Sus alas.
El derecho al cielo.
La confianza.
El que había sido su hogar por largo rato.
Sus hermanos.
La cordura.
Aquella demonio que aceleraba sus latidos.
Sus amigos.
Su gracia.
La esperanza.
Le ha costado a través del poco tiempo que ha caminado en la tierra, entender bien todos los sentimientos y emociones que golpean como huracanes el alma de un ser humano.
Pero hay algo que tiene bien identificado, que después de tantas veces de experimentarlo se ha quedado grabado en su memoria. Y es la sensación de inestabilidad, la opresión en su pecho y la falta del aire cuando lo que por derecho era suyo se va.
Ha sentido tantas veces el dolor de la pérdida que se ha familiarizado con ella, la ha hecho suya en un sutil intento de que esta le de tregua algún día.
Castiel se deshace de sus pensamientos y levanta la mirada para encontrarse con otro par que lo observan apasible.
Sam y Dean le sonríen con entendimiento.
Y en ese momento, se les ocurre que hay algo que no han perdido aún, y por lo que lucharán para jamás hacerlo.
A su equipo.
Así que no, no todo está perdido.
