A la mañana siguiente, se despertó por un leve alboroto en la sala de estar, Luna no le había informado la naturaleza o el tiempo de estadía del viaje, pero parecían semanas, pues los hombres de servicio bajaban y bajaban con baúles, Hermione, aún en bata de dormir, se asomó, y vio a Luna anotando cosas en una libreta.
-Señorita Luna.- La llamó, ella la miró y se acomodó las gafas en el puente de la nariz con una encantadora sonrisa. –Disculpe mi impertinencia ¿El viaje será muy largo?- Preguntó.
-No hay problema.- La disculpó. –No, señorita, dos semanas a lo mucho ¿Le preocupa? De todas maneras aún tiene mes y medio para disfrutar a su primo.-
Hermione sonrió. –Tiene usted razón, sólo quería saber. ¿Le acompaña?- Preguntó. – ¿O simplemente se toma un descanso?-
Luna río levemente. -¿Descanso?- Negó. –Le acompaño, el Señor Nott no funciona sin esta libreta.- Explicó, pero Hermione sabía que no funcionaba sin ella.
Volvió a su alcoba para vestirse, pero debió tardar demasiado en la bañera, porque cuando salió, Theodore se despedía de Malfoy en la puerta, ella bajó rápido y se plantó frente a él.
-Volveré en unas semanas, prima.- Le dijo Theodore.- Espero que la compañía del Señor Malfoy te parezca agradable.-
Hermione hizo una leve reverencia. –Por supuesto.- Murmuró, y dio un abrazo al teniente. –Vuelve pronto y sano, primo.-
Ambos sonrieron, se miraron un minuto, Hermione quiso decirle que tenía miedo, pero no le conocía, y Malfoy les miraba atento, Theodore quiso decirle que no fuese a hacer nada que pusiera en peligro aquella misión, pero supo que no era necesario, Hermione había demostrado ser una profesional. Sin poder evitarlo, la mano de Theodore subió hasta el rostro de Hermione y se posó en su mejilla, la acarició suavemente, pobre chiquilla, pensó, tan pequeñita, tan diminuta, que uno pensaría que sus piernas se romperían con el peso de aquella misión, quitó su mano y se fue.
Hermione se quedó helada, a pesar de haber besado y abrazado al teniente durante las semanas que llevaba en la mansión, ningún gesto había sido tan personal como ese leve roce en su mejilla.
-Cuídate.- Murmuró luego, y la puerta se cerró, dejando a Hermione adentro, sola, con su presa.
-Volverá sano.- Dijo Draco Malfoy, para luego subir las escaleras, Hermione sólo se quedó ahí, mirando la puerta cerrada, pensando si lograría salir algún día de aquel círculo de horror en el que estaba metida, miró al suelo y luego respiró hondo, subió las escaleras dispuesta a matar el tiempo en el salón de pintura que su querido primo había acondicionado para ella.
Se sentó mirando el lienzo en blanco, suspiró y comenzó a pintar un paisaje monótono y simple, era buena en eso, era lo que hacía antes de la guerra, pintar en su colegio de señoritas, Hermione era una niña muy normal, iba a un colegio Judío, tenía un novio, incluso, Ronald… pobre Ronald, era tan dulce y torpe, era, porque también debía estar muerto, se preguntó si todo aquello que alguna vez conoció estaría en los confines de la tierra, y con ese pensamiento la atrapó el Señor Malfoy.
-Muy bonito, Señorita Nott.- Dijo detrás de ella, haciéndola dar un salto.
Hermione se volteó con una sonrisa. –Señor Malfoy.- Susurró. –Puede llamarme Jean, si no es mucho pedir.-
-Jean.- Repitió él, Hermione deseó llamarse así, Jean, tan bonito como salía de sus labios, se asustó al encontrarse con ese pensamiento. –Pinta muy bien.- Dijo mirando el lienzo.
-No lo sé ¿No lo ve vacío?- Preguntó ella ladeando la cabeza.
-Para nada, refleja todo lo que usted refleja.- Dijo, y ante la mirada desentendida de Hermione, añadió. –Simpleza.-
Sintió el calor en sus mejillas y vio como él sonreía casi imperceptiblemente.
-Dígame algo, Señorita Jean ¿A qué le teme?- Preguntó acercándose a ella.
Hermione se sintió mareada, Draco Malfoy olía a menta y dentífrico.
-¿En general?- Preguntó intentando mantener la compostura, casi no notó cuando Draco asintió. –Vaya, no lo sé, a nada, creo.- Murmuró confundida.
-Se nota.- Dijo él.
Hermione pareció volver a la tierra. -¿Perdón?-
-Se nota que no le teme a nada.- Explicó él. –En sus ojos.- Hermione sentía el corazón en la garganta cuando él levantó la mano para quitarle un rizo de la cara. –Usted ya lo perdió todo.- Susurró.
Ella se quedó ahí, sin decir nada, su mente galopaba muy rápido ¿A qué se refería? ¿La había descubierto? ¿Estaba bromeando? ¿Debía reírse? Pero Draco sólo se alejó un poco de ella dejándola atónita.
-Venga, vamos a comer, venía a avisarle.- Le tendió la mano que Hermione tomó como si fuese un robot, y juntos bajaron al comedor.
En el auto, Theodore miraba absorto por la ventana, estaba preocupado, confiaba en Granger, pero quizás no tanto, su pellejo estaba en las finas manos de la castaña, en esos pensamientos navegaba cuando escuchó la voz dulce de su asistente.
-Al llegar.- Dijo mirando la libreta que parecía una extensión de su brazo. -¿Prefiere comer o ir directo a quirófano?- Preguntó, Theodore sonrió, ampliamente, y sólo la miró. –Señor…- Susurró ella.
-¿Tu qué consideras mejor?- Preguntó.
Luna miró su libreta. –Creo que debería comer antes, el viaje… es largo.- Murmuró.
-Y la compañía es buena.- Dijo Theodore, viendo como los ojos de Luna brillaban. –Comeremos primero.-
Luna asintió efusiva y anotó con rapidez en su libreta.
-Luna Lovegood.- Murmuró Nott mirando por la ventana. –Gracias.- Dijo volteando la vista hacia ella.
Luna abrió mucho los ojos. -¿Por qué?- Preguntó.
Theodore sonrió ampliamente, y ella le devolvió la sonrisa. –Por esa sonrisa.-
Se miraron un momento más, y luego ambos voltearon a la ventana, Luna le quería, no podía negárselo más, quería a su jefe, al principio le parecía frío y hostil, pero con el tiempo se fue dando cuenta de sus carencias, porque sí, Theodore Nott, con todo el dinero, tenía carencias, emocionales, claro, cuando enfermó, se le rompió el corazón, pero viendo las mejorías, mejoraba ella también. Le quería, le quería mucho, quería tomar su mano grande y masculina, besar su mejilla pálida, susurrarle improperios al oído… le quería, y aquello le pesaba.
No hablaron más por el resto del viaje, que fue largo, él dormía tranquilamente y ella le observaba con una sonrisa pequeña, al llegar, entraron a la enorme casa que se extendía frente a ellos, que le serviría de hospital, pues nadie podía saber que Theodore Nott estaba enfermo, el hombre bajó del auto y se irguió, estaba asustado, Luna podía notarlo, le conocía demasiado bien, así que caminó con una enorme sonrisa adentro de la casa, como si aquello fuese un viaje más de negocios.
-Señorita Lovegood.- La llamó él, ella volteó a mirarlo interrogante, pero él negó levemente.
Como seguridad sólo tenían cuatro guardias, y en aquella casa había sólo un doctor y tres enfermeras, además de dos mujeres como personal de limpieza y cocina, era un secreto su enfermedad, por eso no estaba en los archivos de la Policía Soviética, nadie se podía enterar, si Tom Riddle sabía que Theodore tenía la misma enfermedad de su padre, le esterilizaría al igual que hizo con él. Nott sólo tuvo suerte, lo sometieron a exámenes para detectar la misma deficiencia genética, pero la enfermedad aún no se había desarrollado, por lo tanto, era un espécimen caucásico perfecto, y pudo seguir con su vida.
Comieron en silencio, sólo ellos dos sentados alrededor del enorme comedor, Luna le miraba revolver su comida, por un momento aquel alto y fornido hombre le pareció un muchacho, y quiso abrazarlo y susurrarle que todo estaría bien, al terminar, subieron las escaleras, Luna ayudaba a Theodore en todo, a vestirse, a arreglarse, a todo, nadie más podía ver la cicatriz que tenía en el pecho.
Entraron a una habitación y él se quitó la chaqueta, Luna la colgó, se estaba desabrochando la camisa cuando se detuvo, sus brazos cayeron laxos, y se quedó mirando la pared.
-¿Sucede algo?- Se atrevió a preguntar Luna, había dejado su carpeta a un lado y le pasaba una mano por el brazo lentamente.
-Señorita Lovegood…- Dijo en un susurro. –Quiero que sepa que si algo me sucediera.- Luna negó para callarlo, pero él siguió. –Si algo me sucediera.- Dijo con más ahínco.- Todo está a su nombre, señorita Lovegood.-
Luna se quedó paralizada, mirándolo con los ojos azules muy abiertos, él le puso ambas manos en los hombros, y se agachó para quedar a su altura.
-Usted es todo lo que me queda.- Le susurró. –Todo está a su nombre.-
Luna negó levemente y siguió con la tarea que él había dejado, desabotonándole la camisa.
-No, Señor Nott, usted tiene familia, la Señorita Jean… amigos, el Reich...- Luna hablaba rápido, le quitó la camisa y la colgó, se quedó un segundo dándole a espalda.
-Jean no es mi prima, señorita Lovegood.- Le susurró. –No puede decírselo a nadie.-
Luna ya lo sospechaba, a decir verdad, estaba segura de eso, pero no sabía la relación que tenían.
-¿Es su amante?- Se atrevió a preguntar con un hilo de voz.
Theodore se paró detrás de ella, si recostaba la cabeza, podía sentir el pecho del hombre, que le puso una mano en el hombro.
-No.- Negó él, y ella le creyó. –Pero no puedo decirte quién es.- La volteó lentamente. –Señorita Lovegood.- Le acarició levemente la mejilla. –Usted es todo lo que tengo.-
Los ojos de Luna brillaron, se decía a sí misma que no se confiara, que era imposible que ese hombre la quisiera, aquello era una relación de pura confianza, amistad y nada más.
-Si muero, prométame que va a tomar todo mi dinero, y va a huir.-
Luna no cabía en su impresión. -¿Y el Reich? ¿Y Tom Riddle?-
-Esta no es su guerra.- Le dijo severo. –Si muero, huya, llévese a la Señorita Jean y huyan, no importa lo que ella haga, llévesela.-
Luna estaba de piedra ¿No importa lo que ella haga?
-Asesinará a Malfoy.- Dijo llevándose una mano a los labios, Theodore se impresionó, sabía que su asistente era astuta y perceptiva, pero nunca pensó que tanto. Su silencio se lo confirmó. –La guerra está perdida.- Dijo con un deje de alivio en la voz. Y sin pensarlo le echó los brazos al cuello a Theodore, que le rodeó la cintura fuertemente.
Unos golpecitos en la puerta interrumpieron el momento.
Luna se aclaró la garganta soltándose y él se separó levemente de ella.
-El Señor Nott sale en un momento.- Dijo firme.
Theodore terminó de desvestirse y se puso la bata, antes de salir, miró a Luna.
-Confío en usted.- Murmuró, ella asintió levemente. –Luna… le quiero.- Susurró de espaldas a ella y salió, dejándola atónita.
Luna haría todo lo que el Teniente le dijo, aunque él no le quisiera, aunque no le hubiese dejado absolutamente nada, ella habría dado la vida por mantener sus secretos, por cumplir su voluntad, porque Luna Lovegood estaba enamorada de Theodore Nott, y él le había demostrado que de una u otra manera, le tenía aprecio, deseó con todas sus fuerzas que saliera vivo de aquella intervención.
Hermione tomaba el té mirando por la ventana, el Señor Malfoy, en el jardín trasero, practicaba tiro con su escopeta, al terminar, salió, y se sentó en una banca a una distancia prudencial del espectáculo.
-¡Señorita Jean!- La llamó el rubio. -¡Venga!-
Hermione se levantó y caminó hasta donde él estaba.
-¿Ha disparado alguna vez?- Preguntó tendiéndole la escopeta.
Hermione sonrió levemente y negó. –Esas cosas no son para una dama, Señor Malfoy.-
Draco negó con una sonrisa ladina. –Conozco muchas damas que saben disparar, tenga, le enseñaré.-
Hermione tomó la escopeta con fingida torpeza, Draco se paró detrás de ella y le ayudó a acomodar los brazos, sentía su aliento cálido en el oído, y la piel se le erizó.
-¿Tiene frío?- Preguntó Malfoy con simpleza.
Hermione asintió nerviosa.
-Debe esperar que el disco llegue a su punto más alto, calcule y dispara.- Le susurró al oído, no la había soltado. El disco salió y Hermione disparó sabiendo que sería demasiado pronto. –Demasiado pronto.- Afirmó el Señor Malfoy, ella bajó el arma y se volteó hacia él.
-Esto no es para mí.- Murmuró decepcionada. Draco se acercó de nuevo a ella y le quitó el arma, pero no se alejó. Se quedó ahí, mirándola.
-Es usted hermosa.- Le dijo, y por primera vez desde que Hermione había llegado, su voz no sonó despectiva o fría, simplemente era eso, "Es usted hermosa"
-Usted también es muy apuesto.- Le susurró ella.
Draco sonrió de lado mirándola a los ojos, y le acarició la mejilla con el dedo índice, luego se alejó un poco.
-Que impertinente soy.- Se disculpó.
Pero Hermione había cometido un error, se perdió en sus ojos de plata, se embriagó con su olor a menta y tabaco, le puso una fina mano en la bien afeitaba mejilla, y se puso de puntillas para depositar un beso en la otra.
Tenía tanto tiempo sin sentir con contacto como aquel. Tanto tiempo sin ser tocada por alguien.
-No se disculpe, Señor Malfoy.- Dijo sonrojándose.
Él la miró y lentamente sonrió, y en un roce fugaz, la besó en los labios, acto seguido, se separó de ella.
-Disculpe… yo… no creo que a su primo le guste esto.- Murmuró.
-¿Por qué?- Preguntó ella. –Es usted un hombre honorable.- Susurró.
Draco la miró a los ojos. –Señorita Granger.- Dijo, y a Hermione se le heló la sangre, se le cayó el mundo. –Tengo esposa.-
