Disclaimer: Honestamente, si fuera dueña de FMA, ¿de verdad creen que haría fanfics? La trama de esta historia pertenece a Miss Pringles (Kristall Blauw)
SOBRE UNA CHICA
Capítulo 3: Looking Up
Ya lo había decidido, había pensado mucho en ello (desde el día anterior, antes de que lo interrumpieran Ed y Winry, hasta la media noche) y le iba a dar una respuesta concreta a Ran Fan. No podía dejarla siempre con la incertidumbre sobre sus sentimientos, ni hacerle falsas ilusiones. Le dolía mucho tener que rechazarla, pero no había alguna otra opción, no al menos una en la que la llegara a herir demasiado.
Era hora de la salida y el timbre escolar marcó el final de la jornada; el montón de adolescentes se dirigieron hacia la puerta principal desordenadamente, como si sus vidas dependieran de ello y ni los prefectos o maestros podían hacer algo. Era como una horda de zombis, según las propias palabras de Ling, todos dirigiéndose hacia la pobre e inocente víctima. Bueno, podía ser entendible, era viernes.
Ya afuera del lugar y que todos estaban dispersados, comenzó a buscar con la mirada a su amiga, hasta que la encontró: estaba caminando y platicando con May, dirigiéndose, seguramente, hacia la parada del bus. Se acercó un poco a ellas y le tocó el hombro a la mayor de las pelinegras.
— Hola— las saludó, sonriendo.
Ambas le devolvieron el saludo, una más animada que la otra.
— May, ¿me permites a Ran Fan?— cuestionó él.
La menor volteó a ver su compañera, como pidiendo su consentimiento. ¿Habrían estado hablando del asunto que se traían ella y él? Prefirió no pensar en ello.
— Está bien— dijo May, encogiéndose de hombros—. De todos modos he quedado con Al para salir más tarde.
— Gracias, hermanita mía.
May detuvo su camino, giró sobre sus talones, claramente enfadada por el comentario anterior, no tenía derecho de hacerlo.
— ¡Te he dicho mil y un veces que no me llames así!
Ling soltó una carcajada por la actitud de ella. No cambiaba nunca.
La vieron alejarse un poco y el pelinegro ofreció con la cabeza a su compañera para que avanzaran.
— ¿A dónde vamos?— preguntó Ran Fan, sin mirarle directamente a los ojos.
— A la parada del bus, ¿no?... Sólo quería hacer un poco de tiempo y estar lo suficientemente lejos de May y del resto para decirte…— hizo una ligera pausa—… Ya sabes… lo del otro día.
Ella se detuvo, soltó ligero un suspiro, seguido de un ligero "Ah", como de quien no quiere la cosa.
— Mira, Ling, si es para decirme que no quieres nada conmigo, ahórrate tus palabras.
— Pero lo que quiero es que entiendas el por qué no.
Ran Fan sintió que una enorme piedra le caía en el estómago. No era lo mismo hacerse la idea a que te lo dijeran directamente; dolía incluso más de lo que esperaba e imaginaba. Se mantuvo callada, otorgándole que continuara y así lo hizo.
— Eres alguien muy especial para mí y la verdad es que no quisiera que por andar experimentando, nuestra relación acabara mal. Lo siento.
Paró y se puso enfrente de ella, quien aún mantenía la cabeza gacha. La escuchó soltar un pequeño hipido, ¿estaría apunto de llorar? Nunca había imaginado que la chica se rompiera con tanta facilidad. Quiso abrazarla, ¿sería muy cínico de su parte? No, él era su amigo y debía de consolarla; pasó sus brazos por la cintura de ella envolviéndola, su abrazo fue correspondido casi de inmediato.
La forma de llorar de Ran Fan era tan pasiva para él, no soltaba un solo sonido, simplemente temblaba de forma incontrolable y dejaba resbalar las lágrimas. Sintió un terrible remordimiento. Él no valía la pena, tanto como para hacer llorar a una chica que siempre había sido linda y amable.
La tomó del mentón y la obligó a mirarlo; sin pensarlo mucho la acercó un poco y le besó en la frente, dejándola pasmada. La soltó, pero sin dejar que se apartara demasiado. Sin duda alguna era la persona más cruel del universo.
— ¿Te puedo pedir algo?— cuestionó Ling, a lo que ella asintió, limpiándose las lágrimas con la manga de la camiseta escolar— No quiero que llores nunca por alguien que no vale absolutamente la pena. Mantén siempre la vista alzada, no quiero que la vuelvas a agachar como lo hacías hace unos momentos, ¿me lo prometes?— y le extendió el meñique de la mano derecha.
Ran Fan lo miró sin terminar de creer lo que acababa de escuchar. Observó con parsimonia el dedo que le ofrecían y dibujó una sonrisa triste; también extendió su meñique y lo unió con el otro, apretándolo.
— Sí, lo prometo.
OoOoOoOoOoOoO
May se miraba con detenimiento en el espejo. Quería lucir lo más bonita posible para su encuentro con Al. «Más bonita que Armony» pensó, pero se arrepintió de inmediato, sonaba demasiado egoísta.
El reflejo le mostraba ella misma, ya sin el uniforme, sino con una blusa de manga larga (porque comenzaba a hacer frío, estaban en otoño) rosa pastel, unos jeans "algo" ajustados y sus tenis. Había preferido soltar su cabello, el cual había quedado un poco ondulado por sus trencitas.
— Te pareces mucho a tu madre el día que la conocí— dijo alguien a sus espaldas, provocando que diera un respingo y se dio la vuelta.
— Muchas gracias, padre— respondió algo sonrojada.
Él entró a su habitación y se sentó en el borde de la cama. Le dio un par de palmaditas a la colcha, indicándole que se sentara ella también, a lo que la chica obedeció de inmediato.
— ¿Cómo les fue a Ling y a ti en la escuela?— ella soltó como siempre, un ligero "bien"— ¿Por qué no ha llegado tu hermano?
May se molestó un poco por la palabra en la que su padre se refería a Ling, pero prefirió no hacerlo notar.
Él no era, ni nunca sería su hermano. Sus respectivos padres (tanto los de ella como los de Ling) se habían divorciado y su padre simplemente se juntó con la señora Yao. Ni siquiera ante la ley eran hermanos, él mantenía el apellido de su progenitor y ella el del suyo.
— Se quedó platicando con Ran Fan, ¿si la ubicas?— él asintió con la cabeza.
— ¿Y se puede saber a dónde vas tan guapa?
Se volvió a sonrojar y comenzó a balbucear frases sin sentido. Cierto, se le había olvidado comentar a su padre al respecto, pero él siempre se encontraba trabajando, incluso le parecía sorprendente que estuviera ahí.
— Tenía planeado ir con Al a la fuente de sodas que está aquí a unas cuantas cuadras, ¿me dejas?— preguntó, poniendo ojos de corderito.
Su padre soltó una ligera carcajada y le revolvió el cabello.
— Muy bien, señorita, tiene mi permiso. No la retardo más.
May le dio un abrazo al autor de sus días en forma de agradecimiento. Tomó su bolso y salió de su habitación, bajando velozmente los peldaños de las escaleras. Le dio un "Al rato vengo" a su "mamá" y abrió la puerta principal.
— Gracias, no sabía que eras adivina— dijo Ling.
— Te dije que iba a salir— respondió pasando por un lado de él.
— Ah, cierto, entonces nos vemos.
May simplemente levantó la mano derecha, sin girarse a verlo. Y comenzó a correr, no por nada se había puesto calzado deportivo.
Tenía muchas ganas de ir con Al, después del incidente de ayer le parecía un milagro que todavía le hablara, pero no por eso iba a declinar la oferta que le había hecho sobre salir juntos, como buenos amigos que eran.
No tuvo que seguir corriendo por demasiado tiempo, pues como había dicho, el lugar de la cita quedaba cerca de su casa y llegó con asombrosa facilidad.
Agarró un poco de aire, intentando controlar su respiración y a su acelerado corazón, y atravesó la puerta del local. Al no divisar a Alphonse, decidió sentarse en la primera mesa que había encontrado.
Una mesera se le acercó en automático, dándole el la carta del menú y preguntándole qué iba a pedir; se limitó a ordenar una botella de agua, no quería empezar sin Al.
Pasaron unos minutos más y el chico no llegaba, comenzaba a desesperarse. Justo cuando creyó que la había plantado, lo vio entrar. El alma se le cayó a los pies cuando se dio cuenta de que no venía solo: estaba con Armony.
¿Cómo se suponía que seguiría insistiendo sobre que la pelirroja lo engañaba si estaba ella presente y podía poner a Al en su contra?
OoOoOoOoOoOoO
El sonido de algo golpeando contra su ventana la hizo desconcentrarse de sus deberes escolares, pero al girar al ver ésta, no encontró nada. Seguro eran imaginaciones suyas.
Siguió con la tarea y el sonido se repitió. Rodó los ojos fastidiada y se levantó de su escritorio para asomarse por el cristal. Y ahí estaba Roy, con un ramo de flores, aventando contra su ventana ¿piedritas? Decidió abrirla para que la escuchara mejor.
— ¿Qué demonios haces ahí abajo?— le gritó la rubia.
— "Canto al pie de tu ventana, pa' que sepas que te quiero, tú a mí no me quieres nada pero yo por ti me muero…"— comenzó Roy, cantando con una tonadita que a Riza se le hacía conocida.
— ¡Púdrete, Mustang!
Y acto seguido cerró con fuerza la ventana, haciendo que el cristal temblara un poco. Debía concentrarse de nuevo en sus deberes.
Escuchó que el timbre de la puerta principal sonaba, pero decidió ignorarlo y rezó con todas sus fuerzas que su padre hiciera lo mismo.
— Riza, te viene a buscar un tal Roy— se escuchó desde abajo.
Era oficial, quien quiera que estuviera allá arriba la detestaba, o por lo menos, no la quería.
De mala gana se volvió a levantar y salió de su habitación; bajó las escaleras con pereza, dio un pequeño "Gracias" a su padre y decidió enfrentar al pelinegro que se encontraba todavía en la puerta, recargado contra el marco de ésta con una mano y con la otra sujetaba el ramo de dalias.
— Hola— saludó el chico con un deje de sensualidad y ofreció las flores—. Vine a traerte esto.
— Ay, qué lindas, gracias— sonrió Riza en falsa muestra de gratitud, recibiéndolas.
— ¿En serio?— se sorprendió Roy.
— De verdad. Lástima que me las hubieras dado tú— remató ella, por lo que él resopló—. ¿Qué quieres?
— Nada más venía a verte, ¿no me vas a dejar pasar?
— Déjame pensarlo… No.
— Pe-pero.
— Dime, Roy, ¿qué parte de la frase "púdrete, Mustang", tu cabecita no comprendió?
Sin esperar respuesta alguna, le cerró de un portazo en las narices al pelinegro y tiró las dalias al cesto de la basura.
— ¿Por qué las tiras? Son muy bonitas— respingó el señor Hawkeye, juntando el manojo.
— Si tanto te gustan, te las regalo— respondió Riza subiendo de nuevo a su habitación.
Roy en tanto se iba con una enorme sonrisa en la cara. Adoraba que la rubia lo rechazara, nadie nunca se había opuesto tanto a él y eso la hacía sumamente atrayente. El conquistarla sería todo un reto y una aventura. Y a él le gustaban ambas cosas.
OoOoOoOoOoOoO
Winry, recostada boca arriba en la cama, miraba con aburrimiento el reloj de pared en la habitación de Ed. El leve tic-tac la iba a volver loca, pero no encontraba nada mejor que hacer. Edward mientras, hacía la tarea.
— No entiendo por qué hacer los deberes, si es viernes— soltó la rubia.
— Porque quiero estar todo mi fin de semana libre, sin tener que preocuparme por ellos.
Dejó que un pequeño bufido se escapara de sus labios. Él sí que era aburrido.
— No seas ingenuo, Ed, de todos modos sabemos que vas a estar el sábado o el domingo ayudándome con lo que no entienda.
— Pues entonces ponte a hacerla ahorita conmigo.
— Me da pereza.
Se puso de costado para poderlo mirar mejor. Le estaba dando la espalda a ella, recargado en su escritorio, con el lápiz en su boca.
— Oye, Ed— lo llamó y él se volteó— ¿Te estás dejando crecer el cabello?
El mayor de los Elric se sonrojó, el comentario lo había tomado por sorpresa. No esperaba que Winry se diera cuenta tan rápido. ¿Se notaba demasiado o ella se fijaba en él? Negó repetidamente en su mente. Seguro la chica estaba tan aburrida que lo había descubierto.
— Sí— respondió quedamente.
— ¿Por qué?
Otra vez lo había tomado de improvisto. Ni siquiera él mismo sabía la razón del por qué había tomado la decisión, simplemente le habían dado ganas.
— Porque quiero parecer estrella de rock— bromeó, pero Winry hizo una mueca de fastidio.
— Pues qué mal— él la miró, arqueando una ceja—. Me refiero a que está mal que lo quieras hacer para parecerte a alguien más. Entonces ya no serás Ed, y a mí me gusta Ed— la volvió a mirar inquisitivo, a lo que ella se sonrojó abruptamente—… No, o sea… no lo malinterpretes… Me refería a que me gusta que seas tú mismo.
Edward rio por lo bajo y soltó repetidamente varios "ya" en modo de comprensión. Se veía muy linda sonrojada, pero nunca se lo admitiría directamente.
— Me gusta como te está quedando— murmuró la chica.
—… Gracias, supongo.
Lalala~, bueno, en comparación con el anterior, este quedó más corto, pero bueh...
Gracias a "La Rockbell" y a Miss Pringles por sus reviews, jajajaja. Por lo menos el monstruo que vive debajo de mi cama subsistirá con esos pocos (y con los de mis otros fics, que si no, se muere de hambre).
En fin, nos leemos el próximo viernes.
