Disclaimer: The story doesn't belong to us, the characters are property of S. Meyer and the plot belongs to CullensTwiMistress. We just translate with her permission.

Disclaimer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S. Meyer y la trama de CullensTwiMistress, solo nos adjudicamos la traducción.


Seven Days to Christmas

By: CullensTwiMistress

Traducción: Flor Carrizo

Beta: Yanina Barboza


Capítulo 3

19 de diciembre de 2013

El segundo día empezó realmente bien. Dormí hasta que mis adormilados ojos ya no quisieron permanecer cerrados y después holgazaneé hasta que estuve tan hambrienta que no pude ignorar los rugidos de mi estómago.

Me entregaron en mi habitación un nuevo arreglo de flores junto con el almuerzo. Hay una sola palabra en una nota: Chocolate. Pero no hay chocolate en mi plato, lo que hace que lo quiera mucho más.

No sé qué quiere decir ese "chocolate". Puede ser un millón de cosas. Como un error o alguien de la recepción con ganas de molestar. Dejo el florero al lado del que me entregaron ayer y reflexiono sobre esa palabra otro minuto o veinte. Realmente no tengo ninguna pista.

La comida es fantástica y, probablemente, ganaré un par de kilos, pero vale la pena. Llamo a la recepción y pido que me entreguen el desayuno todos los días durante mi estadía. De esa forma, no tengo que dejar la habitación hasta que esté bien y lista, y no tengo que pensar en ello. Estas son vacaciones.

Después de comer, me baño y me visto. Mi cuerpo entero está relajado, y me encanta cómo ayer todo lo que necesitaba depilación o cera ha sido arreglado por cortesía del spa de abajo. No tengo que preocuparme de afeitarme nada durante todo mi tiempo aquí. ¡Anotación!

Hablando de la planta baja, alguien en ese spa obtuvo un vistazo de mí ayer. No creí que tener mis partes femeninas depiladas y suaves se podría sentir tan liberador, pero estoy pensando en deshacerme de mi ropa interior para poder presumirlo.

Bromeo. Estoy por encima de eso. Aunque tal vez tendría una cita si fuese más promiscua. Estoy bromeando otra vez. Sin embargo, tengo que mostrárselo a Rose. Ella necesita ver esta mierda, es asombroso. Estoy segura de que Emmett lo amaría.

Mi reflexión sobre el maravilloso estado de mi vagina es interrumpida por un golpe en la puerta. Me pregunto quién puede ser. Quiero decir, soy la única esperando a cincuenta miembros de la familia y un puñado de amigos de Rose, muchos de los cuales también son míos.

—Mamá… —Sonrío, abriendo la puerta e invitándola a entrar. Nos abrazamos y ella me pregunta cómo estuvo mi viaje. Le cuento que estuvo bien y que el avión tenía buenas películas. Ella me dice que ellos acaban de llegar y que papá se fue a dormir una siesta. Él ha estado muy cansado últimamente, y mamá me dice que estas vacaciones son exactamente lo que le ordenó el médico.

Mamá también me dice que no puede esperar a que llegue Tanya, así podrá tener a todas sus niñas juntas. Mi hermana vive en Arizona y no puedo esperar para escuchar su reacción a este clima frío. Llámenme malvada, pero su perfecta vida, su perfecto esposo y perfecta familia me irritan solo un poco. Siendo sincera, estoy un poco celosa. Con su suerte, seguro Tyler tiene algo de experiencia con las montañas nevadas de Vermont y ellos estarán esquiando en la puesta de sol tan pronto como lleguen aquí. Los amo, pero su felicidad es irritante.

—Oh, Bella, eres tan divertida, igual a tu padre —dice mamá cuando le cuento mi preocupación por la nieve y mi falta de habilidades para esquiar—. Sabes que tienen instructores, ¿verdad?

—Sí, mamá. —Le doy una pequeña sonrisa. Tanya obtuvo su actitud despreocupada de nuestra madre, yo obtuve la brusquedad y el hastío de papá—. Pero todavía tengo dos pies izquierdos y eso no hace a un esquiador. —Le doy una mirada mordaz, esperando que ella entienda lo que quiero decir.

Respira profundo y me palmea la mano.

—Si tú lo dices, querida. Solo no te quedes en esta habitación todo el día, ¿está bien?

—Dame algo de crédito, mamá. Planeo verlos a todos. Además, estoy aquí por dos semanas; esta habitación va a ponerme de los nervios después de unos pocos días. —La abrazo, cerrando los ojos y disfrutando de estar en este momento con mi madre—. Estoy bien, mamá.

Ella se separa y me pone una mano en la mejilla, dándome una sonrisa suave, como si yo fuera su mundo entero. Supongo que Tanya y yo siempre seremos sus pequeñas niñas.

—Sabes que me preocupo por ti, querida.

—No lo hagas. Mi vida es estupenda. No necesito a alguien para ser feliz… y no necesito que me tiendan una trampa otra vez. —La miro con cansancio—. No has hecho nada, ¿verdad?

Ella me deja ir y camina hacia la puerta.

—Oh, Bella, lo dejaste muy claro la última vez que viniste a visitarnos. No más trampas.

Le guiñó.

—Buena chica.

—Te veo en la cena, querida. Tu hermana debería estar aquí para entonces. —Antes de salir por la puerta, ella agrega que los padres de Rose también llegaron más temprano y que nos encontrarán para cenar. No los he visto en un tiempo y no puedo esperan para escuchar cómo les está yendo.

Paso más tiempo leyendo y relajándome mientras miro hacia afuera. Las montañas son altas, la nieve es deslumbrante. Miro a esquiador tras esquiador descender por la montaña gigante. Algunos de ellos hacen que parezca tan fácil, eso me da esperanza, pero después veo con horror como uno de ellos tiene una caída en la nieve y termina rodando y deslizándose hacia abajo por la montaña. Completamente mortificada por ese extraño, decido que esquiar no es un deporte que quiero intentar.

Me cepillo el cabello y me pongo presentable antes de ir hacia abajo. El comedor es enorme, un ambiente cálido y acogedor. Tengo la impresión de que ellos están esperando por mí cuando la habitación se pone silenciosa de repente.

—Bella —dice mamá, haciéndome señas para que me aproxime. Mirando alrededor de la mesa, sonrío a mis tíos, dándoles a cada uno un abrazo y haciendo una pequeña charla antes de abrazar a Tanya y Tyler. La bebé que ella sostiene se pone más grande cada vez que la veo.

—Oh, Dios mío —arrullo a mi pequeña sobrina de pelo castaño y ojos marrones—. Te estás poniendo más grande, ¿no?

Ella me sonríe y entierra su cara en mi cuello. No puedo creer lo linda que es.

Alguien se aclara la garganta detrás de mí y me giro, mis ojos se agrandan.

Esa sonrisa y esos labios. No lo he visto en mucho tiempo. Rose me daba actualizaciones sobre su paradero una vez cada tanto, pero yo nunca pregunté por él. Era realista en mi cerebro confundido de catorce años. Él era demasiado grande para mí y yo estaba demasiado metida con ese idiota de Eric. No hablemos sobre Eric.

Muchas cosas cambiaron desde que era adolescente, pero algunas cosas no. Edward Cullen sigue siendo el chico más caliente que alguna vez he visto. Ha envejecido bien. Muy bien, en realidad.

Es más alto de lo que recuerdo, si eso es posible. Su pelo sigue siendo ese organizado caos y esos ojos… del más profundo tono verde mar. Aunque algunas de sus características cambiaron. Se fue esa cara de bebé, de un chico de diecinueve años, y delante de mí está parado un hombre con perilla y rastrojo en esa afilada y lamible barbilla suya. Mi boca se seca y ya no estoy segura de dónde estoy o qué se supone que debo decir.

Verdaderamente, algunas cosas no cambian.

—Bella. —Sus ojos brillan cuando dice mi nombre y vuelvo a esa época cuando tenía trece años y él era ese chico demasiado lindo para describirlo con palabras, que me dio mi primer beso.

Sonrío ampliamente, mostrando mis dientes. Estoy segura de que mi familia está tan sorprendida con mi reacción como yo. Una pequeña risa se escapa de mis labios cuando digo:

—Hola, Edward.

Tengo el presentimiento de que mis vacaciones se acaban de volver más interesantes.

—¿Cómo has estado? —pregunta Edward una vez que estamos sentados en la mesa con el resto de nuestra familia.

Sonrío y me acerco más a él, así podemos hablarnos el uno al otro sobre el ruido de los demás. Esta es, también, una ventaja, porque ahora estoy rodeada de su olor. Trece años después y no ha cambiado.

—He estado bien, ¿y tú?

—Muy bien. Escuché que sigues en Seattle. ¿Te gusta? —Su pregunta es imprecisa y eso me recuerda que realmente no nos conocemos. Incluso si yo escuché algunas cosas sobre el aquí y allá, sobre todo cuando le pregunto a Rose bromeando en mi cumpleaños, no significa que él haya escuchado sobre mí.

—Me encanta. He estado con la misma firma durante los últimos cinco años y están hablando sobre hacerme socia el año que viene. —Estoy muy orgullosa de mí misma y lo dejo saber cuando la gente pregunta. Tal vez no esté casada, ni tenga una familia todavía, pero al menos mi carrera está en el camino correcto. Eso es un gran logro para mí.

—Eso es genial, Bella. —Se pasa los dientes por el labio inferior y mira alrededor de la habitación. Noto que ya hemos terminado con la conversación y me giro hacia mi hermana.

Tanya está alimentando a Alice mientras Tyler habla sobre el fino arte de esquiar. Mamá está hablando con la madre de Edward, ambas se ríen de algo. No me había dado cuenta de que eran amigas, mamá nunca menciona a Esme. Ellas viven en el mismo pueblo y tienen a la tía Cynthia y al tío Jasper en común, supongo que tiene sentido. No he vivido en Forks por años y a veces me olvido lo pequeño que es el pueblo.

—Así que… ¿vas a ir a disfrutar de las montañas más tarde?

Me doy vuelta hacia Edward justo para verlo pasarse una mano por el cabello.

—Oh, no. —Sacudo la cabeza—. Bajar por una montaña a cien millas por hora no es exactamente mi idea de diversión.

Él suelta una risa contenida y se acomoda en su asiento.

—Supongo que no.

—¿Tú esquías? —Estoy llena de preguntas, siempre y cuando él esté dispuesto a responder.

—No, Dios no —contesta firme, sacudiendo la cabeza, y me río. Su reacción es casi tan mala como la mía—. Conduzco una motocicleta y no me importa un poco de velocidad, pero nunca haría deporte.

Me río.

—Ah, sí, el prodigio musical. Rose me dijo sobre eso.

Él sonríe, sus ojos intensos al mismo tiempo que baja un poco la voz.

—¿Qué más te dijo?

Tengo que inclinarme más cerca para poder escucharlo y cierro los ojos cuando su respiración golpea mi piel en un lado de mi cuello.

—No mucho más. Escuché que ahora ¿enseñas?

—Sí. —Se ríe—. Tuve un contrato con Juilliard por algunos años, pero decidí enseñar de forma privada el año pasado. Es la mejor decisión.

—¿Juilliard? Pensé que estabas en UDub. —Arqueo una ceja. Cuando dejó Forks, ahí es donde se dirigía, pero de alguna manera las cosas cambiaron para él y terminó en New York. Está todo confuso en mi cabeza, ya que pasó hace mucho tiempo, pero de todas formas le pregunto—: ¿Qué pasó?

Respira profundamente y toma un sorbo de Coca Cola. Nuestro mesero ya ha traído nuestras cenas y estoy disfrutando mi pollo, felizmente. Él está dilatando la respuesta, puedo decirlo. Esto debe ser bueno.

—Yo era un poco tosco —admite y yo sonrío ante el pensamiento. Tosco en sus palabras, significa realmente caliente en las mías. Él hacía que esa chaqueta de cuero luciera realmente bien y su actitud de no me importa una mierda y de chico malo hacía que mis bragas se fundieran ante la simple vista—. La Universidad de Washington no fue el mejor lugar para mí. Terminé tomando un año sabático y tocando música en la calle y en algunos bares. Aprendí lo difícil que podía ser y terminé aplicando para Juilliard a tiempo para entrar el próximo año. Tuve un tiempo difícil tratando de conseguir una audición, pero uno de mis profesores de música del instituto conocía a uno de los profesores de allá y él pudo tirar algunos hilos. Su proceso de admisión es uno de los más difíciles de superar, así que tuve suerte de que ellos incluso me consideraran. De todos modos, tuve que cambiar cosas de mí mismo, pero fue todo para mejor.

—Obviamente. —Hago señas hacia sus jeans y camisa—. No más cuero, ¿eh? —Recuerdo el olor de esa chaqueta, está arraigado en mi memoria. A veces, cuando cierro los ojos, aún puedo sentir el peso sobre mis hombros.

Él sonríe y esos labios… hombre, oh hombre… esos labios.

—Oh, todavía uso algo de cuero. Eso va con la motocicleta. —Sus ojos brillan y puedo decir que está midiendo mi reacción.

Tomo algunos bocados del pollo y considero sus palabras. Además de calmar mi acelerado corazón. Él todavía hace eso. Todos estos años y verlo me hace esto. Mi corazón late con fuerza.

Su moto. Demonios, el hombre debe lucir bien montando esa poderosa cosa. Lo miro por el rabillo del ojo y está masticando y mirando en mi dirección. Mis labios se curvan en una sonrisa involuntariamente y noto que él hace lo mismo.

Está esta energía extraña entre nosotros que no puedo explicar. No lo conozco, no realmente. Él fue mi primer beso, sí, y lo recuerdo por eso. Es también familiar de mi prima, pero no hubo ningún contacto directo entre él y yo en todos estos años.

Aunque parezca mentira, el resto de mi familia —de nuestras familias— que están sentados alrededor de la mesa, parecen ajenos a que Edward y yo estamos hablando. Se me ponen los pelos de punta.

¿Tal vez nos están tendiendo una trampa?

Mastico el pollo y miro alrededor de la mesa un poco más. Ahora Edward está hablando con su padre y puedo ver claramente el parecido entre ellos. Es divertido cómo tío Jasper no se parece en nada a Carlisle o Edward.

Ahora Alice está alimentada y meciéndose en su silla alta, riéndose a carcajadas después de que Tyler le hiciera cosquillas en su costado mientras come su propia cena. Noto los sutiles cambios en mi pequeña sobrina. La última vez que la vi fue hace unos meses y no puedo creer lo rápido que está creciendo. Mi madre sigue diciendo que ella se parece a mí, y puedo decir que se parece más y más a medida que se hace mayor.

—Así que, Bella, ¿escuché que fuiste ascendida? —pregunta la tía Cynthia, sonriendo alegremente. Veo que mi mamá tiene a todo el mundo al tanto.

—Sí, cuando regrese después de Año Nuevo, estaré en mi propia oficina —bromeo—. E incluso tendrá una ventana.

Tía Cynthia y mamá se ríen y después vuelven a su propia conversación sobre cortinas, olvidándose de que estoy aquí. Su relación es divertida.

Me encojo de hombros y vuelvo a picotear de mi plato, el ruido de las otras conversaciones colgando en el aire.

—Así que vas a tener una ventana, ¿eh? —pregunta Edward, inclinándose dentro de mi espacio personal.

Me giro hacia él.

—Sí, y un aumento.

—Vaya. Hermosa e inteligente. —Él sonríe y guiña en mi dirección.

En serio, amigo. ¿En serio?

Está bastante claro que no he tenido interacción masculina en un tiempo. Mis partes femeninas están desesperadas por atención y el aspecto de Edward, su voz, su olor y su personalidad están haciéndolas contraerse nerviosamente. Estoy aquí sentada haciendo ejercicios Kegel para calmar la situación.

No sé qué responder a eso. No sé cuáles son las intenciones de Edward o por qué está siendo tan lindo conmigo, y realmente no sé cómo manejar sus pequeños coqueteos. Cualquier réplica que se me ocurre, simplemente no suena bien en mi cabeza, así que en lugar de avergonzarme a mí misma, no digo nada y me giro a mirar a Tanya interactuar con su marido y su hija.

Los tres parecen estar muy contentos en su pequeña burbuja y me pregunto cómo sucede eso. ¿Cómo sabes cuando has encontrado a esa persona que se convertirá en tu mundo entero? ¿Cómo decides que es él? ¿Cómo llegas a la conclusión de que pasar el resto de tu vida caminando a su lado es exactamente lo que quieres?

Alice chilla y se ríe cuando Tanya le lava las manos y le limpia la cara. Ella protesta cuando Tyler saca el frente de la silla alta y Tanya la alza. Los movimientos de ambos padres están muy sincronizados, es como una sinfonía. Ellos ni siquiera hablan, sin embargo sus movimientos son como un baile, y en cuestión de minutos Alice está sentada en el regazo de su mamá, tomando un trago de su biberón de agua; sus ojos pesados, obviamente necesita una siesta.

—Tu hermana luce feliz —dice Edward junto a mí. Su voz suena anhelante y, por un momento, me pregunto si él sabe algo sobre su familia. Parece ignorar el hecho de que me vuelvo realmente callada a su lado, algo de lo que estoy agradecida.

—Ella lo es. Nació para ser mamá. —No me giro hacia él para responder, mis ojos siguen pegados al ángel dormido en el regazo de Tanya.

Edward está callado por mucho tiempo y pienso que no me escuchó hasta que pregunta:

—¿Y tú? ¿Alguna vez piensas en eso?

Sonrío y me giro hacia él.

—Sí, pero no he encontrado con quien quiera pasar el resto de mi vida… todavía.

—Bien, niños… —anuncia papá, parado en la cabecera de la mesa y explotando la pequeña burbuja que Edward y yo hemos creado—. Algunos de nosotros necesitamos ir a relajarnos y aprovechar este fino establecimiento. —Se ríe de su propia broma y yo ruedo los ojos con diversión—. Pónganse en marcha y nos encontraremos esta noche en la sala. ¡Rómpanse una pierna!* —Dice la última parte mientras me sonríe, como si supiera que yo ni siquiera pondré un pie afuera.

—Bella, cariño, ¿qué vas a hacer mientras el resto de nosotros va a esquiar? —pregunta mi mamá, dándome una sonrisa demasiado dulce.

Me encojo de hombros, parándome y aclarándome la garganta.

—Tengo una cita para arreglarme el cabello en la peluquería. —Observo cuidadosamente cómo mira entre Alice y yo. Sé lo que ella está pensando, y por mucho que ame a mi sobrina, no viene aquí para ser su niñera.

—Eso es muy malo, tú podrías pasar algo de tiempo conociendo a Alice —replica, tratando de sonar casual. Sí, estoy al día con el programa. Eso no va a pasar.

—Sí, eso es muy malo. —Camino hacia Tanya y le doy un beso a Alice en la mejilla. Ella ni siquiera parpadea mientras acaricia el cuello de su madre somnolienta; sus largas pestañas descansando en su mejillas me recuerdan a las mías. Pobres niños, ella va a ser una rompecorazones.

—Te veremos después. —Tanya sonríe, llevándose a Alice con ella. Sí, ella me verá después y planeo tener un trago en la mano. Después de todo, no pueden dejar a una bebé sola con una mujer borracha.

Mi consciencia me molesta por un segundo y un cuarto, hasta que me recuerdo a mí misma que estoy de vacaciones. Unas que me merezco, he trabajado muy duro para lograrlo. Además, no estaba mintiendo sobre la cita en la peluquería. Mis puntas abiertas son mortales y estoy pensando en hacerme algunas mechas.

—Bella. —La voz de Edward suena detrás de mí.

Paro en seco y me giro.

—¿Sí?

—¿Realmente tienes que ir a arreglarte el cabello o estabas tratando de escaparte de tener que ser la niñera? —Su sonrisa es adorable y no puedo evitar la risa.

Tomando unos pasos en su dirección, me paro frente a él, casi al nivel de sus ojos, y susurro:

—Realmente tengo que hacerlo, pero incluso si no, no hay manera de que me haga cargo de los deberes de niñera.

Le guiño un ojo y giro sobre mis talones, caminando rápidamente hacia el área de los servicios del hotel. Ni Edward Cullen evitaría que hoy fuera a arreglarme el cabello. Mi madre tendría un ataque al corazón si ella pensara que le mentí sobre eso más temprano, y no estoy de humor para cortarme yo misma el cabello para probar que no estaba evitando pasar tiempo con mi sobrina.

¡Hi-ho-hi-ho, es a la peluquería a donde voy!*


*Rómpanse una pierna: Es una expresión para desear suerte.

*Bella modifica la canción de la película Blancanieves.