Miguel Ángel vislumbró un destello verdoso debajo de unas cuantas partes de la nave acumulada, y rápidamente corrió hasta allí.

-¡Lo encontré!- Celebró alzándolo como un trofeo.

-Genial, será mejor que se lo llevemos a Leonardo…- comentó su acompañante, dándose la vuelta para volver a la nave.

-Espera, Raphael...

Otra vez escuchar su nombre completo lo dejó sorprendido, y dando un paso hacia atrás, Raphael se giró sobre sus talones para verlo.

Mikey abrazaba el frasco como si se le fuera a escapar de las manos.

-¿Qué pasa?

-Quiero preguntarte algo.

El claro tono de seriedad en la voz de Miguel Ángel le advirtió que lo que iba a preguntar era importante.

-Bueno… ¿qué es?

Tal vez su tono no había sido el más adecuado, porque al instante Miguel Ángel se aferró más al frasco, y su mirada se ensombreció.

-¿Porqué le dijiste esas cosas a Leo…?

La pregunta no le sorprendió.

Evidentemente Mikey los había escuchado discutir, pero Raphael no sabía qué tanto había escuchado, por lo que no sabía si podría meter la pata, confesándole el porqué lo había dicho.

-¿Cuáles cosas?

-Cosas sobre no besar a Donnie…

La naturalidad con la que Miguel Ángel se había explicado lo dejó algo perplejo por unos segundos…

¿Acaso le estaba cuestionando el porqué le había ordenado no besar a su hermano?

-¿Y por qué crees que fue? Él es su hermano.- Explicó con un claro tono de desagrado.

-No, no lo es- lo contradijo de inmediato el pequeño.

¿Esto era una broma? ¿Por qué de repente, también Miguel Ángel parecía aprobar semejante locura?

Raphael se masajeó las sienes, en un intento por no exaltarse con él. Pues una cosa era discutir con Leonardo, quien sabía que ya estaba acostumbrado a sus reacciones explosivas ante este tema, pero otra muy diferente era discutir con Miguel Ángel…

-Mira Mikey… ya tuve suficiente de todo esto. En verdad no quiero recordar más ese asqueroso momento, ¿si? Mejor volvamos adentro de una vez….

Raphael dio media vuelta y caminó, o mejor dicho, huyó hacia la nave, pero antes de que avanzara lo suficiente, la voz de Miguel Ángel lo detuvo.

-Eres un hipócrita.

-¿Qué dijiste?- preguntó girando de inmediato.

-Lo que escuchaste. Acusas a Leo de aprovecharse de Donnie, cuando tú hiciste lo mismo conmigo…

Los ojos de Raphael se abrieron con espanto, pues esperaba que este tema fuera hablado jamás.

-Ya te pedí disculpas…- murmuró.

-Eso no quita que te hayas aprovechado.

Raphael apretó los puños, y sintiéndose como el más despreciable fenómeno, bajó la mirada.

Él no había querido besarlo…

En realidad, si. Desde hacía mucho, mucho tiempo llevaba deseándolo, pero no en esa situación.

No en una playa, frente a tanto desastre de metales, y con Miguel Ángel inconciente.

Cuando había despertado, lo primero que había visto era a Mikey, a escasos metros de él, y en un repentino ataque de desesperación y miedo se había lanzado hacia él, gritándole que despertara, pero el pequeño no reaccionaba.

Sus ojos se habían inundado casi automáticamente al verlo así, y no podía quitar de su mente la posibilidad de que estuviera muerto.

Prácticamente su corazón se había partido en cientos de pedazos luego de unos segundos sin respuesta.

Ya sin ilusiones, se había aferrado a su cuello, y había comenzado a llorar, gritándole que no lo dejara y confesándole que lo quería, que en verdad lo quería y que se arrepentía de no haberlo dicho antes.

En medio de lo que era un desborde de emociones para Raphael, la voz de Miguel Ángel lo había interrumpido, diciéndole que también lo quería, y él al escuchar su voz, apenas en un susurro, se había lanzado a sus labios, sin importarle ni un poco las advertencias de su padre, en ese momento.

-No quise aprovecharme, sólo… sólo….

¿Cómo podía explicarle que lo había hecho sin pensar? Simplemente había reaccionado sin ver las consecuencias que traería después.

Su corazón había vuelto a latir al segundo de haber oído su voz, y en ese momento en lo único que podía pensar era en el alivio que sentía por tenerlo con vida.

Y a ese alivio se lo había demostrado con un beso.

-Sólo hiciste lo que sentías.

Raphael levantó la mirada al escuchar exactamente lo que estaba pensando, notando que Miguel Ángel se había acercado unos cuantos pasos cerca de él.

-Se que soy un monstruo, y tienes derecho a tratarme como tal- Declaró sin ánimos, volviendo a bajar la mirada- Pero quiero que sepas que jamás me aprovecharía de...

Si. Eres un monstruo… - Respondió Mikey, ignorando el resto del discurso.

Raphael asintió con la cabeza y se tragó las palabras con decepción. Pues aunque no lo quería admitir, en un rincón escondido de su corazón, estaba la pequeña esperanza de que Miguel Ángel lo comprendiera y comprendiera sus sentimientos, pero como lo suponía, el maestro Splinter tenía razón.

-Pero a mi me gustan los monstruos…

Los ojos de Raphael se encontraron con los brillantes y profundos ojos azules de Miguel Ángel y por un momento sintió su estómago revolverse.

-¿Q-que…?- Su cerebro no podía asimilar lo que acababa de escuchar. Inconcientemente se acercó dos pasos a él, terminando por acortar la distancia entre ellos.

Miguel Ángel desvió la mirada, sintiéndose avergonzado. Raphael parecía no darse cuenta, pero sus ojos esmeralda estaban brillando con demasiada intensidad.

-¿A-acaso la caída te afectó el oído? Dije que me gustan los monstruos…- Repitió, y al no obtener respuesta pasado unos segundos, agregó- ¡Me gustas t…

Pero Miguel Ángel no pudo terminar la frase al sentir unos labios presionando los suyos.

Asíque dejó que sus sentimientos hablasen por sí solos...

Soltó el frasco que estaba sosteniendo, y enredó las manos en el cuello de Raphael.

Aunque algo inexpertas, ya que jamás habían besado en sus vidas, sus bocas se fueron fundiendo en un sentimental y delicado beso que demostraba todos los sentimientos que se tenían.

Hasta que…

"¡Donatello no tiene la culpa de tu enfermedad!"

Los ojos de Mikey se abrieron con confusión al sentir los dedos de Raphael apretarse fuertemente sobre sus hombros.

"¿Acaso creen que si le confiesan sus sentimientos, sus hermanos pequeños vendran corriendo a sus brazos...?"

Raphael trató de alejar la voz de su padre, y concentrarse en Migue Ángel, pero ya era demasiado tarde. Su vocecilla ya se había instalado en su cabeza.

Se alejó tan repentinamente que Miguel Ángel tuvo que dar un paso hacia delante para no caer.

-¿Rapha qué…?

-No, no puedo. No puedo hacerlo…

-Rapha…

-No es correcto Mikey- Exclamó dándose la vuelta para evitar que le viera a los ojos- Tú eres mi hermanito…- No podía quitarse de la cabeza la voz de su padre, ordenándole que no arrastrara a su hermano en esta locura.

La visión de Miguel Ángel comenzó a hacerse borrosa, y rápidamente pestañó.

-¿Tengo que estar a punto de morir para que no me veas como a un hermano?

Raphael apretó los puños, incapaz de saber qué responder.

Aquello había sido un golpe bajo…

-Está bien Rapha, olvida lo que hicimos hace apenas un minuto- Miguel Ángel se aseguró de recalcárselo- Pero quiero que recapacites sobre lo que le dijiste a Leo. Él tampoco se está aprovechando de Donnie…

Raphael se dio la vuelta, recordando que todo este embrollo había comenzado gracias a lo que le había dicho a Leonardo.

-¿Exactamente qué quieres que recapacite? Leonardo si se está aprovechando de Donnie, se aprovecha ahora que él no está con todas sus fuerzas como para quejars…

-LEO…- lo interrumpió Mikey, alzando la voz- Se dio cuenta de que el destino nos dio una segunda oportunidad para demostrar nuestros sentimientos. Y él lo está aprovechando.

Claramente sus palabras tenían un mensaje oculto para Raphael, pero éste trató de no mostrarse afectado por ello.

-Aunque así fuera, estás dejando pasar un importante detalle Mikey, y es que Donatello no siente lo mismo por él.- Esta era una discusión que no iba a perder tan fácilmente.

-¿Y tú qué sabes? No has pasado el rato con él como para suponer eso…

Miguel Ángel era el más allegado a Donatello, y en los últimos meses se había encontrado escuchando cada vez más y más comentarios de Donnie acerca de lo divertido que Leo era…. Incluso una vez, había oído decir que la sonrisa de Leo era linda.

Pero el verdadero momento en el que se había dado cuenta de los sentimientos del genio por Leonardo, había sido cuando se habían peleado. Primero se había cansado de escuchar frases como "Quién necesita a ese idiota" y "El maestro Splinter debería considerar enviarlo a un retiro espiritual que dure toda la vida"

Y luego…. "¿Porqué se enojó así? ¿Hice algo mal?

-¿Él te dijo que…?

-No exactamente. Pero sé que también siente algo por Leo. Asíque por favor, deja a un lado tu egoísmo y no te metas en su relación.- Pidió, y tomando el mutágeno que había dejado caer, agregó- Si tú no quieres ser feliz, ¡bien! pero al menos déjalos ser felices a ellos.

Y sin esperar respuesta, hizo su camino hacia la nave.

Raphael soltó un suspiro cuando lo vio desaparecer dentro, y levantando un poco de arena con el pie, recorrió el camino que había hecho el pequeño hacía apenas unos segundos, con lentitud.

Realmente deseaba tener el valor de enfrentarlo, y confesarle todo lo que tenía dentro. Desde sus miedos impuestos por su propio padre, hasta el constante apoyo que Leonardo le daba a que lo desafiara.

Quería explicarle que en verdad él no era egoísta, sólo que las advertencias que Splinter decía, lo hacían actuar de esa manera tan alterada. En especial con Leonardo, por que él era quien tenía la culpa, de todo.

Si él no hubiera insistido tanto en querer pedir consejos a su padre, jamás se hubiera enterado de sus sentimientos por sus hermanos menores y tal vez otra sería la historia…

Tendría que haberlo visto venir… Era lógico que su padre jamás aceptaría tales sentimientos.

Pero volviendo a la realidad, al fin y al cabo las cosas ya estaban dichas, y nada se podía hacer para cambiarlo.

Por ahora, lo primordial era tratar de hacer todo lo posible por que Donatello se recuperase para que pudieran volver a su hogar. Y una vez allí, tal vez podría hablar con Miguel Ángel y aclarar las cosas.

Tal vez...

Cuando se adentró en la nave, notó que Leo ya estaba desenvolviendo las vendas de Donnie mientras que Miguel Ángel sostenía el frasco de mutágeno, alumbrándole la herida.

Donatello fue el único que reparó en su presencia, y mientras Leonardo deslizaba la última venda, los ojos del genio se inundaron, posiblemente porque su piel aún estaba muy sensible.

Raphael tragó la bola que se había formado en su garganta al verlo así, y sintiéndose completamente inútil, se sentó a su lado y colocó una mano en su caparazón, a modo de apoyo.

Donnie le regaló apenas una sonrisita y volvió su vista a Leonardo.

-Bien, parece que todo esta bien.- Comentó Leo, inspeccionando la herida- Pero para prevenirnos, debemos cambiar las vendas por unas nuevas. Estas están manchadas.

Instintivamente Raphael le tendió su mano, incitándole a que tomara las suyas.

Ya que no había hecho nada más que quejarse desde que se habían caído, sintió que esta era una oportunidad para ayudar en la mejora de su hermano.

-Ten las mías.

Los tres hermanos restantes, pestañearon al mismo tiempo, sorprendidos por su amabilidad repentina.

-Gracias, Rapha…

-Si como sea. Sólo, pónselas ya.- ordenó entregándoselas.

Leonardo las aceptó, y vertió un poco del frasco que contenía alcohol, sobre ellas.

Donatello vio con pánico la escena, y antes de que Leo se le acercara, se echó hacia un lado, casi subiéndose encima de Raphael.

-¿Donnie qué rayos…?

-No más alcohol…- pidió- Arde demasiado.

Leo tomó un respiro y volvió a intentar colocárselas, pero Donatello se rehusó.

-Donnie, por favor- protestó ante su negativa- Tú más que nadie sabe que no puedes andar con las vendas sucias. Sólo las humedecí un poco, no te arderá mucho…

-Es mi cuerpo, Leonardo. Sólo yo sé cuánto duele, ¡a-ah…- la voz se le quebró al final, cuando de tanto luchar con Leo, las vendas rozaron bruscamente con su herida.

-Ya fue suficiente.- Leonardo se cansó de las actitudes infantiles del genio.- Raphael, sostenlo fuerte.

El mencionado actuó al instante, colocándose detrás de él y atrapándolo por la cintura.

-No, Raphael ¡S-suéltame!- Donatello comenzó a removerse inútilmente- No pueden hacerme esto…- Su desesperación comenzó a notarse debido al temblor en su voz.-Leo…

-Lo siento Donnie…

-No, no, no… Mikey…por favor- Como último recurso miró a Mikey, pero el pequeño no lo miró.

-Tienes que hacerlo Donnie. Siempre me dices que sea valiente cuando me curas las heridas…- Mikey se aferró al mutágeno que sostenía y finalmente lo miró- Ahora tú tienes que serlo.

Los ojos de Donatello se inundaron al ver lo desconsiderados que sus hermanos eran con él y sin poder evitarlo, dejó escapar unas cuantas lágrimas.

Ellos no tenían ni la más remota idea del dolor que sintió y seguía sintiendo gracias a la improvisada incisión. No podían pedirle que fuera valiente cuando estaba seguro de que ninguno de ellos podría soportar semejante dolor.

-No llores Donnie- Leonardo deslizó una mano por su mejilla- Sólo será un…

-¡No me toques!- Donatello espetó, volteando su rostro con irritación.- Sólo… hazlo de una maldita vez.- Aceptó finalmente, sabiendo que nada podría hacer para negarse.

El corazón de Leonardo se estrujó con este rechazo, y sus hermanos lo notaron en su expresión.

Donatello se mordió el labio tras escuchar un suspiro de Leonardo, y cerró fuertemente los ojos cuando sintió la humedad de las vendas, penetrarse dolorosamente dentro de sus heridas.

-¡Ngh!…

Más lágrimas cayeron por su rostro, y Raphael y Miguel Ángel desviaron la mirada hacia sus propios pies, incapaces de ver el rostro conmocionado de Leo frente al llanto de Donnie.

Leonardo trató de envolver las vendas lo más rápido posible, pero eso no evitó que le doliera menos.

Cuando terminó de dar la última vuelta, no lo pensó dos veces. Simplemente se lanzó a los brazos del genio y enredó las manos fuertemente en su caparazón.

-Lo siento, lo siento mucho…- Leonardo besó el cuello de Donnie y atrayéndolo a él, lo obligó a sentarse en su regazo.- Por favor perdóname…

Miguel Ángel gateó hacia Raphael, y viendo con los ojos llorosos la escena frente a él, se aferró a su brazo.

Donatello escondió el rostro en la curva del cuello de Leonardo, y sin poder evitarlo, continuó llorando.

No sabía qué le causaba más dolor, si lo torpes que habían sido las manos de Leonardo al envolverle la herida, o las palabras que decía con tanta angustia.

Pequeños golpecitos se hicieron presentes en el techo, y segundo después, el sonido de la lluvia estrellándose fuertemente contra este resonó en la nave.

Leonardo se echó hacia atrás, recargándose en una de las máquinas que había a sus espaldas, y estrechó a Donatello más cerca de él.

Miguel Ángel descansó la cabeza en el hombro de Raphael, y éste, imitando a Leonardo, se echó hacia atrás sobre una de las máquinas.

El llanto de Donatello se mezcló con el sonido de la lluvia, pero aún podían ver sus hombros subiendo y bajando mientras que las manos de Leonardo intentaban calmarlo, acariciando sus brazos.

Raphael apretó los labios al notar las verdaderas intenciones de su hermano al acariciarlo así, y tuvo que desviar la mirada hacia otro lado para intentar calmarse.

No sabía cómo podía reaccionar si continuaba viéndolo.


Leonardo suspiró por cuarta vez en la noche, y apoyando la mejilla sobre la cabeza de Donatello, intentó cerrar los ojos, queriendo dormir. Pero le fue imposible.

Le dolía sobremanera, la cabeza; Le dolía de tanto pensar en todo lo que había pasado desde que se habían caído en esta maldita playa, hasta ahora, y simplemente la luz del mutágeno que Mikey había dejado frente a ellos estaba aumentando su dolor.

Fastidiado de ese brillo verdoso, estiró el pie lo más que pudo y con la punta de sus dedos, logró empujar el cilindro, haciéndolo rodar lejos de ellos, dejando que la oscuridad los envolviera.

Agradecido de que el sonido que hizo el frasco al caerse no despertase a ninguno de sus hermanos, volvió a su posición anterior.

Estaba cerrando los ojos, preparándose para dormir costase lo que costase, cuando la voz de Donnie lo llamó.

-Leo…

De inmediato se movió, permitiendo que Donatello girase su cabeza para verlo.

-Lo siento, hice mucho ruido- murmuró- ¿Te desperté?

Donnie apoyó la mejilla en su hombro y descansó una mano en su pecho.

-Aún no he podido dormir…

El corazón de Leo dio unos cuantos brincos al oír esto, pues si Donnie aún no se había dormido, significaba que había estado conciente de todas las caricias que Leo le había hecho mientras creía que dormía.

-¿Te duele mucho?- preguntó, suponiendo que la razón de su insomnio sería su herida.

Hubo una pausa. Y Leonardo se arrepintió de haber preguntado algo tan obvio.

-Si.- respondió finalmente.

-Lo siento….

-Está bien. Sé que lo hiciste por mi bien. Gracias… por cuidarme, siempre.

-Siempre cuidaré de ti, Donnie. Para eso están los…- Hermanos iba a decir, pero se arrepintió al instante.

-Para eso están los hermanos ¿no?- Donnie terminó la oración por él.

Lo había dicho sin pensar, pues Leo en verdad odiaba esa palabra, y siempre trataba de evitarla, en especial con él.

-Será mejor que duermas…- sugirió, evitando responder- No se cuántas horas faltan para la madrugada, pero necesitas descansar.

Se permitió apoyar su mejilla sobre la de Donnie, y esperando que la conversación terminara allí, cerró los ojos.

Al cabo de unos minutos de silencio, Donatello volvió a hablar.

-Lo siento…

-¿Mmm?- Leo agachó la cabeza para escucharlo mejor, haciendo que sus bocas quedasen muy cerca, la una de la otra.

-Es mi culpa que estemos aquí.

Sorprendido por aquella confesión, Leo estrechó al genio más cerca de él, como una manera de reconfortarlo.

-No, por supuesto que no lo es…

-No debí haber ignorado tu orden… pero es que…- La voz del genio comenzó a temblar- Estaba tan enfadado contigo…

Leo se mordió el labio inferior, sintiendo la culpa anidándose en su estómago.

Claramente sus palabras demostraban el arrepentimiento que tenía por lo ocurrido, aunque nada de esto había sido en verdad, culpa suya.

-Donnie…

-No sé qué es lo que hice mal, o si dije algo que te molestó. Pero realmente Leo, yo… lo siento. Jamás quise…- Donatello tomó un respiro antes de continuar. Le resultaba imposible seguir hablando con ese nudo en la garganta.- Jamás quise….

Leonardo se alejó unos centímetros, y suavemente levantó su barbilla.

-Lo siento…- volvió a decir.

El estómago de Leo dio un vuelco, y sintiendo su pecho llenarse ante su tonadita triste, cerró los ojos y acercó su boca a la de Donnie.

Simplemente no pudo resistirse.

La sensación de sus labios suaves y delgados pegados a los suyos era lo mejor que podía sentir.

Si bien aún se encontraba la amenaza de Raphael revoloteando por un rincón de su mente, y una parte de él le daba la razón a la acusación de su hermano, se obligó a no darle importancia.

-Tu no me hiciste nada…- Explicó al separarse apenas de sus labios.

-¿Entonces porqué...- Donatello se alejó para poder preguntar sin la necesidad de rozar su boca al hablar, pero Leonardo volvió a unir sus labios.

No le quedó más remedio que tragarse sus palabras...

Era extraño el que no protestase, ni siquiera que pusiera resistencia frente aquella osadía por parte de Leonardo, pues no le veía el sentido de callarlo con un beso para tranquilizarlo (como anteriores veces) ya que no estcaba en una situación "desesperada" o "a punto de morir" como para que lo hiciera. Pero aún así, le fue imposible protestar.

Leo acariciaba sus labios tan dulcemente, que le fue imposible rechazarlo.

Literalmente, Leonardo tenía un efecto extraordinario para con él, pues en un segundo, todos sus lamentos y preocupaciones se esfumaron y su mente se puso completamente en blanco.

Sin embargo, había una única pregunta que recorría por su mente, y se la había hecho desde que Leonardo lo había besado por primera vez.

-"¿Porqué lo hace?"

¿Por qué lo besaba? No era algo que dos hermanos hicieran con naturalidad.

Si bien los primeros dos besos habían sido producto de la desesperación de Leonardo por su petición de que lo dejara morir, no podía entender el porqué lo hacía ahora…

Aunque la pregunta no dejaba de rondar por su ya vacía cabeza, no podía negar que los besos de Leo, con o sin motivos, se sentían muy bien.

Casi hasta daban ganas de…

Donatello apretó fuertemente los ojos cuando sintió el deseo de corresponder al beso y justo cuando estaba decidido a alejarse antes de cometer una locura, Leo se separó.

-Jamás quise alejarme de ti, Donnie- le confesó- Splinter fue quien me obligó…

-¿Splinter?

Un leve resplandor los iluminó, permitiendo que Donatello viera por un momento a los ojos de Leonardo. Un segundo después, el sonido de un estruendoso rayo, que pareció partir en dos el cielo, hizo eco en la nave.

Instintivamente ambos dieron un brinquito ante el estrepitoso sonido.

-¿Estas bien?

Donatello se giró al escuchar la voz de Raphael detrás de él, y antes de responder, se dio cuenta de que la pregunta no había sido para él.

Sólo hasta entonces recordó que no eran los únicos presentes en la nave…

-Si… sólo me asusté.

Aunque en realidad ninguno de los cuatro podía verse, Donnie supuso que su hermano Miguel Ángel se había aferrado fuertemente a Raphael, ya que siempre que había tormentas y un rayo como ese aparecía, el pequeño saltaba a los brazos del primero que estuviera a su lado.

-Será mejor que descansemos- propuso Leo, acercándose a su oído para que sólo lo escuchase él.- Dentro de poco deberemos partir…

Donatello se volvió hacia él y sintiendo un poco de cansancio en su cuerpo, aceptó la oferta.

-¿Quieres que me baje? No debes estar cómodo conmigo encima…

Sólo hasta ese momento se dio cuenta de lo desconsiderado que había sido. Pues a pesar de ser el más delgado de su familia, estaba seguro de que las piernas de Leo debían estar ya bastantes dormidas.

Además, descansar encima de alguien más, no era algo que dos hermanos normalmente hicieran. Aunque también debía de admitir que se encontraba muy cómodo.

-¿Tu estás bien?- preguntó él, envolviendo las manos alrededor de sus caderas para sostenerlo mejor.

-No estoy mal….- respondió, intentando evitar decirle que en esa posición, estaba de maravilla.

-Entonces no te preocupes por mí, yo estoy muy cómodo así.- Leo lo atrajo suavemente para que se recostara sobre él, y Donatello sin más remedio, descansó la cabeza en su hombro.

Leonardo posó su mejilla en la del genio, y cerrando los ojos, dejó escapar el quinto suspiro de la noche. Pero a diferencia de los anteriores, éste era uno de liberación. Pues ahora, al menos, Donnie sabía el porqué se había alejado de él.

-Leo…- Donatello lo volvió a llamar, con la intención de cuestionarle aquello que no salía de su mente y por lo cual no podía dormir en realidad…

-¿Mmm?

Pero la voz adormilada de Leonardo, lo hizo arrepentirse de lo que quería preguntar.

-Descansa…


El estómago de Leonardo rugió de nuevo, y esta vez, Donatello no pudo aguantar la risita.

Se había despertado hacía un buen rato ya, gracias a las constantes caricias de Leonardo sobre su caparazón. Pero había decidido hacerse el dormido para que no se detuviera, pues aquellas caricias producían ligeras sensaciones agradables que minimizaban su aún insoportable dolor.

-¿Tienes hambre?- Se burló, poniéndose recto para verlo a la cara.

Aún estaba oscuro dentro de la nave, pero la luz que se colaba desde la entrada era suficiente para que se vieran tenuemente.

Leo se sorprendió ante la postura tan animada del genio- que demostraba haber estado despierto hacía tiempo- y le sonrió.

Estaba a punto de cuestionarle desde hacía cuánto llevaba despierto, pero rápidamente cambió sus palabras, cuando el estómago de Donatello hizo un ruido mucho más extraño que el suyo.

-Veo que no soy el único…

Donatello se llevó una mano al estómago, asombrado de que hiciera ese sonido tan vergonzoso y luego miró a Leo con un fuerte rubor en sus mejillas.

Leonardo sonrió con burla, y conmovido por su tímida expresión, se acercó hasta su boca y unió sus labios en un repentino arrebato de ternura.

Se sentía tan unido a Donatello nuevamente, que simplemente el volver a bromear entre ellos como aquellas mañanas, lo había hecho olvidar de que las cosas no estaban aclaradas…

¡En realidad, ni siquiera estaban dichas!

Cuando se separó, notó la cara de Donatello formando una mueca de disgusto, y Leonardo sintió su estómago revolverse. Pero esta vez, no de hambre.

Y tampoco de amor.

-¿Leo, porqué…

-Mira, ya está amaneciendo, será mejor que despertemos a Rapha y a Mikey…- Lo interrumpió alarmadamente - Rapha…

-Estoy despierto.- Le respondió

Donatello miró hacia donde miraba su hermano con tanto entusiasmo, y vislumbró a Raphael siendo fuertemente abrazado por Miguel Ángel.

-Entonces te quitaré de encima a Mikey. Lo siento Donnie, tengo que moverme…- Era patética la forma en la que Leonardo había decidido huir de Donatello, pero fue lo único que se le ocurrió, al sentirse rechazado.

-Oh si, lo siento…

Donnie se levantó del regazo de Leo, y éste simplemente, corrió hacia donde estaba Raphael.

-Mikey, ¡despierta!

Mientras veía a Leonardo tironear de su hermanito para liberar a Raphael, Donatello estiró un poco los pies, ya que los sentía ligeramente dormidos. Aunque supuso que las piernas de Leo debían estar peor.

Bueno… no era como si lo hubiera obligado a que lo dejara dormir encima de él. Leonardo era quien había asegurado que estaba cómodo así, así que no había porqué sentirse culpable por ello.

Gracias a él había podido pasar la noche cómodamente, aunque el dolor en su herida siguiese presente…

-¡Vamos Mikey! ¡Suéltame!

Donatello sonrió cuando vio a Mikey aferrarse más al cuello de Raphael, mientras lloriqueaba que quería seguir durmiendo.

Sin dudas su hermano menor estaba exhausto luego de haber caminado durante tanto tiempo.

Todos debían estarlo…

Raphael era quien les había abierto camino entre los pedazos de nave que les impedían caminar y Miguel Ángel era quien recolectaba cualquier cosa que creyera útil para crear un refugio, por si acaso no encontraban nada, así que era entendible que se sintieran agotados.

Sin embargo, Leonardo era quien se había llevado la peor parte, al tener que lidiar durante todo este tiempo con él…

Le había salvado la vida, había creado un refugio para protegerlo del frío, lo había ayudado a moverse en todo el camino, y hasta había tenido que lastimarlo para evitar una gran infección.

Sin dudas Leonardo era quien debía estar más cansado, pero aún así, no se mostraba en lo absoluto de esa manera…

Supuso que sus instintos paternales debían haberse disparado más alto de lo que ya estaban.

Leonardo siempre había sido el hermano que se encargaba del cuidado de su familia junto con Splinter, pero al no estar su padre aquí, Leo de seguro había decidido tomar ese rol, anteponiendo las necesidades de los demás que las suyas.

Pero… ¿Y los besos qué rol cumplían?

Obviamente no habían segundas intenciones por parte de Leonardo. Eso era absurdo, además de imposible.

Su hermano estaba enamorado de Karai; Eso se lo había dejado muy en claro en una de sus tantas conversaciones por la mañana….

¿Entonces, porqué razón lo besaba?

Si sólo lo hacía porque creía que era una buena manera de calmarlo, estaba en lo cierto. Realmente los besos de Leonardo lograban darle paz, y no solo sus besos, sino también sus caricias, las cuales eran acompañadas por algunas palabras consoladoras.

Pero si en verdad esas eran sus intenciones tendría que pedirle que ya no lo hiciera.

Estaba comenzando a sentir cierta dependencia hacia esas caricias….

-Mikey-De pronto la voz de Leo se volvió seria, y sacó al genio de sus pensamientos- Se que estas cansado, pero debemos regresar lo antes posible a nuestro hogar…Hazlo por Donnie.

Leonardo echó una mirada fugaz a Donatello, y al encontrarse con su mirada, volvió su atención a Mikey, quien ya había liberado a Raphael, pero aún seguía con los ojos cerrados.

-Mmm tengo mucho…- Todos guardaron silencio mientras esperaban la respuesta de su hermanito, pero lo único que escucharon a cambio, fue un fuerte gruñido proveniente de su estómago - ¡HAMBRE!

Rapha y Donnie soltaron una carcajada al ver la expresión hambrienta de Miguel Ángel.

-Entonces apresurémonos para llegar a casa.- Leo sonrió comprensivamente y le tendió una mano, ayudándolo a levantar.

-Antes de llegar a casa ¿podemos pasar por lo de Antonio´s? Me muero por una pizza con hongos extra…

-Yo te apoyo en esa, hermano…- Inconcientemente, Raphael posó una mano en su hombro, pero cuando Mikey se volteó a verlo con indiferencia, la alejó rápidamente.

Al parecer, Leonardo no era el único al que no le gustaba la palabra hermano…

-Entonces démonos prisa, hermano.

Mikey caminó hacia Donatello y abrazándolo por la cintura, marcharon juntos hacia la salida.

-E-espera Donnie…- Leo los detuvo antes de que salieran- Aún tienes que cambiarte las vendas.

-Oh…- Donatello hizo una mueca de fastidio, y tomó un respiro para calmarse- Esta bien, pero primero déjame tomar un poco de aire fresco.

-De acuerdo.

Leo ladeó la cabeza cuando los vio salir de la nave, y sin darse cuenta, soltó un suspiro de lamentación.

No podía dejar de pensar en la cara de repulsión que Donatello había puesto luego de que lo besara….

-Te dije que Donnie no sentía lo mismo por ti.

Leonardo volteó con pesadez al escuchar las palabras de Raphael detrás de él.

-Así que nos espiaste mientras fingías dormir…-Se sentía tan abatido por la situación, que ni siquiera tuvo intención de contradecirlo.

-Aún si no lo hubiera hecho, me hubiera dado cuenta de que fuiste rechazado por tu expresión.- respondió, mientras desataba las últimas vendas que le quedaban en su mano derecha.

Los hombros de Leonardo se desplomaron junto con otro suspiro que escapó de sus labios.

-¿Qué ganas diciéndome todo esto, Raphael?

-Sólo quiero que abras los ojos, Leo. Aunque sea doloroso de aceptar, él jamás te verá como algo más que un hermano.- La voz de Raphael era tranquila. Ya no demostraba odio o rencor, muestra de que sus palabras habían sido reflexionadas la noche anterior- Hiciste la prueba, lo besaste y obtuviste los resultados que esperabas. Aunque no eran los que deseabas, sabías que iba a ser así.

-Ja, ¿tú crees que yo esperaba que me rechazara?

-Él no sabe nada acerca de lo que sientes por él, es obvio que si lo besas de la nada, se va a asustar.

Raphael trató de sonar lo más amable posible, pero era inevitable ser amable cuando las verdades que decía dolían tanto.

Leonardo estuvo a punto de objetar, pero se dio cuenta de que Raphael tenía razón.

Donatello no tenía idea de cómo eran sus sentimientos por él, y aunque sus caricias habían sido con la intención de demostrar todo lo que sentía, el genio simplemente no lo había interpretado de ese modo.

¿Qué era lo que esperaba conseguir de todo esto, en realidad? ¿Que mágicamente sus besos despertaran sentimientos amorosos en Donnie?

¿Qué luego de volver a su hogar, este nuevo "vínculo" que tenía con él, siguiera entre ellos, sin la necesidad de explicaciones por su parte?

No debió aprovecharse de esa manera…

Raphael notó la decepción en la mirada de Leonardo mientras se pasaba una mano por el rostro, y sintiendo una molesta sensación en el estómago al verlo así, intentó animarlo.

-Mira... Estuve pensando algunas cosas, anoche, y quiero que sepas que ya no me meteré entre tú y Donnie. Aunque me siga negando a esta locura, te apoyaré en cada decisión que tomes, así como tú también me apoyas a mí, y...- Raphael se rascó la parte posterior de la cabeza, sin saber de qué otra manera reaccionar al notar que Leonardo en realidad, ni siquiera lo estaba escuchando.-¿Leo? ¿Estás bien?

-Es tan injusto…- Murmuró, asomando una sonrisa indignada, y confirmándole a Raphael, que en ningún momento le había prestado atención a lo que le decía.-A pesar de que fue él mismo quién confirmó que no éramos hermanos, sigue viéndome como a uno…

Raphael suspiró.

En verdad, odiaba tener que ser él, quien consolara a su hermano; Simplemente no era su fuerte el decir palabras consoladoras para apaciguar la cruda verdad. Pero sabía que Leo no tenía a nadie más para hablarle de esto.

La única persona en la que había confiado, además de él, había sido su padre. Y las cosas no habían salido como esperaba…

Así que tragándose su irritación, y compadeciéndose de él, apoyó una mano en su hombro.

-No se trata sólo de ser o no ser hermanos, Leo. Ambos también son hombres…

-Ese no es el problema, Rapha. Ya he hablado de esto con Donnie. La atracción entre seres del mismo sexo no es un problema para él. Es por eso que me molesta tanto esta situación…

-¿A qué te…

- Me refiero a que el problema no es en el género, sino en los sentimientos, en la familia…- Explicó, y Raphael sintió un apretón en el pecho cuando la voz le tembló.- Él jamás se permitirá tener sentimientos por mi, más allá de los fraternales, y eso es tan injusto…

Raphael tomó un lento respiro, mientras miraba a Leonardo llevarse una mano a la boca para evitar continuar hablando.

Era lógico que su hermano mayor estuviese completamente abatido por la situación en la que se encontraba, pero escucharlo con la voz temblorosa a punto de quebrarse era algo de lo cual no podía no compadecerse.

Los ojos de Leonardo se cerraron con vergüenza cuando notó su expresión conmovida y rápidamente rebuscó en su cabeza, alguna frase o palabra de aliento para animarlo. Pero no encontró nada. Absolutamente nada.

Su mente estaba llena de palabras ciertas pero dolorosas, -según su padre- que no servirían para alegrar ni siquiera a un duro y seco tronco.

De repente el recuerdo de su charla con Miguel Ángel la noche anterior apareció en su mente, y aunque no estaba muy seguro de si lo que decía Mikey acerca de Donnie era verdad, decidió que eso era lo único que podía decir para mejorarle el ánimo.

-Escucha, Leo- lo llamó, apretando el agarre en su hombro para que le prestara atención- Te diré algo que Mikey me…

-Ya estoy listo, Leo.

-¡!

Donatello se hizo presente en la entrada, y Raphael abandonó inmediatamente su postura consoladora, dejando a la vista del genio, la entristecida expresión de su hermano mayor.

-¿Te encuentras bien? – preguntó el genio, adentrándose en la nave mientras observaba a Leo ponerse recto.

-Si. Si, estoy bien, sólo estoy un poco dormido, es todo…- respondió fingiendo un bostezo y forzando su voz a sonar cansada.

-¿Estás seguro? Te vez… te vez triste.

.A-ah…- Leonardo se quedó sin habla, completamente conmovido por el acierto en las palabras de Donatello, y miró fugazmente a Raphael en busca de ayuda.

-¿Ya tomaste aire, mariquita?- Preguntó el más rudo, captando el pedido de su hermano, desviando la atención del genio hacia él.

Donatello rodó los ojos.

-Cuando te lastimes y tenga que coserte, lo haré sin anestesia, y ahí veremos quién es mariquita…

Raphael posó una mano en su hombro, y riendo con burla, caminó hacia la salida.

-Estoy seguro de que seguirías siéndolo tu- Murmuró antes de salir.

Donatello se volteó al escucharlo, con la intención de refutarle algo más, pero Raphael ya había desaparecido.

-No le hagas caso, estoy seguro de que él lloraría incluso con anestesia…

Las emociones de Leonardo por fin le permitieron expresarse, pero cuando Donatello se volvió a él, el recuerdo de su expresión de rechazo apareció.

-Ya ha llorado una vez, ¿recuerdas? Cuando pisó accidentalmente la kusarigama de Mikey y se la clavó en el pie.

-Oh tienes razón...

Por un momento, la tensión de Leonardo se distorsionó, gracias al recuerdo del pobre Raphael dando brincos en un pie por toda la alcantarilla, en busca de su hermano genio. Pero en cuanto vio a Donatello arrodillarse en el suelo, su melancolía volvió.

Intentando dejar de lado sus emociones tras un leve suspiro, tomó el frasco de alcohol, y preparó los vendajes que Raphael había dejado antes de salir.

Desató las cintas que rodeaban el hombro izquierdo de Donnie, y tratando de hacer el menor contacto, para evitar aumentar su dolor, las deslizó suavemente hasta quitárselas.

-La herida ya está cicatrizando…. ¿Aún te sigue doliendo?- preguntó, notando que el genio apretaba fuertemente los labios.

-Un poco menos que antes, pero aún así, duele.

Leonardo asintió y acercó las vendas humedecidas en alcohol.

-¿Estas listo?

Donatello tomó un respiro.

-Hazlo…

Leonardo colocó las vendas con suavidad, intentando no presionar demasiado sobre la herida, pero un reflejo involuntario de Donatello al sentir el ardor, lo hizo detenerse antes de que completara la primera vuelta.

-Continua- ordenó el genio cerrando fuertemente los ojos- P-puedo soportarlo.

-¿Estas seguro?- preguntó en un tono de voz demasiado suave al habitual.

Donatello sonrió sutilmente, y miró a Leonardo al momento en que una escurridiza lágrima se escapaba por su mejilla, demostrando lo doloroso que seguía siendo para él.

-Por supuesto. Pude soportar que me removieras de un oxidado fierro tu solo, a comparación con eso, esto no es nada- bromeó mientras Leonardo secaba su mejilla con el pulgar-Pero… ¿P-podría tomar tu mano mientras terminas de vendarme? - sugirió, olvidando que ya no quería depender de las caricias de su hermano.

Leonardo alejó su mano con sorpresa, y al instante que lo vio mirarlo con extrañeza, se arrepintió de sus palabras.

¡En su mente la propuesta no había sonado tan atrevida!

Después de todo… Leonardo había sido mucho más atrevido al besarlo sin su consentimiento u alguna explicación por su parte. Y él sólo pedía sujetar su mano…

Aunque si realmente era sincero consigo mismo, la herida no le dolía lo suficiente como para tener la necesidad de sostener su mano…

Donatello sintió calor subiendo por sus mejillas, al comprender que tal vez sus palabras tenían segundas intenciones, y desvió la mirada hacia el otro lado con vergüenza.

-No tienes que hacerlo si no quieres, ahora que lo pienso, fue una propuesta un poco tonta, no debí preguntarte nada, continua je-je…- siguió el genio, tras no recibir respuesta alguna.

El corazón de Leo dio un vuelco y todo en su interior vibró al ver el rostro apenado del genio por pedir algo verdaderamente insignificante.

¿No querer tomar su mano? ¡Moría por hacer algo así!

Tomar su mano y abrazarlo fuerte era una de las cosas que más quería hacer mientras curaba sus heridas. Él quería demostrarle su afecto en los momentos que más lo necesitaba pero había algo que lo retenía. Algo que oprimía con fuerza su pecho y que le impedía responder a su petición.

Y es que Donatello sólo pedía tomar su mano como si fuera la de cualquier hermano. Como si él fuera cualquier hermano, sabiendo que no era así. Que aunque Donatello aún no lo reconocíera, ellos tenían un vínculo especial y diferente a la de cualquier otro hermano.

Y estaba seguro que de no ser por Splinter, la tortuga más inteligente de los cuatro, ya habría reconocido sus sentimientos.

Pero esa maldita charla que su padre les había dado les había lavado el cerebro. Aún recordaba la mañana en que Donatello había decidido compartir con él, su opinión acerca del amor y la familia…

"-Ya hemos hablado mucho sobre mi relación con Abril, ¿qué hay de ti?

-¿De mi?- preguntó Leonardo, revolviendo suavemente su té-¿Qué quieres saber sobre mi?

-No lo se, sobre tu relación con Karai. Ya sabes, luego de que se convirtiera definitivamente en humana, no has intentado acercártele de nuevo…

Leonardo bajó la taza de té, y se quedó mirando el contenido por unos segundos.

-Es que… siento que ella no es a quien quiero en verdad.

Donatello se relamió los bigotes que habían quedado gracias a su café espumoso y asintió.

-Tal vez suene mal lo que diga, pero creo que haces bien en no intentar algo con ella, después de todo, es nuestra hermana…

-Pero no compartimos ningún tipo de relación sanguínea…No somos verdaderamente hermanos- Explicó Leonardo, confundido por aquella imprevista respuesta, que sonaba más a lo que su padre diría.

-No, no en realidad, pero Sensei es su padre, y el nuestro. Es raro que la persona con la que salgas sea hijo de tu propio padre, ¿no lo crees? No me mal interprendas- aclaró- Si tu decidías continuar tu relación con Karai, hubieras tenido mi apoyo. Pero si esa fuera mi situación….

-Si esa fuera tu situación, ¿qué harías?- preguntó, no quedándose conforme con la insinuación del genio, y sintiendo un ligero arrebato de indignación por el rumbo que llevaba aquella conversación- Si tú te enamoraras de uno de nosotros, de Rapha, de Mikey, o de … a pesar de que hiciste las pruebas y comprobaste que no somos hermanos, ¿No lo aceptarías si en verdad sintieras que es la persona con la que quieres estar para toda la vida?

Donatello lo miró a los ojos, y Leonardo le sostuvo la mirada.

-¿No lo permitirías?

-Seguiríamos siendo hermanos, Leo.- Explicó, sin mostrarse afectado por el hecho de que los ejemplos de Leonardo habían sido sus propios hermanos varones y no su otra hermana, Karai- No importa cuán fuerte sea el sentimiento. Seguiríamos siendo una familia, Sensei seguiría siendo nuestro padre…

-¿Y si Abril fuera nuestra hermana?

Donatello bajó la mirada y tardó unos segundos en responder.

-También…"

Leonardo cerró los ojos y soltó un suspiro sintiéndose repentinamente molesto por recordar aquella conversación en la que Donatello no hablaba verdaderamente del corazón, sino de lo que había escuchado de su padre, en una de sus tantas "reuniones informativas"

-Lamento si dije algo que te incomodó, Leo… ¿Estas bien?

Donatello tocó el hombro de su hermano con suavidad, temiendo que sus torpes palabras hubieran arruinado su relación nuevamente.

Leonardo asintió, volviendo a la realidad, y sin decir nada, tomó la mano del genio.

-No tienes que pedirme algo como eso, simplemente hazlo…Si también quieres abrazarme, hazlo. Yo jamás te rechazaré Donnie, sin importar lo que los demás digan, yo no lo haré.- Respondió mirando fijamente a los ojos del genio, esperando ver en ellos un brillo que delatara que comprendía sus palabras. Que comprendía que se estaba refiriendo a ellos mismos y que desafiaba a la vez, el pensamiento que Splinter les había impuesto.

Y lo hizo.

Donatello pareció comprender sus palabras, pero no porque sus ojos lo delataron, sino porque repentinamente la mano que sostenía con tanto amor, se alejó.

-Creo… que puedo soportarlo. Después de todo, necesitas tus dos manos para vendarme- Murmuró Donatello, con la mirada fija en el suelo, completamente incómodo por aquella respuesta.

Leonardo se mordió el interior del labio, sintiendo que algo dentro suyo se rompía tras ese rechazo.

-Esta bien…- Aceptó, dándose por vencido.

Donatello cerró los ojos al sentir las húmedas vendas envolviéndose con excesiva lentitud en su hombro y para distraerse momentáneamente del ardor y de la extraña sensación que sintió tras escuchar aquella respuesta, se replanteó las preguntas que había querido hacer a Leonardo cuando se había despertado.

Luego de besarlo, Leo le había dicho que no había querido alejarse de él, y que Splinter le había obligado a hacerlo.

¿Por qué Splinter haría algo como eso?

No podía entender el motivo por el cual el ser que los había cuidado y tratado como a una familia, lo obligaría a alejarse de uno de sus hermanos.

¿Tenía algo que ver con lo que estuvo a punto de decirle aquella mañana antes de que se distanciaran…?

Aquella madrugada, Leo estaba un poco nervioso, Donatello lo había notado por el movimiento que hacían sus pies por debajo de la mesa, y porque su mirada se desviaba cada cinco segundos hacia el dojo.

Recordaba haberle preguntado dos veces si se encontraba bien, pues su actitud era algo extraña y antes de que preguntara una tercera, Leo había tomado sus manos.

Ya se les era costumbre el tomarse juguetonamente de las manos, asíque no le había parecido incómodo ese gesto, al contrario, había estado esperándolo desde que había despertado.

"-Donnie, yo…"

Leonardo había pronunciado su nombre con la voz algo temblorosa, y seguido a eso, había echado una fugaz mirada hacia el dojo.

Pero esas habían sido las únicas palabras que Leonardo había dicho, pues Splinter había aparecido detrás de Donatello, y al instante había arrastrado a su hijo mayor hacia el dojo.

¿Acaso lo que Leo estuvo a punto de decirle ese día, era algo malo, y Splinter no estaba de acuerdo con que él se enterase?

-A-ah…

Abrió los ojos precipitadamente cuando no pudo soportar el ardor, e inevitablemente las lágrimas comenzaron a brotar.

Leo pareció salir del trance en el que estaba, y terminando de atar las vendas, lo miró a los ojos con conmoción, como si entendiera perfectamente el dolor que estaba sintiendo.

Donatello lo vio acercarse lentamente a su rostro, para darle uno de esos tranquilizadores besos que tanto alivianaban su dolor, e inconcientemente, cerró los ojos.

Aunque se seguía sintiendo apenado por considerar agradables esos ligeros contactos con su propio hermano, no podía resistirse a ellos.

Y en este momento, ni siquiera tenía intenciones de resistirse o cuestionarle porqué lo hacía.

Sólo quería un beso de Leonardo y ya.

-Ya pasará Donnie…Pronto llegaremos a nuestro hogar y todo… volverá a la normalidad.

Donatello abrió los ojos cuando sintió una mano sobre su hombro derecho, y miró a Leonardo con confusión.

¿Esta vez no había un beso tranquilizador?

-¡Chicos, apresúrense!- Mikey se asomó a la entrada- Se acercan unas nubes muy feas desde el Norte…

Leo ayudó a levantar a Donnie, y éste dejó a un lado la extraña actitud de Leonardo, para responderle a Miguel Ángel.

-Tu no sabes donde esta el Norte…

-Bueno, no puedo engañarte. No se de qué lado vienen, pero si no nos apresuramos, la lluvia nos alcanzará.

-Esta bien, larguémonos de aquí…- Respondió, llevando su mano hacia su rostro para limpiarse las lágrimas que esta vez, no habían sido borradas por Leonardo.


Muchas gracias por sus comentarios, son muy importantes para mi. Ojala este cap les haya gustado, besos y gracias por leer :)