Aquí tenéis el tercer capitulo. Aviso que esta historia es lenta… y los reencuentros tardarán algo en llegar, pero vale la pena la espera. Que disfrutéis leyendo tanto como yo lo hice escribiendo.
Aviso: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, yo solo he redactado otra versión diferente.
Capitulo 3: Abandono y culpabilidad.
Edward
No fui consciente del tiempo que transcurría, no era consciente de absolutamente nada excepto del lugar en el que me encontraba.
Había corrido sin descanso durante horas sin rumbo fijo, casi cruzando las fronteras del país para volver sobre mis pasos. No se en que momento mis pies tomaron la decisión de ir allí, pero se que cuando me abrí paso a través de los árboles y vi el prado dejé de respirar.
Estuve por horas al filo del prado mirando al centro sin
atreverme a dar un paso más. Ella había estado allí, ella había
muerto allí… ella había puesto fin a nuestro amor en ese mismo
lugar.
Me recriminé por ese pensamiento pues no era cierto, ella
nunca dejó de amarme, estuvo esperándome por cinco largos años y
yo no regresé a buscarla. Yo puse fin a nuestro amor. Yo era el
culpable de que en ese prado se derramara su sangre, que sobre esa
hierba su corazón palpitase por última vez.
Su corazón…
aún era capaz de recordar con total claridad aquella dulce melodía
que era su palpitar. Los suaves respingos cada vez que nuestros ojos
se encontraban, como se desbocaba cuando la besaba, como parecía
pararse cuando trataba de llevar aquellos besos algo más lejos.
Echaba tanto de menos aquella música, que entre mis cavilaciones
comencé a avanzar hacia el centro del claro.
Al sentarme en
la hierba un olor dulzón inundó mis pulmones e hizo que mi garganta
hirviese como hacía cinco años que no lo hacía. Cerré los ojos
tratando de inventar con mi imaginación una escena donde ella
apareciese ahora entre los árboles y me dijese que todo había sido
una pesadilla. Ver sus ojos chocolate y el rubor en su mejilla.
Sentir la calidez de su cuerpo pegado al mío mientras la rodeaba con
mis brazos… pero era inútil.
Pasé la mano por la hierba
removiéndola, lo que causó que el olor se intensificara.
Allí había sido, justo en el mismo sitio donde yo ahora me encontraba sentado. Allí había descansado su cuerpo frágil y cálido lleno de vida momentos antes de que le arrebatasen el alma.
Tensé la mandíbula tratando de no maldecir al sádico que había profanado aquel suave cuello envenenando al amor de mi vida para el resto de la eternidad.
Los recuerdos comenzaron a atormentarme… la
primera vez que la vi y el desconcierto al no poder entrar en su
mente. El momento en el que entró en el aula de Biología y traté
de encontrar la mejor manera de acabar con su vida en ese mismo
instante… para tiempo después darme cuenta de que jamás podría
hacerle daño… la amaba.
Todos mis intentos para protegerla no
habían servido de nada, solo hice una estupidez detrás de otra y la
primera fue acercarme a ella.
Debí hacer caso a Rosalie en aquel
momento, alejarla de mí y de mi familia. No permitirle la entrada a
nuestras vidas, no permitir mi entrada en su vida.
Recordaba
una y otra vez como ella aseguraba que yo no era un monstruo sino un
ángel enviado del cielo para ella.
¡Que equivocada estaba!...
lo único de lo que fui capaz fue causarle el mayor dolor posible.
Rompí mis promesas, rompí nuestras vidas y las de los que
nos rodeaban… destrocé todo.
Ella solo deseaba estar conmigo
para el resto de la eternidad… solo me pidió una cosa y yo la
abandoné.
-No
te puedes haber creído de verdad que me iba a rendir tan fácilmente-
le dije entre divertido y amargado al entender que ella en realidad
lo deseaba.
-Una chica tiene derecho a soñar- dijo con
suficiencia.
Ella no entendía realmente lo que deseaba, no veía
con claridad lo que yo era.
-¿Sueñas con convertirte en un
monstruo?- le pregunté tratando de hacerla entender.
-No
exactamente… más bien sueño con poder estar contigo para
siempre.
-Bella-susurré acariciando sus labios con mis gélidos
dedos- Yo voy a estar contigo… ¿no te basta con eso?¿Cómo
pude ser tan idiota de prometer todo aquello? Le hice daño a la
persona más importante en toda mi inútil existencia.
El tiempo
que pasamos juntos tuve tendencia a prometer cosas que nunca cumplí…
y ¿ahora me extraño del resultado?
Me tumbé completamente
cerciorándome de que mi rostro quedase lo más cercano posible a la
fuente de aquel aroma que me atormentaba. Inhalaba una y otra vez
para no perder ni un solo segundo de esa fragancia.
Con el paso
del tiempo cada vez se hacía más débil y no quería perderlo aún…
era demasiado pronto.
Estaba seguro que no habían pasado meras horas, seguramente llevaba fuera de casa más de tres días, pero seguía sin fuerza suficiente para enfrentarme a todos ellos y en especial a mi hermana. Pero al sentir una presencia cercana supe que ellos no pensaban lo mismo. Lo que no podía imaginar era que sería él el que viniese en mi busca.
Jasper era un buen hermano, y estábamos unidos desde luego, pero no era la clase de persona que va en busca de otro para consolarlo y menos teniendo a su esposa en casa destrozada por mi culpa.
Cuando abrí los ojos y le miré supe que algo no andaba bien.
-"Se
ha ido… se ha ido"
Sus
pensamientos no tenían sentido para mi… ¿Quién se había ido?
Podía ver el dolor en su rostro, podía notarlo adherirse al mío
propio formando una tensión angustiosa que me dificultaba el
respirar aunque no lo necesitase.
En ese momento no estaba lo
suficientemente racional para pensar y sus emociones me estaban
alterando más si era posible.
-Jasper- gruñí- Tu también no
por favor… ya tengo bastante con Alice, se que todos pensáis como
ella.
Sin mirarlo noté como se sentaba a unos metros de mí,
dejándose caer abatido. ¿Tanto le había afectado a él lo de mi
ángel? Creía que para él era otra humana más.
Traté de ser
paciente, no decirle nada más y centrarme un poco en sus
pensamientos para tratar de entender que hacía él allí junto a mí,
pero solo repetía una y otra vez que se había ido.
La paciencia
no era mi mayor virtud, nunca lo fue y en ese preciso instante mucho
menos.
-¿Vas a hablar? ¿Vas a decirme de una vez para que
has venido hasta aquí?
-Se ha ido- murmuró de nuevo
-Jasper…
¿te das cuenta de que eso ya lo he escuchado en tu mente un millar
de veces desde que has llegado, verdad?- estaba más irritado de lo
normal y la situación no ayudaba para nada.
-Alice se ha ido-
dijo con la voz inexpresiva y quebrada.
Aquello si que no me
lo esperaba, ¿Cómo que Alice se había ido? ¿A dónde?
-Explícate-
le exigí.
-Lo que estas oyendo, se ha ido, nos ha abandonado…
me ha abandonado.
-Eso es imposible… ella jamás se alejaría de
ti- dije sintiendo como el dolor de él se mezclaba con el mío
sabiendo que yo si era capaz de abandonar a la persona que más
amaba.
-Tiene razones más que suficientes para no querer verme…
-¿Razones?- abrí los ojos de par en par desconcertado- ¿Qué
razones? ¿Qué le has hecho?
-¿Te parece poco que atacase a su
mejor amiga y que eso desencadenara todo este desastre?- gritó
furioso.
La ira, la culpa y el dolor cargaban el ambiente de
manera asfixiante.
Poco a poco fui entendiendo el significado de
sus palabras, pero era incapaz de creerlas.
Alice jamás culparía
a Jasper por aquello, ella sabía que toda la culpa era mía.
Las
imágenes de mi pequeña hermana atacándome volvieron a mi mente
para abofetearme con la verdad… el dolor que Alice sentía por lo
ocurrido con Bella la llevarían a hacer cualquier cosa.
-¿Ella
te dijo abiertamente que te culpaba por ello?- susurré
-Me dijo
que necesitaba tiempo para reflexionar, tiempo para saber si podía
seguir al lado de las personas que habían arruinado tantas vidas- me
miró y sus ojos estaban vidriosos y vacíos- entiendo su punto, en
serio que lo entiendo… le fallé de la peor de las maneras. Todo el
esfuerzo de tantos años sobre mi autocontrol para luego atacar a una
de las personas más importantes en su vida…
-Jasper, tu no…-
pero me cortó antes de que terminase.
-Yo tengo la culpa de todo
esto, yo arruiné tu relación y la mía, arruiné la vida de
Bella…
-Eso no es cierto… deja de culparte de cosas sin
sentido. Todo lo concerniente a ella es asunto mío, yo la abandoné
no tú.
Oí su risa amarga.
-¿La hubieses abandonado si yo no
hubiese querido matarla?
Aquella era una pregunta que yo
mismo me estaba haciendo desde el mismo momento en el que la dejé
sola en aquel bosque. Una pregunta para la cual no tenía respuesta,
o tal vez si.
-Hice lo que pensé mejor para ella, tarde o
temprano habría aparecido otro peligro y habría tomado la misma
decisión… acertada o no.
Nos mantuvimos en silencio. Allí
sentados sin decir absolutamente nada, cada uno meditando sus propios
problemas y yo en la mente de ambos.
Aquello empezaba a resultar
absurdo, yo no tenía que estar allí parado en nuestro prado,
dejando el tiempo correr mientras oía los pensamientos de mi hermano
lamentándose de sus errores y la perdida de su mujer… yo tendría
que estar recorriendo el mundo entero y buscando debajo de las
piedras si era necesario a la razón de mi existencia. Necesitaba
verla y explicarle todo… necesitaba que me perdonase, que supiese
que nunca dejé de amarla, que respiraba por ella y que sin llegar a
poder dormir soñaba cada minuto de mi vida con su rostro.
-¿De
verdad la amas?
Mi mandíbula se desencajo ante aquella pregunta,
pero en sus ojos no había rastro de diversión… no había broma
alguna en su pregunta.
Me reí… amargamente pero a
carcajadas. La histeria se apoderó de mi cuerpo y mi cuerpo
convulsionaba llegando a faltarme el aire en los pulmones. No lograba
parar, de reojo veía el rostro congestionado de Jasper que me miraba
con el ceño fruncido. Aun así sabía que podía notar la histeria y
el desconsuelo, la amargura que teñía mi risa y lo mal que me
sentía en esos momentos.
Cuando tras cinco largos minutos sin
poder parar de reír logré reponerme… supongo que en parte gracias
a la pequeña ayuda de mi hermano… le miré fijamente.
-¿Y tu
me lo preguntas? ¿Tan difícil te resulta creerlo? Tu que te
aferraste a Alice solo porque te dijo que te estaba esperando, tu que
no dudaste de cambiar tus hábitos por ella… piénsalo bien… ¿Tan
difícil es para ti entender que la amo con cada célula de mi
cuerpo? Daria la vida por ella, me descuartizaría yo mismo si
hiciese falta.
-Está bien… vámonos.
