Hola niñas, quiero agradecer a los que me dejaron reviews en el primer capítulo, a sus alertas y favoritos. Aunque, no estaría mal que me dejaran saber que les parece la historia.
Disclaimer: como saben, los personajes no me pertenecen, yo solo trató de que dejen un momento mi mente siempre acosada por sus vidas paralelas, todo es de la gran Stephanie Meyer.
Capitulo 2. Nunca castañas.
EPOV
Me deshice de la mano que me abrazaba mientras tomaba la bata al lado de la cama. Esta sería otra de esas noches de insomnio indeterminado que agrandaría los círculos bajo mis ojos. Ya podía ver venir la preocupación de Esme por mi palidez y falta de sueño, pero después de nueve años de padecer este mal, terminas acostumbrándote. Mis sueños nunca eran placenteros, prefería sumergirme en mis recuerdos y volver a ser un adolescente de diecisiete años junto a la chica de sus sueños. Una que en nada se parecía a la mujer de turno que retozaba en mi cama.
Salí al pequeño balcón de mi apartamento y me reconfortó la gélida brisa de Seattle, cerré los parpados y de inmediato las memorias vinieron a mí, era uno de aquellos días en que las preocupaciones solo se centraban en tareas y videojuegos.
― No quiero hacer eso ― protestó la jovencita de cabellos castaño y vivaces ojos chocolate mirando con recelo la pista de hielo ― sabes cuan torpe soy, acabaré con las piernas amoratadas.
― Vamos, Bells ― sonrió el de cabellos bronce mirándola con ternura en sus ojos verdes ― no te dejaré caer. Te prometo que te encantará ― dijo tendiéndole una mano ― además, fuiste tú la que sugirió lo de buscar un deporte en el que fueras buena.
― Si, pero ya no me parece tan buena idea después de intentar con volly y básquet esta mañana y tennis ayer ― dijo la castaña colocándose los patines ― Charlie te matará si llego inconsciente a casa ― aseguró sujetando las manos que le ofrecían y deslizándose con cuidado en el hielo. Una hermosa sonrisa cruzó su rostro cuando vio que sus pies no parecían tan torpes al pasearse por el agua solidificada.
― Ves ― musitó el chico ― te dije que encontraríamos algún deporte en el que no fueras un desastre. ― Ella le miró con fingido odio pero se desarmó cuando él sonrió torcidamente y le enseñó sus hoyuelos, esa era su sonrisa favorita.
― Es fácil de decir viniendo de ti, no hay ninguna actividad física en la que no te luzcas. ― objetó la niña soltándose de una mano y patinando a su lado.
― Tú cantas y tocas la guitarra, además de escribir muy bien ― elogió el chico ― no necesitas ser ningún as en los deportes.
― Edward ― rió ella ― deja de alabarme te recuerdo que ya acepte ser tu novia ayer ― bromeó aunque para él no pasó desapercibido el rubor que adquirieron sus mejillas aun cuando ella tratara de ocultarlo creando una cortina con su cabello.
― Ya lo sé, pero nadie dijo que no puedo hacerle cumplidos a mi preciosa novia ― susurró deteniéndose y haciendo que ella parara también. Se acercó lentamente y la abrazó por la cintura. Escondió la cabeza en sus cabellos y se deleitó unos minutos con la esencia que lo enloquecía. ― Te quiero, Bella.
― Te quiero, Edward ― repitió ella las palabras armándose de valor para encontrar su mirada. Sus narices se rozaron y el verde y el chocolate se fundieron en una conversación sin palabras. El chico subió una de sus manos hasta las sonrojadas mejillas y con delicadeza recorrió los contornos de ésta, los ojos, la perfilada nariz y los suaves labios, aquellos que desde hacia tanto tiempo había querido probar. La jovencita deslizó una de sus manos hasta el pecho de su novio, justo donde su corazón latía desaforado y sonrió al comprender que él se sentía tan nervioso y maravillado como ella. Iba a ser el primer beso de ambos, el más recordado y que perduraría en sus memorias para siempre.
Por fin, decidido, Edward se inclinó y atrapó aquellos carnosos labios entre los suyos. Suspiró con satisfacción al encontrar el sabor azucarado tan parecido a su aroma, era una combinación entre néctar, fresas y miel. Se reconocieron tímida y torpemente, se saciaron de la sed que tenían de su pareja y cuando la falta de aire les pasó factura, ambos sonreían como los idiotas enamorados que eran, ambos disfrutaban de la belleza del primer amor, del único y verdadero amor.
Eran unos niños, él tenía quince y ella tenía trece, pero el amor no sabe de edades, clases sociales o religiones y cuando toca a tu puerta sabes que estás ansioso por dejarle ingresar y empezar a vivir, nada hay en este mundo que valga la pena disfrutar más que el primer beso de la persona que amas.
Mi mente volvió al presente cuando sentí unos brazos rodeándome. Húmedos besos se repartieron por mi espalda y suspiré cuando deseé que otra boca fuera la que estuviera haciendo eso.
― ¿Despierto de nuevo? ― suspiré de nuevo, Tanya no solo era mi amante ocasional, también era una buena amiga y compañera de trabajo en la clínica en Seattle.
― He dormido algunas horas ― desvié el tema.
― No me eludas guapo ― sonrió coqueta ― es ella de nuevo ― era una afirmación. Tanya era una de las pocas personas que sabía de mi amor por Bella, de lo que seguía creciendo dentro de mí aun cuando no pudiera verla.
― No entiendo que es lo que te detiene de buscarla, tienes una opción de ser feliz y no la tomas. Si yo amará a alguien con la intensidad con la que tu lo haces no dudaría ni un segundo en llegar a esa persona.
― Ella cree que estoy muerto ― contesté admirando la Luna Nueva ― además, han pasado nueve años. Debe haber rehecho su visa, ¿Quién soy para trastornar su mundo?
― ¿Su verdadero amor? ¿El hombre a quien entregó su virginidad? ― sabia que eran preguntas retóricas pero no pude evitar contestarle.
― Puede tener a alguien ya.
― Lo dudo ― aseguró con confianza ― si lo que ella sintió por ti es al menos la mitad de intenso de lo que sientes por ella entonces aún te ama.
― No lo sé, Tanya. No lo sé ― resolví caminando a la cama.
― Esta bien, Edward. Solo quisiera ver esos preciosos ojos tuyos brillando siempre, ¿sabes que se iluminan cuando la recuerdas? ― sonreí de lado ante esto y palmeé el otro lado de la cama. Ella se acurrucó en mi costado y a los pocos minutos ya estaba dormida. Pasaron un par de horas hasta que Morfeo decidió hacerse presente y transportarme al mundo de los sueños.
Desperté con la insistencia del timbre de mi apartamento, el ding-dong me empezaba a volver loco. Gruñí cuando observe el siete en la pantalla de mi reloj digital, podía haber dormido unas horas más, mi turno no empezaba hasta las diez. Tanya se removió a mi lado y se subió las cobijas hasta la cabeza, me dio un poco de envidia, yo una vez me levantaba no podía volver a dormir, al menos ya no.
Abrí la puerta para encontrarme con la enorme figura de Emmet, sus ojos avellana brillaban con intensidad, debía estar contento por algo, detrás de él Jasper me sonreía como disculpa.
― ¿Y a que se debe el honor de su visita a las siete de la mañana? ― cuestioné enfatizando la hora.
― Me caso en tres semanas y desearía que fueras el padrino ― lo miré con escepticismo y abrí la boca intentando decir algo pero me cortó antes de que pudiera articular palabra ― Rosalie está embarazada, ¡eres tío! Y antes de que lo digas Jasper ya me dio la charla de hermano gemelo sobreprotector.
― ¿Felicidades? ― sonó más a pregunta pero la actitud arrolladora del oso de mi hermano me dejó un tanto choqueado.
― Deberías decir acepto también ― añadió Jazz ― tu hermano mayor no se casa todos los días. ― sonreí al percatarme de sus palabras y le di un gran abrazo a la mole humana que tenia frente a mí.
― Por lo menos ya veré a Rosalie más que por fotos o teléfono, es raro no conocer a mi futura cuñada aun.
― Detalles ― dijo Em haciendo un gesto con la mano para restarle importancia ― te mudarás en esta semana así que pronto podrás conocerla. No es mi culpa que nunca estés cuando ella va a la casa. ― en eso tenía razón, siempre coincidía algún simposio o charla cuando la rubia visitaba a mi musculoso hermano.
Pasamos algunos minutos riendo de todo y nada hasta que Tanya hizo su aparición. Saludó a los chicos y me dio un beso en la mejilla antes de salir. Volteé para ver una sonrisa picara en los labios de Emmet.
― Así que, ¿Tanya otra vez? Sales mucho con ella para ser solo una amiga ― me encogí de hombros y negué con la cabeza.
― Me preguntó cuando conoceré una castaña ― murmuró Jasper, ¿a qué venía la observación? ― de todas las mujeres con las que te he visto a lo largo de los años jamás ha habido una castaña, ¿no te gustan o las prefieres rubias y pelirrojas? ― yo suspiré, se me estaba haciendo costumbre, Emmet palmeó mi espalda. Jasper no conocía mi historia con Bella, de hecho ella era la razón por la que no salía con castañas, creo que es una ofensa a lo que compartimos el que yo intime con mujeres castañas. Es algo que puede parecer tonto a algunos pero para mí es simple, nunca jamás nada ni nadie empañará el perfecto recuerdo de la mujer que más he amado en mi vida.
― Me encantan, pero simplemente… es… dejémoslo en que siento que sería algo así como una traición.
― Eres raro, hermano ― comentó después, observó su reloj de mano y se dirigió a la puerta palmeándome la espalda antes de salir ― yo ya me voy, casi termina mi estancia en esta ciudad y quiero dejar todo arreglado. Por cierto, la castaña de tus sueños hace que te brillen los ojos de emoción ― Emmet pareció reaccionar tras las palabras de Jasper y lo siguió despidiéndose con la mano. Me quedé en la puerta unos cuantos minutos, mi amigo era muy perceptivo, y ya iban dos veces en el día que me decían lo de mis ojos brillando, sin duda, estaba loco de amor, perdido, encajaría mas en cómo me siento.
Sonreí mientras cerraba la puerta e iba a mi habitación, era hora de prepararme para el hospital, además, los trámites para el traslado no podían esperar más. Chicago esperaba.
PD: los reviews me dejan conocer sus pensamientos y hacen bailar desnudo al Edward de mi imaginación, así que ¿Por qué no me dejan unos y me hacen feliz? No es tan malo cumplir los deseos ocultos de esta chica. Un "hola" o "es mejor que vendas tomates" es suficiente, si no ¿Cómo sabré si seguir o no?
