No voy a mentir, tengo dos días en esta nueva vida y extraño un poco la tecnología, me hace falta entrar a internet para distraerme y visitar mis blogs favoritos, también de pronto me aburro y me llegan estas ganas de ver una película, una que no sea en blanco y negro; necesito calentar mi comida en horno de microondas o hacerme un café en dos minutos.

La leche deslactosada en cartón, bueno para terminar pronto, simplemente la leche deslactosada, el sushi, sinceramente creo que le fue más fácil a Britt hacerse a mi vida que yo a la suya. A su tiempo, a sus costumbres; a veces todo me parece demasiado cordial y formal, extraño esa voz y voto que se le "brinda" a las mujeres del siglo XXI. Digo, ya sé que aún no estamos en igualdad de género y sexo, pero por dios que no creí que me fuera a enfadar tanto.

No he podido ver a Rachel pero me contento con la idea de que el fin de semana nos retiraremos a la casa de campo de mi tío y entonces la tendré conmigo por una temporada larga; me llena de emoción saberlo, ver mis oportunidades tan cerca. Sólo los más allegados a ella saben que tiene una preferencia por las mujeres, ignora que yo lo sé, ignora que en realidad yo la conocí cuando ya estaba muerta… pero haré uso de las circunstancias y me animaré a empezar con la conquista.

En el dos mil nunca fui realmente una Casanova, era más bien del tipo que espera que se le acerquen y si cumple con mis expectativas hago el intento, pero hacer el intento era salir un par de veces y buscar un pretexto para no hacerlo más. Mi frase para no envolverme con ellas: no me interesan las relaciones sentimentales de pareja.

Me gustaba mi libertad, me gustaba mi soledad, puede sonar patético, puede sonar triste y amargado, la verdad es que no creía que tuviera lo necesario para ser novia de alguien, no soy material para pareja.

Tengo impaciencia y exigencia, lo que hacía de mis pocas relaciones algo falto de cursilerías y detalles, era más bien como un hielo que intenta estar acompañado sin la más mínima intención de derretirse y estar en contacto con sus sentimientos.

Pero luego entonces me doy cuenta que estoy en Nueva York de los años treinta y tengo muchísimas cosas por aprender, puedo ser un poco más sabia de saber lo que sé del futuro y lo que aprenderé de este pasado que para ellos es el presente.

Tomo lo necesario y salgo a dar un paseo, lo que ignoro hasta el momento es que ese paseo me parecerá fascinante, no sólo porque veré edificios que ya conocía tal y como eran antes del deterioro o las remodelaciones, que veré calles con cosas que ya no existirán en el 2013.

Por ejemplo, en una esquina había una cafetería que estaba abierta las 24 horas y ahora es lo que llaman droguería o botica. El club que solía visitar es una casa bastante bien conservada.

Lo que me apasiona de este Nueva York de los años treinta es su arquitectura, sus farolas, su gente caminando por las calles, la música que sale de los bares, las mujeres que ríen, los hombres que aún las llevan de brazo y les sonríen.

Sus sombreros con plumas, sus brazos enguantados, los labios pintados de rojo, sus vestidos; yo me siento un poco ajena, pero me siento como en un parque temático, que si hubiera tenido que vestirme a modo medieval o victoriano me seguiría sintiendo igual de ajena pero divertida. De un modo u otro tengo cosas por aprender, gente por conocer; puedo apostar porque nunca comprenderé del todo sus costumbres, que no me haré a ellas, pero experimentarlo y sentirlo es extraordinario.

Estoy paseando con chofer en un Bugatti tipo 41 Royale que mi tío (bisabuelo en realidad) compró en el 27, es hermoso, negro, largo, enormes focos delanteros, macizo. Me siento poderosa sobre él, me siento importante, casi arrogante.

Con el aire de la noche, la frescura y su olor a ciudad nueva me entran las ganas de ser una "mal portada" de pasármela conociendo esto y aquello. El chofer me indica que mi tío ha dado instrucciones de que debo llegar pronto a casa, pero también me dice que ya me conocen y sólo se ríe cuando luego agrega que es evidente que no iba a hacerle caso.

Me pregunta si vamos al bar de siempre.

-Tengo un bar de siempre?-. Pregunto curiosa, abriendo el espejo que tengo en el bolso para retocarme el cabello, que, ridículo por cierto, acabará por fascinarme, puedo apostármelo.
-Claro, un lugar de Burlesque y cabaret-. Me mira por el retrovisor y por sus ojos veo que me está sonriendo aunque yo no le veo la boca.
-De mujeres?-. Su sonrisa se vuelve más amplia.
-No hay de hombres que yo sepa-. Me habla como si fuéramos grandes amigos.
-Qué eres? Mi celestina en hombre?-. Le sonrío de vuelta; estuvo callado al principio pero ahora se le ha soltado la lengua.
-No tendría por qué serlo, usted es soltera; vaya que le afectó el golpe-. Sé que puedo sacar ventaja de ello para que me cuenten las cosas que ignoro.
-Lo visito con Britt?-.
-Con la Señorita Pierce? Pero si hasta el otro día se habían llevado como perros y gatos-. Frunzo el ceño, eso no me lo transmitió en el momento en el que se presentó.
-Por qué?-.
-Intereses por las cosas de la familia-.
-Herencias y negocios dices?-. Él me asiente. -Vaya-.

No puedo decir más, creo que en realidad yo era una soberbia que aparte trataba a la ayuda doméstica como verdadera criada-esclava y aparte de este tipo cuyo nombre aún ignoro, todos los demás trabajadores en la casa me temen… bueno, al menos Tynice ya no tanto.

-Cómo te llamas?-.
-Julien-. Vuelve a sonreír.
-Por tu acento deduzco que eres Francés-.
-Y mulato y he venido de vivir también en Nueva Orleans ah sí y también homosexual, por eso soy su chofer-.
-Bastante directo para ser de esta época-. Entonces se echa a reír; tiene una risa melodiosa y ronca, parece como que se riera el mismo diablo pero de forma agradable.
-Mi época? Señorita Fabray, sí se golpeó fuerte la cabeza-.
-Sí, bastante… dime Julien… soy malvada?-.
-Es temida, excepto por mí, soy la excepción a sus malos tratos-. Suelto un pff.
-Y por qué lo soy?-.
-Es de mal carácter y se cree la dueña de la empresa, remarca las posiciones sociales y creo que sólo porque soy homosexual no se fija en que también soy negro-.
-Eres mi consentido entonces-.
-Podría decirse-. Gira por una calle y se detiene enfrente, luego voltea a verme.
-Hemos llegado señorita Fabray-.
-Ya que somos una especie de amigos puedes decirme Quinn-. Tomo el picaporte y comienzo a bajar pero él me dice que me detenga.
-Abrirle la puerta es mi trabajo-. Contesta.
-Oh-. Respondo simplemente.

Me abre la puerta y me brinda su mano para bajar del auto.

Miro hacia arriba, la marquesina brilla con luces que parece que giraran, pero sólo es un juego de encendido con los focos que lo hace atractivo y curioso. Las letras son las propias de la época, muy Bold, con juegos curvos al final de ellas, sin patines (los que sepan de tipografía saben de qué hablo).

'El mejor cabaret de todo New York' anuncia el cartel que está pegado a la pared, esta adherido con pegamento, algo arrugado en el medio, me remite a los que hacía Toulouse Lautrec para las bailarinas del Moulin Rouge. Pero hace bastantes años del Moulin Rouge y ahora lo que espero encontrar dentro, si es que no me equivoco, son mujeres a lo Emilie Autumn* que no sé si bailen can can.

Cuando entro la música es más fuerte y la tengo retumbándome los oídos, meseras me sonríen, clientas y clientes; bartenders me reconocen llamándome por mi apellido, inclinan la cabeza y otros me levantan sus copas.

Yo no conozco a nadie, claro, pero ellos parecen conocerme bastante bien, por lo que asumo que soy como cliente frecuente del lugar. Será que también tengo una tarjetita que si me sellan cinco veces equivale a una copa gratis? Ok ok, mala broma, perdón.

-La mesa de siempre, corazón?-. Volteo a verla, es una chica robusta y de color, o sea que soy racista sólo en la empresa? Qué jodidas apariencias guardo yo carajo?
-Hola… perdona mira que se me ha ido tu nombre-. Se echa a reír y me pellizca con cariño la mejilla.
-Mercedes, pero tú me dices Jones porque te gusta fastidiarme; vas a tomar lo mismo?-.
-Depende de qué sea lo mismo-. Me lleva del brazo a mi mesa que está cerca del escenario pero en una orilla y me sienta.

-Whiskey en las rocas-. Me toca la punta de la nariz con su dedo y luego se agacha para quedar a mi altura, pero sin flexionar las rodillas lo que significa que los que están a sus espaldas tienen una vista entera de su trasero cubierto por unos calzoncillos de olanes que salen del corsé.

Es enorme, de verdad enorme para mí pero tiene un humor muy divertido y una sonrisa amplia y sincera, me brinda buenas vibras.

-No, no… nada de en las rocas, ponle agua mineral…-. En mi presente cualquier licor en las rocas me ponía ebria con dos tragos.
-Así será entonces, por cierto, tu bailarina no ha llegado, creo que va a tardar, por la mañana la vi y estaba vuelta loca porque su vestuario no había quedado listo-.
-Sí, claro… no hay por qué preocuparse Mercedes… ya llegará y si no llega vendré otro día-.

No tenía idea de lo que hablaba, MI bailarina, o sea que yo tengo una bailarina para mí, venga pues, quién es entonces, quién diablos era mi entretención? Porque no era otra cosa, yo no tendría una relación seria con una bailarina de cabaret, no pondría en entredicho la seriedad de la empresa de Samuel, no sería yo tan estúpida.

Si tengo la mentalidad de la mujer- macho de esta época entonces lo más seguro es que me la paso de burdel en burdel divertida, siendo una completa cabrona con la sociedad y sobre todo racista que cree que tiene el mundo a sus pies y no sólo eso, que lo controla. Mátenme por favor. Soy odiosa.

Escucho las voces de los visitantes, las risas, huelo el cigarro y el puro, escucho el tintineo de los hielos en los vasos, huele a colonia de hombre y perfume de mujer, huele a polvos para la cara de las meseras y me percato de que no estoy asustada ni abrumada, comienzo a sentirme como si no fuera nuevo, como que lo vivo cada fin de semana o cada tercer día.

El escenario esta iluminado, hay un grupo con un vocalista gordo de bigote chistoso, tiene acompañantes femeninos y masculinos para el coro y los instrumentos. Me gustan, de hecho muy probablemente es que me encantan porque me mantiene hipnotizada con su voz y su andar de aquí para allá, con sus bromas mientras comienza la canción.

Las chicas son lindas y tocan como diosas, siento el ritmo entrándome por los oídos y corriendo por mis venas, estoy emocionada, con el corazón acelerado, es nuevo y aún tan familiar, es tan curioso, tan inmensamente interesante.

Y he ahí una canción que me entretiene, se presentan, se llama Ravella y vuelven a bromear, que empieza la canción pero ellos hablan y luego empieza el cello, luego canta… es una canción que advierte de evitar conocer a una mujer que es muy mala.

Cambia el ritmo, todo es más movido en él, Ravella… y yo me encuentro moviendo la pierna debajo de la mesa, si me supiera la letra la cantaría junto con ellos. El ambiente es animado gracias a su música, Ravella se robará mi corazón y se llevará todos mis sueños… creo que le están cantando a todos los visitantes del lugar.

Luego me invade algo… estaré yo enamorada de mi bailarina? Creo que no sería lo más inteligente, creo que en realidad debería de salir de aquí y evitar todo contacto con ella, tengo un mal presentimiento, tengo miedo de repente.

Llega mi bebida a la mitad de la canción, le doy un gran trago, me pica el agua mineral en la garganta y siento que me arde el estómago cuando el licor cae. Toso un poco y Mercedes se ríe de mí.

-Con calma, no queremos que estés borracha para cuando tengas que subir con tu chica, cierto?-.
-Creo que debo irme-. Me frunce el ceño.
-Pero tú nunca te vas tan temprano corazón-.
-Ah no?-.
-No, te vas casi hasta que cierran el lugar y tuviste tu dosis de la morena más sexy del bar-. Vuelve a pellizcarme la mejilla y se inclina otra vez, puedo verle el escote, cómo sus senos se hacen hacia adelante con la gravedad.
-Ya veo… me… me quedo entonces-. Se sonríe y se va meneando la cabeza en modo negativo, pero muy divertida por cómo he estado reaccionando toda la noche.

Cuando abro de nuevo el bolso me doy cuenta que cargo con un paquete de cigarrillos cuyo papel no es blanco, sino café y huelen para ser sinceros, delicioso.

Me enciendo uno, el humo de mi cigarro se perderá con la nube que invade la atmósfera; el grupo sigue tocando, se animan, animan a los demás, tienen violines y cellos, tienen un acordeón y una pianola, me gusta el vocal, no en el sentido de atracción física, sino que se me figura al vecino de Coraline, el que tenía un circo de ratoncitos.

Sonrío, no es que me hubiera gustado la película, de hecho no la disfruté en lo absoluto, creo que me sacó ciertos traumas de la infancia y al término de ella me encontré abrazando fuertemente un cojín en la sala de mi casa.

La siguiente canción dicen que se llama The tranformation into Marlene (la transformación en Marlene) que no habla de otra cosa sino de Marlene Dietrich de quien dije que ya quisiera yo vestirme como ella y tener el porte que ella tiene, quizás ande cerca de mi cometido.

Es una canción muy divertida, mucho más divertida que la anterior, el ritmo cambia un poco pero sigue teniendo el mismo toque de la banda.

Levanto la mano buscando a Mercedes.

-Jones, cómo se llama la banda que ameniza?-.
-Vagabond Opera, qué te pasa en esa cabecita tuya que no recuerdas nada?-.
-Sufrí una caída de caballo hace unos días-. Se lleva las manos al pecho.
-Oh pobre, espero que estés mejor, ya verás como S. te va a consentir-.
-S?-.
-Tu bailarina-. Me atraganto con el ultimo trago de mi bebida.
-Podrías traerme otro?-. Tengo la voz rasposa, como cuando fumas por primera vez y te ahogas al hablar.
-Claro que sí preciosa-. Se lleva mi vaso y yo me quedo recuperando el aire con las manos sobre la mesa.

Pasa el tiempo, pasan las canciones, el establecimiento se llena de gente, de humo, de voces, de olores distintos, si fuera una pintura tendría miles de colores, yo me olvido de mi bailarina y Mercedes Jones me sigue llenando de alcohol las venas, no me importa estar sola en la mesa, yo disfruto de cada nuevo detalle que estoy viviendo.

Quiero suponer que así se sintió Louis cuando se volvió vampiro, como que todo estuviera recién hecho aunque el mundo en realidad sigue siendo el mismo.

Se me calienta el cuerpo con el licor, empiezo a sentirme más ligera, con la cabeza confundida, no estoy borracha aún pero un par de copas más y tendrán que buscar a Julien para que venga por mí y me lleve a casa. Se acaba ésta melodía, el público se vuelve loco y aplaude, chiflan y rechiflan, las meseras siguen sonriendo, llevando bebidas, recogiendo vasos vacíos, abrazadas a tipos borrachos dejándose tocar las nalgas por ellos.

Qué mas podía esperar ahí? Estoy en un cabaret, en un burdel. Veo a Mercedes acercarse a mí con su sonrisa enorme, sus chapas en las mejillas y sus uñas pintadas de rojo.

-Primor, tu morena de fuego ha llegado-. Abro los ojos bien grandes y recuerdo que tengo a MI bailarina.
-Y… y dónde se supone que debo verla?-.
-Subiendo las escaleras la habitación del fondo, su puerta es de color café-.

Cómo sin saber a lo que me "arriesgaba" no decidí salir de ahí y hacer como que yo no tenía a nadie esperándome en una habitación? Yo sabía que mi bailarina no iba a bailarme, iba a dejar que le hiciera el amor o, en el otro caso, dejarla que me lo hiciera ella a mí. O sea que en mi mente estuvo presente la palabra sexo, sexo con una mujer y no sólo eso, sexo con una mujer que yo no conocía pero ella a mí sí.

Y sin embargo, ahora al subir las escaleras, el tener en l nariz el olor a velas e incienso, escuchar los gemidos de las puertas que voy dejando atrás, escuchando el sonido seco de mis pies en la alfombra persa, no siento demasiados nervios.

Hace cuánto que no tengo una noche de estas con alguien? Déjame recordar, la ultima vez que me desperté y me vestí con rapidez para no despertarla, que salí huyendo de su casa por la madrugada… qué… era mi primer mes en el trabajo… entonces con casi exactitud puedo decir que un año y medio, ya hasta se me ha olvidado cómo tocar a una mujer.

Puedes pensar que no tiene demasiada ciencia, la verdad estimado lector-lectora es que hacerlo con una mujer es complicado, también se necesitan buenas dotes, no tanto práctica, sino conocer y dejarse ser. Yo ya no recordaba ni siquiera cómo era eso de dar un beso apasionado… y en unos segundos, así como así, me iba a encontrar con una 'morena de fuego' con la que me acostaría quien sabe por cuántas veces esa noche.

Nunca, ni entonces en el dos mil, me había metido con una prostituta, cortesana, bailarina, sexoservidora, como le quieras llamar, ni siquiera se me había cruzado por la mente contratarla para mi diversión, ni siquiera cuando estuve en Europa y me llevaron a las zonas rojas de los lugares.

Me detengo ante la puerta, el corazón brincándome como loco en el pecho, me están sudando las manos y puedo notar cómo se resbalan en la perilla cuando le doy vuelta y la abro un poco, luego la vuelvo a cerrar y toco.

-Adelante-. Su voz es sexy, oscura, un poco grave, quizás fuma tabaco.

Cuando abro la puerta lentamente la habitación está a media luz y ella está en la cama de cuatro dinteles de los cuales caen telas transparentes color azul turquesa, las paredes tienen papel tapiz morado de rayas, bastante vintage, muy bien decorado para lo que esperaba, los muebles parecen finos, así que supongo que este burdel no es cualquier burdel y que si sigue en pie es porque los grandes de Nueva York también lo visitan.

No sé qué tan legal pueda ser un bar con casa de citas.

Cierro la puerta y me quedo parada entre ella y la cama, no puedo verle el rostro pero puedo ver su figura por entre lo que me deja ver la tela y puedo deducir que no está desnuda y tiene un cuerpo impresionantemente bello.

Es verdad tiene el color de piel que me gusta, ni más, ni menos. Su cabello es oscuro.

-Te vas a quedar ahí?-. Se me va el aire y con esa voz me siento excitada de pronto.
-N-n-no-. Se mueve del colchón y se hinca en él.
-Cierra los ojos, hoy es el juego en el que no vas a ver nada, sólo sentirme-. Trago saliva. También soy una pervertida? Juegos sexuales? Cuántos habré tenido con ella!

No sé por qué la obedezco, se me olvida incluso que la única morena que debe de gustarme es Rachel Barbra Berry. La escucho acercarse y yo no abro los ojos, luego siento una tela suave deslizarse por mi rostro y cubrirme los ojos.

-Desnúdate-. Me ordena y yo estoy tan inmóvil. Más que inmóvil por un par de minutos. –Vienes con ganas de que yo haga las cosas por ti, eh?-.
-Cómo te llamas?-. Pregunto por inercia, es lo único que puedo decirle. La escucho sonreírse.
-Vamos a jugar también a la primera cita?-. Algo dentro de mi cambia y parece que me sintiera como la Quinn de ahora y no la que seré.
-Quizás, cómo te llamas?-.
-Santana y tú?-. Siento sus manos quitándome el arreglo del cabello y bajándome el vestido, acariciándome suavemente la piel mientras lo hace.
-Soy Quinn-.
-Quinn Fabray?-. Asiento mientras sus manos me quitan con destreza el camisón.
-La misma-.
-Así que me acostaré con una de las mujeres más ricas de Nueva York-. Quiero quitarme lo que tengo en los ojos y verla, quiero verle el rostro, saber de qué color tiene los ojos, la forma de sus labios, de su nariz, la forma de su cara.
-Y dime, Santana, hace cuánto que lo estamos haciendo?-.
-Creí que íbamos a jugar el juego de que era la primer cita-.
-Vamos a jugar a que yo no recuerdo nada de lo que ya me ha pasado-.
-Eres pícara Fabray-. Me besa la clavícula y yo siento que tiemblo. –Dos años-. Wow, es mucho tiempo.
-Cuántos años tienes?-. Pregunto y ya no siento su cuerpo junto al mío, la escucho dos metros a mi izquieda.
-Los mismos que tú-.

Siento la piel descubierta y por extraño que parezca no me siento avergonzada de mi semi desnudez.

La música se escucha a lo lejos ahora, como música de fondo, el barullo es imperceptible y los sonidos amorosos de los otros amantes se quedaron en el pasillo. Esta habitación huele a vainilla y no sé si es su perfume o el aroma que le han puesto al cuarto para acondicionarlo.

-Me quitaré la venda de los ojos-. Advierto. Cuando lo hago Santana tiene puesta una máscara de carnaval de Venecia. Está desnuda y me impresiona lo hermosa que es, vientre marcado, senos redondos, piel tostada y manos lindas –Quítate la máscara-.
-Desnúdate primero Fabray, no puedo esperar a que me hagas tuya… hacía mucho que no me visitabas-.
-Ah sí?-. Contesto seductora y me acerco a ella mientras me quito lo último que me cubre.
-Dos semanas por lo menos-.
-Te visito muy frecuente?-.
-Cada vez que estás de mal humor con el mundo-. O sea muy frecuente.
-Quítate la máscara-. Vuelvo a ordenar. Sus ojos bajan a mi brasiere.
-Dije que te quitaras todo-.

Me quito lo que me falta y ella quita poco a poco su máscara, puedo verlo en cámara lenta, puedo ver su mentón, luego sus labios, la punta de su nariz y sus pómulos, sus ojos cafés, su rostro entero que ya con su cabellera ondulada cayéndole en los hombros me muestra todo lo que es Santana.

Y entonces… recuerdo que Britt me había contado de una Santana y, repito, si el conjunto de almas reencarnan juntas entonces ésta Santana es la de entonces, la que me renta el departamento a mí.

Me asusto, me alejo de ella.

-Qué pasa Quinn?-.
-Me… lo siento… me tengo que ir-.
-Pero no hemos ni empezado-. Contesta acercándose a mí –Estás tan pálida, te sientes bien?-.
-No-. Digo y me falta el aire. Tengo que contárselo a Britt.
-Quieres que llame a Mercedes, acuérdate que ella fue enfremera-.
-No, no… sólo debo irme-. Estoy recogiendo mi ropa y me estoy vistiendo con rapidez.
-Volverás?-.
-Sí, con compañía-. Se cruza de brazos.
-Sabes que no quiero hombres-. Sonrío, me parece gracioso su berrinche.
-Descuida, es una rubia mucho más hermosa que yo, mi prima por cierto-.
-Creí que te llevabas mal con ella-. Se acerca a mí y me abraza como si fuera tan natural.
-Hace poco que nos reconciliamos-. Juega con mi cabello.

Siento su cuerpo cálido contra el mío que ya está completamente vestido; la abrazo de vuelta, su piel es suave, su cabello huele a lavanda y me hace cosquillas con las pestañas.

Me siento a su lado como si la quisiera, como si significara algo importante para mí, como que es demasiado especial, más que especial. Si no es la Santana de Britt entonces quizás… no, qué estoy diciendo? Yo quiero estar con Rachel.

-Santana…-. Sigue acurrucada en mi pecho, contenta en mi abrazo –Qué somos aparte de esto?-.
-Sólo esto, yo no puedo estar contigo y tú no puedes estar conmigo, de todas mis clientas eres la que más me gusta y a la única que quiero y de todas las bailarinas soy a la única que visitas, por qué andas tan extraña?-.
-Me caí de un caballo hace unos días-.
-Por dios Quinn, ya estás mejor?-.
-Sí, sólo no recuerdo muchas cosas-. Me veo al espejo y me retoco el maquillaje, ella me acomoda el broche en el cabello.
-Cuándo te veré de nuevo?-. Trago saliva, tengo tantas ganas de hacerle el amor. Qué sensación tan extraña para tener tan sólo unos minutos aquí con ella.
-Cuando acceda Brittany a venir-.
-Pero recuerda que es a ti a quien quiero ver-. Me volteo a mirarla de frente, cara a cara.
-Te gustará más que yo, ya verás-. Se ve triste.
-Ya no me quieres, es eso verdad?-. Sonrío –Te has encontrado a alguien más que te entretenga en tus cosas, yo ya pasé de moda-.
-Nada de eso… ahora todo es muy confuso, sólo necesito aclararme la cabeza, hay cosas que me parecen completamente familiares pero no recuerdo, cosas que… no entenderías Santana-. Tomo mi bolso y camino a la puerta.
-Dime que sí volverás con o sin ella-. Tan romántico y trillado, como un vampiro enamorado de una humana (no, no piensen en twilight por favor) o como una vampira enamorada de un licántropo, como de película.
-Sí-. Contesto –Pero no sé si lo haga antes de irnos a la casa de campo de mi tío-.
-Cuándo será eso?-. Se pone una bata de seda color rojo.
-En dos días, tal vez venga el viernes, ok?-.
-De acuerdo-. Me acerco a ella y le beso la mejilla camino a la puerta y marcho del lugar contrariada, casi mareada.

Paso a mercedes, paso a las meseras que parece que esperan que me despida y salgo del bar, Lucien está recargado en el auto leyendo un periódico a las luces de las farolas y la marquesina.

-Nos vamos-. Le digo, estoy agitada y él me frunce el ceño.
-Todo bien?-.
-No, vámonos-.

No pregunta más, me abre la puerta y cuando sube los dos estamos en silencio. No puedo explicar lo que siento, ni por qué lo siento, pero no me gusta cómo me acongoja. Lo estaba pasando bien, incluso con el juego que estábamos desarrollando, pero luego al verla todo se esfumó.

Ya no entiendo nada… no sé qué es lo que está pasando, no sé por qué está pasando, es un mal sueño? Estoy en coma? Sí, quizás esté en coma y esta vida alterna es una alucinación.

Cuando llegamos a casa bajo rápidamente del coche, ni siquiera atino a despedirme de Julien, corro a la entrada subo las escaleras y no me dirijo a mi habitación, sino a la de Brattany.

La muevo y no se despierta.

-Britt, pst, Britt-. Vuelvo a moverla con fuerza.
-Qué… qué pasa?-.
-Creo que la encontré-. Enciendo su luz.
-A quién? De qué me hablas?-.
-De Santana, creo que la encontré-. Se levanta rápidamente y se sienta recargando la espalda en la cabecera de la cama.
-Cómo?-. Esta asombrada y ahora completamente despierta.
-Fui al burdel que visito y… resulta que tengo a alguien para mí, alguien a quien solicitaba con frecuencia, yo no conozco a tu Santana, pero creo que es ella, tengo el presentimiento-.
-Te diste cuenta antes o después de acostarte con ella?-. Me estreso.
-Ese no es el punto, el punto es que creo que la he encontrado, no estás contenta por eso?-. Suspira.
-Sí y no… es una bailarina de cabaret Quinn-.
-Eso no importa-.
-Para esta familia sí importa-. Contesta.
-Calla, el viernes iremos a verla antes de marcharnos a la casa de campo, ahora vuelve a dormir-. Me levanto de la cama y camino a la puerta.
-Y si no es-.
-Pues entonces ya no tendrás de qué preocuparte-. Nos sonreímos y voy a mi habitación.

Cuando giro al pasillo Tynice me está esperando en una silla, dormida, con medio cuerpo colgado fuera.

-Tynice?-. Se sobresalta y despierta.
-Señorita Fabray…-.
-Quinn…-.
-Quinn perdone que me haya quedado dormida…-.
-Perdona…-. Interrumpo de nuevo.
-Pero ahora mismo le preparo la cama y su pijama-. Se levanta y camina a la habitación.
-Alto ahí Tynice!-. Sueno dura para que me ponga atención, pero no es mi intención regañarla. –Uno, soy Quinn, dos, háblame de: te hice, te dije, o sea háblame como le hablaras a una amiga o lo que sea, pero no tu jefa y tres, cuando llegue tarde no tienes por qué hacerme la cama y meterme en mis pijamas, comprendiste?-. Asiente como perro regañado –Ahora ve a tu cuarto y duerme, sólo duerme sin preocuparte por mis cosas, ok?-. Vuelve a asentir, pero no se mueve-Entonces ve-.

Camina rápido lejos de mi, baja las escaleras y yo entro por fin a mi habitación… Qué noche tan loca. Caigo rendida en mi cama y en cuanto toco la almohada, duermo.

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Los links tienen espacios para que los pueda postear, junten los espacios para que puedan abrirlos en su navegador. Espero que les guste Vagabond Opera y ojo, Emilie es mi novia, así que es mía mía míaaaaaa (porque Dianna es mi esposa, mía mía mía!) Con cariño. N.

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