¡Para que una escritora aficionada como yo continúe una historia no hay nada mejor que los reviews! :)

¡Muchas gracias por escribir Effy little hope!


La visión

"I decided I could be happy on my own. Find a way to get it done when I needed to be strong. Always choosing safely, going it alone. Never taking chances just in case I might be wrong but I'm feeling a longing inside me and I'm taking a road I've never seen" Closer - Jaylene Johnson

Desde el punto de vista de Edward

La vi salir del aula y me escabullí a mi siguiente clase. Tuve suerte, o mejor dicho Alice se dignó a concederme cinco segundos de paz. No la vi, ni a Emmett y fui capaz de relajar un poco los hombros. Mientras el profesor de literatura hablaba sobre un tal Augusto y un dinosaurio, rememoré el día que había puesto de cabeza a mi familia.

—¿Ha cambiado mucho? —Alice daba brinquitos moviendo frenéticamente la cabeza de un lado a otro. Ésta era la primera vez que ella y Jasper venían a Forks.

—Un poco. —Reconozco que mi respuesta fue un tanto ausente. Mudarme no causaba nada de novedad a mi vida.

—Espera a que pruebes los osos de por aquí. —Emmett le dio una palmada en la espalda a Jasper. —Estos sí saben jugar.

—Olvida los osos. —Mi pequeña hermana hizo un ademán con la mano. —Puede que Edward al fin conozca a una chica que le guste.

Tras una minúscula pausa Emmett estalló en carcajadas.

—¡Sí, claro! —Se mofó Rosalie. —Se cree demasiado bueno para que alguien lo merezca.

Rugí en su dirección, mas no causó el menor efecto en ella.

—Vamos, hermano, sólo estamos bromeando. —Dijo su desafortunado marido. —Pero ya que Tanya lo sugirió, hubieras echado un polvo o dos con ella.

—Muy elegante, Emm. —Repliqué. Por suerte, ni Esme o Carlisle estaban cerca oyendo eso.

—Yo tengo un buen presentimiento acerca de este lugar. —Anunció la vidente. Me sonrió y entonces la vi. Era la imagen de una joven vampiresa, de grandes ojos marrones, cabello largo ondulado y finos labios.

—¿Qué es lo que ves? —Jasper se inclinó para poder ver a su esposa a los ojos.

—Veo una chica. —Se carcajeó.

—No vale la pena arraigar falsas esperanzas. —Rose le repuso.

—¡Pero sí la veo! En este bosque.

—Bien, Eddy, tú con una chica en el bosque. —Emmett alzó las cejas. —No está nada mal.

—¡Cállate! —Espeté, ya estaba irritado.

Jasper se limitó a observarme con un aire calculador.

—Sólo es la imagen de una mujer, sola. —Puntualicé. —No tiene nada que ver conmigo.

Alice hizo una mueca.

—Pero podría.

En cuanto oyó a nuestros "padres" llegar a la casa, corrió hasta la puerta y les contó de su premonición. Carlisle fue discreto, escuchó pacientemente y no comentó nada, ni sus pensamientos lo delataban. Esme por otro lado fue rápida en compartir el entusiasmo de mi hermana.

Esta mañana Alice comunicó al resto que Isabella Swan era la chica que había vislumbrado. Me preocupaba que le dijeran algo inoportuno y totalmente infundado a la pobre, sin embargo, desconocía el modo apropiado de advertirle.

.

Desde la mente de Bella

Escuchaba el segundero del reloj moverse, las respiraciones de mis compañeros, el extremo de un lápiz girando dentro de un sacapuntas, a alguien mordiendo la tapa del lapicero. Si ni supiera que es imposible juraría que me estaban dando retortijones en el estómago. ¿De qué quería hablar Edward Cullen conmigo?

Jessica estaba sentada atrás de mí y al parecer estaba tan concentrada en la Revolución Industrial como yo. Me tocó el hombro y disimuladamente me pasó un trozo de papel, lo abrí para ver que tenía garabateado.

#Hoy te vi conversando con Cullen. Él nunca es tan amigable. ¿Qué te dijo?

Suspiré, rodeé los ojos y deseé que mis hermanas ya estuvieran aquí.

*¿De verdad? Fue lo suficientemente amable conmigo. No hablamos de nada en especial.

Doblé el papelito y se lo di de vuelta. Dudaba que me creyera eso, no obstante, la hojita no vino de regreso.

La última clase terminó y me fui antes de que Mike o alguno de mis otros admiradores pudieran alcanzarme. Quizá si me iba pronto podría evitar esa charla con Edward, pero me equivoqué. En el estacionamiento, recargado contra mi coche estaba el tan famoso vampiro. No me quedó más remedio que caminar hacia él y fingir que no me carcomían los nervios por dentro.

—Hola. —Hice lo que pude por sonar neutral.

—Hola. —Me contestó, fruncía el seño y veía a lo lejos.

—¿Ocurre algo? —Pregunté, de pronto nerviosa. Cambié el peso de un pie a otro.

—¿Te importaría dar un paseo? —Seguía sin mirarme.

—¿Un paseo? ¿A dónde? —Parpadeé sorprendida.

De pronto, clavó sus ojos dorados en mí y me quedé sin respiración.

.

No podía creerlo. De verdad que no daba crédito a lo que veía. Ese chico que acababa de conocer estaba conduciendo mi coche, y debo agregar que a una velocidad que me angustiaría si siguiera siendo humana. Además, no era un tipo cualquiera, era nada más y nada menos que un vampiro y a juzgar por su comportamiento era mayor. Yo estaba con la espalda contra la puerta del copiloto, él parecía casi relajado, casi.

—¿Me vas a decir a qué viene tanto misterio? —Me propuse exigirle una explicación, pero mi voz no sonó lo suficientemente severa. Quise patearme a mí misma.

—Mis hermanos están ansiosos por conocerte.

No me hacía gracia enfrentarme a otros de mi especie, no cuando me superaban en número.

—Y…

—Y no quisiera que tomaras muy en serio cualquier cosa que ellos digan.

—¿Quisieras de ser tan enigmático?

—Mencionaste a tus hermanas en la mañana.

—Así es. —Arrugué la frente. ¿A dónde quería llegar?

—Ellas tienen, no sé, alguna clase de ¿habilidad?

—¿Habilidad?

—Algunos de nuestra clase pueden hacer cosas que otros no.

—Ajá.

Me miró de soslayo.

—Mis hermanos tienen algo de eso.

—¿Qué pueden hacer? —Yo no iba a hablar, a menos que él lo hiciera primero.

Dejó de ver la carretera y se concentró en mí. Era como si intentara penetrar en mi mente, por sus ojos adiviné que no lo había logrado, sin embargo, no le quedaba más opción.

—Alice, puede ver el futuro. —Admitió.

Después de eso, silencio. Nada más que el ruido del motor. Reparé en que ya casi estábamos en Port-Angels.

—¿Sorprendida? —Capté nerviosismo y precaución en su voz.

—No. Sé que algunos vampiros se ganan la lotería en cuanto a habilidades extra.

—Puede ver las posibilidades, no es como si todo estuviera escrito en piedra.

—¿Vio algo malo?

—Nada de eso. —Pareció dudar. Un nuevo silencio entró a empujones sin siquiera tener la decencia de decir "con permiso". Este silencio no fue salpicado de cautela sino espolvoreado de incomodidad.

—Si te estacionas ahí. —Señalé la siguiente acera. —Podemos ir a esa banca de ahí.

.

Aguardé varios minutos, pronto quedó claro que él no iba a agregar nada más.

—Celeste puede mover objetos con la mente. —Comenté para animarlo a continuar. Aunque el quiosco en el que nos hallábamos estaba casi vacío bajé mi voz lo más posible.

Él sonrió y no pude evitar hacerlo también.

—Jasper puede manipular las emociones de las personas que lo rodean. —Murmuró.

—Fred puede hacerse invisible si lo desea, bueno, no invisible-invisible es más como ser totalmente ignorado por su propio deseo.

—Yo, eh, yo puedo escuchar los pensamientos de los demás.

—¡Qué! —Me levanté de un salto y lo miré atónita.

—Bella… —Se puso de pie y estiró una mano hacia mi hombro, di un paso atrás.

Sabía que mi quijada casi tocaba el suelo y mi mente se quedó petrificada.

—No puedo oír tus pensamientos.

—¡Ah, no! —Repliqué ofendida.

—Desde que desperté a esta nueva existencia siempre había podido leer a los demás sin siquiera proponérmelo. Sin embargo, tu mente parece ser una caja fuerte.

—¿Cómo sé que no me estás mintiendo?

De repente estaba muy serio. Señaló a un vendedor de helados y dijo:

—Ése hombre piensa en la cuenta de la luz.

Luego, indicó hacia un hombre de traje y portafolio que pasó a un par de metros de nosotros:

—Él está preocupado porque su fiesta de aniversario de quince años de casado es el mismo día que el cumpleaños de su amante.

Negué con la cabeza, todavía más fastidiada.

—No. Quería decir que cómo sé que no estás escuchando mis pensamientos.

Fue su turno de verme con toda la perplejidad asomando en sus ojos.

—¿Te es más fácil creer que escucho lo que piensa la gente que aceptar que no oigo lo que está en tu cabeza?

Me habría reído de su expresión, en cambio dije:

—¿Tienes manera de probarlo?

—No sé cómo demostrarlo, tendrías tú que leerme la mente y…

En lo que Edward seguía divagando permití que mis instintos de depredadora me dominaran, sentí mis ojos tornarse negros, los colmillos afilados contra mi piel y el veneno formándose. Me abalancé sobre él y caímos rodando sobre el piso. Suerte que ya estaba anocheciendo y los humanos nos habían dejado totalmente solos, tal vez, presentían que no les convenía quedarse cerca cuando apareciera la luna plateada.

—¡No ma…! —Me quedé de piedra cuando reconocí esa voz. —Isabella, justo así te quería encontrar.


Izel CrazyShy