Matrimonio por conveniencia.

.

Capitulo 3.

.

KATNISS POV

-¡DESCEREBRADA!

Abro los ojos somnolienta. Escucho la voz y lo analizo...

-¡JOHANNA! -salto de la cama arrojándola al suelo.

Johanna maldice por el golpe que recibe del suelo y después me abraza con fuerza. Hace mucho que no nos vemos y en parte es mi culpa. Más por mi traslado a Florencia.

-Te he echado de menos descerebrada... -dice mientras nos levantamos del suelo y nos acomodamos en el sofá largo de mi habitación.

-Yo también Johanna... siento haberte tenido tan abandonada. -me disculpo intentado poner ojitos.

-¿Abandonada? -dice con tono sarcástico. -Yo diría que has pasado olímpicamente de mí, cariño.

Nos damos otro abrazo. Conozco a Johanna desde que era una niña, digamos que ambas crecimos juntas. Ella es cinco años mayor que yo así que siempre la he visto como la hermana mayor que nunca tuve. ES la hermana que nunca tuve. Pasábamos todo el día juntas haciendo tonterías. Recuerdo que cuando tuvo que irse a la universidad me pasé toda la semana llorando.

Todo cambió cuando yo también me saqué la carrera de Literatura y decidí mudarme a Florencia, el escenario de la historia de amor de Romeo y Julieta, y ella se mudó a San Francisco porque la empresa por la que trabaja la envió allí. Seguíamos manteniendo el contacto via emails y Skype pero nuestras agendas nunca coincidían para vernos. Me fue a visitar una vez, pero solo una vez.

-Bueno descerebrada... me enteré de algunas cosas... -murmura.

-¿Qué?

-¡¿Cómo es que eres la novia de Mellark?!

Vaya, las noticias vuelan. Bueno, llevamos actuando de novios hace ya tres semanas. Ya me conocen en su empresa, donde me gané unas cuantas miradas asesinas, y por todo Nueva York. Al parecer, ser la novia del empresario más joven y exitoso de la ciudad no pasaba desapercibido. Hasta ya aparezco en su página de Wikipedia:

"Actualmente mantiene una relación amorosa con la única hija del empresario Haymitch Everdeen y su esposa Effie Everdeen, grandes amigos íntimos de la familia Mellark. Katniss Everdeen de 23 años de edad, graduada de Literatura en Brown vivía en Florencia y ahora se encuentra acompañando a su novio en NY para darle apoyo por la situación del padre de éste."

-¿Me vas a contar o tendré que ir a buscar por mis propios medios la información? -dice ahora un poco impaciente.

-Ok, ok. -suspiro. -Si, soy la novia de Peeta.

Johanna retiene la respiración por un momento. Sus ojos están redondos como platos y mirándome fijamente. Y entonces me golpea el hombro. Típico de Johanna.

-Ouch. -me quejo. -Bueno, eso es preferible que me insultes.

-Joder Katniss... ¿no podrías habérmelo dicho antes de enterarme por esas puñeteras revistas?

-Espera, ¿qué revistas? -digo confusa.

-Esas de cotilleo. -bufa.

-¡¿De cotilleo?! -exclamo sin poder creerlo. -¿Lees esas cosas? -sigo arqueando una ceja a Johanna. -Nunca pensé que te iban esas cosas.

-¡Pues claro que no idiota! -y me gano otro golpe en el brazo. -Mis compañeras de trabajo reconocieron tu apellido y me lo enseñaron. Casi se me salieron los ojos de las órbitas cuando vi tus fotos caminando por las calles al lado de Mellark. No ibáis tomados de la mano ni tampoco os dabais besitos... -su expresión me dio risa pero me contuve. -Asi que pensé que lo estaban sacando de contexto, digo Mellark y tu habéis sido amigos desde niños y creía que solo estabais de paseo pero me compré un ejemplar y lo leí mas detenidamente. Y ahí me enteré, lo confirmaban vuestros padres "muy felices", al menos eso decía la revista.

-Wow, salgo en revistas... -digo cómo si no hubiera oído su larga explicación.

-¡Katniss!

-¡¿Qué?! No te enteras todos los días que sales en las revistas...

-¿Podrías explicarme lo que está pasando aquí?

-Está bien...

Pero espera, quizás deba contarle... no no, ya es bastante las personas que conoce mi secreto y el de Peeta. Además puede que Peeta se moleste. Dicho, mentiré a Johanna y le soltaré la misma mentira que ya me conocía de memoria.

-Peeta y yo llevamos saliendo dos años... -comienzo.

Johanna iba a decir algo pero le detuve poniendo un dedo en sus labios. Se calmó y me dejó seguir con mi mentira... digo, mi historia.

.

Johanna se está quedando en el hotel Palace. Su compañía la ha enviado aquí por una conferencia que parece que va a durar meses y eso significa más tiempos locas al estilo Jo. Estuvimos hablando varias horas hasta que fue reclamada en la sede neoyorquina de su compañía.

Después de almorzar con mis padres en nuestro restaurante favorito me he encerrado a mi habitación para adelantar con los manuscritos. Cuando ya llevaba varias páginas suena mi móvil.

-Hola. -saludo.

-Hola Kat. -saluda Madge tímida desde el otro lado del teléfono.

-Madge, qué sorpresa. -exclamo. -¿Te puedo ayudar en algo?

Desde que nos volvimos a ver en el hospital, Madge se ha convertido en una de mis mejores amigas. Es más pequeña, tres años menor, pero es muy madura. Hablamos casi todos los días y me ha estado ayudando con mi armario ya que nuestro viaje repentino no me ha permitido llevarme más de mi ropa. En muy poco tiempo se ha ganado mi cariño al igual que el resto de sus hermanos.

-¿Estás con Peeta? -pregunta y noto una ligera preocupación.

-No cariño. La verdad es que no he hablado con él en todo el día porque la tuve muy ajetreada. ¿Pasó algo? -ahora también estaba preocupada.

-Es que no me responde y a Finn tampoco. -dice. -Finn se ha ido un par de días a revisar la construcción en California, mi madre está con mi padre en el hospital y yo estoy liada con la universidad. -sigue. -¿Puedes pasarte por el loft de Peet a ver qué le pasa?

-Por supuesto. -y de un salto bajo de mi cama y saco mis zapatos del armario. -Ahora mismo bajo. No te preocupes, luego te llamo.

-Gracias Kat. -murmura. -Espero tu llamada.

-Adiós Madge.

Cuelgo, agarro mi bolso y meto mi móvil, mi cartera y las llaves de casa. Me detengo un momento delante del espejo (vestuarioKATNISS 3), me arreglo por encima y salgo pitando al loft de Peeta.

Bajo del taxi delante de Starbucks, la cafetería favorita de Peeta, y decido comprar dos cafés lattes y dos muffins de chocolate antes de ir caminando a su edificio.

Llamo al timbre pero no responde nadie. Llamo de nuevo una y otra vez pero sigue sin responder así que comienzo a preocuparme. Pero cuando decido llamar al portero una voz bastante apagada finalmente responde.

-¿Si?

-Peeta... soy yo.

-¿Kat? Lo siento, pasa. -y me abre la puerta.

Cuando llego en su loft está tumbado boca arriba en el sofá vistiendo solo un pantalón

deportivo gris y una camiseta de tirantes blancos muy ajustados. Y cuando digo ajustado es porque lo está. Demasiado.

-Peet... -murmuro mientras dejo mi compra en la encimera de la cocina y me siento de cuclillas en el suelo para estar a la altura del chico delante de su rostro.

Empiezo a acariciarle los cabellos y al parecer esta a gusto con ello. Su rostro está cansado, presenta barba de varios días y tiene ojeras que nunca había visto antes. Mientras le acaricio el cabello rubio noto que su frente está demasiado caliente.

-Peeta tienes fiebre. -digo levantándome a buscar su botiquín. -¿Dónde tienes las pastillas?

-Mmm...

-Peeta, las medicinas.

-En el armario pequeño del baño. -creo que hasta hablar le cuesta.

-Ok. -y en un abrir y cerrar de ojos ya le estoy ayudando a sentarse bien en el sofá.

Está muy enfermo. Tiene los ojos cerrados y la boca entreabierta. Su rostro está pálido y le cuesta mantenerse bien sentado así que vencida le dejo medio tumbado. Dios, tanto músculo pesa demasiado.

-Vamos, Peeta tómate la pastilla. -y le pongo la pastilla en la boca, que también le cuesta abrir, y con la ayuda de un poquito de agua logra tragarlo.

-Gracias. -susurra y abre un poco los ojos sonriéndome levemente. -¿Por qué has venido?

-Madge me llamó preocupada porque alguien no contestaba su teléfono. -sonrío sentándome a su lado extrañamente cansada. -¿Desde cuándo llevas enfermo? ¿Por qué no has llamado a nadie?

-Desde ayer y porque no me gusta preocupar a mi familia. Sólo es fiebre Kat. -ahora contesta un poco mejor.

-Peeta, casi no te puedes mover. -exclamo un poco. -¿Y si te pasara algo?

-¿Por eso has venido? ¿Porque estabas preocupada? -tose.

-Pues claro que estaba preocupada... mírate. -le apunto con un dedo. -Ponte un jersey Peet, te vas a resfriar. Voy a por una.

-Kat... -dice demasiado tarde porque ya estoy buscando una chaqueta.

Su habitación está hecha un desastre. Las almohadas tiradas por el suelo, las sábanas arrugadas y un montón de vasos por todas partes. Por suerte su ropero está intacto. Sin dificultad encuentro un jersey gris donde pone "Harvard" y salgo de la habitación.

-Toma. -y le ayudo a ponérselo.

-Parezco un niño... -dice en tono puchero y no puedo evitar sonreír.

-Te traje un café latte y un muffin de chocolate. ¿Te apetece?

Y cómo él ha dicho asiente entusiasmado como un niño pequeño. Mientras el "niño" rubio se zampa lo que le traje, me dispongo a arreglar un poco el salón. Recojo sus papeles y los dejo encima de la mesa, llevo más vasos en el fregadero junto a un par de platos y boles y recojo más papeles.

-Katniss, deja eso por favor. No tienes por qué hacerlo. -dice con más ánimo mientras toma otro sorbo de su café.

-Tu casa está hecho un desastre, Peet. Creía que tenías a alguien para limpiarla. -le digo terminando de recoger unas revistas.

-Le dije a Paylor que no viniera. -contesta. -Por favor Katniss...

Y justo entonces veo una revista. La revista del que me habló Johanna. También lo tiene Peeta.

-¿Qué es esto? -le pregunto alzando la revista.

-Ohh... ehh... -balbucea el enfermo.

-¿Te gustan los cotilleos? -sonrío divertida.

-Es que... vi nuestras fotos y... -murmura nervioso. - ¿Acaso no tienes una copia?

-Casualmente me acabo de enterar hoy de la existencia de esta revista con mis fotos... -cuento.

-Creí que ya tenías una copia por eso no te dije nada. -parece disculparse.

-Bueno, podrías haberme llamado sobre esto... -le digo sentándome a su lado.

-¿Te molesta que salgas en las revistas? -me pregunta un tanto preocupado.

-No lo sé. -confieso. -Pero me asusta.

-No creí que a las revistas rosas les interesara mi vida personal, aunque supongo que también es porque se trata de ti ¿sabes?

-Ya... entonces no nos queda más remedio a ver hasta donde nos lleva esto. -me encojo de hombros. -¿Ya te sientes mejor?

-Un poco. -asiente con esa sonrisa que últimamente me deja sin aire. -Gracias por venir.

-Hey, eres mi novio. -bromeo con él y ambos comenzamos a reírnos. -¡Oh, mierda! Tengo que llamar a Madge...

-Utiliza el teléfono. Está... -ofrece y ambos miramos por donde puede estar el teléfono. -Joder, dónde lo habré metido.

-Da igual. -me río. -Ya lo buscaremos después.

Llamo a Madge y le informo que Peeta solo tiene fiebre. Que ahora ya se siente mejor. Ella suspira aliviada ante mi noticia y comienza a agradecerme, especialmente la última frase que me dijo me hizo sonrojar que tuve que darme la vuelta para que Peeta no me viera ya que estaba muy pendiente de mi conversación con su hermana.

-Cállate Madge... -susurro a mi móvil.

-Pero si tengo razón... -sigue. -Está tan enamorado de ti que eres su mejor medicina.

-Vale Madge, yo también te quiero. -respondo despidiéndome.

-Ay Kat... está bien está bien. -por fin dice vencida. -Mándale un beso a mi hermanito y

me lo cuidas por favor. Te quiero Kat, adiós.

-Tranquila, adiós cariño. -y cuelgo.

Cuando vuelvo al sofá Peeta ya ha acabado su muffin y su café así que ya está recostado nuevamente en el sofá viendo un programa. Sonríe al verme y se levanta para dejarme un poco de sitio para sentarme, Peeta es un chico tan grande que ocupa todo el sofá nada más tumbarse.

-Ven. -le digo mientras palpo mis muslos para que apoye su cabeza.

Sin dudarlo dos veces y con una gran sonrisa lo hace y se acomoda sin ninguna vergüenza.

Es increíble la confianza que nos hemos cogido desde las últimas tres semanas. Quizás influya en que nos conocemos desde que éramos pequeños pero sólo ahora hemos tenido esta confianza. Por alguna razón extraña me gusta la cercanía que ambos hemos desarrollado y eso hace que nuestro "trato" funcione con más facilidad, teniendo en cuenta que la mayoría de nuestros actos como "novios" delante de la gente y su familia no son fingidos. Y desde ahí me di cuenta de lo buen novio que puede llegar a ser porque sinceramente me siento muy abrumada cuando me atiende con tanto cariño.

Eso me lleva a veces a tener miedo. Miedo a que, al menos por mi parte, desarrollar algo más. Nunca nadie, ningún hombre me ha tratado de esta manera como él lo hace y eso me hace sentir cosas totalmente desconocidas por mi parte. Y eso es lo que me asusta, esos sentimientos que siempre afloran cuando se trata de él.

-Katniss... -el susurro de Peeta me saca de mis pensamientos y también me hace darme cuenta de que le estoy acariciando el cabello.

-¿Si? -respondo pero sin parar de jugar con su cabello.

-¿Te vas a quedar? -me pregunta con los ojos cerrados.

-¿Quieres que me quede? -le contesto con otra pregunta.

-Si quieres... -contesta con un tono divertido.

-Entonces llamaré a casa para avisar ¿si? -y él respondo con una sonrisa enorme.

No sé si han sido horas las que pasamos así en el sofá porque al mirar por las grandes ventanales de su apartamento ya está oscureciendo. Me doy cuenta que Peeta se ha quedado profundamente dormido.

Verlo así de traquilo me inspira mucha paz, su respiración acompasada, sus ojos cerrados que me permiten distinguir sus largas pestañas rubias, su rostro completamente relajado y no sé pero distingo una leve sonrisa en sus labios. Parece que está teniendo un buen sueño.

Con mucho cuidado para no despertarlo, alzo su cabeza apoyada en mis muslos, me levanto y vuelvo a apoyar su cabeza en una almohada. Tengo que avisar a mis padres para que no se preocupen, sinceramente no creo que les importe que me quede aquí cuidando a Peeta.

-Hola Sae. –mi nana responde el teléfono de la casa. -¿Puedo hablar con mi madre, por favor?

-Claro que sí niña Katniss… -Sae siempre tan cariñosa conmigo. –Ahora te paso a tu mamá.

-Gracias nana. –y en unos momentos suena la voz de mi madre. –Hola mamá.

-Cariño, te fuiste sin avisar. –reclama pero con cariño.

-Lo sé mamá, perdóname. Es que me llamó Madge preocupada por Peeta y me pidió ir a ver qué le pasa. –explico.

-¿Qué le pasa a Peeta? ¿Está bien? –ahora mi madre también suena preocupada y hace que me de cuenta el cariño que le tiene por él.

-Sí está bien. Sólo fiebre. –la tranquilizo. –Por eso te llamaba.

-Pues gracias por avisarnos mi vida. –suspira aliviada. -¿A qué hora vas a venir?

-Hmm… también te llamaba por eso. –me muerdo el labio. –Me quedaré aquí para cuidarlo, ya está bien pero no puede hacer las cosas por sí mismo y me quedaría más tranquila acompañándolo.

-….. –mi mamá no responde.

-Mamá… -murmuro.

-Me parece bien cariño. –dice finalmente.

-¿Por qué tardaste tanto en responder? –le pregunto extrañada.

-Por nada mi vida es solo que… -se interrumpe ella misma. –Ten cuidado.

-¿Cuidado con qué? –pregunto confusa.

-Con tus sentimientos. –y entonces se me para el corazón.

-¿Qué… quieres decir? –balbuceo.

-Cariño, sé que Peeta es un chico maravilloso y es muy fácil quererlo…

-Y lo quiero. –digo sin pensarlo.

-Exacto, quiero que tengas cuidado en cómo lo quieres. –vaya, esta es la primera vez que hablo sobre un chico con mi madre. Y no me gusta. Para nada. –Después de todo, lo que tenéis es un trato… y como tu madre no quiero que salgas lastimada.

Las palabras de mi madre me han llegado muy a dentro. A esto es a lo que me refería, el miedo de sentir esas cosas, o sentimientos, cuando estoy con Peeta. Tengo que tener en mente y muy claro de que lo nuestro no es real. Es un trato. Y de hecho, yo tengo ganancias por este trato.

-Gracias mamá. –susurro. –Lo tendré en cuenta así que no te preocupes…

-Mándale un abrazo de mi parte y de tu padre a Peeta. –se despide. –Te quiero mi vida.

-Y yo a ti mamá. –cuelgo.

Suspiro por mi conversación con mi madre. Nunca habíamos tenido una conversación así, tan privada y personal. Supongo que afecta de que vivo lejos de ella y mi vida amorosa es una mierda. No me acuerdo del último novio que tuve y creo que eso fue hace bastante tiempo. Siempre me preocupé más por mis estudios porque al ser hija única mis padres esperan mucho de mí y eso es bastante… agotador.

-¿Todo bien con tu madre? –de repente habla Peeta y me doy la vuelta sorprendida.

Espero que no haya escuchado demasiado.

-Si. –respondo incómoda por la idea de que haya escuchado algo. –Mis padres te mandan saludos.

-¿No les importa que te quedes? –pregunta ahora con una aspecto mejor.

-No. –intento sonreír. -¿Ya te sientes mejor? –intento desviar la conversación.

-Creo que sí. –dice tocándose la frente. –Aunque me duele un poco la cabeza.

-Déjame ver. –le digo y me acerco a revisar la temperatura de su frente. –Todavía tienes un poco de fiebre, pero ya no es tan alta como antes.

-No te tienes que quedar… -dice de repente.

-No seas tonto. No me sentiría tranquila dejándote sólo. –y ahora le sonrío con sinceridad.

-Gracias. –por dios, esa sonrisa de nuevo. -¿Tienes hambre?

-Un poco. Veré en la é puedo preparar. –e intento dirigirme hacia la cocina pero él me agarra del brazo.

-No, no. – niega con la cabeza muy divertido. –Ya has hecho bastante cuidándome y recogiendo la casa. No pienso dejarte cocinar. Pidamos algo.

-Cocino bien, si eso es lo que te preocupa. –le digo arqueando una ceja.

-Seguro que sí y no lo voy a poner en duda pero… no quiero abusar de tu hospitalidad. –y de nuevo esa sonrisa. Juro que me va a matar.

-Está bien. –digo vencida y alzando las manos para darle un toque cómico.

-Pero no descarto la idea de que cocines para mí. –sigue. –Así que eso lo dejamos para otro momento.

-Entonces pizza, comida china, india, taiwanesas… -empiezo a enumerar.

-¿Te parece bien pizza? –dice mientras caminamos hacia la nevera. –Mira aquí está el folleto. Pido yo tú ponte cómoda.

-Ehh… Peeta. –tartamudeo.

-¿Si? ¡Mira aquí está el teléfono! –de repente exclama al verlo encima de la nevera. –Perdona… dime Kat.

-Que… no tengo… ropa. –e intento no mirarle.

-Ohh… es verdad. –dice también tímido. –Te puedo prestar un camiseta… o si quieres sírvete tú misma en mi armario. Te quedaría bien cualquier cosa.

Y la sangre se me sube en la cabeza. Ni me quiero mirar en el espejo.

-Ok, ya busco yo algo. –y casi corriendo me voy a su habitación.

Cierro su puerta con cuidado sabiendo que me está mirando. Una vez dentro me dirijo a su armario, que al igual que el mío, es como una mini habitación. Recuerdo que cuando fui aquí me estuvo contando de que Madge había elegido expresamente este loft por el armario que tiene y que ella misma ha llenado. Sonrío ante el recuerdo porque Madge también se ha encargado a llenar la mía nada más decirle que tenía poca ropa.

El ropero tiene ese olor a Peeta, y no sé por qué pero siempre me huele a pan recién hecho… raro. Pero me gusta el olor. Digamos que su ropero está dividida en dos partes: uno a la derecha (ropa formal) y la izquierda (ropa informal).

Observo uno de los largos percheros llenos de trajes de distintos diseños y colores (los que más me gustan son los grises y no sé porqué pero le quedan muyyyy bien) Al lado del perchero hay como unos dos cajones llenos de corbatas con distintos estampados y colores. Luego están las estanterías con sus zapatos formales y al lado las deportivas (las que más me gustan, es un amante del Converse igual que yo) y ya al otro lado las estanterías y otro perchero largo con su ropa casual e informal, es decir, jerseys, camisetas, chaquetas, vaqueros… y por último los cajones de su ropa interior. Sonrojo total.

Rebusco entre sus camisetas casuales y encuentro uno de color gris con un estampado de "Hard Rock Café", me lo quedo y empiezo a buscar algún pantalón pijama o al menos un chándal. Encuentro varios pantalones de franela pero todos son demasiado grandes y largos así que se me caen. Me río en tan solo ponérmelo y al soltarlo por mi cintura se desliza hacia abajo sin dificultad. Vencida, me pongo solo la camiseta y me doy cuenta que es lo bastante largo para taparme hasta al menos la mitad de mis muslos, pero sigo incómoda. No pienso salir de aquí sin unos pantalones.

-Katniss, ¿todo bien? –Peeta llama por la puerta del ropero. –Ya he pedido pizza.

-Peeta… no encuentro pantalones. –y creo que no podré sonrojarme más. –Todas se me caen.

Y oigo cómo se ríe por el otro lado de la puerta.

-No es gracioso Peet. –intento sonar ofendida.

-Busca en el cajón de ropa interior, hay unos boxers anchos que te pueden servir de pantalón corto. –pero su risa todavía no se desvanece.

Joder, ¿ropa interior? ¿Quiere que me ponga su ropa interior?

-No pienso ponerme tu ropa interior. –respondo muy directa.

-Entonces tendrás que dormir en bragas y créeme que no me importa. –bromea, creo.

-Eres un pervertido Peeta. –sigo. –No conocía esa faceta de ti.

-Bueno, es mejor que lo conozcas ahora y no cuando ya estemos casados. –sigue con su broma.

-Cállate. Puede que nos casemos pero nunca tendrás esos derechos. –aclaro.

-Puede que intente cambiar el contrato. –se ríe.

-Peeta, no es gracioso. –hago un puchero. –En serio, ya hemos hecho el contrato y figuramos en completo acuerdo que NADA FÍSICO. –creo que me he pasado de tono.

-Está bien, lo siento Kat. –se disculpa y creo que se arrepiente de su broma. –Esos boxers anchos no me los pongo directamente así que están casi nuevos. Y si no coge uno de franela y veremos como te lo podemos adaptar a tu cintura.

-Está bien. –suelto mientras abro el cajón de su ropa interior. Otra vez sonrojo.

En serio, no me quito la imagen de Peeta con estos… trozos de tela. Agradezco haber encontrado uno de sus boxers anchos y rápidamente cierro el cajón por el bochorno. El boxer es de color blanco con algunos puntos de color azul marino, es mono, así que me lo pruebo y para mí sorpresa me queda muy bien ajustada en la cintura y como son anchos se parecen a mis pijamas de pantalón corto. Bendito sean estos boxers.

Al final salgo muy feliz del ropero y me encuentro a Peeta sentado en el borde de la cama enfrente del ropero. Nada más verme se le ensancha los ojos y no puedo evitar observar cómo me recorre su mirada. Otra vez sonrojo. Pero en unos pocos minutos él también se sonroja al verme de que le estaba observando.

-Te queda bien. –y se carraspea la garganta. –Esa es una de mis camisetas favoritas.

-¿Si? A mi también me gusta. –intento sonreír. –Lo de los boxers ha sido una buena idea. Son muy cómodos.

-Si… -y creo que otra vez me mira de arriba abajo. ¿Acaso tengo algo?

-¿Peeta?

-Hmm… -y ve que le miro confusa. -¿Qué?

-¿Tengo algo…?

-Ohh no… no… yo…- tartamudea. –Me voy a dar una ducha. El dinero para la pizza está en la mesa del recibidor… -y se va al baño a grandes zancadas.

-Está bien…

Salgo de la habitación de Peeta y decido ordenar un poco la mesa del salón. Quito todo lo que hay encima y tiro lo que hay que tirar. Preparo dos platos y dos vasos y los pongo en la misma mesa para que cuando llegue la pizza ya sólo tengamos que sentarnos, Una vez todo listo, enciendo la tele para entretenerme mientras espero. Genial, ponen "Glee".

En unos minutos llaman del timbre así que sin responder al telefonillo le abro el portal. Busco el dinero donde lo ha dejado Peeta y comienzo a quitar varias cerraduras para abrir la puerta con más facilidad. Llaman a la puerta y yo lo abro…

Me encuentro con una chica alta, rubia y muy bien vestida con los ojos como platos mirándome de arriba abajo y creo que si esto fuera dibujos animados le saldría humo por las orejas. No me dice nada y se limita a mirarme… y cómo si fuera la más estúpida del mundo mundial me acuerdo de mi "atuendo"… pero ¿quién es ésta para mirarme de esa manera?

-¿Delly? –y aparece Peeta saliendo del baño con tan solo una toalla envuelta en su cintura.

-¿Tú eres Delly Cartwright? –pregunto incrédula ante la chica del rostro… completamente rojo.

.

Empieza el drama… gran aparición de Delly. Y no va a ser un personaje agradable, créedme. Bueno, ¿os ha gustado el capitulo? Porque yo me lo he pasado pipa escribiéndolo :)

Sé que dije que la próxima actualización iba a ser EUS cap24 pero es que me encuentro en un debate interno… tengo que organizar mis ideas y ordenar un poco el capitulo. Pero ahora si que si la próxima que subiré será de EUS.

Otra cosa. Empiezo la universidad el lunes… YUPI! Estoy muy emocionada porque es mi primer año universitario… estoy que me muero de los nervios así que deseadme suerte!

28 REVIEWS?! EN SERIO?! Chicos sólo llevamos y con este 3… estoy flipando por la acogida que le dáis. En serio, muchas gracias :)

Special thanks to: The Last Mockingjay (mi hermanita en FF hahaha te adoro preciosa!), Ripper P (me encanta que siempre te me adelantes hahaha!), Sayre 922, Luna Potter Granger, lauz9 (ya te echaba de menos en mis reviews…haha), asdghjkl, XkanakoX, Riley92, Zae, Guest, Andy Pandis, Whiz Knightley, yukikandavobifield, as sejmet, Lenny94 y adrix orange dream (que me manda unos mensajes muy bonitos en twitter)

(Lenny94): Al final no subí nota :( y tú? Bueno yo ya estaba inscrita en una uni y empiezo el lunes :) Espero que nos vaya muy bien en esta nueva etapa! Un beso.

Como ya habéis leído empiezo la universidad así que creo que actualizaré los fines de semana. Espero que tengáis paciencia y bueno… mirándolo de otra forma así se mantiene la tensión no?

Bueno muchas gracias a todos los que leen esta historia (aunque no dejen review :P) No os olvidéis de dejarme un review, follow y/o favorite!

Gracias y un abrazo muy fuerte!

PD: os aviso que el próximo capitulo es muy largo… wuahaha!