Los personajes de Yuri On Ice no me pertenecen, sólo escribo de ellos por diversión.

Disfruten la lectura.


MORIR ES UNA OPCIÓN

Yuri se quedó en silencio cuando su padre le preguntó sobre lo que le había sucedido en el rostro. Su madre lo observaba con cierta pena, pues no había podido ocultárselo a su esposo y de todas formas tarde o temprano iba a ver el enorme moretón en el ojo derecho de su hijo.

—Fue…un accidente —murmuró el adolescente evitando la escudriñada mirada de Andrew Nikiforov: su padre—. Seré más cuidadoso la próxima vez, papá.

Viktor también lo observaba, no obstante, con la gran diferencia de que en sus orbes destellaba una chispa de diversión y en su semblante se encontraba una mueca jocosa.

«Me encargaré de borrarla pronto». Se lo prometió, como que se llamaba Yuri Plisetsky.

—Si alguien te está intimidando….

—Nadie me intimida —interrumpió, pero los ojos duros de su padre, lo callaron ante cualquier otro tipo de interrupción.

—Puedo hablar con tu supervisor o en su caso con el director de la escuela. Ninguno de mis hijos va a sufrir algún tipo de abuso si yo puedo evitarlo.

—Ya te dije que fue un accidente —refunfuñó jugueteando con las verduras de su plato.

—Lo que pasa es que Yuri está en una especie de matrimonio violento —comentó Viktor mientras fingía comer de su pasta— ¿No es así, pequeña hadita?

El aludido apretó con fuerza en tenedor que estaba sujetando y en su mente se creó una imagen de él enterrando su cubierto en el cuello de su hermano. Mas no lo hizo para evitarle una pena mayor a su madre, así que llenó su mente de otro tipo de pensamientos.

«Gatitos. Gatitos bonitos jugando con bolas de estambre».

—Viktor deberías esperarlo a la hora de salida. No compré ese auto para que sólo tú puedas usarlo, me temó que tendré que recogerte las llaves si Yuri regresa en este estado otra vez.

—No voy a ser su niñera —replicó el mayor.

—No me refería a eso, pero ya que insistes.

—De acuerdo, lo haré —tal vez a Yuri no le gustaba la idea de que Viktor tuviese que cuidarlo a la salida del instituto. Sin embargo, al ver su expresión de molestia ya no le desagradaba del todo si con eso podía fastidiarlo.

Y a todo esto ¿Por qué su relación con Viktor era de esa forma?

No hacía más de tres años que compartían el mismo techo. Yuri vivió la mayor parte de su infancia a lado de su abuelo Nikolai Plisetsky, quien residía al sur del país en una de las ciudades más cálidas de Rusia: Krasnodar, más específicamente en Sochi. El principal motivo fue su padecimiento de raquitismo y la facilidad con la que contraía enfermedades respiratorias, por lo que la recomendación que dieron los doctores, se limitaba a que pudiera habitar en un lugar donde la exposición al Sol no supusiera un problema.

Durante ese tiempo su familia se dividió de cierta forma. Pues su madre no estaba dispuesta a dejarle toda la responsabilidad a su abuelo y tampoco deseaba abandonar a Viktor, quien en ese entonces ya tenía diez años y había establecido un fuerte vínculo con su ciudad, con sus amigos y vivía una perfecta vida escolar, negándose a dejarla. Y es que a esa edad los niños dejan de estar apegados a sus madres y comienzan a sentirse mayores, por lo que su hermano aceptó con todo gusto quedarse junto a su padre que tenía un buen trabajo en San Petersburgo.

Yuri no recuerda mucho de esos días en familia, no obstante, estaba seguro que no peleaban tanto entre ellos como ahora. Su relación era más fraternal porque Viktor solía cuidarlo y estaba más inmerso en su papel de ejemplar hermano mayor.

«El tiempo cambia a las personas».

Fue lo que pensó en su tiempo cuando se dio cuenta que Viktor ya no era el mismo de antes, cuando se percató de esa obsesione tenía con su imagen, con el tipo de amigos que frecuentaba, con las novias bonitas que se conseguía y con las malas calificaciones que marcaban en sus boletas.

—Se les va a hacer tarde para la escuela—comentó la señora Nikiforov poniendo sobre la mesa el almuerzo de su esposo y del menor de sus hijos.

Yuri todavía no tenía el corazón para decirle a su madre que eso ya no era necesario puesto que ya nadie llevaba lunch a la escuela, pero recordó lo mucho que lloró cuando Viktor comenzó a pedirle dinero para comprar el almuerzo por su cuenta y decidió que seguiría aceptando la comida de su madre.

«Entre confesar que eres gay y que ya no quieres que te pongan más el luch, ¿qué es más difícil?»

«Ambos».

—Nos vemos más tarde—se despidió de sus padres.

—Te cuidado, Yura—su madre le besó la mejilla—. Si Viktor te trata mal, avísame ¿De acuerdo?

—Okay, adiós.

El trayecto a la escuela era bastante aburrido, más aún cuando su hermano mayor ponía una música clásica tan desagradable, como si en realidad fuera a disfrutar de esas melodías, mas Yuri sabía que lo hacía para mantener la clase. Suspiró por quinta vez mientras volvía a recargar su mentón sobre el dorso de su mano y es que ni siquiera por llevar media cabeza fuera de la ventana, podía escapar de ese infernal sonido.

Si tan sólo hubiera encontrar sus auriculares antes de que bajara a desayunar.

—Yuri~—el aludido roló los ojos al escuchar la cantarina y molesta voz de Viktor dirigirse a él—. Mete tu cabeza, siento que en cualquier momento un tráiler pasará y la desprenderá de tu cuello.

—No es como si te importara —arremetió sin siquiera encararlo.

—Vamos, me haces ver como un irresponsable hermano mayor.

Bufó en modo de respuesta y no volvieron a hablar o más bien Yuri no abrió la boca para responder a lo que sea que su hermano mayor le estaba contando sobre su perfecta vida.

Cero roces era lo que había prometido su madre cuando los sentó a ambos para hablar en la sala después de que los amigos de Viktor se fueran de su casa. Yuri amaba a Maryanne, sin embargo, ese tonto royo de la unión familiar y de expresar sus sentimientos, lo tenía harto. De hecho, antes ni siquiera era necesario esa conversación, porque, aunque su relación con Viktor era mala, empeoró cuando este formalizó su relación con Vanya.

La adorable morena de ojos claros a quien todo mundo idolatra. Siendo sinceros, todo de esa chica le parecía muy falsa, incluso el mismo color verde de sus ojos, pues a Yuri le pareció verla batallando con una lentilla en el espejo que colgaba de la puerta de su casillero.

Tanto Vanya como él, no se soportaban y es que ambos compartían un oscuro pasado que, si Yuri pudiera conseguir una máquina del tiempo, sería el primer error que corregiría de su vida.

El auto repentinamente se detuvo distrayéndolo de sus divagaciones. Luego escuchó a Viktor pitar el claxon y en el instante en que prestó más atención al paisaje, sus ojos se toparon con la imagen de Otabek Altin parado en la esquina donde se toma el transporte para llegar al instituto.

Yuri no fue consciente de que tragó saliva cuando lo vio recargado sobre el poste de la parada.

«Se ve atractivo, s-sólo un poco.

No era extraño ver que el look de Otabek se limitaba a vaqueros oscuros y alguna camisa a juego con su cazadora de cuero negra.

Un estilo rockero motorista de primera si a Yuri le preguntan.

—¡Beka! Sube, te llevamos —escuchó a Viktor gritarle.

—¿Te llevamos? —arremetió indignado por no ser tomado en consideración.

¿Qué pasa si de repente desarrollaba una alergia a su grupo de amigos?

Podría morir si Otabek se sube al auto.

—Sí, no nos cuesta nada y mete tu cabeza, me pone nervioso y no quiero a mamá castigándome por haber permitido que te degollara un camión —casi pudo creer que la preocupación de Viktor era por él y no por la reacción de su madre.

Obedeció a regañadientes.

Para cuando Otabek subió a los asientos de atrás, Yuri se percató que se acomodó detrás de él. No le molestaba, en absoluto, sin embargo, lo ponía nervioso cuando sus miradas se cruzaban por el espejo retrovisor.

Morir degollado ya no era tan mala idea.


N/A:

Gracias por leer, pronto habrá aparición de otros personajes, en especial de nuestro Yuuri Katsuki.

Lamento si encuentran alguna falta ortográfica.