-¿Qué le has contado?-, preguntó enfadado, entrando en el despacho del comisario.
-¿Cómo?-, David Nolan lo miró extrañado. –Killian, tranquilízate. ¿Qué ocurre?-.
-¿QUÉ LE HAS CONTADO?-, repitió.
-¿A quién, Killian? ¿Qué le he contado a quién?-.
-¡A EMMA SWAN!-, respondió.
-¿Sobre qué?-, insistió manteniendo la calma.
Killian dio un puñetazo en la mesa. –Sobre la "Operación Cocodrilo"-.
-Ella ha borrado vuestro rastro. Le di la orden, investigó a Rumpelstinsky, lo localizó y se ha asegurado de que no os encuentre-, explicó. –Es la mejor en esto, Killian. Era la única que me podía ayudar-.
-¿Por qué estás tan seguro de que el Cocodrilo no nos encontrará? ¿Por qué estás tan seguro de que ella ha hecho las cosas bien?-.
-Killian, yo revisé su trabajo cuando acabó y entonces di la orden de que te trasladaran a esta comisaría-, contestó. -¿Qué ocurre?-.
-Quiere que me infiltre en la banda esa de narcotraficantes locas que tenéis aquí-, gruñó, sentándose en una de las sillas que había cerca de la mesa del despacho.
-No tienes que hacerlo si no quieres-.
-Me ha ofrecido información sobre la "Operación Cocodrilo" a cambio de mi ayuda. ¿Qué me estáis ocultando, David?-.
Ambos se miraron fijamente. El comisario Nolan suspiró. –Rumplestinsky se ha casado recientemente con una chica de este pueblo, Bella French. Su padre es un conocido florista de aquí y ella ha sido la bibliotecaria hasta hace dos de meses…-.
-¿ESE MISERABLE ESTÁ CASADO CON UNA CHICA DE STORYBROOKE?-, se levantó de golpe. -¿Y CUANDO IBAS A DECIRMELO?-.
-Killian, no tienes que preocuparte. Están en Talahasse: Han comenzado una nueva vida allí-, suspiró. –Parece ser que con esta chica se está rehabilitando-.
-David, ¡eso no es ninguna excusa! Ese tío puede venir en cualquier momento a la ciudad a visitar a su familia política y cruzarse con Bae-, gritó. –¿Y entonces qué, David? ¿Qué ocurre si le da por hacerle daño? ¿O secuestrarlo? ¡O qué se yo! ¡Ese hombre es un criminal!-.
-¡Déjate de paranoias, Killian! Es Storybrooke es precisamente donde estáis a salvo: No os buscará en esta ciudad-, protestó su amigo. –Además, aquí tenéis nuestra protección-.
-No quiero trabajar con la inspectora Swan-, dijo cambiando totalmente de tema.
-¿Cómo?-.
-Que no quiero trabajar con ella-.
David se levantó y se acercó a él. –Es la mejor inspectora que hay en la comisaría-, le agarró por los hombros. –Dale una oportunidad-.
-¿Una oportunidad? ¡Lleva toda la mañana tratándome como un estúpido! No soy ningún novato, David-, respondió malhumorado.
-Killian, Emma lleva trabajando en la "Operación Reinas de la Oscuridad" casi tres años-, continuó su amigo. –Si te ha pedido que te infiltres es porque se fía de ti. Le he propuesto varias veces pedir a alguien de otras divisiones y siempre se ha negado-.
-¡Me ha dicho que tengo cara de yonki!-, interrumpió. –Por no hablar de que le ha encantado que sea nuevo en la ciudad-.
-Es su forma de hacer un cumplido… En su idioma decirte que tienes cara de "yonki" significa…-.
-Significa que he leído tu currículum, tu historial y tus informes y eres el único que puede hacer esto-, ambos hombres se sobresaltaron al escuchar a Emma hablar. Había entrado tan sigilosamente que ni se habían percatado que ya llevaba allí un buen rato escuchando.
-Todo eso es información clasificada-, la amenazó con un dedo. –No tienes derecho a inmiscuirte en mi vida y menos a utilizar una antigua misión para que te ayude. Eso es chantaje-.
-Un "gracias por borrar mi rastro, Emma", hubiese sido suficiente-, lo miró fijamente. –Sé que tu situación personal es complicada, pero no eres un novato. Sabes de qué va la cosa y te aseguro que Rumpelstinsky es mucho más peligroso que las Reinas de la Oscuridad-.
-¿Y por qué te está costando tanto atraparlas?-, preguntó. Estaba muy enfadado. David, por su parte, contemplaba la escena sin intervenir: Era muy amigo de ambos, los conocía muy bien y estaba presenciando un verdadero duelo de titanes del que no iba a perderse detalle.
Emma suspiró y tragó saliva. –Porque esto es algo personal y quiero hacerlo bien-.
-¿Sabes que cuando una misión se convierte en algo personal no suele acabar bien?-, insistió el nuevo.
-Por eso quiero que tú formes parte de ella. Eres la pieza que me falta: Tienes experiencia en este tipo de misiones y no me conoces de nada, no te lo tomarás como algo personal-, frunció el ceño. –Llevo tres años buscando a la persona adecuada y, casualidades de la vida: Eres tú-.
-No, no soy yo: Tú quieres que sea yo, que es algo muy distinto. Y te equivocas: Porque no te conozco de nada, no me fio de que puedas guardarme las espaldas, por tanto, mi respuesta es no-.
Emma pestañeó un par de veces y usó el último recurso que le quedaba. -¿Qué crees que pensará Baelfire cuando se entere que no has querido ayudar a la madre del único amigo que tiene en Storybrooke ahora mismo?-, le mantuvo la mirada.
-Eso es jugar sucio-.
-Piénsalo, Jones. ¿No querrás defraudar de nuevo a tu chico, verdad?-.
Killian se giró hacia David. -¿En las manos de qué tipo de persona has puesto nuestras vidas?-.
El comisario lo miró. –En las de la única persona que puede ayudarte, socio-.
Killian miró fijamente a Emma. Los ojos verdes de ella se encontraron con los suyos. Fue entonces cuando reconoció aquella mirada y se vio reflejado en ella -¿Cómo de importante es para ti la "Operación Reinas de la Oscuridad"-, preguntó.
-Igual de importante que es para ti la "Operación Cocodrilo"-, contestó ella sin dudarlo.
El policía asintió. –Te ayudaré-, sentenció. –Eso sí, protegerás a Bae con tu vida el tiempo que dure la misión-.
-Lo protegería con mi vida aunque no te infiltrases-, contestó ella, dejándolo alucinado. La chica se encogió de hombros. –Henry no ha estado tan entusiasmado desde hace mucho tiempo y eso es gracias a él. Se lo debo-, le dedicó una sonrisa y le tendió la mano. –Sé que no hay una segunda oportunidad para causar una primera buena impresión, inspector Jones, pero, si me lo permite, me gustaría comenzar de nuevo: Inspectora Emma Swan. Será un placer trabajar con usted-.
