Con la ayuda del hombre que se apresuró en llenar a su lado para recibir la fina y delicada mano entre la suya, descendió la joven del vehículo de un negro reluciente.

Vestía casual y en su cabeza llevaba un sombrero negro por el que descendía su cabello lacio de oscuro color con toques azulados cuyo largo llegaba hasta la cintura. El rostro de blanca tez había sido maquillado dotándola de gracia y encanto juvenil.

Bajó un poco sus anteojos oscuros para ver con los colores acertados. Y leyó en el letrero: "Residencia Tendo"; con sus letras ya algo borradas por el tiempo, que al parecer nadie había tenido el cuidado de reemplazar.

El hombre a su lado aguardaba.

Akane, sosteniendo todavía sus lentes un poco más abajo de donde deberían, observaba fijamente el aspecto de la casa que tantos recuerdos le traía. Parecía un poco más deteriorada, según sus memorias.

Sonrió y se decidió por quitarse los lentes y colocarlos en el escote de su camisa amarilla.

Llamó a la puerta un par de veces, y sólo tardó algunos segundos en abrirse, para aparecer frente a ella una hermosa mujer de cabellera castaña y sonrisa inocente.

-Buenos días- saludó la mujer - ¿En qué puedo ayudarle?

Akane amplió su sonrisa y contestó en un tono suave:

-Vaya... ¿Tanto he cambiado que ya ni te reconoces a tu propia hermana, Kasumi?

La sorpresa, por supuesto, no se dejó esperar.

-¡Oh! - se llevó ambas manos al rostro y exclamó- ¡Será posible?! - sus ojos se le cristalizaron en cuánto supo reconocer en ella, a su pequeña hermana que se marchó de ahí hace algunos años.

Estaba cambiada. De ello no había duda alguna. Había abandonado para siempre sus facciones de niña, para sustituirlas por unas que hablaban de madurez. Había crecido un poco más de lo que recordaba, su cuerpo se había vuelto más esbelto, su busto había crecido ...Sí, su cuerpo también había madurado. Pero había algo... algo en su mirada ...Algo muy dentro de ella había cambiado, algo más allá de lo físico.

Akane bajó la mirada y se percató del vientre abultado de su hermana. Con interés volvió a buscar sus ojos y sonrió.

-No es bueno que te pongas así dada tu condición - le advirtió al descubrir los ojos llorosos de su hermana mayor.

-¡Oh, hermana! - exclamó ella, rompiendo a llorar para envolverla entre sus brazos y atraerla hacia sí- Has vuelto...

Akane, al principio algo desconcertada por aquel gesto efusivo, correspondió lentamente al abrazo acunándose en el pecho de su hermana, todavía más alta que ella.

-¿Qué pasa, Kasumi? ¿Por qué tanto escándalo? - habló Soun, quién había sido alertado por los sollozos de su hija.

No le era posible, por cuestión de posiciones, ver el rostro de la joven a la que su hija abrazaba tanto, pero sí advirtió la presencia de un hombre de pie a algunos pasos de las mujeres.

-Discul... - no alcanzó ni a aproximarse, porque Kasumi ya había soltado a una mujer que Soun al principio no supo reconocer.

-¡Mira, papá! - habló Kasumi emocionada, secándose las lágrimas- Es Akane, ¡Ha vuelto!

Soun frunció ligeramente el ceño al posar sus negros ojos sobre la mujer de sombrero negro y larga cabellera, que al verlo, le dedicó una sonrisa beatifica:

-¿Tú tampoco me reconoces, papá?

Abrió un poco más sus ojos y su cuerpo reaccionó antes que su mente, porque se abalanzó sobre aquel cuerpo menudo, pero bien dotado, de su hermosa hija menor a quién vio por última vez hace tantos años.

-¡Akane! ¡Hija, has vuelto! ¡¿Cómo pudiste marcharte y casi no contactarte con nosotros! ¡Estaba tan preocupado por ti! ¡Oh, mi hija! ¡Estás tan grande y tan bella! ¡Estoy tan feliz de que estés de regreso! ¡Buaaaaaaaaaa! - y lloró sobre su hombro a mares.

La joven, que ya había olvidado las costumbres de su padre, le palpaba la espalda como consolándolo.

El hombre de larga cabellera negra con destellos plateados, se separó de su hija agarrándola por los hombros.

-¡Sí que estás cambiada, hija! - exclamó todavía con las mejillas húmedas y los ojos llorosos- pero has vuelto y nada me haría mas feliz.

Akane le sonrió... Su padre seguía siendo el mismo. Tenía una que otra arruga en el rostro, le parecía más moreno y por su cabello y bigote ya asomaban muestras de vejez, sin embargo seguía igual.

-¡Oh vaya! - exclamó Kasumi, llevándose una mano a la boca con sorpresa, y se acercó al hombre que en todo momento había permanecido al margen del emotivo reencuentro familiar- ¿Y usted...?

El hombre de ojos y cabello tan negros como la infinidad de un pozo, le sonrió con gentileza y saludó con una leve reverencia.

-¿Viene contigo, verdad Akane? ¿Es amigo tuyo? -preguntó la mayor a su hermana.

Akane asintió y esbozó una pequeña sonrisa.

-Sí, amigo mío- afirmó e informó- Se llama Kyo.

-¡Pues, los amigos de Akane son bienvenidos! -. exclamó Soun, cuya sonrisa enseñó todos sus dientes.


Sentados entorno a la mesa de la sala de estar, por un lado Akane y Kyo sentados en un lado, frente a la pareja Kasumi y en la esquina Soun. Degustaban los pastelillos que la mayor había dejado en el centro de la mesa.

Todo para Akane estaba igual. Intacto, incluso el olor característico de la vivienda seguía siendo el mismo. No representaba deterioro, ni el más mínimo rastro de paso del tiempo. Seguramente su hermana se había encargado de que fuera así, aunque haya descuidado un poco el exterior.

El ambiente ahí era reconfortante y cálido, y sin embargo, de algún modo, se sentía frío. Quizás porque habían menos personas de las que recordaba...

-Qué bueno que hoy te visité, papá - comentó Kasumi esbozando una sonrisa.

Soun asintió sonriente.

-Me doy cuenta que te casaste, hermana, y ya adivino con quién - pronunció Akane sonriendo a su hermana quién ruborizada preguntó con ingenuidad:

-¿T-Tú también sabías que...?

Akane rompió en una carcajada y finalizó la pregunta por ella.

-¿Que el doctor Tofú estaba enamorado de ti? -y divertida le aclaró- Todo el mundo lo sabía, Kasumi.

Se llevó las manos a ambas mejillas sin ser capaz de contener la mirada risueña que le dirigía su hermana.

-¿Cuántos meses tienes? -preguntó Akane esbozando una pequeña sonrisa, indicando a su vientre.

-seis - contestó Kasumi emocionada, iba a decir algo pero calló. Se quedó mirando unos segundos a Akane como si quisiera adivinar algo, y a ella, su mirada interrogativa no le pasó desapercibida.

-¿Qué pasa? - dijo, animándola a hablar.

-Supongo que llegaste para quedarte, ¿verdad, Akane?

Soun intervino entusiasta.

-Por supuesto que llegó para quedarse,...- y ante el silencio de parte de Akane, añadió temeroso-...¿Ver-Verdad, hija?

La menor permaneció algunos segundos en silencio, y volteó a ver a Kyo sentado al lado suyo, y éste al percibir su movimiento, volteó a mirarla también como si en el intercambio breve de miradas ella le hubiera contado su pesar y él le hubiera dado un consejo.

Akane volvió a mirar a su hermana, y luego a su padre, quiénes aguardaban silenciosos por una respuesta, que esperaba, fuera afirmativa.

Sonrió casi con incomodidad y contestó:

-No lo sé. Veré cómo se dan las cosas - dijo simplemente, sin dar una respuesta definitiva- Por cierto...¿Y Nabiki? Hace rato que me vengo preguntando por ella - dijo, más para evadir la responsabilidad de una respuesta que por verdadero interés de saber el paradero de su hermana.

-Oh, es cierto. Se fue a un viaje de la universidad, como ya sacó la carrera se han ido a Los Ángeles a pasear- informó Kasumi- Estudió finanzas -añadió.

Akane volvió a sonreír y asintió.

-Y la señora Saotome con Genma, se fueron a vivir a unas cuadras de aquí- le comunicó Soun, por si es que se lo preguntaba, y agregó sonriente- ¿No quieres pasar a verlos, Akane?

La menor apretó sus labios y se quedó mirando un punto extraviado de la sala algunos instantes. El apretón secreto de Kyo en su brazo le trajo de vuelta a la realidad, y volteó a mirar directamente a su padre para contestar:

-No, hoy no. Otro día... quizás.

"Saotome", hace tiempo que no escuchaba ese apellido y oírlo en ese ambiente tan familiar le hizo experimentar un "no se qué" dentro, muy dentro de su alma.

-Y tu amigo - sonrió Kasumi dirigiéndose al silencioso hombre que acompañaba a su hermana- ¿De dónde proviene? ¿Se conocieron allá en Tokyo?

-Sí - contestó Akane por él, enseñando cierta ansiedad- Estudió conmigo en la misma universidad. Hemos sido muy amigos desde ese entonces.

Kyo miró de reojo a la nerviosa joven, y esbozó una sonrisa con lentitud. Una hermosa sonrisa que revelaba encanto en su rostro de rasgos como de aristócrata, sin embargo el gesto le brindaba un imaginado aire aniñado a sus facciones, dotándolo de inocencia... una inocencia que él no tenía.

-Oh ya veo - sonrió Kasumi, satisfecha.

-¿Y de donde vienes... eh...Kyo, ¿verdad?- habló Soun no muy seguro del nombre del apuesto joven de vestir sencillo, aunque parecía que la elegancia la llevaba impresa en su esencia, porque eran sus movimientos, tal vez el que permaneciera en un respetuoso silencio, el hecho de que pareciera un hombre distinguido.

-Nací en Tokyo -mintió - Ahí me hice amigo de su hija - mintió- y hemos sido muy cercanos desde hace bastante tiempo - y por último, dijo la verdad. Siempre con una sonrisa en el rostro, hablaba tan confiado y seguro, que a nadie le cupo duda de que las cosas se hubieran dado como él afirmaba.

-Parece una buena buena - comentó Kasumi sonriendo con ternura.

-Lo es - contestó Akane, volviendo a adquirir el tono seguro de su voz. Ya sin la ansiedad pasada, que sólo su fiel compañero pudo percibir - Sé que puedo confiar en él plenamente. Siempre ha estado conmigo.

Unos instantes de silencio... y Kasumi habló de nuevo.

-Por cierto. Me he dado cuenta de que no han traído equipaje. Acaso, ¿no piensan quedarse aquí?

Akane negó con la cabeza y contestó.

-Nos quedaremos en un hotel.

-¿L-los dos e-en...?

-No, papá- se apresuró a aclarar, tajante. Kyo volvió a sonreír casi imperceptiblemente- En habitaciones separadas, claro.

El hombre asintió más tranquilo.

-¿Y cómo van las clases del dojo?- preguntó, por primera vez, con interés.

-Bien, muy bien, hija, pero me temo que me estoy haciendo viejo y no creo poder continuar por mucho tiempo- contestó Soun abatido, devorando un dulce de los que Kasumi había dejado sobre la mesa y de los que todos parecían haberse olvidado, y tras hacerlo se abalanzó sobre la mesa y rompió a llorar desconsoladamente con gritos ahogados -¡¿Qué vamos a hacer?! Buaaaaaaaaaaaaaa , ¡Será nuestro fin!

-Oh no, papá! No llores- exclamó Kasumi colocando su mano sobre la espalda de su padre.

Akane se mantuvo seria, distante. El llanto de su padre no parecía sensibilizarla en lo más mínimo, más bien parecía ida como si rememorara un recuerdo pasado.

Kyo se acercó a ella y le susurró algo, sin que nadie más lo notara. Ella volvió en sí ante el movimiento, y oyó lo que el hombre le decía en secreto. Habiéndose apartado, la joven se giró, seria como estaba, a encarar al hombre quién sonreía simplemente. Unos segundos de miradas entrecruzadas, y luego volteó a fijarse en su lloroso padre siendo abrazado por una paciente Kasumi.

-Esto... papá, hermana ... ya debemos irnos. Ha sido un placer volver a verlos - dijo.

Ambos la observaron levantarse con cierto deje de decepción. Pensaron que su hermana se reintegraría a las artes marciales e impartiría clases como estaba previsto desde su nacimiento, pero ella ahora parecía inmune a la angustia ajena.

Se los quedó viendo algunos instantes, mientras ellos fijamente parecían estar evaluándola. Uno con los ojos hinchados, y la otra con cierto reproche en su mirada generalmente dulce.

-¿Qué? -dijo, ya de pie y en un tono cansino.

-Creo que quieren que tú impartas las clases... - habló Kyo en un tono extraño, casi divertido.

Lo miró con ambas cejas alzadas por la aclaración, y luego volvió a mirar a sus parientes quiénes permanecían en silencio.

-No -contestó tajante , y luego volvió a sonreír como si nada- Debo irme, pero volveré dentro de poco para a saludar.


Miraba divertido la imagen central de la página 12 de la revista, con una sonrisa de medio lado y unos ojos brillando con deleite.

-Tsk - masculló y rompió a reír lanzando la revista por los suelos.

Se acomodó mejor en la blanda cama del hotel, recostándose entre cojines de exquisito olor a nuevo.

Fijó la mirada en el cielo del cuarto y todavía sonriendo, con ambas manos haciendo de segunda almohada, pensó en lo idiotas y miserables que eran sus ridículos 'amigos', y es que en la fotografía se podía apreciar claramente el rostro de la mujer y también su propio perfil, lo cual señalaba que había sido tomada a corta a distancia ... ¡pero le resultó gracioso! sí, inmensamente.

La puerta se abrió y la voz femenina quebró la estabilidad del silencio.

-Bueno, pero tú sí que eres...- la oración quedó suspendida en el aire.

Amplió su sonrisa en un gesto malicioso y se incorporó de golpe.

Era una mujer de cabellos castaños y ondulados, de cara lánguida y ojos como de secretaria, de voz suave y melodiosa, y un lunar cerca de los labios. Vestía como ejecutiva y no sabía escoger los colores para maquillarse... y parecía enfadada, porque Saotome vio cómo se le desencajó el rostro en tanto seguía leyendo el artículo que a él tanta gracia le causó unos segundos antes.

-No te enfades, Jenny, que se te harán arrugas pronto- se anticipó risueño.

Le lanzó la revista que impactó de lleno en su rostro, sin embargo él no perdió la sonrisa divertida de su atractivo rostro.

-¡¿Otra vez?! ¡¿Enserio?! - exclamó ella cuya voz suave y melodiosa se había vuelto chillona de pronto.

-¡Vamos! No es para tanto - rió él.

Jenny frunció el ceño y se cruzó de brazos y habló otra vez con su voz suave.

-A ti esto te hace mucha gracia, ¿Verdad? Sabes lo que te dijo el jefe la otra vez: NADA DE ESCÁNDALOS - dijo enfatizando las últimas palabras, cerrando el puño derecho a la altura del mentón en señal de impaciencia. Respiró profundo, y habló nuevamente bajo la atenta mirada de un todavía divertido Ranma- ...Venía a decirte que el jefe quiere hablar contigo sobre el último producto con que debes trabajar -finalizó con una pequeña sonrisa la voluble mujer.

Ranma entrecerró la mirada y dirigió la vista dubitativo a la ventana, por donde un cielo nublado se vislumbraba. Permaneció así algunos instantes, hasta que la voz de la mujer volvió a quebrar el silencio del cuarto.

-¿Y... le digo que ya vas?

Dirigió sus ojos grises a la mujer con aire de secretaria, y contestó:

-Sí. Dile que ya voy.


Habían pasado dos días desde que Akane visitara su casa, y no había vuelto desde entonces.

Estaba de pie, peinándose con extremo cuidado su cabello recogido al lado derecho. Llevaba encima de cualquier prenda su abrigo color beige, y unas botas altas. Se había maquillado, como siempre, de manera tenue pero apropiada, según el color que vistiera en el momento.

Lucía joven y hermosa, una persona elegante y sin mayores preocupaciones ..., pero si alguien se fijase mejor, y registrase en su mirada el fondo mismo de su alma, descubriría que su corazón trae heridas, profundas yagas, consigo.

Que ha sido una mujer de tropiezos constantes. Cualquiera que la conociera adivinaría que en su adolescencia fue una chiquilla de carácter voluble y caprichosa, hija de una pareja de millonarios, superficial y altanera; y jamas se les cruzaría por la mente siquiera, la idea de una chica sensible y orgullosa amante de las artes marciales, torpe de manos, pero caliente de alma.

Dejó el cepillo sobre el mesón del lavabo y se sonrió al espejo. Terminó por arreglar su cabello con las manos, y salió del cuarto de baño topándose con Damien quién aguardaba por ella afuera, sosteniendo el par de maletas.

-¿Ya nos vamos? - preguntó, como siempre en su tono autoritario cuando se dirigía a él.

Damien, ya habiendo abandonado su papel de 'mejor amigo' que empleó hace unos días, asintió inmediatamente, y salió tras de ella abandonando para siempre la costosa habitación que compartían juntos.


Prefería eludir las despedidas. Ya podía imaginarse a su padre llorando a mares sujetándola por los tobillos para que no se marchara, y a Kasumi con su semblante triste. No contaba, por supuesto, con que la casualidad volviera a repetirse y su hermana estuviera nuevamente en la casa de su padre, pero definitivamente él la llamaría y tendría que aguardar a que ella llegase, y sería todo un tedio... Por otro lado, ¿Cómo pedirle a su padre que no llamase a su hermana porque no tenía ganas de despedirse de ella?

Se fue directo al aeropuerto, en compañía de su fiel acompañante de expresión imperturbable. Volvía a Francia.

Ya había hecho todo lo que tenía que hacer, es decir, los papeleos para una residencial que había comprado para llegar ahí en cuánto volviera nuevamente.

Cuando de pronto, atraída por el jaleo y el bullicio, giró su rostro hacia el tumulto de gente y en un movimiento, muy suyo, con el dedo índice y el pulgar bajó un poco sus anteojos oscuros.

-Damien, ve a ver qué sucede -dijo en francés.

El hombre asintió y se dirigió, cargando con las dos maletas, en dirección a lo que ocasionaba tanta conmoción.

Akane, de pie, cargando sólo con su cartera, frunció los labios.

En ese momento, dos chicas pasaron por su lado y una grito:

-¡Es Ranma! ¡Ranma Saotome! - y un grito agudo, y corrió seguida por la otra, con sus cuadernos listos para que les firmara un autógrafo.

Bufó, y sonrió con desgano, y con la mirada fija en las baldosas del suelo.

Así que Ranma había vuelto justo cuando ella se marcharía...Irónico, ¿No?

Frente a ella, de pronto, apareció Damien con una seriedad solemne revistiendo su rostro.

-Es Ranma Saotome, señorita, está aquí. Al parecer vino porque debía promocionar un nuevo producto y necesitaban una vista de Nerima que al direc...

-Suficiente -lo interrumpió, e increpó a su fiel acompañante diciendo- Siempre traes más información de que te pido, ¿No? - dijo con la ceja derecha alzada y luego agregó con su tono autoritario- Nos vamos. Nuestro vuelo saldrá pronto.

Y dio media vuelta y siguió su camino, alejándose del bullicio.

-Señorita, ¿Está usted segura? -preguntó Damien que la había alcanzado ya.

Akane no contestó. Miraba seria al frente, temiendo perder de vista su objetivo.


Sentada en su cómodo asiento de primera clase, reclinada ligeramente hacia atrás y con los ojos cerrados, descansaba Akane. A su lado Damien permanecía en silencio, leyendo su extensa novela.

Soltó un suspiro y volvió a abrir sus ojos. Rendida porque el sueño no llegaba a ella, se incorporó y extrajo una revista del compartimento delante suyo. Al ser de primera clase, las revistan siempre eran lo más actuales posible.

La portada de la revista cuyo nombre japonés nunca antes había escuchado, le arrancó una expresión de total sorpresa.

Damien dirigió con lentitud la vista a la portada que Akane sostenía, y enarcó una ceja diciendo:

-Creí que ya se había acostumbrado a esto.

Akane entrecerró la mirada y esbozó una pequeña, aunque cruel sonrisa. Y negó con la cabeza.

-Ella no es cualquier conquista. Es mi hermana- y sin decir más, sin siquiera ojear la revista o buscar la página en que especificaba este 'romance', guardó el nuevo ejemplar de donde lo había sacado y extrajo otro que hablaba de moda y tendencias.

Continuará...