La niña que gritó «Yo»
al centro del mundo
Montañas de tamaño imposible, arrozales, zanjas inundadas, edificios desgastados y un árbol de hojas azules. Elementos que, puestos unos detrás de otros de forma suficientemente caótica y alimentados a una mente lo suficientemente perversa, son receta perfecta para la locura.
Agitada, me despierto y la luz de qu. Veo la hora, son la 8. Me siento en el borde de la cama y me pongo mi infalible cintillo. Me levanto, bajo las escaleras y no bien he llegado al pasillo, me tiro al piso y hago 10 flexiones, porque ¿qué es de la vida sin lo banal? En la cocina encuentro a Argos hurgando entre una bolsa de galletas que deje tiradas sobre un mesón.
—¡No!¡Abajo! —digo en voz alta mientras la levanto y pongo en el piso —Eres el peor gato que conozco, fuera de aquí y espera tu comida, gato haragán —le pateo levemente detrás de la cola, él se va cojeando con sus tres patas. Reviso el anaquel superior y me dio cuenta de lo poco que tengo para comer, un par de empaques de fideos, arroz y poco más. Tomo los fideos y los sofrío a fuego lento con un poco de carne, sonrío al recordar como Tsumugi moriría por un poco. Cuando está listo, sirvo dos platos y lo que sobra se lo doy a Argos, después subo hasta el cuarto de Yui. Está profundamente dormida, completamente ausente a lo que la rodea. Viéndola así sólo puedo pensar en que, después de todos estos años de ausencia y las miles de aventuras en las que estoy segura que participó allá por cualquier tierra exótica por la que haya pasado, aún sigue usando esas horrendas mallas negras debajo de la falda. Bufo en resignación y la agito con intencional falta de delicadeza para que despierte.
—Yui, párate y ven a comer —ella abre los ojos y me mira confundida—Es yakisoba, apúrate —le ordeno y bajo de nuevo al comedor. No espero por ella para comer. Minutos más tarde, Yui entra a la cocina y Argos se abalanza encima de ella, no la había visto hasta ahora. Casi sonrió ante la imagen de Yui levantando a un gato de tres patas, hablándole y mimándolo de forma empalagosa. Luego, como si apenas se acabara dar cuenta de mi presencia, se queda callada y se incorpora con timidez a la mesa. Hace un ademán de agradecimiento antes de comer. Mientras come nunca levanta la cabeza, tiene miedo de que la mire, sabe de lo sinvergüenza de su actitud y lo recuerda cuando me mira. Me sorprendo al ver cuán poco ha cambiado en este tiempo, sólo unos detalles menores, tal vez está un poco más alta y su cabello está más largo. Lo sé porque nunca antes la había visto con una cola en el pelo. Por lo demás, sigue siendo la misma mujer de insufribles rasgos que recordaba, ojos grandes y cariñosos, manos pequeñas, hombros huesudos, barbilla fuerte, caderas anchas y poderosa espalda, aunque delicada y elegante.
Al terminar, se levanta con cobardía y junta sus manos en agradecimiento, luego sale de la casa sin decir nada. Me levanto y lavo ambos platos. El celular suena, un mensaje de Tsumugi, ayer le dije que Yui volvió, al igual que a Mio y Azusa. Me pregunta qué ha pasado y yo escribo una respuesta alentadora, pero no la envío, guardándola con el resto de los mensajes con los que nunca he respondido a ninguna de las tres.
K-ON!
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