Ribon Noir
La reina salió de la pequeña sala con su escolta al gran salón donde recibirían a los nobles ingleses. Louis Francois miraba a cada uno de los nobles ahí reunidos y su vista se fijó en alguien específico, su padre estaba ahí ofreciéndole a una joven mujer su brazo para recibir a los visitantes.
No le sorprendió de la conducta de su padre al verlo con otra mujer que no era su madre y de seguro sería otra de sus tantas amantes.
No le miró pero él sabía que ella estaba ahí y que lo estaba observando.
Al ver a su majestad entrar, los otros nobles hicieron una reverencia y abrieron el paso para que ella se pudiera sentar junto a su esposo: el rey Louis XVI. Louis Francois y Oscar se pararon detrás del trono de su majestad la reina y esperaron pacientemente la llegada de los invitados.
La excitación por ver a los invitados ingleses creaba polémica en ese gran salón del palacio de Versalles, provocando diversos comentarios de los dos visitantes y del porqué fueron invitados por el ya agonisante duque de Farvras.
Lord Roy Mustang miraba distraído por la ventana del lujoso carruaje que lo llevaba al palacio de Versalles mientras la gente lo saludaba dando vítores de alegría; a pesar de su tristeza, Lord Mustang sonreía de vez en cuando para no desalentar a los amistosos franceses que lo recibían con los brazos abiertos.
Sir Maes Hugues que estaba al frente de él lo miraba sin tener la menor idea que decirle para sacarlo de ese mundo suyo creado desde la muerte de sus padres. Desde niño, Roy estuvo muy pegado a ellos y en especial a su madre, pues su padre tenía mucho trabajo viajando hasta el Caribe para vigilar sus tierras y ver que todo iba en orden por unos seis meses cada año con ayuda de Joseph Havoc, el padre Jean otro amigo de Roy pero no tan cercano como Maes.
Sir Hugues suspiró, él también se sentía triste pues él también le debía muco a Lady Mustang, ella fue quien le presentó a Gracia, su esposa.
Esto era estresante, él era su mejor amigo y no tenía idea sobre que decirle para que mejore ese ánimo de perros, a decir verdad nada lo mejoraría hasta dentro de buen tiempo pero debía de hacer algo, no podía dejarlo que se presente ante los reyes de Francia con esa cara sabiendo que el Roy Mustang que conocía no lo haría.
-Roy
-...
-Roy
-...
-¡Roy!
-¿Hm¿Qué sucede Maes¿Ya llegamos?
-Si hombre y será mejor que cambies ese aspecto ensombrecido que tienes, al menos hasta que estés solo.
-Tus padres no han muerto Maes, será mejor que no comentes.
-Es cierto pero no es correcto que aparezcas con ese rostro medio muerto ante una sociedad nueva y peor si es francesa.
-No es simple Maes.
-No muestres tu mejor rostro pero al menos no ese que crea lastima.
No quería decirle eso pero a Maes no se le ocurría otra cosa, se sentía mal al decirle eso a Roy pero era por su bien.
Un lacayo abrió la lujosa puerta de la carroza que estaba estacionada al frente de la gran puerta principal del palacio.
Sir Maes se sorprendió de la magnificencia de aquel palacio. Estaba seguro que Roy hubiera hecho lo mismo pero conociéndolo, estaría demasiado inmerso a su dolor que a la magnificencia del lugar y no lo culpaba.
-¿Roy?
-Tranquilo Maes.
Las grandes puertas fueron abiertas.
Los ingleses entraron al salón lleno de opulencia, los nobles franceses abrieron el paso mientras hacían reverencias mientras pasaban ente ellos hasta llegar al trono de los reyes. Los dos reyes se pararon y se acercaron a los ingleses que los saludaron con una reverencia. Detrás de ellos su guardia: Oscar y Louis se acercaron a una distancia prudente. Hicieron también un saludo.
-Es un placer recibirlos, caballeros, mi esposa, la reina Maria Antonieta y yo os damos la bienvenida.
-El placer es nuestro, majestades. Permítanme presentarme, Sir Maes Hugues a su servicio.
Sir Hugues tenía un rostro amable y juguetón, de tez clara y ojos verdes claros, era alto, muy alto, tenía los cabellos negros. Al saludar a los reyes lo hizo con una pequeña sonrisa pero Louis estaba segura que si le hubieran contado un chiste, esa sonrisa demostraría su verdadero tamaño. Parecía un tipo bueno y agradable y en sí lo era.
-Majestades soy Lord Roy Mustang, sobrino del –Roy quiso decir agonizante- duque de Farvras.
-Un placer Lord Mustang –dijo la reina complacida de la imagen que tenía delante de ella pues tenía que admitir que Lord Mustang si era apuesto y vaya que lo era.
-El placer es mío majestad.
Lord Mustang era un poco más bajo que Sir Hugues pero el hombre era extremadamente atractivo, él también tenía el cabello negro y a diferencia de Sir Hugues, su cabello era negro azabache, sus ojos oscuros, muy oscuros combinaban con su cabello que parecían unas mechas sedosas y era lo más probable, sus labios tersos y tan deseables. Seguro que su cuerpo sería igual de impresionante que su apuesto rostro entristecido de seguro por la futura muerte de su tío.
La dama más joven de la reina dio un pequeño suspiro a ver a Lord Mustang y este a verla tan sonrojada solo le sonrió, un poco más y la inocente niña sufre un desmayo.
La reina dio la señal para tocar el minuet para que empiece la celebración de bienvenida a los visitantes.
Lord Mustang tenía la mirada perdida en algún lugar del maravilloso jardín de Versalles recordando sus difuntos padres, muertos en las frías aguas del Atlántico hace algunas semanas. La noche era reconfortante para su atormentada alma. El sentimiento de culpa no se iría.
La noche parisina le ofrecía unas hermosas estrellas que observar, un cielo azul oscuro que admirar y una hermosa luna dorada que alumbraba el jardín que tenía por vista dándole un toque místico al lugar. Perfecto para los encuentros.
Lord Mustang seguía perdido en sus pensamientos que lo llevaban a las costas de Inglaterra y a sus días de felicidad al lado de sus padres. Él era muy apegado a ellos. A su madre que la quería más que a ninguna otra mujer. Su madre, esa mujer fuerte y tierna a la misma vez, la recordaba tanto. Su madre.
Recordó a su tío, aquel que solo conocía de nombre, estaba medio muerto mientras todo Versalles le recibía con un baile. No se indigno de que aquellos nobles se olvidaran del agonizante duque si había una excusa para realizar un baile donde los siete pecados capitales reinaban con todo esplendor. Orgullo, al vanagloriarse de las nuevas modas, de las tierras, de las joyas, de los títulos, de todo; codicia, al desear nuevos títulos, mas dinero, más influencias; ira, al odiar a los vanidosos, envidia, querer tener lo mejor y arrancárselo a los que lo tienen; pereza, a pesar de sus obligaciones morales prefieren seguir divirtiéndose en los bailes en ves de mejorar su país; lujuria, aprovechar la ocasión para satisfacer su deseos carnales con la mujer o el hombre de otra persona y gula, comer y beber hasta hartarse sin importarle el pueblo.
Recordó a una persona que Salía de las características mencionadas. Esa persona estaba en la guardia real, el joven marques de Lussac.
En la fiesta, el marques estaba en una esquina observando a todos los invitados que se acercaban a su majestad mientras su superior Oscar de Jarjayes estaba cerca de la reina previniendo cualquier ataque de cerca.
Estaba bastante aburrido en la fiesta y tenía la mirada perdida mientras su amigo, Maes, socializaba con algunas damas de la corte hablando de su tema favorito: sus hijos. A lord Mustang le pareció cómico que su amigo no desperdicie ninguna oportunidad para hablar de su maravillosa familia: Lady Gracia Hugues y su hija Elysia Hugues. El joven Lussac tenía la mirada vacía, se le notaba el aburrimiento y parecía un niño escuchando una aburrida conversación de mayores. Se disculpo con su amigo y con sus acompañantes para ver de cerca al joven Lussac que lo atraía con su simple forma de pararse: apoyado en una columna con los brazos cruzados sobre su pecho, su cabello rubio recogido en una cinta blanca de terciopelo, su mirada roja como el fuego fija en su majestad. Su rostro perfecto con unos labios muy carnosos y rojos para ser de un muchacho, las delicadas líneas de sus cejas y el misticismo de esas pestañas que combinadas con sus ojos rojos podían seducir a cualquier damisela. Parecía muy joven, tal ves unos 19 o 20 años no más. No entendía como el joven Lussac podía atraerle de esa manera, tal vez era solo la impresión. Se rió, si el joven Lussac se vestiría de mujer cualquiera lo creería.
Si cualquiera.
Unas damas de la corte rodearon a Lord Mustang para entablar una conversación. A pesar de que tenía las respuestas adecuadas y parecía interesado, Lord Mustang se aburría de aquellas mujeres, típicas, preocupadas en la moda y en conseguir un buen partido para desposarse y por lo visto todas le consideraron el partido perfecto: rico, apuesto, con influencias en Francia e Inglaterra y muy entretenido. Al no soportar más las tonterías de aquellas mujeres, pidió permiso y se dirigió a hablar con el joven Lussac.
-Por lo visto no soy el único que se aburre –dijo Lord Mustang.
-Eso parece milord, pero debería estar divirtiéndose, este baile fue organizado para vos. (N. A: Vos es igual que usted pero "usted" se empezó a usar mucho después de esta época, el siglo XVIII)
-Y lo agradezco, sin embargo las circunstancias no me permiten divertirme.
El joven lo miró.
-Soy Louis Francois de Lussac, comandante de la guardia imperial.
-Un placer marques, a pesar de que ya sabe mi nombre me gustaría volver a presentarme. Soy Lord Roy Mustang.
-El placer es mió milord.
-Parece muy joven para estar en la guardia¿Cuántos años tiene marques¿19, 20?
-No milord –dijo con una sonrisa- tengo 27 años.
-Me siento mal marques, cualquiera diría que lo estoy fastidiando disculpadme. (N. A: la conjugación también es diferente, lo pondría como la conjugación de ahora pero quiero darle veracidad, desde los sentimientos, las formas de actuar, entre otras cosas hasta las palabras.)
-No se preocupe milord, nadie es perfecto.
-Sí, nadie.
Desde su repentina charla con el joven marques, Lord Mustang se sintió mejor, por unos momentos olvido el tormento de su alma al no viajar con sus padres. Admitió que el joven marques era muy agradable y su presencia reconfortante. Si él hubiera sido una mujer, se hubiera enamorado del joven marques, y si él joven fuera una mujer, Lord Mustang se habría enamorado de ella.
El era muy reservado al igual que su padre, pero lord Mustang estaba seguro que el joven marques sería tan alegre como su madre a pesar de la tranquilidad y dureza que le veía en palacio.
A lo lejos se veía otro palacio y a lord Mustang le dio la impresión de que alguien miraba el palacio de Versalles donde estaba hospedado. Podía jurar que ese palacio era del joven marques.
Lord Mustang se rió de sí mismo. Un poco más y parecería un joven enamorado, enamorado de un hombre.
Louis estaba apoyada en el marco de la ventana de su habitación mientras observaba el palacio de Versalles a lo lejos, la luna le ofrecía un paisaje místico que observar pero el joven marques prefería mirar el palacio a lo lejos. Tenía la impresión de que alguien en Versalles miraba en dirección a su palacio. La brisa primaveral relajaba sus adormecidos músculos. Cerró los ojos y aspiro el aire nocturno. Tan inmersa en ella misma que no se percató de que su madre había entrado en su habitación.
Erzebeth de Lussac miró a su hija con la mirada llena de cariño, parecía una diosa allí en la ventana, sus largos cabellos rubios estaban sueltos mientras su delicado rostro femenino mostraba tranquilidad y ocultaba sus ojos rojos como el fuego, sus pestañas voluminosas y sensuales que coronaban sus parpados resaltaban bastante. Sus brazos cruzados bajos sus pechos atrapados por el algodón que usaba para no demostrar su femineidad eran delgados, eran muy bellos y en una de sus bellas manos, un anillo adornaba uno de sus largos dedos. Lamentó que su hija tuviera que usar esas ropas masculinas: un pantalón a la cintura con un cinturón que denotaba sus caderas, una camisa media abierta y unas botas de montar. Aunque le daba tristeza la ropa a la cual su pequeña Elizabeth estaba forzada a usar, más pena le daba la vida a que su pequeña niña fue obligada a tomar, todo por el orgullo de su padre. Aquel padre que no se preocupó nunca por ella y que solo vio en su hija un reemplazo para su hijo ideal que no tenía.
Ella solo había logrado dar a luz a mujeres, nunca a ningún hombre que pudiera satisfacer a su marido. Ella no tenía hijos, solo 6 hermosas hijas, de las cuales cuatro ya estaban casadas con nobles franceses, una estaba en el convento por decisión de su padre para que aprenda a dominar su carácter y la ultima, Elizabeth o como a ella le gustaba llamar Riza, era ahora el comandante de la guardia imperial junto a Lady Oscar () que sufrió el mismo destino que ella pero a diferencia de su hija, la nobleza sabía que Oscar era mujer. Se imaginó a su hija con un hermoso camisón de seda con el cual pudiera liberar sus pechos y denotar su hermosa figura.
-Riza, ven tu padre llegará pronto y le gustará que cenemos todos juntos.
-Mamá, el nombre "Riza" no me pertenece, recuerda que soy un hombre.
-No digas tonterías hija, eres una mujer y lo sabes muy bien, no tiene nada que hacer que tu padre se empeñe en tratarte como a un hombre.
-Mamá soy un hombre, fui criada como uno.
-Pero eres una mujer y una muy hermosa, hija, aunque trates que te llame como el hijo que nunca tuve no lo lograras. Para mí, tú eres Elizabeth, Elizabeth de Lussac, la más joven de las hermanas Lussac.
Riza suspiró, estaba acostumbrada a ser llamada "Louis", como el hombre que ella representaba, no Elizabeth o el diminutivo de su nombre Riza, su verdadero nombre. Volteó a ver a su madre que le sonreía cansadamente.
-Será mejor que bajemos mamá.
-Si pequeña, será lo mejor.
Riza le ofreció el brazo a su madre que lo aceptó a pesar de su desaprobación.
Su padre estaba sentado en la mesa con una copa de vino en la mano mientras las esperaba, había dos copas más llenas de vino también a sus lados, Riza condujo a su madre a la izquierda de su padre y ella se sentó a la derecha. El hombre estaba muy tranquilo y sonriente.
-A partir de hoy, una nueva alianza se formará.
-¿Qué quieres decir querido?
-Tenías que ser mujer¿Qué no entiendes¡Una alianza¡Una alianza entre nuestra familia y una extrajera! –dijo su padre enojado.
Su madre se calló y bajó la cabeza.
-¿Qué planeas padre? –dijo Riza con dureza en su vos.
-Planeo, querido hijo, casar a tu hermana Lusciana con Lord Mustang. –dijo el patriarca de los Lussac con una sonrisa.
-¿Y que te hace pensar que ella aceptará semejante cosa?
-Qué nos importa su opinión Louis, lo único que nos debería importar son los beneficios que nos traerá su matrimonio.
-Es ilógico padre, Lusciana no aceptará casarse y yo la apoyo. –sentenció Riza.
-¡Tu hijo rebelde! –Le espetó su padre tirando la copa llena de vino- ¡No me importa tu opinión o la de Lusciana¡Lo único que debería importar son las influencias y el dinero que tendríamos al casarla con Lord Mustang!
Riza se sentía furiosa, Lord Mustang era un hombre respetable y ella no permitiría que ni su hermana ni el sean condenados a un matrimonio que solo estaba fijado en los intereses personales de su ambicioso padre.
-Oh vamos padre, tienes bastante dinero como para querer más y sobretodo de un inglés que se irá a penas muera el duque de Farvras ¿Qué ganarías casándola con Mustang¡Nada!
-Oh pero te equivocas hijo –dijo con su vos gruesa llena de veneno- ganaría mucho, incluyendo el dinero de la casa de los Farvras.
-¿Qué quieres decir¡Eso es imposible!
-Pues no Louis, El duque de Farvras piensa dejarle su título, sus tierras y su fortuna a Lord Mustang y él deberá quedarse por respeto a Francia ya que el duque es un príncipe primo de los Borbones y sería una increíble falta de respeto denegar esa herencia porque ocasionaría un conflicto entre una Francia deshonrada y una Inglaterra irrespetuosa, él se quedará hija mía, lo hará.
Riza se quedó muda.
-¿Quién te dijo esa entupida historia padre?
-La misma condesa de Plantard querida –dijo su padre con una sonrisa que podía helar la sangre- Lord Mustang heredará la fortuna de los Farvras y la pequeña e insignificante duquesa irá a un convento ¿El plan no es perfecto? La condesa fue tan amable de colaborar conmigo este complot para obtener la fortuna de los Farvras, luego me desharé de Lord Mustang y me aseguraré de que Lusciana tenga un hijo que pueda heredar la fortuna y luego esa fortuna será mía.
-Eres un demonio.
-¿Te sorprende Elizabeth?
-Pues no –dijo ella levantándose de la mesa- y déjame decirte que Lord Mustang no aceptará casarse con Lusciana pues él esta interesado en otra mujer, una inglesa.
-¡Pues haré que tu hermana le haga olvidar a esa mujer¡Haré hasta lo imposible!
-Lo dudo padre, lo dudo mucho –y diciendo esto se retiró a su habitación.
-¡No me conoces Elizabeth! –Gritó su padre furioso- ¡No me conoces!
Riza dio un portazo. Estaba furiosa, miró a la ventana y la cerró con fuerza. Golpeó la pared y la hizo estremecer. Esta harta, harta de su padre, harta de su vida, harta de la sumisión de su madre, harta de todo. Trató de calmarse, respiro 10 veces, ya tranquila, al menos lo suficiente empezó a desvestirse, primero las botas, luego los pantalones, después la camisa y al final el algodón que sujetaba sus pechos. Al liberar sus pechos, se puso un camisón masculino. Pensaba irse a dormir pero su furioso padre entró como un torbellino a su habitación y la sujetó por los hombros.
-Y déjame decirte querida hija que no le dirás nada a Lord Mustang o Lusciana sufrirá las consecuencias –su padre bajó la mirada y vio como sus pechos eran notorios bajo aquel camisón, sonrió, lujurioso- y si no fueras mi hija te violaría de inmediato pues por lo que veo tu cuerpo es mejor que el de tu madre –diciendo esto la arrojó a la cama y salió de la habitación.
Riza quedo paralizada por unos segundos, tratando de asimilar la amenaza de violación de su padre. Tembló por unos minutos. Su padre, del que menos debería esperar algo así, la había amenazado.
Miró su cuerpo al bajar la mirada y lo maldijo. Si no fuera mujer.
Mujer...
¿Acaso era ella, a pesar de haber sido criada como un hombre, podría llamarse mujer? (N. A: pensamientos de la época)
No, no debía darle el gusto de intimidarla.
Ella era una Lussac y de su padre no le sorprendía nada.
No se dejaría intimidar. Ya encontraría la forma.
Se lamentó por Lord Mustang y por su hermana Lusciana. Su padre la traería a casa solo para casarla y lo peor era que si Lusciana llegase a enterarse que planea desposarla con un extranjero, ella es capaz de cualquier cosa con tal de liberarse del compromiso.
Trató de dormir pero el miedo al poder ser violada surgió en ella nuevamente, se levantó y cerro la puerta con seguro. A pesar de que no le temía mucho a su padre, no se jugaría su dignidad. No señor. Se sintió más segura y por fin pudo cerrar los ojos.
El sol despertó a una cansada Riza que no quería salir de su cómoda cama para ir a Versalles. Pero obligaciones eran obligaciones y nada podía hacer contra ello. Se levantó de la cama con dosel y se dirigió a su sala de baño, la tina de bronce ya estaba llena de agua y habían unas toallas al lado en una silla y en esta misma estaba doblada la bata de seda negra que se ponía al terminar se secarse. Siempre le gusto bañarse sola sin ninguna sirvienta que pudiera ver lo que en realidad es, una mujer. De paso que era necesario, la fachada de que ella era un hombre completo y no como Oscar debería seguir. Se desnudo y amarró sus cabellos rubios con una cinta negra en un moño alto, algunos cabellos escapaban de la cinta y caían sobre su rostro, entró en la bañera y se relajo por unos minutos, adoraba el agua, la relajaba y le hacía reflexionar con más calma y lógica.
No sabía porqué pero tenia el deber moral de decirle a Lord Mustang lo que iba a ocurrir, pero ella conocía a su padre, era capaz de matar a alguien por eso. Tampoco podría arriesgar la vida de su hermana o de su madre que eran las más cercanas a ella o sabrá Dios quién. No, no podía decírselo. No podía.
A menos que...
Una idea surgió en su cabeza. Y a decir verdad parecía ser la única que podría asegurar éxito.
"Espero que Lord Mustang sea bueno espiando"
Pasaron otros minutos más en los cuales limpió su cuerpo con una esponja y jabón de rosas como a su madre le gustaba a pesar de su negación a usarlo fue obligada, para variar.
Salió de la tina y cogió las toallas para secar su cuepo, luego se puso la bata negra de seda y unas zapatillas que usaba solamente para salir del baño. Salió de él y fue directo a cambiarse. Se puso primero la camisa, luego los calzones para montar (N. A: era como pantalones hasta la rodilla) después las botas y finalmente la casaca de la guardia. Se soltó el pelo y lo peinó rápidamente para amararlo en una cola baja con una cinta blanca. Cogió su espada y su pistola para bajar las escaleras. Al bajarlas le pidió a un valet que preparara a Flagg y salir lo más rápido posible. Legó al comedor y se sentó a para desayunar, una sirvienta le trajo el desayuno en una charola y al terminar salió del palacio. Fue a los establos y encontró a Flagg ensillado y listo para salir. Montó su caballo y salió de los establos pero se encontró con la última persona a quien quería ver.
-Espero que recuerdes nuestra conversación de ayer Louis, y te advierto que si Lord Mustang se entera...incluso si no se lo dijiste, tu madre y tu hermana se encontrarán en la cripta de los Lussac.
Riza miró a su padre con odio y desprecio, siguió de largo mientras él reía abiertamente... La estaba insultando y lo sabía, le divertía la forma en la que él jugaba con su vida y sus elecciones. Lo odiaba, lo odiaba.
Cabalgó a toda velocidad, lo más rápido que pudo. Aunque no sirviera de nada, tenía que cabalgar, llegar a Versalles y pretender que nada interesante ha sucedido. Tenía que fingir una ves más.
Lusciana de Lussac estaba parada frente a la ermita del convento donde era forzada a vivir, sin poder salir, ir a los bailes, charlar con sus amigas, salir de paseo por los jardines, hablar con los caballeros, hacer nuevas amistades, comprar nuevos vestidos, tantas cosas.
La noche también era reconfortante para ella al igual que para su hermana Louis, estaba vestida con un camisón femenino de dormir y tenía un poco de frío pero no se preocupaba por eso, total él pronto vendría y la estrecharía en sus brazos para que no sintiera frió, lo que le preocupaba era que las hermanas pudieran descubrirla sola o con él. Vaya eso si era de preocuparse.
Su hermana Louis, le había enseñado, en secreto obviamente, a montar, a disparar y a bajarse por los muros del palacio Lussac, cosa que era muy experta por eso pudo bajar de su habitación en una pequeña torre hasta el suelo de la abadía gracias a sus vestidos amarrados en las puntas.
Unos brazos la rodearon por la cintura y ella volteó a verle.
Unos labios se posaron sobre los suyos y ella les respondió gustosa.
-Te extrañe...-susurró el chico.
-Yo también –musitó Lusciana- vamos...
-Si...
Esa noche Lusciana de Lussac supo lo que era amar a un hombre en cuerpo y alma sin saber que mañana su padre le obligaría desposar a Lord Mustang y sellar el destino de su hermana... Elizabeth...Louis...o Riza de Lussac.
Cap. 3 a la orden! Pues aqui explico quien realmente era Louis para las que no entendieron, de veras no se lo imaginaron? xD que Louis era Riza? pues aca mis razones, como riza es muy independiente y gran francotiradora si mencionar que esta en el ejercito se me ocurrió hacer su personaje elizabeth de lussac como a Lady Oscar, para las que no saben quien es Lady Oscar pues se los cuento,
Lady Oscar era la 6ta hija de un noble frances que no tubo hijos y al ver que su honor de noble iba a irse al tacho sin un heredero la crió a Oscar como hombre pero todos saben que es mujer por eso el " Lady Oscar" la llamó Oscar Francois de Jarjayes y puso un valet llamado André Grandier /el nieto de la nana de Oscar/ que terminó enamorandose de ella pro ella nada con el, solo amigos de paso que ni cuenta que el estaba enamorado de ella, Oscar es parte de la guardia imperial y en especial de la Maria Antonieta de Francia esposa de Louis XVI, la reina era una niña y se comportaria como una niña hasta su muerte no por mala sino porque se sentía sola y por eso / al menos segun la seria creo yo/ mal gastaba el dinero del pueblo, de paso que sus influencias como una tal madame de Polinac no ayudaba mucho tampoco. La reina conoce a Hans Axel Von Fersen y se enamora de él y este de ella pero como veran no pueden estar juntos y eso la mortifica en especial porque es sentimental y demustra con facilidad sus sentimientos. Para ponerle mas drama al asunto Oscar se enamora de Fersen y el pobre André sufre al ver que no puede hacer nada TT, y pasan los años y muchas cosas mas, al final Oscar renuncia a la guardia y se instala como capitan de las "guardes francaises" guardias si quieren donde descubre que andre la quiere y de la nada ella lo ama tbm, tons se imaginaran que sucedio y al dia siguiente un tipo mata a andre TOT y Oscar destrosada va al ataque de la bastilla donde muere el 14 de julio de 1789. Luego, la reina es decapitada al igual que el rey masacre aqui y alla y Fersen muere a manos de su pueblo (sueco creo) por tirano, el pobre se murio de pena al enterarse de la suerte de su amada reina.
En general esa es la historia, hay manga y anime y si mal no estoy la creadora es Rioku Akeda o algo asi. En todo caso si quieren buscar sobre Oscar normal porque sale con solo poner en google o donde busquen " Lady Oscar"
Bueno gente, me despido y espero que el cap sea de su agrado.
Espero sus reviews para motivacion xD considerenlo ¬¬ xD
Cuidence.
Unubium.
