Tanto los personajes como la idea de Zero no Tsukaima no son de mi propiedad, sino del autor de dicha obra, Yamaguchi Noboru (Que en paz descanse)
— Dilo de una vez. — Dijo Louise.
Louise y yo nos estábamos dirigiendo al comedor. Había costado trabajo, pero el salón pudo ser arreglado en sólo un par de horas. Cabe mencionar que yo hice la mayoría del trabajo, razón por la que me encontraba bastante cansado. Louise, por su parte, no hizo algo de limpieza en completo silencio. A ella se le había prohibido el uso de magia para facilitar la labor, pero eso no importó mucho, pues probablemente sólo hubiera empeorado la situación si intentaba usarla. Desde que se le asignó el castigo, no intercambié ni una palabra con Louise. Ella no parecía tener ganas de hablar y yo, por otro lado, simplemente estaba perdido en mis pensamientos.
Sin embargo, había un límite y Louise no pudo mantenerse callada por más tiempo. Después de que me exigiera hablar, volteé a verla. Me quedé en silencio durante unos segundos para luego volver a fijar mi mirada al frente.
— ¿A qué se refiere?
— Sé bien lo que debes estar pensando, "Mi ama es una inútil por no saber usar magia", "¿Por qué tuve que ser invocado por ella?" o algo parecido. No soporto que estés callado tanto tiempo. Si estás pensando en eso, entonces dilo de una vez.
O era muy obvio o mi rostro me delato.
Después de tener ese pensamiento, di un suspiro y respondí
— Estuvo bastante cerca. En verdad es lamentable que mi ama fallara de esa forma al intentar hacer un hechizo. Eso fue lo que pensé.
— ¡Lo sabía! ¡Sabía que estabas pensando en algo así! ¡¿Cómo puedes hablarle de esa forma a tu ama?! ¡Sólo eres un Familiar!
— Sí soy un familiar. Un familiar que puede usar magia.
Louise no respondió. Quizás esas palabras le dolieron lo suficiente como para que no supiera cómo contestar, pero eso fue algo que yo no sabía. En su rostro empezó a notarse la frustración que ella tenía.
— Al igual que su ama. — Agregué.
— ¿Qué dijiste?
— Que soy sólo un familiar que puede hacer magia al igual que su ama.
La expresión de Louise cambio de enojo a extrañeza.
— ¿De qué estás hablando? No puedo hacer magia. Tú viste lo que pasó.
— Sí, esa explosión sorprendería a cualquiera que la viera por primera vez y yo no soy la excepción.
La explosión había sido la consecuencia de querer transmutar unos pequeños guijarros. Si ese era el caso, me era difícil imaginar el poder que Louise podía lograr si ponía más de sí en un hechizo. Hasta ese momento estuve tratando de evitar que ella se pusiera de mal humor por lo molesto que podía ser para mí. Después de ver esa explosión, empecé a sentir algo de miedo al pensar lo que ella podría hacer si se enojara. Estaba manteniendo la compostura en el exterior, además de hablar como si no fuera la gran cosa, pero la verdad era que un pequeño escalofrío había estado recorriendo mi cuerpo.
— En fin, volviendo al tema, a pesar de que pudiera realizar la transmutación, usted hizo magia.
Louise me miró confundida.
— Déjeme explicarme. Si yo le diera una varita a un plebeyo y él intentara usar un hechizo, entonces no habría ningún resultado. Sin embargo, usted generó una explosión de la nada. Si en verdad usted no pudiera hacer magia, entonces no tendría por qué haber causado esa explosión.
— Bien, es magia, pero eso no cambia nada. Todos mis hechizos resultan así. No importa lo mucho que me esfuerzo, siempre termino fallando.
— No todo ha terminado en un fracaso. Usted me invoco.
Lamentablemente.
— Yo soy la prueba que ha tenido éxito en algo.
Louise se quedó nuevamente callada.
— En cuanto al motivo, debe haber alguno. ¿Sabe? Si no logra algo, a veces esforzarse no es la solución, sino saber el por qué falló. Antes estaba sola, pero ahora estoy con usted y prometo ayudarle a encontrar el problema.
Dimos unos pasos antes que Louise hablara nuevamente.
— ¿No bromeas?
— No es como si tuviera algo más que hacer, señorita Louise. Además, soy su familiar. Supongo que esto también es parte de mi trabajo, ¿no es así?
Ella me miró durante unos segundos antes de responder.
— Gracias.
— Cambiando de tema, debo decir que tiene un don en poner apodos. Decirle a alguien "el Resfriado" por su voz ronca es algo que no se me habría ocurrido.
En respuesta a esto Louise soltó una pequeña risa.
Bien, imagino que eso la tendrá calmada por el resto de mi estancia aquí.
A pesar de mis palabras y mi pequeño temor a las consecuencias de enojar a Louise, en lo que más había pensado durante las últimas horas era en lo lamentable de mi situación. El estar atrapado en otro mundo por un tiempo indefinido y junto a alguien que generaba una explosión cada vez que intentaba hacer un hechizo era algo que se alejaba por completo a mi concepto de diversión.
Mientras seguíamos caminando, miré de reojo a Louise. Al verla sonreír tan vívidamente, no pude evitar sentir algo de culpa.
Maldición, quizás no debí sonar tan seguro al hablar.
Algo de lo que había dicho era cierto, no tenía muchas cosas que hacer y, ciertamente, podía dedicarle bastante tiempo a investigar la causa del problema. Sin embargo, no tenía ni idea de por dónde comenzar.
Como sea, supongo que investigar durante mi estancia aquí no me matará.
Suspiré de manera tan suave que Louise no lo notó.
Debí pensar mejor antes de hablar. En verdad me sentiría mal si termino volviendo a mi mundo sin siquiera poder ayudarla en algo después de haberle dicho todo eso.
...
En verdad es una suerte que nuestros idiomas sean iguales. Pensé con alivio mientras caminaba rumbo a la biblioteca.
Había terminado de comer mucho antes que Louise. El no tener que regirme por una estricta etiqueta había sido la causa de ello. Al no quererme quedar sentado sin hacer nada, le pedí permiso para retirarme. Después de informarle el lugar al que tenía planeado ir, ella accedió a mi petición.
De hecho, es demasiada suerte como para sea simple casualidad. Me pregunto si habrá algún motivo detrás. Bueno, aunque me ponga a pensar en eso ahora seguramente no llegue a nada.
Durante el almuerzo había pensado en las diversas cosas que debía investigar. Finalmente, me di cuenta que había estado equivocado. No podía dedicar tanto tiempo en buscar una razón por la que Louise fallara en casi todos sus hechizos.
En primer lugar, necesitaba investigar sobre los recursos de Halkeginia. Necesitaba crear algunos papeles rúnicos. Por algún motivo, me sentía inseguro de tener tan sólo cuarenta. También quería averiguar sobre el principio por el que se regía la magia de ese nuevo mundo. El poder usar conjuros de manera tan libre era algo que me llamó mucho la atención. Además de eso, había algo más que se generó en mí tras la clase de la mañana, una genuina curiosidad por la magia de Halkeginia. No sólo era poderosa, sino que también parecía ser interesante, por lo que no fue raro que ello sucediera.
Por otro lado, quería aprender algo de cultura general. No era nada más que para satisfacer algo mi curiosidad y saber bien la posición en la que me encontraba. Sería malo si hiciera algo que un familiar no debería hacer. Aunque, en contraposición a lo anterior, no negaba que aspiraba un pequeño conflicto con algún estudiante, pues había algo que quería comprobar por mí mismo. Por último, estaba el asunto del que había conversado hace poco con Louise.
Me detuve para apoyarme contra una pared.
Me pregunto cuánto tiempo tardaré en hallar siquiera una pista. Necesitaré investigar primero la magia de este mundo para poder ayudarla. Bueno, ya planeaba hacerlo desde un principio, pero ahora deberé hacerlo más a fondo.
De pronto, cierta sensación provocó que agachara mi cabeza y moviera mi mano a mi estómago.
Creo que ese trabajo extra me dio más hambre que de costumbre. Quizás debería volver para comer algo más.
— ¿Sucede algo? — Preguntó alguien de repente.
Después de escuchar esa pregunta, volteé para ver a la persona quien la había hecho. A tan sólo un metro de mí, había una chica con traje de sirvienta. Con un pelo negro y lacio, cuidadosamente arreglado con una cinta, ella tenía en sus manos una bandeja de plata.
— No, no es nada.
La sirvienta me miró por unos segundos antes de hacer una pregunta que salió, prácticamente, de la nada.
— ¿Es usted el Familiar de la Señorita Valliere?
— ¿Me conoce?
La pregunta que yo acababa de hacer contenía algo de genuina curiosidad.
— Solamente un poco. Hay un rumor sobre un plebeyo que fue invocado como Familiar. — Dijo la chica mientras esbozó una sonrisa.
Así que un rumor.
Ya era más que obvio que un humano invocado como familiar era algo raro. Sin embargo, no pensé que lo suficiente como para que rumor se iniciase.
— Sí, ese vendría a ser yo y usted es…
— Siesta. Soy igualmente una plebeya. Me encargo de servir a la nobleza que vive aquí.
La primera impresión que Siesta me había dado era obvia. A diferencia de las pocas personas que había conocido, ella no parecía mirarme hacia abajo. Aunque, estaba también el hecho de que ella era la primera persona con la que conversaba y no era una noble.
— Es un placer conocerla. Mi nombre es Aztor.
— Ese es un nombre algo raro. Por cierto, no necesitas hablarme tan formalmente, ambos somos plebeyos.
La miré durante unos segundos.
— Sí, supongo que tienes razón. Debe ser la costumbre, pues es la primera vez que conozco a alguien que no es un noble.
Siesta me dio una sonrisa antes de seguir con la conversación.
— Quizás me estoy equivocando, pero me pareció notar que estabas con hambre.
— Sí, no te equivocas. Hoy tuve que hacer algo de trabajo extra para la señorita Louise, así que no comí lo suficiente.
— Si gustas, nos sobró un poco de estofado que hicimos con sobras de la comida de los nobles.
No pude evitar darle una sonrisa involuntaria.
Sí, sin duda, parece una buena chica.
— Entonces, si no es mucha molestia.
...
— Espera un momento. — Dijo Siesta.
Habíamos llegado ya a la cocina. Yo me había sentado frente a una mesa y Siesta, luego de haberme dado esa indicación, se dirigió a otra habitación.
Ella no tardó mucho para regresar. Al volver, ella caminó en dirección a la mesa y dejó un plato de estafado frente a mí. Ya con la comida al frente, agarré una cuchara y empecé a comer.
— Esto está muy bueno.
— Puedes repetir si así lo deseas.
Al fin encuentro a alguien amable.
— Gracias, pero no será necesario.
Durante los minutos que estuvo comiendo, conversé con Siesta sobre varios temas sin mucha importancia. Mediante la charla, me había dado ya una idea de aquello que estaba dentro y fuera de los límites de alguien que no era un noble. Realmente había sido de ayuda, pues era algo en lo que ya no perdería tanto tiempo. Al final, luego de terminar de comer, me levanté.
— Una vez más, muchas gracias. Si alguna vez necesitas un favor, no dudes en pedirlo.
Iba a darme la vuelta con la intención de ir a la biblioteca. No obstante, ciertas palabras no me dejaron hacerlo.
— En ese caso ¿te importaría ayudarme a repartir el postre?
No pensé que en verdad pediría algo. Bueno, al menos no ahora.
Había hecho la oferta por simple cortesía. No quería perder más tiempo y quizás eso se terminó por reflejar en mi rostro.
— Disculpa, olvidé que tenías prisa.
La miré por unos instantes.
Supongo que no tardaremos más que unos cuantos minutos.
Era la primera persona que me había tratado con una real amabilidad en ese nuevo mundo. Sinceramente, me sentía algo mal de negarme a su petición luego de haber ofrecido mi ayuda en algo.
Di un pequeño suspiro y hablé nuevamente.
— Si es sólo eso, entonces no hay problema.
...
Bien, supongo que serán más que unos cuantos minutos.
Después de que Siesta me entregaba una bandeja de plata sobre la cual había puesto una gran cantidad de pasteles, ambos no dirigimos al comedor. El número de postres era bastante grande y supe de inmediato que, incluso con varios otros sirvientes ayudando en la labor, demoraríamos un buen tiempo en terminar.
Mientras estábamos repartiendo los pasteles, pude ver a una persona levantándose a lo lejos. Era un chico de segundo año. Él ya emanaba por sí mismo un aire de arrogancia. Sin embargo, su cabello rubio y la rosa que llevaba en el bolsillo de su camisa provocaban que su soberbia pareciera mayor.
— Dinos Guiche. ¿Con quién vas a salir ahora? — Le preguntó uno de los chicos que estaban con él.
— ¿Salir? No hay mujer que se lo merezca. Después de todo, una rosa florece por el placer de mucho.
Un total narcisista.
Antes de que pudiera voltear a otro lado, vi que algo se cayó de su bolsillo. Aunque, debido a la lejanía, no pude apreciar bien lo que era.
Seguí repartiendo los pasteles con Siesta hasta que llegamos junto al chico que habían llamado Guiche. Estando ya más cerca, pude ver qué era lo que se le había caído. Era una pequeña botella de vidrio que contenía cierto líquido morado. Ya que estaba prácticamente a su lado, dejé la bandeja en la mesa y me agaché para coger la botella. Finalmente, le mostré el objeto al chico.
— Disculpe, se le cayó esto hace un momento.
Guiche no me hizo caso alguno. Estando a tan sólo un metro de distancia, era imposible que no me hubiera escuchado. Sólo había una explicación, me había ignorado.
Como sea.
No le di más importancia al asunto y dejé la botella en la mesa a la vez que hablé nuevamente.
— Dejaré esto aquí.
Mi acción provocó algo que yo no esperé de ninguna forma, una mirada de enojo por parte de Guiche.
— Esto no es mío. — Dijo él.
Las personas que lo acompañaban de repente se dieron cuenta de la botella.
— ¿Ese perfume no es de Montmorency?
— Sí, ese color morado lo delata, sin duda es de Montmorency. Según recuerdo, ella suele tenerlo sólo para sí misma.
— ¿Ella te lo dio? Eso quiere decir que están saliendo, ¿verdad?
— No, esperen, escuchen lo que les digo.
Entonces, de un momento a otro, una chica de primer año caminó hacia Guiche.
— Guiche… — Dijo ella mientras dejaba escapar unas lágrimas. — Lo sabía. Usted y la Señorita Montmorency son…
— Katie, esto es un malentendido. Tú eres la única en mi corazón…
Una fuerte bofetada por parte de la chica no dejó a Guiche terminar de hablar.
— Ese perfume es prueba suficiente. Adiós
Katie se dio media vuelta y se alejó. Guiche, por otro lado, no hizo más que frotarse la mejilla.
Viendo que la situación ya era lo suficientemente mala como para quedarse, cogí la bandeja nuevamente y me acerqué a Siesta para susurrarle algo.
— Lo mejor es que nos vayamos.
Siesta, comprendiendo que era lo mejor para evitar meterse en problemas, asintió a mi sugerencia. Ambos dimos media vuelta y empezamos a alejarnos. Mientras caminábamos, escuchamos un nuevo tumulto a nuestras espaldas.
— Montmorency esto es un error. Yo solamente la acompañe en un viaje a los bosques de La Rochelle.
— Al parecer no me equivoqué. Todo este tiempo estuviste seduciendo a esa de primer año, ¿verdad?
— Por favor, Montmorency la Fragancia, no arruines tu bello rostro poniendo ese ceño fruncido.
— ¡Mentiroso!
Hicimos lo mejor posible por ignorar esa nueva discusión. La curiosidad realmente nos llamó a voltear, pero no lo hicimos. Empezamos a caminar un poco más rápido. Siesta y yo ya estábamos cerca de la puerta, pero un grito hizo detener a la sirvienta.
— ¡Detente ahí mismo! — Oímos decir a Guiche.
Ella obedeció al instante.
— ¿Por qué te detuviste? La puerta estaba a tan solo unos pasos. Pudimos fingir que no lo escuchamos o algo.
— Pero…
Guiche apenas había tardado unos segundos en acercarse a nosotros.
— Por haber recogido esa botella de perfume, mancillaste la reputación de esas dos señoritas. ¿Cómo te harás responsable? — Dijo el joven mago.
Lo que faltaba.
— Con todo respeto, todo eso no fue mi responsabilidad.
— ¡Eso mismo, Guiche! ¡Fue tu culpa! — Le gritaron sus amigos al mismo tiempo que se reían.
— Escucha, sirviente. ¿No pudiste pretender no ver nada cuando te ignoré la primera vez? ¿Qué te costaba seguirme la corriente?
Chasqueé mi lengua de manera tan sutil que Guiche no llegó a notarlo.
No sólo es narcisista, también parece ser de los que no aceptan su culpa.
Empecé a mirarlo más detenidamente. En su rostro se podía apreciar la clara ansia que tenía por una respuesta de mi parte.
Además de impaciente, no me sorprendería que también fuera… impulsivo.
En ese momento, cierta idea llegó a mi mente. Una nada perceptible sonrisa se formó en mi rostro. Sonrisa que duró apenas un segundo.
— En primer lugar, imaginé que quizá me ignoraba no por el perfume, sino por alguna otra razón. En segundo lugar, su infidelidad seguramente iba a ser descubierta en un futuro. Por último, no soy un sirviente. — Respondí con el falso respeto que supuestamente debía mostrar.
— ¿Eh?... Ah, tú eres…
Guiche, después de abrir sus ojos en ligera sorpresa, resopló. El aire de superioridad que tenía, que de por sí ya era grande, aumentó.
— Debes ser el plebeyo invocado por Louise la Zero. Al parecer sí fue mi error. No debí esperar que un plebeyo como tú fuese lo suficientemente inteligente como para comprender la situación. Puedes irte.
— Muchas gracias por su comprensión.
Guiche me dio la espalda y empezó a alejarse.
— Idiota.
Guiche se detuvo y volteó a verme. Yo por mi parte hice una pequeña reverencia.
— Zopenco.
Volvió a voltear para verme. Me quedé quieto mostrando una cara de desentendimiento.
— Tarado.
— ¡No creas que puedes pasarte de listo! — Gritó Guiche.
— ¿Disculpe? No sé de qué está hablando.
— He escuchado cada uno de tus insultos.
— ¿En verdad cree un plebeyo como yo tendría la osadía de insultar a un noble como usted?
Guiche me miró fijamente, esta vez durante varios segundos. Pasado ese tiempo, él nuevamente se dio la vuelta para marcharse.
— Bastardo.
— ¡Bien, fue suficiente! Parece ser que no sabes cómo dirigirte a un noble como es debido. Por lo que me veo obligado a enseñarte un poco sobre el respeto.
Cayó.
— ¿Qué es lo que tienes en mente?
— Tú y yo tendremos un duelo. — Me respondió para girar en dirección contraria y alejarse. — No ensuciaré el comedor con la sangre de un plebeyo, te esperaré en el Jardín Vestri. Ve una vez termines de repartir esos pasteles.
Así que un duelo. No esperaba que fuera él quien terminara proponiendo uno.
— Entendido. Iré en una hora. Debo buscar a la señorita Louise e informarle de esto. Después de todo, soy su familiar.
— Bien. — Dijo Guiche para luego retirarse.
Todos sus amigos lo siguieron, salvo uno que se quedó. Seguramente fue para asegurarse que no escapara. Aunque no era necesario, pues no iba a hacerlo. El hecho de que tendría un duelo contra Guiche era una oportunidad que no desaprovecharía.
Giré en dirección a Siesta, ella estaba temblando. No era nada raro, pues yo, quien en teoría era un indefenso plebeyo, iba a enfrentar a un noble. Sentí algo de culpa, ya que fui yo quien terminó dándole el empujón necesario a Guiche para que me retara. Al final, traté de calmar a la sirvienta.
— No tienes de que preocuparte.
— Te… te van a matar.
Me quedé mirándola durante unos instantes.
— Si enfadas a un noble de verdad. — Terminó de decir para luego agarrar la bandeja de plata de mis manos e irse corriendo.
Supongo que es lo que cualquiera pensaría.
— ¡Vi todo lo que acaba de suceder! ¡¿Qué crees que haces?!
Volteé para ver a Louise que al parecer estaba algo enojada.
Bien, esto no estaba dentro de mis planes.
Ciertamente le había dicho a Guiche que le informaría a Louise sobre el duelo. Sin embargo, eso fue una mentira. No tenía idea de cómo reaccionaría ella. La posibilidad de que se enojara existía y al parecer esa posibilidad terminó por manifestarse.
— ¡¿Cómo puedes ir por ahí prometiendo duelos?!
Tragué saliva antes de hablar. Realmente quería evitar tenerla de mal humor. Tanto porque de ese modo era más fácil estar con ella, como porque tenía algo de miedo de lo que ella podía hacer si se enfurecía mucho. La explosión que causó por intentar un pequeño hechizo todavía seguía fresca en mi memoria.
— Una cosa llevó a la otra. No tenía ni idea de que me retaría un duelo, pero, la verdad, creo que es una buena oportunidad.
— ¿De qué oportunidad hablas?
Al ver que el amigo de Guiche estaba cerca, decidí alejarme un poco. Luego, le hice un gesto a Louise para que se acercara. Una vez ella estuvo junto a mí, empecé a susurrarle.
— Primero, quiero ver lo que un mago de aproximadamente mi edad puede llegar hacer. Segundo, hay algo que me gustaría intentar y un duelo con alguien de este mundo es realmente conveniente. Por último, y más importante, no creo que sea mal momento para mostrar de lo que es capaz el familiar que usted invocó.
Esa última razón, en realidad, era la menos importante para mí. No había sido más que una excusa que dije con la intención de tener la aceptación de Louise.
Mi autoproclamada ama me miró fijamente. Ella empezó a evaluar los motivos que le había dado.
Sí, no puedo negar que también tengo curiosidad en saber lo fuerte que es. Por lo que me contó en el desayuno, su magia parece tener varios límites. Aunque también está acostumbrado a los duelos, así que podría ser una ventaja. No obstante…
Después de pensarlo por unos segundos, Louise hizo una pregunta.
— ¿Crees poder ganar?
Di un pequeño suspiro.
— Me gustaría poder decirle que sí, pero no estoy seguro. Creo que los magos de este mundo son más fuertes, mas no creo que la diferencia sea tanta como para que me sea imposible ganar.
A pesar de mis palabras, ella todavía seguía inquieta. Parecía que la tenía bastante angustiada. Algo que la hacía debatir consigo misma.
— Es sólo un duelo. No hay nada de lo que deba preocuparse.
Luego de mirarme por unos segundos, ella habló nuevamente.
— Aunque sé que no es así, para los demás no eres más que un plebeyo y algunos nobles no dudarían ni un segundo en matar a un plebeyo.
No está hablando en serio, ¿verdad?
A pesar de que escuché sus palabras claramente, no pude evitar sentir incredulidad antes estas. Sin embargo, luego de ver la total seriedad en la mirada de Louise, supe que no había hecho ninguna broma ni estaba intentando disuadirme. Un pequeño escalofrío recorrió mi cuerpo.
Sí, está hablando en serio.
— ¿Guiche es de ese tipo de nobles?
— No lo conozco bien, pero no puedo asegurarte lo contrario. De lo que sí estoy segura es que podrías quedar muy lastimado.
Se podía notar una genuina preocupación en las palabras de Louise.
Bien... creo que cometí un error. Me tomé esto demasiado a la ligera, ¿verdad?
Había sido ingenuo. Imaginé que si actuaba como un familiar obediente nada podría salir mal, pero ese no terminó siendo el caso. Existían reglas e ideologías en ese mundo que no se me habían pasado por la cabeza. Necesitaba el duelo para satisfacer mi curiosidad, pero estaba empezando a dudar sobre si realmente valía la pena.
Di un muy largo y hondo respiro.
No, no retrocederé ahora. Es sólo un duelo con un chico de aproximadamente mi edad. Sé que me las puedo ingeniar para ganar. Y en el peor de los casos…
— Iré al duelo. Sin embargo, si las cosas se salen demasiado de control, por favor, detenga el duelo.
La falta de confianza en mis palabras causó que Louise dudara sobre si debía o no permitirme ir.
— No se preocupe. No tengo planeando perder.
— Bien, sólo no te arriesgues demasiado.
— No lo haré.
Me alejé de Louise para acercarme al amigo de Guiche que nos estaba observan a unos cuantos metros de distancia.
— Todo listo. Hay tiempo de sobre, pero no quisiera hacer esperar a Guiche ni un solo minuto.
El chico me hizo un ademán para que lo siguiera y empezó a caminar. No tardé mucho para seguirlo. Louise, por su parte, también comenzó a caminar.
Necesitaré pensar en un buen plan para que esto no acabe mal.
...
— ¡Caballeros! ¡Es un duelo! — Gritó Guiche.
La hora había pasado. Guiche y yo ya nos encontrábamos en el lugar del duelo. Él, después de gritar, levantó su rosa y provocó que los espectadores lo aclamaran. Después de eso, la muchedumbre comenzó a gritar algo respecto a mí, pero no les presté atención.
— Llegó la hora. — Dijo Louise.
— Le prometo que daré lo mejor de mí.
La hora extra que había pedido realmente me había sido útil. Cuarenta papeles rúnicos estaban esparcidos en todo el lugar. Mentiría si no dijera que eso me daba mucha más confianza. En los duelos que tenía, sólo podía usar diez, así que me sentía con mayor libertad. Tras sentir que estaba listo, saqué la última botella de tinta que tenía para terminar los preparativos.
— Sé que lo harás. Buena suerte.
Louise se alejó y se unió a la multitud. Por mi parte, volteé para mirar fijamente a Guiche.
— Antes que nada, ¡te felicito por no haber huido! — Dijo el joven estudiante.
— Gracias, supongo.
— Bien, ¡qué empiece el duelo!
Lo más normal hubiera sido que, después de ese grito, uno de los dos atacara. No obstante, ninguno de los dos se movió de su sitio. Por mi parte, quería esperar a que Guiche hiciera el primer movimiento. El comentario de Louise todavía estaba fresco en mi memoria, por lo que preferí ser cauto.
— ¿No vas a pelear, plebeyo? Quizás te diste cuenta de que no puedes ganar.
Ignoré el comentario de Guiche, cosa que lo ofuscó un poco y causó que siguiera con su intento de provocarme a atacar durante cerca de medio minuto. Luego de ese tiempo, me digné a hablarle.
— Ah, ya entiendo. — Dije a la vez que aparentaba un tono de superioridad. — En realidad tienes miedo y no quieres atacar.
Esa declaración y el modo en que la dije terminaron de enfadar a Guiche.
— Quería darte una oportunidad.
Guiche empezó a mover su varita, la cual se asemejaba a una rosa, y a recitar un hechizo.
Bien, cayó en la provocación. Ahora sólo queda esperar a ver lo que puede hacer y…
Algo interrumpió mis pensamientos. De la varita de Guiche había caído un pétalo al suelo y, al instante, dicho pétalo se convirtió en una guerrera con armadura.
— Eso es…
— Soy un mago, peleo usando magia. No tienes quejas, ¿cierto?
— No, ninguna. Me refería a esa cosa que acabas de invocar.
— Ah, eso. Me llaman Guiche el Bronce. Como corresponde, mi valquiria de bronce será tu oponente.
Así que un golem de bronce.
Ese hechizo sólo había confirmado lo que ya estaba claro, la magia de Halkeginia era superior en poder a la de mi mundo. Sin embargo, mis expectativas habían sido superadas. Que un chico de su edad hiciera lo que sería considerada una invocación de nivel intermedio en mi mundo era algo bastante sorprendente. En mi mente apareció la posibilidad de que él podría ser un prodigio y que no todos podían hacer algo de ese nivel, pero preferí quitarme esa idea de la cabeza para no aumentar mis nervios.
Bueno, afortunadamente, no es algo que no pueda enfrentar.
Me coloqué en una posición que me permitiera mover más libremente. Tan sólo un segundo después, el golem se impulsó en mi dirección con la intención de embestiré. Realmente fue una suerte que yo no intentara dar el primer golpe, pues, de haber estar más cerca, quizás no hubiera sido capaz de esquivar a la valquiria. Después de evadir el primer embiste, tomé algo de distancia. Fue la decisión acertada, ya que el golem no perdió tiempo en intentar atacar de nuevo. Durante el siguiente minuto, repetí la acción de esquivar y retroceder.
Es bastante rápido, mucho más de lo que sería una persona normal con una armadura y no parece estar cansándose en lo absoluto.
— Tal y como se esperaba de un plebeyo, eres muy bueno corriendo. — Dijo Guiche con su típico tono de arrogancia.
Durante treinta segundos más, seguí evadiendo los ataques del golem. No había muchos magos en mi mundo que atacaran cuerpo a cuerpo, pero los había. Y, por fortuna, me había enfrentado a suficientes de ellos para al menos tener una idea de cómo evitar ataques tan básicos como los que hacía la valquiria.
Sólo un poco más. Pensé con algo de ansiedad.
Guiche, al parecer, se cansó de esperar a que su golem me alcanzara. Al menos eso fue lo que asumí al escuchar lo siguiente que dijo.
— Debí pensar antes que no tienes nada con que defenderte, considera esto una muestra de mi compasión.
Acto seguido, movió nuevamente su rosa. Esta vez el pétalo que cayó al suelo se convirtió en una espada. Guiche cogió el arma y la arrojó en mi dirección. La espada aterrizó no muy lejos de mí.
— Gracias, pero no la necesito.
Guiche me miró con incredulidad por unos instantes.
— Como quieras, sigue jugando al gato y al ratón con mi golem. — Dijo él, claramente aburrido.
Bien, puedo manejar a la valquiria, pero no puedo negar que, aun sabiendo que era más fuerte que yo, lo subestimé.
Esquivé una vez más a la valquiria y me di un gran impulso hacia atrás.
Sin embargo, él me subestimó mucho más.
El golem, después de acercarse para intentar un nuevo ataque, llegó a mi primera trampa.
Veamos cómo reaccionas cuando haga esto.
Había usado mis dos manos para activar los papeles rúnicos que estaban frente a mí. Las piernas de la valquiria, de repente, se quedaron inmóviles. Guiche no podía entender lo que pasaba y lo siguiente que ocurrió lo dejó más desconcertado. Las piernas de su golem comenzaron a deformarse. Había usado dos hechizos. Con mi mano derecha activé Repulsión, lo cual creó una fuerza invisible que alejaba al golem de mí. Por otro lado, con mi mano izquierda usé Atracción, que tenía el efecto contrario. usando esos dos hechizos a la vez fui capaz de restringir el movimiento de la valquiria.
Y si uso más poder...
Unos segundos después de haber usado el papel rúnico, desactivé el conjuro. El golem, con sus piernas totalmente incapacitadas, cayó al suelo.
— ¿Qué fue lo que hiciste? — Preguntó Guiche.
— ¿Quieres saberlo? Ven aquí y te lo diré con todo gusto. — Respondí con la intención de provocarlo nuevamente
Mi provocación funcionó. Sin embargo, terminó siendo algo de lo que me arrepentiría. Guiche movió una vez más su rosa y de esta cayeron 6 pétalos, cada uno se convirtió en un golem.
Esto es malo, muy malo.
Tragué saliva.
— Bien, supongo que tenías razón, esa espada me hará mucha falta. — Dije con la esperanza de ganar tiempo.
No pude decir nada más, pues los golem cargaron contra mí. A diferencia de la vez anterior, hacerme a un lado no fue suficiente. Desesperado, me lancé hacia un costado para poder esquivar a las seis valquirias. Lamentablemente, no pude repetir la hazaña una segunda vez, ya que uno de los golem logró patearme cuando me estaba levantando y me arrojó varios metros.
— Lo siento, tal parece que no dejo de equivocarme. No sé cómo venciste a uno de mis valquirias, pero es obvio que un simple plebeyo no puede hacer nada contra seis de ellas.
Los golem cargaron una vez más contra mí.
…
— Aunque sé que no es así, para los demás no eres más que un plebeyo y algunos nobles no dudarían ni un segundo en matar a un plebeyo.
…
Mi cuerpo se estremeció de tan sólo haber recordado esas palabras.
Sin pensarlo dos veces, hice una señal de mano para activar otro conjuro. Podría decirse que fue una fortuna que la patada que me dio el golem fuera tan fuerte. De haber estado más cerca, tal vez no hubiera podido reaccionar a tiempo. Logré escapar usando la teletransportación y al llegar a mi destino, activé un tercer conjuro, Zona de oscuridad. Inmediatamente, una esfera negra apareció alrededor de mí.
Pasaron unos cuantos segundos para que pudiera reaccionar.
Maldición. Maldición. Maldición.
Empecé a toser. Tan sólo un momento después, sentí como algo líquido salió de mi boca.
¿Sangre? No, no puede ser posible, ¿verdad?
En ese momento no podía ver nada y no sería capaz de hacerlo hasta que el hechizo fuera desactivado. Poco a poco empecé a agitarme.
¿Esto fue un error? Quizás no debí...
Entonces, recordé el hechizo que utilicé antes para poder escapar.
¿Por qué? Se supone que iba a utilizar Teletransportación para crear una oportunidad de atacarlo. ¿Por qué lo usé para escapar de los golems?
...
— Y algunos nobles no dudarían ni un segundo en matar a un plebeyo.
...
¡Maldición! Olvídate de eso de una vez. Vamos, piensa en algo. Necesito aprovechar este tiempo. Nadie con cerebro se acercaría a una esfera negra que apareció de la nada.
Moví mi mano hacia mi estómago a la vez que hice una mueva de dolor.
Ella no exageraba. Unos huesos rotos hubieran sido lo mínimo que tendría si no hubiera logrado escapar.
Inhalé y exhalé lentamente para intentar calmarme.
Maldición. Olvidé cual era su posición. Eso me costará algunos segundos. Como sea, necesito noquearlo y debe ser al primer golpe. Si fallo, entonces esas valquirias…
No pude evitar pensar en el peor escenario posible. Un segundo después de hacerlo, sacudí mi cabeza para quitarme esa idea de mi cabeza.
No, necesito concentrarme en la pelea. Necesito... ¿por qué necesito pelear? Ya sé la diferencia entre nuestros podere. ¿Por qué no rendirme? Se supone que eso es lo que haría. Arriesgarme con esta clase de desventaja sería estúpido. No es como tenga algo que ganar o... perder...
Fue entonces que recordé lo que hice antes del duelo.
¿Por qué hice el ritual? ¿En qué estaba pensando? ¿En verdad tenía tanta confianza?
Chasqueé mi lengua.
Rendirme... lo haré de ser necesario. Pero todavía no. Si no gano el duelo, perderé un hechizo libre. Además, Louise detendrá el duelo en el peor de los casos... eso espero.
Me tomé unos segundos para calmarme.
Bien, piensa. Treinta y seis hechizos. Olvidé donde estaba, pero seguramente no se movió. Entonces... sí, tengo una oportunidad. Es algo arriesgado, pero actuaré pensando que esas son todas las valquirias que puede usar.
Me levanté.
Ya casi es hora.
Fue en ese momento que sentí como pisé algo. No podía ver nada, pero no necesité pensarlo más que por unos segundos para saber lo que estaba debajo de mi pie. Depsués de todo, sólo había una posibilidad.
La espada…
Instintivamente, me agaché para sujetar el arma y, apenas lo hice, noté que era considerablemente pesada. No había nunca sujetado una y apenas podía mantenerla en alza.
Quizás pueda arrojársela.
De pronto, un brillo empezó a originarse en mi mano izquierda y la espada de la nada se volvió mucho más liviana, y no solo la espada, sino todo mi cuerpo. Esa sensación provocó que mi ansiedad desapareciera lentamente y fuera reempalzada por confianza. El brillo, además, llamó mi atención. Estaba en la Zona de oscuridad y la luz, por más que se originase dentro del hechizo, no debería ser perceptible. Quería pensar en el motivo, pero no podía permitírmelo. El conjuro no duraría mucho más y necesitaba decidir lo que haría a continuación.
Este golpe de suerte seguro me costará algunos días de mala suerte, pero con esto creo que... no, sé que ganaré el duelo.
La Zona de oscuridad se empezaba a desvanecer y ello me permitió ver nuevamente a las valquirias. Con el conjuro totalmente disipado, Guiche me miró fijamente.
— ¿Qué era esa esfera negra? — Preguntó él.
— Nada de lo que debas preocuparte. ¿Seguimos con el duelo?
Guiche, olvidándose rápidamente del asunto, sonrió. El conjuro le había llamado la atención, como a todos los presentes, pero ya que había desaparecido sin más, nadie terminó por darle mayor importancia. Seguramente, si hubiera sido un hechizo con un efecto más llamativo, entonces habría más preguntas entre los espectadores.
Los golem fueron una vez más contra mí, pero gracias a mi nueva agilidad, pude esquivarlos fácilmente. No sólo Guiche, yo también estaba sorprendido con lo que acababa de hacer. El que todo pareciera moverse en cámara lenta fue una sensación extraña, pero que ayudó a incrementar incluso más mi confianza.
Si, con esto definitivamente voy a ganar.
Las valquirias seguían en su vano intento de alcanzarme. Cada vez que uno de los golem se ponía en el rango adecuado para poder atacarme, me impulsaba levemente hacia atrás. Con el tiempo, la distancia entre Guiche y yo aumentó considerablemente.
Mandar a todos tus golem a atacarme y dejarte desprotegido. Debo agradecerte.
Mentiría si dijera que no me dieron ganas de acabar con las valquirias en ese preciso instante. Sin embargo, no quería arriesgarme. Tenía mayor velocidad y agilidad, pero no sabía si poseía la fuerza suficiente para cortarlas. En ese momento poseía la ventaja y perderla era algo a lo que no quería arriesgarme. Durante el siguiente minuto, seguí esquivando a las valquirias. Para los demás, seguramente parecía que yo estaba en problemas. Después de todo, estaba retrocediendo continuamente, pero sólo lo hacía porque quería acercarme a otro papel rúnico.
Ahora es el momento.
Después de activar Ilusión, creé tres copias de mí mismo. Inmediatamente, usé mi velocidad para pasar en medio de las valquirias junto con una de mis copias. Mientras que yo corrí directamente hacia Guiche, la copia que me había acompañado se quedó atrás para servir como finta. Los golem intentaron golpear a mis ilusiones, pero era inútil. Mis clones tenían la misma velocidad que yo e incluso si llegaban a recibir un golpe, no serviría de nada, pues no eran copias sólidas. La única función del conjuro era la de ganar tiempo.
Guiche, al verme acercarme, empezó a retroceder, pero era demasiado tarde para él. Cuando estaba a tan sólo un metro del estudiante, solté la espada y la extraña sensación que recorría mi cuerpo desapareció. Ciertamente, pude atacarlo junto con esa nueva fuerza, pero al no estar acostumbrado a esta, usé algo con lo que estaba más familiarizado. Activé el conjuro Aumento de fuerza, cuyo papel rúnico estuvo cerca de Guiche todo ese tiempo. Una vez estuve frente a él, moví mi puño para golpearlo en el mismo lugar donde fui pateado por sus valquirias. El noble salió volando varios metros, aproximadamente el doble de lo que yo fui arrojado por la patada del golem. Agarré la espada una vez más para no correr riesgos y la sensación de hace uno segundos volvió a invadir mi cuerpo. Finalmente, me acerqué a Guiche, el cual estaba inconsciente.
Me quedé parado frente a su cuerpo por un momento. Pasado ese tiempo, arrojé la espada al suelo. Mi acción hizo que todos dedujeran el resultado del duelo. Finalmente, alcé mi puño al aire. Eso fue todo lo que necesité hacer.
La audiencia hizo una gran aclamación. Se podían escuchar gritos como "¡Ese familiar es genial!" o "Santo cielo, ¡Guiche perdió!".
Mientras duraba el alboroto, hice un movimiento con mi mano y las runas restantes que había en el campo volvieron a mí, cosa que pasó desapercibida por el alboroto que estaba ocurriendo. Caminé en dirección a Louise hasta estar frente a ella. Después de mirarla durante unos segundos, me arrodillé.
Supongo que esto la pondrá de buen humor por un buen tiempo.
— Me alegró que ganarás.
— Muchas gracias, señorita Louise.
— También me alegro que te encuentres bien.
No tan bien como me gustaría.
Un golem de bronce me había dado una patada directamente en mi estómago. No podía decirse que estaba exactamente bien.
— ¿Podríamos regresar a su habitación? — Le pregunté a Louise — Hay algo de lo que me gustaría hablarle.
Louise, sin ningún motivo por el cual negarse, asintió. Mientras nos alejábamos del lugar, volteé para ver el sitio donde pensé había vomitado sangre. En ese lugar, no pude ver ninguna mancha roja.
Dejé escapar un leve suspiro.
Así que sólo exageré. Bueno, nadie más lo sabrá.
...
— Pues esa es más o menos mi forma de combatir. Supongo que no es tan llamativa, ¿verdad?
— No mucho y se ve algo… ¿limitada? En fin, lo que sí me sorprendió fue la manera en la que esquivaste a todos esas valquirias.
Luego de alejarnos de la multitud, la cual seguía vitoreando, Louise y yo nos dirigimos a su habitación. Durante la caminata, podía sentir un dolor en el lugar donde había recibido la patada de la valquiria. No era tan grande como para evitar que camine, pero era lo suficientemente molesto como para no poder ignorarlo.
Finalmente, sin ningún otro inconveniente, llegamos al cuarto de Louise y empezamos a conversar.
— Colocar papeles rúnicos en medio de un combate no es la mejor opción. Sí, a veces es difícil ingeniárselas con tan limitados movimientos. Es por eso que los hechizos libres me son tan valiosos, si los hubiera usado, el duelo hubiera sido más rápido y llamativo. En cuanto a lo segundo, no le mentiré, eso no fue un conjuro mío. Al momento de sujetar la espada vi como las runas en mi mano brillaron y me sentí más fuerte.
— ¿Entonces no sabes cómo pasó?
— Ojalá lo supiera.
La sensación había sido grandiosa. Mentiría si dijera que no ansiaba experimentarla nuevamente.
Miré el dorso de mi mano izquierda.
— Aunque es obvio que las runas tienen algo que ver. Quizás termine por investigarlas un poco. Por cierto, hay algo que me gustaría que verificara. Es eso de lo que quería conversar con usted.
— ¿Qué es?
Me empecé a quitar mi camisa y le di la espalda a Louise.
— Cada runa en mi espalda es un hechizo libre que puedo usar. Antes del duelo tenía treinta y uno de ellas. Si no es molestia, ¿podría contar cuantas runas tengo?
Escuché a Louise acercarse. Ella se quedó callada unos instantes y finalmente respondió.
— Hay treinta y dos.
— Pues al parecer la ceremonia que hice antes del duelo sí hizo efecto. Puedo ganar hechizos libres si gano duelos en este mundo
— Por cierto, ¿por qué unas de las runas es diferente a las demás?
— ¿Diferente? ¿Puede explicarse?
— Tiene un color distinto, además tiene distinta forma.
— ¿Tiene un espejo de mano?
— Tengo uno sobre mi mesa.
Me acerqué a la mesa y cogí el espejo. No perdí tiempo y centré mi atención en runa que sobresalía de las demás. Era más grande, tenía una tonalidad de negro diferente y su forma también era algo distinta.
Raro, muy raro. ¿Es por estar en otro mundo que la runa es diferente? Supongo que tiene sentido. ¿El hechizo que salga también será diferente?
Dejé el espejo en la mesa y me puse mi camisa.
— Quiero probarlo.
— ¿Qué?
— Quiero probar el hechizo que saldrá con esa runa. Tengo curiosidad, pero a la misma vez no quiero desperdiciarlo.
— Puedes conseguir otro hechizo libre si ganas otro duelo ¿verdad? ¿Cuál es el problema?
— Debo ganar, ese es el principal problema. En adición a eso, para poder seguir haciendo duelos, necesito más papeles rúnicos y para hacerlos debo aprender sobre los recursos de este mundo.
— Ser un mago en tu mundo sí que es molesto.
— Mucho. Pensándolo mejor, creo que iré a la biblioteca, debo ponerme a investigar de inmediato.
Empecé a caminar a la puerta, pero no pude llegar hasta esta. Había ignorado el dolor de la patada por mucho tiempo y, a pesar de que fuera soportable hasta cierto punto, había un límite.
— ¿Qué sucede?
— Es por esa patada que recibí en medio del duelo. No tiene de qué preocuparse.
Después de mirarme con preocupación por unos instantes, Louise dijo algo que no esperaba.
— Quédate aquí, yo iré a traerte los libros que necesitas.
Esa repentina amabilidad me tomó algo desprevenido. Al menos lo suficiente como para no responder de inmediato a su oferta.
— Gracias, señorita Louise.
…
— Voy a apagar ya las luces. — Dijo Louise.
La noche ya había caído y yo estaba leyendo unos cuantos libros. Tenían que ver con las distintas runas que podían tener los familiares. Eran libros bastante gruesos y realmente tenía ganas de arrojarlos para seguir mañana, pero no lo hice. En primer lugar, a pesar de estar algo aburrido, realmente tenía curiosidad por saber el origen de ese poder que había adquirido. El otro motivo era que no quería que el buen humor de Louise disminuyera. Al parecer, luego de mi victoria, sus expectativas sobre mí habían crecido. Prefería tenerla feliz y evitar que se enojara.
Al final, mi estudio se vio interrumpido con el comentario de Louise, quien ya estaba cansada y quería irse a dormir. La miré y noté que ya estaba con su camisón. Había estado tan inmerso en la lectura que me di cuenta de cuando se cambió.
— Entendido. — Respondí para luego cerrar el libro que estaba leyendo.
— Por cierto, me había olvidado preguntarte esto, ¿dónde dormiste ayer?
— En su cama. — Respondí directamente.
Cierto enojo apareció de pronto en el rostro de Louise.
Maldición. Creo que no fue la respuesta adecuada.
— ¿En mi cama? ¿Quién te dio permiso para dormir en mi cama?
— Lo siento, señorita Louise, pero no había otro lugar. Además, no ocupo tanto espacio así que no pensé que la incomodaría.
— Eres mucho más alto que yo. ¿A qué te refieres con que no ocupas tanto espacio?
— ¿Recuerda lo que mencione sobre los hechizos libres que uno puede hacer si practica lo suficiente un conjuro?
— Sí.
— Un, por así decirlo, proyecto en mi escuela fue dominar un hechizo cualquiera. Aquellos que eligieron un hechizo de batalla no terminaron de aprenderlo a tiempo, a pesar de que se nos dio dos años de plazo. Yo, por otro lado fui a lo seguro y elegí uno que no fuera tan complicado. No hace falta mencionar que lo dominé a tiempo.
— ¿Cuál elegiste?
— Transformación.
Al igual que la noche anterior, hice una señal con mi mano. Al mismo tiempo, di un salto a la cama. Al llegar a esta, había adoptado ya la forma de un gato negro. Volteé y me quedé sentado, mirando fijamente a Louise, quien me devolvió la mirada. Ambos nos quedamos así durante unos segundos, hasta que, de pronto, ella se acercó rápidamente y me dio un fuerte abrazo.
— ¿Por qué no dijiste que te podías convertir en un gato tan lindo?
Para ser tan pequeña, el abrazo que me estaba dando era demasiado fuerte. Intenté usar mis patas para alejarme de ella, pero no servía de nada.
Maldición, ¿de dónde saca tanta fuerza? Lo peor es que seguramente se enojará si vuelvo a convertirme en humano mientras me está abrazando.
Luego de un rato, ella me soltó y me dejó en la cama. Inmediatamente, salté al suelo y me convertí de nuevo en humano.
— Tiene un agarré bastante fuerte. — Le dije mientras jadeaba.
— Bien, con esa transformación no veo problema con que duermas conmigo. Vamos, conviértete de nuevo.
Me pregunto si en algún punto empezará a verme más como un humano. Ahora que lo pienso, ¿qué tan bajo son vistos los familiares?
Di un largo suspiro y me transformé de nuevo. Louise me levantó y se recostó bajo sus mantas conmigo. Chaqueó los dedos, volvió a abrazarme y, al igual que la noche anterior, se quedó dormirá al instante.
Sí, esta posición es incómoda.
Teniendo cuidado de no despertarla, poco a poco me solté de su agarre. Cuando lo logré, me recosté al lado de ella.
Mucho mejor. Aunque seguramente hubiera disfrutado más ese momento si no tuviera ya a alguien que me gusta.
Levanté ligeramente mi cabeza y miré a Louise.
Ahora que lo pienso, es gracioso que se parezca a ella en tantos sentidos.
Después de dar un largo bostezo, volví a recostar mi cabeza en la cama. Acto seguido, cerré mis ojos para poder irme a dormir.
Como sea, fue un largo día y merezco un buen descanso.
Bueno, acabado también el capítulo 4. Estoy tratando de tener varios capítulos ya terminados y así poder publicar algo si en algún momento no llego a encontrar tiempo para escribir.
El capítulo 4 curiosamente es el más corto hasta ahora, a pesar de que usé dos capítulos de la novela para escribirlo. Será supongo que como siempre, de entre tres o cinco días para subirlo. Bien, esto sería todo.
[Acabo de publicar el capítulo 20 y decidí leer todo para corregir pequeños errores. Ah... que bonitos estos tiempos donde tenía terminados varios capítulos y no pensaba en si terminaría de escribir el siguiente a tiempo.]
[Reescrito el 05/09/2017. Lo normal, le agregué más motivos a las acciones de Aztor en lugar de hacerlo actuar sólo porque sí. Además, mostré cómo perdió el control del duelo por unos instantes al entrar en pánico. Luego del comentario de Louise, veo factible que temiera por su vida por unos instantes. Lo anterior es una debilidad que trataré exploraré más. También considero que era algo incoherente que de la nada pusiera que Aztor ansiaba un duelo luego de que Guiche lo propusiera, así que agregué pequeñas señales alrededor del capítulo, igual no fue suficiente. Hay más detalles que agregué, pero supongo que el otro que debería resaltar es que Aztor mostró algo de iniciativa por ayudar a Louise debido a la culpa de generarle una alta expectativa. En la primera versión esto no quedaba muy claro.]
Gracias por leer.
