¡Buenas!
Muchas gracias por esos maravilloso reviews y también a todos los que leéis el fic y también a los que lo añadís a vuestros favoritos.
Este capítulo es el más largo hasta ahora. Aparecerán nuevos personajes
Disfrutad de la lectura
Capitulo 3: Kazoku
-Es evidente que ellos son vuestros hijos, miradlos bien, se parecen demasiado a vosotros, además el chico os ha mostrado el sharingan. Sé que es difícil de creer, hasta a mí me cuesta creerlo, pero sin duda son vuestros hijos, los hijos que os robaron.
-¿Robaron? - preguntó Tasuki algo confuso
-Hace quince años nuestra aldea fue atacada y bueno os robaron, ellos sabían de quienes eráis hijos, pensamos que su objetivo era venderos – explicó Hinata.
En ese momento Sakura se levantó, se colocó al lado de Sasuke, el hombre la cogió de la cintura, ella le sonrió con mucha dulzura. Ambos miraron a sus hijos, no sabían que hacer, los dos jóvenes estaban en la misma situación.
-Venga, no seáis fríos y daros un abrazo de familia – dijo el Hokage muy feliz.
Al mismo tiempo y perfectamente coordinados Yakumo y Sasuke le dirigieron una mirada llena de molestia, una de esas miradas que solo los Uchiha eran capaces de lanzar. El rubio se sintió un poco incómodo pero no demasiado, él estaba acostumbrado a ese tipo de miradas, las recibía casi a diario. La familia Uchiha volvió a mirarse, la mirada de Tasuki y la de Sakura estaban llenas de felicidad, en cambio en los ojos de los otros dos miembros parecía que no había nada, aunque se sabía que algo habría ¿el qué? Quién sabe. Sakura se armó de valor y abrazó al chico, ella necesitaba ese abrazo y él también, por eso también la abrazó. Naruto y Hinata miraban la escena, a ambos les parecía muy tierna. Sasuke sonrió, su mujer se veía radiante, llena de felicidad. La joven de Kumo también sonrió al ver la escena, sabía que su hermano era muy cariñoso y necesitaba mucho cariño, por desgracia ella no podía darle el cariño que necesitaba, por eso se alegraba de que él hubiese encontrado a alguien que se lo pudiese dar.
Ellos se separaron, la mujer miró dubitativa a la joven y Tasuki miró a su hermana como advirtiéndola de que no hiciese nada que pareciese borde. La chica se adelantó a Sakura y le tendió la mano.
-Yo no soy tan cariñosa como mi hermano, no tomes mi gesto a malas pero es que yo soy así – se explicó ella.
-Tranquila estoy acostumbrada a la gente poco cariñosa – y la mujer miró a su marido de reojo.
Naruto soltó una carcajada, sin duda esa niña era como Sasuke. Sakura tomó la mano de la chica, Yakumo era un poco más alta que Sakura, pero aún así las miradas de las dos estaban casi a la misma altura, sus ojos se encontraron y la joven de pelo rosa se vio abrazada por la mirada de su madre. Tasuki y Sasuke también se dieron la mano, el chico de ojos verdes era unos quince centímetros más bajo que su progenitor, por lo que el chico tuvo que alzar la mirada, el chico se estremeció, los ojos de su padre eran muy parecidos a los de su hermana aunque había menos odio y dolor. De un momento a otro Yakumo se encontró enfrente del hombre moreno con el que compartía la mitad de sus genes, la chica era unos cinco centímetros más bajita que su hermano, por lo que ella tuvo que alzar aún más la mirada. Los ojos de la chica que eran de un verde que casi parecía negro se encontraron con los negros de su padre. Ellos se dieron la mano, la chica se sorprendió al sentir una gran calidez al mirar al hombre a los ojos. Sasuke se sorprendió mucho al ver lo que reflejaban los ojos de su hija, en aquel momento estaban llenos de paz pero se notaba que su alma estaba llena de odio y dolor.
-¿Y qué vais a hacer ahora? - preguntó Naruto.
Los dos jóvenes se miraron algo confusos, en realidad no lo habían pesado, sólo deseaban conocer a sus padres. Sakura se dio cuenta de que sus hijos no sabían que hacer así que decidió tomar ella la iniciativa.
-Os voy a proponer algo – todos la miraron – Quedaos durante un tiempo aquí para que podamos conocernos mejor, y cuando queráis os podréis marchar.
Los adolescentes se miraron y asintieron con la cabeza, se notaba que se entendían a la perfección.
-Estamos de acuerdo, pero suponemos que habrá que consultarlo con el Raikage.
-¿Nos podemos quedar por lo menos hasta que acaben los exámenes de ascenso a jounin? - preguntó la chica.
-¡Por supuesto! - exclamó Sakura.
La mujer estaba feliz, aún quedaban unos meses para ese examen y oír esas palabras por parte de la chica le dieron la esperanza de porder conocer a sus hijos. Por su parte la chica tenía pensamientos algo diferentes, deseaba conocer a sus padres biológicos, era algo que necesitaba. También sabía que su maestro se molestaría si pasaba mucho tiempo fuera de la aldea, pero no tenía otra opción. Se quedaría en Konoha el tiempo que fuese necesario, siempre y cuando su hermano también se quedase.
-Bien, ahora será mejor que vengáis con nosotros a casa – habló Sasuke.
Los cuatro se despidieron del Hokage y de Hinata y emprendieron el camino al barrio Uchiha. Naruto y su esposa sonrieron, sabían que sus amigos eran muy felices en esos momentos, ellos ya habían perdido la esperanza de encontrar a su hijos y ahora de repente eran ellos los que encontraban a sus padres. Esos dos jóvenes le parecieron muy interesantes al Hokage, sabía que harían que varias cosas pasaran en la villa.
-Ey, tú – Naruto oyó esa voz dentro de él.
-¿Qué quieres zorro? - preguntó el Uzumaki a la bestia que había en su interior.
Después de dominar al kyubi, la bestia de nueve colas solía hablar de vez en cuando con el rubio, después de tantos años juntos por fin se habían acostumbrado a la presencia del otro.
-El chacra de esa niña... - el kyubi no acabó la frase.
-¿Estás seguro? - preguntó el Hokage desconcertado.
-La próxima vez que la veáis dile a tu esposa que use el byakugan.
Y el zorro se calló, el hombre suspiró, ahora las cosas se estaban complicando más de lo que deberían.
-¿Naruto? - preguntó Hinata, su voz estaba llena de dulzura.
-Hinata – y sin decir nada más la abrazó.
La mujer abrazó con fuerza a su marido, Naruto agachó la cabeza para recostarla en el hombro de ella, ella acarició su cabello. El Hokage no sabía que haría sin su mujer, en esos momentos él estaba muy preocupado, sabía que el momento se acercaba pero nunca se esperó que una Uchiha también lo fuera. Le dolía mucho la cabeza, a veces las preocupaciones podían con él y la única forma de superarlas era sentir el apoyo de su dulce esposa.
-Hina, te quiero.
Las palabras del hombre consiguieron que ella se sonrojara, daba igual que llevasen más de veinte años juntos, ella seguía sonrojándose cuando su marido le decía palabras llenas de amor. Ella le dio un beso en la frente y sonrió. Nadie podía dudar del amor que había entre el matrimonio, muchos decían que eran la pareja perfecta, se amaban, se comprendían y era muy raro verlos discutir.
En el campo de entrenamiento número ocho se encontraban entrenando una chica de pelo rosa y ojos negros, la joven llevaba una camiseta rosa que le llegaba por la cintura y debajo una camiseta de malla, luna falda unos diez centímetros por encima de las rodillas de color negro y unas botas rojas. La chica estaba practicando técnicas de doton y al parecer se le daban bastante bien.
-Hola plana – saludó Kimiko al ver a su amiga-rival.
-¿Qué has dicho, perra? – preguntó la chica muy enfadada.
-¡Tabla de planchar no me llames perra! – gritó Kimiko con todas sus fuerzas.
-Tsunade, Kimiko no empecéis otra vez – dijo una chica.
La joven acababa de llegar, había quedado ahí con sus amigas ¿y qué se encontraba? A dos de ellas discutiendo como dos niñas pequeñas.
El pelo de esa chica era color chocolate, lo tenía recogido en dos coletas, sus ojos eran de color perla y llevaba una camiseta de media manga de color rosa con detalles blancos y unos pantalones largos de color negro, las típicas sandalias ninjas y numerosas espadas en su espalda.
La joven de cabello rosa, que se llamaba Tsunade, y Kimiko le dirigieron una mirada llena de odio y enfado a la chica mientras decían o mejor dicho gritaban: No te entrometas, Akiko.
-¿No vas a hacer algo Hikari? – preguntó la joven de ojos color perla.
El nombre de la chica era Akiko. La joven se sentó al lado de la cuarta persona que había en el campo de entrenamiento y esa no era otra que Hikari, ella estaba tumbada bajo la sombra de un árbol y miraba la escena con cara aburrida. Ese tipo de situaciones sucedían demasiado a diarion como para que le importasen demasiado.
-Solo sería perder el tiempo – murmuró Hikari.
-Hikari tiene razón aunque Tsunade es mayor que Kimiko cuando se pelean parecen dos niñas de 5 años - pensó Akiko mientras observaba a sus amigas pelearse.
Las chicas se conocían desde que eran niñas, ya que sus padres eran amigos, la mayor de ellas era Tsunade que tenía 18 años, su nombre se lo puse la Gondaime, la cual era su madrina. La mujer dijo que quería que quedase algo después de ella muriese, aunque fuese una joven con su mismo nombre. Y sin duda la joven Tsunade hacía honor a su nombre, no sólo era una excelente ninja médico si no que también tenía un carácter tan terrible como su madrina. Akiko no podía recordar cuando comenzaron a pelearse Kimiko y Tsunade, tal vez empezaron a pelearse cuando eran tan pequeñas que ya ninguna recordaba cuando empezó esa extraña relación de amistad rivalidad.
Por otro lado, la familia Uchiha ya había llegado al barrio que les pertenecía. Ambos jóvenes habían oído sobre la historia de ese clan, sabían que hacía ya muchos años fue aniquilando quedando sólo un sobreviviente. Por eso no se extrañaron al ver que el barrio estaba totalmente vacío se dieron cuenta de que algunas de las casas habían sido reparadas hacía poco o lo estaban siendo en ese momento. Caminaron un poco y enseguida llegaron a su mansión, les gustó que la casa fuese tan grande y tuviese ese enorme jardín, ya que, ellos habían pasado su infancia en una casa muy parecida. Entraron a la mansión. Sakura se paró y se giró para mirar a sus hijos.
-Acompañadme, os enseñaré la casa y vuestras habitaciones.
Los adolescentes asintieron y siguieron a su progenitora, primero les enseñó la cocina, la cual era muy amplia y tenía como un ventanal que daba al salón, era un ventanal sin cristal, tenía una ventana que daba a la parte delantera de la casa, luego les mostró el salón, era muy amplio, tenía tres sofás y dos sillones, una mesa grande y algunos cuadros, después fueron la biblioteca, la cual era enorme, tenía muchas estanterías, aunque no todas estaban llenas, además tenía algunos sillones que parecían muy cómodos y mesas grandes con sillas, lo siguiente que vieron fue el comedor, ella les explicó que de normal comían en la cocina, allí había un mesa simple con seis sillas. Después de ver la primera planta en la que también había un baño y por supuesto el largo pasillo, subieron al segundo piso, allí habían siete puertas, seis de ellas eran las habitaciones, la séptima era una puerta que daba a un pequeño templo, la mujer les explicó que era un lugar para meditar, allí había una escalera que daba a la buhardilla. Sakura les indicó que nada más subir las escaleras, la primera habitación era la suya y la de Sasuke, la siguiente estaba vacía, la de al lado era la de su hija mayor, las dos siguientes también estaban vacías y la última era la de su hijo pequeño. La mujer abrió la puerta de la penúltima habitación.
-Esta es una de las dos habitaciones, echarle un vistazo a ver si os gusta a alguno de los dos – indicó con una amable sonrisa en su rostro.
Yakumo y Tasuki asintieron y entraron, la habitación era muy amplia, había un enorme armario que parecía antiguo, un escritorio de madera vieja, la cama era grande, pero lo que más destacaba en la habitación era la ventana que daba al hermoso jardín trasero, desde la ventana se podía ver el resto del barrio Uchiha, en el cuarto también había un baño.
-A mí me gusta mucho, creo que me quedaré con esta – dijo Tasuki con una sonrisa sincera.
-Bien, pues entonces quédate colocando tus cosas mientras yo le enseño su habitación a Yakumo – le dijo Sakura saliendo de la habitación con Yakumo.
-Yakumo está muy tranquila parece que Sakura tiene ese efecto en ella - pensó Tasuki.
La mujer abrió la puerta de la siguiente habitación, ese cuarto daba al lateral derecho de la casa.
Ese cuarto también era muy sencillo, idéntico al que había elegido Tasuki excepto por que la ventana era mucho más grande y además en la repisa de dentro tenía un espacio blando, de color negro. Desde ahí se podía ver el camino principal del barrio además de gran parte de la villa y de lejos las cabezas de los Hokages. A la chica le gustó ese cuarto.
-Me gusta este.
–Te dejo para que te organices tus cosas, te espero en la planta de abajo – habló Sakura amablemente.
-Parece que los Uchiha son buenas persona– pensó Yakumo
La chica guardo la ropa que llevaba en la mochila en el armario, metió los pergaminos en los cajones de su escritorio y dejó un par de libros en la estantería, tiró la mochila en el suelo, al lado de la cama. La joven se sentó en la repisa de dentro de la ventana y contempló el vacío barrio, esa visión le hacía sentirse inquieta, después poso su mirada en el resto de la aldea y por fin en la cabezas de los Hokages. Se le hacía tan extraño estar en ese lugar, todo era muy diferente, pero no le asustaba, esa aldea le producía curiosidad.
Mientras tanto en el bosque que rodeaba a Konoha se encontraban dos adolescentes de unos trece años, eran un chico y una chica, al parecer ambos estaban entrenando.
-Obito-teme, ¿por qué no descansas un poco? – preguntó la chica.
Era pelirroja y tenía el pelo corto, sus ojos eran de un azul tan claro que parecían blancos, parecía bajita y su piel era muy blanca. Llevaba una chaqueta lila con el símbolo del ying-yang en la espalda, unos pantalones de color negro que le llegaban unos cinco centímetros por debajo de las rodillas y unas sandalias. La chica estaba sentada en el suelo, con las piernas cruzadas, jugaba con un kunai, al parecer estaba descansando después de estar entrenando.
-Kyoko, sabes que tengo que desarrollar más el sharingan – dijo Obito.
El pelo del chico era negro con reflejos morados, su peinado era rebelde y un poco largo y sus ojos era de un profundo color negro. Llevaba una camiseta de manga corta de color azul oscuro con el símbolo de los Uchiha en la espalda y unos pantalones blancos que le llegaban por debajo de las rodillas, unas sandalias azul oscuro, también llevaba unos guantes rojos que dejaban libres sus dedos..
-Desde que empezamos la academia Obito se ha entrenado de forma muy dura para superar a su hermana, no le entiendo, yo también me esfuerzo mucho para hacerme más fuerte pero no es solo para superar a mis hermanos ni por mi clan, es porque yo quiero ser más fuerte y ser reconocida por todos – pensó Kyoko.
La chica pensaba todo eso mientras observaba a su amigo usar técnica del elemento fuego. La chica estaba muy preocupada por su amigo, lo apreciaba mucho y no quería que se entrenase por razones que para ella no tenían importancia.
-Tengo que superarla, quiero que mi padre este orgulloso de mí como lo está de Tsunade – pensabael chico.
Segundos después una gran bola de fuego salió de su boca, la bola impactó contra un árbol y lo quemó. Sonrió de forma arrogante al ver que su técnica había mejorado, su amiga solamente suspiró al ver el modo en el que sonreía, ella sabía que su amigo no era arrogante como su padre o su hermana, pero al parecer el chico estaba cambiando, era normal después de todo estaban en edad de cambiar mucho ¿pero tanto? Ella sólo negó con la cabeza y le lanzó el kunai a su amigo, el lo esquivó pero no del todo porque el arma le había rozado la mejilla, lo que provocó que saliese un hilillo de sangre. Él se lo limpió y miró mal a su amiga, ella sólo sonrió de una forma que solo su familia era capaz.
En la mansión de la familia del Hokage estaban tres de sus cinco miembros esperando a los dos que faltaban para comer. Hinata Hyuga no renunció a su apellido pero sí a ponérselo a sus hijos, el día en el que se casó con Naruto decidió cederle el puesto de líder de su clan a su hermana menor, sabía que ella era la mejor opción, y hasta ahora su hermana había hecho un buen trabajo.
-Nuestro padre y la enana tardan mucho – se quejó un chico.
El chico que acababa de hablar era rubio con el pelo despeinado y corto, tenía los ojos color zafiro y su piel era morena. Llevaba unos pantalones negros y una camiseta naranja de manga corta. Estaba sentado en una silla esperando a su padre y a su hermana para poder comer de una vez. Ese joven era muy parecido a su padre, pero no sólo físicamente, muchos decían que él era el que más sangre de su padre había sacado, pero el chico era algo distinto a su padre, era más inteligente y menos inocente. Él era el mediano de la familia Uzumaki, él heredó el byakugan de su madre pero de los tres hermanos era el que lo tenía más débil, pero no le importaba, el chico se había especializado en un tipo de combate en el que a penas necesitaba esa técnica.
-Papá está atendiendo algunos asuntos ninjas y seguramente Kyoko esté entrenando con el hijo de Sasuke y Sakura – dijo Jiraiya.
Jiraiya era el primogénito de la familia Uzumaki, él había sacado el mismo color de ojos que su padre aunque algo más claros, su color de pelo era como el de su madre pero su peinado era idéntico al del Hokage, su piel era tan blanca con la de su madre. El mayor de los hermanos Uzumaki, el chico tenía la sonrisa de su padre y en ocasiones se comportaba de una manera muy parecida a la de él, cuando era niño su personalidad era como la de su madre, pero ahora que ya era mayor había dejado atrás su timidez, la cual sólo salía a la luz en contadas ocasiones, y era un muchacho gracioso, inteligente, responsable, con una gran confianza y que era serio cuando la ocasión lo requería. Muchos aseguraban que Jiraiya era muy parecido a su abuelo Minato. Lo único que tenían en común los dos hermanos eran sus bromas, su confianza y que ambos eran muy pervertidos.
-¿Por qué tiene que pasar tanto tiempo con ese mocoso? – preguntó el menor con molestia.
-¿Tienes celos de Obito, Arata? – preguntó Hinata a su segundo hijo.
-¡Yo no estoy celoso de ese niñato! – exclamó Arata mientras se sonrojaba.
Jiraiya y Hinata miraron al chico con una pequeña sonrisa dibujada en sus rostros. Aunque él y la menor de los hermanos pelearan mucho su madre y su hermanos mayor sabían que en el fondo se querían mucho y los celos de Arata mostraban que en verdad quería mucho a su hermana y que además quería protegerla. Si había una persona que él no soportase en toda la aldea ese era sin duda Obito Uchiha, amigo y compañero de su hermana, el cual desde su punto de vista estaba demasiado cerca de su pequeña hermana. Él podía fastidiarla y hacerla de rabiar pero no dejaría que nadie le tocase un pelo al tesoro de la familia.
-¡Hola mi querida familia! – gritó Naruto entrando por la puerta.
Su esposa sonrió al verlo y fue a su encuentro, el matrimonio se fundió en un abrazo y después se besaron, sus hijos pusieron cara de asco. La mujer se separó de su marido y caminó hacia la cocina, pero la cara de sus hijos hizo que se detuviese un momento, miró a su marido y entonces entendió sus caras, Naruto corría a cámara lenta, con los brazos extendidos y una gran sonrisa, sus hijos, caminaron hacia atrás, intentando huir. Esa era sin duda una escena muy extraña, pero bastante típica en esa casa.
Entonces la puerta principal de la mansión se abrió de golpe dejando ver a una niña bajita con el pelo rojo y los ojos azules muy claros. La chica observó a su familia extrañada pero no le dio demasiada importancia, estaba acostumbrada a ese tipo de cosas.
-Perdón es que no me di cuenta de la hora – se disculpó Kyoko.
-Mi hija querida – dijo Naruto.
Y corrió en dirección a su hija pequeña, la chica puso mala cara, y golpeó a su madre con el puño suave de los Hyuga y después saltó hasta el segundo piso. Eso dejó a toda su familia muy sorprendida.
-Lo siento, padre. Voy a lavarme las manos y bajo a comer – dijo la chica ya en el pasillo del segundo piso.
-Esta niña cada día me sorprende más – murmuró el Hokage.
Si Tsunade hubiese visto esa escena habría dicho que esa niña era la viva imagen de Kushina Uzumaki, no sólo por su pelo rojo si no por la forma que tenía de actuar. Hinata sonrió, su hija estaba haciéndose mayor pero parecía que su marido no se daba cuenta de ello, tal vez el motivo era el miedo que tenía a que ella creciese. La pequeña Kyoko ya no era tan pequeña y eso implicaba que el momento del despertar no tardaría mucho en llegar.
Muchas gracias por leer ^^
Espero que os haya gustado.
En el próximo capítulo pondré unas mini fichas con datos generales sobre los personajes d ela nueva generación
Nos leemos =)
