-Hola

-Hola, ¿qué tal?

-¿Qué haces en la calle?

-Comprando una cosa-se fijó en la bolsa de plástico. Parecía una carpeta-. ¿Y tú?

-Bueno...-se removió incómodo, pensando si contarle o no la nueva dictadura familiar- lo mismo-terminó diciendo.

-Ajá-asintió sin creérselo, pero dejándolo pasar-. No estuvo mal el numerito de escapismo de la otra noche-bromeó.

Sonreía. Él sonrió también pero evitando mirarla; se sentía un poco avergonzado (aunque jamás lo confesaría). No por todo lo que le dijo a su madre, ni la pelea de ella con su tía -allá ellos-, pero sí por haberse ido de allí sin decirle nada.

-Los vecinos y las fiestas con tarteras no son lo mío-era lo más cercano a una disculpa que le iba a escuchar jamás.

-Demasiado para tu cuerpo-se burló, dejándolo correr de nuevo. Pero no le preguntó por el tema de las tartas y él también decidió obviarlo.

-Sí, eso es-empezaba a gustarle su sentido del humor. Paseó una moneda por los nudilllos de su mano, haciéndola rular con habilidad entre los dedos. Había capturado su atención, por fin.

-¿Y ahora qué haces?

-¿Esto?- se la enseñó para hacerla desaparecer milésimas de segundo más tarde- No es nada-se encogió de hombros-. Otro numerito de magia.

-¿Un consejo?-se ofreció Rory. Jess parpadeó con interés.

-Sí -era un "sí, claro" implícito, como si fuera natural y se detuvo en seco dándose cuenta de lo que acababa de suceder. ¿Por qué no dudaba en aceptar consejos de ella y se pasaba los del resto por el forro de la chaqueta?

-Si piensas volver a hablarme, no me saques eso de una oreja-le avisó, mirándolo con ojo crítico.

Jess apretó los labios para no dejar traslucir una sonrisa. Por eso mismo: porque Rory Gilmore no era como los demás.

-Y la nariz, ¿también está prohibida?

-Cualquier sitio donde no sea natural encontrar una moneda-asintió, medio en broma medio en serio. Jess aceptó, ladeando un poco la cabeza, guardándose la moneda para sí.

-¿Qué vas a hacer ahora?-le pregunto intentando disimular el interés.

-Terminar los deberes.

-Vale. Entonces, te haré un último truco- y sacó del bolsillo de su pantalón Howl, tendiéndoselo.

-¿Lo has comprado? Te dije que te dejaba el mío...-recordó.

-Es el tuyo-siguió sosteniéndolo para que lo tomara.

-¿Me robaste el libro?

Había tintes de decepción e indignación a partes iguales en su voz. No se lo esperaba. No se esperaba eso de él. Los libros eran sagrados también para ella.

-No, ¿por qué?- técnicamente, ella se lo prestó. Aunque él lo tomara prestado sin decirle nada.

Robar no implicaba posterior devolución, y allí estaba él con el libro en la mano para ella. Aquello no era hurto.

-Vale, eso no es un truco-seguía molesta-. Eso es un delito.

-Quería ponerte alguna notas en los márgenes-terminó de explicarse, agitando el puñetero libro en el aire para que lo cogiera de una buena vez y le golpeara con él. Se sentía tremendamente culpable por querer dejarle ver lo que pensaba de la obra. No soportaba que lo mirara así, lo hacía sentirse la peor mierda del Universo.

-¿Qué?-compuso una mueca perdida, quitándoselo de las manos y abriendo una página al azar. Leyó con rapidez y alzó la mirada, completamente descolocada-Tú ya has leído este libro-afirmó con seguridad, aún sorprendida. Jess asintió.

-Unas cuarenta veces.

-Dijiste que no leías mucho.

Ahí volvía el aguijón, pero ya no sonaba desconfiada. Jess sintió que se le iba un peso del pecho; respirar era más fácil cuando no parecía molesta.

Se encogió de hombros, con las manos todavía dentro de los bolsillos de su chaqueta y con cara de "¿qué le vamos a hacer? C'est la vie".

-Bueno... ¿cuánto es mucho?- la miró con apreciación y se dio la vuelta- Adiós Rory.

-Adiós, Dodger.

Se detuvo en seco en cuanto la escuchó. Ella lo había imitado y seguía leyendo sus notas con avidez, de espaldas, caminando. Él frunció el ceño, volteando a verla.

-¿Dodger?

Ella sonrió, poniéndolo a prueba. Lo estaba tentando, por Dios Santo. Era un reto. Una descarga de emoción lo recorrió entero, dirigiendo esa sensación hacia el bajo vientre con un cosquilleo enfermizo.

-Averígualo-alzó una ceja, dándose la vuelta, con la mirada todavía en los márgenes de su libro.

Jess se mordió el labio inferior, viéndola caminar un par de pasos. No tuvo que pensárselo mucho.

-Oliver Twist.

Se dio la vuelta solo para asentirle con una sonrisa de despedida. Él desvió la mirada, sonriendo también, y sintiéndose mejor. Sintiéndose tremendamente cálido por dentro.

Rory Gilmore tenía esa habilidad de calar a las personas. Ingeniosa y dulce.

Rory era diferente.