BEBÉS
Ya te amaba, incluso antes de haberte conocido.
A sus cuatro años Victoire era una niña encantadora. Hermosa, como quizás ninguna niña de la familia Weasley lo había sido hasta entonces. Dulce, simpática y siempre con una sonrisa en el rostro que hacía resaltar su carácter tranquilo y paciente. Era la hija que deseaba toda madre, casi perfecta.
Pero, aquél día estaba especialmente enfurruñada. Fea, molesta y roja como un tomate. Sus rizos rubios parecían sacados de alguna película sobre Medusa y su puchero, instalado en sus labios desde primeras horas de las mañanas, la hacía ver como una niña amargada y malcriada.
Era un día especial. ¡Nadie se cansaba de decirle o recordarle lo feliz que debería estar! Había visto a sus tíos pasar de aquí a allá, todos apurados buscando alguna cosa de último momento. También había visto a Teddy, su mejor amigo, el cuál siempre lograba sacarle una sonrisa y Molly estaba por llegar. ¡Era como un día perfecto! Los adultos no estaban pendientes de ellos, podían hacer lo que quisieran. ¡El mundo era de ellos!
Pero, Victoire no sonreía y no había descruzado los brazos desde que se había sentado a esperar con su padre una hora atrás. Su molestia era simple, sencilla, llana: Iba a tener un hermanito o una hermanita. El detalle estaba en que Victoire no quería un hermanito ni una hermanita. Ella estaba bien, como estaba, siendo hija única. ¡La consentida de sus padres!
Ya no. Ahora tenía que compartir sus cosas, y eso, lamentablemente, incluía a su padre.
—Papá—, llamó la niña después de un par de segundos pensándolo. Bill se limitó a mirarla desde su posición, sin ser capaz de ocultar las ansias que sentía ante el nuevo nacimiento. —He decidido que no quiero un hermanito.
Bill Weasley se hubiese esperado aquello de cualquier otro niño, menos de Victoire. Él juraba, al igual que Fleur, que su hija estaría orgullosa por ser la hermana mayor, es decir, ¡era el sueño de todo niño! ¿No? Parecía no ser el sueño de Vic, así que Bill se quedó estático ante el apuro en el que le metió su hija.
— ¿Por qué dices eso, princesa? —. Victoire frunció el ceño, mirando a su padre como si le hubiese preguntado lo más obvio del mundo.
—Pues… Porque no lo quiero, papá—. Tan sencillo como eso. No quería un hermanito que le jalará los moños cada dos por tres o una hermanita que se robara toda la atención de la gente. No lo quería y punto. No había más que explicar. —De todas formas, ¿de dónde vienen los bebés?
Bill suspiró, masajeándose el puente de la nariz sin creerse que Fleur o cualquiera de las mujeres de su familia lo hubiese dejado solo en aquella situación. Un padre, por muy listo que fuera, nunca estaba preparado para esa pregunta. Menos en aquella situación y con una hija de cuatro años.
—Verás, Vic… —. Mierda. Mierda. Mierda. —Cuando una pareja quiere mucho un bebé, manda una carta al mago de los bebés. Éste mago…
— ¿Cómo se llama? —. Bill miró a su hija con los ojos bien abiertos. Parecía interesada en lo que le contaba y si aquello la distraía de su molestia, él seguiría.
—Se llama Señor Bebé—. Victoire arrugó su pequeña nariz, con desapruebo.
—Ese nombre es horrible, papá.
—Pero así se llama, pequeña. No tengo la culpa que sus padres tuvieran malos gustos. Déjame seguir—. La niña se encogió de hombros y asintió, dejando que su padre continuara. —Éste mago… Señor Bebé, se encarga de fabricar la semilla que hará crecer al bebé y luego manda un hipogrifo con la semilla a la mamá, para que ella se la coma y se pueda quedar en su barriga donde tiene un gran lugar preparado para el bebé. Luego de nueve meses, cuando el bebé ya está completamente grande, nace.
Victoire no estaba convencida. Era una historia disparatada, incluso para una niña de cuatro años. Sobretodo porque Teddy le había contado otra versión, una con flores y abejas que le había parecido igual de disparatada. ¿Quién en su sano juicio querría un bebé de abeja? Es decir, ¿cómo iban a cuidarlo? ¡Las abejas son mínimas!
—Entonces, no entiendo—, concluyó la niña con toda la simpleza que un niño puede tener.
— ¿Qué no entiendes?
— ¿Por qué mamá y tú pidieron otro si ya me tenían a mí? —. Bill volvió a suspirar, ésta vez más fuerte. ¿De dónde había salido esa niña tan inteligente?
—Porque no queríamos que estuvieras sola.
—No estoy sola. Tengo a Teddy y a Molly—, refutó la pequeña rubia, con una sonrisa llena de suficiencia dispuesta a ganarle la partida a su padre.
—Es cierto, pero, cuando ellos se van, te quedas sin nadie con quién jugar—. Victoire abrió los labios un par de veces, pero volvió a cerrarlos. Era cierto. —Vic, tú hermanito o hermanita te quiere mucho. Serás la hermana mayor, lo vas a cuidar y lo vas a proteger de todos los males. Tu mamá y yo te seguiremos amando, siempre, pero también lo amaremos a él. Piénsalo; tendrás un compañero de juegos siempre, un apoyo y… No le digas a mamá, pero alguien a quién culpar de tus travesuras.
—Bueno, si lo pones así… —la niña aguardó silencio, pensando lo que su padre le decía. —Supongo que no suena tan mal.
—No es malo. Mírame a mí, ¡tengo como mil hermanos! Y a todos los quiero igual—. Victoire sonrió, sabiendo que su padre adoraba a sus hermanos y sus tíos adoraban a su padre. Más tranquila y satisfecha, se levantó y alzó sus pequeños bracitos para abrazar a su padre.
—Gracias, papá.
Más tarde, cuando descubrieron que no era hermanito, sino una bola de pelos pelirroja femenina, Victoire no pudo ser más feliz. Le prometió que la cuidaría, que le contaría todo y que serían las mejores amigas del mundo. Pero, lo más importante, Victoire se dio cuenta que quería a su pequeña hermanita como a nadie y que lo hacía, incluso desde antes de conocerla.
Sé qué decir que he tardado es un insulto. Lo sé. ¡Un año y algo más! Pero, es que ha pasado tanto durante éste año, que tuve muchas otras cosas más importantes que sentarme a escribir. Por mi parte, quiero decir que seguiré publicando mientras me vaya viniendo inspiración, que tampoco ha sido fácil de encontrar. Publicaré one-shoots, drabbles e incluso, seguiré actualizando ésta mientras se me sigan ocurriendo preguntas curiosas. Sin embargo, De amor y otras leyes, mi historia larga, la pararé hasta nuevo aviso. Ya estoy con el siguiente capítulo, pero no puedo prometer que lo tenga pronto sobretodo porque comienzo la universidad.
Además, quería agradecer los reviews que me han dejado. Cada vez que leo que alguien le gustan mis historias, me emociono toda. ¡Muchas gracias, de verdad! Como publiqué hace un año, no recuerdo si respondí todos los reviews o quedé como mal educada, y por eso, ¡agradezco a todos por igual! Gracias. Los quiero.
Creo que es todo, no seguiré atormentándolos con mis excusas. ¡Qué disfruten éste! Dedicado al nuevo bebé en mi familia, mi preciosa Nicole.
¡Saludos! Gabriela.
