3.- Princesa.
La miro nuevamente intentando encontrar una respuesta a la duda que desde hace unos días tenía en la cabeza. No es como si le importara demasiado, pero le causaba curiosidad y para que Ryoma Echizen sintiese curiosidad en algo y no lo ignorara a los minutos es que realmente le había intrigado.
¿Qué era lo que le causaba tanta intriga? Sencillo, un mote. Así es, el príncipe se encontraba curioso por un sobrenombre. Aunque bueno, no era cualquier sobrenombre y no era una persona cualquiera quien era poseedor de este.
La chica de largas trenzas sentada frente a él era la dueña de tan curioso apodo.
Princesa.
Cuando lo escucho por primera vez –de boca de alguien quien ni se molesta en recordar− le había sorprendido un poco. Nunca había escuchado que llamasen a alguien así, menos aún espero que para referirse a la castaña.
No era de extrañar que le pusiesen un mote, todos recibían uno alguna vez en su vida, pero ¿Por qué princesa?
Pensó un poco en la posibilidad viendo que a fin de cuentas no se le ocurrían muchas razones.
Lo único que se le ocurría era que la apodaban así por ser la nieta de la entrenadora Sumire. También pensó que era por ser de las más allegadas al club de tenis masculino que según sabia era muy popular, aunque esta no le parecía con mucho sentido. Incluso llego a pensar que se referían a ella de esa forma por la actitud de la castaña, quien aun siendo tímida solía comportarse amable y cordial con los demás.
No se le ocurrían más explicaciones que esas.
Poco esperaba que el misterio tras el apodo de la chica tuviera lugar cuando ellos formalizaron su relación, convirtiéndose entonces en la princesa del príncipe del tenis.
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