu peor pesadilla. –Escuchó que había dicho en ruso, frente a ella. –Cuando termine contigo rogarás que te mate, que acabe con tu sufrimiento.

Sintió su brazo metálico, su mano enguantada por sobre el brazo dislocado, causándole un punzar de dolor que quiso contener; se había colocado frente a ella, entre sus piernas, mientras tiraba hacia abajo su brazo lastimado para causarle mayor sufrimiento, para hacerla gritar… entonces comprendió que a ese sujeto le complacía escucharla gritar de dolor.

-No, ya basta. –Gimoteó Kate, cerrando los ojos, sintiendo al Soldado entre sus piernas. –Ya basta… me duele…

-Tienes poca tolerancia. –Dijo él, antes de tomarle el brazo con propiedad… y, en un movimiento fuerte, romperlo como si se tratase de una tabla.

Iba a perder el conocimiento. Sus ojos se habían comenzado a nublar lentamente, e iba a dejarse llevar por la inconsciencia para evitar seguir sufriendo de esa manera… pero un frío en sus piernas evitó que de nuevo se desmayara. Aquél sujeto, con una navaja y afilada (lo estaba, pues le había cortado la piel en el proceso) la había arrancado el pantalón en tirones, dejándola parcialmente desnuda.

-Espera. –Gimió de nuevo. El brazo le dolía demasiado para forcejear, así como la nariz, la cual sangraba copiosamente. –No, por favor.

Sintió que se había inclinado sobre ella, y notó su respiración cálida por sobre su oído, sus cabellos cayendo sobre su rostro opacando su vista bañada en lágrimas. No quería mostrarse tan débil, pero era demasiado para ella…

-Voy a joderte hasta lo más profundo de tu ser. –Susurró a su oído. –Haré que pierdas la cordura, tus sentidos, hasta tu anhelo de vivir.

Maldito el momento en que aprendió ruso.

-No lo hagas. –Soltó finalmente cuando se dio cuenta de lo que estaba intentando hacer. El sujeto sabía cómo quebrarla. Iba a violarla. Intentó moverse, pero sus piernas estaban inmovilizadas con las de él, y en cuestión de fuerza, él le llevaba la delantera. –El edificio Stark… monitorea a todos por su rostro… no puedes… Jarvis se…

Sus lágrimas corrieron hasta la mesa sin poder controlarse cuando sintió que había penetrado en su cuerpo, y un dolor sordo la recorrió por completo cortándole hasta el grito que estuvo por abandonar sus labios; la embistió con dureza sin darle tiempo siquiera de volver a tomar aire para gritar propiamente, sosteniendo su brazo fracturado con fuerza para mantener vivo aquél latente y horroroso dolor… era insoportable, solo quería desmayarse… su rostro… el rostro de ese hombre se encontraba estoico mientras la sometía, como si no le produjera dolor o placer mientras ultrajaba su cuerpo. Sus ojos azules estaban fijos en ella mientras la hacía suya.

"No más. Por favor. Clint. Clint…"

-¿Es este el verdadero miedo? –Cuestionó ella en impecable ruso.

Notó entonces el primer gesto del soldado antes de perder el conocimiento, incapaz de aguantar tanto dolor. Había alzado ambas cejas, en señal de sorpresa.

"¿Creías que no entendía, hijo de puta?"

-.-.-.-.-.-

-Bishop.

Apenas escuchaba su voz y se levantaba del suelo como si de un perro se tratara; tenía veinte días contados desde que llegó, siendo sometida por el Soldado de Invierno hasta que le sacó la última gota de información… la destruyó completamente, tanto física como mentalmente. El segundo día le había fracturado dos costillas y luxado la cadera en un embiste bastante fuerte, además de un punzar doloroso en su sexo que estaba lejos de ser placentero. Terminó fracturada, molida, llena de moretones, cortes superficiales que sangraban cada vez que se movía…

Y sobre todo, tenía su mente hecha giras.

Ese día estaba extraño; vendada y llena de cortes, se había quedado arrodillada en el suelo de su habitación-prisión mientras él entraba y miraba a su alrededor como si buscara algo fuera de lugar. En su mano izquierda, la metálica, llevaba un arma corta color negro ya cargada… sin embargo, pasó los dedos de la diestra sobre su mentón y mejilla en una tosca… ¿caricia? Quiso retroceder ante su contacto en una reacción, pero sabía que podría descargar su arma en ella aun guardaba recuerdos de cuando disparó todas las municiones en sus piernas por tratar de alejarse de él.

-Nos han encontrado. –Dijo en ruso con bastante calma. –Es cuestión de tiempo para que lleguen.

-¿Quiénes? –Se atrevió a preguntar en un susurro.

-Tus compañeros. El arquero viene en plan homicida.

El arquero. De pronto sintió un intenso escalofrío abordarle, su recuerdo… antes de que tuviera tiempo de asimilar lo que sucedía, el soldado le tomó del cuello con el brazo metálico, levantándola del suelo unos centímetros que fueron suficientes para cortarle la respiración de golpe. Se sostuvo de su brazo, intentando usar su fuerza para que la gravedad no la asfixiara, aunque…

-Me ordenaron que te matara. –Exclamó con sequedad. –Pero matarte tan solo es hacerte un favor.

-Es lo que más deseo… que me mates. –Alcanzó a gemir.

-Me recuerdas a alguien.

La liberó al soltar su mano, pero no la dejó libre. La había apresado contra él con algo de fuerza, evitando que pudiera siquiera aspirar de nuevo.

-No puedes sacar nada más de mí. –Susurró Kate, fracturada ya su mente, inmune al sufrimiento.

-Lo sé.

Hubo explosiones, las escuchó cuando él la había penetrado con dureza estando sobre aquella colchoneta donde dormía, su peso cortando su respiración aunque hubo suficiente para hacerle arrancar un sonoro gemido de dolor… dolor, eso no era dolor. La palabra había perdido completamente su fuerza y significado en el tiempo que ella estuvo encerrada. Hubo gritos, disparos, todo en un segundo plano muy lejano mientras ella era sometida por él de una forma que comenzaba a apreciar…

"¿Apreciar? No. Has roto el límite de tu dolor. Ya no puedes sentir más dolor. ¿No te lo había dicho él antes?"

Se atrevió a tocarlo con los dedos, su pecho por sobre sus ropas hasta su mentón, temblorosa la mano por cada movimiento brusco, y obtuvo un beso; rudo, intenso, doloroso y punzante. Le supo dulce por algún motivo. Abandonó sus labios en el momento que ella culminó intensamente, dejando escapar un sonoro gemido que se escuchó a pesar del caos que había afuera… hubo claridad entonces. ¿Qué? No tuvo oportunidad de reaccionar ante lo ocurrido, pues él se había apartado tan inusitadamente como cuando inició, acomodándose el pantalón lejos de la vista de ella.

-Salgo por la puerta norte. –Dijo el soldado por su comunicador.

Por algún motivo todo era nítido, y no explicaba cómo había alcanzado su orgasmo después de semejante tortura mental y física vivida. Él se había inclinado, tomó su rostro del mentón con la diestra y dejó otro beso más en su boca igual de duro que el anterior, pero intenso… y se marchó, dejándola tirada en la colchoneta apenas con fuerzas para acomodar sus ropas sola.

Cerró los ojos, sintiéndose liberada. Iba a morir, sin duda. Hubo más explosiones, pero no había dolor… veía ángeles… no tenía remordimientos, pues aun recordaba su sonrisa cuando la arrojó a ese infierno… ¿qué clase de desvarío era ese…?

-¡Kate! –Escuchó una voz. Su voz. Quiso levantarse. –Oh, no, Katie…

"No me veas así, Clint…"

Sintió que le había tomado de los brazos para levantarla. Su contacto… gritó de terror y se lo quito de encima, empujándolo con toda la fuerza que tenía (aunque no era mucha) y se arrastró para alejarse de él, tan efusivamente que se encontró contra la pared en un fuerte golpe. No dolió como esperaba. Miró entonces el rostro sorprendido de su maestro, que se había quedado con las manos extendidas en el aire.

Y entendió.

Él la había roto por completo.

Le pertenecía.

-.-.-.-.-.-

Yuy.