"LIFT ME UP"
CAPÍTULO 3
"PEQUEÑO AMOR"
Se levantó temprano el Sr. Beilsmchidt, tenía una mirada llena de alegría y de ilusión, de nuevo el amor estaba tocando la puerta de su ser, tomaba un poco de café en el comedor, miraba hacia su ventana admirando a la vida que le brindaba un día más de existencia. Sonrió solo, parecía un adolescente enamorado, justamente cuando su hijo Fabricio entraba y observó a su progenitor de esa forma, poco común en su padre, eso solo podría ser debido a una cosa, su papá estaba enamorado de nuevo, en vez de sentir rencor hacia él, estaba muy feliz de que tuviera otra vez un amor, así podía dejar de verlo con el semblante triste.
-Buenos días, hoy pareces muy feliz, sonríes solo-
Ludwig se sonrojo, el que su hijo le descubriera de tal forma le avergonzaba –Bueno, si estoy feliz.-
-¿Alguna razón en especial?- preguntó.
-No-
-Es extraño en ti, ¿puedo saber si esa alegría es ocasionada por encantos de alguna mujer?-
-No necesariamente, dime hijo, ¿cómo vas en la universidad?- cambió de tema rápidamente, evitando así más preguntas, no quería verse descubierto que estaba suspirando por los encantos de otro hombre, uno joven y nada más que el amigo de su hijo.
-Voy muy bien, tanto que iba a pedirte permiso de que me dejes ir una fiesta iría con Alfred, ya sabes, el no sale y necesita una novia, tu entiendes ¿verdad?-
Al oír "Alfred" frunció el entrecejo, los celos invadieron su cabeza, pero estaba limitado a opinar más de lo que debía, inclinó la cabeza, y tenía que inventarse algo o su pequeño nuevo amor seria llevado a fiestas de adolescentes donde corría el riesgo de perderlo -Sabes, últimamente tengo mucho trabajo y Alfred me ayuda mucho, así que no se si quiera el ir, en cuanto a ti, te daré el permiso, pues te lo has ganado...-
-Padre, déjalo ir, él es joven, necesita amigos, salir, divertirse, déjalo, así no voy solo, bueno, me tengo que ir, nos vemos, y no seas malo con él, dale descanso ese día- tomó sus cosas y se marchó.
El alemán se quedó mirando como su hijo se iba alejando, Alfred era joven, demasiado, y tan guapo que podría tener una novia linda, un temor inundo su cuerpo por un momento, imaginó por un instante que este quisiese salir con chicas de su edad, se angustió, su vida ya era él sin darse cuenta. Se terminó de alistar y fue a su auto, ahí ya estaba ese joven sonriendo como todos los días, de una forma tierna, enamorada y angelical. Abrió la puerta de su copiloto y este subió enseguida, bendecía el que sus cristales fueran polarizados y así el joven pudiera entregarle su beso matutino en la mejilla y él regresarle uno en los labios, ese rubor que llenaba el joven rostro de su pequeño amor, era maravilloso, apenas hace unos días formalmente se hicieron novios sin que nadie más lo supiese.
-Sabes, Fabricio me dijo que iba a invitarte a una fiesta de chicos de su edad, quiere conseguirte una novia, le inventé que teníamos mucho trabajo, pero el insistió en que te diera el día libre, ¿tú quieres ir?-
-Oh...jeje genial- dijo emocionado - Jamás he ido a una fiesta-
Aquella respuesta, no era algo que esperaba Ludwig – ¿De verdad deseas ir a la fiesta?-
-¡Claro!-
Al alemán no le quedo de otra que inclinar su vista y suspirar, si el joven quería ir, quien era el para negarle esa libertad, no podía evitarlo, Alfred era un joven y obviamente deseaba hacer cosas que hacen los chicos de su edad. Suspiro profundo, arranco el auto y se dirigió al trabajo. En todo el trayecto no dijo ninguna palabra, estaba serio, el más joven se dio cuenta, y justo antes de llegar hablo.
-¿Estas bien?-
-Ahh, si, por su puesto Alfred- lo dijo sin si quiera voltearlo a ver.
-No me mienta por favor, sé que no está bien, lo veo en sus ojos, ellos no me miran como siempre lo hace, eso significa que algo está mal- temeroso toco la pierna ajena – ¿Es por la fiesta verdad?-
-Mmm no… bueno-
-No iré-
-No Alfred, tienes que ir, entiendo que desees ir a estas, yo estoy viejo para esas cosas, tienes que conocer más personas- evitaba si quiera mirarle, estaba muy asustado de que fuese a conocer a alguien mejor, así que por ello no le daba los ojos, no quería que fuera a ver reflejado su miedo.
-¿Por qué estas así?- pregunto una angustiosa voz, tan dulce y temerosa a la vez, acompañada de una mirada azulina tristona –Ludwig…-
Al otro no le quedo de otra que decirle lo que sentía – Alfred…- Bajo su cabeza –En verdad tengo miedo de que conozcas en esa fiesta a alguien mejor que yo-
-No, eso no pasara, no pasara- tomo el rostro ajeno y lo encaró –Tú me gustas, si deseas estar más seguro no iré a la fiesta- sonrió, quería hacer sentir seguro al otro.
-Está bien Alfred, confió en ti- le dio un beso en los labios, le acomodo ese cabello escandaloso, tan lindo. Esa mágica sonrisa que le hacía sentir que nada malo pasaría, como cuando conoció a su mujer.
-Bajemos, ya están llegando los demás-
