El Testamento Abadeer.

Capitulo 3: Que comience el juego.

La cueva en la que Marceline vivía estaría medio oscura de no ser porque las luces del interior de su casa y el patio aun seguían encendidas y la luz podía llegar casi a la entrada de la guarida de la Reina de los Vampiros, que justo en esos momentos se encontraba dormida en su sofá rojo en el interior de su casa. Todavía se podía apreciar entre sus labios el cigarrillo que Grimm le había regalado después de la conversación que tuvieron en el pasillo de la mansión, y que aun humeante, no le faltaba mucho para desprenderse de los delicados labios de la dormida chica vampiro. Y no falto mucho tiempo para que el cigarro por fin fuera atraído por la gravedad dando volteretas en el aire hasta que por fin toco la alfombra de la sala.

Estando aun encendido y sobre la alfombra, después de cinco segundos en los que nadie lo recogió el humo que desprendía del tubillo se fue intensificando a tal grado que una pequeña llama apareció y al igual que el humo, esta fue intensificándose con cada segundo que pasaba. El humo llego entonces a los poros nasales de Marceine, quien entre abrió los ojos pensando para sí que algo olía a quemado. Miro a su izquierda y se inclino en el sofá abriendo los ojos como platos cuando vio que en su alfombra había una pequeña llama que estaba comenzando a extenderse.

-Oh, Mierda…

Automáticamente la vampiresa se puso en pie y con la suela de su bota comenzó a aplastar la llama una y otra vez sin parar hasta que esta fue lo suficientemente pequeña para molerla logrando así que se extinguiera y posiblemente evitar terminar viviendo en la casa de Finn y Jake.

-Es la última vez que tú y yo dormimos juntos, ¿me escuchaste?- Le dijo Marceline al masacrado cigarrillo el cual lanzo al cesto de basura que tenía por ahí. Se froto los aun adormilados ojos y se estiro dando un bostezo para después rascarse la cabeza- ¿Qué hora es?

-Hora de aventura- Dijo alguien de repente.

-¡No inventes caraj…! ¿Qué estás haciendo aquí, Finn?- Dijo, indignada al ver que el humano había entrado sin permiso a su casa.

-Dijiste que hoy saldríamos de aventura, y ya sabes lo mucho que me gusta salir de aventura contigo- Dijo el joven humano de ya dieciséis años. El chico llevaba puesto su inseparable gorro de oso blanco, una chamarra azul, pantalones y unas botas negras debido al frio que había estado haciendo últimamente en Ooo.

-¿Y tenías que entrar a mi casa sin permiso?

-Toqué, pero no me respondías, además la puerta estaba abierta y cuando entre te vi bailando sobre tu alfombra y hablándole a un cigarrillo… Por cierto- Comenzó a decir olfateando a Marceline-… ¿fumas?

-¡Por supuesto que no, Finn! Jamás eh tocado un cigarrillo en mis mil tristes años de existencia.

-¿Y el que tenías hace unos momentos en la mano?

-¡De aventura dijiste! Muy bien, viejo, iré contigo, no más deja que me ponga una chaqueta o un saco encima porque hace mucho frio y no quiero terminar con una neumonía- Exclamo Marceline evadiendo el tema anterior y flotando hasta su habitación.

-No sabía que a los vampiros les podía dar neumonía- Le dijo Finn desde la sala.

-¡De hecho no!- Grito la vampiresa desde su habitación.

Rápidamente Marceline busco entre su closet algo que la protegiera del frio de esa noche de invierno. Sabía que no necesitaba ponerse mucha ropa para poder protegerse del frio, después de todo la temperatura corporal de los vampiros generalmente era muy baja, casi pareciendo que era hielo lo que se estaba tocando. Pero a diferencia de varios vampiros que podían incluso hasta salir desnudos en noches como esa, Marceline aun no podía quitarse la costumbre de ponerse por lo menos una bufanda para evitar lo que antes ella podía llamar un resfriado, y en efecto, eso fue lo que se puso; una bufanda roja y una chaqueta de cuero negro a parte porque se la había pasado todo el día con una blusa gris sin mangas y el pantalón que llevaba puesto.

Floto al baño y abrió la llave del grifo escuchando como el agua al mismo tiempo en que tocaba el fondo del lavamanos se iba por la tubería. Aun no se encontraba despierta del todo y para no irse de aventura con Finn aun con sueño se mojo un par de veces la cara consiguiendo al fin despertar de su ensoñación. Estiro el brazo a un lado, tomo una toalla que estaba colgada al lado y seco su rostro con cuidado y también parte de su cabello que también había terminado mojado en su misión por despertar.

Pero como aun le era de costumbre, al quitar la toalla de su rostro accidentalmente cruzo miradas con el espejo del baño, donde como siempre encontró un gran saco de nada. Su naturaleza de vampiro no le permitía reflejarse en ninguna parte. Algunos creían que eso era porque los de su especie carecían de un alma y que por lo mismo a los vampiros se les denominaba no-muertos, pero Marceline creía que era otro juego de la vida para burlarse de ella una, y otra y otra vez diciendo: "en tu cara". Prácticamente casi gritándole que jamás volvería a sentir los rayos del sol en su piel, que sería temida por todos, que en parte ya estaba muerta y que nunca volvería a ser quien era antes de ser lo que muchos llamaban… un monstruo.

-¿¡Pasa algo allá arriba, Marcy!?

Gracias al grito de Finn la chica vampiro fue capaz de apartar su mirada del vació presentado en el cristal de su espejo apartándola también de las lejanas memorias de su vida como humana.

-No, Finn. Bajo en un segundo- Dijo con voz alta para que el chico la escuchara.

Marceline bajo flotando las escaleras de su habitación y de la misma forma cruzo a la sala de su casa donde encontró al rubio, quien volteo tan pronto cuanto noto su presencia.

-¿Y cuál es la aventura de hoy, héroe?- Dijo ella.

-Estaba pensando probar algo nuevo hoy, como ir al Mercado Fantasma. Dicen que hace mucho tiempo un mercenario enterró ahí un gran tesoro.

-Pero es una simple leyenda, Finn. Los mercenarios en esos tiempos se dedicaban a robar y a comerciar con las personas para obtener dinero, dudo mucho que haya enterrado sus tesoros en un mercado sin que nadie se diera cuenta. Y de ser cierta esa historia, ya debieron haberlo encontrado, ¿no crees?

-Puede que sí, pero de igual modo podemos patearle el trasero a unos cuantos fantasmas. Además quiero ir, muchos ancianos dicen que el mercenario existió de verdad y que la última vez que lo vieron dijo que había enterrado todo.

-Los ancianos son ancianos, Finn. Yo pase más de ocho siglos explorando la Tierra de Ooo y en todos mis viajes escuchaba historias como esas. La mayoría eran cuentos para mandar a los niños a dormir y otras… Bueno, busque hasta debajo de las piedras, pero eran simples leyendas.

-A veces las leyendas no son solo leyendas, Marcy. Imagina lo que podríamos encontrar si vamos al Mercado Fantasma esta noche.

-Digamos que sí. Vamos caminando al dichoso mercado, llegamos, ¿y luego qué? No me voy a poner a escarbar toda la zona para buscar algo que ni siquiera se sabe si existe.

-Es por eso que vamos a averiguarlo… ¿Qué dices, le entras?

Abadeer suspiro. La terquedad de Finn a veces era demasiada como para ponerse a discutir con él, y como no tenía ganas de tomar más decisiones enredosas ni de escuchar las suplicas del humano, le dijo que sí y como todo adolescente emocionado y algo distraído que se respeta, no pudo evitar saltar emocionado sobre su preciado sofá rojo. Y Marceline, como toda mujer vampira de carácter mixto que se respeta, lo saco a patadas de la casa de tal manera que a Finn le salió un moretón en la frente debido al golpazo que se dio contra la pared de roca de la cueva… literalmente hablando.

Y luego de un buen rato de espera en el que Marceline se aseguro de que el aventurero no estaba muerto, partieron al dichoso Mercado Fantasma.

Como su nombre lo indicaba, este lugar se conocía no por no tener habitantes y estar totalmente desolado, más bien se le conocía de ese modo ya que todos los mercaderes de por ahí y algunos compradores eran fantasmas. Estaba localizado detrás de unas montañas al oeste de las Praderas y quienes estaban interesados en ir solo podían ir de noche porque era el único momento en que el mercado estaba activo. Todo el tiempo se podían ver diferentes tipos de criaturas comprando y regateando cosas con los vendedores, cosas normales y sobrenaturales como lo eran medallones con poderes místicos, polvos mágicos, anillos de poder, libros de conjuros, etcétera. Sin mencionar a los numerosos mercenarios que a cada rato acorralaban a la gente ofreciéndoles cualquier antigüedad en buen estado que hubieran encontrado en una de sus expediciones para conseguir un par de monedas de algún tonto que les comprara algo.

-Esta noche hay muchos magos- Comento Finn mirando a su alrededor.

-Todos son aprendices recién graduados, se están preparando para dedicar su vida a la magia y todo eso.

-¿Y porque vienen al Mercado Fantasma?

-No lo sé. Según yo había un mercado especial para los magos, o algo así pero al parecer no encontraron lo que querían. Y como el Mercado Fantasma es de los más famosos en Ooo y tiene de todo, entiendo por qué molestarse en venir hasta acá.

-Entiendo. A mí me gustaría comprar una nueva arma o algo para que Jake ya no ronque más.

-Yo no compraría nada aquí si fuera tu, héroe. Los mercenarios y los vendedores son muy listos, te engañan fácilmente y aprovechan cualquier oportunidad para robarte lo más que puedan.

-Creí que era de los mejores mercados de Ooo.

-Lo es. Tiene hasta sonrisas de caballo empaquetadas, pero el problema no es encontrar los artículos, sino al vendedor indicado.

-Pues yo veo que todos confían en todos los vendedores. Parecen muy amables.

-Es un truco barato usado para que el idiota que les está comprando no le importe cuanto tenga que pagar. Hay artículos buenos y otros no tanto, pero sean o no de buena calidad terminas pagando una fortuna.

-¿Y tu como lo sabes?

-En una de mis aventuras me cruce con este lugar, me insistían mucho en que comprara algo y los mercenarios pueden llegar a ser demasiado insistentes a veces. Pero ya olvídate de eso, venimos a buscar otra cosa.

-Ok, pero hay que pedirle información a alguien porque no tengo ni idea de en donde comenzar… ¡Oye, ¿qué tal a él?!- Dijo el rubio mientras avanzaba al lugar que señalaba.

-¡Espera, Finn, tienes que tener cuidado con los mercaderes, son muy engaño…!

Justo antes de terminar la última palabra Marceline se calló de repente a sí misma. Algo no andaba bien. De repente sintió un escalofrió recorrerle la espalda y había una sensación bastante extraña en el aire. La piel de los brazos se le había erizado en el interior de las mangas de su chaqueta y la sensación que había a su alrededor por un momento se le hizo familiar, como si ya la hubiera experimentado antes. Volteo a todos lados buscando la posible causa de eso, pero lo único que veía era a magos, humanoides y diferentes tipos de criaturas buscando lo que querían al mejor precio que encontraban. Finn se le había perdido de vista entre la multitud de gente y a penas si podía divisar las orejas del gorro de oso entre unas cuantas cabezas.

Se olvido por un momento de Finn y se concentro en lo que acababa de sentir. Ella tenía experiencia con hechos de tipo sobrenatural y justo ahora se le estaba presentando uno, algo bastante raro porque en ese lugar había cientos de criaturas paranormales y hubiera sentido lo mismo en cuanto Finn y ella entraron a la zona. Pero esta presencia era más fuerte que la de un fantasma, y no, definitivamente no era la de un fantasma, los fantasmas no tenían tanto poder a su mando. Eso era más grande, mucho más grande que el poder de ellos. Marceline olfateo el aire por un instante y los ojos se le abrieron como platos cuando reconoció la mezcla de azufre y cadáver en descomposición. Ahora entendía porque le incomodaba tanto esa presencia.

Había un demonio en el Mercado Fantasma

-Oye, Marcy, tenías razón con eso de los vendedores. No conseguí información del mercenario pero compre cosas que ni siquiera sé para qué son… ¿Ocurre algo?- Pregunto Finn al ver el estado de ella.

-Este… Finn, creo que deberíamos dejar esta aventura para otro día. V-vámonos, ¿sí?

-¿Por qué, que paso?

-Hay un demonio rondando por aquí y eso no me agrada mucho. Tenemos que irnos lo más rápido que podamos- Sentencio Marceline tomando a Finn del brazo y comenzando a caminar a la salida del mercado.

-No entiendo ¿Tienes algún problema con los demonios?

-Más bien ellos tienen problemas conmigo. Los demonios y los vampiros no nos llevamos muy bien desde hace como quinientos años y como yo soy la principal representante de mi raza, pues ya te imaginaras.

-¿Quieren matarte?- Dijo Finn sorprendido.

-No estoy muy segura. Pero desde que los vampiros se instalaron en la Nocheosfera varios demonios han estado en desacuerdo y me culpan a mí de que eso haya pasado porque desde que llegaron los vampiros, la Nocheosfera ha tenido severos cambios políticos, económicos y todo lo demás.

-Yo creía que no te interesaba nada de eso, Marceline.

-No me interesa pero de igual modo mi padre me informa de todo lo que pasa ahí. Últimamente ha tenido problemas con las turbas que exigen que los vampiros se vayan, pero él insiste en dejarlos ahí y que los demonios aprendan a convivir con ellos.

-¿Y porque los demonios no quieren a los de tu especie?

Marceline esquivo a un grupo de duendes que iban pasando al mismo tiempo en que miraba a todos lados en busca del origen de esa presencia. Ahora era más fuerte, lo cual significaba que estaba más cerca que antes.

-No lo sé. Tal vez porque no alcanzan los alimentos para todos, ¡puras estupideces de la sociedad! Nosotros no les hacemos ningún daño para que nos quieran correr de un territorio que también le pertenece a la Reina de los Vampiros.

Ahora Finn estaba confundido ¿Marceline estaba hablando de igualdad que debería haber entre vampiros y demonios? Según él la política no era una de las cosas favoritas de su mejor amiga, ella incluso le había dicho que detestaba todo lo que tuviera que ver con los negocios y todo lo que acarreara con ellos. Pero ahora estaba hablándole sobre lo que debería de haber entre dos razas que al parecer no se caían muy bien ¿Desde cuándo Marceline defendía algo que no fuera su Bajo-Hacha o a sus pocos amigos? Además la había notado un poco estresada cuando entro a su casa y la encontró tratando de apagar la alfombra de su casa y hablándole a un cigarrillo. Ok, o Marceline se había vuelto loca, o por fin estaba considerando trabajar con su padre en el ámbito de los negocios –algo que él dudaba que pasara-.

Esquivaron a un grupo de personas cargando algo y por fin pudieron salir del laberinto en el que se había convertido el mercado, lo curioso fue que a pesar de ya estar a una distancia considerable del punto del que ambos acababan de salir Marceline seguía corriendo con Finn aun agarrado de la muñeca de su brazo como si fuera un niño pequeño incapaz de caminar a su misma velocidad. Siguieron avanzando hasta que llegaron al otro lado de las montañas donde se localizaba el Mercado Fantasma y por fin ahí se detuvieron para que el humano pudiera recuperar el aliento, pues Marceline estaba consciente de que no habían perdido al demonio. Esos sujetos tenían un sentido del olfato casi tan desarrollado como el que tenían los vampiros y para perderlo de vista tendrían que estar a una distancia como de un kilometro para poder tomar ventaja.

-Oye, Marcy, ¿y si lo enfrentamos?- Sugirió Finn

-No quiero que los otros demonios de la Nocheosfera se enteren de que la Reina de los Vampiros ha estado matando a los de su bando. Ahí si me metería en el problema de mi vida y me convendría meterme en los negocios con mi padre.

-¿A poco en serio no podrías hacer nada más si te metes en la política como tu papá?

-Sí.

-Pero eres la Reina de los Vampiros y siempre tienes tiempo libre ¿No es lo mismo?- Ella meneo la cabeza.

-Las cosas en el negocio de mi padre son muy diferentes, conmigo los vampiros hacen lo que quieren a menos que no estén en la Nocheosfera porque están en terreno de demonios, y los demonios no nos quieren.

-Yo pensaba que los vampiros también eran como demonios.

-Lo son, pero a su manera. Los vampiros mitad demonio como yo pueden convertirse en lo que quieran, prácticamente pueden de hacer de todo. Los vampiros normales, por otro lado, son solo eso… vampiros que se transforman en murciélagos, pero a menudo las otras criaturas los relacionan con demonios, cosa que no es cierta; ellos parecen demonios, pero tienes que mirar más en el interior para conocerlos.

Finn iba a seguir con la conversación, pero antes de que alcanzara a decir una sola palabra, Marceline le tapo la boca con su mano y le susurro:

-Nos encontró.

Sus palabras se hicieron eco en su cabeza y fueron desapareciendo poco a poco. Fue entonces cuando de repente la temperatura en el ambiente comenzó a bajar tanto para Finn como para Marceline, quien tenía en cuenta que eso se debía a la presencia de la criatura que los estaba siguiendo. La vampiresa puso al joven detrás de ella y espero a que el sujeto se presentara ante ellos. Y unos pocos momentos después, de la tierra que estaba frente a ellos comenzó a emerger la figura que ninguno de los dos alcanzo a verle la cara debido a que el tipo se encontraba de espaldas. Marceline se preparo para lo que sea que estuviera a punto de pasar, y que mala suerte, no llevaba su Bajo-Hacha esa noche, además tenía que proteger al humano, Finn era su mejor amigo –de los pocos que tenía- y por nada iba a permitir que muriera en manos de una criatura como la que estaba en frente.

El sujeto que estaba de espaldas comenzó a moverse despacio, dándose media vuelta y quedando de frente ante el aventurero y la vampiresa.

Los ojos de Marceline se abrieron en sorpresa…

Riux: -hablando por teléfono- Si, te dije que lo tiraras al rio… ¡No me importa, solo deshazte del cuerpo! Y asegúrate de que nadie sospeche nada.

Camarógrafo: Riux, estamos grabando.

Riux: Ehhhhh…. Te llamo después –Cuelga y tira el teléfono por la ventana-

¡Hola! …. (Si soy yo de nuevo, ni modo)…. Lamento mucho si los eh hecho esperar una eternidad, pero eh tenido cosas que hacer y bla, bla, bla, etcétera, etcétera, etceteraaa. Y no se si algunos saben lo que es, pero me ha estado atacando mucho un "Bloqueo de Escritora", un síntoma de corto o largo tiempo que les pega a los escritores, ya saben… como no somos normales pues nuestras enfermedades tampoco tienen que serlo

Individuo intruso: ¡No le hagan caso, se la ha pasado viendo videos de Hola Soy German!

Riux: ¡Nadie te pidió tu opinión, animal!

Y bueno, creo que esto ha sido todo por un capitulo. Si les gusto dejen un Review y muchas gracias a todos los que dejaron un comentario en el capitulo anterior. Y lamento si no dejo agradecimientos, pero mi hermanito me esta insistiendo en que le preste la computadora y es muy terco.

En fin. Un abrazo psicológico y nos vemos en el próximo capitulo en una o dos semanas… Lo que ocurra primero.

Cuidense, Los amo a todos. Nos vemos. Adios.

Riux, Chaitooo.