Si, finalmente logré hacerlo. Subi una historia en este fandom, gracias una vez mas a Yunuen y su invaluable ayuda... Ahora vengo con el siguiente capitulo, y agradezco a todos por sus reviews, espero que les guste este capi.

Me disculpo por la tardanza, pero he tenido algunos detalles por ahi que resolver. Esta es solo una idea de como pudo hacer Yoshi para lidiar con la mutación y luego para adoptar cuatro inquietas tortuguitas. Espero que les guste.

DISCLAIMER: Las tortugas Ninja por desgracia no me pertenecen, pero mi corazon si les pertenece a ellos. Este fic es algo que salió de mi loca cabeza.

nota: algunos datos los investigué, y otros solo traté de acomodarlos, realmente no se como le hizo Yoshi para dar nombre a cada uno de los chicos, pero esta es mi idea.


Yoshi continuo caminando, la noche había caido, y al igual que sus niños, él también estaba cansado. El más pequeño, Miguel Angel, se había rehusado a caminar sentándose en la acera sollozando. Yoshi comprendía que estaba cansado, y lo levantó en los brazos, pero no bien lo hubo hecho, los otros tres lo rodearon levantando sus bracitos para que Yoshi también los cargara.

Yoshi sabia que si podía cargar a los cuatro niños, pero en ese momento estaba cansado, además, llevarlos en brazos le restaría agilidad y velocidad a sus movimientos en caso necesario.

Yoshi optó por sentarse en el callejón, procurando estar lejos de la vista de todo mundo. Yoshi se sentó con los tres niños mayores a su alrededor, mientras Miguel Angel continuaba en sus brazos. Sacó una botella de agua y les dio a todos de beber. Luego, se quedó pensativo afuera del local donde estaba. En otro tiempo ese local había sido un pequeño super mercado, pero la economía actual había provocado que cerrara. Sin embargo, aún había algunas cosas ahí y Yoshi pensó que podría utilizar algo. Sin embargo, fue su hijo Donatello quien le dio una idea, al encontrar un viejo carrito de supermercado que aun caminaba. Yoshi pensó que su problema de movilidad estaría resuelto.

Luego de colocar algunos pedazos de carton, la frazada que había sacado de su apartamento, la mochila y a las cuatro tortuguitas, Yoshi las cubrió con otros trozos de cartón para que no se viera a sus niños. Luego se puso un saco con capucha para cubrir su rostro, y pensó que de esta forma le sería mas fácil moverse en las calles.

Yoshi comenzó a caminar por las calles de Nueva York un poco más tranquilo. Hasta que llegó a un punto donde había algunos indigentes. Tratando de pasar desapercibido, Yoshi continuó caminando arrastrando su carrito, aparentemente lleno de basura, hasta que un hombre extraño y con pocos dientes se le puso enfrente.

-Hola, amigo, eres nuevo por aquí, ¿eh? – dijo el anciano, mientras Yoshi evitaba la mirada. – No te avergüences, esta economía cada vez hace que haya mas gente en las calles, solo una cosa, aquellas – señaló una pila de escombros al fondo –son mis cosas, no toques mis cosas, no te acerques a mis cosas y no veas mis cosas, no huelas mis cosas ni pienses en mis cosas y todo estará bien, ¿oiste? –

Yoshi no dijo nada, trató de seguir caminando, pero parecía que el hombre le miraba a la cara y estaba confundido. De repente, sin que pudiera evitarlo, los pequeños levantaron los pedazos de cartón y se asomaron. Yoshi les hizo una seña para que se callaran, pero al parecer los niños tenían todavía dificultades con el idioma, ya fuera porque eran muy pequeños o porque hasta hace unos días eran solo pequeñas tortugas. Yoshi los empujó de nuevo a su escondite. Sin embargo, el hombre los vio curioso, luego se dirigió al fondo, donde algunas personas habían encendido una fogata dentro de un tambo metálico.

-Oye, Susan – dijo el hombre tambaleándose - ese hombre tiene cara de rata y tiene cuatro pequeños niños verdes en su carrito –

Yoshi escuchó aquello sumamente nervioso, debía salir corriendo, pero algo le decía que tuviera paciencia.

-Earl, - gritó con fastidio la mujer llamada Susan - ¿Has estado comiendo los hongos que crecen cerca de tu refugio otra vez? –

-Si – contestó llanamente el indigente.

-Eso lo explica todo, no son reales, Earl, lo estás imaginando todo nuevamente –

-Oh, ustedes disculpen, niños verdes, señor Rata – Earl hizo una referencia y se fue a cuidar "sus cosas".-

Yoshi supo que debía salir de ahí. Enfrente había un edificio abandonado, Yoshi pensó que sería un buen lugar para pasar el resto de la noche, ya que comenzaba a hacer frio, y debían descansar.

Yoshi entró, el edificio tenía los muros llenos de grafitis callejeros, olia mal y había toda clase de desechos por doquier. Yoshi llevó a los niños por las escaleras, encontrando cada piso en igual de condiciones. Finalmente llegó a la azotea, improvisó un pequeño campamento con algunas lonas y varas que encontró, y luego de asegurar el acceso a la azotea, para no tener visitas inesperadas, logró encender una fogata, donde los pequeños podían calentarse. Finalmente se sentó, mientras Miguel Angel se acurrucaba en sus brazos, Donatello inspeccionaba el fuego de cerca, y Yoshi tuvo que detenerlo antes de que metiera sus manitas ahí y se hiciera daño. Luego tuvo que correr, pues Leonardo y Raphael miraban desde la orilla al suelo, y estaban a punto de caerse.

Afortunadamente los detuvo. Una vez todos alrededor de la fogata, Yoshi repartió las galletas y jugo que había logrado rescatar de su apartamento. Mirando las estrellas de la noche. Había muchos ruidos de patrullas a lo lejos. Yoshi escuchaba el sonido de disparos lejanos, autos a toda velocidad. Un helicóptero sobrevolaba la ciudad, y luego el ruido de personas justo debajo de ellos, al parecer el ultimo piso al fin había sido invadido por los pandilleros. No era seguro para sus niños. Yoshi no sabía que iba a hacer. Su vida se había complicado demasiado en los últimos días, debian encontrar un buen refugio y rápido.

Yoshi vio como los cuatro niños se quedaban dormidos, pero él no podría darse ese lujo, había ruido debajo de él, era cuestion de tiempo a que los pandilleros decidieran subir al tejado, asi que Yoshi vio un cobertizo al fondo y llevó a los cuatro niños ahí, luego bloqueó con toda clase de muebles viejos la puerta.

Lo hizo a tiempo, ya que un rato después un par de sujetos con un dragón púrpura tatuado en el hombro, subieron al tejado, bebieron un par de cervezas y luego regresaron con sus compañeros. Afortunadamente no se acercaron al escondite de Yoshi y los niños, tal vez ya lo habían inspeccionado y no encontraron nada que les llamara la atención. Como fuera, Yoshi agradeció que al menos esa noche la pasarían seguros, pero era importante buscar un nuevo refugio y pronto.

-o-o-o-o-o-o-o-o-o-

A la mañana siguiente, Yoshi se levantó cansado, no había dormido casi nada, y para colmo, escuchaba varias sirenas y las torretas de las patrullas se alcanzaban a ver de donde estaban. Al parecer, los pandilleros habían hecho algo y habían atraído la atención de la autoridad.

Los niños ya estaban despiertos. Donatello se entretenía golpeando en el suelo lo que parecía en algún momento fue un radio, Leonardo había trepado hasta un estante alto, seguido muy de cerca por Raphael, y algo le pasaba a Miguel Angel que no paraba de llorar esa mañana.

Yoshi los reunió a todos sus niños y luego de un momento, se dio cuenta de que Miguel Angel lloraba de hambre. El pequeño era mas gloton que sus hermanos, al parecer.

Luego de improvisar un escaso desayuno, Yoshi decidió dejar el refugio, pues temia que los policías no tardaran en llegar a donde estaba.

Salió al callejón con cuidado, bajó a los niños uno a uno, pero mientras bajaba al último, que era Donatello, escuchó algo que lo aterró. Un golpe seco y luego el llanto de uno de sus niños se oia lejano y con bastante eco.

-Oh, no - suspiró el mutante mientras depositaba al ultimo niño y corría en direccion del sonido.

A unos metros, estaban Raphael y Leonardo con rostro afligido mirando al interior de una alcantarilla. De ese agujero era de donde provenian los gritos y lamentos de Miguel Angel. Había una pequeña escalera, pero había algo más que le preocupaba, la policía estaba cerca,

-Vamos, niños, vamos por su hermano - dijo el hombre respirando profundamente, mientras comenzaba a meter a cada uno de los niños con cuidado. Los niños no tuvieron problema en comprender para que era la escalera, aunque tenían dificultades ya que sus extremidades no alcanzaban un peldaño y otro. Finalmente llegaron donde estaba Miguel Angel, el cual lloraba desconsolado.

Yoshi se acercó con cuidado y luego lo revisó para ver que no se hubiera lastimado. Afortunadamente el niño había caído sobre el caparazón y el daño era mínimo. Yoshi lo consoló como pudo, pero luego vio a su alrededor, estaban algunos metros debajo de la tierra, y aunque el lugar no era precisamente el mas higiénico, al menos estarían a salvo. Tal vez ahí podría encontrar su nuevo hogar.

continuará...


Gracias una vez mas por leer.

Saludis

Iukarey.